Buscar este blog

12.10.26

El umbral de la máscara viva

 

Por Miguel Flores

​Si el teatro es el arte del habitar continuo, el cine es el misterio de la fe fragmentada. El paso de las tablas al plató exige del intérprete una mutación absoluta. Mientras el escenario nos regala una hora de progresión lineal, el cine nos quiebra en tomas y planos cerrados, desafiando la lógica del cuerpo. Es allí donde ocurre una de las lecciones más humildes y hermosas de la gran pantalla: la revelación de la totalidad.

​Viví esta experiencia de manera imborrable en La Casa del fin de los tiempos, ese hito monumental de nuestro cine dirigido por Alejandro Hidalgo. Recuerdo leer el guión una y otra vez en las lecturas de mesa; la historia se me escapaba, compleja, tejida en laberintos temporales que Alejandro tenía clarísimos en su mente desde hacía años. Fui a grabar encarnando al detective Carlos; presté mi presencia, mi mirada fija ante el lente, su comportamiento en una sola escena, y aun así, al dejar el set, sentía que solo tenía la pieza aislada de un misterio invisible.

​El verdadero milagro del cine ocurrió después. Llegó el estreno. Nos vestimos con nuestras mejores ropas, nos perfumamos para la gala y nos sentamos frente a la pantalla gigante con el corazón latiendo con fuerza. Al encenderse el proyector, la fragmentación desapareció. Frente a mis ojos se desplegó un peliculón descomunal que transformó aquel personaje pequeño en una presencia gigante y viva dentro de la trama. En esos minutos, el detective Carlos cobró una dimensión total, con un pasado y un destino justificados por la magia del montaje.

​Esa noche comprendí que en el cine el actor entrega su verdad en pequeñas ráfagas de absoluta intensidad, confiando ciegamente en la mente del director. Hoy, el orgullo profundo de haber dejado una huella en una película tan trascendental para la historia de nuestra cinematografía venezolana reafirma mi creencia en el poder de la máscara. No importa si se proyecta ante mil personas en un teatro o si se inmortaliza para siempre en el celuloide, el oficio exige siempre la misma moneda: la verdad de nuestro propio cuerpo.

​Este ensayo expandido es el segundo pilar de mi trilogía (Teatro, Cine y Metodología). Lo comparto con las nuevas generaciones como un mapa vivencial, una invitación a confiar en el proceso y a honrar cada plano, porque en el cine, cada fragmento de verdad cuenta.

El impacto de Chaplinarium: Una sacudida estética en Maracaibo

La magia de lo esencial: Rigor, poesía y memoria en Chaplinarium


Por: Jesús Eduardo Espinoza

La raíz (Chaplin / Champlin): Hace una clara referencia conceptual y estética al universo del gran maestro del cine mudo, la pantomima y la tragicomedia, Charles Chaplin (Charlot). Remite a la melancolía revestida de humor, a la poesía de lo cotidiano, a la crítica social sin palabras y a la fragilidad humana frente a la maquinaria de la modernidad.

Asistir a espacios alternativos como es el Centro Cultural del Titere Arepa y Cacao en Maracaibo, devela en ocasiones joyas escénicas que reafirman la vitalidad y madurez del teatro independiente en el Zulia. Un claro ejemplo de ello es la reciente presentación de Chaplinarium, a cargo de Teatro Esencial, agrupación que ha demostrado una consistencia admirable bajo el legado pedagógico y artístico sembrado por el profesor Eduardo Marín; legado que continúa su hijo, el director y actor Ángel Marín junto al maestro Isidro Morillo para crear un elenco joven profundamente disciplinado.

La dramaturgia del cuerpo y la partitura cinematográfica

Chaplinarium no es una simple sucesión de gags cómicos; es un ejercicio depurado de teatro físico y gestual que dialoga de manera orgánica con la herencia del cine mudo de Charles Chaplin. Lo que impresiona de inmediato es la llamada dramaturgia del actor: cómo el cuerpo se convierte en el texto principal. La obra articula una estructura fragmentada, de pulso marcadamente cinematográfico, donde cada transición, cada postura y cada silencio están sostenidos por una precisión milimétrica.

La música cumple un rol fundamental como partitura invisible que guía el ritmo de las acciones. Lejos de ser un mero fondo sonoro, la música y el movimiento se funden en una simbiosis perfecta que permite contar la historia sin requerir un exceso de palabras. Especialmente conmovedora resulta la secuencia del encuentro amoroso entre Chaplin y la joven bailarina: es una escena cargada de una profunda dramaturgia corporal donde la danza narra el nacimiento, titubeo y desarrollo de un afecto puro, estallando en una poesía visual que conmueve las fibras más íntimas del espectador. Aunque la pieza se enriquece al matizar su lenguaje físico con puntuales y certeros momentos de diálogo hablado, es la expresividad corporal la que sostiene el peso dramático de la propuesta.

Rigor estético y entrega colectiva

A nivel visual, el espectáculo es impecable. El diseño de iluminación, el colorido del vestuario, el maquillaje y la atmósfera general demuestran que la juventud de los intérpretes no está reñida con el rigor profesional. Cada actor se encuentra concentrado, habitando su personaje de "cuerpo y alma". Ver a Ángel Marín encarnar el espíritu de Chaplin con tanta entrega, guiando a un grupo de jóvenes que responden con semejante limpieza escénica. 

Igualmente, sorprende la actuación de Javier Rincón deja constancia de que en Teatro Esencial existe una verdadera escuela de formación basada en la práctica rigurosa, el ensayo constante y el amor por el oficio. No se trata de un taller improvisado, sino de un proyecto con sólidas bases estéticas que no tiene absolutamente nada que envidiar a las carteleras de la capital u otras plazas del país.

Más allá de la escena: Reflexiones sobre el gremio y la autogestión

Este montaje invita también a una reflexión urgente desde la mirada del espectador crítico. La materialización de este tipo de obras, así como el esfuerzo titánico de levantar espacios culturales mediante la autogestión, sin depender de dádivas institucionales demuestra que cuando hay voluntad, dignidad y respeto por el público, el teatro se convierte en un acto de resistencia y de alta factura artística.

