Por Oscar Acosta
Hoy, 24 de septiembre de 2026, se cumple un lustro del
fallecimiento del dramaturgo y director Alberto Ravara, nacido a inicios de la
década de los 50, en Trenque Lauquen, una ciudad de la provincia de Buenos
Aires, Argentina. Con él mantuve, especialmente durante los últimos diez años
de su vida, una estupenda relación amistosa, afinada por largas conversaciones
sobre el teatro, la política, la cultura, el movimiento teatral... No siempre
coincidíamos, por lo cual nos enredábamos, cigarro tras cigarro, argumento tras
argumento, en un intercambio de razones que, aunque agotador, finalmente nos
ponía de acuerdo.
A continuación transcribo una entrevista realizada en febrero de
2014, en la cual se extendió sobre su relación con la escena, el papel que le
asignaba a su labor teatral y algunas opiniones políticas sobre el acontecer
nacional, no tan concretas como yo esperaba para una publicación de prensa en
ese entonces, pero bastante esenciales y motivadoras para la reflexión.
Una versión bastante reducida de la conversación que sigue fue publicada por el
semanario cultural Todosadentro en aquella ocasión.
¿De dónde viene tu afición al arte? ¿Por qué te dedicaste al
trabajo en los escenarios?
Con tu pregunta me sumerges en la dulce bruma del recuerdo. En
ella me veo escuchando por las noches a mi madre la lectura de cuentos
fantásticos, épicos y sagrados. Me veo caminando de pantalones cortos por aquel
caminito hecho por la Sociedad de Fomento, a aprender declamación, en la
generosa casa de la señorita Waitty.
La memoria me lleva por el mismo caminito al baldío que estaba
enfrente al Almacén de Francisco y doña Basa, en Empalme San Vicente, que queda
más o menos a una hora en tren de Buenos Aires. Una mañana, mis ojos
maravillados vieron lo fantástico de un circo instalado, el "Indian
Circo", y una función de radio-teatro que anunciaba la obra "Pido luz
para mis ojos", con la actuación de Carlos Ciappe. Regresé corriendo a mi
casa a contarle a mi madre y, al día siguiente, en función vespertina, reí y
lloré viendo "a la italiana" esa puesta en escena. Tenía cinco años.
Nunca más, hasta la fecha, dejé de ver y luego de hacer teatro, de amar esa
dimensión que nos permite la libertad y creación inconmensurable dada por la
otredad, el pensamiento diverso y a la par ético, ofrecido por la metáfora,
junto al sagrado don del compartir que nos brinda la convivencia teatral entre
público y actores. Esto, amigo, era la década de 1950. Mi padre tenía orquesta
de tango y yo fui contratado para decir las glosas y recitar dos poemas en el
intermedio, uno triste y uno alegre... De esa manera, medio tropezando con unos
versos, salí al escenario por primera vez.
Veíamos con mi madre cine toda la semana: cine argentino,
mexicano, norteamericano, francés, italiano, sueco. Cali, el empresario amigo,
me dejaba pasar en las películas prohibidas, con la sincera promesa de mi madre
de que me taparía los ojos en las partes "violentas o crudas". Es así
como vi a Bergman, Amadoris, Fellini, Visconti, Buñuel, Leopoldo Torres Nilson,
etc., con cortes de censura hechos por las cálidas y suaves manos de mi madre
tapándome los ojos.
Un día fuimos al teatro, a ver el montaje de la Compañía Nuevo
Teatro de Cámara de la ciudad de Buenos Aires; lo vi escondido en las gradas
del "paraíso". Me incidió profundamente el actor Paulino Andrade, la
actriz Ana María Castell, el director David Radner, la obra "Los
Viajantes". Un gaucho le comentó a su gaucha al lado mío: "Esta obra
no es la rascada de los radio-teatros, es bien serio el planteo". Soñé que
quería estar de gira y hacer temporada con esa compañía; fue un deseo profundo,
como lo son los deseos de infancia. En 1974 y 1975 hice más de novecientas
funciones, en Buenos Aires y por las provincias argentinas, como primer actor
de la Compañía Nuevo Teatro de Cámara de la ciudad de Buenos Aires, bajo la
dirección de uno de mis maestros, David Radner. Es así como "los sueños
buenos que dibujamos en silencio y soledad, algunos duendes los toman y los
hacen realidad".
