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31.3.26

Secuestro Rosa: Mujeres al borde de un ataque de angustia, por Leonardo Guilarte Lamuño

Mujeres en un ataque de angustia


Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 21 de marzo de 2026

Esta obra comienza diciéndonos que lo que estamos viendo es teatro; no hay un diálogo que lo exprese, pero la forma de actuar es teatral, el escenario nos remarca que es teatral y hasta el sonido nos remite a lo teatral. Es como si nos dijera “Mira, acabas de empezar a ver una obra; la idea es que la disfrutes y que además pienses; que esto es teatro ¿sabes?”

Ese inicio, me lleva a recordar afiches en Instagram, de cuentas sobre teatro que están brindando información y conocimiento valioso; entre ellos, las diferencias entre el teatro de Aristóteles (bueno, lo que él veía) y el de Bertolt Brecht. Que Aristóteles con lo de la catarsis nos lleva a vivir una experiencia de la que no salimos con una toma de consciencia y por el otro lado, nuestro amigo alemán y comunista, con su teatro épico, busca que le paremos bolas a la vida y pensemos un poco.

El maestro Elio Palencia, mucho antes de que se hicieran estos afiches, parece que decidió fusionarlos; porque el libreto nos distancia y nos imbuye en este secuestro que en España llamarían cutre. Rufino Dorta, como director, comprendió a la perfección este tejemaneje en el que entramos y salimos, nos olvidamos de nuestras vidas y de repente pensamos.

Los personajes de esta comedia, que confirma aquello de que los mayores dramas vienen en comedia, son 8 mujeres, 3 hombres y un Hada Madrina. Con ellos, Palencia hace de Médico Radiólogo y nos da dos radiografías, la de las mujeres y la de lo empresarial – económico – político - social. Rufino, por su parte, hace de maestro de ceremonia kitsch, con mucha influencia del pop, unos toques de Tercer Cine (aquello latinoamericano que todavía tiene vigencia y urgencia) e irreverencia delirante.

El texto es producto del Taller con el 3er curso, del Taller Nacional de Teatro, del Grupo Rajatabla, de los años 1989 – 1990. Así que, viene dos años  después de que Pedro Almodóvar, estrenara Mujeres al borde de un ataque de nervios y con ella nos acercara a la desesperación de las mujeres españolas, pues la película es de 1988; ocho años antes de que Alejandro Saderman, presentara el film Cien años de Perdón, en el que Saderman nos muestra la insensible mentalidad de los banqueros y de cómo el pueblo no tiene suerte ni siquiera cuando se quiere vengar; trece años antes de que el dramaturgo catalán Jordi Galcerán, escribiese El Método Grönholm y nos introdujera en lo inhumano de las personas que dirigen los departamentos de Recursos Humanos en Europa; veintiún años antes de que Jennifer Aniston, se metiese en la piel de una odontóloga acosadora sexual en Quiero matar a mi jefe, película de Seth Gordon, en la que se denuncian injusticias laborales que constituyen violación a las leyes; 31 años antes de que Michael Keaton, protagonizara la serie Dopesick, sobre la incitación a la adicción a los opioides por una empresa farmacéutica; treinta y tres años antes de que  Martin Scorsese, con “Los asesinos de la luna” nos mostrará cómo la oligarquía estadounidense va acabando con los indígenas para quedarse con su territorio y el petróleo que hay debajo de este. Creo que es más que evidente que el capitalismo (y en ocasiones su versión neoliberal), va destruyendo la vida de la gente, que en el caso de Secuestro Rosa se visibiliza en ese universo femenino tan variado como complejo.

Beatriz, Nancy, Irma y Ana Cecilia, han secuestrado a La Licenciada, para poder recuperar sus empleos en la empresa Vulbidisch S.A. Las cuatro son vendedoras de esa corporación extranjera que, debido a las medidas económicas neoliberales, está realizando una reducción de personal.

¿A quién carrizo se le ocurre secuestrar a una Gerente General para recuperar un empleo de mierda en una empresa que evidentemente es un gran fraude? A las protagonistas de esta comedia, a la cual deberías ir con pañal para que no te orines en la butaca.

Cuando uno como dramaturgo, se baja de la nube y reconoce, así, de manera natural y cruda, que los seres humanos, más que humanos lo que somos es un montón de gente estúpida y que es eso lo que nos hace humanos, alcanzamos el nirvana; luego de esta parte, viene lo de verterlo en papel (así sea en digital) y con forma de libreto. Esto fue lo que hizo Palencia ¿Ven por qué le llamo maestro?

Clase número uno para quien desee dirigir teatro (vale también para cine, pero tienes que pagar más, porque el cine tiene un aura de glamour y eso cuesta plata): toma lápiz y papel (no lo puedes hacer en computadora o algún dispositivo digital) y escribe “Menos es más, menos es más, menos es más” y así sigues hasta que hayas hecho un millón de planas.  Supongo que Rufino las escribió todas.

El texto da para que te vuelvas loco (o loca) y empieces a meter un montón de cosas y a buscar tener una escenografía “espectacular” y utilizar todo el escenario, tanto en lo profundo como en lo amplio y haces algo “grandioso”, pomposo, “maravilloso” y con gigantescas pantallas de video, que parezca que tienes mucha cultura de teatro contemporáneo, actual, postmoderno y experimental, gótico y regótico; y entonces viene alguien y te dice que pusiste la torta porque no reflejaste el mundo interior de los personajes.