Sin embargo, el crecimiento de una plaza teatral sólida exige también una revisión interna de los hacedores de escena. Es imperativo propiciar la integración gremial y construir un tejido de crítica constructiva y de apoyo mutuo. El éxito de agrupaciones como Teatro Esencial, que con piezas como Chaplinarium o su aproximación a Los creyentes, sumado a otros hitos recientes de la movida zuliana, demuestra que en el Zulia se hace un teatro limpio, poético y necesario.

Cuando los creadores se unan bajo la premisa de que el triunfo de uno enaltece a todos, el eco de la escena zuliana trascenderá con mayor fuerza las fronteras regionales. Chaplinarium, por derecho propio, una muestra luminosa de ese teatro que dignifica nuestras tablas y nos recuerda por qué amamos este oficio.

Finalmente, bien vale la pena ver este maravilloso trabajo de estos jóvenes actores, caracterizado por su calidad y disciplina.

Ficha técnica y artística de Chaplinarium

Elenco: Anastacia Arandia, Ángel Eduardo Marían, Angélica García, Fai Rivero, Javier Rincón, Merlianyi Pirona, Keren Montero, Lianeth Hernández, Víctor Martínez.
Dirección: Colectiva
Diseño sonoro: Ángel Eduardo Marín
Iluminación: María Alviarez
Vestuario: Angélica García, Melisa Escalona.
Agradecimientos especiales: Pedro Vargas, Melisa Escalona.
Producción:  Grupo de teatro Esencial, Melisa Escalona, Isidro Morillo, Alcides Villalobos, Tania Coy, Diego Morales. (Que hacen posible un equipo de altura).       

Quibayo: Teatro Araguaney rinde homenaje a la Resistencia Indígena en el Monumento Natural Cerro María Lionza


En el marco del 5to. Encuentro Pluricultural, Multiétnico y Ancestral, la Compañía de Teatro Araguaney del estado Yaracuy se sumó a las conmemoraciones del Día de la Resistencia Indígena con una presentación en el emblemático montículo del Monumento Natural Cerro María Lionza, en Quibayo, Estado Yaracuy.

​La agrupación presentó fragmentos de la obra Yara: La Diosa, una puesta en escena interpretada por la joven actriz Karlys Alexarte y bajo la dirección artística de Doris Tibisay Rodríguez Ramos.

La obra rinde tributo a esta ancestral deidad protectora de las aguas, las cosechas y la fertilidad, logrando una conexión única con el entorno natural, contando con el acompañamiento musical en vivo de Juan Sánchez en la percusión.

​El evento reunió a un público diverso, entre los asistentes se contaban embajadores de distintos países, así como delegaciones provenientes de diversos estados de Venezuela.

Tras el éxito alcanzado, la Compañía de Teatro Araguaney expresó su agradecimiento por la cálida receptividad del público y extendió un reconocimiento especial al equipo organizador por la invitación, a la Gobernación del Estado Yaracuy, el Instituto de Cultura del Estado Yaracuy (ICEY), la Alcaldesa del Municipio Urachiche Lisbed Parada, el Frente de Cultores de Bruzual y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura.

Fotos suministradas






10.10.26

Isidro bien mirado por Dylan


Por Alexis Blanco
Fotos: Dylan Blanco

Necesito compartir con todos ustedes la visión y el desparpajo de mi hijo Dylan, armado con la modesta cámara telefónica de su mami, Jiolexy, el pasado jueves, durante la función de Claroscuro, en el escenario del BCV (donde ese equipo el que brilla nuestro hermanito hermoso, Israel Colina, viene alentando la vida y el mundo de esta ciudad agradecida)… Dylan prefiere hacer sus fotos con la Nikon de su tío, Alejandro Vásquez, pero él anda por Mérida, haciendo lo que mejor le enseñó: “mirar es vivir”.

Él, Dylan Gabriel, no quería que mostrase estas visiones magníficas suyas, por lo cual tuvimos que refrescarle la importancia del extraordinario espectáculo de Teatro Esencial y su “Yoda Jusayú”, mi bienamado hermano, tío suyo, Isidro Morillo: “El teatro antropológico es un enfoque y método de investigación escénica que estudia el comportamiento biológico y cultural del ser humano en una situación de representación (es decir, cuando está sobre un escenario). Más que un estilo teatral con obras específicas es el estudio del "pre-expresivismo", es decir, los principios que hacen que la presencia física y mental de un actor o bailarín logre capturar la atención del espectador antes de empezar a transmitir una historia o emoción. Este concepto fue acuñado y desarrollado principalmente por el director y teórico teatral italiano Eugenio Barba a finales de la década de 1970, y está profundamente ligado al trabajo de su compañía, el Odin Teatret, y a la ISTA (Escuela Internacional de Antropología Teatral)”.

Tenía seis meses, el mío fasto, Dylan Gabriel Blanco Santos, cuando Teatro Esencial fue a recogerlo, en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá (él nació, al lado, en el hospital, la noche del 21 de abril de 2017) y lo llevó a pasear hasta el Caribe Concert de su tío, Augusto Pradelli, en una ceremonia que, se los puedo jurar, tiene que ver con este resultado.

Aquí lo tienen: bienvenido, DGBS, al cielo de los magos…

¡Salud!

6.10.26

De monje a wayúu: El desgarrador monólogo «Claroscuro» llega este 8 de octubre al Banco Central de Maracaibo.

 Por: Jesús Eduardo Espinoza

La cartelera cultural de la ciudad de Maracaibo se enciende con uno de los eventos escénicos más esperados y aclamados por la crítica especializada. Este próximo jueves 8 de octubre a partir de las 5:00 p. m., el Auditorio del Banco Central de Maracaibo abrirá sus puertas para recibir a casa llena la obra Claroscuro, una creación original del Teatro Esencial con textos de Eduardo Marín.

