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4.10.26

Las Madres Palestinas: Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney


Información Mary Cruz Mendoza
Fotos: Frybbed Martínez

En esta puesta en escena se articulan dos poemas: "La Promesa" de Mary Cruz Mendoza y " Los sueños Bombardeados” de Earle Herrera, en los que se plantean el horror de la guerra y sus consecuencias directas en la parte más sensible de la sociedad: los niños, las madres y la familia en general.

Desde el año 2010, se viene representando esta propuesta en diversos espacios del país, tales como el Teatro Altosf en Parque Central; viajamos a Punto Fijo, invitadas por PDVSA Gas; luego estuvimos compartiendo con estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Recientemente, en trabajo conjunto entre el Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney (Yaracuy) se retoma Las madres Palestinas, representándose en varios espacios de la ciudad de Barquisimeto, como el Museo de Barquisimeto.  El elenco El original estaba integrado por Martha González, Mary Cruz Mendoza y Mercedes Mendoza.

En la actuación participan la actriz Karlis Rodríguez, como Madre 2 y Mary Cruz Mendoza como Madre 1.  Además, cuenta con la participación de la bailarina Astrid Rodríguez como Sherezade.  La dirección general está a cargo de Sylvia Mendoza y Doris Rodríguez es la asistente de dirección. 

Este trabajo es una producción de Teatro Alternativo Sylvia Mendoza donde se incorporan dos actrices de Teatro Araguaney han sido invitadas a participar.


Las Madres Palestinas, es un llamado a la paz y un grito desgarrador, contra la muerte.

3.10.26

Yazmina Jiménez: 76 años de una vida consagrada al teatro zuliano

 


La actriz, directora, dramaturga y formadora celebra este 3 de octubre un nuevo aniversario rodeada del legado que construyó sobre las tablas de Maracaibo.

Por Luis Perozo Cervantes

Corría el año 1949. El mismo en que se colocaba la primera piedra del Hotel del Lago, en que se fundaba el Club Náutico de Maracaibo, en que Jorge Luis Borges publicaba El Aleph y Simone de Beauvoir sorprendía al mundo con El segundo sexo. El 3 de octubre de aquel año nació en Maracaibo una niña que, sin saberlo entonces, se convertiría en una de las voces fundamentales del teatro zuliano: Yazmina Jiménez.

Hoy, 76 años después, su nombre resuena como uno de los pilares de las artes escénicas en el Zulia. Actriz, directora teatral, dramaturga y promotora cultural, Jiménez representa —como ella misma lo dice— "la memoria viva del teatro" en la región. Su historia, recogida en el primer episodio de la serie documental Historia hablada del Teatro Zuliano, es también la historia de una ciudad que aprendió a mirarse a través del arte.

Una vocación que nació en el patio de una casa.

"Dicen que uno nace con lo que va a hacer en la vida. Yo creo que yo nací", confiesa Jiménez al inicio del documental. Hija de un cantante de tango y de uno de los grandes deportistas que ha tenido Venezuela, creció en un hogar donde el arte y la disciplina eran moneda corriente: Víctor "Chinito" Jiménez.

Sus primeros escenarios no fueron tablas profesionales, sino el patio de su casa. Entre los cinco y los siete años, junto a sus hermanos, montaba obras que su madre —maestra de escuela— les contaba: Caperucita Roja, La Bella Durmiente, historias de Las mil y una noches. "Armábamos un tablado en el patio y ahí hacíamos teatro. Y yo dirigía, porque yo era la que armaba", recuerda con una sonrisa que atraviesa la pantalla.

Pero fue una noche en Ondas del Lago la que selló su destino. Tenía apenas cinco años cuando su padre la llevó a la emisora. Allí vio a dos mujeres bellísimas bailando con vestidos ajustados, hablando, girando sobre sí mismas. "Yo me quedé mirando y dije: eso quiero ser yo. Cantante, bailarina... me quedé así, pequeñita, no dije nada". No se atrevió a confesarlo entonces: su padre, hombre de radio y publicista, no veía con buenos ojos que una hija suya se dedicara al espectáculo.

La escuela que cambió su vida.

La adolescencia la encontró participando en grupos de teatro liceístas, casi siempre frustrados por la falta de tiempo y continuidad. "Yo me quedé medio frustrada", admite. Hasta que un día, a los 16 o 17 años, se topó con Homero Montes, actor y docente que se convertiría en una figura clave de su formación.

"Homero era encantador, uno de los hombres más extraordinarios que yo conocí, desde el punto de vista humano y teatral. Con una disciplina y una organización extraordinarias", rememora. Fue él quien la animó a inscribirse en la Escuela de Arte Escénico de la Universidad del Zulia, dirigida entonces por Inés Laredo.

La entrevista de admisión fue reveladora. La maestra, sentada sola en una silla, le preguntó por qué quería hacer teatro. "Porque yo quiero ser actriz", respondió Yazmina. "¿Y usted sabe lo que es una actriz?", insistió Laredo. "Sí, alguien que representa personajes, que estudia literatura, que prepara el cuerpo y la voz". La respuesta convenció a la maestra, quien le advirtió: "Usted va a ser una mujer de teatro. No se junte con malas juntas".

Entre 1966 y 1968, Jiménez se formó bajo la guía de maestros como César David Rincón, el profesor Maldonado en psicología del teatro, Homero Montes en técnicas de actuación y Mario Barrios en expresión corporal. Eran años de efervescencia política y cultural: el Mayo francés había sacudido las universidades latinoamericanas, y el teatro no era ajeno a esa convulsión.

Clemente Izaguirre y el teatro universitario.

Tras la salida de Inés Laredo, llegó a la dirección de la escuela Clemente Izaguirre, un hombre formado en la Alemania Oriental, estudioso de la literatura marxista, que transformó por completo la concepción del teatro en la universidad.

"Él incorporó nuevas materias: esgrima, análisis del teatro político. Nos enfrentó a la realidad del país", explica Jiménez. Se empezaron a montar escenas sobre la droga, sobre las instituciones carcelarias, sobre los hospitales. El teatro dejó de ser solo un ejercicio literario para convertirse en un espacio de reflexión social.

"El teatro forma desde el momento en que el actor se levanta y se presenta en escena. El público te oye, oye tu dicción, tu expresión, oye el cuento que le hablas. Y aprende. El actor debe tener siempre una actitud frente a lo que vive".

Entre 1970 y 1981, Jiménez actuó con el Teatro Universitario de la Universidad del Zulia bajo la dirección de Izaguirre. Fueron años de disciplina férrea: "Se llegaba a las 2 de la tarde y eran las 11 de la noche, y nosotros trabajando". Viajaron por toda Venezuela, participaron en encuentros de teatro universitario, montaron obras como La Matraca, que llenaba el teatro por su fuerte cuestionamiento social.

"Los festivales no eran como ahora, que vas y te presentas. Eran lugares para discutir sobre la estética, sobre las corrientes teatrales, sobre el actor y su función. Había una profundidad en lo que hacíamos".

El Pequeño Teatro: cuando la actuación empezó a ser profesión.

En 1977, Izaguirre fundó El Pequeño Teatro, un grupo que marcaría un antes y un después en la historia del teatro zuliano. Yazmina Jiménez asumió la dirección en 1979, cuando Izaguirre dejó el mando ante las exigencias de la Universidad del Zulia.

