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2.6.26
1.6.26
Este 30 de mayo, La Sala Coordinación, en San Felipe, Yaracuy, recibió de vuelta a Olalúnea en su reestreno, por Elsy Loyo
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| Foto: Alexander Brandt |
Llegó el 30 de mayo, día de nuestro reestreno.
El día amanece con el sol de fiesta. Su máximo esplendor nos avisa sobre las altas temperaturas en esta ciudad que nos alberga. El transcurso del día confirma lo que el amanecer nos anunció. El cálido San Felipe abre su espacio a cada uno de los miembros del equipo para ir llegando a la Sede, cada quien buscando manejar de la mejor manera lo que este supremo calor hace en nuestros cuerpos. Así que vamos haciendo estaciones para procurar regularnos, antes de entrar a la Sala.
Finalmente vamos al interior del recinto teatral. Todo está dispuesto. Han sido meses de trabajo, y de solventar diversas situaciones desde que nos planteamos retomar el montaje para su reestreno en este 2026.
El proceso y el transitar de la realidad nos han llevado a que esta función de nueva apertura coincida casi en su totalidad con la fecha del estreno, siendo en aquella ocasión el 31 de mayo de 2023. Y ahora el reestreno abre para darse este 30 de mayo de 2026. Nos parece un buen augurio.
Nuestra querida Olalúnea… siempre un gran reto en todos los sentidos. Esta vez no es la excepción.
Encontrarnos de nuevo en este mundo LUNAR, viviendo sus ciclos otra vez en el proceso, nos abrió nuevamente a esta conciencia de ser parte de un gran todo en este universo que nos contiene, y al que pertenecemos como planeta y humanidad.Volver a todo lo que Olalúnea también nos muestra en la realidad del día a día. Ver y sentir lo que vivimos hoy en el mundo, y en nuestros lugares de vida reflejado allí. Nos movió.
Nos movió como intérpretes. Como quien dirige un proceso creador, y también como seres humanos cuya relación con el mundo, y con nosotros mismos hace menguar, vaciarnos, crecer y, también, plenarnos.
Este movimiento nos abrió caminos de nuevas reflexiones para alimentar la esencialidad de lo que queríamos hacer crecer dentro de lo que Olalúnea es, y de lo que queríamos hacer ver y sentir para esta nueva apertura a quienes vinieran a este encuentro.
El proceso, en esta etapa, como lo hace un ciclo lunar, se completó. Abría un nuevo momento para Olalúnea… para ofrendarla en la luna llena de mayo.
Ya todo está listo en la sala. Nosotros también. Uno de los miembros del equipo entra emocionado. Nos viene a informar que faltan 10 minutos para dar sala… ¡y que hay casa llena!
Hacemos un último recorrido para asegurarnos de que todo está donde debe estar y, seguidamente, el ritual de siempre, el que precede al momento de la entrada del público, juntarnos, auparnos, encomendarnos… ¡Mierda! ¡Fuerza y luz!
Comienza a entrar el público. Se inicia el viaje. Olalúnea ha vuelto. La realización de la función es un intenso tránsito, un reto y también una comunión. Es un encuentro.
Agradezco que este encuentro haya sido posible. Agradezco a todas las personas que asistieron, que abrieron, que recibieron tan bonito este Renacer Lunar. A las personas que acogieron a esta Olalúnea que nos habla en distintos dialectos, idiomas y sonoridades, como provocación, como llamado a vernos como una sola humanidad.
El próximo 06 de junio volvemos, retornamos como la Luna, en una segunda entrega de este reestreno. Es en el mismo lugar: Sala Coordinación, San Felipe – Yaracuy, a las 5:30PM. ¡Olalúnea para todos!
No quiero dejar de escribir sin antes mencionar al equipo que ha hecho que exista este puente creador para seguir encontrándonos en este estar, en este sentir, en este Olalunear:
Dramaturgia y Dirección: Elsy Loyo.
Intérpretes Escénicas: Lesbia Landinez y Elsy Loyo.
Iluminación: Elbis González.
Montaje Técnico: Enrique Fonseca y Elbis González.
Elementos escenográficos: Enrique Fonseca, Cristina Tortolero de Loyo y Lusvio Ramírez.
Vestuario y accesorios: Silvia Salcedo, Cristina Tortolero de Loyo, Bárbara Peña, Vanesa Graterol.
Apoyo en Sala ICEY: Rosa Montes y Elianni Palmera.
Producción: Lusvio Ramírez.
Seguimos abriendo espacios. Seguimos y seguimos….
28.5.26
El concepto central del teatro latinoamericano actual es la perturbación y la trascendencia del drama respecto al texto y la escena, por Freddy Antonio Torres González.
Podemos visualizar estos aportes de un nuevo teatro con la continuidad y el pensamiento escénico visual de Juan José Gurrola que insinúa: "el teatro no existe, yo lo bajo". Hay distintos modelos con las acciones poéticas de Brossa y las conceptuales de Gurrola como los antecedentes de un teatro post dramático, junto al teatro pánico de Jodorowsky, el experimentalismo del Grupo Di Tella y las prácticas participativas de Helio Oiticica y Ligia Klark. También la dramaturgia colectiva practicada por La Candelaria de Bogotá, el TEC de Cali, Escambray de Cuba, y Yuyachkani de Perú entre otros.
