31.12.25

Conversatorio El desafío del teatro venezolano en la actualidad (I), por Dora Lucena Ramírez

  

Conversatorio El desafío del teatro venezolano en la actualidad

 I-El teatro debe ver: Pablo García Gámez

 


Por Dora Lucena Ramírez

Para noviembre de 2024, el Instituto de Investigación para el Desarrollo del Arte en Venezuela, (iiAVE) realizó un conversatorio denominado El desafío del teatro venezolano en la actualidad.

Este conversatorio formó parte de las actividades desarrolladas durante el XXII Festival de Teatro y Títeres en las Comunidades de Caracas Alberto Ravara (Fectom 2024). El encuentro tuvo lugar en las instalaciones del iiAVE en Parque Central.

En esta ocasión, la dinámica consistió en que los participantes leyeran de manera voluntaria un texto breve proporcionado por los ponentes invitados a compartir un escrito sobre la temática. Esta dinámica, nos permitió fomentar una participación más activa y abordar la problemática teatral desde múltiples perspectivas.

Los invitados fueron: Pablo García Gámez, Lolimar Suárez, Rodolfo Porras, María José Quintana, Rubén Joya, Annie Ferrer, Oscar Cortes, Ligia Álvarez, Luzdary Quitian y Roma Rappa, quienes nos aportaron diversas visiones acerca de la situación del teatro en la actualidad.

Iniciaré la presentación de los textos con una breve introducción sobre Pablo García Gámez. Dramaturgo, investigador y docente. Este caraqueño, residenciado en Nueva York, se mantiene en constante comunicación con la actividad cultural venezolana, y regresa a nuestro país con regularidad, ya sea como facilitador en talleres o participando en diversas actividades teatrales.

Su obra dramática ha sido presentada en diversos países y ha obtenido numerosos premios y reconocimientos por su labor artística.  Entre sus innumerables piezas se encuentran: Cariaquito morao; Madamadrina; Oscuro, de noche; Noche tan linda; Cheily, princesa de Catia; Taller de actuación Espina.  Pablo García Gámez, nos envió un texto titulado: El teatro debe ver. El cual reproduzco en su totalidad:

I-El Teatro debe ver: Pablo García Gámez

“Pensar en los retos que enfrenta el teatro venezolano es pensar en una compleja problemática que tenemos los hacedores de teatro.

Pienso que el principal reto que enfrentamos es volver a la etimología de la palabra teatro: lugar para ver.  Ver, vernos a nosotros mismos, ver el pulso de la ciudad, ver el país y su gente. El canon de dramaturgos venezolanos está compuesto por hombres y mujeres que vieron su momento.   

En tiempos que el mundo se polariza, sectores del nuestro teatro tienen mirada selectiva: no ven al otro que compone lo que llamamos teatro venezolano.  Tendemos a no ver nuestra realidad, tampoco vemos la riqueza dramatúrgica, actoral de diseño que tenemos. 

El no ver es grave en estos tiempos en que los medios impresos han desplazado de sus espacios a la crítica tradicional y que sus páginas cubren macro-espectáculos y chismes faranduleros.  Por ser de baja producción nuestras propuestas quedan afuera sin el eslabón que informa y evalúa. 

Por eso, además de artistas, nos toca ser difusores haciendo uso de lo que percibimos como competencia: las redes sociales.  Más importante aún es generar y mantener un público de los espacios próximos a nuestros sitios de trabajo: es necesaria la presencia de los vecinos, de los adolescentes, de las personas mayores muchos de los cuales nunca han pisado un teatro porque parten de la premisa que es algo elitista.  En este esfuerzo podría implementarse La Escuela de los Espectadores, el hermoso proyecto de Jorge Dubatti para crear diálogos entre audiencias y creadores.” 

Diciembre 2025

Maracaibo despide el 2025 teatral con aplausos y esperanzas, por Jesús Eduardo Espinoza.