En cuanto a mis maestros, a los ya citados puedo sumar a Héctor
López, José Raudino, María Mombrú, Yirair Mosian, Oswaldo Dragún, Atahualpa del
Cioppo, Alexis Antíguez, Eduardo Di Mauro, Rine Leal, el compañero Alberto
Sarraín y tantísimos más que influenciaron de manera positiva mi formación. En
suma, la vida y el teatro tienen saberes y, con los ojos de la piel y la razón
abiertos, reflexionamos sobre la fuerza vital y luminosa de las mayorías
nacionales; sopesamos el oscurantismo cruel, algunas veces almibarado, de las
élites sociales y culturales. Indudablemente aprendemos todos los días de cada
uno de nuestros semejantes y de la naturaleza.
¿Desde cuándo te dedicas a la profesión?
Mis primeros pasos en el teatro los realizo en Argentina en
1961. Mas mi actividad profesional, que no significa ganar dinero sino
dedicarse a practicarlo y hacerlo cada vez mejor, data del año 1969. En 1978 me
exilio en Venezuela; en mi querida Patria Argentina se había instalado una
feroz dictadura fascista que hacía imposible vivir y crear con dignidad. A
partir de esa fecha me fui integrando a esta tierra de gracia y de un pueblo
dulce y solidario. Es, de alguna manera, mi pedacito de cielo en la gran Patria
Latinoamericana.
¿Cómo concibes la labor de los teatristas?
Entiendo que la labor de los teatristas tiene como objetivo
contribuir, con la modestia de nuestros esfuerzos, a la edificación de un nuevo
paradigma cultural, a la construcción y desarrollo integral de nuevos hombres y
mujeres, a la defensa nacional de nuestra gran Patria latinoamericana y a la
paz. Al hablar de paz no solo me refiero a esa idea medio boba de una paz
abstracta, donde todos nos queremos y abrazamos, sino a una paz con equidad y
justicia social.
En IIAVE... te lo deletreo... I-I-A-V-E..., siglas del
larguísimo nombre Instituto de Investigaciones para el Desarrollo del Arte en
Venezuela, intentamos hacer procesos sistemáticos, cotidianos, estables, en
estrecha relación con las personas. En escenarios emergentes construidos con
criterio colectivo para desarrollar el arte en otros espacios de reflexión.
Nuestra práctica y el éxito de las Muestras de Teatro y Títeres en las
Comunidades que hemos organizado durante años nos vienen indicando que es factible
construir desde las bases un nuevo modelo cultural. Somos plenamente
conscientes de que a los grupos sociales y mayoritarios se nos hace imperativo
un proceso esencial de organización e intercambio de saberes en nuestras
comunidades, para construir una unidad capaz de demoler el viejo modelo
cultural de la dependencia. El mismo que gusta de hacer eventos evasivos y
crear caos de valores para, en esencia, beneficiar los intereses mezquinos de
los poderosos, al intentar sumir en la ignorancia a las mayorías nacionales
que, día a día, construimos con esfuerzo la consciencia del "sí y para
sí".
Es sabido que el viejo modelo cultural se enquista, se reproduce
y trata de imponer trabas burocráticas, tecnocráticas y discriminatorias; pero
con trabajo paciente, crítico y autocrítico, arduo y fecundo, lo podremos
derrumbar paso a paso, a pesar de los que medran desde las sombras y a pesar de
los imperios.
Indudablemente, tenemos mucho por aprender, mucho por nutrirnos,
pero alejados de las actitudes efectistas y eventuales, contribuiremos a
edificar el nuevo hombre y la nueva mujer que vive y vivirá en este siglo XXI
que comienza.
Podemos afirmar que la programación de teatro de actores y
muñecos, diseñada y organizada por especialistas de la escena y centros
comunitarios, con la participación de la población más desasistida en materia
cultural, permite construir canales de formación y fortalecimiento de nuestra
razón de ser como ciudadanos. Lleva su problemática y estética al nuevo espacio
de discusión y escenificación para el tratamiento de los grandes temas sociales
y para forjar nuevos conceptos y formas independientes.