Considerada una exitosa propuesta de nuestra cartelera, cautivando a los que la han visto, Claroscuro destaca por la monumental entrega de su protagonista. Sobre las tablas, el actor y director Isidro Morillo se entrega en cuerpo y alma a un riguroso proceso creativo que deja sin aliento al público: una poderosa transformación actoral que transita desde la profunda introspección de un monje hasta la fuerza ancestral de un personaje wayúu. 

La atmósfera de esta pieza única se completa con la complicidad escénica y vocal de las jóvenes actrices Keren Montero y María Alviarez, cuyas voces e intervenciones musicales tejen un paisaje sonoro conmovedor. La dirección general y el diseño sonoro pertenecen a Isidro Morillo, junto a Ángel Eduardo Marín, mientras que la iluminación corre por cuenta de Javier Rincón.   Detrás de este engranaje artístico se encuentra el trabajo del Grupo de Teatro Esencial, respaldado por un equipo de producción integrado por Melissa Escalona, Lianeth Hernández, Fai Rivero, Diego Morales, Tania Coy, Alcides Villalobos y Angélica García. 

La cita es este jueves a las 5:00 p. m., en el Auditorio del Banco Central de Maracaibo. La entrada es gratis, convirtiéndose en una oportunidad imperdible para presenciar el talento, la magia y la entrega absoluta del teatro de nuestra región.

¡Asiste y vive la experiencia de Claroscuro!

4.10.26

El oficio del actor y el duelo de la despedida del intérprete.


Por Miguel Flores

​El teatro no es el lugar donde mentimos para ser otros; es el espacio sagrado donde nos desnudamos para que el Otro habite en nosotros.

​Tras más de 45 años transitando las tablas como actor, director y productor, sé que abordar un personaje es un viaje místico y sensorial. No es memoria; es descifrar su impronta: descubrir su sabor, su olor, la cadencia exacta de sus pensamientos. Es indagar qué lo anima a vivir y qué lo entristece en lo más profundo.

​Allí ocurre el milagro del tiempo suspendido: la función dura apenas una hora en el reloj del espectador, pero en escena, la criatura encarna y vive toda una vida. Prestamos los servicios de nuestro cuerpo a ese rito, pero con una advertencia vital: seguimos siendo nosotros mismos. Stanislavski sugería que retenemos solo una fracción consciente en escena. Desde la experiencia de mi propio cuerpo, difiero. El porcentaje que permanece es mucho mayor. Es la propia sangre, la identidad y el latido real del intérprete —es Miguel Flores— quien sostiene y da vida a la ficción.

​Sostener este universo continuo en el tiempo —como la fe devocional del Dr. José Gregorio Hernández o la urgencia visceral de Matando un tigre de Rubén Darío Gil— disuelve las fronteras. El personaje se instala en la memoria celular.

​Por eso, el día después del último telón nos enfrenta al luto anímico. Cuando las luces se apagan, el vacío es existencial: la muerte consciente de una versión de uno mismo. Despojarse de esa energía en el camerino es una descompresión necesaria para limpiar el lienzo interior y dejar el espacio dispuesto para el próximo habitante del alma.

​Comparto este primer borrador con las nuevas generaciones como un mapa vivencial; una invitación a mirar más allá del aplauso y a comprender el compromiso sagrado que tenemos con la condición humana.

Las Madres Palestinas: Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney


Información Mary Cruz Mendoza
Fotos: Frybbed Martínez

En esta puesta en escena se articulan dos poemas: "La Promesa" de Mary Cruz Mendoza y " Los sueños Bombardeados” de Earle Herrera, en los que se plantean el horror de la guerra y sus consecuencias directas en la parte más sensible de la sociedad: los niños, las madres y la familia en general.

Desde el año 2010, se viene representando esta propuesta en diversos espacios del país, tales como el Teatro Altosf en Parque Central; viajamos a Punto Fijo, invitadas por PDVSA Gas; luego estuvimos compartiendo con estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Recientemente, en trabajo conjunto entre el Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney (Yaracuy) se retoma Las madres Palestinas, representándose en varios espacios de la ciudad de Barquisimeto, como el Museo de Barquisimeto.  El elenco El original estaba integrado por Martha González, Mary Cruz Mendoza y Mercedes Mendoza.

En la actuación participan la actriz Karlis Rodríguez, como Madre 2 y Mary Cruz Mendoza como Madre 1.  Además, cuenta con la participación de la bailarina Astrid Rodríguez como Sherezade.  La dirección general está a cargo de Sylvia Mendoza y Doris Rodríguez es la asistente de dirección. 

Este trabajo es una producción de Teatro Alternativo Sylvia Mendoza donde se incorporan dos actrices de Teatro Araguaney han sido invitadas a participar.


Las Madres Palestinas, es un llamado a la paz y un grito desgarrador, contra la muerte.

3.10.26

Yazmina Jiménez: 76 años de una vida consagrada al teatro zuliano

 


La actriz, directora, dramaturga y formadora celebra este 3 de octubre un nuevo aniversario rodeada del legado que construyó sobre las tablas de Maracaibo.

Por Luis Perozo Cervantes

Corría el año 1949. El mismo en que se colocaba la primera piedra del Hotel del Lago, en que se fundaba el Club Náutico de Maracaibo, en que Jorge Luis Borges publicaba El Aleph y Simone de Beauvoir sorprendía al mundo con El segundo sexo. El 3 de octubre de aquel año nació en Maracaibo una niña que, sin saberlo entonces, se convertiría en una de las voces fundamentales del teatro zuliano: Yazmina Jiménez.

Hoy, 76 años después, su nombre resuena como uno de los pilares de las artes escénicas en el Zulia. Actriz, directora teatral, dramaturga y promotora cultural, Jiménez representa —como ella misma lo dice— "la memoria viva del teatro" en la región. Su historia, recogida en el primer episodio de la serie documental Historia hablada del Teatro Zuliano, es también la historia de una ciudad que aprendió a mirarse a través del arte.

Una vocación que nació en el patio de una casa.

"Dicen que uno nace con lo que va a hacer en la vida. Yo creo que yo nací", confiesa Jiménez al inicio del documental. Hija de un cantante de tango y de uno de los grandes deportistas que ha tenido Venezuela, creció en un hogar donde el arte y la disciplina eran moneda corriente: Víctor "Chinito" Jiménez.

