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3.5.26

San Cristóbal, Táchira: Jornada histórica, espacio histórico (escena 2)

Jornada histórica, espacio histórico (escena 2)  

Durante más de cien años se nos ha pretendido engañar… no lo creo, dirán algunos. Pero la esclavitud, créanlo o no, continúa vigente en pleno siglo 21 bajo nuevas  apariencias o ropajes tal como lo plantea Esclavos, obra teatral con dramaturgia y  dirección de William Leal, presentada por Artechisua Teatro Viajero en la jornada del pasado 25 de marzo en el Ateneo del Táchira, en San Cristóbal, con motivo del  Día Mundial del Teatro 2026. Nuevas “cadenas” en forma de aparatos tecnológicos, publicidad o apariencia corporal atan a la humanidad hoy. El amo ya no ordena a  través del capataz, como ocurrió hasta el siglo 19, ahora se oculta entre números e iconos blandiendo el látigo del algoritmo.  

Esclavos, de William Leal, Artechisua.

Esclavos es una obra experimental donde una cuerda, un celular y un pequeño  tambor se conjugan a una labor actoral intensa para manifestarse contra la opresión  de la tecnología desbordada y el consumismo voraz que han derivado en  neoesclavitud. El teatro tiene sus raíces en los orígenes de la humanidad por eso  su constante preocupación por el devenir del planeta, Ecos de la naturalezacreación de las noveles teatristas Viviana Duque y Belkis Uribe (ambas actúan),  plantea la necesidad de amar nuestro planeta para un mejor vivir. Destaca en  esta obra el vestuario diseñado y elaborado por Belkis Uribe. 

Yharold Hernandez, Belkis Uribe, Edwar Tovar y Viviana Duque.

Aquí en Táchira es un movimiento artístico ecológico liderado por Yarold Fernández  quien salió a escena, apoyado en la actuación por Belkis Uribe y Viviana Duque,  con Naturaleza para mis nietos. Las artes escénicas atentas al vaivén social han  erigido en el Stand-up Comedy (Comedia de pie) un estandarte donde en ocasiones  lo cruel e injusto se matiza con la risa como en Soy el Mapache, presentación de  Leonel Vivas quien se encargó de cerrar la histórica jornada en el histórico Ateneo del Táchira.

Leonel Vivas en Soy el Mapache.

El Día Mundial del Teatro 2026 en el Ateneo del Táchira estuvo organizado por el  Movimiento Teatro Escena Táchira (MOTESTA) con el apoyo de la Sociedad Salón  de Lectura de San Cristóbal cuya Junta Directiva facilitó el espacio para llevar adelante la actividad. Igualmente es oportuno agradecer a los comunicadores,  medios y redes que antes durante así como después de la jornada estuvieron atentos a los detalles principalmente la periodista Ruth Castañeda (@ruth.informa y  radio Mundial 860 am Táchira), el comunicador popular José Sánchez (@prensa_comunal_tachira) y la señal de Radio Nacional de Venezuela (RNV)  señal Táchira 106.3 fm. 

En próximas entregas escribiremos sobre lo acontecido en la sala Rafael Daboin de  la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET) y el Museo de Artes  Visuales y del Espacio (MAVET) donde el 27 de marzo continuó el festejo iniciado  el 25 en el Ateneo.  

William Leal 

San Cristóbal, mayo de 2026


Claroscuro: Veinte años de transmutación escénica en el Teatro Esencial

 Claroscuro: Veinte años de transmutación escénica en el Teatro Esencial

 

Por: Jesús Eduardo Espinoza León

En el panorama teatral de Maracaibo pocas piezas logran desafiar la erosión del tiempo con la lozanía que exhibe el monólogo Claroscuro. Esta obra, original de Eduardo Morín, fundador del Teatro Esencial se mantiene como un hito de resistencia cultural, ahora bajo la dirección de Ángel Marín. Presenciar esta puesta en escena en la sala del Teatro Esencial, ubicada en la sede de Arepa y Cacao, detrás del C.C. Santa Bárbara, es asistir a un ejercicio de madurez interpretativa donde el texto dramático se revela como un organismo vivo, capaz de mutar y dialogar con el presente.

El peso de la obra recae sobre la arquitectura corporal y vocal del polifacético actor Isidro Morillo. Con una trayectoria consolidada en el estado Zulia, Morillo ejecuta una verdadera proeza de altura interpretativa al encarnar la dualidad de la trama. El actor transita con una fluidez orgánica desde la introspección de un Monje del siglo XIX hasta la vibrante presencia de un indígena Wayúu. Esta transición no es meramente técnica; es una transmutación de cuerpo y alma que nos traslada del pasado histórico a la realidad contemporánea, explorando con rigor antropológico los rituales, las creencias ancestrales y la búsqueda incesante de identidad a través de un lenguaje y un trabajo corporal impecables.

La puesta en escena se enriquece con un contrapunto sonoro de altísima factura. Las voces de las talentosas actrices María José Alviarez y Keren Montero se integran como un discurso paralelo que dialoga con el monólogo. La introducción de la música de Mercedes Sosa y Silvio Rodríguez no es meramente decorativa; actúa como un puente emocional que transmuta la atmósfera del escenario.  "Unicornio". de Silvio Rodríguez, introduce una carga simbólica sobre la pérdida de la inocencia o la búsqueda de lo inalcanzable. Al integrarse al texto, la palabra escrita se eleva a una dimensión lírica, haciendo que el espectador no solo "entienda" el drama, sino que lo "sienta" a través de la nostalgia colectiva que evocan estos cantautores.  La interpretación de piezas fundamentales de Mercedes Sosa y Silvio Rodríguez aporta una carga emocional que subraya el discurso del personaje, logrando una atmósfera de profunda poética visual y auditiva que fue apreciada por una nutrida asistencia. Gracias al talento vocal de las mencionadas artistas.

La fuerza de la voz se percibe con la presencia sonora de Mercedes Sosa que aporta una profundidad telúrica que ancla el texto a la tierra y al compromiso social y humano, elevando el monólogo a un rito de identidad.

Sin embargo, el éxito de Claroscuro junto a otras piezas de nivel como Los Creyentes y Aire de París es solo la superficie de un proyecto mucho más ambicioso. Detrás de cada función hay un grupo de actores que no solo actúan para un público, sino que trabajan activamente en la recuperación de un espacio digno para sus proyectos. Según Ángel Marín, la visión de este movimiento trasciende la autogestión: la idea es consolidar una sala bien acondicionada que sirva de plataforma para grupos y compañías de otros directores y dramaturgos de la región.

Esta filosofía, despojada de egoísmos, busca unir las artes escénicas bajo una misma disciplina y entrega. El objetivo final del Teatro Esencial es generar un público cautivo para el teatro zuliano, abriendo sus puertas a la diversidad de propuestas de la zona. Es una señal de vitalidad para la calle 95; una apuesta por la unión gremial que demuestra que, con voluntad y rigor, el teatro puede ser el motor que transforme y recupere el corazón cultural de nuestra ciudad. 

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...