 Maracaibo despide el 2025 teatral con aplausos y esperanzas.

(Jesús Eduardo Espinoza comenta algunas de las piezas 
de la cartelera marabina en 2025).


 Por: Jesús Eduardo Espinoza.

Oscuro de noche, de Pablo García Gámez
Baralt Teatro
Dirigida por Leonardo Isea.

La inseguridad urbana y la violencia cotidiana, reflejada en la pérdida de Kenny por el robo de su moto. Dirección: Leonardo Isea, con la Compañía Residente Barart Teatro.  La obra logra transformar un hecho doloroso en un discurso escénico de gran fuerza dramática, interpelando directamente al público sobre la fragilidad de la vida en la ciudad. Su éxito la llevó al Festival de Teatro Venezolano 2025 en el Teatro San Martín, consolidando a Baralt como espacio de resonancia nacional.

Macbeth, de William Shakespeare (versión Alfredo Peñuela) 
Compañía: Clásico Baralt
Actuaciones destacadas: José Luis Montero y Doris Chávez.

La versión de Peñuela revitaliza el clásico con un enfoque contemporáneo, sin perder la densidad trágica del original. Las interpretaciones aportaron intensidad y credibilidad, mostrando cómo el poder y la ambición siguen siendo temas universales. Una puesta que reafirma la vigencia de Shakespeare en el contexto zuliano.

La resurrección de Winston Smith
Autor y director: Milton Quero.  

Una propuesta de gran potencia temática, con actuaciones sólidas que sostuvieron la tensión dramática. Con unos personajes bien interpretados por el autor Milton Quero y Denny Fernández, quienes exploran la memoria y la resistencia del individuo frente a sistemas opresivos, con un lenguaje poético y contundente.  Se convirtió en una experiencia escénica de altura, que dejó huella por la fuerza y ritmo de las acciones dramáticas y sus diálogos.

Serpentario, de Lolimar Suárez Ayala
Teorema Producciones en alianza con Piso Verde  
Dirección: Arnaldo Pirela.

Una puesta sobria y bien lograda, con actuaciones de excelentes actrices  Keyla Sanabria como Mirna, Gaudy Alarcón como Carmen y Lolimar  Suárez como Porfiria que transmitieron la densidad emocional del texto. La obra se inscribe en la tradición de un teatro íntimo y reflexivo, que conecta con la sensibilidad del espectador. Fue recibida con éxito, confirmando la capacidad de Pirela para dar vida a dramaturgias contemporáneas.

Aire de París, de Marc Egea
Teatro Esencial.

Una historia de dos hermanas, Ester y Rosa (Ismenia Juárez y María Alviarez), y secretos familiares.  Una pieza que se sostuvo en la calidad interpretativa de las actrices, quienes dieron matices y profundidad a sus personajes. La trama se enriqueció con un aire nostálgico que llenó la escena  por sus evocaciones.

Piso 5, de Lolimar Súarez
Tejedores de Sueños del Sur del Lago
Direccion: Jhonathan  Camacaro.

El grupo de Jhonathan  Camacaro mostró una interesante lectura de la pieza de Lolimar Suárez, que se presentó exitosamente en los espacios del Colegio Fe y Alegria. Piso 5 se consolidó como una puesta en escena de gran fuerza simbólica, donde el encierro físico se transforma en espejo de las tensiones humanas. La agrupación Tejedores de Sueño ofreció un montaje que combina juventud, talento y reflexión social.  

Tinta y libertad.  Textos fragmentados de Federico García Lorca
Fundación Teatral del Sur
Dirección: Carlos Luzardo y Luis Ramos.

En esta propuesta, cuatro actores nos ofrecieron un mosaico lorquiano, donde la poesía se fragmentó para multiplicar su intensidad y acercar al público a la riqueza del autor.

Guayaba Verde, de Henry Semprún 
Fundrama
Dirección: Richard Olivero.