En estas concepciones, lo estrictamente
dramático aparece en propuestas ritualizadas más allá que en el teatro europeo
por la estructura de grupos, la relación con las formas y temas populares; la
urgencia política les dotaba de relevancia social que quebraba la autonomía
estética.
La lectura posteatral exige tomar en cuenta el
campo extendido de la teatralidad, el cruce del teatro con otras disciplinas en
las prácticas contemporáneas, la revitalización de lo dramático, la relación
con la creación artística o escénica.
El teatro se relaciona con la materialidad de
la comunicación. Simplemente el teatro no es el lugar de los cuerpos con peso,
sino también el de la concurrencia real, donde sucede una singular intercepción
entre vida organizada estrictamente y la vida real. Para estas agrupaciones el
teatro significa un lapso de vida en común que actores y espectadores pasan y
agotan juntos, respirando el mismo aire en el espacio donde tiene lugar la
actuación y esa observación.
La emisión y recepción de los signos y las
señales ocurren simultáneamente. En la representación teatral se origina un
texto conjunto a partir del comportamiento en la escena y en el público, aún
cuando no exista ningún discurso hablado.
Una descripción precisa del teatro está muy
vinculada a la lectura de este texto conjunto. Cuando se encuentra la mirada de
todos los participantes, la situación teatral " construye una totalidad de
procesos comunicativos y ocultos".
Simplemente, el teatro más allá del drama indaga
el modo que la práctica escénica ha empleado desde 1970 estás circunstancias
esenciales que las ha convertido en tema de su presentación ya que el teatro
comparte con las demás artes de la post modernidad la propensión a la auto
reflexión y a la auto- tematización.
Según Barthes, la modernidad de cada texto
plantea el problema de la posibilidad de si su lenguaje alcanza lo real. La
práctica escénica radical problematiza su estatus de realidad ya aparente. Las
palabras claves de auto- reflexión y estructura auto- temática tienden a
entenderse en la relación con la dimensión del texto, pues el lenguaje es por
excelencia el que abre el espacio para uso auto reflexivo de los signos.
El texto es simplemente estrato material de la
configuración escénica. La relación teatro y texto es la variante genuina y
auténtica del teatro post dramático.
En este tipo de teatro según Poschman, en el
texto teatral no dramático desaparecen los principios de " narración y
figuración", así como el orden de la fábula, alcanzando una
"autonomía de lenguaje".
La dimensión dramática es presentada por
diversos autores: Werner Schwab, Elfride Jelinek, Reinel Goetz producen textos
en los cuales el lenguaje no se manifiesta como un discurso de personajes, sino
como una totalidad autónoma. Los otros autores lo utilizan como una institución
oral, intenta crear una realidad escénica a través de la intensa realidad
sensorial del lenguaje. Otros autores también proponen como Jelinek crear capas
de lenguaje superpuestos: está propuesta consiste oponerse contra la dimensión
profunda de los personajes hablantes que comportan una ilusión mimética.
En el siglo XX hay que considerar dice Hans
Lehman, la formulación de Benjamin con lo que él llama lo "dramático"
con la competición física ya enraizada en el culto, el azar o conflicto mudo.
Se trata de la superación cristiana a través de la gracia y la Redención, más
allá del lenguaje, del límite del lenguaje humano. Se evidencia la
identificación entre
"Teatro y drama" allí donde la
concepción de lo dramático acentúa su gran proximidad respecto a la pantomima y
al mutismo enmascarado por el lenguaje
Lo dramático de Bergamin pertenece al teatro:
como rito y ceremonia, poesía en escena y semiosis extra lingüística al límite.
También lo dramático para Patrick Primavesi,
solo lo garantiza la redención del mito y la belleza allí donde queda excluido
de la comprensión.
Hacia finales del siglo XX el teatro dramático
ha alcanzado la madurez de un largo florecimiento como formulación discursiva
elaborada al principio por Shakespeare, Racine, Schiller, Buschner, Ibsen y
Strindberg, como variantes de una elaboración discursiva.
La carrera para la formación del discurso post
dramático en el teatro puede describirse como una serie de etapas de auto-
reflexión, descomposición y división de los elementos del teatro dramático.
La trayectoria va desde el gran teatro a
finales del siglo XIX, pasando por la diversidad de las formas teatrales
modernas de la vanguardia histórica y la neo vanguardia de los años cincuenta y
sesenta hasta las formas teatrales post dramáticas del S. XX.
Freddy Antonio Torres González.
27.5.26
24.5.26
San Cristóbal, Táchira: César y Aquiles en escena, por William Leal
César y Aquiles en escena

Día Nacional de la Dramaturgia 2026
“Desde Guachara al Cajón, de Cazorla a Palo Santo, no hay negra que baile tanto como mi negra Asunción.” Oscar Rovira, actor con más de cuatro décadas en el teatro, deleitó a los asistentes con “Galerón con una negra” y otros textos de Aquiles Nazoa. En el espacio Ciro Medina de la Casa Streinvorth, San Cristóbal, Venezuela, se festejó el Día Nacional de la Dramaturgia este 14 de mayo con César y Aquiles en escena, actividad organizada por el Movimiento Teatro Escena Táchira (MOTESTA) que recordó los natalicios de César Rengifo (14/5/1915) y Aquiles Nazoa (17/5/1920).