"Empieza a haber otra visión: que los actores tienen que ganar dinero, que los actores tienen que vivir de esto". Se creó la Federación de Teatros Independientes, y por primera vez los grupos teatrales empezaron a legalizarse, a tener voz ante los gobiernos y las instituciones que antes los veían como "un poco de charlatanes".

El montaje de La noche de los asesinos marcó un hito: consiguieron una productora, Carolina Ferreira, que logró el financiamiento para la producción, el montaje y el pago de los actores. "Por primera vez recibimos los primeros pagos. Cosas que nos entusiasmaron y fueron buenos pagos".

Una vida dedicada a la formación.

La labor de Yazmina Jiménez como formadora es quizás su legado más perdurable. Fue fundadora del grupo de títeres Tachón en el Colegio Universitario de Maracaibo, tuvo a su cargo el Taller de Teatro y la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia entre 1981 y 1983, y —su participación más importante— fue directora de la Escuela de Teatro Inés Laredo entre 1984 y 1995.

"Esa ha sido una gran escuela", dice con orgullo. Cuando asumió la dirección, la institución había sido desmantelada: "No había nada. Habían dejado una biblioteca pequeña con unos libritos, porque ella tenía una tremenda biblioteca cuando Izaguirre la formó. Desapareció todo. No tenía vestuario, no tenía nada. Cuatro profesores".

Once años después, la escuela era una institución organizada, con un pensum de formación revisado cada año, una sala de teatro para 350 personas con funciones de jueves a domingo, una sala de exposiciones, un centro de documentación y asesoramiento. "Todo eso lo hicimos nosotros. Autogestión".

Pero el Estado, reflexiona Jiménez, nunca valoró realmente el esfuerzo: "Al Estado le interesaba la destrucción. Acabaron con todo".

Mampara: el sueño hecho realidad.

En 1984 fundó el grupo de teatro Mampara, pero no fue sino hasta 1995 cuando se dedicó por completo a su desarrollo. El grupo nació de un taller que Jiménez dictaba a estudiantes de periodismo de la Universidad del Zulia. "Eran puros muchachos brillantes: Jesús Moreno, Gustavo Fes, Gloria Ávila... gente muy brillante que hoy son cineastas, periodistas, profesionales en otros países".

El nombre y la sede tienen una historia casi mágica. Cierto día, el maestro Ildebrando Rosi los invitó a hacer un performance en el casco central de Maracaibo, en la calle Carabobo, porque decían que iba a ser derrumbado. "Lo montamos en la casa que años después es el espacio nuestro. Muchos años después. Estaba escrito que así fuera".

Hoy, la sede del Teatro Mampara en la calle Carabobo sigue siendo un espacio que alumbra las posibilidades de hacer teatro en Maracaibo. Por sus tablas han pasado obras como El inmigrante, Las flores que no te di y la versión de Los llamados del amor de César Chirinos.

La dramaturga.

Jiménez también ha dejado su huella como dramaturga. En 1999 publicó Las flores que no te di y otros textos dramatúrgicos, convirtiéndose en una de las pocas voces femeninas de la dramaturgia zuliana. En 2020, la editorial Sultana del Lago publicó Loa en honor a nuestra madre santísima Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y un rey es un rey.

"Tiene una obra dramatúrgica en constante crecimiento", señala el documental. Su escritura es una extensión de su pensamiento teatral: profunda, crítica, comprometida con la realidad.

El miedo a perder la fuerza.

A sus 76 años, Yazmina Jiménez no oculta sus temores: "A mí me preocupa perder la fuerza. Si yo pierdo la fuerza, ya no puedo gritar, ya no puedo confrontar, ya de pronto no podré escribir. Si se me va la memoria... que no creo, porque cuando uno escribe, la memoria vuelve".

Pero también mantiene viva la esperanza. Cree en una "escuela libertaria" del conocimiento, donde cada uno comparta lo que sabe: "Si Milton Ferrer sabe escribir, yo lo traigo para que me hable de la experiencia y enseñe al otro. Si él es bailarín, que forme. Que la gente venga a formarse y haya un reciclaje en la formación".

Critica la soberbia de quienes creen tener la razón absoluta: "Cada quien cree que es el que sabe más, que los demás no saben. Y eso no es verdad. A medida que veo crecer a mi bisnieto, que me enseña, que es el maestro y me dice: 'Abuela, estás equivocada, eso no es así'... entonces yo tengo que escuchar a las nuevas memorias, a las memorias puras".

"¿Por qué crees tú que pasa lo que pasa en este país? Porque ellos creen que tienen la razón y no la tienen. Porque nos estamos muriendo".

"El teatro es para vivir".

La reflexión final de Yazmina Jiménez en el documental es una síntesis de su filosofía de vida:

"De eso se trata: de construir un mundo de la creación y tener sentido de lo que es la profesión. O si no la quieres llamar profesión, dile oficio. El electricista tiene un oficio, y hay electricistas buenos y excelentes, y hay electricistas malos que trabajan para ver si se ganan un bolívar. El teatro es para vivir. Y el vivir no es solo comer, porque compartir la miseria no es vivir. Últimamente es lo que estamos haciendo. Pero sí creo, y creo que es posible, un mundo mejor".

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Hoy, 3 de octubre, cuando Yazmina Jiménez cumple 76 años, su vida se alza como un testimonio de resistencia, disciplina y amor por el teatro. Desde aquel patio de una casa maracaibera donde dirigía a sus hermanos, hasta la sede de Mampara en la calle Carabobo, su historia es la de una mujer que nunca dejó de creer en el poder transformador del arte.

Como ella misma dice: "El juego está en la escena. La alegría es cuando yo me monto en el teatro. Ahí es donde entra la verdadera realidad del arte".

Feliz cumpleaños, maestra.

2.10.26

FESTEA 2026 Inaugura su Vigésimo Segunda Edición con el disruptivo late show "Identidades Falsas, Risas Reales"

 

El Festival Teatral de Autor (FESTEA) inicia su vigésima segunda edición por todo lo alto con una propuesta escénica innovadora que fusiona la irreverencia de la televisión en vivo, el teatro de autor y la música. Este año, el festival está dedicado a honrar la obra y los aportes de dos grandes referentes de la dramaturgia universal y contemporánea: Luigi Pirandello y Karin Valecillos. 

La gran gala inaugural se llevó a cabo el 30 de septiembre a las 7:00 pm en el Hard Rock Café Caracas, transformándose en el escenario de una experiencia non-stop titulada Identidades Falsas, Risas Reales, un formato de revista nocturna donde la solemnidad se rompe para dar paso a la risa, el análisis de las relaciones y la celebración del arte escénico. 

Posterior a su apertura, el festival se realiza del 30 de septiembre al 11 de octubre, presentándose en Espacio El Galpón, ubicado en la Avenida Andrés Bello, y en Teatro Líder de La California. En esta edición se cuenta con la participación de 11 agrupaciones, entre las que destacan Mixturando Teatro, Theatron Venezuela, Teatro Siso y Sobretablas de Venezuela, además de la Productora Cultural Arte Sano, la Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo, la Agrupación Alma, Pasión y Tablas, y la Academia de Arte D´Zulialieb. La programación detallada se puede consultar en el blog oficial festea.blogspot.com. 