Que conste que en el primer párrafo escribí que la obra comenzaba “diciendo” esto es teatro, es decir, esto viene con humildad. Esta obra son los personajes y lo que puedes extraer de ellas. ¿Qué son? Angustiadas, desesperadas, asfixiadas, aterradas, fracasadas, frustradas, enloquecidas, atrapadas, tiernas, sensitivas, esperanzadas, solidarias. La escenografía al ser un espacio dentro del escenario, las encierra; que es como ellas están en su interior; la pared rosa de plástico transparente, impide que los personajes que estén detrás de ella se vean nítidamente (Madre, Goyo, Antonio, Amiga), pero es que ellos no están nítidamente en la vida de cada una de ellas; que las coreografías no utilicen todo el espacio a lo largo, ocasiona que fijemos la mirada en ellas, que estén más presentes en uno como público y que ellas se sientan más como grupo; que no se emplee toda la profundidad de una sala atractivamente profunda, nos refuerza que son seres sin futuro; que el vestuario sea muy colorido, muy de comercial de televisión, como la fachada que ellas muestran aunque su interior es casi monocromático, nos hace inevitable sentir el dolor que las acompaña. Menos es más.

Que el Ama de Casa y el Hada Madrina, estén interpretadas (espectacularmente) por hombres; nos recuerda que no hay que ser Tarantino para tener un gran sentido del humor. Esto es como algo de un David Lynch chaborro; como si los personajes de la serie “Twin Peaks” se volviesen todos enanos. Metamos al John Waters de “Pink Flamingos” en una licuadora, echemos un poco de ese desparpajo del Cine de Oro mexicano, pongamos dos gotas de Teatro Chacaíto, una pizca de “Machete Canibal” de Francisco Denis y Río Teatro Caribe, aderecemos con “Tropical” de Gregorio Magdaleno y cerremos con la libertad de José Simón Escalona en “Marilyn, la última pasión” y vamos a tener estas escenas de divertimento que no paran de sorprender y hacerte reír. La mejor idea, fue haber llamado a actores para estos papeles y además no tenerle miedo al ridículo. Es muy grato ver una obra que se sale de la Caracas de Teresa de la Parra y su Ifigenia.

Impecables, acertadas, eficientes, divertidas, adorables; así son las interpretaciones de Dora Farías, Yurahy Castro, Angélica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza y Omar Churión. Farías es sólida como La Licenciada, aporta la templanza de esa mujer que ha llevado palos hasta por debajo de la lengua y los ha superado, y aun así, le queda algo de sensibilidad y hasta de cierto pudor; Yurahy, convence como Beatriz, la líder que está más sola que la una, la que tiene consciencia social y política, la que busca una última oportunidad; Angélica, realiza un registro muy diferente al de La Lección de Ionesco, dirigida por ella (y que acaba de culminar temporada en el Centro Cultural Chacao), en este caso, Nancy tiene cansancio en vez de erotismo, dolor en lugar de inocencia; Yendy, pasó de la Muda en La Quinta Dayana a interpretar a esta madre, ex esposa, vendedora, que aterrorizada por la soledad, lo único que busca es un poco de compañía; Ariana, como Irma, conmueve, divierte, oscila entre la expresión más dolorosa y el diálogo más gracioso, la escena de su desmayo es quizá la mejor de la obra; Jesús y Omar, no se roban el show, porque la pieza es tan equilibrada, que incluso con unas actuaciones tan desternillantes, no opacan al resto del elenco.

Ese equilibrio es fundamental, porque el libreto es coral y se mueve entre meternos de lleno en lo que está pasando y sacarnos para que percibamos con cierta distancia. El manejo del relato no lineal, tanto en el libreto como en la obra, está logrado; está tan nutrido el mundo de las mujeres como el contexto, que los cambios de tiempo, como van anclados a ello, no se sienten como algo que perturbe o que irrumpa de forma innecesaria, muy al contrario, están muy bien utilizados en el texto y manejados en la obra.

Las actrices componen un mural que conmueve. Es que lo que se han calado las mujeres no es cosa fácil. Hace unos días, en una sesión del Taller de Crónicas, dictado por la Profesora Mirla Alcibíades, en el Centro Nacional de Estudios Históricos, y en el que estoy como Estudiante, la profe nos contaba que hasta 1830, la Iglesia Católica en Venezuela le tenía prohibido leer a las mujeres; sólo les permitía que leyeran las Vulgatas, los Misales y las Vidas de Santo ¡Coño, ni siquiera la Biblia! Así es muy difícil vivir.

Secuestro Rosa nos habla de lo secuestrada que han estado las mujeres, en sus familias, trabajos, relaciones sociales; en una época en la que el neoliberalismo hizo estragos en la región; este grupo de actrices, en este excelente espectáculo de Chabasquen Producciones, nos pasea por la dureza que se genera por las exclusiones y los engaños, la desesperación, las contradicciones que parecen muy tontas, pero que están ligadas a la dependencia emocional y en muchos casos a la material, ver como la vida te da cachetadas todos los días, unos porque sí y otros porque también, hay desasosiego, clamor, confusión, eso de dejarse llevar a ver qué tal, porque así por lo menos se hace algo diferente.