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| Oscar Rovira |
El 14 de mayo de 2026 la añeja edificación, ahora centro cultural, sirvió de escenario al grupo Arte y Movimiento para el estreno de El último canto del petróleo, labor dramaturgista de Irma Sánchez Segovia, quien igualmente funge como directora y actriz de la agrupación, basada en la Tetralogía del petróleo (Mariposas en la oscuridad, El vendaval amarillo, El raudal de los muertos cansados y Las torres y el viento) las cuatro obras teatrales donde César Rengifo aborda el impacto del llamado oro negro en la cultura venezolana a partir de la segunda década del pasado siglo.
El último canto del petróleo conjuga el canto y la música a la actuación, presentándonos una limpia puesta en escena, reflejo de la disciplina seguida por la agrupación nacida hace dos años que visualiza el teatro como una herramienta didáctica y terapéutica. Solo mujeres, adultas mayores, participaron en este nuevo trabajo de Arte y Movimiento.
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| Abelardo Chavarriaga |
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| Viviana Duque y Belkis Uribe |
Viviana Duque y Belkis Uribe, dos voces del teatro venezolano en plena formación, nos invitaron a cuidar nuestro planeta con Ecos de la naturaleza, puesta en escena minimalista donde destaca el vestuario diseñado y confeccionado por Belkis. César y Aquiles en escena tuvo como colofón la lectura de “El Credo” de Aquiles Nazoa a cargo de William Leal /Artechisua Teatro Viajero. La celebración del Día Nacional de la Dramaturgia honró la memoria de dos nombres sobresalientes de nuestro teatro: César Rengifo y Aquiles Nazoa.
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| William Leal |
William
Leal
San
Cristóbal, mayo de 2026
22.5.26
Actriz Nuestra, Diana Gen…, por Alexis Blanco
Actriz Nuestra, Diana Gen… Generosa, genial, genética, otra y mil veces generosa, genética, genial…Diana Labrador hizo siempre honor a su nombre, proveniente del latín y que representa la divinidad del ser, su luminosidad, “la que brilla”. Sobre el escenario siempre fue exactamente eso: disciplinada, natural, fuerte, eficaz en la resolución de sus partes interpretativas, independiente, pero, hermosa paradoja, muy al tanto del desempeño del colectivo donde interactuaba y actuaba. Disfruté, durante cuatro décadas y dele, de su donosura estética. Mujer bella, inteligente, poseída por el don de la empatía, voladora (en el sentido que Oliverio Girondo concede al término), mil y una vez dulce en sus consejos y correcciones, multiplicada, con una disciplina cuántica. Bien pudo Max Erhmann escribir su Desiderata (“DesiDianata”, decíamos Ramón Elías Pérez, su esposo) pensando en ella y su ser:
Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,
y recuerda la paz que puede haber en el silencio. En la medida de lo posible,
sin renunciar a tus principios, mantén buenas relaciones con todos.
Habla con calma y claridad; y escucha a los demás, incluso a los necios e
ignorantes; ellos también tienen su historia.
Evita a las personas ruidosas y agresivas; son una molestia para el espíritu.
Si te comparas con los demás, puedes volverte vanidoso o amargado, pues siempre
habrá personas mejores y peores que tú.
Disfruta de tus logros y de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera,
por humilde que sea; es una posesión valiosa en medio de los vaivenes del
tiempo.
Sé prudente en tus negocios, pues el mundo está lleno de engaños. Pero que esto
no te impida ver la virtud que existe; muchas personas luchan por altos
ideales, y la vida está llena de heroísmo por doquier.
Sé tú mismo. Sobre todo, no finjas afecto. Tampoco seas cínico con respecto al
amor; pues, a pesar de toda la aridez y el desencanto, es tan perenne como la
hierba.
Acepta con serenidad los consejos de los años, renunciando con gracia a las
cosas de la juventud.
Cultiva la fortaleza de espíritu para que te proteja en la adversidad. Pero no
te atormentes con pensamientos sombríos. Muchos miedos nacen del cansancio y la
soledad.
Más allá de una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Eres un hijo del
universo, al igual que los árboles y las estrellas; tienes derecho a estar
aquí.
Y aunque no te resulte evidente, sin duda el universo se desarrolla como debe.
