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8.2.26

CANDILEJAS. José Luis Montero: El rostro inmutable del teatro Zuliano. Por Jésus Eduardo Espinoza.

Trayectoria artística del zuliano José Luis Montero

Formación y primeros pasos.

Formación integral: además de la actuación, se ha preparado en canto lírico, en la danza y el ballet clásico, lo que le otorga un dominio corporal y vocal poco común en la escena venezolana. La cual lo hizo muy joven, para luego dedicarse al teatro.

Grupo Rajatabla (Caracas): fue actor del afamado colectivo dirigido por Carlos Giménez, fue uno de los directores más influyentes del teatro latinoamericano.

Cine venezolano: participó en rodajes bajo la dirección de Román Chalbaud, figura clave del cine nacional.

Reconocimiento en Maracaibo.

Actualmente es considerado primer actor del Zulia, con presentaciones en espacios emblemáticos como el Teatro Baralt.

Su presencia escénica se caracteriza por un trabajo corporal y vocal impecable, que mantiene al público absorto en cada interpretación.

En Macbeth
Estilo y aportes.

Versatilidad: combina la técnica clásica con exploraciones contemporáneas.

Multidisciplinariedad: su formación en canto y danza le permite enriquecer la interpretación actoral.

Compromiso cultural: ha sido parte de montajes que rescatan la memoria colectiva y reflexionan sobre la condición humana.

Legado regional: su carrera contribuye a consolidar a Maracaibo como un centro teatral de relevancia nacional.

José Luis Montero es un referente del teatro zuliano y venezolano, con una carrera que une tradición y modernidad. Su paso por Rajatabla y el cine de Chalbaud lo vincula con la historia del arte nacional, mientras que sus interpretaciones recientes en Maracaibo lo consolidan como un actor de gran vigencia y profundidad.

La fuerza actoral de José Luis Montero.

José Luis Montero posee una presencia escénica arrolladora que lo convierte en un intérprete capaz de transformar cada papel en una experiencia única. Su formación integral en teatro, canto y ballet clásico le otorga un dominio absoluto del cuerpo y la voz, herramientas que utiliza para fundirse con sus personajes y darles vida con intensidad y autenticidad.

Metamorfosis escénica: no se limita a representar, sino que se transforma, logrando que el público vea al personaje y no al actor.

Versatilidad: transita con naturalidad entre lo clásico y lo contemporáneo, desde Macbeth de Shakespeare hasta Informe para Informe para una Academia de Kafka.

Profundidad emocional: cada interpretación está cargada de matices, transmitiendo la complejidad humana y atrapando al espectador en la trama.

Rigor técnico: su disciplina en canto y danza se refleja en la precisión de sus movimientos y en la potencia de su voz, que sostiene monólogos intensos y escenas de gran exigencia.

Como Ricardo III en Romancero Shakespeare
bajo el sol
 
Impacto cultural: como primer actor del Zulia, ha consolidado un legado que reafirma la vigencia del teatro regional dentro del panorama nacional.

José Luis Montero es un actor que no actúa, se transforma. Su fuerza radica en la capacidad de desaparecer detrás del personaje y hacerlo vibrar con verdad, convirtiendo cada obra en un acontecimiento memorable para el público.

José Luis Montero en Macbeth
En cada aparición sobre las tablas, José Luis Montero despliega una energía escénica que desborda los límites del personaje. Su fuerza actoral no se mide solo en la potencia de su voz o en la precisión de sus gestos, sino en la capacidad de desaparecer detrás del papel y encarnar una verdad distinta en cada obra.

Montero no interpreta: se transforma. En Macbeth, su mirada oscura y su cuerpo tensado transmiten la ambición desmedida que devora al protagonista. En Informe para una Academia, su voz modulada y su gestualidad animalizada convierten el relato kafkiano en un espejo inquietante de la condición humana. Y en Agua de Colonia, su sensibilidad poética rescata la memoria colectiva con una intensidad que conmueve y sacude.

Su arte es un acto de metamorfosis permanente, donde la disciplina del ballet clásico y la musicalidad del canto se funden con la dramaturgia para crear personajes que respiran, sufren y vibran en escena. El público no ve a José Luis Montero: ve a Macbeth, a Pedro el Rojo, a cada criatura que emerge de su entrega absoluta.

Pronto homenaje a Marlene Nava.

La periodista cultural, fallecida recientemente, dejó como legado una pieza teatral inédita que su familia entregó a José Luis Montero. El hecho de que ella misma asistiera a la puesta de Macbeth otorga un carácter profundamente simbólico a este proyecto. La obra, ya terminada y lista para estreno, se perfila como un homenaje que une periodismo, memoria y teatro, reafirmando la función del arte como guardián de la identidad zuliana. Con el apoyo del Arquitecto Jesús Lonbaldi, conjuntamente con la Compañía Residente Baralt Teatro Clásico, bajo la dirección de la puesta en escena de Alfredo Peñuela.

Proyección futura: El loco y la monja.

La elección de un texto de Stanisław Witkiewicz, dramaturgo polaco de vanguardia. Este proyecto promete confrontar al público con temas de locura, espiritualidad y crítica social, en un lenguaje que desafía las convenciones.


José Luis Montero no actúa:
se disuelve en la piel del personaje,
se convierte en Macbeth,
en Pedro el Rojo,

en memoria viva del Zulia.
El público no ve al actor,
ve la vida misma,
transformada en teatro.

7.2.26

CINE: Alexis Blanco escribe esta “Barroca Crónica Cuántica” de una muy íntima película teatral llamada “Valor Sentimental”

En exclusiva, presentamos a continuación los apuntes del crítico de arte del Teatro Baralt, miembro del equipo del blog Miradas al Escenario y reportero ad honorem de Noticia Al Día, acerca de otra extraordinaria joya cinematográfica de nuestro tiempo, también muy vinculada con la historia universal del arte de la actuación. Menester será leerlos y sentirlos…


Valor Sentimental: Acerca del infinito afán de la memoria.

Sólo quienes han subido a un escenario y han sentido ese delicioso estado de pánico escénico, previo al comienzo de una representación teatral, podrán comprender a cabalidad ese incendio desde las entrañas que consume a “Nora Borg”, el personaje protagonista de esta última extraordinaria película del noruego Joachim Trier, Valor Sentimental, la cual, con un Globo de Oro en su muy rutilante palmarés, se apresta ahora a coronarse en marzo próximo, durante la ceremonia de los Premios Óscar.