Una historia conmovedora sobre dos hermanos y un amigo cercano, atravesada por el dominio de la mujer. Las actuaciones están a cargo de Zully Montero, José Ramón Morán y Henry Semprún quienes dan vida emocional a la trama, impactando profundamente al público por su temática y sensibilidad con una critica sobre la condición humanas y, sobre todo, tóxicas.

Los Creyentes, obra teatral original de Eduardo Marín inspirada en “El Credo” del poeta Aquiles Nazoa   
Escuela Teatro Esencial.

Los Creyentes es un montaje bien llevado a escena, que exploró la fe y la condición humana desde un prisma teatral intenso, reafirmando la capacidad de la agrupación para abordar temas trascendentes con fuerza interpretativa.

El médico a Palos, de Molière, en versión de la dramaturga Lolimar Suarez
Escuela de Teatro Inés Laredo
Dirección: Arnaldo Pirela.

La conocida escuela de artes escénicas de Maracaibo promovió a sus estudiantes con la comedia de Molière. Los jóvenes actores mostraron sus capacidades interpretativas en esta sátira con soltura en escena.

El circo del sur, de Rodolfo Santana
Fundación Teatro del Sur.

Una buena puesta en escena de parte de Carlos Luzardo y de Luis Ramos. Lograron crear un montaje de altura con excelentes actuaciones.

Aparte de la cartelera…

El Teatro Baralt se erige como un espacio de encuentro entre lo clásico y lo contemporáneo, entre la denuncia social y la poesía escénica. Cada montaje ha sido un latido que confirma la vitalidad del teatro zuliano y su capacidad de conmover, cuestionar y celebrar la vida.

Este 2025 demostró la teatralidad creadora de hombres y mujeres de la escena zuliana, muchos de ellos reconocidos y premiados por su talento.  Persiste la necesidad del apoyo sostenido de diversas fuentes tanto públicas como privadas que promuevan la continuidad de proyectos, fortalezcan el desarrollo de las artes escénicas en la región.

La comunidad artística espera que nuestros gobernantes permitan que el teatro siga siendo un espacio de encuentro, reflexión y celebración de la vida y que sobre todo, respalden las instituciones que se dedican a la pedagogía teatral.

El teatro zuliano despide 2025 con aplausos y esperanza: que la escena siga iluminando a Maracaibo.

26.12.25

El feng shui del tenedor, por Dora Lucena Ramírez

 El feng shui del tenedor

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Texto: Dora Lucena Ramírez
Fotos: Nicola Rocco

Recientemente, vi en video El feng shui del tenedor, monólogo que fue galardonado como mejor dramaturgia venezolana 2024 por la Asociación Venezolana de la Crítica (Avencrit).

Esta obra fue escrita por la caraqueña Roma Rappa quien es periodista, escritora, docente, y dramaturga. Entre sus obras dramáticas tenemos Los papeles de Charo, (mención de Honor Premio Apacuana de Dramaturgia 2019), La casa sin memoria y El viaje del diapasón.

El Feng shui del tenedor, se inscribe en lo que se conoce como teatro sensible, una experiencia teatral inclusiva destinada a fomentar una conexión emocional más profunda, íntima, sensorial. En esta oportunidad, se utilizan elementos de iluminación, musicalización y videos para generar una mayor conexión emocional.

En El feng shui del tenedor, Ander Cruz, arquitecto, debe reubicar una puerta cuya actual localización provoca desconcierto. Las interrogantes que surgen sobre la razón de su ubicación le hacen recordar a Lucecita, su madre, con la que tuvo una relación bastante compleja.

Ander, a sus 40 años, se encuentra en un estado de confusión y desesperación agravado por un insomnio persistente por la que acudió al médico. A esa edad, recibe un diagnóstico inesperado que lo impulsa a replantear su vida que ha sido marcada por la incomprensión del mundo que lo rodea. Abrumado, se sumerge en reflexiones sobre el sufrimiento, la nostalgia, la vida, la culpa y la muerte.