Por lo tanto, vive en paz con Dios, sea cual sea tu concepción de Él. Y
cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, en la ruidosa confusión de
la vida, mantén la paz en tu alma. Con toda su falsedad, su monotonía y sus
sueños rotos, sigue siendo un mundo hermoso. Sé alegre. Esfuérzate por ser
feliz…”
Pues resulta
que no había podido escribir, diagramar, redactar, perfilar, proponer,
resolver, nada, porque la muerte de Diana Labrador, mi cómplice, mi “esposa”
(fui el “Manganzón”, de su magistral “Lucrecia”, en el Profundo, de José
Ignacio Cabrujas, que estrenó Enrique León con la inolvidable Sociedad
Dramática de Aficionados de Maracaibo, en la legendaria salita de bolsillo
“Antonio García”, ahí en 5 de Julio, donde ahora el progreso erige una sede
bancaria) me convierte en un viudo total del teatro zuliano. Henry Semprún
pedía, durante las exequias, esta mañana de jueves 21 de mayo, como requisito,
que uno para optar al título de “Maestro del Teatro” debía dejar secuela y
escuela. Héla ahí, a nuestra maestra Dianita, disciplina pura del respirar,
relajarse y concentrarse, yerta y aún llenándonos de lecciones inalámbricas de
amor, disciplinado y entrega. ¡Auch! ¡Malparición! de La Parca orfebre. Yo no
puedo con toda esta avalancha de recuerdos…
Desde mi corazón escucho a su dulce sobrina, Yenny Labrador, (quien, desde
Utah, me anunció del desastre terrible), musitar un intento de alivio: “Mi
hermosa Tía Diana, ser espiritual lleno de mucha luz brillante y clara. Su bondad
la definía claramente. Su dulzura era la viva miel de una colmena. Su gran amor
por el teatro le permitió formar a miles de alumnos convirtiéndose en maestra y
madre de muchos de ellos. Su desempeño en las tablas era celestial. ¡Vivía a
plenitud sus personajes!, así mismo, su pedagogía al momento de impartir su
historia del teatro era con mucho garbo y majestuosidad. Hoy me duele muchísimo,
pero me enorgullece el legado que deja como actriz, docente, directora, madre,
abuela, tía y amiga fiel de muchos.
Te amo mi amada Tía Diana…”
Les cito Desiderata porque muchas veces dialogamos, Diana, Ramón Elías y yo, sobre el puto poema desde la bondad. Temprano hablé con un ser muy muy muy querido por ambos, bienamada como ella, Carla Isea, quien no dudó en también susurrarme, desde el ser y la nada, epitafios de sangre y tela:
Bajo el fuego eterno del sol marabino, Diana Labrador cinceló su existencia
como una estirpe única de mujer: matriz creadora que transformó el escenario en
un vientre de constante renacimiento humano. No fue solo un eco en las tablas,
sino la raíz misma donde germinó la sensibilidad de nuestro terruño, un bastión
de ternura y rigor que enseñó a Venezuela a leerse a sí misma a través del
gesto y la palabra viva. Hoy que su silueta se funde con el horizonte del
Coquivacoa, nos queda la certeza de su magisterio, ese faro que convirtió el
oficio de la cultura en un santuario de dignidad y en el mapa definitivo de
nuestra identidad.
Aquel retablo de madera que encendió los asombros de la infancia guarda hoy el
eco de tus manos, hilandera de almas. En el latido eterno del
Chímpete-Chámpata, fuiste la titiritera mayor que dio voz al trapo y al cartón,
enseñándonos que la magia habita en la mirada pura. Mujer de sol y arcilla,
útero del teatro zuliano, no solo moldeaste personajes sobre la escena;
esculpiste el porvenir en el pecho de la juventud, sembrando en cada alumno, en
cada amigo de tus amados hijos, un fuego indómito, una urgencia bendita por
abrazar la belleza y la cultura.
Hoy tus pasos se mudan a un escenario eterno, y tus amados muñecos de trapo
celebran tu danza definitiva, cobrando vida propia para aplaudir a su creadora,
mientras en Maracaibo queda tu siembra viva: una legión de creadores que aún
caminan bajo tu luz, sosteniendo el telón que tu amor dejó levantado…”
Es decir, en esa funeraria (menester es agradecer las gestiones de Giovanny Villalobos, Keyla González y Cinthya Tariche), donde estuvimos, tarde de miércoles 20 y mañana de jueves 21, despidiéndola, ofrendándola, tributándola, al lado de este muchacho roble, Luis Ricardo Pérez Labrador, su esposa, sus sendas nietecitas, así como sus sobrinas y sobrinos, así como su vecindario de “El Cují”, solidarios y nobles, junto con nosotros, su otra excelsa y bienamada familia, la gente de teatro. Estuvimos ahí casi todos, corazón en la mano y entre lágrimas, risas nostálgicas y una necesidad inmarcesible de aplaudirla y aplaudirla y aplaudirla, ad libitum…
Dylan Blanco también estuvo, despidiendo a la abuelita de Oscuro, de noche, la pieza de Pablo García Gámez, donde ambos fueron partenaires de un elenco maravilloso e inolvidable, testigo de su disciplina y voluntad de poder: siempre llegaba, amén de puntual como su tocaya inglesa Lady Di, con unas galletitas, unos pancitos, cualquier detallito rico para el compartir la siembra y el rigor frenético de cada ensayo.
Fue por ello que ahí estuvimos, en ese adiós de liturgia ateniense-maracucha, Ángel Marín, Rafael Contreras, José Davalillo, Néstor Parra, Leonardo Isea, Estefany Salas, así como otros seres del teatro agónico: las maestras, Yazmina Jiménez, Nelly Oliver, Blanquita Basabe, Juana Inciarte, María Antúnez, Yeslany Dávila, Jiolexy Santos, mi bienamada hermana Eucaris Calmón “La Nena Queipo” (en representación de Titina Blanco y de Lina Alvarado), Laura Parra, Robert Arcaya, Arnaldo Pirela, Henry Semprún, José Molero, Carlos Guevara, Carlos Valbuena, Jon Aitor Romano, Ramón Colina, Érika Rojas y Rafael Delgado. Yazmina recomendó visitar a Ilba D’Or. Si la memoria eludió algún nombre, desde el cielo Diana le enviará un detallito olímpico, sin duda. Ella es nuestra Santa Di.