El arte en espacios de reflexión comunitarios, probablemente
"por ahora", no satisface la vanidad de marquesinas de los artistas
del viejo modelo cultural; es probable que tampoco logre presupuestos que
vienen de la lógica de algunos burócratas individualistas, frívolos y
arribistas, pero es una acción que, al ser transformadora, tiene verdadera
trascendencia y que obedece al proyecto de vida que elegimos hace muchas
décadas. Nuestra tozudez conmoverá a las piedras y, como servidores públicos desde
el pueblo y para el pueblo, aportaremos algunas chispitas para que la juventud
sea de hombres y mujeres de buen corazón y razón.
¿Qué reflexión puedes hacer del movimiento teatral venezolano?
"Castigat ridendo mores", corregir las costumbres
riendo..., decía el poeta Santeul hace siglos. Recuerdo en este momento la fina
ironía de Charles Chaplin cuando toma la banderita roja que cae de la
prevención de carga de un camión y no ve que detrás de esa acción viene una
manifestación obrera y se transforma en el abanderado involuntario de la misma
y, por lo tanto, es castigado por los policías que reprimen. Las palabras y las
acciones de los hombres siempre pueden tener varias lecturas. De la ambigüedad
de lo evidente puede surgir lo bello y sublime del arte.
Invisible fue la obra de Vincent Van Gogh para la culta Europa
en el salón de París. Recordemos que sus pinturas fueron a parar al salón de
los rechazados; recordemos que no vendió un solo cuadro en su vida.
Subjetivamente pienso que a este genio iluminado sólo le interesaba vivir la
dimensión de la pintura.
Cosa parecida fue la vida y obra del escultor Brancusi, uno de
los grandes escultores del siglo XX. Creo que la mayoría de la creación de los
artistas en Latinoamérica es disimulada por los medios masivos de comunicación.
Invisibles en la historia y para los escribas de su época fueron y son las
muchedumbres que construyeron las pirámides de Egipto, los obreros que
construyeron la Torre Eiffel de París, el Parque Central y el Centro Sambil de
Caracas, el puente sobre el Lago de Maracaibo, etc. Pero... ¿son invisibles?
Para nosotros, modestos artistas del siglo XXI latinoamericano, saber mirar es
amar. Miremos estos ejemplos.
¿Algunos críticos teatrales, sociólogos, planificadores,
funcionarios de cultura saben mirar multilateralmente? ¿Están alejados de
intereses parciales? ¿Las micro-píldoras mediáticas de la televisión expresan e
informan cabalmente sobre el arte, los artistas y el público mayoritario?
¿Saben mirar? ¿Aman?
El teatro que hacemos, indudablemente, es invisible a los
"centros de cultura convencionales", pero es visible en las barriadas
de Caracas, en el interior del país y en los emergentes de nuestra América. De
esa contradicción surge nuestra expresión y nuestro proyecto de vida. Hoy las
mayorías nacionales hacen evidente su visibilidad histórica y nosotros tratamos
de aportarles nuestro granito de arena para estimular la razón sensible de los
hombres y mujeres que son nuestro público. La contradicción no es antagónica;
los invisibles no podemos ser excluyentes, pues nuestra dignidad no nos permite
afectar la dignidad del semejante.
El movimiento teatral venezolano, como no puede ser de otra
manera, tiene las contradicciones de la sociedad donde se desarrolla. Mucho
podría aportar el desarrollo de un proceso reflexivo y autocrítico de sí mismo,
pero también el Estado debería revisar sus políticas y sus obligaciones de ley,
respecto al rol que le compete.
¿Cuál es tu visión del país y su dinámica política actual? ¿Qué
puedes decir de la acción cultural? Avances, vicios del pasado, errores a
superar...
En un texto teatral, uno de mis personajes dice: "...
Continente y contenido... lo fundamental es el contenido... ¿Qué hacemos en un
continente hermoso, sin ciudadanos libres? ¿Qué hacemos con la belleza sin
conciencia de ella? ¿Qué hacemos con los prejuicios que da el
privilegio?...". ¿Qué hacemos si no tomamos verdadera conciencia de la
alienación que sufrimos por herencia?, ¿de lo consumistas que somos, de que nos
cuesta asumir una cultura del trabajo, de la corresponsabilidad?, ¿de que somos
esclavos muchas veces de la ambición y la vanidad? ¿Qué hacemos si no tomamos
conciencia del tono violento que algunas veces tienen nuestras palabras y
actos? El personaje continúa diciendo: "... No señores, no es afuera donde
debemos buscar... es adentro, es en la alquimia imperfecta que se da en el
interior de las personas y los creadores... Quizá porque la obra toca a los
destinatarios de manera ajena. Cada cual hará lo que quiera o lo que pueda.