Las mujeres siguen siendo explotadas, ignoradas, golpeadas física y psicológicamente, excluidas, alejadas, minimizadas. Esta obra grita que paremos, que nos bajemos del mundo un rato y veamos lo que hemos estado haciendo; aquí hay un alarido, que si uno pega el oído va a poder escuchar que están gritando ¡Basta!, ¡No más!, ¡Ni una más! El mundo se nos está yendo al infierno y una de las razones de este viaje, es que nos seguimos empeñando en no comprenderlas, sentirlas y amarlas como se merecen y desean, y esto también las incluye a ellas, que en muchos casos se hacen demasiado daño.

Hay algo que no comparto, aunque lo respeto: la época de la obra, que es la actual. Esto viene de una preocupación con lo nacional, somos un pueblo sin recuerdos, sin memoria, sin internalización de procesos de diversa índole; es que es muy difícil asimilar algo si se le borra. Para mí es fácil, hacer el paralelismo 1990 – 2026; pero un muchacho de 20 años, dudo que lo haga, porque están saliendo con una pésima formación en el bachillerato y la universitaria no se queda atrás. Si la obra se representa en la época en la que fue escrita y que uno como público viaje a esos años durante hora y media, al “regresar” al presente, se podrán ver las coincidencias: maltrato a la mujer, desesperación, políticas económicas en contra del pueblo y a favor de las grandes empresas, insensibilidad, problemas sociales productos de esas decisiones, falta de soberanía e independencia. Quizá se salga de la sala con cierta indignación. Y bueno, es que de los dos amigos, el alemán comunista es el que se me hace más afín. Para cambiar algo, primero hay que reconocerlo.

 

FICHA
Agrupación: Chabasquen Producciones
Dramaturgia: Elio Palencia.
Dirección: Rufino Dorta.
Actuación: Dora Farías, Yurahy Castro, Angélica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza, Omar Churión
Asistencia de Dirección: Alejandro Capote.
Producción: Arístides Muñoz, Jason Hernández, Carla Báez.
Musicalización: Chabasquen Producciones
Iluminación: Alejandro Martínez.
Vestuario: Sara Escalona.
Aéreos: Richard Marín.
Coreografías: Yoel Rodríguez.

Leonardo Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios (@cursos.solidarios).

30.3.26

Día Mundial del Teatro en el Teatro Alberto de Paz y Mateos

 

Por Dora Lucena

La iniciativa de celebrar el Día Mundial del Teatro fue promovido por el Instituto Internacional del Teatro (ITI). Este organismo, dedicado al desarrollo del teatro, nació en la Primera Conferencia General de la UNESCO (1946) donde se aprobó por unanimidad una resolución destinada a la creación de esta organización.

La fecha elegida para celebrar el Día Mundial del Teatro es el 27 de marzo, por una razón histórica y simbólica ya que coincide con la fecha de apertura de la temporada de 1962 del "Teatro de las Naciones" en París. Este evento era un festival de gran relevancia internacional que buscaba unir a las naciones a través de las artes escénicas tras la Segunda Guerra Mundial. La propuesta fue presentada durante el Congreso Mundial de 1961 en Viena y fue aceptada de inmediato.

Desde sus orígenes, el ITI se propone promover el teatro en todas sus manifestaciones alrededor del mundo. Gracias a un conjunto de diversas iniciativas entre las que destacan las representaciones, los talleres y sobre todo, la lectura del Mensaje del Día Mundial del Teatro, esta fecha, se ha consolidado como un acontecimiento de especial relevancia para la comunidad teatral.

Cada año el ITI, invita a una figura destacada para compartir sus reflexiones sobre el teatro. En 1962, en el que fue su primer año, fue seleccionado el francés Jean Cocteau; en 1963, a Arthur Miller, de Estados Unidos; en 1969, a Peter Brook del Reino Unido; en 1992, a Arturo Uslar Pietri y, en 1995, Humberto Orsini, ambos de Venezuela. En 2009, la invitación fue para Augusto Boal de Brasil; para el 2013, le correspondió a Darío Fo de Italia. Y este año 2026, el estadounidense Willen Dafoe fue el seleccionado para las palabras del Día Mundial del Teatro.

Secuestro Rosa

Aquí en Venezuela, la Compañía Nacional del Teatro, organizó una serie de actividades en prácticamente todo el territorio nacional: monólogos, lecturas dramatizadas, obras, bautizos de libros, entrega de reconocimientos, conversatorios y por supuesto, lectura del mensaje.

En Caracas, las actividades organizadas en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, contaron con la presencia del Ministro del Poder Popular para la Cultura, el periodista Raúl Cazal, la Viceministra de Cultura, Karen Millán, el rector de UNEARTE, Ignacio Barreto, María Alcira Matute e importantes personalidades del quehacer teatral de la ciudad.

Secuestro Rosa

Las actividades comenzaron con la lectura del Mensaje del Día Mundial del Teatro por parte de la actriz Dora Farías integrante del elenco estable de la CNT. Posteriormente, se realizó el bautizo del libro “Dramas de la Patria” escrito por el escritor, historiador, ensayista y dramaturgo venezolano Luis Britto García. Esta primera parte finalizó con palabras de Carlos Arroyo director de la Compañía.

Posteriormente, se presentó la excelente obra Secuestro Rosa, escrita por Elio Palencia bajo la dirección de Rufino Dorta. Actuaciones de Dora Farías, Yurahi Catro, Angelica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza y Omar Churión.

29.3.26

Crónica: De cómo la Agrupación Teatral Coordinación, San Felipe, celebra el Dia Mundial del Teatro 2026, por Elsy Loyo

 

La Agrupación Teatral Coordinación en San Felipe, Yaracuy, celebra el 27 de marzo, Día Mundial del Teatro con la luz del corazón del Círculo de Lectura Interactiva en Honor a La Mujer, con lectura de piezas de Xiomara Moreno, Lolimar Suárez y Nelly Oliver.