Fiel hija de la técnica “maracuchista-leninista” fundamentada en la “Poetización del Colectivo Teatral llamado Maracaibo” que patentó Enrique León Luzardo con la antológica Sociedad Dramática, Diana Labrador poseía la gracia, el talento y el duende necesarios como para moverse a sus anchas, ora en el terreno de la comedia, mucho más en el siempre abrupto y peligroso de la tragedia. El último espectáculo que reseñé de ella, La noche que pasé contigo, del mismo León, y con Doris Chávez y Molero como coprotagonistas, resultó una entrañable lección de afecto y complicidad (también de sororidad) en el escenario de la sala de la casa de Ana Arapé, en la calle Carabobo. Juan Carlos Quintino me comentaba, en la funeraria, de un nuevo proyecto que ya fraguaban las dos ex actrices “Dramáticas”.
Acompañé a Diana para ver el trabajo del maestro Romer Urdaneta (también presente durante las exequias), en su salita El Brillante. Ahí ella habló, al final del monólogo que escribiera para Romer, el poeta José Javier León. Creo que endosaré ambos videos en mi edición Cara de Libro. Y ahí vuelve a aparecer el elan, la esencia, de nuestra Diana La Generosa. Vean para que la vean.
El maestro Aníbal Grunn le escribió a Leo Isea sobre sus impresiones acerca de
“Oscuro, de noche”. La mordaz mirada asertiva del maestro ex Rajatabla y
pivote estelar del proyecto de Carlos Arroyo con la Compañía Nacional de
Teatro, nos reporta la dimensión como actriz de Diana Labrador: “Yo eliminaría
todos esos monólogos y la dejaría solo a ella, resumiendo todo lo que los otros
dicen. Están a años luz de su nivel como intérprete…”.
Diana amaba la literatura tanto como el teatro. Alguna vez le regalé las Memorias
de Adriano, de Marguerite Yourcenar, quien, junto con la Beauvoir, Yazmina
Reza, Wisława Szymborska, María Zambrano, Elena Poniatowska, Elena Garro, Elisa
Lerner, Ana Enriqueta Terán, María Calcaño, Lilia Boscán de Lombardi e Indira
Páez, eran parte de una élite, mucho más amplia por supuesto, de mujeres
escritoras que a ella le encantaban. Desde Yourcenar despido este llanto en
cascada y sin cadencia. Me faltó su música.
Dianita: “Nunca sabrás que tu alma viaja dulcemente refugiada en el fondo de mi
corazón;
y que nada, ni el tiempo ni la edad ni
otros amores,impedirá jamás que hayas existido.
Que la belleza del mundo ha tomado tu rostro, Se alimenta de tu dulzura y se engalana con tu claridad. Y que este lago pensativo al fondo del paisaje me devuelve solamente tu serenidad.
Nunca sabrás que llevo tu alma conmigo Como una lámpara de oro para alumbrarme el camino; Que con un poco de tu voz he compuesto una canción.
Suave antorcha, tus rayos, dulce hoguera, tu llama, Me enseñan los caminos que has seguido, Aún vives un poco ya que yo te sobrevivo.”
Alexis Blanco (El Barroco Cronista Cuántico…22 de mayo, 2026)
21.5.26
Sobre el Congreso Iberoamericano de Educación: Artes para la Paz, por Carlos Rojas
Un punto de vista
Artes para la Paz
por Carlos Rojas
criticarojas@gmail.com
Especial para Miradas al
Escenario
Congreso
Iberoamericano Artes para la Paz.
Foto: cortesía Mincultura*
Desde el 13 al 15 de mayo del 2026,
el Centro Nacional de las Artes Delia Zapata Olivella y el Teatro
Colón de Bogotá se convirtieron en el epicentro de un encuentro continental
que intentó instalar una discusión urgente sobre el presente de la educación
artística y cultural en Iberoamérica.
El Congreso Iberoamericano de Educación y
Formación Artística y Cultural -Artes para la Paz- reunió
ministros, delegaciones oficiales, organismos multilaterales, investigadores,
docentes, gestores, críticos y agentes comunitarios de más de dieciséis países
en una programación que alternó paneles políticos, laboratorios pedagógicos,
mesas técnicas y espacios de intercambio territorial.
El evento aspiró a consolidarse no sólo como un
encuentro académico, sino también como una plataforma política para pensar el
arte como herramienta de cohesión social y construcción de paz. La dimensión
institucional del congreso fue evidente desde el inicio.
Conviene desconfiar del entusiasmo automático
que suelen producir estas cumbres. Mientras más solemne se vuelve el discurso
oficial, más visible aparece la distancia entre las declaraciones y las
condiciones reales de las comunidades.
Ese fue quizá el gran núcleo silencioso del
encuentro. Porque si algo quedó claro en Bogotá es que la educación artística
sigue ocupando un lugar paradójico en Iberoamérica: todos la celebran
simbólicamente, pero muy pocos Estados la sostienen con continuidad,
infraestructura y políticas duraderas.