“Nora Borg”, la actriz de la ficción de Trier, interpretada en el filme por la excepcional noruega Renate Reinsve, tiene que salir a escena para un pequeño rol en una obra del maestro ruso, Anton Chejov. Pero también ella estará después convocada para protagonizar “Nora” (Casa de muñecas), obra de su compatriota Enrik Ibsen y de donde le proviene su nombre:


“HELMER: ¡Claro! Como abogado, lo he comprobado en numerosas ocasiones. Casi todas las personas depravadas en su juventud han tenido madres embusteras.

NORA: ¿Por qué madres... precisamente?
HELMER: De ordinario son las madres; aunque, como es lógico, también los padres influyen en este sentido. Bien lo saben todos los abogados”.


Ojo: ese texto citado de Ibsen no está incluido en el filme de Trier, pero he aquí que lo utilizo para referirlo y para no arruinarles la fiesta a ustedes, bienamados lectores, con necios spoilers. No, señor…Aunque también pude haber enloquecido un poco, citando aquella bella canción de Lennon y Los Beatles, citada por Haruki Murakami: “Y cuando desperté estaba solo, este pájaro había volado.   Así que encendí un fuego ¿No es buena la madera noruega?”

Joachim Trier habla de su película maravillosa: “Lo que heredamos no es propiedad: es memoria”. Así planteada, Valor Sentimental es un drama familiar, discretamente devastador, sobre el legado, el ego artístico y el patrimonio emocional del que nunca nos desprendemos. Cuando un cineasta, antaño aclamado, regresa a la vida de sus hijas distanciadas, viejas heridas resurgen en una casa que ha absorbido generaciones de amor, abandono, ambición y silencio… Una ojeada a la enciclopedia virtual refleja:

Sentimental Value (2025), dirigida por Joachim Trier, es una película noruega que evoca la intensidad dramática de Henrik Ibsen, explorando traumas familiares no abordados, el distanciamiento y la carga de la memoria. La protagonista, Nora, es una actriz que interpreta el papel de Nora en Casa de muñecas, de Ibsen, reflejando la búsqueda de liberación y autenticidad del clásico…”.

Así, como una preciada joya familiar muy antigua van apareciendo las claves, los objetos cuyo valor sentimental florecen durante las dos horas de la película: culpas, actos fallidos, descomunicación, oscuros recuerdos gregarios, dolorosos recuerdos del fascismo y sus agravios torturantes. Dos niñas crecen escuchando conversaciones de terapias terribles, en una antigua casa donde los ductos calóricos incendian las almas ofuscadas por la postguerra y sus crímenes extendidos. Un muchacho crece y envejece marcado por la culpa y el estupor ante el suicidio de su madre. Es un artista que proclama la palabra libertad como el componente fundamental de toda obra estética importante. Libertad, recordábamos desde Erich Fromm, es soledad muy sola.

Cuando entra a escena, al actor o actriz le sucede esa paradoja terrible: tiene detrás a todo un equipo humano, técnico y artístico que le acompaña, pero en verdad está íngrimo ante ese monstruo, esa hydra llamada El Público. Por ahí transcurre la pieza cinematográfica de Trier, por ese mundo de espectros vivientes llamado Teatro. Así, los “Borg” son gente de teatro y por ello las alusiones a Medea, no sólo la de Eurípides, sino tal vez a la reescrita por Heiner Müller, subyacen en la mente del espectador cinéfilo.

Como también le seducirán esas subyacentes alusiones al médico ruso dramaturgo, Anton Chejov, en cuyas obras el tiempo pareciera detenerse en el ser de los personajes, cuyos conflictos, también impregnados de soledad, permean toda la estructura familiar. Susurros vuelan: “Lo raro y muy admirable es que a Trier le haya cabido un particular y fino sentido del humor y un fardo de mordacidad en su ‘container’ colmado de drama sin resquicios y que a través de sus personajes nos hable de las diferentes calidades del arte, del cine, de la frivolidad de redes y plataformas, o la escenificación del miedo de salir a escena y actuar…”.

Al extraordinario maestro sueco, Stellan John Skarsgård (Gotemburgo, 13 de junio de 1951), ya le llueven los premios como actor, por esta interpretación de “Gustav Borg”, un artista consagrado invadido por las culpas devenidas de su propio oficio. Ha abandonado a sus sendas hijas y solo dedicó tiempo a una porque la incluyó como niña actriz en uno de sus más exitosos filmes tempranos. Sin embargo, su vida íntima está destrozada y solo desea intentar reivindicarla a través de una última película cuyo guión tiene listo y que él necesita que sea Nora, su hija actriz, quien lo protagonice. Ella se niega rotundamente, ni siquiera leerlo. Vaya golpazo.

Stellan Skarsgård ha sumado notoriedad a su gran éxito profesional, por sus demoledoras declaraciones contra el régimen de Donald Trump y lo que él considera una real amenaza mundial. Pero su autoridad artística rebasa todo nivel: Stellan es el papá de toda una generación de estrellas Skarsgård: Alexander, Bill, Gustaf y Valter.

Aquí necesitamos comprender cómo, en estas dos últimas crónicas sobre cine, encontramos referencias de artistas escénicos trascendiendo la tendencia a la frivolidad de las selfies y los likes, para proponer verdaderos acercamientos de los espectadores hacia los grandes valores universales del oficio de ficcionar la realidad o de construir ficciones desde ésta. Nunca olvidemos que los actores y actrices importantes están en una cruzada en defensa de los derechos de imagen y de voz. Un asunto insólito pero muy vigente. La muerte del Ser y del Otro a manos del capitalismo.

Volviendo al film de Trier, encontramos otra poderosa figura protagónica, cuyo nombre también nos resultará muy familiar desde el punto de vista de lo teatral: “Agnes Borg”, hermanita hermosísima de “Nora”, está interpretado por la también noruega, Inga Ibsdotter Lilleaas, una presencia fundamental de la narrativa de Trier. Ella es la madre de “Erik”, el nieto de “Gustav”, felizmente interpretado por el niño actor Øyvind Hesjedal Love y para quien su abuelo tiene planes interesantes: quiere que lo interprete cuando era ese niño que padeció el suicidio de su madre, “Karin”, una activista contra los nazis, cuyas ideas políticas le costaron sendos años de su propia vida.