Este 27 de marzo se celebró el Día Mundial del Teatro y en La Agrupación Teatral Coordinación en la ciudad de San Felipe, Yaracuy, Venezuela lo celebramos de una manera especial. 

Lo celebramos En Honor a la Mujer en nuestro Círculo de Lectura Interactiva, con Dramaturgia Nacional Femenina. Nuestras invitadas especiales fueron Xiomara Moreno, Lolimar Suárez y Nelly Oliver, importantes y reconocidas dramaturgas del teatro venezolano.

Este día abrimos las puertas de la Sala Coordinación para esperar a la gente, a la gente bonita de siempre, y a la gente nueva que vendría a celebrar con nosotros este día conmemorativo.

Los preparativos comenzaron desde el primer mes del año y se concretaron en el tercer mes porque el Círculo de marzo era especial. Un Círculo donde, además de leer y degustar algunos bocaditos dulces y cafés, tendría sabores distintos.  Sabores que vendrian inspirados en el gusto de nuestras autoras invitadas, así como la música predilecta y también algunos de sus aromas favoritos.  Ello nos permitiría acercarnos a ellas aún más. Como si a través de estos elementos, nos dijeran: “Aquí estamos. Léannos y también siéntannos”. Así que proseguimos el trabajo en esa dirección.

En el camino, dentro de todo lo pendiente a organizar para esta entrega, nos regia la premisa proveniente de nuestro propia visión en este programa de cómo se diversifican Los Círculos para su concreción y realización.

Y los Círculos Especiales tienen la particularidad que se realizan ¡dentro del escenario, con luces y sonido y éste no era la excepción. La experiencia previa el año pasado 2025, con los Círculos Especiales de Zárraga y Lorca, y García Gámez y Cabrujas eran nuestra guía.  Pero nos inquietaba que el de este 27 tenía un ingrediente nuevo:  ¡Transmisión en vivo! Por tanto era un componente más, De relevancia que resolver. Tomamos, entonces las acciones pertinentes para tal fin.

Nos establecimos metas: tener todo organizado en la Sala la mañana del día 26. Y en horas de la tarde, de ese mismo día, ensayo previo de todo lo técnico y musical, tanto lo acústico como lo grabado, incluyendo una prueba En Vivo.

Llegó el 26 de Marzo. Y en la mañana: Meta cumplida.

¿Y en la tarde? ¡Oh, sorpresa! ¡Oh, sorpresa!.

¡Nos conseguimos sin luz! 

Prueba técnica: derogada.

Tomamos lo acústico musical y ensayamos. Y con ello, una prueba del en vivo.

Meta de la tarde: a medias.

Nos fuimos conjurando la luz para el día siguiente. Y con esa sensación extraña e incomoda que te causa la incertidumbre...

Amaneció el 27. Radiante sol. Llegamos a primerísima hora de la tarde a la Sede, con tareas pendientes.

¡Hay luz!  ¡Alegría! Nos ocupamos.

Antes de la hora prevista comienzan a llegar algunos de los invitados. Finalmente, todo está listo. Damos Sala. Entran con alegría y entusiasmo. Se puebla el Círculo.

Comenzamos. Hacemos la introducción, la bienvenida y la explicación del día que nos convoca.  

Luego abrimos el momento para hablar sobre nuestras invitadas, quienes son y su importancia en el teatro venezolano.  Hablamos sobre la vigencia que cada una de ellas ha tenido y tiene en la actualidad, tanto en su dramaturgia, como en el quehacer teatral que cada una desarrolla en el día a día como aporte invaluable en Venezuela al desarrollo de este hermoso arte que hoy nos reúne: el teatro.

Acto seguido, nos disponemos a hacer la primera ofrenda musical  inspirada en una de nuestras dramaturgas y…

¡Oh, sorpresa! ¡Oh, sorpresa! ¡!Zas!

¡La luz… desaparece!

¡Nuestro conjuro no funcionó!

¡Grito colectivo!  Grito de distintos matices, timbres y colores…

Pero, casi al unísono del grito, todos los presentes iluminaron el espacio, no sólo con las luces de sus teléfonos sino también con la de sus corazones, abriendo la energía y la disposición para seguir con la ofrenda.

Y así sucedió… la música se hizo presente. Los boleros se apoderaron del lugar coreados por sus voces, en sinergia, en comunión.

Luego de este sentido momento, y entendiendo que la luz eléctrica no llegaría pronto, nos trasladamos a la entrada de la Sala para poder  continuar.

Confieso sentirme con coraje e impotencia por lo acontecido y al mismo tiempo, conmovida y agradecida con toda esta gente linda que con su mejor actitud nos aupó y seguía aupándonos a seguir, aún con la altísima temperatura y con el poco espacio en el living para la cantidad de asistentes al Encuentro.

Reacomodamos el Círculo. Bien pegaditos los unos a los otros. Y entre degustaciones de torta de piña y de chocolate, en honor a Nelly y Xiomara, con el concebido café y brindando también con un rico batido de mango, homenaje a Lolimar y Nelly, transcurrieron las lecturas.

El Puente y Rouge Cabaret de Lolimar Suárez; Casandra toca mi puerta y Singular de Nelly Oliver y Perlita Blanca como sortija de señorita, Geranio y Manivela de Xiomara Moreno hicieron sus galas.