3ª Panel ministerial: Formar
formadores para una agenda regional de educación artística. Foto: cortesía MPPC**
Las mesas ministeriales insistieron una y otra
vez en conceptos como inclusión, diálogo regional, memoria, saberes ancestrales
y convivencia. Nadie parecía dispuesto a cuestionar la importancia del arte
dentro de los procesos educativos. Justamente allí apareció una contradicción
reveladora: cuando el consenso es absoluto, el conflicto desaparece del
discurso y reaparece en otro lugar mucho más incómodo.
La discusión ya no pasa por defender el valor del arte, sino por decidir quién lo financia, quién garantiza su permanencia y quién asume su presencia real fuera de los centros urbanos privilegiados.
Congreso Iberoamericano Artes para la
Paz. Foto: cortesía Mincultura
La presencia de organismos como la UNESCO,
la OEI y la CAF reforzó una visión regional donde el arte aparece
asociado al desarrollo sostenible, la innovación social y la convivencia
democrática.
El enfoque posee valor estratégico, aunque deja
una tensión inevitable: cuando el arte necesita justificarse exclusivamente por
su utilidad social, comienza también a perder aquello que lo vuelve
imprevisible, incómodo y críticamente cuestionador.
Esa tensión atravesó silenciosamente todo el
encuentro: el arte entendido como herramienta frente al arte entendido como
experiencia irreductible. Se habló muchísimo de mediación, inclusión,
metodologías pedagógicas y bienestar emocional. Mucho menos del arte como
conflicto, memoria crítica, disenso o fractura simbólica.
Una formación verdaderamente transformadora no
debería limitarse a producir sujetos funcionales, sino ciudadanos capaces de
cuestionar los relatos que organizan el poder.
Uno de los aportes más visibles fue el de Colombia, país anfitrión y principal impulsor de la agenda “Artes para la Paz”. La ministra de Cultura y la delegación colombiana defendieron con insistencia la idea de la educación artística como derecho ciudadano y herramienta de reconstrucción del tejido social.
Raúl Cazal ministro de
Cultura de Venezuela. Foto: cortesía MPPC
La creación de la Red Iberoamericana de
Educación y Formación Artística y Cultural (RedArtes),
así como la llamada Declaración de Bogotá, fueron presentadas como parte
de una estrategia regional orientada a integrar memoria, pedagogía y
participación comunitaria.
Resultó evidente que Colombia intenta
posicionarse como epicentro diplomático de una nueva agenda iberoamericana. Detrás
del optimismo institucional persiste una pregunta inevitable:
¿Puede una narrativa de paz sostenerse en
territorios todavía atravesados por desigualdades profundas y múltiples formas
de violencia?
Brasil aportó una de las
perspectivas más lúcidas del encuentro. La recuperación de la Política
Nacional de Cultura Viva y el fortalecimiento de los llamados “Puntos de
Cultura” evidenciaron una apuesta donde la formación artística se entiende
menos como instrucción técnica y más como construcción colectiva de ciudadanía
y convivencia.
Las experiencias vinculadas al cordel, la
xilografía y las prácticas populares del nordeste recordaron algo fundamental:
las comunidades producen resistencia simbólica mucho antes de que las
instituciones decidan legitimarla. Brasil defendió con claridad una idea
poderosa: el arte puede convertirse en una forma de reconstrucción afectiva y
política de la vida colectiva.
La presencia de Corea del Sur introdujo
un contraste particularmente interesante. Frente a muchos modelos
latinoamericanos centrados en memoria, violencia y desigualdad social, Corea
presentó una visión altamente institucionalizada de la educación artística
vinculada al bienestar emocional, la inclusión digital y la cohesión ciudadana.
A través de organismos como la Fundación
Cultural Asia-Iberoamérica, dirigida por Samil Yang, el país
asiático mostró cómo la formación artística puede integrarse estratégicamente a
políticas públicas sobre salud mental, envejecimiento poblacional y
transformación tecnológica en varias regiones de Colombia. Resultó
especialmente llamativo el énfasis coreano en medir científicamente el impacto
de la educación artística mediante investigaciones multidisciplinarias.
Allí apareció otra pregunta incómoda:
¿Hasta qué punto la obsesión contemporánea por
medir resultados termina reduciendo la experiencia estética a indicadores de
productividad emocional o eficiencia social?
España presentó quizás una de
las intervenciones más sólidas en términos legislativos y académicos. La
consolidación de la Ley de Enseñanzas Artísticas y el reconocimiento del
Estatuto del Artista mostraron un proceso de institucionalización
sostenido. La delegación española insistió en el arte como motor de inclusión,
regeneración barrial y salud emocional, especialmente en contextos vulnerables.
También resultó notable el interés por
responder críticamente al impacto de la inteligencia artificial y los nuevos
modelos tecnológicos sobre la producción creativa y educativa. Detrás de ese
avance persiste una tensión no resuelta: mientras las enseñanzas superiores
ganan reconocimiento jurídico, las disciplinas artísticas continúan perdiendo
espacio dentro de buena parte de la educación obligatoria.
Raúl Cazal ministro de
Cultura de Venezuela. Foto: cortesía MPPC
La participación de Venezuela,
encabezada por el ministro de Cultura Raúl Cazal, estuvo marcada por una
narrativa de resistencia simbólica y despliegue comunitario. El discurso
venezolano insistió en la democratización de la enseñanza artística, la
expansión territorial y la formación cultural como mecanismo de cohesión
social. La experiencia de la Misión Cultura, UNEARTE y el Sistema
Nacional de Orquestas apareció constantemente como ejemplo de intervención
estatal sostenida.