Oswald Pineda, Trasteo Teatro

La gala inaugural contó con la conducción del experimentado presentador Christian Dellepiane, acompañado por la atmósfera y mezclas en vivo de DJ Diamond Produce, el equipo técnico audiovisual conformado por Manuel Guevara, Alejandro Sanz y el director técnico Carlos Palacios, junto a la producción y logística a cargo de Dayana Gómez y Ademir Alfonzo. Las voces en off de Carlos Del Castillo y Manuel Guevara. El cartel reúne lo mejor de la comedia, el teatro y la música nacional, destacando la participación de los comediantes Dylan Araque, Vidaritza Perozo y Cheo Chiste, junto al showman Abraham Veronese transformado en la Guarachera de Cuba, Celia Cruz.

Maigualida Gamero
Asimismo, la noche contó con potentes bloques de monólogos estructurados en una adaptación al formato de stand up dramatúrgico, con intervenciones breves de exactamente 7 minutos cada una. Se presentaron la obra La Taconera (dirigida por Carlos Del Castillo y escrita por Jan Thomas Mora Rujano) y el monólogo de comedia romántica feminista Mujer Empoderada (escrito por Max Coloma y dirigido por Ademir Alfonzo), ambos protagonizados por la directora general y fundadora del festival, Maigualida Gamero. A ellos se suma Oswald Pineda, de Trasteo Teatro, interpretando el monólogo Las 10 mentiras más comunes de un gay (escrito por Junior Molina y dirigido por Armando Yánez). Por su parte, el toque melódico y romántico de la velada corrió por cuenta del cantautor Erick Uzcátegui, quien puso a cantar a todo el público con sus temas propios y un repertorio de covers inolvidables. 

Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo
participa con Las Mártiras

Como parte del sentido solidario del festival, además de adquirir las entradas, el público asistente a la gala y a las funciones podrá colaborar llevando un insumo para los afectados por el terremoto del pasado mes de junio, se solicita productos de higiene personal, medicinas nuevas y en perfecto estado, y /o útiles escolares. 

 

Esta vigésima segunda edición reafirma el compromiso de FESTEA de seguir apostando por formatos audaces que conectan directamente con el público contemporáneo.
 

Es de hacer notar que FESTEA, es un festival de corte competitivo que cuenta con jurados invitados y que impulsa a los artistas emergentes.

Instagram oficial: @festeavzla 

Blog del Festival: festea.blogspot.com 

La Reina: El acto mismo de consagración del presente


Foto cortesía Javier Campos

El teatro, la magia y la religión son rituales populares, algunos totalmente  lúdicos y otros sacros, porque aquellos seres humanos prehistóricos  inventaron los dioses, los crearon y a ellos les ofrecían sacrificios; de ahí nació  la magia y después derivó en religión. Y eso, por supuesto, ha evolucionado en  cada una de esas disciplinas. 

(Chalbaud, 2017) 

Por: Eloy Marchán. 

Los autores Peter Brook y Antonin Artaud trabajaron la noción de “lo sagrado” en el teatro. Artaud examina la forma de liberar la energía humana a través del  quehacer teatral, una forma de expresar el hecho ritual innato que fue  desapareciendo con el tiempo. Brook, además, propone al teatro sagrado como un  lugar donde lo invisible puede aparecer, hecho que consideró posible gracias a la  convención entre los espectadores y actores en un “espacio vacío” y que además  prescinde de la “cuarta pared” a la que estamos acostumbrados. A partir de estos  planteamientos, inicio el camino para aproximarme a lo “teatral sagrado”.  

Surge así, la oportunidad de trabajar en La Reina un texto dramático que  nace de la experiencia que su autora, Valentina Garrido, que cuenta ya con una lista  de reconocimientos en su carrera como actriz y que dio el salto a la dramaturgia  para darle vida a la Diosa venezolana, María Lionza. Aquí entra en la dinámica la  audaz dirección de Carlos Arroyo, actual director de la Compañía Nacional de  Teatro, con una vasta y reconocida experiencia que, al recibir la propuesta de traer  a las tablas la historia de la deidad yaracuyana, propone una mesa de trabajo con  la mirada puesta en que sea una experiencia posdramática donde la ficción pase a convertirse en la presentificación de una experiencia real compartida, para así pasar  de una obra con personajes y escenas cargadas de coreografías, a un monólogo  que, en el marco de lo sagrado posdramático, la convención plantea que "esto que  ocurre aquí y ahora, nos transforma a todos".


Mi trabajo como asistente de dirección, abarcó otras áreas para mí  importantes, brindar la orientación en lo relacionado al mito, ya que cuento con una  amplia investigación de 30 años en el tema, la dirección de arte y la realización de  los elementos usados por Garrido en escena. Hay detalles interesantes que no  debemos pasar por alto: A principios de la década de los 50 del siglo pasado, el  maestro Alejandro Colina presenta la escultura de María Lionza, una de las  imágenes más conocidas dentro y fuera del país. En 1956, el gran Alberto de Paz y  Mateos dirige María Lionza”de Ida Gramko, estrenada en noviembre del mismo  año. Obra que marcó un hito y es considerada uno de los puntos de partida y piezas  impulsoras del movimiento renovador del teatro moderno en Venezuela. Esta “farsa  en tres actos” explora el mito desde una perspectiva poética y humana,  confrontando la condición divina con los sentimientos humanos. Setenta años  después, en la sala “Román Chalbaud” del Teatro Alberto de Paz y Mateos, se  estrena La Reina, posterior a la declaratoria de su mito y culto como Patrimonio  Cultural de la Nación, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y el  Instituto del Patrimonio Cultural.  

¿Por qué La Reina regresa en una segunda temporada? Porque muestra  aspectos comunes que integran al ser venezolano y su sistema de creencias al  margen de las grandes religiones. Este tema presenta una ritualidad que no pasa  desapercibida ante distintos creadores en áreas como la música, la poesía, la  pintura y el teatro, disciplina que lo ha integrado en piezas como Caín Adolescente  (1952) y La quema de Judas (1965), de Román Chalbaud; Los pájaros se van con  la muerte (1975), de Edilio Peña; El inevitable destino de Rosa de la Noche (1980),  de Mariela Romero; Marilyn TEATRO SAGRADO, de mi autoría (2021), entre otras.  

En La Reina, la narrativa lineal se fractura para dar paso a la textura, el  gesto y el símbolo, afectando directamente los sentidos del espectador antes que  su intelecto. 

En Caracas, 01 de octubre de 2026.


30.9.26

Maracaibo: Solfami y Chaplinarium o El Gesto Biomecánico Circense.


Por Marvin Pirela

El Teatro Esencial sin dar tregua al público, nos invita de forma permanente a apreciar sus propuestas escénicas, extrayendo lo mejor de la vida corpórea de sus actores y actrices.

Otra vez, recurriendo a la anulación de la palabra, del verbo, del texto, aferrados a la memoria gestual de Charles Chaplin y de Buster Keaton, recordarnos la propuesta biomecánica de Meyerhold: el actor con todas las fuerzas del cuerpo y sus formas plásticas manifestadas en escena, dan vida a ese mundo encabritado de articulaciones internas circulares.