Sus primeros escenarios no fueron tablas profesionales, sino el patio de su casa. Entre los cinco y los siete años, junto a sus hermanos, montaba obras que su madre —maestra de escuela— les contaba: Caperucita Roja, La Bella Durmiente, historias de Las mil y una noches. "Armábamos un tablado en el patio y ahí hacíamos teatro. Y yo dirigía, porque yo era la que armaba", recuerda con una sonrisa que atraviesa la pantalla.

Pero fue una noche en Ondas del Lago la que selló su destino. Tenía apenas cinco años cuando su padre la llevó a la emisora. Allí vio a dos mujeres bellísimas bailando con vestidos ajustados, hablando, girando sobre sí mismas. "Yo me quedé mirando y dije: eso quiero ser yo. Cantante, bailarina... me quedé así, pequeñita, no dije nada". No se atrevió a confesarlo entonces: su padre, hombre de radio y publicista, no veía con buenos ojos que una hija suya se dedicara al espectáculo.

La escuela que cambió su vida.

La adolescencia la encontró participando en grupos de teatro liceístas, casi siempre frustrados por la falta de tiempo y continuidad. "Yo me quedé medio frustrada", admite. Hasta que un día, a los 16 o 17 años, se topó con Homero Montes, actor y docente que se convertiría en una figura clave de su formación.

"Homero era encantador, uno de los hombres más extraordinarios que yo conocí, desde el punto de vista humano y teatral. Con una disciplina y una organización extraordinarias", rememora. Fue él quien la animó a inscribirse en la Escuela de Arte Escénico de la Universidad del Zulia, dirigida entonces por Inés Laredo.

La entrevista de admisión fue reveladora. La maestra, sentada sola en una silla, le preguntó por qué quería hacer teatro. "Porque yo quiero ser actriz", respondió Yazmina. "¿Y usted sabe lo que es una actriz?", insistió Laredo. "Sí, alguien que representa personajes, que estudia literatura, que prepara el cuerpo y la voz". La respuesta convenció a la maestra, quien le advirtió: "Usted va a ser una mujer de teatro. No se junte con malas juntas".

Entre 1966 y 1968, Jiménez se formó bajo la guía de maestros como César David Rincón, el profesor Maldonado en psicología del teatro, Homero Montes en técnicas de actuación y Mario Barrios en expresión corporal. Eran años de efervescencia política y cultural: el Mayo francés había sacudido las universidades latinoamericanas, y el teatro no era ajeno a esa convulsión.

Clemente Izaguirre y el teatro universitario.

Tras la salida de Inés Laredo, llegó a la dirección de la escuela Clemente Izaguirre, un hombre formado en la Alemania Oriental, estudioso de la literatura marxista, que transformó por completo la concepción del teatro en la universidad.

"Él incorporó nuevas materias: esgrima, análisis del teatro político. Nos enfrentó a la realidad del país", explica Jiménez. Se empezaron a montar escenas sobre la droga, sobre las instituciones carcelarias, sobre los hospitales. El teatro dejó de ser solo un ejercicio literario para convertirse en un espacio de reflexión social.

"El teatro forma desde el momento en que el actor se levanta y se presenta en escena. El público te oye, oye tu dicción, tu expresión, oye el cuento que le hablas. Y aprende. El actor debe tener siempre una actitud frente a lo que vive".

Entre 1970 y 1981, Jiménez actuó con el Teatro Universitario de la Universidad del Zulia bajo la dirección de Izaguirre. Fueron años de disciplina férrea: "Se llegaba a las 2 de la tarde y eran las 11 de la noche, y nosotros trabajando". Viajaron por toda Venezuela, participaron en encuentros de teatro universitario, montaron obras como La Matraca, que llenaba el teatro por su fuerte cuestionamiento social.

"Los festivales no eran como ahora, que vas y te presentas. Eran lugares para discutir sobre la estética, sobre las corrientes teatrales, sobre el actor y su función. Había una profundidad en lo que hacíamos".

El Pequeño Teatro: cuando la actuación empezó a ser profesión.

En 1977, Izaguirre fundó El Pequeño Teatro, un grupo que marcaría un antes y un después en la historia del teatro zuliano. Yazmina Jiménez asumió la dirección en 1979, cuando Izaguirre dejó el mando ante las exigencias de la Universidad del Zulia.

"Empieza a haber otra visión: que los actores tienen que ganar dinero, que los actores tienen que vivir de esto". Se creó la Federación de Teatros Independientes, y por primera vez los grupos teatrales empezaron a legalizarse, a tener voz ante los gobiernos y las instituciones que antes los veían como "un poco de charlatanes".

El montaje de La noche de los asesinos marcó un hito: consiguieron una productora, Carolina Ferreira, que logró el financiamiento para la producción, el montaje y el pago de los actores. "Por primera vez recibimos los primeros pagos. Cosas que nos entusiasmaron y fueron buenos pagos".

Una vida dedicada a la formación.

La labor de Yazmina Jiménez como formadora es quizás su legado más perdurable. Fue fundadora del grupo de títeres Tachón en el Colegio Universitario de Maracaibo, tuvo a su cargo el Taller de Teatro y la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia entre 1981 y 1983, y —su participación más importante— fue directora de la Escuela de Teatro Inés Laredo entre 1984 y 1995.

"Esa ha sido una gran escuela", dice con orgullo. Cuando asumió la dirección, la institución había sido desmantelada: "No había nada. Habían dejado una biblioteca pequeña con unos libritos, porque ella tenía una tremenda biblioteca cuando Izaguirre la formó. Desapareció todo. No tenía vestuario, no tenía nada. Cuatro profesores".

Once años después, la escuela era una institución organizada, con un pensum de formación revisado cada año, una sala de teatro para 350 personas con funciones de jueves a domingo, una sala de exposiciones, un centro de documentación y asesoramiento. "Todo eso lo hicimos nosotros. Autogestión".