Más allá de las tensiones ideológicas que
inevitablemente atraviesan cualquier lectura sobre el modelo venezolano,
resultó interesante observar cómo Venezuela sigue defendiendo una visión donde
la práctica cultural no aparece subordinada al mercado, sino vinculada a la
identidad nacional y a la participación colectiva.
El riesgo, naturalmente, es que toda narrativa
oficial termine convirtiéndose en un discurso autosuficiente sino permite
también espacios reales para la crítica, la autonomía y el disenso.
El énfasis constante en saberes ancestrales,
transmisión intergeneracional y memoria colectiva dejó momentos de enorme
potencia simbólica. Asimismo, apareció una sospecha inevitable: existe siempre
el riesgo de convertir esas experiencias en recursos de representación dentro
de vitrinas diplomáticas cuidadosamente diseñadas. Transformar lo popular en
una estética de exhibición además puede convertirse en una forma de neutralizar
su potencia crítica.
Los talleres prácticos y laboratorios
comunitarios fueron probablemente la dimensión más viva del encuentro. Lejos
del protocolo ministerial, estos espacios permitieron observar metodologías
concretas, pedagogías corporales y experiencias situadas. Allí muchas
iniciativas recordaron una verdad elemental que las instituciones suelen
olvidar: la educación artística no nace en los ministerios; apenas puede ser
acompañada por ellos.
La creación de RedArtes fue presentada
como uno de los grandes logros del congreso. La iniciativa promueve circulación
regional, intercambio académico, programas de becas y cooperación pedagógica
entre artistas, docentes y estudiantes de toda Iberoamérica.
Congreso Iberoamericano Artes para la
Paz. Foto: cortesía MPPC
La OEI y la UNESCO entregaron a
Colombia la presidencia y, a Portugal la vicepresidencia de la red como
reconocimiento al programa Artes para la Paz. El anuncio fue recibido
con entusiasmo.
Aunque conviene recordar que América Latina
posee una larga tradición de plataformas impecablemente redactadas que
desaparecen lentamente entre burocracias, falta de presupuesto y agotamiento
institucional. Las redes no existen por decreto presidencial o ministerial.
Existen cuando producen circulación real, investigación compartida y
continuidad política.
La llamada Declaración de Bogotá deberá
observarse con la misma cautela. Los documentos multilaterales suelen dominar
un lenguaje cuidadosamente equilibrado: dicen lo suficiente para parecer
transformadores y lo suficientemente poco para no incomodar demasiado a nadie.
La dimensión real de este encuentro sólo podrá
evaluarse con el tiempo, cuando sea posible saber si logró traducirse en
políticas sostenidas o si terminará incorporándose al extenso archivo
latinoamericano de encuentros llenos de entusiasmo y escasa transformación
concreta.
3ª Panel ministerial: Formar
formadores para una agenda regional de educación artística. Foto: cortesía
MPPC
Lo más valioso del congreso no estuvo
necesariamente en sus ceremonias ni en sus consensos, sino en la evidencia de
una necesidad urgente: Iberoamérica está replanteándose sus modelos de
formación porque las estructuras tradicionales ya no logran responder a las
transformaciones sociales y humanas del presente.
Hoy los territorios son más complejos, las
comunidades viven nuevas formas de fractura y exclusión, y las tensiones
contemporáneas exigen otros lenguajes pedagógicos y sensibles adecuados a la
realidad y, a sus necesidades.
En medio de ese escenario, el arte aparece como
uno de los pocos espacios todavía capaces de producir imaginación colectiva. Imaginar
no basta. También hace falta transformar las estructuras que limitan esa
posibilidad. Tal vez esa sea la imagen más honesta para cerrar este encuentro:
no la de una celebración triunfalista, sino la de una suspensión crítica.
Congreso Iberoamericano Artes para la
Paz. Foto: cortesía MPPC
Durante tres días, ministros, organismos
multilaterales, gestores y académicos coincidieron en defender el valor del
arte como herramienta de cohesión social y construcción de ciudadanía. Detrás
de ese acuerdo apareció una evidencia incómoda: la educación artística continúa
siendo celebrada en el discurso mientras sigue ocupando un lugar secundario en
las prioridades presupuestarias y en la vida concreta de millones de personas.
Ese desfase entre el reconocimiento simbólico y
la fragilidad estructural sigue definiendo buena parte del destino de la
educación artística en Iberoamérica. Porque el verdadero dilema nunca ha sido
declarar que el arte importa. El conflicto aparece después: cuando toca decidir
si merece presupuesto, continuidad, formación docente y presencia efectiva
fuera de los grandes centros institucionales.
El arte puede contribuir a la paz, sí. Pero,
pierde sentido cuando se le exige únicamente producir armonía, bienestar
emocional o consenso. Conserva su potencia cuando incómoda, interrumpe relatos
dominantes y hace visibles las fisuras que las instituciones públicas y
privadas prefieren administrar antes que resolver.