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Theylor Plaza, actor de teatro, cine y televisión, encarna a Ander Cruz de manera magistral. Theylor posee una gran capacidad para transmitir emociones y nos presentó un personaje orgánico, sensible, realmente auténtico.

Es un montaje de alta calidad, con diálogos muy emotivos que mantienen al espectador inmerso en la historia que transcurre con fluidez. La iluminación y la música apoyan la excelente actuación de Theylor Plaza en su conmovedor personaje.

En la dirección de esta obra, se encuentra Luis Alberto Rosas, quien es guionista, docente, crítico y director.

La dirección de arte está a cargo de la artista plástica y docente Gabriela Montilla. Nanaka Producciones y José Domingo Flores están al frente de la producción de mapping.

El diseño y realización del vestuario son de César André.  La iluminación escénica, a cargo de José Manuel Rueda, tiene un papel destacado en la creación de los ambientes y el tono emocional de la obra.

Todos bajo la producción general de Ana Sofía Afanador, investigadora y gestora cultural, en coproducción con Amuni Teatro Sensible.

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26 diciembre 2025

Colombia: Desaciertos en la escena bogotana, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

Desaciertos en la escena bogotana

por Carlos Rojas

criticarojas@gmail.com

Desaciertos en la escena bogotana. Foto cortesía de IDARTES © 2025


A MANERA DE INICIO

Entre mayo y diciembre del 2025 observé con atención y rigor crítico las producciones que pasaron por la escena local. Si Bogotá aspira a recuperar la relevancia teatral que alguna vez tuvo, debe reconectar con la urgencia de incomodar, de provocar y de desbordar límites. De lo contrario, seguirá alimentando una acumulación de desaciertos que confirman aquello que el teatro no debería ser.

El teatro colombiano este año ha estado marcado por una sobreabundancia de propuestas fallidas. El discurso ha suplantado la acción, la estética ha ahogado el riesgo y el efecto ha reemplazado al conflicto. Las obras que prometían ser provocadoras quedaron a mitad de camino, incapaces de incitar, incomodar o cuestionar al espectador, según mi punto de vista.

Sin embargo, este breve panorama no pretende señalar las "obras menos logradas", sino ofrecer un análisis detallado de aquellas propuestas que, por distintas razones, no lograron consolidarse como montajes memorables. El orden es secundario: lo relevante es comprender lo que quedó atrás, lo que no fue y lo que aún podría redimensionarse desde mi apreciación.

Obra Bakunin Sauna Dir. Victoria Hernández. Foto: Andrés Uribe

 

Bakunin Sauna 

Teatro Nacional - Dir. Victoria Hernández 

 

Escrita por Santiago Sanguinetti, prometía una sátira incendiaria sobre tecnología, memoria y anarquismo; al final, se queda en una comedia vana, domesticada por su propia ingenuidad. La premisa tenía una intención interesante: una mujer mayor construye un Bakuninhumanoide para sabotear una convención empresarial. Pero el desarrollo del conflicto termina reducido a una lectura irresponsable desde la dirección.

El Bakunin histórico, aquel capaz de encender ciudades con una sola frase, aquí se marchita en un robot obediente que apenas logra articular un remate débil. La puesta pretende hablar de autonomía y resistencia frente al algoritmo, aunque pronto se extravía en gags insustanciales y metáforas fatigadas.

En definitiva, Bakunin Sauna se queda suspendida entre el destello del absurdo y la promesa de lucidez. Lo que pudo ser un gesto anarquista contra la automatización se reduce a una comedia repetida, más preocupada por agradar al público que por detonar algo en la escena.

El elenco, conformado por María Cecilia BoteroAlejandra Miranda Germán Escallón, lucha por respirar dentro de un texto nada amigable y una dirección que nunca encuentra el ritmo adecuado. Lo inquietante es que la expectativa se esfuma al entrar, como si la obra les pidiera amablemente dejar el talento en la puerta abierta.