Pero el Estado, reflexiona Jiménez, nunca valoró realmente el esfuerzo: "Al Estado le interesaba la destrucción. Acabaron con todo".

Mampara: el sueño hecho realidad.

En 1984 fundó el grupo de teatro Mampara, pero no fue sino hasta 1995 cuando se dedicó por completo a su desarrollo. El grupo nació de un taller que Jiménez dictaba a estudiantes de periodismo de la Universidad del Zulia. "Eran puros muchachos brillantes: Jesús Moreno, Gustavo Fes, Gloria Ávila... gente muy brillante que hoy son cineastas, periodistas, profesionales en otros países".

El nombre y la sede tienen una historia casi mágica. Cierto día, el maestro Ildebrando Rosi los invitó a hacer un performance en el casco central de Maracaibo, en la calle Carabobo, porque decían que iba a ser derrumbado. "Lo montamos en la casa que años después es el espacio nuestro. Muchos años después. Estaba escrito que así fuera".

Hoy, la sede del Teatro Mampara en la calle Carabobo sigue siendo un espacio que alumbra las posibilidades de hacer teatro en Maracaibo. Por sus tablas han pasado obras como El inmigrante, Las flores que no te di y la versión de Los llamados del amor de César Chirinos.

La dramaturga.

Jiménez también ha dejado su huella como dramaturga. En 1999 publicó Las flores que no te di y otros textos dramatúrgicos, convirtiéndose en una de las pocas voces femeninas de la dramaturgia zuliana. En 2020, la editorial Sultana del Lago publicó Loa en honor a nuestra madre santísima Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y un rey es un rey.

"Tiene una obra dramatúrgica en constante crecimiento", señala el documental. Su escritura es una extensión de su pensamiento teatral: profunda, crítica, comprometida con la realidad.

El miedo a perder la fuerza.

A sus 76 años, Yazmina Jiménez no oculta sus temores: "A mí me preocupa perder la fuerza. Si yo pierdo la fuerza, ya no puedo gritar, ya no puedo confrontar, ya de pronto no podré escribir. Si se me va la memoria... que no creo, porque cuando uno escribe, la memoria vuelve".

Pero también mantiene viva la esperanza. Cree en una "escuela libertaria" del conocimiento, donde cada uno comparta lo que sabe: "Si Milton Ferrer sabe escribir, yo lo traigo para que me hable de la experiencia y enseñe al otro. Si él es bailarín, que forme. Que la gente venga a formarse y haya un reciclaje en la formación".

Critica la soberbia de quienes creen tener la razón absoluta: "Cada quien cree que es el que sabe más, que los demás no saben. Y eso no es verdad. A medida que veo crecer a mi bisnieto, que me enseña, que es el maestro y me dice: 'Abuela, estás equivocada, eso no es así'... entonces yo tengo que escuchar a las nuevas memorias, a las memorias puras".

"¿Por qué crees tú que pasa lo que pasa en este país? Porque ellos creen que tienen la razón y no la tienen. Porque nos estamos muriendo".

"El teatro es para vivir".

La reflexión final de Yazmina Jiménez en el documental es una síntesis de su filosofía de vida:

"De eso se trata: de construir un mundo de la creación y tener sentido de lo que es la profesión. O si no la quieres llamar profesión, dile oficio. El electricista tiene un oficio, y hay electricistas buenos y excelentes, y hay electricistas malos que trabajan para ver si se ganan un bolívar. El teatro es para vivir. Y el vivir no es solo comer, porque compartir la miseria no es vivir. Últimamente es lo que estamos haciendo. Pero sí creo, y creo que es posible, un mundo mejor".

---

Hoy, 3 de octubre, cuando Yazmina Jiménez cumple 76 años, su vida se alza como un testimonio de resistencia, disciplina y amor por el teatro. Desde aquel patio de una casa maracaibera donde dirigía a sus hermanos, hasta la sede de Mampara en la calle Carabobo, su historia es la de una mujer que nunca dejó de creer en el poder transformador del arte.

Como ella misma dice: "El juego está en la escena. La alegría es cuando yo me monto en el teatro. Ahí es donde entra la verdadera realidad del arte".

Feliz cumpleaños, maestra.

2.10.26

FESTEA 2026 Inaugura su Vigésimo Segunda Edición con el disruptivo late show "Identidades Falsas, Risas Reales"

 

El Festival Teatral de Autor (FESTEA) inicia su vigésima segunda edición por todo lo alto con una propuesta escénica innovadora que fusiona la irreverencia de la televisión en vivo, el teatro de autor y la música. Este año, el festival está dedicado a honrar la obra y los aportes de dos grandes referentes de la dramaturgia universal y contemporánea: Luigi Pirandello y Karin Valecillos. 

La gran gala inaugural se llevó a cabo el 30 de septiembre a las 7:00 pm en el Hard Rock Café Caracas, transformándose en el escenario de una experiencia non-stop titulada Identidades Falsas, Risas Reales, un formato de revista nocturna donde la solemnidad se rompe para dar paso a la risa, el análisis de las relaciones y la celebración del arte escénico. 

Posterior a su apertura, el festival se realiza del 30 de septiembre al 11 de octubre, presentándose en Espacio El Galpón, ubicado en la Avenida Andrés Bello, y en Teatro Líder de La California. En esta edición se cuenta con la participación de 11 agrupaciones, entre las que destacan Mixturando Teatro, Theatron Venezuela, Teatro Siso y Sobretablas de Venezuela, además de la Productora Cultural Arte Sano, la Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo, la Agrupación Alma, Pasión y Tablas, y la Academia de Arte D´Zulialieb. La programación detallada se puede consultar en el blog oficial festea.blogspot.com. 

Oswald Pineda, Trasteo Teatro

La gala inaugural contó con la conducción del experimentado presentador Christian Dellepiane, acompañado por la atmósfera y mezclas en vivo de DJ Diamond Produce, el equipo técnico audiovisual conformado por Manuel Guevara, Alejandro Sanz y el director técnico Carlos Palacios, junto a la producción y logística a cargo de Dayana Gómez y Ademir Alfonzo. Las voces en off de Carlos Del Castillo y Manuel Guevara. El cartel reúne lo mejor de la comedia, el teatro y la música nacional, destacando la participación de los comediantes Dylan Araque, Vidaritza Perozo y Cheo Chiste, junto al showman Abraham Veronese transformado en la Guarachera de Cuba, Celia Cruz.