Cuando “Nora” rechaza el proyecto de su padre, éste se encuentra, en un festival de cine donde se celebra su trayectoria, con “Rachel Kemp”, una estrella de cine en ciernes, interpretada por la formidable actriz estadounidense Elle Fanning. El veterano director quiere que ella haga ese papel tan trascendente, pero ella, aún haciendo un alarde de maestría interpretativa, reconoce que no podrá dar el rol. Y entonces tiene lugar otra gran escena-lección de actuación: humilde y otra vez humilde va y habla con el maestro y le ruega que acepte su renuncia al personaje. “Eres una buena persona”, le dice el viejo y entonces recordé ese principio, acuñado por un maestro polaco del periodismo, Ryszard Kapuściński: “Para ser un buen periodista (artista, digo yo) hay que ser fundamentalmente una buena persona”. Sin duda.

El cine, como el teatro, solo funciona bien si se hace en equipo. A Trier parece funcionarle muy bien esa fórmula, coescribiendo el guión, junto con Eskil Vogt, el mismo con el que hizo otra de sus muy notables películas, La peor persona en el mundo. Ese trabajo en equipo se refleja en Valor sentimental. Aquí tanto el antiguo productor, junto con su camarógrafo, son rescatados por “Gustav” del ostracismo y el olvido profesional. Recordé el guión de mi inolvidable hermano, Jacobo Penzo, en cuya película Borrador me puso a interpretar el rol de “Metáforo”, “Meta”, su sonidista de confianza. Así son los grandes directores: muy de familia.

Cierro con ese monólogo de “Nora”, una extraordinaria revelación o epifanía. Les aseguro que esta película, Valor Sentimental, con mucho puede ayudarnos a encontrar a Dios y sus misterios divinos:

“Sabes, no creo en Dios para nada. Veníamos de un hogar donde todo eso era irrelevante. No nos bautizamos. Mi hermana y yo tuvimos una confirmación civil solo por dinero. Entonces tuve una especie de crisis. Estaba sola en casa otra vez, tumbada en la cama, llorando. Sé que todos se tumban en la cama llorando en algún momento, pero... Alguien dijo que rezar no es realmente hablar con Dios. Es reconocer la desesperación. Tirarse al suelo porque es lo único que puedes hacer. Algo así como un desamor: ‘Llámame. Por favor, cambia de opinión. ‘Llévame de vuelta’.  Ahí estaba. Lo había arruinado todo. Estaba sola, tumbada allí, llorando. Y entonces, por primera vez, me senté y recé. Es difícil de explicar. No sé a quién le recé, pero lo dije en voz alta: "Ayúdame. No puedo con esto. No puedo hacerlo sola. Quiero un hogar". Dios es nuestro gran valor sentimental”. Lo juro.

Alexis Blanco

5.2.26

Tejiendo sueños en la Costa Oriental del Lago, por Jhonathan Camacaro


Ensayo en la penumbra a toda costa.

En el Zulia impulsamos la cultura desde el estado la Costa Oriental del Lago a puro teatro.

Con poesía nuestroamericana. 
Con estudiantes universitarios.

Desde el estado Zulia, en la Costa Oriental del Lago, la universidad en su sede de Lagunillas ha sido uno escenario de importantes manifestaciones artísticas, que hemos orientado desde nuestro humilde saber.

Ejercicio Teatral.  Calle 13.
En el contexto de la soberanía.

En los últimos días, durante el mes de febrero nuestro grupo, Tejedores de Sueños, ha organizado y realizado monólogos, ejercicios poéticos y performances dedicados a la soberanía nacional y latinoamericana, actividades que reflejan nuestro compromiso del con la identidad regional y con la formación de nuevas generaciones de artistas.

Nos fuimos al liceo a ganar almas apasionadas por el teatro.

En un peregrinaje impresionante y entrega a la vocación convertimos cada espacio en una auténtica bandera de cultura, reafirmando el papel del arte como herramienta de transformación social y como símbolo de orgullo zuliano.

El impacto de estas iniciativas consolida a la Costa Oriental del Lago nos colocan en el mapa con nuestro liderazgo hemos asumido libertad espacios en otros municipios que estamos llegando.

El oficio y el peregrinaje ante la dificultad.

CINE: El cronista Alexis Blanco recomienda ver el filme Hamnet


Nuestro colaborador habitual nos envía estos apuntes sobre la película que ya ganó, en 
el pasado enero, el Globo de Oro y que está nominada para los Óscares, en marzo próximo.

Chloé Zhao

HAMNET: “El resto es silencio…” He visto y he sentido en mi alma teatral la película que la genial cineasta china, Zhao Ting (Pekín, 31 de marzo de 1982), más conocida cómo Chloé Zhao, ha realizado a partir de la novela de la periodista y escritora irlandesa, Maggie O’ Farrell, quien, en 2020, recibió el premio del Círculo Nacional de Críticos del Libro de Estados Unidos y quien ficcionalizó episodios de la vida de los esposos, Anne Hathaway y William Shakespeare, así como la muerte de su hijito Hamnet y la escritura y puesta en escena de la legendaria tragedia Hamlet. El resultado: una película indispensable para mirar y admirar como una obra maestra del cine de esta era.

Proclamo que todo teatrista, fundacional o amateur, de cualquier lar del orbe, debe intentar apreciar esta película donde historia, amor, vida, muerte, pasión, poesía, magia, nigromancia, teatro y cine aparecen fundidos en una sagrada épica de luz (la fotografía es del polaco Łukasz Żal) y sonoridad (la música la hizo el germano Max Richter), sublimes.

También yo estuve, varias veces, a orillas de mi propio río Támesis, dispuesto a lanzarme, agobiado por ingentes circunstancias. Siempre tuve mi hijo “Hamnet” o esa compañera, “Agnes”, también a mi madre María y a la familia lista para rescatarme de tales extremismos ontológicos. Pero también tuve, siempre, al Teatro, como compromiso y como norte poético, para tener la calma, paciencia y cordura suficientes como para aguardar el próximo estreno. Así suele ser la vida de los artistas. Sobre todo de los artistas comediantes. Chloé Zhao, en el mero centro de mi pecho, con su Hamnet, así me lo ha restregao, jejeje.


La propia directora Zhao trabajó con la edición, resuelta en comedidos “negros” que orientan al espectador por entre las raíces profundas de antiquísimos árboles de un bosque donde el vuelo de un halcón instiga un sentimiento espléndido de fe y esperanza en un mundo que fluctúa entre el oscurantismo postmedieval y el inquietante devenir prerrenacentista y su periodo Isabelino. Aunque son dos filmes muy distintos, en cada encuadre aparece esa inquietante dulce fiereza que cautivó en Nomadland, otra magistral cinta, con la que ganó el Oscar como Mejor Directora y Mejor Película, en 2001. Ella es extraordinaria.


