La expectación
teatral es parte de la vida. Ser espectadores nos llena de energía vital y nos
cura. Así como la Modernidad intentó regular al actor y al espectador, ahora en
la Posmodernidad es el mercado el que intenta regularlo como cliente, como
algoritmo, como encuestado, como número de estadística. El espectador amasa su
existencia en la expectación, y la cuece en los fuegos de la infancia, de la
inefabilidad, de la despalabra. La expectación es experiencia que colma la
existencia de pasiones alegres.
Jorge Dubatti
(2024). “Sin espectador no hay acontecimiento teatral”. Enlaces on-line
Nº30.
Por: Penélope Hernández
Ser espectadora de Granada, traición y crimen (homenaje a Federico García Lorca) fue una experiencia estética que me permitió, principalmente, agradecer la facultad de mirar y darme cuenta de cómo la energía del espacio y los actores logró mudarme a un universo poético indispensable, que mi propia interioridad requería. Ese universo está dentro de un contexto incierto, doloroso, el cual busca reconstruirse, pero sin dejar de estar atento a lo inevitable, a aquello que escapa de las manos de las personas, como una tragedia ocasionada por un doble sismo.
Apreciar la obra, sin teléfono en mano, me llevó a afirmar internamente la relevancia del arte teatral en situaciones tan complejas como las que vivimos actualmente. El teatro como esa oportunidad para reconocerte como un ser que se detiene, espera y, desde la complicidad, transita por distintas estaciones que satisfacen, interrogan, seducen y recuerdan que eres un ser humano.
Estas primeras
líneas me llevan a manifestar la importancia de la vivencia del espectador, de
las transformaciones que se generan en el público mientras observa, escucha,
siente y participa en un montaje como Granada, traición y crimen. Una
obra que desde la fuerza del baile y el clamor del canto nos invita a no
deshumanizarnos, a jamás obviar que siempre se necesita del abrazo y amparo
poético para nuestra existencia.
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La dramaturgia de Anibal Grunn nos enfrenta a la
noción que García Lorca expresó sobre el poeta dramático en su Charla
sobre Teatro (1935):
Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de
invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín
y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si
quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde
sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que
agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.
La poesía dramática de Granada,
traición y crimen fue dirigida por tres directores: Rufino Dorta (Primera y
Tercera Estación), Carlos Arroyo (Cuarta y Sexta Estación) y Aníbal Grunn
(Segunda y Quinta Estación). Estaciones lúdicas para un espectador que se mueve
y contempla al ritmo de los tiempos marcados por el soldado autoritario.
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Los directores confirman con esta
propuesta no convencional que el público está dispuesto a formar parte de las
particularidades del arte porque le permite participar, de manera próxima, de
algo que solo puede encontrar a través del teatro.
En el “Romance la luna, luna”,
por ejemplo, García Lorca enuncia cómo la mirada y la metáfora te trasladan
pero también encantan.
La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El
niño la mira mira. El niño la está mirando.
En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y
enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían
con tu corazón collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te
encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas
levantadas y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya, ¡ay cómo canta en el árbol!
Por
el cielo va la luna con un niño de la mano.
Toda la magia y belleza lograda en Granada,
traición y crimen cobra cuerpo en el hermoso trabajo de los actores.
Hermoso por su entrega, energía, dominio de sus medios expresivos,
especialmente la voz y el baile. Sin dejar de lado esa presencia y eco del
silencio.
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Fuente: Fotógrafo Arturo
Moreno. 2026. Redes: @arturo_fotos
Felicitaciones
a todos los actores. Expresaron una cohesión grupal de altura. Se suma un
reconocimiento al excelente trabajo coreográfico de la artista Carmen Ortiz
y a la labor fundamental de voz y canto
de la maestra Julia Carolina Ojeda.
Y
con el poema El canto quiere ser luz recojo mi admiración por la
estética de la iluminación lograda por el artista Gerónimo Reyes.
El canto quiere ser
luz
En lo oscuro el
canto tiene hilos de fósforo y luna.
La luz no sabe qué
quiere.
En sus límites de
ópalo, se encuentra ella misma,y vuelve.
Como
no los puedo nombrar a todos en esta nota, comparto la imagen del programa de
mano de Granada traición y crimen.Un documento importante para
los investigadores de las artes escénicas. A esta memoria documental se suma
la gentileza del fotógrafo Arturo
Moreno, cuyos registros visuales acompañan este escrito. Y bajo el espíritu de
esta nota reflexiva, debo reconocer el trabajo de comunicación social realizado
a través de las redes sociales; al difundir los sentidos y profundos testimonios
de los espectadores. Excelente.
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Para
finalizar, reitero mi gratitud con la Compañía Nacional de Teatro por regalarme
la oportunidad de reflexionar sobre la importancia de ser espectador. También
por crear un momento fundamental para la historia del teatro venezolano actual,
donde es preciso reconocer qué se dijo en nuestra escena luego de una tragedia
como la ocurrida el 24 de junio de 2026.
¡Esta
obra merece ser vista en todo el país. Aplausos para todos!
Caracas,
19 de septiembre 2026
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