Maigualida Gamero
Asimismo, la noche contó con potentes bloques de monólogos estructurados en una adaptación al formato de stand up dramatúrgico, con intervenciones breves de exactamente 7 minutos cada una. Se presentaron la obra La Taconera (dirigida por Carlos Del Castillo y escrita por Jan Thomas Mora Rujano) y el monólogo de comedia romántica feminista Mujer Empoderada (escrito por Max Coloma y dirigido por Ademir Alfonzo), ambos protagonizados por la directora general y fundadora del festival, Maigualida Gamero. A ellos se suma Oswald Pineda, de Trasteo Teatro, interpretando el monólogo Las 10 mentiras más comunes de un gay (escrito por Junior Molina y dirigido por Armando Yánez). Por su parte, el toque melódico y romántico de la velada corrió por cuenta del cantautor Erick Uzcátegui, quien puso a cantar a todo el público con sus temas propios y un repertorio de covers inolvidables. 

Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo
participa con Las Mártiras

Como parte del sentido solidario del festival, además de adquirir las entradas, el público asistente a la gala y a las funciones podrá colaborar llevando un insumo para los afectados por el terremoto del pasado mes de junio, se solicita productos de higiene personal, medicinas nuevas y en perfecto estado, y /o útiles escolares. 

 

Esta vigésima segunda edición reafirma el compromiso de FESTEA de seguir apostando por formatos audaces que conectan directamente con el público contemporáneo.
 

Es de hacer notar que FESTEA, es un festival de corte competitivo que cuenta con jurados invitados y que impulsa a los artistas emergentes.

Instagram oficial: @festeavzla 

Blog del Festival: festea.blogspot.com 

La Reina: El acto mismo de consagración del presente


Foto cortesía Javier Campos

El teatro, la magia y la religión son rituales populares, algunos totalmente  lúdicos y otros sacros, porque aquellos seres humanos prehistóricos  inventaron los dioses, los crearon y a ellos les ofrecían sacrificios; de ahí nació  la magia y después derivó en religión. Y eso, por supuesto, ha evolucionado en  cada una de esas disciplinas. 

(Chalbaud, 2017) 

Por: Eloy Marchán. 

Los autores Peter Brook y Antonin Artaud trabajaron la noción de “lo sagrado” en el teatro. Artaud examina la forma de liberar la energía humana a través del  quehacer teatral, una forma de expresar el hecho ritual innato que fue  desapareciendo con el tiempo. Brook, además, propone al teatro sagrado como un  lugar donde lo invisible puede aparecer, hecho que consideró posible gracias a la  convención entre los espectadores y actores en un “espacio vacío” y que además  prescinde de la “cuarta pared” a la que estamos acostumbrados. A partir de estos  planteamientos, inicio el camino para aproximarme a lo “teatral sagrado”.  

Surge así, la oportunidad de trabajar en La Reina un texto dramático que  nace de la experiencia que su autora, Valentina Garrido, que cuenta ya con una lista  de reconocimientos en su carrera como actriz y que dio el salto a la dramaturgia  para darle vida a la Diosa venezolana, María Lionza. Aquí entra en la dinámica la  audaz dirección de Carlos Arroyo, actual director de la Compañía Nacional de  Teatro, con una vasta y reconocida experiencia que, al recibir la propuesta de traer  a las tablas la historia de la deidad yaracuyana, propone una mesa de trabajo con  la mirada puesta en que sea una experiencia posdramática donde la ficción pase a convertirse en la presentificación de una experiencia real compartida, para así pasar  de una obra con personajes y escenas cargadas de coreografías, a un monólogo  que, en el marco de lo sagrado posdramático, la convención plantea que "esto que  ocurre aquí y ahora, nos transforma a todos".


Mi trabajo como asistente de dirección, abarcó otras áreas para mí  importantes, brindar la orientación en lo relacionado al mito, ya que cuento con una  amplia investigación de 30 años en el tema, la dirección de arte y la realización de  los elementos usados por Garrido en escena. Hay detalles interesantes que no  debemos pasar por alto: A principios de la década de los 50 del siglo pasado, el  maestro Alejandro Colina presenta la escultura de María Lionza, una de las  imágenes más conocidas dentro y fuera del país. En 1956, el gran Alberto de Paz y  Mateos dirige María Lionza”de Ida Gramko, estrenada en noviembre del mismo  año. Obra que marcó un hito y es considerada uno de los puntos de partida y piezas  impulsoras del movimiento renovador del teatro moderno en Venezuela. Esta “farsa  en tres actos” explora el mito desde una perspectiva poética y humana,  confrontando la condición divina con los sentimientos humanos. Setenta años  después, en la sala “Román Chalbaud” del Teatro Alberto de Paz y Mateos, se  estrena La Reina, posterior a la declaratoria de su mito y culto como Patrimonio  Cultural de la Nación, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y el  Instituto del Patrimonio Cultural.  

¿Por qué La Reina regresa en una segunda temporada? Porque muestra  aspectos comunes que integran al ser venezolano y su sistema de creencias al  margen de las grandes religiones. Este tema presenta una ritualidad que no pasa  desapercibida ante distintos creadores en áreas como la música, la poesía, la  pintura y el teatro, disciplina que lo ha integrado en piezas como Caín Adolescente  (1952) y La quema de Judas (1965), de Román Chalbaud; Los pájaros se van con  la muerte (1975), de Edilio Peña; El inevitable destino de Rosa de la Noche (1980),  de Mariela Romero; Marilyn TEATRO SAGRADO, de mi autoría (2021), entre otras.  

En La Reina, la narrativa lineal se fractura para dar paso a la textura, el  gesto y el símbolo, afectando directamente los sentidos del espectador antes que  su intelecto. 