 

Obra: Postales del Desarraigo. Dir. Patricia Ariza.
Foto:
 Teatro La Candelaria

Postales del Desarraigo

Teatro La Candelaria - Dir. Patricia Arriza 

 

Es un montaje que pretende hablar del exilio sin mirarlo de frente. Observa la tragedia desde lejos, la convierte en estética, la embellece hasta neutralizarla. La desnudez inicial, los cuerpos arrastrados y la cámara en vivo no revelan nada: son recursos gastados que intentan suplir la falta de experiencia real. El dolor se mira, pero no se personifica.

La poética domina todo y asfixia la verdad. La obra se refugia en metáforas mientras evita nombrar la herida más cercana: la nación vecina, Venezuela. Esa omisión, en un país transformado por el éxodo inmediato, convierte la propuesta en una alegoría vacía, inaceptable. Se citan tragedias lejanas porque duelen menos o porque se desconocen.

El personaje de Soledad Valencia Trujillo, que pudo ser el corazón de la creación, queda reducido a alegoría decorativa: dolor sin sentimiento. Y la frase “todos somos migrantes” resume la ingenuidad del proyecto: un universalismo cómodo que borra las diferencias más brutales de esa realidad.

La Candelaria, que alguna vez confrontó al poder con lucidez inapelable, aquí se instala en la corrección estética y colectiva. Un teatro que antaño incendiaba hoy apenas alumbra. Lo que pudo ser una denuncia urgente se convierte en una escueta postal bonita del desarraigo.

Es un teatro que acompaña sin denunciar, que siente sin comprender, que observa sin implicarse. Y lo más duro: la propuesta revela no solo el exilio del que habla, sino el destierro de la propia agrupación respecto a su legado.


 

Obra: Nuestra Señora de las Nubes. Dir. Camilo Casadiego. 
FotoOtiumTeatro 


Nuestra Señora de las Nubes de Arístides Vargas

Otium Teatro - Dir. Camilo Casadiego

 

Aquí tenemos otro montaje que pretende hablar de exilio, memoria y migración, pero falla en cada intento. La pieza no se convierte en reflejo de un continente fracturado; más bien se diluye en sentimentalismo, lugares comunes y una adaptación que nunca logra sostenerse del todo.

La adaptación desenfrenada de Casadiego parece desconocer la urgencia de la temática que plantea el autor. Fragmentar los personajes originales en seis intérpretes no aporta claridad ni potencia: dispersa la acción, confunde identidades y convierte el dolor en un coro desarticulado que apenas respira.

Lejos de confrontar, el montaje cae en complacencia y teatro decorativo. La migración se reduce a un recurso narrativo plano, y la nostalgia no construye, sino que embota. El público no se ve reflejado ni interpelado; apenas observa un espectáculo que se autoabsuelve en su buena intención.

Lo que podría haber sido denuncia, memoria activa y reflexión frente al olvido se transforma en una teatralidad sin riesgo. Casadiego y su equipo no logran que la obra funcione como archivo emocional ni como acto político; el teatro se convierte en una voz vacía de aquello que el texto de Vargas pedía: conflicto, tensión y verdad. Al final, el espectador se queda en las nubes.

 


Obra Un ocaso frente al río Dir. Moisés Ballesteros.
Foto:
 Manuela Salazar

Un ocaso frente al río

Estudio Teatro 87 - Dir. Moisés Ballesteros 

 

Pieza escrita por su propio director, parte de una premisa que podía ser atractiva     -soldados atrapados en un limbo selvático bajo la amenaza de un enemigo invisible-, pero esa idea se diluye entre excesos líricos, explicaciones que sobran y movimientos que se intuyen desde lejos. La selva queda reducida a un decorado verbal y los silencios son ahogados por subrayados que anulan cualquier misterio.