Apoyándose en el mundo del circo, aparece el ritmo y dislocación de la danza, la cabriola, el salto, el equilibrio, la distorsión, se conjugan armónicamente dónde siempre está consciente de su historial.

Recién acabamos de apreciar Solfami y Chaplinarium, vinculadas entre sí por los mismos conductores: trajes, el maquillaje y la música, marcando la pauta del movimiento corpóreo. La música subraya críticamente la omisión de las palabras en el juego de los personajes, con frenado de ritmos y combinaciones de tiempos escénicos.

Solfami, una cárcel con tres presidiarios que quieren escapar, pero constantemente se rinden ante el encierro y el intento constante de sumarse al concierto que nunca inicia en el eterno ciclo del ritual recurrente de una cárcel. El sueño de ser libre, pero no poder serlo, al ritmo del concierto permanente que recuerda que se está atrapado en una cárcel.

Chaplinarium, aferrándose a los mismos elementos escénicos del universo gestual y temático de Chaplin. Un homenaje a Chaplin: más actores y actrices, más color, música, ritmo, divertimento circense, sin el circo y su mundo.

El Teatro Esencial, hoy, se muestra como un equipo de actores, actrices y técnicos. cohesionado, robusto, con creaciones y direcciones colectivas. Este próximo sábado 03 de octubre, tendremos la oportunidad de apreciar Claroscuro, con el actor Isidro Morillo, una propuesta que he llamado, teatro de laboratorio, por esa extraña auto penetración de la búsqueda interior, de ser, donde se hace uso de la palabra y luego se omite la palabra. El teatro esencial tiene un elenco amplio y virtuoso.

Vaya de nuevo un reconocimiento al esfuerzo. Culmino resaltando el liderazgo de Ángel Marín e Isidro Morillo. La cita es este sábado, con Claroscuro en la sala de teatro de Arepa y Cacao.

27.9.26

Granada, Traición y Crimen: La fuerza del camino lorquiano

 


Por Maga Arellano

La herida y el pulso de una Granada rota.

Granada, Traición y Crimen, bajo la dramaturgia de Aníbal Grunn y las miradas entrelazadas de los directores Rufino Dorta, Carlos Arroyo y el propio Grunn, se despliega como un montaje teatral tan visceral que evoca los últimos días y la memoria de Federico García Lorca en su camino hacia Granada. La puesta en escena nos sumerge en la fuerza femenina de la madre, la luna, los amores, las raíces, la muerte y una transmutación poética que se niega a morir en silencio.

La profunda investigación de Aníbal Grunn nos introduce en un texto de pura fuerza del camino lorquiano, un trayecto irrevocable de herida y luz que cruza Granada para recordarnos que hay crímenes que la tierra jamás logra callar. Es sangre, pulso y destino sobre una Granada rota, un sendero de tierra y memoria donde la poesía atraviesa la sombra desafiando al olvido. Consolidado como un texto redondo y pulido, la obra nos devuelve al Lorca caminante no solo mediante la recreación de un crimen histórico, sino como el recordatorio inquebrantable de que su voz sigue desobedeciendo al silencio mientras se cuente su paso.

Lejos de la comodidad de la butaca tradicional, esta propuesta de la Compañía Nacional de Teatro se despliega de manera inmersiva donde nos despiertan los cinco sentidos. El público recorre diversas locaciones y recovecos del edificio, transformándose en un transeúnte más de esta marcha hacia la fatalidad. En una co-dirección, a tres voces uniendo los estilos distintos; pero magistrales de Dorta, Arroyo y Grunn, el montaje rescata el tránsito hacia la muerte como una huella indeleble, dotada de ese duende que Lorca siempre nombraba y que hoy sigue presente en cada espectador, tomando un rumbo de dirección muy cercano al lenguaje cinematográfico. 

Los cuadros de la memoria: Símbolos, cuerpos y poesía.

La dramaturgia se fragmenta magistralmente en seis cuadros escénicos de una potencia visual arrolladora, puro cine teatral donde la luz y la sombra esculpen el dolor:

Las lavanderas: La fuerza del útero: La escena arranca con la voz penetrante de Francis Rueda, un conjuro que atraviesa el pecho para anunciar a Lorca. De inmediato surge el actor Yoel Ramírez, en una interpretación delirante y profunda del poeta, danzando la locura y la demencia junto a un coro vibrante de fuerza ancestral de las mujeres que se entregan en escena; como el canto de gitana de Ariana León, Angelica Rinaldi, Eliné Mediastino, Sara, Escalona, Yisser Oviedo y todas que se funden como un solo útero. Un juego de luces cálidas envuelve este torbellino de agua que es la piscina espejo, el sudor y el dolor, mientras Dora Farías entona La Tarara con una danza lunática que disuelve la frontera entre la realidad y el mito. Las lavanderas con una fuerza cantan la Tarara y bailan con un movimiento circular de puro espíritu femenino, coreografía desde lo más adentro de la maestra Carmen Ortiz.  

El balcón, el canto y la poesía: Bajo el frescor nocturno, la escenografía se engrandece entre mesas, cantos y bailes que rompen la barrera con el público. Una iluminación cálida y vibrante impregna cada rincón de una atmósfera íntima, donde los Lorca aparecen descalzos, entregados a flor de piel para encarnar la palabra y la emoción del poeta, con su llegada a Nueva York, luego simulan la noche de baile y el canto, que resuena armónica en momentos donde se canta "Allá en Santiago" y desgarradora cuando los Lorca presienten "a las cinco de la tarde”. Es el respiro poético antes de que la sombra de la historia comience a cerrarse en el transcurrir de la obra. 

La batalla surrealista: Al amparo de los versos "Luna, luna del tiempo de la aceituna..." y el eco de "señor alcalde, sus niñas están mirando en la luna", la escena oscila hacia la tensión más descarnada. Se alza la figura imponente del teniente coronel de la Guardia Civil española interpretada por Jo Se, de una manera orgánica, cuya presencia se teje con los rayos de luna que cruzan la ventana, abriendo paso al desnudo del gitano, una interpretación visceral de Cesar Castillo, quien se entrega a la escena. Se exponen las contradicciones de una España criminal, la represión institucional frente al deseo prohibido y silente donde se cruza el amor clandestino del coronel frente a Lorca y una fuerza actoral femenina impecable, María Brito, Livia Méndez, Yendy Vegas y Yhan Media.

El Café de Chinitas: La atmósfera se traslada a la taberna gitana a través de un juego dinámico de sillas y una paleta cromática de rojos pasionales, azules hondos, verdes profundos y fucsias encendidos. Estalla la danza de los gitanos en una perfecta fusión de arte hondo, palabra y movimiento. Los cuerpos de las gitanas y los gitanos que se encuentran, dominando el humor negro en los personajes. Se ve la resistencia al folclorismo de postal, el flamenco aquí no es adorno, sino resistencia cultural. La fuerza de los bailes y cantos nos recuerdan que el arte de Lorca brota de la sangre y la entraña del pueblo gitano.