En Caracas, 01 de octubre de 2026.


30.9.26

Maracaibo: Solfami y Chaplinarium o El Gesto Biomecánico Circense.


Por Marvin Pirela

El Teatro Esencial sin dar tregua al público, nos invita de forma permanente a apreciar sus propuestas escénicas, extrayendo lo mejor de la vida corpórea de sus actores y actrices.

Otra vez, recurriendo a la anulación de la palabra, del verbo, del texto, aferrados a la memoria gestual de Charles Chaplin y de Buster Keaton, recordarnos la propuesta biomecánica de Meyerhold: el actor con todas las fuerzas del cuerpo y sus formas plásticas manifestadas en escena, dan vida a ese mundo encabritado de articulaciones internas circulares.

Apoyándose en el mundo del circo, aparece el ritmo y dislocación de la danza, la cabriola, el salto, el equilibrio, la distorsión, se conjugan armónicamente dónde siempre está consciente de su historial.

Recién acabamos de apreciar Solfami y Chaplinarium, vinculadas entre sí por los mismos conductores: trajes, el maquillaje y la música, marcando la pauta del movimiento corpóreo. La música subraya críticamente la omisión de las palabras en el juego de los personajes, con frenado de ritmos y combinaciones de tiempos escénicos.

Solfami, una cárcel con tres presidiarios que quieren escapar, pero constantemente se rinden ante el encierro y el intento constante de sumarse al concierto que nunca inicia en el eterno ciclo del ritual recurrente de una cárcel. El sueño de ser libre, pero no poder serlo, al ritmo del concierto permanente que recuerda que se está atrapado en una cárcel.

Chaplinarium, aferrándose a los mismos elementos escénicos del universo gestual y temático de Chaplin. Un homenaje a Chaplin: más actores y actrices, más color, música, ritmo, divertimento circense, sin el circo y su mundo.

El Teatro Esencial, hoy, se muestra como un equipo de actores, actrices y técnicos. cohesionado, robusto, con creaciones y direcciones colectivas. Este próximo sábado 03 de octubre, tendremos la oportunidad de apreciar Claroscuro, con el actor Isidro Morillo, una propuesta que he llamado, teatro de laboratorio, por esa extraña auto penetración de la búsqueda interior, de ser, donde se hace uso de la palabra y luego se omite la palabra. El teatro esencial tiene un elenco amplio y virtuoso.

Vaya de nuevo un reconocimiento al esfuerzo. Culmino resaltando el liderazgo de Ángel Marín e Isidro Morillo. La cita es este sábado, con Claroscuro en la sala de teatro de Arepa y Cacao.

27.9.26

Granada, Traición y Crimen: La fuerza del camino lorquiano

 


Por Maga Arellano

La herida y el pulso de una Granada rota.

Granada, Traición y Crimen, bajo la dramaturgia de Aníbal Grunn y las miradas entrelazadas de los directores Rufino Dorta, Carlos Arroyo y el propio Grunn, se despliega como un montaje teatral tan visceral que evoca los últimos días y la memoria de Federico García Lorca en su camino hacia Granada. La puesta en escena nos sumerge en la fuerza femenina de la madre, la luna, los amores, las raíces, la muerte y una transmutación poética que se niega a morir en silencio.

La profunda investigación de Aníbal Grunn nos introduce en un texto de pura fuerza del camino lorquiano, un trayecto irrevocable de herida y luz que cruza Granada para recordarnos que hay crímenes que la tierra jamás logra callar. Es sangre, pulso y destino sobre una Granada rota, un sendero de tierra y memoria donde la poesía atraviesa la sombra desafiando al olvido. Consolidado como un texto redondo y pulido, la obra nos devuelve al Lorca caminante no solo mediante la recreación de un crimen histórico, sino como el recordatorio inquebrantable de que su voz sigue desobedeciendo al silencio mientras se cuente su paso.

Lejos de la comodidad de la butaca tradicional, esta propuesta de la Compañía Nacional de Teatro se despliega de manera inmersiva donde nos despiertan los cinco sentidos. El público recorre diversas locaciones y recovecos del edificio, transformándose en un transeúnte más de esta marcha hacia la fatalidad. En una co-dirección, a tres voces uniendo los estilos distintos; pero magistrales de Dorta, Arroyo y Grunn, el montaje rescata el tránsito hacia la muerte como una huella indeleble, dotada de ese duende que Lorca siempre nombraba y que hoy sigue presente en cada espectador, tomando un rumbo de dirección muy cercano al lenguaje cinematográfico. 

Los cuadros de la memoria: Símbolos, cuerpos y poesía.

La dramaturgia se fragmenta magistralmente en seis cuadros escénicos de una potencia visual arrolladora, puro cine teatral donde la luz y la sombra esculpen el dolor:

Las lavanderas: La fuerza del útero: La escena arranca con la voz penetrante de Francis Rueda, un conjuro que atraviesa el pecho para anunciar a Lorca. De inmediato surge el actor Yoel Ramírez, en una interpretación delirante y profunda del poeta, danzando la locura y la demencia junto a un coro vibrante de fuerza ancestral de las mujeres que se entregan en escena; como el canto de gitana de Ariana León, Angelica Rinaldi, Eliné Mediastino, Sara, Escalona, Yisser Oviedo y todas que se funden como un solo útero. Un juego de luces cálidas envuelve este torbellino de agua que es la piscina espejo, el sudor y el dolor, mientras Dora Farías entona La Tarara con una danza lunática que disuelve la frontera entre la realidad y el mito. Las lavanderas con una fuerza cantan la Tarara y bailan con un movimiento circular de puro espíritu femenino, coreografía desde lo más adentro de la maestra Carmen Ortiz.  

El balcón, el canto y la poesía: Bajo el frescor nocturno, la escenografía se engrandece entre mesas, cantos y bailes que rompen la barrera con el público. Una iluminación cálida y vibrante impregna cada rincón de una atmósfera íntima, donde los Lorca aparecen descalzos, entregados a flor de piel para encarnar la palabra y la emoción del poeta, con su llegada a Nueva York, luego simulan la noche de baile y el canto, que resuena armónica en momentos donde se canta "Allá en Santiago" y desgarradora cuando los Lorca presienten "a las cinco de la tarde”. Es el respiro poético antes de que la sombra de la historia comience a cerrarse en el transcurrir de la obra. 