Como extraordinarias son las actuaciones de la poderosa irlandesa Jessie Buckley, todo un milagro como esa mujer “shakespereana” que me ha dejado temblando, al ver su rostro, transformando un profundo rictus de dolor en una conmovedora sonrisa esperanzada. La verdad es que últimamente he tenido un muy intenso íntimo contacto con el teatro trágico y épico de William Shakespeare, merced al brillante trabajo de Baralt Teatro Clásico. Nunca entenderé a León Tolstoi depredando la grandeza del bardo de El Globo. Brillante y al nivel de su estrella encontramos a Paul Mescal, soberbio y dúctil en su amor progresivo y castigado, logrando que amemos mucho más al autor de Romeo y Julieta y La tempestad. Es el más grande dramaturgo, junto con su leyenda. Mención especial tienen los hermanitos, Noah (Hamlet) y Jacobi (Hamnet) Jupe, un par de estrellas en ciernes y quienes confieren a la película un plus extraordinario, ya los verán. También brillan Emily Watson y Joe Alwyn, como personajes entrañables que sustentan esa sensación de hoguera cálida familiar, otro de los secretos bien guardados del filme.

Mientras batallaba contra mi delicioso estremecimiento, al final de la película, me parecía escuchar al mismísimo William, el Shakespeare de mis amores tiernos, en la segunda escena del Acto Tercero del Hamlet: “Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe guiarte. La acción debe corresponder a la palabra, y ésta a la acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No hay defecto que más se oponga al fin de la representación que desde el principio hasta ahora, ha sido y es: ofrecer a la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su propia imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera o se debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de disgustar a los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro…” E, incluso, antes de esto, las claves para el buen actuar: “Aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. A mí me desazona en extremo ver a un hombre, muy cubierta la cabeza con su cabellera, que a fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los oídos del vulgo rudo; que sólo gusta de gesticulaciones insignificantes y de estrépito. Yo mandaría azotar a un energúmeno de tal especie: Herodes de farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio”.

Les apuntaba que León Tolstoi, en 1906, intentó cargarse al vate protagonista de esta obra de Zhao-O’Farrell, pero terminó enredado en su propia madeja: “Recuerdo el asombro que sentí cuando leí a Shakespeare por primera vez […] Shakespeare sondeó el abismo del horror hasta sus más profundas profundidades, y su espíritu no mostró miedo, ni vértigo, ni debilidad ante la visión”, dice Brandes. “En el umbral de esta obra, un sentimiento de asombro se apodera de uno, como en el umbral de la Capilla Sixtina, con su techo de frescos de Miguel Ángel; solo que aquí el sufrimiento es mucho más intenso, el lamento más descontrolado y las armonías de la belleza más claramente quebradas por las disonancias de la desesperación”. Creo que el maestro ruso hizo bien al olvidarse de WS y consagrarse a Guerra y Paz, así como Ana Karénina. Mientras tanto, Hamnet, la película que ningún amante del gran arte se debería perder. “Ser o no ser”.

Alexis Blanco 

Conversatorio. El desafío del teatro venezolano en la actualidad. (7) Retos del teatro venezolano: Ligia Álvarez, por Dora Lucena Ramírez


 

Ligia Álvarez


Por Dora Lucena Ramírez


Este conversatorio se llevó a cabo en noviembre de 2024, organizado por el Instituto para el Desarrollo del Arte en Venezuela (iiAVE), en el marco del XXII Festival de Teatro Títeres en las Comunidades de Caracas Alberto Ravara (FETCOM). Se extendió una invitación a personas comprometidas con el ámbito teatral, provenientes de diversas especialidades: dramaturgia, actuación, docencia, producción, entre otros. La solicitud consistía en presentar un texto que abordara el tema del conversatorio, el cual sería leído por los asistentes.

 

Ligia Álvarez, Maestra Honoraria de Unearte, fue una de nuestras invitadas. Ligia Álvarez escritora, docente, dramaturga, poeta y editora, es Magister en Literatura Hispanoamericana, y Doctora en Arte y Cultura para América Latina y el Caribe.  Gran parte de su creación literaria ha sido publicada. Entre sus innumerables obras dramáticas, destacan: Luisa Heroína que obtuvo el premio de Autores Inéditos Monte Ávila en la mención dramaturgia (2012), y Teresa piano piano, que recibió mención honorífica en el Concurso de Dramaturgia Apacuana (2019).

 

 A continuación, reproduzco en su totalidad el texto de Ligia Alvárez, Retos del teatro venezolano.

 

Ligia Álvarez


Retos del teatro venezolano

Ligia Álvarez

Pienso que en estos aún primeros años del siglo XXI uno de los retos que el teatro venezolano debería asumir es ocuparse del teatro escrito por dramaturgas y dramaturgos venezolanos. Es el momento de dejar de lado la preferencia por lo extranjero. No significa desconocer lo foráneo, pero es necesario que leamos y posteriormente se monten las obras dramáticas escritas por nuestros escritoras y escritores. Son esas las piezas que nos identifican por mostrar cómo somos, qué sentimos y qué nos identifica. León Tolstói invitó a los escritores: "escribe sobre tu aldea y serás universal", yo exhorto a los directores: lleva a las tablas tu aldea y tu teatro será universal. 

4.2.26

Tip: Fragmentos de un despertar de Teatro Araguaney, Yaracuy. Por Doris Rodríguez

 


En el marco de toma Teatral Nacional, la compañía de teatro Araguaney del municipio Urachiche, Estado Yaracuy presentó este 3 de febrero en horas de la mañana, en la cancha techada del sector El Polvorín la performance Fragmentos de un despertar en tributo a la defensa de nuestra soberanía a través del arte y en homenaje a los deportistas locales por su meritoria trayectoria.

Como puede apreciarse en las imágenes, un numeroso público se dio cita en el lugar.  Esta representación forma parte del proyecto de teatro Araguaney de involucrar a este colectivo con su comunidad.