Bodas de sangre: El pulso dramático alcanza su cénit con la tensión del cuchillo, el desgarrador canto lírico de Omar Churion y el compás seco del cajón flamenco del gitano Miguel Ángel Treccia. En medio de un azul frío y cortante, el actor se desvanece con mirada poseída, mientras toca para dar entrada a Yurahy Castro, quien invoca la fuerza telúrica y una Yemayá León con una catarsis devastadora en su llanto. Los vestuarios de esta escena son sublimes. 

El fusilamiento y el eco eterno: Con el sonido ominoso de una marcha militar, la tragedia se precipita ante el intento infructuoso de Pepín interpretado por Sebastián Quevedo con una intención un poco inofensiva, quien avisa la ejecución. El eco de los disparos derriba a los Lorca con los ojos vendados, en los brazos de las mujeres, recreando una sobrecogedora imagen de la Piedad y la cruz. Bajo luces cálidas, entre llantos y música envolvente, la mujer contempla a cada actor, descubriendo en ellos la esencia más pura de la obra.

El hilo conductor y la trascendencia del mito.

A lo largo de este viaje visceral, la mirada del espectador es guiada por la presencia imponente del guardia civil español, interpretado con magistral autoridad por Jesús Plaza. Con una mezcla perfecta de fuerza y rigor, Plaza se convierte en el hilo conductor que vertebra la obra, transitando por los abismos de la tragedia y logrando, paradójicamente, empatizar profundamente con el público a través de su paso marcial y su mirada vigilante.

Hacia el final, el actor Aníbal Grunn, desde un ritmo de caminar pausado, invoca el sueño de las manzanas en una reflexión profunda sobre la muerte y el destino de Lorca. Es el anhelo de volver a la naturaleza, a la mirada inocente del niño en altamar y al amor de piel morena dejado en Cuba, pidiendo que sepan que el poeta no está muerto, que vive en nosotros y que todos somos Lorca.

Cada imagen se cristaliza en la figura de Lorca y la madre como una escultura viva de la Piedad de Miguel Ángel. Esta figura acoge al poeta para encarnar tanto el dolor de las madres dolientes de su dramaturgia como a la Madre Tierra y a la propia Granada, que purifican y consagran el cuerpo destrozado de su hijo más lúcido. 

La verdad viva de un mito indomable.

Este montaje no es una simple recreación biográfica; es un acto de justicia poética. Desde el primer latido, la investigación dramatúrgica y el rigor escritural de Aníbal Grunn se conjugan con una dirección de actores deslumbrante, capaz de extraer de cada intérprete una verdad tan carnal y lacerante que trasciende el hecho teatral.

Aquí hay una fidelidad absoluta al espíritu de Federico García Lorca, a su vida, a su trágica muerte, a sus batallas íntimas y a sus amores inconfesables. Pero lo que verdaderamente engrandece esta propuesta es su profundo respeto por los códigos andaluces y el alma de Granada. Lejos de cualquier estilización comercial, de vestidos de lunares, o zapatillas de flamenco sevillana, la obra se arraiga en la verdad del flamenco del Albaicín, ese que prescinde de misterios y se compone del sonido real de las pulseras al compás, del roce seco de las faldas lisas y de las camisas ondeando al compás gitano, la que se vive dentro de la taberna.

Cada elemento de esta puesta en escena, desde una escenografía viva hasta un vestuario que huele a tierra mojada, pasando por una iluminación que corta el alma y un diseño sonoro milimétrico, honra la memoria de quien supo ver el dolor del mundo con ojos de niño y comprensión de genio.

Es, sin lugar a dudas, la obra más fiel y respetuosa que se ha hecho sobre Federico García Lorca en Venezuela. Un recordatorio urgente de que su poesía, su lucha y su legado pertenecen por entero a la humanidad.

Granada, Traición y Crimen es un ejercicio de justicia poética y un triunfo de la dirección colectiva en la escena venezolana. Lejos de quedarse en la simple narración o en el drama biográfico

convencional, la obra logra que el mito de Lorca transite a flor de piel, recordándonos que su voz sigue desobedeciendo al olvido. Es un montaje redondo, visceral e imprescindible que honra la memoria de uno de los grandes creadores del siglo XX.  Es un acto de total transmutación donde el público deja de ser simple testigo para sentirse, piel adentro, parte de aquella tragedia. 

Maracaibo: Imágenes de Chaplinarium. Teatro Esencial. Casa de los Títeres Arepa y Cacao, 26 de septiembre, 2026.


 













24.9.26

El último puerto del artesano: Cuando los barcos se convirtieron en títeres.

 

Por: Jesús Eduardo Espinoza

Apareció un día en la Escuela de Títeres de la Secretaría de Cultura de la Gobernación del Zulia impulsado por una convocatoria orientada a los talleres de formación para la tercera edad. Fue el primero en inscribirse. Se identificó como el señor José Rodríguez: un hombre desbordante de energía y vitalidad, con esa locuacidad inagotable propia de quien tiene mucho que decir y a quien la vida le ha otorgado suficientes credenciales conversacionales.

“¿Qué haremos aquí? ¿Qué aprenderemos?”, preguntó con una mezcla de urgencia y recelo. Al mostrarle los muñecos que habitaban la escuela, sus ojos brillaron de inmediato. Sin embargo, su primera respuesta, defensiva o condicionada por el hábito, fue mostrar su mundo conocido: los barcos. Lindos barcos, sí, elaborados con materiales de provecho con gran ingenio y destreza manual. Mostraba con orgullo fotográfico la flota artesanal que había construido en solitario, repitiendo fórmulas mecánicas, había construido barco tras barco, distintos en su forma pero idénticos en su fin utilitario.

Y es aquí donde surge la gran interrogante crítica frente al proceso creativo en la adultez mayor. Muchas veces, el culturista popular o el artesano se encierra en la monotonía de su propia producción, satisfecho con un oficio que ya domina pero que no transita hacia la escena. El taller se convierte entonces en el territorio de la ruptura: dar la oportunidad de empezar a hacer otra cosa, de arriesgarse a transitar por caminos inexplorados. No se trataba de seguir haciendo un tipo de barco más; se le dio la oportunidad de atreverse a construir un títere.

En ese tránsito fundamental jugaron un papel clave la dirección de la escuela y el rigor pedagógico. Bajo la guía del director de la institución, el profesor Richard Uzcátegui, y con el acompañamiento magistral de Carlos Aguirre ,un titiritero de dilatada trayectoria, dramaturgo y maestro de gran experiencia,el taller se transformó en un verdadero laboratorio de creación. Ellos fueron quienes cobijaron y encauzaron al señor José, ayudándole a traducir sus saberes previos hacia el lenguaje de los títeres.

Ya no se trataba de ensamblar piezas para que flotasen en el agua; se trataba de insuflarles alma, de construir un personaje. Con gran habilidad y un deseo irrefrenable de aprender, José preguntaba, proponía, debatía y contagiaba a sus compañeros. El hombre que venía aferrado a la carpintería de ribera encontró el verdadero cauce de la creatividad en el atardecer de su vida: escribió su propia historia sobre cómo aprendió a hacer barcos, montando con ello, su propio espectáculo de títeres.