Señores decentes como ustedes se llaman a sí mismos, no hay determinismo
posible. En la historia sólo existe la posibilidad de hacer conciencia
centímetro a centímetro y hombre por hombre, no hay determinismo. Nuestras
ideas son las del humanismo, otro tiempo está germinando. Señores que me
adversan, si empujamos el carro del acontecer y de las ideas nuevas, para una
mejor convivencia, quizás en doscientos años seremos olvido o, si el hado es
propicio, seremos historia buena y notable... En lo público, señores
adversarios, y personas seducidas por la violencia, debemos someternos al único
imperio legítimo, al imperio de la razón y las leyes..."
En el presente, vivimos a dos tiempos: uno de creación, rebelde,
de trabajo, de sueños de utopías realizables, de entrega desinteresada del
pueblo y de algunos auténticos dirigentes de la sociedad y el Estado; y otro
lento, poco productivo y nefasto, de algunos dirigentes políticos que impulsan
la violencia como estrategia general para desestabilizar a la nación... de
algunos empresarios privados codiciosos que, especulando, roban en los
bolsillos del pueblo y en las arcas del Estado. En ese mismo tiempo nefasto
está el burocratismo que se enquista en el noble árbol del pueblo. Por lo
tanto, nuestro teatro tiene que ser rebelde, estar junto a los auténticos
intereses de las mayorías nacionales y populares. La idea de desarrollar el
teatro en distintas instancias de la geografía social puede contribuir a la
reflexión, a la organización en el trabajo, al debate de ideas, a practicar la
cogestión y la auto-sustentabilidad, a la movilización con alegría, belleza y
saberes de grandes contingentes de personas, a la paz y a una vida menos
cosificada y alienante... El teatro y los creadores somos amablemente rebeldes
y, junto al pueblo del que formamos parte, podemos avanzar, aprender, trabajar
por ideas más justas y aportar para la construcción del nuevo paradigma y la
paz con justicia social. Claro que también hay colegas que, más que como una
posibilidad de rebeldía, ven el teatro como un medio para resaltar o destacar
el ego; son tontos, olvidan que nos iremos en algún momento, que toda vanidad
es ínfima en el paso de los milenios y que la mejor forma de trascender es
dejar un pedacito de lo mejor de nosotros en los demás.
La verdad es como un diamante... es preciosa, pero si la
arrojamos al rostro de nuestro interlocutor, el diamante, al igual que la
verdad, puede ser un arma que lastima. Debemos criticar para construir... para
reflexionar, no para perjudicar mezquinamente. Solo dando el ejemplo,
cultivándonos y mostrando el diamante con firmeza, con ley, pedagógicamente y
con bonhomía, podremos construir una sociedad más justa, de semejantes
diversos, no alienada, de iguales ante la ley para nosotros y para los hijos que
de nuestros hijos vengan.
Hasta aquí la entrevista, transcrita casi al pie de la letra,
salvo alguna que otra divertida comidilla y alusiones personales a terceros que
no importan. Esa vez quedó pendiente con
Alberto, una relación de su trabajo como actor, director, escritor y dramaturgo
que me hizo llegar pocos días después por vía electrónica y que veremos a
continuación.
Trayectoria. Obras actuadas, dirigidas,
escritas.
Como actor, recuerdo: La mesa y los espermatozoides
rengos (Argentina, 1970), Hablemos a calzón quitado (1972),
Las ocupaciones del Señor Maury (1974), Vamos al planeta
Marte (1974), Crónica de un secuestro (Argentina, 1975),
Pisa pisuela, color de ciruela (Venezuela, 1980), Ejercicio
número uno (Venezuela, 1981), Aniversario (Venezuela, 1982),
La casa de humo (Argentina, 1991).