La dirección de Ballesteros insiste en explicar lo que debería revelarse en escena y, en ese empeño, la teatralidad se desvanece. La paradoja y la antítesis, lejos de tensar la obra, se vuelven accidentes previsibles; el enemigo invisible no provoca terror, apenas una metáfora fatigada. La coralidad del elenco se diluye en un delirio plano que evita la aparición del matiz.

En suma, Un ocaso frente al río demuestra que la ambición técnica no alcanza cuando las imágenes se repiten sin contundencia y la escena no logra transmitir el peso real del miedo a la guerra. Es un proyecto con posibilidades, pero hoy se presenta como una puesta que observa más de lo que conmueve y que explica más de lo que incomoda. Será en otro ocaso.


Obra El beso de Dick Dir. Daniel Galeano. Foto: Barraca Teatro 

 

El Beso de Dick 

Barraca Teatro - Dir. Daniel Galeano

 

Aspira a ser una reflexión profunda sobre el amor reprimido en la Bogotá de los años ochenta, pero se pierde en la complacencia de un relato nostálgico que nunca tiene el coraje de enfrentarse realmente a su tema. En lugar de dar cuerpo a la lucha visceral de dos jóvenes por su amor en una sociedad homofóbica, la obra se desliza con suavidad sobre su dolor, optando por la cursilería disfrazada de delicadeza.

El beso que define el conflicto se eleva a un momento simbólico que nunca llega a ser realmente disruptivo: lejos de ser una detonación que desafíe las normas, se convierte en una anécdota romántica sin consecuencias. Es como si el amor entre Felipe y Leonardo fuera una novela que, aunque oculta, pudiera narrarse con suavidad, sin perturbar ni a la audiencia, ni a la sociedad, ni a nadie.

Los jóvenes actores, a pesar de sus esfuerzos, se quedan en la superficie de unos personajes que carecen de intensidad emocional real. La fragilidad que se busca mostrar nunca se traduce en una vulnerabilidad genuina: la obra se acomoda en su género de comedia romántica juvenil y evita el riesgo de una confrontación con el mundo exterior. Tal vez haya demasiados temas en la escritura. O tal vez, sencillamente, El beso de Dick ya haya dado todo lo que tenía que dar.


Obra Eólico Dir. William Guevara Foto cortesía: Púrpura Creativo

Eólico 

Púrpura CreativoDir. William Guevara

Propuesta poética y filosófica, que no consigue articular una unidad ni en la narración ni en el plano interpretativo. La exploración del viento como fuerza desestructurante tiene posibilidades, pero la dirección y la escritura dispersan esa energía en decisiones irregulares que fracturan el sentido de la propia historia.

El núcleo del problema está en las actuaciones: el elenco avanza en direcciones opuestas. Mientras algunos buscan una profundidad emocional que nunca encuentra anclaje, otros optan por la exageración, generando una discordancia que socava la coherencia escénica. Esta disparidad no enriquece la pieza; la desarticula.

La dirección privilegia la construcción de imágenes por encima de una estructura dramática que ordene el material. El resultado es una sucesión de escenas que no sostienen el impulso inicial. 

Eólico se queda en el umbral de su propio concepto, atrapada en una ambición estética que no encuentra forma ni sentido. La imaginería del autor -escenarios que asfixian, paisajes que prometen libertad y personajes más decorativos que vivos- reclama la intervención urgente de una verdadera reescritura teatral.


Que haya insistencia. Dir. Juan Jesús Guiraldi.
Foto:
 Daniel Valderrama

Que haya insistencia 

Compañía Una Constante - Dir. Juan Jesús Guiraldi

La coreografía se atrapa en su propia trampa de repetición. La propuesta de explorar el deseo y la resistencia a través del cuerpo se diluye en una partitura de movimientos que, lejos de transformar, se ancla en una constante insistencia que se convierte en su propia limitación. Los cuerpos, que deberían transitar hacia mutaciones profundas, permanecen estáticos en una línea interminable de gestos, sin permitir que la acción evolucione.