El caso del señor José nos deja una lección pedagógica y humana incalculable. Demuestra que el arte no tiene edad de caducidad y que el taller institucional no es un simple pasatiempo para la tercera edad, sino un espacio de subversión creativa y rescate humano. Representa a ese artesano que llega cargado de inercias para descubrir, en su último puerto, que era un titiritero que ignoraba su propia condición.

Como una estrella fugaz pasó el señor José por la Escuela de Títeres de la Secretaría de Cultura. Se marchó físicamente, dejándonos el vacío de su ausencia, pero nos legó una estela luminosa de compromiso, de amor por el hacer y de amistad entrañable.

Hasta siempre, querido amigo José. Los titiriteros de la escuela te vamos a extrañar en la brega diaria, aunque tu huella ya forme parte de nuestra dramaturgia cotidiana. Paz a tu Alma. ¡Aplauso por siempre para ti!

Entrevista inédita a Alberto Ravara. (A cinco años de su partida)

 


Por Oscar Acosta

Hoy, 24 de septiembre de 2026, se cumple un lustro del fallecimiento del dramaturgo y director Alberto Ravara, nacido a inicios de la década de los 50, en Trenque Lauquen, una ciudad de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Con él mantuve, especialmente durante los últimos diez años de su vida, una estupenda relación amistosa, afinada por largas conversaciones sobre el teatro, la política, la cultura, el movimiento teatral... No siempre coincidíamos, por lo cual nos enredábamos, cigarro tras cigarro, argumento tras argumento, en un intercambio de razones que, aunque agotador, finalmente nos ponía de acuerdo.

A continuación transcribo una entrevista realizada en febrero de 2014, en la cual se extendió sobre su relación con la escena, el papel que le asignaba a su labor teatral y algunas opiniones políticas sobre el acontecer nacional, no tan concretas como yo esperaba para una publicación de prensa en ese entonces, pero bastante esenciales y motivadoras para la reflexión.
Una versión bastante reducida de la conversación que sigue fue publicada por el semanario cultural Todosadentro en aquella ocasión.

¿De dónde viene tu afición al arte? ¿Por qué te dedicaste al trabajo en los escenarios?

Con tu pregunta me sumerges en la dulce bruma del recuerdo. En ella me veo escuchando por las noches a mi madre la lectura de cuentos fantásticos, épicos y sagrados. Me veo caminando de pantalones cortos por aquel caminito hecho por la Sociedad de Fomento, a aprender declamación, en la generosa casa de la señorita Waitty.

La memoria me lleva por el mismo caminito al baldío que estaba enfrente al Almacén de Francisco y doña Basa, en Empalme San Vicente, que queda más o menos a una hora en tren de Buenos Aires. Una mañana, mis ojos maravillados vieron lo fantástico de un circo instalado, el "Indian Circo", y una función de radio-teatro que anunciaba la obra "Pido luz para mis ojos", con la actuación de Carlos Ciappe. Regresé corriendo a mi casa a contarle a mi madre y, al día siguiente, en función vespertina, reí y lloré viendo "a la italiana" esa puesta en escena. Tenía cinco años. Nunca más, hasta la fecha, dejé de ver y luego de hacer teatro, de amar esa dimensión que nos permite la libertad y creación inconmensurable dada por la otredad, el pensamiento diverso y a la par ético, ofrecido por la metáfora, junto al sagrado don del compartir que nos brinda la convivencia teatral entre público y actores. Esto, amigo, era la década de 1950. Mi padre tenía orquesta de tango y yo fui contratado para decir las glosas y recitar dos poemas en el intermedio, uno triste y uno alegre... De esa manera, medio tropezando con unos versos, salí al escenario por primera vez.

Veíamos con mi madre cine toda la semana: cine argentino, mexicano, norteamericano, francés, italiano, sueco. Cali, el empresario amigo, me dejaba pasar en las películas prohibidas, con la sincera promesa de mi madre de que me taparía los ojos en las partes "violentas o crudas". Es así como vi a Bergman, Amadoris, Fellini, Visconti, Buñuel, Leopoldo Torres Nilson, etc., con cortes de censura hechos por las cálidas y suaves manos de mi madre tapándome los ojos.

Un día fuimos al teatro, a ver el montaje de la Compañía Nuevo Teatro de Cámara de la ciudad de Buenos Aires; lo vi escondido en las gradas del "paraíso". Me incidió profundamente el actor Paulino Andrade, la actriz Ana María Castell, el director David Radner, la obra "Los Viajantes". Un gaucho le comentó a su gaucha al lado mío: "Esta obra no es la rascada de los radio-teatros, es bien serio el planteo". Soñé que quería estar de gira y hacer temporada con esa compañía; fue un deseo profundo, como lo son los deseos de infancia. En 1974 y 1975 hice más de novecientas funciones, en Buenos Aires y por las provincias argentinas, como primer actor de la Compañía Nuevo Teatro de Cámara de la ciudad de Buenos Aires, bajo la dirección de uno de mis maestros, David Radner. Es así como "los sueños buenos que dibujamos en silencio y soledad, algunos duendes los toman y los hacen realidad".

En cuanto a mis maestros, a los ya citados puedo sumar a Héctor López, José Raudino, María Mombrú, Yirair Mosian, Oswaldo Dragún, Atahualpa del Cioppo, Alexis Antíguez, Eduardo Di Mauro, Rine Leal, el compañero Alberto Sarraín y tantísimos más que influenciaron de manera positiva mi formación. En suma, la vida y el teatro tienen saberes y, con los ojos de la piel y la razón abiertos, reflexionamos sobre la fuerza vital y luminosa de las mayorías nacionales; sopesamos el oscurantismo cruel, algunas veces almibarado, de las élites sociales y culturales. Indudablemente aprendemos todos los días de cada uno de nuestros semejantes y de la naturaleza.

¿Desde cuándo te dedicas a la profesión?

Mis primeros pasos en el teatro los realizo en Argentina en 1961. Mas mi actividad profesional, que no significa ganar dinero sino dedicarse a practicarlo y hacerlo cada vez mejor, data del año 1969. En 1978 me exilio en Venezuela; en mi querida Patria Argentina se había instalado una feroz dictadura fascista que hacía imposible vivir y crear con dignidad. A partir de esa fecha me fui integrando a esta tierra de gracia y de un pueblo dulce y solidario. Es, de alguna manera, mi pedacito de cielo en la gran Patria Latinoamericana.

¿Cómo concibes la labor de los teatristas?

Entiendo que la labor de los teatristas tiene como objetivo contribuir, con la modestia de nuestros esfuerzos, a la edificación de un nuevo paradigma cultural, a la construcción y desarrollo integral de nuevos hombres y mujeres, a la defensa nacional de nuestra gran Patria latinoamericana y a la paz. Al hablar de paz no solo me refiero a esa idea medio boba de una paz abstracta, donde todos nos queremos y abrazamos, sino a una paz con equidad y justicia social.