Como director teatral he realizado más de 90 montajes, entre los
que destacan: Lobo Bueno (Brasil, 1978), Los muñecos del
Primo Tucho (Venezuela, 1981), El espantapájaros que quería ser
rey (Festival de Teatro para Niños, 1983), Los de la mesa
diez (1984), La Cacería (1985), La identificación (VII Festival Internacional de Teatro de Caracas, Venezuela, 1988),
Tartufo (1988), La ratonera (1989), Réquiem para
un viernes a la noche (Venezuela, 1990), Carcajadas Lusitanas (1990), Paso a la vida (Argentina, 1991), Un día en el reino
de Bambina (Argentina, 1992), El rey de Los Araguatos (Venezuela, 1993), El andamio (1993), El animador (1995), Web site Story (1999), Caprichos capitales (Alemania, 2000), La Guerrita de Rosendo (2002), Doña
Bárbara (2003), Condecorado (2005), La Bandera de
Colombeia (2006), La Conciencia de un Juramento (2006),
El Círculo de Tiza (2007), Arritmia (2007), Juan
Palmieri (Venezuela, 2008), ¿Por qué canta el pueblo? (2008),
Lo que dejó la tempestad (2009), Volcanes sobre el
Mapocho (2009), Soga de niebla (2010), Quien nos robó
esa Batalla (2010), Asamblea de ciudadanos (2010),
Cuidado con el televisor (2010), El atentado, Bogotá
1828 (2010), Manuela Sáenz. Memoria y presencia (Venezuela,
2010), Joaquina Sánchez (2011), Febrero rebelde (Venezuela, 2012, Premio Municipal de Teatro de Calle).
Como escritor y dramaturgo:
He escrito una treintena de trabajos, entre los que señalamos:
De camiseta y con galera (Cuentos, 1969), El tongo (Teatro, Argentina, 1977; Mención Especial de Dramaturgia Andrés Bello, CELCIT,
Venezuela, 1982), El Fulano (Venezuela, 1982), Crónica de
invierno (Teatro, Venezuela, 1987), La casa de Humo (Teatro,
Argentina, 1990), El modelo neoliberal no es viable (Ensayo, 1990),
Un día en el reino de Bambina (Teatro, Argentina, 1991), La
nueva Geografía teatral Venezolana (Recopilación, Venezuela, 1994),
Período especial (Apuntes de Viaje, Cuba, 1995), El Sistema
de Compañías Regionales de Teatro en cifras (Investigación, 1995),
El fascismo Latinoamericano (Ensayo, 1998), El lobo
dormido (Crónica de Viaje, Alemania, 1999), Reconstituir el tejido
social (Ensayo, Venezuela, 1999), Viejos amores del guerrillero
vencido (Poesía, Venezuela, 2001), Condecorado (Teatro,
Venezuela, 2003), La necesidad de una Constituyente Cultural (Ensayo, Venezuela, 2003), Atentado en Bogotá 1828 (Teatro, 2005),
La Bandera de Colombeia (Teatro Histórico, Venezuela, 2006),
La Conciencia de un Juramento (Teatro Histórico, Venezuela, 2006).
También escribo artículos para distintas publicaciones
nacionales e internacionales.
Libros publicados:
1984 - El fulano (Poesía)
1994 - Un día en el reino de Bambina (Teatro)
1994 - La nueva geografía teatral venezolana
2002 - Crónica de invierno y El tiempo de oro (Teatro)
2006 - Viejos amores del guerrillero vencido (Antología poética)
Premios y reconocimientos:
Uno se siente estimulado cuando recibe premios y
reconocimientos. Entre los que recuerdo te puedo citar: Condecoración Orden
Mérito al Trabajo, Primera Clase (Venezuela, 2003); Premio Municipal de Teatro
de Títeres, Municipio Libertador (Venezuela, 2008); Homenaje, Sala Alberto
Ravara, Compañía Regional de Teatro de Portuguesa (Venezuela, 2007); Premio Alí
Primera, Parroquia El Valle (Venezuela, 2007); Condecoración Parlamento
Cultural del MERCOSUR (Venezuela, 2007); Condecoración Orden El Samán de Aragua
en su Primera Clase (Venezuela, 2007); Reconocimiento, Dirección de Turismo,
Municipalidad de Junín (Argentina, 2000); Reconocimiento, Festival de Cantaura
(Venezuela, 1995); Reconocimiento, Barriazo Teatral (Buenos Aires, Argentina,
1991); Primera Mención, Concurso de Dramaturgia Andrés Bello (Venezuela, 1982).
Como promotor cultural:
Soy cofundador del Festival de Teatro de Portuguesa (1982), del
Teatro Estable de Portuguesa (1987), de la Compañía Regional de Teatro de Apure
(1993), de IIAVE (1993) y de la Muestra Internacional de Teatro y Títeres en
las comunidades de Caracas.