3.2.26

Colombia. El Teatro de la Simulación: Algo huele mal en la cultura por Carlos Rojas

Un punto de vista 
El Teatro de la SimulaciónAlgo huele mal en la cultura
por Carlos Rojas
Especial para Miradas al Escenario

El Teatro de la Simulación.
Foto tomada del Ministerio de Cultura

“Algo huele mal en Dinamarca”, advertía Marcellus en Hamlet. En Colombia, esa peste no proviene de un castillo medieval, sino de los despachos del Ministerio de las Culturas y del Instituto Distrital de las Artes, donde lo público se ha convertido en un sistema de simulación cuidadosamente maquillado y vendido como democratización cultural.

He venido observando este sistema de hace un tiempo, sé que no se trata de errores aislados ni de fallas técnicas: es un modo de gobierno cultural. Un modelo que ha aprendido a representarse a sí mismo como transparente mientras reproduce, con admirable disciplina, los mismos circuitos de poder.

El libreto es conocido y se repite con precisión burocrática: convocatorias “transparentes”, jurados “independientes”, actas “públicas”. Una arquitectura formal impecable. Sólo que, función tras función, los beneficiarios son casi siempre los mismos nombres que circulan de comité en comité, de jurado en jurado, de convocatoria en convocatoria.

Los estímulos que deberían ampliar el acceso terminan concentrados en manos de quienes dominan el arte del amiguismo institucional, de los aliados silenciosos del sistema, de quienes aprendieron cuándo callar, a quién no incomodar y qué discursos repetir para no ser expulsados del reparto presupuestal. La democratización cultural se ha vuelto una ilusión: se invita a todos a la fiesta presupuestaria, pero el convite sigue reservado para una corte reducida, previsible y funcional.


El Ministerio de las Culturas y IDARTES se lavan las manos como Pilatos. Abren convocatorias, becas, estímulos y proclaman inclusión, mientras la historia anual repite listas casi calcadas de los mismos ganadores.

¿Eso es democracia cultural o una administración cerrada del prestigio y del dinero público? -pregunto porque tengo mis dudas.

Obra Los Cuadros Vivos de Galeras.
Foto cortesía de 
Diana Gutiérrez

En las instituciones colombianas se ha instalado una consigna peligrosa: si todo es cultura, entonces nada lo es. Al diluir el concepto hasta volverlo inofensivo, se le arrebata su función esencial: ser espacio de crítica, de conflicto y de transformación social y cultural. Una cultura que no interroga al poder deja de ser fuerza viva y se convierte en escenografía solo para decorar.

El problema no es anecdótico. Es estructural. Se ha perfeccionado una lógica de simulacro: vender inclusión mientras se reproduce exclusión, inflar indicadores de gestión mientras se precariza a quienes sostienen los procesos desde abajo. En lugar de fortalecer trayectorias reales, se multiplican cifras huecas, campañas de autopromoción y relatos de éxito que funcionan más como ejercicios de vanidad institucional que como políticas culturales.

 

La última ocurrencia roza el absurdo administrativo: inventar una matrícula y una tarjeta profesional para gestores culturales. El pretexto es “dar reconocimiento”. El efecto real es otro filtro excluyente, otro mecanismo de control con disfraz técnico. Como si la creación pudiera reducirse a un trámite notarial y la memoria colectiva cupiera en una base de datos.

La cultura no se hace por formularios ni se gobierna con likes. El teatro no se legitima con sellos ni con carnés: se justifica en la escena con el público. Nadie le exigió licencia a Botero para pintar, ni acreditación a García Márquez para escribir, ni tarjeta profesional a Vallejo para incomodar.

¿Ahora nos dirán que una lideresa comunitaria o un colectivo barrial no existen si no portan plástico laminado?

La doble operación es evidente. Por un lado, convocatorias que reparten recursos entre los mismos circuitos mientras venden la ficción de la participación masiva en el “cambio histórico”. Por otro lado, una tarjeta que excluirá a quienes no encajen en la burocracia académica. El resultado es previsible: menos diversidad, más control. Menos cultura viva, más cultura administrada.

Lo verdaderamente incómodo, lo irreverente, lo que no encaja en el discurso oficial rara vez atraviesa esos filtros. Y cuando alguien lo señala, la respuesta es siempre la misma: “no entienden el sistema”. Lo entendemos demasiado bien. No buscan democratizar: buscan regular quién puede hablar, quién puede existir y quién debe desaparecer del mapa cultural. ¿Coincidencia? No lo creo.

Programa Distrital de Estímulos. 
Imagen cortesía de IDARTES

Así se condena al público a consumir proyectos asépticos, vitrinas institucionales que lucen bien en informes de gestión, pero carecen de riesgo, de conflicto y de pensamiento. La cultura convertida en entretenimiento inocuo, no en espejo crítico de la sociedad.

Las preguntas son sencillas, aunque profundamente incómodas:

¿Para quién trabajan realmente las instituciones culturales en Colombia?
¿Quién decide qué voces son legítimas y cuáles deben permanecer marginales?
¿Se gobierna para transformar o para administrar prestigio y asegurar fotografías oficiales?

No necesitamos otra tarjeta ni más convocatorias de pacotilla. Necesitamos procesos reales, acceso equitativo, jurados verdaderamente diversos, escucha honesta. Reconocer tanto la formación académica como la experiencia comunitaria. Apostarle a la cultura viva, no al espejismo burocrático.

En este sistema de simulación, lo grave no es que algo huela mal. Lo verdaderamente intolerable, es que pretendan convencernos de que ese olor es un perfume institucional heredado de gobiernos pasados.

No es la saturación de hashtags oficiales lo que indigna, sino esta representación jactanciosa de transparencia que arrasa con lo esencial: una cultura que nace del conflicto, de la memoria, del desacuerdo y de la creación colectiva.

Y hay algo aún más grave. Si entendemos por cultura el simple montaje de espectáculos vacíos, performances convertidos en cortinas de humo mientras, se guarda silencio frente a la decadencia cultural y política, entonces no estamos ante arte, sino ante una fachada brillante al servicio del poder.

 

El Teatro de la Simulación.
Foto tomada de Getty Images

El teatro no puede seguir funcionando como alfombra roja donde se normaliza la tragedia. Está llamado a ser tribuna incómoda, espacio de memoria y de responsabilidad. No vitrina complaciente, sino lugar donde se sacuden conciencias. Porque la cultura colombiana no necesita permiso. Y mucho menos un carné.


Las convocatorias son necesarias, sí. Pero, de nada sirven si continúan concentradas en los mismos cuatro o cinco beneficiarios recurrentes que monopolizan buena parte del presupuesto público. Democratizarlas de verdad sigue siendo la tarea pendiente. Mientras tanto, lo que tenemos es una maquinaria perfectamente aceitada de simulación: todos somos invitados a participar, aunque el resultado esté decidido de antemano y, a dedo.