En IIAVE... te lo deletreo... I-I-A-V-E..., siglas del larguísimo nombre Instituto de Investigaciones para el Desarrollo del Arte en Venezuela, intentamos hacer procesos sistemáticos, cotidianos, estables, en estrecha relación con las personas. En escenarios emergentes construidos con criterio colectivo para desarrollar el arte en otros espacios de reflexión. Nuestra práctica y el éxito de las Muestras de Teatro y Títeres en las Comunidades que hemos organizado durante años nos vienen indicando que es factible construir desde las bases un nuevo modelo cultural. Somos plenamente conscientes de que a los grupos sociales y mayoritarios se nos hace imperativo un proceso esencial de organización e intercambio de saberes en nuestras comunidades, para construir una unidad capaz de demoler el viejo modelo cultural de la dependencia. El mismo que gusta de hacer eventos evasivos y crear caos de valores para, en esencia, beneficiar los intereses mezquinos de los poderosos, al intentar sumir en la ignorancia a las mayorías nacionales que, día a día, construimos con esfuerzo la consciencia del "sí y para sí".

Es sabido que el viejo modelo cultural se enquista, se reproduce y trata de imponer trabas burocráticas, tecnocráticas y discriminatorias; pero con trabajo paciente, crítico y autocrítico, arduo y fecundo, lo podremos derrumbar paso a paso, a pesar de los que medran desde las sombras y a pesar de los imperios.

Indudablemente, tenemos mucho por aprender, mucho por nutrirnos, pero alejados de las actitudes efectistas y eventuales, contribuiremos a edificar el nuevo hombre y la nueva mujer que vive y vivirá en este siglo XXI que comienza.

Podemos afirmar que la programación de teatro de actores y muñecos, diseñada y organizada por especialistas de la escena y centros comunitarios, con la participación de la población más desasistida en materia cultural, permite construir canales de formación y fortalecimiento de nuestra razón de ser como ciudadanos. Lleva su problemática y estética al nuevo espacio de discusión y escenificación para el tratamiento de los grandes temas sociales y para forjar nuevos conceptos y formas independientes.

El arte en espacios de reflexión comunitarios, probablemente "por ahora", no satisface la vanidad de marquesinas de los artistas del viejo modelo cultural; es probable que tampoco logre presupuestos que vienen de la lógica de algunos burócratas individualistas, frívolos y arribistas, pero es una acción que, al ser transformadora, tiene verdadera trascendencia y que obedece al proyecto de vida que elegimos hace muchas décadas. Nuestra tozudez conmoverá a las piedras y, como servidores públicos desde el pueblo y para el pueblo, aportaremos algunas chispitas para que la juventud sea de hombres y mujeres de buen corazón y razón.

¿Qué reflexión puedes hacer del movimiento teatral venezolano?

"Castigat ridendo mores", corregir las costumbres riendo..., decía el poeta Santeul hace siglos. Recuerdo en este momento la fina ironía de Charles Chaplin cuando toma la banderita roja que cae de la prevención de carga de un camión y no ve que detrás de esa acción viene una manifestación obrera y se transforma en el abanderado involuntario de la misma y, por lo tanto, es castigado por los policías que reprimen. Las palabras y las acciones de los hombres siempre pueden tener varias lecturas. De la ambigüedad de lo evidente puede surgir lo bello y sublime del arte.

Invisible fue la obra de Vincent Van Gogh para la culta Europa en el salón de París. Recordemos que sus pinturas fueron a parar al salón de los rechazados; recordemos que no vendió un solo cuadro en su vida. Subjetivamente pienso que a este genio iluminado sólo le interesaba vivir la dimensión de la pintura.

Cosa parecida fue la vida y obra del escultor Brancusi, uno de los grandes escultores del siglo XX. Creo que la mayoría de la creación de los artistas en Latinoamérica es disimulada por los medios masivos de comunicación. Invisibles en la historia y para los escribas de su época fueron y son las muchedumbres que construyeron las pirámides de Egipto, los obreros que construyeron la Torre Eiffel de París, el Parque Central y el Centro Sambil de Caracas, el puente sobre el Lago de Maracaibo, etc. Pero... ¿son invisibles? Para nosotros, modestos artistas del siglo XXI latinoamericano, saber mirar es amar. Miremos estos ejemplos.

¿Algunos críticos teatrales, sociólogos, planificadores, funcionarios de cultura saben mirar multilateralmente? ¿Están alejados de intereses parciales? ¿Las micro-píldoras mediáticas de la televisión expresan e informan cabalmente sobre el arte, los artistas y el público mayoritario? ¿Saben mirar? ¿Aman?

El teatro que hacemos, indudablemente, es invisible a los "centros de cultura convencionales", pero es visible en las barriadas de Caracas, en el interior del país y en los emergentes de nuestra América. De esa contradicción surge nuestra expresión y nuestro proyecto de vida. Hoy las mayorías nacionales hacen evidente su visibilidad histórica y nosotros tratamos de aportarles nuestro granito de arena para estimular la razón sensible de los hombres y mujeres que son nuestro público. La contradicción no es antagónica; los invisibles no podemos ser excluyentes, pues nuestra dignidad no nos permite afectar la dignidad del semejante.

El movimiento teatral venezolano, como no puede ser de otra manera, tiene las contradicciones de la sociedad donde se desarrolla. Mucho podría aportar el desarrollo de un proceso reflexivo y autocrítico de sí mismo, pero también el Estado debería revisar sus políticas y sus obligaciones de ley, respecto al rol que le compete.

¿Cuál es tu visión del país y su dinámica política actual? ¿Qué puedes decir de la acción cultural? Avances, vicios del pasado, errores a superar...

En un texto teatral, uno de mis personajes dice: "... Continente y contenido... lo fundamental es el contenido... ¿Qué hacemos en un continente hermoso, sin ciudadanos libres? ¿Qué hacemos con la belleza sin conciencia de ella? ¿Qué hacemos con los prejuicios que da el privilegio?...". ¿Qué hacemos si no tomamos verdadera conciencia de la alienación que sufrimos por herencia?, ¿de lo consumistas que somos, de que nos cuesta asumir una cultura del trabajo, de la corresponsabilidad?, ¿de que somos esclavos muchas veces de la ambición y la vanidad? ¿Qué hacemos si no tomamos conciencia del tono violento que algunas veces tienen nuestras palabras y actos? El personaje continúa diciendo: "... No señores, no es afuera donde debemos buscar... es adentro, es en la alquimia imperfecta que se da en el interior de las personas y los creadores... Quizá porque la obra toca a los destinatarios de manera ajena. Cada cual hará lo que quiera o lo que pueda. Señores decentes como ustedes se llaman a sí mismos, no hay determinismo posible. En la historia sólo existe la posibilidad de hacer conciencia centímetro a centímetro y hombre por hombre, no hay determinismo. Nuestras ideas son las del humanismo, otro tiempo está germinando. Señores que me adversan, si empujamos el carro del acontecer y de las ideas nuevas, para una mejor convivencia, quizás en doscientos años seremos olvido o, si el hado es propicio, seremos historia buena y notable... En lo público, señores adversarios, y personas seducidas por la violencia, debemos someternos al único imperio legítimo, al imperio de la razón y las leyes..."

