el llamado a la unión del teatro zuliano.
Por: Jesús Eduardo Espinoza León
El pasado fin de semana, la Sala Experimental del Teatro
Baralt, gracias al apoyo del arquitecto Jesús Lombardi se convirtió en el
epicentro de un acontecimiento escénico de altura, con la presentación de Juicio
a Medea. Hay que destacar la pluma de la autora: la dramaturgia
de Yasmina Jiménez se alza con una brillantez innegable, construyendo líneas de
diálogo cargadas de profundas metáforas que resignifican la temática de Medea
con un alto nivel de teatralidad.
Este texto exigente y
poético encontró un cuidado absoluto bajo la visión del director Leonardo Isea,
quien supo traducir esa fuerza literaria en imágenes vivas sobre la escena. La obra
ofreció una puesta en escena sumamente onírica con imágenes de poética teatral,
donde el uso de pantallas con proyecciones de nubes y los sutiles efectos de
luces,el cortinaje, el piso de espejos a cargo de Alexander Ventura y José Luis
Cabrita, junto a la producción de María Alejandra lograron dotar de vida propia
al texto dramático.
La propuesta dialoga con maestría entre la tragedia clásica de Eurípides y la realidad
contemporánea de la mujer. Expone aquellas heridas donde el dolor, la
humillación y la pulsión de venganza frente a la agresión masculina se
transforman en materia escénica. Todo ello sostenido por un riguroso trabajo escenográfico
y los reflejos de espejo que hacen posible la magia en su teatralidad entre los
personajes y lo corporal del elenco.
Guiado por la valiosa batuta del maestro coreógrafo Alexander Ventura, se consolida un espectáculo puro, hermoso y profundamente reflexivo que debería ser de obligatoria apreciación para los estudiantes de teatro, de danza y de educación secundaria por unir lo mitológico con nuestra realidad.
Uno de los pilares fundamentales de este éxito recae en la entrega absoluta, en cuerpo y alma, de Stefany Salas en el papel protagónico de Medea. Egresada de la Escuela de Teatro Inés Laredo y nutrida por la formación del director Leonardo Isea, Salas demuestra una organicidad desbordante y gran futuro en la actuación. A su lado, un trío de actrices noveles, entre ellas Nora Chávez, Micaela Calles y Sofía Beck formadas en el taller-montaje, asumieron la interpretación con un profesionalismo admirable. Esto evidencia que el talento en el estado Zulia y en Maracaibo florece con fuerza, especialmente cuando existen directores como Isea, en el área de las artes escénicas, y Ventura, en la danza contemporánea: ambos se consagran a la formación integral de las nuevas generaciones. En la obra, además, asistió la reconocida actriz y docente zuliana Nereida Pérez.
Sin embargo, tras la
euforia del aplauso y el reconocimiento a la vocación de estos artistas, quienes
sostienen su labor a pulso superando la escasez de recursos,
es imperativo detenerse a reflexionar sobre una debilidad que nos atañe como
gremio.
El teatro marabino
tiene los elementos para erigirse como potencia, pues le sobra talento, amor y entrega por el oficio. Pero ese salto cuantitativo y
cualitativo solo se dará cuando acudamos a ver al compañero
para brindarle el abrazo solidario y la retroalimentación constructiva. Apoyarnos los unos a los otros
es el camino para que nuestra escena brille con la fuerza incontestable
que merece.

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