Artefactum - Laboratorios de Cocreación e Innovación Social.
 Foto cortesía de IDARTES

Basta ya de relatos épicos que no transforman nada. La cultura colombiana no está en crisis por falta de talento, sino por exceso de administración sin pensamiento y sin sensibilidad artística.

Es hora de bajar el telón sobre los funcionarios que convirtieron el arte en burocracia y abrir otro escenario donde las políticas culturales nazcan de los creadores y no de los escritorios de turno.

Y como coda final, no anecdótica sino reveladora: el 21 de enero del 2026, después de dos años de trabajo para construir un Plan de Acción para el Teatro Profesional de Calle, el Ministerio de las Culturas respondió simplemente, un rotundo: no.

Ese no, no es una decisión aislada. Es la confirmación de una política que prefiere el silencio a la crítica, la obediencia al compromiso y la administración a la reflexión.

Es lamentable que los recursos destinados a las artes no se distribuyan de forma equitativa ni transparente entre las agrupaciones con trayectoria, sino que, por el contrario, parecen estar orientados a favorecer de manera deliberada a un grupo reducido y cercano a la nueva y flamante ministra de Cultura.

La responsabilidad gubernamental permanece.

El conflicto de intereses continúa.

Los mismos beneficiarios de siempre siguen ganando las convocatorias.

Los funcionarios del cambio siguen usando otras máscaras.

El telón cae.

Pero, el sistema sigue pudriéndose en el Teatro de la Simulación.

Sí así es, querido lector, algo huele mal en Cundinamarca.

CR (@mipuntocritico)

25 DESTELLOS TEATRALES DE LA ESCENA CARAQUEÑA DEL 2025. Costa Palamides*

 


Costa Palamides

                                       In Memoriam Nyrma Prieto y Guillermo Díaz Yuma

Cuando el artista escénico se vuelve conscientemente espectador crítico de su profesión, para cumplir con una ponencia sobre interpretar y/o validar el arte escénico, surgen estas impresiones críticas presentadas en el Segundo Encuentro de Crítica de Arte en Venezuela; organizado por la Dirección de Apoyo Técnico y Promoción de las Artes de Iartes. La razón es simple pero poderosa: resguardar la memoria de nuestras huellas en las tablas para que no se borren ni desaparezcan en el arenal dorado de nuestra efímera teatralidad. Nuestro quehacer trabaja con el “aquí” y el “ahora” pero se regenera, se redimensiona, o resucita en cada función, temporadas, giras y reposiciones. El “aquí” y el “ahora” vuelven a estar presentes con la diáfana subjetividad del recuerdo, que me depararon los siguientes espectáculos venezolanos que alcancé a ver en este versátil y dinámico año 2025.

1. LAS MERIENDAS DE ULISES, de Enric Nolla, con el Taller Experimental de Teatro TET y dirigida por el eterno ya Guillermo Díaz Yuma; trata de iluminar la cruel “crucifixión” de la familia y nos sumerge en una compleja red de afectos y pasiones con una dureza no exenta de poesía, a través de un dispositivo espacial que deviene en crucigrama o laberinto de unos personajes, que se van desnudando hasta convertirse en esqueletos… y polvo de estrellas. Interpretaciones que se elaboran desde lo apócrifo y lo crucial para poder crear en escena esta “odisea” filial. La memoria, como un zumbido constante que desenmascara relaciones y sucesos sin nostalgia.

2. EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, de Indira Carpio Leal, con Amaká Colectiva, bajo la dirección de Marcela Lunar, nos golpea desde el génesis o el vientre materno con una “Orestíada” coral; asume el “corpus” de lo trágico e irrumpe en un escenario con galopes de caballos enérgicos, que se niegan a ser botín y despojo del patriarcado, se niegan a ser “tierra devastada”, feminidades que rechazan ser país invadido, territorio pisoteado. La mujer-puerta o la mujer-recipiente adquiere visceralidad y se ausculta en la mesa de operaciones que rueda huracanada por el escenario; movida por potentes coreutas que logran producir un “estratégico” estremecimiento grupal.

3. ROTA, de Simone de Beauvoir, de Ceres Teatro, con puesta en escena de Jericó Montilla, nos transporta a una vorágine de mujeres despedazadas; y somos testigos del descalabro o desmembramiento de un sinfín de quehaceres del gineceo, al que la mujer se expone constantemente agrietada, cuesta abajo o cuesta arriba, defendiendo su cuerpo y su alma. La obra va más allá del manifiesto y asume con sinceridad la herida dionisíaca y la ponzoña en los cuerpos sibilinos de poderosas sacerdotisas de la escena caraqueña.

4. DESPLAZADOS, de Cruz Noguera, con Cuenta Peregrino dirigida por Somar Toro, vuelve para quedarse, marcharse de nuevo y transfigurarse, desde lo sencillo y tierno a lo frustrante, patético y lacerante. Arnaldo Mendoza y Vicente Quintero en roles excepcionales y con múltiples herramientas histriónicas, se entremezclan en el manejo vibrante de tesituras y altos vuelos, que provienen de la dramaturgia y la propuesta escénica. El discurso escénico pone el dedo en la llaga sin resentimientos y nos hace entender la vida como una travesía plena de ilusiones y decepciones, donde lo importante no es llegar a la meta sino el viaje mismo.

5. En PROFUNDO, la mirada sarcástica de José Ignacio Cabrujas al universo “mágico-religioso”, dentro del seno familiar venezolano, tejida meticulosamente en la maraña de heridas abiertas, propiciada por los conflictos económicos y sociales del país; es visibilizada e internalizada al máximo por Francisco Denis, en una producción “quimérica” de la Compañía Nacional de Teatro; donde la veteranía de su elenco estable, encabezada por: Aura Rivas, Anibal Grunn, Francis Rueda, Luis Domingo González y María Brito, mantiene un pulso ecuánime entre el desgarro y el sueño, entre la realidad y la ilusión, entre lo monstruoso y lo humano.

6. Jennifer Morales nos mantiene conectados con el redescubrimiento de joyas secretas de nuestra dramaturgia. Así, el ROCK PARA UNA ABUELA VIRGEN, de Rodolfo Santana, es repotenciado con una “paranoica” puesta en escena, que busca al gran público con puntuales actuaciones. Sin olvidar, lo esencial que se esconde tras la locura y lo extrasensorial; algo en que nuestros dramaturgos son especialistas, desde César Rengifo hasta Gustavo Ott; desde Elizabeth Schön, hasta Karin Valecillos.