Es una ronda bien nutrida, entusiasta, llena de matices, en diversas voces y aperturas. Continua una tertulia cargada de reflexiones, y puntos de vista sobre: la concepción de la vida, el poder, la percepción de si mismo con relación al paso del tiempo, la relevancia del rescate en una historia, de un acontecimiento importante y trascendente en el país, en una época determinada. Y no falta el uso del sarcasmo y el humor.

Mientras esto sucedía, la transmisión en vivo se llevaba a cabo, aún sin luz, desde un teléfono celular manejado por una de nuestras compañeras de equipo, quien transitaba entre nosotros, tomando distintos ángulos, para capturar lo más posible.

La sensación de saber que el Circulo se multiplicaba a través de este medio y podía conectar a otros, en otros lugares a este encuentro, era una sensación de compañía y a la vez de expansión. El Círculo estaba en ese instante en San Felipe y en apertura al resto del país y el mundo. Y eso es una buena sensación.

Avanzaba la tarde, ya casi era noche. Aun no llegaba la luz. Había que culminar con lo previsto: un cierre musical. De Festejo. De Celebración. Tomo la palabra y anuncio un fragmento de Oh, ¿qué Será? de Chico Buarque. Cantado en vivo. Percusión y Voz. Invitando a hacer el coro a los asistentes.

Una provocación para la danza y canto abierto, aceptada con entusiasmo. Sus voces, plenaron el lugar y sus cuerpos danzantes se unieron como una invocación dionisiaca, exorcizadora, en honor y festejo del Día Mundial del Teatro, a la mujer y a la vida.

En algarabía plena terminó este Círculo de Lectura Interactiva. La luz la trajo la gente dentro de si superando lo adverso del momento y convirtiéndolo en comunión. ¡Gracias!

Es por lo que aún seguimos haciendo este camino. Muchas veces sin entender muy bien cómo podremos seguir transitándolo cuando cada día existen más factores que obstaculizan y que se escapan de nuestras manos.

Pero personas como las de este día, 27 de marzo de 2026, que acuden al llamado y abren de manera tan vívida y especial, nos siguen sosteniendo…y afirmando los caminos. Así que… seguimos y seguimos.

Ahora sólo puedo agradecer: A todos y cada uno de los miembros del equipo de la Agrupación Teatral Coordinación por este Encuentro. Al personal de apoyo que proporciona el ICEY.  

Y agradecer en especial a todos y cada uno de los asistentes que con su presencia, energía y entusiasmo hicieron posible lo que en las circunstancias que se presentaron podría haber sido improbable. ¡Gracias!

A Xiomara Moreno, Lolimar Suárez y Nelly Oliver por su apertura.  ¡Gracias!

A Pablo García Gámez y a Hernán Colmenares por estar siempre prestos a hacer visible este espacio.  A Ingrid Parra por la promoción especial en San Felipe a este Círculo del 27 de marzo. ¡Gracias!

Y a todos lo que se conectaron de manera remota en esta primera transmisión en vivo. ¡Gracias!

Gracias a todos desde el corazón.

La noche ya casi termina, va entrando la madrugada.  Sigo movida por todo lo vivido. Dentro de mí… canales abiertos donde gravitan todos, y todo lo acontecido… emociones… conmociones.  La luna me ve por la ventana.

Nos vemos en el próximo Círculo.

Respuesta a los desaciertos y reflexiones innecesarias del dramaturgo Diego Fernando Montoya Serna, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

Respuesta a los desaciertos
y reflexiones innecesarias del dramaturgo
Diego Fernando Montoya Serna

por Carlos Rojas

Especial para Miradas al Escenario

 

Imagen del artículo publicado en Territorios Escénicos del CELCIT

En un artículo reciente, el dramaturgo colombiano Diego Fernando Montoya Serna, galardonado con el Premio Nacional de Dramaturgia 2025 en su país, responde de manera particularmente enfática a algunas de las observaciones críticas que formulé sobre varias obras de la escena bogotana.

He leído su extensa reflexión con detenimiento y confieso que también con cierta curiosidad intelectual: siempre resulta interesante observar cómo reacciona un autor cuando la crítica abandona el terreno de la adulación y decide entrar en el del análisis.

Más aún cuando se trata de un creador que ni siquiera aparece mencionado en el artículo que decide desacreditar. Ese detalle, lejos de ser anecdótico, dice bastante sobre el termómetro de la susceptibilidad que a veces rodea al ejercicio de la crítica en Bogotá.

Esperaba hallar una respuesta que arrojara alguna luz sobre los puntos en discusión; en cambio, encontré un texto que prefiere bordearlos. Allí donde podría haber una confrontación de argumentos expuestos en Desaciertos en la escena bogotana, aparece más bien un despliegue enciclopédico de citas y autoridades que sustituye la discusión por su falso alarde.

No se trata, en rigor, de un análisis crítico del artículo que lo motiva, sino de una larga divagación discursiva destinada quizá a impresionar a lectores poco familiarizados con estos autores. La erudición, aquí mal empleada, no reemplaza al argumento. Y cuando la cita ocupa el lugar del pensamiento, lo que se obtiene no es una reflexión como respuesta, sino apenas una maniobra cargada de mala fe destinada a distraer del problema central.

Por esa razón he decidido responderle, no porque su texto lo amerite en proporción a su calidad, sino porque lo cuestionado aquí todavía me motiva a hacerlo y merece que se despeje el humo de las susceptibilidades heridas.

