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11.12.25

El animador obliga a examinar de qué están hechos nuestros sueños, por Daniel Herrera Malaver

El animador obliga a examinar 

de qué están hechos nuestros sueños


Por: Daniel Herrera Malaver

Carlos lo sentencia desde el escenario: “Todo el mundo cree. Todo el mundo se sienta noche tras noche frente al televisor para creer”. Me estremezco al pensar que, pese a lo mucho que hemos cambiado como sociedad, en lugar de cultivar colectivamente un pensamiento crítico que regule nuestro tiempo de exposición, nuestra interpretación afectiva y el uso que hacemos de las pantallas, las empresas han diversificado el tamaño de los dispositivos, multiplicado los tipos de contenidos y aumentado de manera exponencial nuestro tiempo de exposición a discursos audiovisuales cuyo propósito es vendernos productos, ideas y modos de vida. Estas maestras de la persuasión suelen valerse de todas las herramientas tecnológicas —televisión, internet, inteligencia artificial— para alcanzar sus objetivos.

Esta reflexión, vigente como nunca, surge de ver El animador, obra escrita en 1972 por el dramaturgo Rodolfo Santana. Más de medio siglo después del estreno de su primera versión, la agrupación CreArte Angostura viajó desde el estado Bolívar hasta Caracas para participar en el Festival Nacional de Teatro Venezolano 2025. En la Sala de Conciertos de la Universidad Central de Venezuela, los días 18 y 19 de noviembre, pudimos ver a Carlos, un televidente interpretado por Alexander Morales, quien, hastiado por los contenidos de una televisora, secuestra a Marcelo Ginero, el gerente del canal, interpretado por David González.

Desde el inicio, constatamos que se trata de dos actores curtidos en mil batallas, capaces de esculpir en escena, a golpe de martillo y cincel, una realidad enraizada en nuestra idiosincrasia: cruda, divertida y dolorosa, disparatada pero creíble. Ambos personajes se encuentran en una constante tensión dramática que, transcurridos los primeros minutos, crece hasta niveles delirantes. La estética se reduce únicamente a la presencia de los cuerpos y las voces; todo objeto y elemento de vestuario está subordinado al juego cínico en el que los personajes se hallan atrapados.

El trabajo actoral y la dirección de Freddy Gutiérrez reflejan una gran dedicación y un resultado que solo es posible con entrega, tiempo de ensayo y maduración del proyecto: dos años de trabajo. En la capital, pocas veces vemos proyectos con plazos tan extensos y un resultado tan cohesionado.

La obra atrapa, divierte e interroga. Y justo cuando el espectador se vuelve cómplice del juego, plasma en los cuerpos de los actores un dilema trágico: ¿qué sucede si la búsqueda de la felicidad es una trampa?, ¿si el sistema no lucra con la concreción de nuestros sueños, sino con el esfuerzo estéril por alcanzarlos? Un esfuerzo que, paradójicamente, nos consume la vida.

30.11.25

Un sueño sobre las tablas en Así que pasen cinco años, por Daniel Herrera Malaver

Un sueño sobre las tablas en Así que pasen cinco años

 


Por: Daniel Herrera Malaver

El tiempo como protagonista y las sombras dobles que de él se desprenden. Que el trabajo final de la primera cohorte de egresados del Estudio de Artes Escénicas de Chacao sea una obra del ciclo de "teatro imposible" de Federico García Lorca resulta poético. En pocos meses, los estudiantes comprendieron desde la práctica distintos registros escénicos y maneras de abordar la construcción de personajes, teniendo como profesores a actores de trayectoria que son referencia en el medio y abordando grandes clásicos de la dramaturgia occidental. Finalizaron su formación con un taller montaje dirigido por el afamado actor y director Javier Vidal.

Los días 14, 15 y 16 de noviembre presentaron Así que pasen cinco años en el Centro Cultural Chacao. Una obra que nace como ejercicio onírico y filosófico, concluida por Lorca en 1931, pero que no pretendía ser llevada a escena. Muy influenciada por el surrealismo, la ambigüedad de sus espacios oníricos permite desdibujar las fronteras sociales y culturales impuestas por una época de represión generalizada; recordemos el auge del fascismo en sus distintas expresiones en los países occidentales durante aquel entonces. El sueño es el espacio perfecto para hablar de misterios, deseos, miedos y frustraciones; al contar los sueños, podemos decir lo indecible.

En esta relectura de la obra, el acento se encuentra en la generación de sensaciones para el espectador. El director y el elenco lograron representar imágenes que en la lectura pueden parecer irrepresentables: el eco que suena con la voz de otras personas, el espejo que devuelve otro rostro y habla con tu propia voz —símbolo de un universo onírico—, el maniquí como eco de un cuerpo que pudo llevar una vida diferente; esferas que flotan junto a pompas de jabón acompañan a personajes que se desvanecen y aparecen cantando con un aire andaluz. Todo lo que está en la escena y lo que ocurre allí es un símbolo poético y significa. El luminoso corazón del sueño que requiere del tiempo para germinar.

Y si el Sueño finge muros

en la llanura del Tiempo,

el Tiempo le hace creer

que nace en aquel momento.

Nosotros, como el Sueño, creamos una realidad con "muros" (identidad, historia, proyectos, roles sociales), y el Tiempo nos hace creer que esa realidad es verdadera y tiene un comienzo. Pero el tiempo es un continuo, como una llanura infinita. Todo inicio hereda una historia; sentirnos parte de un inicio es una ilusión necesaria para existir.

La puesta en escena de Vidal permite a todo el elenco desplegar sus dotes interpretativos de una manera bastante equilibrada. Pese a que hay actores y actrices de distintas edades y, por tanto, con experiencias vitales diferentes, Vidal logra generar un estilo interpretativo común. Es decir, todos brillan por igual en pro de la obra teatral, lo que evidencia la importancia de la humildad y el trabajo en equipo en los procesos artísticos. Esta sinergia es siempre agradecida por el espectador, que celebra el valor artístico y pedagógico de esta importante iniciativa.

Así que pasen cinco años de Federico García Lorca y dirigida por Javier Vidal Pradas


Elenco:
Alejandra Venegas
Ander Navas
Ander Olivares Muñoz
Andrés Villanueva
Aragorn León
Dores Rodrigues
Fabián Betancourt
Jean Carlos Araque
Johangel Blanco
Katty De La Rosa
Kieffer Pire
Kleiver Pestana
María Valentina Pérez
Elizabeth Blandín
Mattie Sánchez Quintero
Michelle Ordóñez
Rafael Toaldo Pedrique
Santiago Martin
Stephanny Valera López
Verónica Rodríguez
Rosa Margarita Lugo

Producción: Williams Blanco
Producción de campo: Christian Ricci
Coreografía: Angélica Escalona
Asesor actoral: Antonio Delli
Manejo de la voz: Nelson Lehmann
Canto: Roberto Ojeda 

Maneras de mirar

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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...