La pieza, aunque técnicamente sólida y disciplinada, carece de la vitalidad necesaria para generar un verdadero viaje emocional. El ritmo inmutable y la falta de contraste ahogan cualquier atisbo de progresión. Los intérpretes, a pesar de su entrega, no tienen el espacio para explorar otras dimensiones del cuerpo y la emoción; están atrapados en una estructura que los limita, mientras la pieza se mantiene plana, sin sorpresas, sin riesgos.

El diseño sonoro y lumínico, funcional pero estático, y la insistencia en la sobriedad estética, lejos de ser una virtud, terminan siendo la mayor limitación de la creación. No hay espacio para la transformación real, ni en los cuerpos ni en la narrativa.

La propuesta dancística no es un desacierto, pero sí una oportunidad perdida. En su intento por mantenerse en una línea sobria y constante, evita el riesgo y, con ello, la posibilidad de trascender. La pieza se queda en un ejercicio de intransigencia sin fuerza, donde la repetición no conduce a la evolución, sino a la mera insistencia de una constante.


Ricardo Vesga. Foto cortesía: Teatro Cabaret Rosa

El Club del Despecho

Teatro Cabaret Rosa & Corporación Arte para Todos - Dir. Ricardo Vesga

Comedia que intenta convertir el desamor en humor catártico, pero lo que termina ofreciendo es una procesión mecánica de chistes y ocurrencias que apenas rozan la comicidad. La premisa -un consultorio donde se receta risa- se diluye en escenas previsibles, clichés sentimentales y una escritura escénica que se sostiene más en el artificio que en la emoción.

El público, supuestamente partícipe, queda atrapado en intervenciones forzadas y juegos teatrales que nunca logran transformar la observación en complicidad. La música, pensada para subrayar la acción, termina acentuando la sensación de vacío y ritmo errático. Los personajes son caricaturas endebles: exageraciones que buscan humanidad, pero solo exhiben un humor plano, sin verdad ni densidad.

La dirección no logra dar cohesión al montaje. Los tiempos se suceden sin tensión, los gags se repiten y la "hermandad escénica" prometida nunca se materializa: la puesta se percibe como un producto calculado, cómodo y predecible, donde la emoción quedó atrapada bajo el peso del mal gusto.

El resultado final es una comedia trasnochada que ni conmueve ni hace reír: teatro decorativo que se viste de participación, pero termina siendo espectáculo superficial. Lo que podía ser catarsis se convierte en un ejercicio redundante, una prueba de que el humor por sí solo no basta para sostener una pieza, y que la comunidad escénica, por bien intencionada que sea, no puede reemplazar la carencia de dramaturgia y pulso teatral.

Pero, si estas son las opciones frente al auge de la risa forzada, no quiero ser parte de este club. Mejor me quedo viendo la final de MasterChef.

 

Las Aventuras de Blippi

Teatro Cabaret Rosa & Corporación Arte para Todos - Dir. Ricardo Vesga

Pretende ser un espectáculo familiar cargado de fantasía y buenos sentimientos, pero se queda en un desorden de referencias ajenas sin identidad alguna. La mezcla de Mario Bros, Frozen y Encanto no revela audacia, sino una urgencia por colgarse de universos prestados: un pastiche teatral que exhibe la ausencia de coherencia dramática y de imaginación propia.

Lo que debería funcionar como un recorrido narrativo termina convertido en un desfile de escenas inconexas, donde la supuesta magia se evapora entre saltos argumentales ilógicos y transiciones que rompen cualquier continuidad. Blippi, erigido como guía y héroe, no logra sostener el relato: su energía es monótona, superficial y jamás organiza el caos escénico en un eje comprensible.

La comicidad, pensada para todas las edades, se reduce a sketches previsibles y lugares comunes que solo provocan sonrisas automáticas. Las lecciones de solidaridad y esperanza se enuncian sin convicción, como si la obra corriera detrás de un sentido que nunca encuentra.