1.- Le agradezco sinceramente que haya reaccionado con tanta vehemencia frente a mi escrito. Su reflexión no demuestra que mi análisis sea correcto, pero sí que el problema que plantea merece ser discutido. Si un artículo sobre los desaciertos en la escena teatral bogotana logra desatar semejante despliegue mediática, es porque no cayó en tierra estéril.

El silencio habría sido una respuesta más inteligente; la sobreactuación, en cambio, delata una inseguridad intelectual de la que presume su falaz intervención.

2.- Su respuesta no rebate ninguno de los argumentos centrales de mi artículo. No discute ninguna de las fórmulas dramatúrgicas, no confronta la ausencia de riesgo conceptual que señalé en varios montajes y tampoco aborda el problema del aplauso autocomplaciente que con frecuencia circula dentro de los mismos circuitos de legitimación teatral.

En lugar de ello, recurre a una artimaña bien conocida en la historia de las polémicas intelectuales: desplazar el debate desde el contenido hacia la legitimidad del interlocutor. Cuando no se desmonta un argumento, se intenta desautorizar a quien lo formula. Es una estrategia desgastada y, por lo mismo, fácilmente identificable.

La crítica conviene recordarlo no requiere permiso de la obra ni la bendición de sus creadores para existir. Su función no es proteger sensibilidades ni custodiar prestigios, sino pensar la escena. Cuando este desplazamiento ocurre, la discusión deja de ser estética para convertirse en un gesto de defensa gremial. Y el teatro, como cualquier práctica artística viva, debería poder soportar algo más que el aplauso y las palmaditas complacientes de sus propios círculos.

3.- Usted afirma que mi artículo carece de rigor. Hubiera sido estimulante que precisara dónde radica esa supuesta carencia. Pero, imposibilita señalarla y se refugia en autoridades ajenas para presumir sus conocimientos y deslumbrar a los desconocedores de estos teatrólogos citados.

No desmonta un solo párrafo. No rebate una premisa. No cuestiona una conclusión con antecedentes o contraargumentos. Se limita a adjetivar. Y el adjetivo, cuando no está sostenido por análisis, es argumentación fatua. Citas muertas.

4.- No me atribuya intenciones que no he escrito. Mi texto no fue un ajuste de cuentas ni una diatriba personal. Fue un ejercicio crítico sobre ciertas dinámicas de la creación que atraviesan buena parte del panorama teatral capitalino.

Si usted se sintió aludido y decidió convertirse en paladín de la escena bogotana, quizá convendría preguntarse por qué. El artículo no personaliza a nadie; habla de procesos creativos y examina teatralidades, discursos y resultados escénicos, recordando algo elemental: en el territorio de la crítica ninguna obra ni creador son intocables.

5.- Confundir subjetividad con arbitrariedad es un desliz teórico bastante común en su escrito. Toda crítica parte de una mirada situada, pero eso no la invalida. Lo que la legítima es la argumentación. Mi texto está sustentado en los montajes observados y analizados durante meses; plantea una hipótesis, desarrolla ejemplos y señala procedimientos escénicos. Que usted no comparta la tesis es legítimo. Sustituir la discusión estética por un ataque personal, no.

6.- Hay algo casi entrañable en su tono didáctico, como si necesitara explicarme qué es el teatro. Créame: no necesito que se me explique qué es el teatro latinoamericano. Lo observo y lo estudio desde hace más de treinta y cinco años. La diferencia es que no lo idealizo. Lo pienso y examino.

El verdadero enemigo del teatro no es la crítica ni un crítico incómodo, sino la complacencia hipócrita de los aduladores. No es la mirada extranjera que interroga, sino el aplauso automático que persiste. Y de esa ausencia de pensamiento crítico sí padecemos.

7.- Hay además un problema elemental que su reflexión evade: la lectura parcial. Usted construye su irrisoria argumentación a partir de un solo texto de mi autoría como si ese artículo agotara mi mirada sobre el teatro colombiano. Confundir un escrito con una totalidad siempre facilita la contradicción, pero no corresponde a la realidad.

En el mismo período he publicado, entre otros: Panorama teatral bogotano: diversidad, memoria y riesgo escénico, Segunda mirada al panorama teatral bogotano, La nueva escena teatral colombiana, ¡Esto vi!, Punto cadeneta punto, Teatro La Candelaria: 59 años de resistencia y Una mirada crítica a cuatro escenarios.

Textos donde examino procesos, reconozco búsquedas y, cuando corresponde, también señalo las zonas que necesitan reforzarse. La cartografía crítica está ahí. Lo que no aparece en su artículo es la voluntad de leerla.

Si le interesa ampliar la mirada, lo invito a visitar mi blog
https://mipuntodevistacritico.blogspot.com/ donde podrá encontrar todos los artículos dedicados al panorama teatral bogotano y leerlos en su contexto completo.

8.- Hablemos de las citas. La teoría no reemplaza el análisis; lo ubica. Cuando la cita sustituye la lectura de la obra, deja de ser marco conceptual y se convierte en defensa argumental.

Citar no es pensar, y mucho menos argumentar. La erudición no se mide por la cantidad de escritores convocados, sino por la capacidad de articularlos en una idea propia. Cuando la cita sustituye al argumento, se convierte en simple barroco discursivo. Y el teatro, al menos el que aspiramos a cartografiar, no necesita divagación sino pensamiento crítico.

