Por Alexis Blanco
Fotos: Dylan Blanco
Necesito compartir con todos ustedes la
visión y el desparpajo de mi hijo Dylan, armado con la modesta cámara
telefónica de su mami, Jiolexy, el pasado jueves, durante la función de Claroscuro,
en el escenario del BCV (donde ese equipo el que brilla nuestro hermanito
hermoso, Israel Colina, viene alentando la vida y el mundo de esta ciudad
agradecida)… Dylan prefiere hacer sus fotos con la Nikon de su tío, Alejandro
Vásquez, pero él anda por Mérida, haciendo lo que mejor le enseñó: “mirar es
vivir”.

Él, Dylan Gabriel, no quería que mostrase
estas visiones magníficas suyas, por lo cual tuvimos que refrescarle la
importancia del extraordinario espectáculo de Teatro Esencial y su “Yoda
Jusayú”, mi bienamado hermano, tío suyo, Isidro Morillo: “El teatro
antropológico es un enfoque y método de investigación escénica que estudia el
comportamiento biológico y cultural del ser humano en una situación de
representación (es decir, cuando está sobre un escenario). Más que un estilo
teatral con obras específicas es el estudio del "pre-expresivismo",
es decir, los principios que hacen que la presencia física y mental de un actor
o bailarín logre capturar la atención del espectador antes de empezar a
transmitir una historia o emoción. Este concepto fue acuñado y desarrollado
principalmente por el director y teórico teatral italiano Eugenio Barba a
finales de la década de 1970, y está profundamente ligado al trabajo de su
compañía, el Odin Teatret, y a la ISTA (Escuela Internacional de Antropología
Teatral)”.
Tenía seis meses, el mío fasto, Dylan
Gabriel Blanco Santos, cuando Teatro Esencial fue a recogerlo, en la Basílica
de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (él nació, al lado, en el
hospital, la noche del 21 de abril de 2017) y lo llevó a pasear hasta el Caribe
Concert de su tío, Augusto Pradelli, en una ceremonia que, se los puedo jurar,
tiene que ver con este resultado.
Aquí lo tienen: bienvenido, DGBS, al cielo
de los magos…
¡Salud!
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