En el presente, vivimos a dos tiempos: uno de creación, rebelde, de trabajo, de sueños de utopías realizables, de entrega desinteresada del pueblo y de algunos auténticos dirigentes de la sociedad y el Estado; y otro lento, poco productivo y nefasto, de algunos dirigentes políticos que impulsan la violencia como estrategia general para desestabilizar a la nación... de algunos empresarios privados codiciosos que, especulando, roban en los bolsillos del pueblo y en las arcas del Estado. En ese mismo tiempo nefasto está el burocratismo que se enquista en el noble árbol del pueblo. Por lo tanto, nuestro teatro tiene que ser rebelde, estar junto a los auténticos intereses de las mayorías nacionales y populares. La idea de desarrollar el teatro en distintas instancias de la geografía social puede contribuir a la reflexión, a la organización en el trabajo, al debate de ideas, a practicar la cogestión y la auto-sustentabilidad, a la movilización con alegría, belleza y saberes de grandes contingentes de personas, a la paz y a una vida menos cosificada y alienante... El teatro y los creadores somos amablemente rebeldes y, junto al pueblo del que formamos parte, podemos avanzar, aprender, trabajar por ideas más justas y aportar para la construcción del nuevo paradigma y la paz con justicia social. Claro que también hay colegas que, más que como una posibilidad de rebeldía, ven el teatro como un medio para resaltar o destacar el ego; son tontos, olvidan que nos iremos en algún momento, que toda vanidad es ínfima en el paso de los milenios y que la mejor forma de trascender es dejar un pedacito de lo mejor de nosotros en los demás.

La verdad es como un diamante... es preciosa, pero si la arrojamos al rostro de nuestro interlocutor, el diamante, al igual que la verdad, puede ser un arma que lastima. Debemos criticar para construir... para reflexionar, no para perjudicar mezquinamente. Solo dando el ejemplo, cultivándonos y mostrando el diamante con firmeza, con ley, pedagógicamente y con bonhomía, podremos construir una sociedad más justa, de semejantes diversos, no alienada, de iguales ante la ley para nosotros y para los hijos que de nuestros hijos vengan.

Hasta aquí la entrevista, transcrita casi al pie de la letra, salvo alguna que otra divertida comidilla y alusiones personales a terceros que no importan.  Esa vez quedó pendiente con Alberto, una relación de su trabajo como actor, director, escritor y dramaturgo que me hizo llegar pocos días después por vía electrónica y que veremos a continuación.

Trayectoria. Obras actuadas, dirigidas, escritas.

Como actor, recuerdo: La mesa y los espermatozoides rengos (Argentina, 1970), Hablemos a calzón quitado (1972), Las ocupaciones del Señor Maury (1974), Vamos al planeta Marte (1974), Crónica de un secuestro (Argentina, 1975), Pisa pisuela, color de ciruela (Venezuela, 1980), Ejercicio número uno (Venezuela, 1981), Aniversario (Venezuela, 1982), La casa de humo (Argentina, 1991).

Como director teatral he realizado más de 90 montajes, entre los que destacan: Lobo Bueno (Brasil, 1978), Los muñecos del Primo Tucho (Venezuela, 1981), El espantapájaros que quería ser rey (Festival de Teatro para Niños, 1983), Los de la mesa diez (1984), La Cacería (1985), La identificación (VII Festival Internacional de Teatro de Caracas, Venezuela, 1988), Tartufo (1988), La ratonera (1989), Réquiem para un viernes a la noche (Venezuela, 1990), Carcajadas Lusitanas (1990), Paso a la vida (Argentina, 1991), Un día en el reino de Bambina (Argentina, 1992), El rey de Los Araguatos (Venezuela, 1993), El andamio (1993), El animador (1995), Web site Story (1999), Caprichos capitales (Alemania, 2000), La Guerrita de Rosendo (2002), Doña Bárbara (2003), Condecorado (2005), La Bandera de Colombeia (2006), La Conciencia de un Juramento (2006), El Círculo de Tiza (2007), Arritmia (2007), Juan Palmieri (Venezuela, 2008), ¿Por qué canta el pueblo? (2008), Lo que dejó la tempestad (2009), Volcanes sobre el Mapocho (2009), Soga de niebla (2010), Quien nos robó esa Batalla (2010), Asamblea de ciudadanos (2010), Cuidado con el televisor (2010), El atentado, Bogotá 1828 (2010), Manuela Sáenz. Memoria y presencia (Venezuela, 2010), Joaquina Sánchez (2011), Febrero rebelde (Venezuela, 2012, Premio Municipal de Teatro de Calle).

Como escritor y dramaturgo:

He escrito una treintena de trabajos, entre los que señalamos: De camiseta y con galera (Cuentos, 1969), El tongo (Teatro, Argentina, 1977; Mención Especial de Dramaturgia Andrés Bello, CELCIT, Venezuela, 1982), El Fulano (Venezuela, 1982), Crónica de invierno (Teatro, Venezuela, 1987), La casa de Humo (Teatro, Argentina, 1990), El modelo neoliberal no es viable (Ensayo, 1990), Un día en el reino de Bambina (Teatro, Argentina, 1991), La nueva Geografía teatral Venezolana (Recopilación, Venezuela, 1994), Período especial (Apuntes de Viaje, Cuba, 1995), El Sistema de Compañías Regionales de Teatro en cifras (Investigación, 1995), El fascismo Latinoamericano (Ensayo, 1998), El lobo dormido (Crónica de Viaje, Alemania, 1999), Reconstituir el tejido social (Ensayo, Venezuela, 1999), Viejos amores del guerrillero vencido (Poesía, Venezuela, 2001), Condecorado (Teatro, Venezuela, 2003), La necesidad de una Constituyente Cultural (Ensayo, Venezuela, 2003), Atentado en Bogotá 1828 (Teatro, 2005), La Bandera de Colombeia (Teatro Histórico, Venezuela, 2006), La Conciencia de un Juramento (Teatro Histórico, Venezuela, 2006).

También escribo artículos para distintas publicaciones nacionales e internacionales.

Libros publicados:

1984 - El fulano (Poesía)
1994 - Un día en el reino de Bambina (Teatro)
1994 - La nueva geografía teatral venezolana
2002 - Crónica de invierno y El tiempo de oro (Teatro)
2006 - Viejos amores del guerrillero vencido (Antología poética)

Premios y reconocimientos:

Uno se siente estimulado cuando recibe premios y reconocimientos. Entre los que recuerdo te puedo citar: Condecoración Orden Mérito al Trabajo, Primera Clase (Venezuela, 2003); Premio Municipal de Teatro de Títeres, Municipio Libertador (Venezuela, 2008); Homenaje, Sala Alberto Ravara, Compañía Regional de Teatro de Portuguesa (Venezuela, 2007); Premio Alí Primera, Parroquia El Valle (Venezuela, 2007); Condecoración Parlamento Cultural del MERCOSUR (Venezuela, 2007); Condecoración Orden El Samán de Aragua en su Primera Clase (Venezuela, 2007); Reconocimiento, Dirección de Turismo, Municipalidad de Junín (Argentina, 2000); Reconocimiento, Festival de Cantaura (Venezuela, 1995); Reconocimiento, Barriazo Teatral (Buenos Aires, Argentina, 1991); Primera Mención, Concurso de Dramaturgia Andrés Bello (Venezuela, 1982).

Como promotor cultural:

Soy cofundador del Festival de Teatro de Portuguesa (1982), del Teatro Estable de Portuguesa (1987), de la Compañía Regional de Teatro de Apure (1993), de IIAVE (1993) y de la Muestra Internacional de Teatro y Títeres en las comunidades de Caracas.

 


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