Ya lo advertía Erasmo en Elogio de la locura: cuanto menor es la sustancia, mayor es la exhibición. No lo digo yo; lo ha dicho la historia del pensamiento. Y el teatro que se refugia en el amiguismo termina convertido en complacencia sin compromiso. Usted, como dramaturgo laureado, debería saberlo.

9.- La crítica no existe para tranquilizar a la escena, sino para incomodarla. Su función es abrir interrogantes, examinar procedimientos y discutir resultados. El teatro puede sobrevivir a un desacierto escénico: la historia del arte está llena de ellos, pero difícilmente sobrevive a la complacencia intelectual.

El aplauso benevolente no produce pensamiento; provoca conformidad. Cuando la escena cultural comienza a confundir el análisis con una agresión personal, suele ser señal de que ha empezado a temerle al pensamiento crítico.

10.- Reducir ese conjunto de textos a una sola pieza para desautorizar no es rigor intelectual; es una treta cuestionable: desacreditar al crítico para no discutir el asunto. Cuando la raíz del problema no es la crítica como tal. Lo inconveniente radica en la dificultad de convivir con ella.

11.- En su reflexión se presenta como una suerte de voz autorizada del quehacer teatral bogotano, investida de una autoridad crítica que hasta hace muy poco no parecía ocupar un lugar visible en el debate público.

Resulta curioso que el problema de la crítica teatral haya adquirido súbitamente tanta relevancia precisamente después de la publicación de mi texto Desaciertos en la escena bogotana.

Si hoy el tema genera incomodidad, quizá no sea porque la crítica haya excedido sus límites, sino porque ha vuelto a formular preguntas que durante un tiempo permanecieron suspendidas en un espacio de falsa cordialidad acrítica.

La crítica teatral en Colombia no necesita defensores ofendidos ni custodios de susceptibilidades artísticas. Necesita creadores capaces de sostener el disenso sin convertirlo en agravio personal que usted no esté de acuerdo, ese es su problema, no el mío.

12.- Usted quiso exponerse descalificándome como crítico. Y lo que consiguió fue exhibir la fragilidad de un discurso que no soporta la confrontación. Cuestiono ideas y formulo juicios; usted responde con argumentos prestados y evade el núcleo del debate.

No me interesan los corrillos que usted pregona, ni las adulaciones de pasillo, ni las validaciones de las cofradías que usted tanto desdeña. Vivo de mi trabajo y de mi conciencia crítica, no del aplauso colectivo. Si para ciertos círculos soy incómodo, lo asumo como síntoma saludable. La crítica que no desagrada termina convertida en deleite.

Por último, yo firmo lo que escribo y lo someto al escrutinio público. Aquí el crítico también es criticado. Pero esa crítica exige argumentos, no homilías que desacrediten sin pruebas.

P. S.: Para evitar malentendidos, coloco a continuación su artículo completo, así como el enlace de mi crítica original para que todos puedan leerlo.

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Diego Montoya Serna.  Foto: Kiosko Teatral © 2026

A propósito del artículo “Desaciertos en la escena bogotana”, publicado recientemente en varios portales teatrales (18 de diciembre de 2025), propongo una reflexión.

Más que responder a los juicios emitidos sobre obras y creadores específicos, el interés aquí es examinar los presupuestos conceptuales, metodológicos y éticos desde los cuales dicho texto ejerce la crítica. Algunas de sus afirmaciones presentadas como diagnósticos generales sobre la escena bogotana y el teatro colombiano plantean problemas que merecen ser discutidos con rigor.

El título no es solo provocación, es un marco ideológico cerrado: “Desaciertos en la escena bogotana”. En una crítica rigurosa el título no es inocente, funciona como hipótesis abierta o como campo de preguntas, no como veredicto previo. Aquí ocurre lo segundo. El texto parte de una conclusión antes del análisis. No propone investigar si hubo desaciertos, sino demostrar que los hubo. Todo lo que sigue queda subordinado a confirmar esa tesis.

Esto contradice principios básicos de la crítica moderna. Roland Barthes sostiene que la crítica no debe clausurar el sentido antes de leer la obra. Susan Sontag insiste en la necesidad de describir y analizar antes de juzgar. Para Georges Banu, el crítico es un testigo activo, no un fiscal. Desde el título, el texto se posiciona como sentencia, no como indagación: fija el marco interpretativo antes del encuentro analítico.

A esto se suma una falsa declaración de neutralidad. El texto afirma: “Este panorama no pretende señalar las ‘obras menos logradas’…”. Esa afirmación es discursivamente falsa. Todo el artículo hace exactamente eso, y además de manera punitiva, no analítica.

Cuando el discurso contradice su propia enunciación, la fiabilidad se resiente. Se declara apertura y se ejerce condena; se promete análisis y se practica descalificación; se invoca rigor mientras se opera desde el gusto personal elevado a ley.

En términos de Pierre Bourdieu, esto constituye una violencia simbólica del gusto: el crítico impone su escala estética sin explicitarla ni someterla a examen. El problema no es el juicio, sino la negación de su propio gesto evaluativo, lo que debilita su honestidad intelectual.