7. Dos montajes de LÍRICA, de Gustavo Ott, enaltecieron la diversidad de interpretaciones que una obra maestra puede generar. El primero, fue del Taller Experimental de Teatro TET, dirigida por Guillermo Díaz Yuma; donde se desentrañan todos los contrastes psicológicos y gestuales de los personajes, donde la “poética” de la obra pasa al cuerpo y alma de las actrices: Yuricbet Navas, Oriana Chirinos y Andrea López; para dislocar muros y desarmar resistencias que sólo puede lograr el arte de la palabra.

8. LÍRICA, del Teatro Estable de Portuguesa, va a las “antípodas” donde lo singular del tejido social de los personajes, adquiere matices plurales a través de los distintos puntos de vista de la puesta en escena de Carlos Arroyo; y donde la “crónica” audiovisual, redistribuye contenidos y formas, con mecanismos espaciales y actorales interactivos.

9. En la obra: EL HIJO DEL PRESIDENTE, Lupe Gehrembeck, entreabre nuestro circo político, a través de una mirada “aristofánica” presuntamente familiar; y crea personajes que transitan entre malabares vengativos y dan nostálgicos saltos al trapecio dislocado de la realidad. Matilda Corral, enriquece esa cosmovisión autoral, al develar verdades interiores y espejismos de las complejas humanidades expuestas en la tras escena; lo cual hace, sin la estridencia de los altavoces. Ambas creaciones, repercuten con la “música” bordada, que emiten siempre las interpretaciones histriónicas sinceras del Gimnasio de Actores.

10. URDIMBRES, con la fosforescencia de lo femenino, con la visceralidad del canto, con el vuelo a través del ritual colectivo y sobre todo con la energía vital, más de 30 féminas de nuestra escena, tomaron por asalto la Sala Anna Julia Rojas de UNEARTE; para urdir verdades que ya no son secretos a voces. Hubo sensación de vox populi creadora, de parto de poesía, de artesanía pura en palmas encontradas, sillas “metafóricas” y vientres desgarrados. Diana Peñalver, volvió al sacrificio y al sacerdocio que implica siempre la escena. De allí salieron respiros de existencia y hechizos de lo trascendental.

11. Karin Valecillos, nos trae una fábula de lo nuestro, de las dicotomías sentimentales, de los dobles pareceres, de la dualidad del amor, de la metamorfosis de pueblos chicos en infiernos grandes; todo eso, bajo el reflejo de una: LUNA DE AGUA EN POTOSÍ. Un lugar misterioso, donde caben todas las pasiones y todas las identidades. Miguel Ángel García, en un ejercicio de dirección escénica brilló con luz propia. La desnudez de lo sustancial hace apreciar todas las humanidades, que quedaron sumergidas en las profundidades del agua y la complejidad de los caracteres, se debate entre lo catastrófico y lo irreal.

12. Un hospicio “terapéutico” donde el poder de la amistad y la solidaridad hace disipar todo lo podrido que nos puede ofrecer nuestra particular: Dinamarca. LOS CUATRO DE COPENHAGUE, de la imaginativa y certera en palabras, Lolimar Suárez, Premio Bienal Apacuana de Dramaturgia, de la Compañía Nacional de Teatro 2025, es diseccionada con “bisturí de cuatro filos”, por Luis Domingo González; revelando los cantos de cisne de una tétrada conmovedora, que se debate entre la vida y la muerte. Gerardo Luongo, Luis Enrique Torres, Andersson Figueroa y César Castillo, fabulan la obra con cohesión actoral y sentido de pertenencia.

13. ESTRELLA NEGRA, la pieza de Pablo García Gámez, dirigida por Hassane Kouyaté, con la técnica Kotebá del teatro popular africano; contada con espíritu de tribu y cantada “en blanco”; con el cuerpo y el alma de un caribe “en negro”, indómito, diagrama la controversial figura del jamaiquino Marcus Garvey. Estableciendo en el escenario las polémicas inherentes al enfrentamiento de lo individual, con lo colectivo y sobre todo las conflictivas luchas por un movimiento panafricano, a nivel mundial. La primera coproducción entre Burkina Faso/Africa y la Compañía Nacional de Teatro contó con el aporte significativo en cantos, danzas y percusión de: Julia Carolina Ojeda, Carmen Ortiz y Denis Bahamonde, respectivamente.

14. En DOÑA ROSITA LA SOLTERA, Orlando Arocha rescata con florituras de excepcional orfebre de nuestro teatro, una pieza lorquiana muy poco asumida. Dibuja en escena corolas y pétalos que se marchitan, no sin antes convertirse en joyas y hacer aparecer fantasmalmente una extraña epopeya que se oculta entre encajes románticos y cortinas de invernadero. Diana Volpe, Haydée Faverola y Daniela Alvarado, encienden siempre con brillantez una Caja de Fósforos, que desde hace más de una década constituye un indiscutible farol escénico de persistencia y creatividad; irradiando a Caracas desde la Concha Acústica de Bello Monte. Las interpretaciones actorales se manejan desde la modalidad del aria operática, hasta el pas de quatre, del ballet.

15. El monólogo interactivo de Duncan MacMillan, que desde la sobreexposición numérica llega a desentrañar la cualidad única de lo humano, es el que Consuelo Trum, esculpió sobre el histrionismo gigante de Adolfo Nittoli; quien abrió históricamente el “Primer Festival de Creación Actoral Ludwig Pineda”. LAS COSAS EXTRAORDINARIAS, llegan a pasar y nuestra memoria las trata de fijar. Mantener en vilo al espectador desde lo que se desdobla o no, desde lo que se necesita saber o no, es la labor heroica de un Prometeo, que desde lo personal nos extiende fuegos intergeneracionales. El grupo teatral Repico, nos conmocionó con los fantasmas que están detrás de las llamas y fue así que entre el mármol memorioso y la hoguera inextinguible, nuestro teatro anunció una palestra de… cosas extraordinarias.

16. PRESUNTOS DESCONOCIDOS, ¿puede una historia sobre el uso tiránico del celular proveniente de la cinematografía italiana, convertirse en exitosa trama teatral a nivel mundial? Así ha sucedido con este guion, de Paolo Genovese, que se ha encaramado con virtuosismo en nuestro teatro, bajo la dirección de Basilio Álvarez. El grupo Skena, con una vivacidad demoledora, verifica la conmoción de lo escénico, que sólo produce el arte del actor cuando es pujante y comprometido.