El elenco, pese al empeño, no puede salvar una estructura que carece de ritmo y claridad. La escenografía es pobre y dispersa; las coreografías y canciones se suceden sin tensión, sin progresión y sin aportar un verdadero pulso teatral al conjunto.

En suma, este disparate teatral es una desfachatez de referencias pop sin alma: un ensamblaje de mundos ajenos que pretende entretener, pero naufraga en su incapacidad para construir un relato con cohesión y peso dramático. Uno esperaría que, en tiempos dominados por la incertidumbre tecnológica, el teatro respondiera con ingenio; pero aquí solo se ofrece un artificio fatuo que ni siquiera alcanza a ser espectáculo.

 

Feller City. Dir. Eric Jair Bernal García. Foto cortesía: Samadhi Teatro

Feller City

Samadhi Teatro - Dir. Eric Jair Bernal García

Este despropósito no alcanza la categoría de montaje: es la autopsia anticipada de un fracaso anunciado, la demostración involuntaria de cómo arruinar una producción con buenas intenciones. El protagonista, elegido con un optimismo digno de estudio, asume los roles de director, dramaturgo y productor, que pronto derivan en autoparodia. Su personaje, supuesto motor de una distopía coral, es apenas un espejo de vanidad sostenido a costa de la obra y del público.

El despliegue visual, decidido a emular la épica del cómic, se hunde en símbolos inflados y neblina ornamental, una nube diseñada para ocultar el vacío estructural del montaje. Lo que pudo ser reflexión política se convierte en un ejercicio sostenido de aburrimiento. Dos horas y media después, la única conclusión posible es que el mayor gesto de lucidez consiste en evitar el teatro por un tiempo prudente.

Resulta doloroso ver a dos intérpretes como David Bojacá Salomé Vargas reducidos a figurantes en un dispositivo que no sabe qué hacer con ellos. El público, atrapado entre la cortesía y la esperanza de que esto termine lo más pronto posible, abandona toda comprensión mientras las actuaciones se deshacen bajo una dirección enamorada de sí misma. 

Sin exagerar: esta producción reúne todo lo que el teatro debe evitar. Acumulación sin sentido, referencias robadas tomadas sin integración, estética impostada sin pulso dramático. Un ejercicio del más puro onanismo.

 

 

UN POSIBLE CIERRE

Obra: Postales del Desarraigo Dir. Patricia Ariza.
Foto:
 Teatro La Candelaria 

Hoy se espera un teatro que no se conforme con la teatralidad vacía ni con formas que eluden lo esencial, sino que recupere su capacidad de confrontar, incomodar y sacudir. Muchos montajes parecieron imitar modelos ajenos, temerosos de arriesgar una voz propia, y ese miedo dio lugar a escenas irrelevantes, incapaces de provocar de verdad.

Leyendo a Bloom, recuerdo que la crítica no destruye, sino que exige la mejor versión de cada propuesta. Bogotá tiene la oportunidad de recuperarse: reconciliar forma y sentido y dejar atrás la apariencia como coartada. Si el teatro se mira con honestidad, podrá redimensionarse y volver a interpelar al espectador desde un lugar vivo; la intención sola no basta.

En conclusión, fue un año en el que el teatro bogotano mostró más de lo que accionó. Abundan obras que mencionan el exilio, el dolor y la memoria sin lograr escenificarse; la estética sustituyó la urgencia y el efecto reemplazó al conflicto, hasta convertir la belleza en un mecanismo de enajenación.

Ese es el sur hacia el que vale la pena avanzar: dejar atrás lo que no funcionó y construir un panorama teatral capaz de decir algo real, sin repetir los desaciertos que han marcado la escena colombiana del 2025.

CR (@mipuntocritico)

 

*Artículo realizado por Carlos Rojas / Crítico e Investigador Teatral radicado en Bogotá.