La batalla surrealista: Al amparo de los versos "Luna, luna del tiempo de la aceituna..." y el eco de "señor alcalde, sus niñas están mirando en la luna", la escena oscila hacia la tensión más descarnada. Se alza la figura imponente del teniente coronel de la Guardia Civil española interpretada por Jo Se, de una manera orgánica, cuya presencia se teje con los rayos de luna que cruzan la ventana, abriendo paso al desnudo del gitano, una interpretación visceral de Cesar Castillo, quien se entrega a la escena. Se exponen las contradicciones de una España criminal, la represión institucional frente al deseo prohibido y silente donde se cruza el amor clandestino del coronel frente a Lorca y una fuerza actoral femenina impecable, María Brito, Livia Méndez, Yendy Vegas y Yhan Media.

El Café de Chinitas: La atmósfera se traslada a la taberna gitana a través de un juego dinámico de sillas y una paleta cromática de rojos pasionales, azules hondos, verdes profundos y fucsias encendidos. Estalla la danza de los gitanos en una perfecta fusión de arte hondo, palabra y movimiento. Los cuerpos de las gitanas y los gitanos que se encuentran, dominando el humor negro en los personajes. Se ve la resistencia al folclorismo de postal, el flamenco aquí no es adorno, sino resistencia cultural. La fuerza de los bailes y cantos nos recuerdan que el arte de Lorca brota de la sangre y la entraña del pueblo gitano.

Bodas de sangre: El pulso dramático alcanza su cénit con la tensión del cuchillo, el desgarrador canto lírico de Omar Churion y el compás seco del cajón flamenco del gitano Miguel Ángel Treccia. En medio de un azul frío y cortante, el actor se desvanece con mirada poseída, mientras toca para dar entrada a Yurahy Castro, quien invoca la fuerza telúrica y una Yemayá León con una catarsis devastadora en su llanto. Los vestuarios de esta escena son sublimes. 

El fusilamiento y el eco eterno: Con el sonido ominoso de una marcha militar, la tragedia se precipita ante el intento infructuoso de Pepín interpretado por Sebastián Quevedo con una intención un poco inofensiva, quien avisa la ejecución. El eco de los disparos derriba a los Lorca con los ojos vendados, en los brazos de las mujeres, recreando una sobrecogedora imagen de la Piedad y la cruz. Bajo luces cálidas, entre llantos y música envolvente, la mujer contempla a cada actor, descubriendo en ellos la esencia más pura de la obra.

El hilo conductor y la trascendencia del mito.

A lo largo de este viaje visceral, la mirada del espectador es guiada por la presencia imponente del guardia civil español, interpretado con magistral autoridad por Jesús Plaza. Con una mezcla perfecta de fuerza y rigor, Plaza se convierte en el hilo conductor que vertebra la obra, transitando por los abismos de la tragedia y logrando, paradójicamente, empatizar profundamente con el público a través de su paso marcial y su mirada vigilante.

Hacia el final, el actor Aníbal Grunn, desde un ritmo de caminar pausado, invoca el sueño de las manzanas en una reflexión profunda sobre la muerte y el destino de Lorca. Es el anhelo de volver a la naturaleza, a la mirada inocente del niño en altamar y al amor de piel morena dejado en Cuba, pidiendo que sepan que el poeta no está muerto, que vive en nosotros y que todos somos Lorca.

Cada imagen se cristaliza en la figura de Lorca y la madre como una escultura viva de la Piedad de Miguel Ángel. Esta figura acoge al poeta para encarnar tanto el dolor de las madres dolientes de su dramaturgia como a la Madre Tierra y a la propia Granada, que purifican y consagran el cuerpo destrozado de su hijo más lúcido. 

La verdad viva de un mito indomable.

Este montaje no es una simple recreación biográfica; es un acto de justicia poética. Desde el primer latido, la investigación dramatúrgica y el rigor escritural de Aníbal Grunn se conjugan con una dirección de actores deslumbrante, capaz de extraer de cada intérprete una verdad tan carnal y lacerante que trasciende el hecho teatral.

Aquí hay una fidelidad absoluta al espíritu de Federico García Lorca, a su vida, a su trágica muerte, a sus batallas íntimas y a sus amores inconfesables. Pero lo que verdaderamente engrandece esta propuesta es su profundo respeto por los códigos andaluces y el alma de Granada. Lejos de cualquier estilización comercial, de vestidos de lunares, o zapatillas de flamenco sevillana, la obra se arraiga en la verdad del flamenco del Albaicín, ese que prescinde de misterios y se compone del sonido real de las pulseras al compás, del roce seco de las faldas lisas y de las camisas ondeando al compás gitano, la que se vive dentro de la taberna.

Cada elemento de esta puesta en escena, desde una escenografía viva hasta un vestuario que huele a tierra mojada, pasando por una iluminación que corta el alma y un diseño sonoro milimétrico, honra la memoria de quien supo ver el dolor del mundo con ojos de niño y comprensión de genio.

Es, sin lugar a dudas, la obra más fiel y respetuosa que se ha hecho sobre Federico García Lorca en Venezuela. Un recordatorio urgente de que su poesía, su lucha y su legado pertenecen por entero a la humanidad.

Granada, Traición y Crimen es un ejercicio de justicia poética y un triunfo de la dirección colectiva en la escena venezolana. Lejos de quedarse en la simple narración o en el drama biográfico

convencional, la obra logra que el mito de Lorca transite a flor de piel, recordándonos que su voz sigue desobedeciendo al olvido. Es un montaje redondo, visceral e imprescindible que honra la memoria de uno de los grandes creadores del siglo XX.  Es un acto de total transmutación donde el público deja de ser simple testigo para sentirse, piel adentro, parte de aquella tragedia. 

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...