17. Virginia Wolf, Silvia Plath y Alejandra Pizarnik, hermanadas por sus existencias atípicas, respiran de nuevo en la eternidad de su obra, en un espectáculo con dramaturgística del colombiano Carlos Satizabal; en un taller montaje, que rezuma una potencialidad inusitada. Jericó Montilla, gotea: “sangre, sudor y lágrimas”, en una nueva liturgia de la tragicidad; trazando una escritura escénica que antes de decir, hiere. Todo esto en: ELLAS Y LA MUERTE.

18. Yoyiana Ahumada y Marisol Martínez encuentran una veta única, en: GALLEGOS: SELVA, LLANO Y PALABRA, al ubicar lo anecdótico de una vida, en un contexto de universalidad literaria, que no se esfuerza en ser dramática. La poética de lo escénico dejada por Carlos Giménez en Rajatabla, es renovada con creces y buen tino, defendida por intérpretes camaleones como: José Gregorio Martínez, Margareth Aliendres y Jesús Das Merces. Destacan también, las creatividades de: David Blanco, Altagracia Martínez y Oscar Salomón, en iluminación, vestuario y escenografía, respectivamente.

19. ComeCandela Teatro, nunca nos sacia con su huracán de actrices que son capaces de mover cielo y tierra, para hablar de las luchas y conflictos de género. Karolains Rodríguez, quien indagó con mucha identidad y sarcasmo en el mundo explosivo de la masculinidad, en: “Machos”, de Luis Alberto Rosas, y ahora (o desde antes), ausculta con su característica lupa, agridulce, la fenomenología de la maternidad y lo matriarcal, en: ¡MADRE: PERO NO TERESA NI NACÍ EN CALCUTA

20-21. Cuando el teatro celebra así de esta manera, uno sí se da cuenta. El Pequeño Grupo de Caracas llega a un cuarto de siglo, con: 25 RAZONES PARA NO VER ESTA OBRA DE TEATRO y AUDICIONES PARA ESCOGER UN BUEN PUBLICO; ambas de Paul Salazar Rivas, su dramaturgo y director, artífice constante y vibrante, quien más allá del homenaje al arte escénico, más allá de diagnósticos, repercusiones y sublimaciones, más allá de lo histórico y lo actual que se entremezclan, ha sabido cincelar con Aura D Ártenay, una huella significativa en el teatro capitalino; no sólo captando nuevos talentos y audiencias, sino impregnando con espíritu de veracidad popular y con mirada tierna no carente de humor, lo paradójico y divergente de nuestra idiosincrasia.

22. El teatro clásico español cuando se lleva a escena con el rigor escénico y la concepción espectacular de Federico Pacanins, alcanza una nobleza y un carisma incatalogable. Es el caso, de su puesta en escena de: DON JUAN TENORIO, de Zorrilla, donde: Alejandro Miguez, Marx Cipriani y Gerardo Soto, afianzan su entrega al arte del actor, en episodios distintos y subyugantes, donde la vida y la muerte se hacen uno.

23. William Cuao, logra una ofrenda octagonal a la cuentística venezolana, con la obra teatral: SI YO TE CONTARA; donde se destaca, el compromiso exploratorio del Laboratorio de Creación Artística, de la CNT; encabezado por la inocente veteranía de Irabé Seguías y un sinfín de aderezos poderosos: como la magia, el teatro de sombras y el humor; para poder confrontar en escena violencias y desamores, quebrantos y adversidades.

24. Marisol y Natalia Martínez, unen sus venas creativas en un experimento pleno de descubrimientos y carente de lugares comunes, para actualizar entre tablas rajadas, bambalinas deshechas y candilejas esquivas, la complejidad de uno de los grandes mitos del teatro griego. Desde el original “Hipólito”, de Eurípides, hasta la metateatralidad de Sarah Kane, pasando por la obra maestra de Jean Racine: FEDRA, ENSAYO CLÍNICO SOBRE UNA PASIÓN; responde a la necesidad de entender no sólo los entretelones de lo escénico, sino la hecatombe de la lucha feminista, en un mundo plagado de injusticias de género. Como en las grandes tragedias helénicas, siempre hay crímenes que esclarecer. Verónica Arellano asume el reto protagónico y llega a la cúspide rodeada de talentos polifacéticos y temerarios.

25. Por último, tres obras celebraron en el 2025 una continua repercusión en nuestros escenarios, con una potencialidad ecuménica donde lo mítico y lo histórico encuentran raíces que se entrelazan: EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA, de Gabriel García Márquez, que Rajatabla repone siempre con revuelo de gallos desde 1989; en escenarios nacionales e internacionales, manteniendo el legado de Carlos Giménez. HEMBRAS, MITO Y CAFÉ, de Marguerite Yourcenar, entre otras autorías, cumplió 20 años en la escena venezolana, bajo la batuta de Jericó Montilla y Teatro Ceres; en un ejercicio sin precedentes de furia bacante; y el musical: EL HOMBRE DE LA MANCHA, que desde hace 10 años se redimensiona con la fuerza quijotesca que le imprimen: Djamil Jassir, Dora Mazzone y Luigi Sciamanna, entre otros. Los tres espectáculos en celebraciones aniversarias repotencian la tradición escénica de Caracas, como capital teatral y musical a nivel mundial.


Aspectos biográficos
Costa Palamides es director de teatro, actor-cantante y docente universitario en artes escénicas. En el 2025 celebró los 40 años del Teatro de Repertorio Latinoamericano TEATRELA y el Colectivo de Canto Popular AEDOS con “LOS DIOSES Y LOS ADIOSES” (Latinoamérica en mi voz), “TEORÍA Y JUEGO DEL DUENDE” de Federico García Lorca, “PEDRO INFANTE EN EL PAÍS QUE NADIE VE” de Benjamín Farías y “MIKIS THEODORAKIS-100 AÑOS” con presentaciones y clases magistrales en Caracas y Ciudad de Panamá.

*(Miradas al Escenario agradece a Costa Palamides la autorización de reproducir esta nota originalmente publicada en edcruzart.blogspot.com. En este artículo, Palamides brinda una perspectiva una perspectiva inclusiva sobre la escena caraqueña en 2025, de ahí su relevancia).

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