El texto adolece además de una ausencia casi total de marco teórico explícito. Un ejercicio crítico que aspira al rigor debe hacer visible su aparato conceptual. Aquí no se define qué se entiende por “riesgo”, qué noción de “conflicto” se maneja, desde qué concepción de “teatro político” se juzga ni qué tradición estética se privilegia —realismo, épico, posdramático, performativo, entre otras—. Se emplean términos como riesgo, conflicto, verdad, incomodar, urgencia o acción sin delimitarlos. El resultado es una crítica impresionista autoritaria: esto no incomoda, por lo tanto, falla. Como advierte Hans-Thies Lehmann, no es posible exigir conflicto a todas las formas contemporáneas sin antes definir el régimen estético desde el cual operan. Aquí, todas las obras son evaluadas desde un único ideal normativo nunca explicitado. El texto no desarrolla un método, sino que formula una opinión fuerte.

A lo anterior se suma una generalización abusiva acompañada de un tono de demolición. El artículo recurre de manera reiterada a absolutismos —“falla en cada intento”, “no logra”, “nunca logra”, “desfachatez”, “todo lo que el teatro debe evitar”. En una crítica el absoluto es siempre sospechoso, porque cancela la posibilidad misma del análisis diferencial. El uso de la hipérbole no está equilibrado por el examen de escenas concretas, decisiones formales específicas ni ejemplos verificables de estructura, ritmo, actuación, espacio o tiempo. Se viola así un principio elemental: el juicio debe ser proporcional al análisis. Aquí el juicio desborda el análisis y el tono se vuelve punitivo, performativamente agresivo, lo que debilita su credibilidad intelectual.

En varios pasajes, además, el texto cruza una línea ética al confundir crítica con ajuste de cuentas simbólico. Ironías finales como “mejor ver MasterChef”, descalificaciones personales indirectas o expresiones como “Este despropósito no alcanza la categoría de montaje”, “optimismo digno de estudio” y “onanismo” no constituyen pensamiento crítico, sino escarnio cultural.

George Steiner advertía que la crítica pierde legitimidad cuando disfruta la destrucción; Antoine Vitez insistía en que la crítica debe abrir pensamiento, no cerrar trayectorias. En esos momentos, el texto deja de dialogar con las obras y busca imponer una superioridad intelectual.

Todo ello desemboca en una incoherencia interna: se exige riesgo, pero se castiga toda desviación. Se sanciona lo poético, lo alegórico, lo simbólico, lo narrativo, lo popular, lo político y lo íntimo. Nada pasa el filtro. Cuando todo falla, el problema deja de ser el campo y pasa a ser el marco evaluativo.

Es el gesto que Jacques Rancière ha señalado como propio de una crítica que se erige en guardiana del “verdadero teatro” y transforma la pluralidad estética en decadencia moral. En lugar de dialogar con la escena, el texto termina negándola como totalidad.

La afirmación “Si Bogotá aspira a recuperar la relevancia teatral que alguna vez tuvo” introduce, sin argumentación alguna, una narrativa de decadencia que funciona más como gesto retórico que como diagnóstico crítico. ¿Recuperar qué relevancia, exactamente? ¿En qué período histórico se sitúa ese supuesto momento de plenitud? ¿Bajo qué condiciones estéticas, políticas, económicas y de circulación se produjo? El texto no lo precisa. A esta vaguedad histórica se suma otra generalización no demostrada cuando se afirma que “el teatro colombiano este año ha estado marcado por una sobreabundancia de propuestas fallidas”. ¿Sobreabundancia en relación con qué volumen de producción? ¿Fallidas según qué criterios explícitos?

¿A partir de qué muestra representativa del campo teatral nacional? Ninguna de estas preguntas encuentra respuesta. Del mismo modo, la idea de una “acumulación de desaciertos” no se sostiene sobre un análisis histórico comparado, ni sobre un inventario de tendencias, ni sobre una lectura estructural del campo teatral bogotano.

Sin datos, sin periodización y sin marco historiográfico, la noción de decadencia —tanto pasada como presente— opera como una ficción normativa: un pasado idealizado y un presente descalificado en bloque que se invocan para desautorizar la diversidad de la escena actual.

La crítica no puede apoyarse en nostalgias implícitas ni en panoramas totalizantes no demostrados sin incurrir en una forma de conservadurismo estético disfrazado de exigencia radical.

La crítica es necesaria, incluso cuando es incómoda. Pero cuando sustituye la pregunta por el veredicto, cuando reemplaza el análisis por la descalificación y naturaliza un ideal único de lo que el teatro debe ser, deja de abrir el campo y comienza a clausurarlo. Más que un ejercicio de pensamiento crítico, el texto analizado opera como un dispositivo de poder discursivo que fija un modelo, lo impone y juzga desde allí todo aquello que no se ajusta a él.

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Para concluir este risible impasse, le hago una invitación sencilla: responda, clara y concretamente, los argumentos planteados que escribí en el artículo. Sin enciclopedias, sin procesiones de autoridades, sin adjetivos altisonantes donde aparezca su propia voz. Analice. Argumente. Demuestre. Confronte. Incomode.

Si no puede responder con argumentos propios, quizá sea más prudente bajar el telón y dejar que el silencio haga el trabajo que la palabrería vacía no supo hacer. Porque el teatro cuando es arte dramático verdadero, no les teme a los desaciertos. Los necesita para redimensionarse. 

Como coda diré que: entre el pensamiento y la descalificación, la historia del teatro ya ha tomado partido desde hace siglos. Sería digno y ético que su innecesaria reflexión, también, haga lo mismo. 

CR (@mipuntocritico)

 

Acá el enlace de la crítica publicada Desaciertos en la escena bogotana el día 26/12/25.
En el Blog de Crítica Teatral Miradas al Escenario:

 

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