El teatro pone
en escena aquello de lo que muchas veces no se habla. Venimos cargados de ausencias, distancias o emociones ocultas y,
al salir de la función, el arte nos ha atravesado; hemos compartido risas,
lágrimas o empatía colectiva. Aunque los sentimientos no se pueden tocar, el teatro los materializa. Lo que se
siente, se ve.
El Día Nacional del Teatro,
ya es una tradición que convoca a varias agrupaciones y culmina con un ensamblaje teatral. La
integración coproductiva hace posible diferentes propuestas estéticas para el desarrollo de
una unidad escénica. Con un tema central ajustamos los impulsos para pasar de
una escena a otra y lograr un solo espectáculo.
Además, es importante señalar que este evento también funciona como una vitrina para que las agrupaciones regionales muestren su acto libre y creativo, expresando su visión desde lo particular y lo universal. En este espacio surgen propuestas que quizás no podrían producirse en las salas convencionales debido a las circunstancias actuales; sin embargo, esto no detiene su diálogo constante con el contexto y sus imprevistos, fomentando así “otros imposibles” escénicos dignos de realizarse. Su esfuerzo es nuestro credo, y vale la pena visibilizarlo porque forma parte fundamental del circuito creativo, económico y productivo de la región y del país.
Para integrar toda esa sensibilidad,
apelamos a nuestro esfuerzo, tiempo, sudor y pasión; juntos, con nuestra manera de imaginar la
vida hacemos que el escenario se convierta en un acto puro y humano, en un abrazo colectivo,
presente y posible. Afirmamos que no hay nada más necesario, fundamental e indispensable para la vida y la
sociedad debido a su capacidad única de
generar sentido y permitir la reflexión sobre la realidad y la experiencia humana.
El 13 de noviembre, en el Teatro Ateneo de Maracay, diversos grupos presentarán sus piezas breves convirtiendo el evento en un espacio de resiliencia, esperanza y solidaridad ante las adversidades que nuestra tierra ha enfrentado.
El teatro no solo entretiene, se convierte
en el territorio donde sanamos; repara la casa común a través de la palabra y el encuentro. Cada
aplauso es un cimento nuevo, un ladrillo invisible levantado con la complicidad del público que
desafía el escombro, porque cuando la tierra
tiembla, el arte nos abraza.
Rubén Joya.
No hay comentarios:
Publicar un comentario