Carlos Rojas y Raúl Cazal ministro de Cultura de Venezuela. Foto:
cortesía MPPC
RedArtes y la Declaración de
Bogotá abren una posibilidad importante para la cooperación regional. Ninguna
red sobrevive gracias al entusiasmo de su inauguración. Sobreviven aquellas
capaces de sostener circulación real, pensamiento compartido y políticas culturales
que resistan el desgaste burocrático y los cambios de gobierno.
Desde Bogotá me despido y cierro esta bitácora con
una impresión que atravesó silenciosamente todo el encuentro: quizás la
discusión de fondo ya no sea únicamente cómo financiar la educación artística,
sino qué tipo de sociedad necesita justificar el arte exclusivamente por su
utilidad social. Porque toda política cultural termina revelando,
inevitablemente, una idea de ciudadanía, de memoria y de poder.
Y tal vez esa sea la pregunta más incómoda que
dejó este congreso: si Iberoamérica realmente dice apostar por la paz, la
inclusión y la democracia formativa, ¿está preparada para sostener una
educación artística capaz no sólo de reconciliar, sino también de cuestionar
las estructuras que producen exclusión, desigualdad y silencio?
CR (@mipuntocritico)
Agradecimientos al Congreso Iberoamericano Artes para la Paz; al
Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes de Colombia y a la ministra
Yannai Kadamani; al Ministerio del Poder Popular para la Cultura de
Venezuela y al ministro Raúl Cazal; a Mónica Sánchez por las
fotos, a Prensa MPPC; a Katherine Hinojosa; a Ignacio Barreto;
a Universidad Nacional Experimental de las Artes; y a Jhoel Hiram
Arellano Carrero, por la colaboración y el acompañamiento durante la
cobertura del congreso.
Todas las
fotografías son cortesía de prensa: *Mincultura
y del **MPPC © 2026.
El teatro de luto con la partida de la maestra Diana Labrador, por Jesús Eduardo Espinoza
El último mutis de la dama de la escena zuliana:
El
teatro de luto con la partida de la maestra Diana Labrador.
Por Jesús Eduardo Espinoza
El movimiento teatral del Estado Zulia y de Venezuela
hoy se visten de luto y envuelven en un profundo silencio ante la repentina
partida de una de sus figuras más preclaras: la actriz, directora, docente y
gerenta cultural Diana Labrador. Se ha
despedido del plano terrenal una auténtica dama del teatro, recordada no solo
por su elegancia natural al vestir y la belleza de su voz, sino por la rigurosa
disciplina y la alta responsabilidad con la que asumió el arte escénico como un
canal de comunicación e identidad.
Su historia está ligada a las páginas doradas
del teatro regional. Diana dejó una huella imborrable en la Sociedad Dramática
de Maracaibo, bajo la dirección de ese otro gigante y precursor de la dramática
que nos dejó hace poco más de dos años: el maestro Enrique León. Bajo su
tutela, Diana encarnó personajes memorables, formando parte de una generación
de oro que convirtió a Maracaibo en faro teatral.
Fiel a su pasión, la vida le permitió a Diana
despedirse haciendo lo que amó desde que era una niña. Recientemente, brilló
con luz propia en el montaje de la obra Oscuro, de noche, del dramaturgo
venezolano Pablo García Gámez, producida por la Compañía Residente Baralt
Teatro bajo la dirección de Leonardo Isea. Su interpretación de Mercedes, la
abuela de Kenny, junto a un elenco de primera línea, fue el broche de oro de su
carrera. Con este montaje, Diana viajó a Caracas para presentarse con rotundo
éxito en el Teatro San Martín durante el Festival de Teatro Venezolano 2026.
Dios y el teatro le concedieron el hermoso privilegio de culminar sus sueños en
la plenitud de las tablas.
Más allá del escenario, su vocación la llevó a
la gerencia y a la formación como directora de la Escuela de Teatro Inés
Laredo. Allí volcó sus conocimientos, manteniendo viva la llama de la academia
para las nuevas generaciones de creadores.
La maestra Diana Labrador, nacida en septiembre
1948 y fallecida el miércoles 20 de mayo 2026, es considerada una de las
instituciones artísticas más completas de la región. Su carrera abarca más de
cinco décadas de labor ininterrumpida.
Conocida por su faceta de actriz fue una
auténtica mujer del renacimiento teatral; su praxis no se limitó al oficio como
primera actriz. lo que de por sí es un logro.
De impecable técnica vocal, sus intervenciones destacan por la elegancia
en escena y su versatilidad: actuó tanto en drama clásico como en comedia,
títeres, cine y televisión, además de ser licenciada en letras. Se desempeñó como directora y dramaturga,
oficios en tradicionalmente reservado a figuras masculinas: escribió y adaptó
numerosas piezas, especialmente dirigidas al público infantil y juvenil.
Esta multifacética figura incursiona en la docencia
y gerencia cultural: fue profesora de
Historia del Teatro y directora de la Escuela de Teatro Inés Laredo, donde
asumió las riendas de la institución en 1995.
Esta querida actriz participa en numerosas obras de teatro y de cine. Su carrera actoral se dividió entre los
grandes colectivos de la región, como la mítica Sociedad Dramática de
Maracaibo, el Teatro María Calcaño y Baralt Teatro. Con la Sociedad Dramática de Maracaibo, participa
en Profundo, de José Ignacio Cabrujas, y en uno de sus trabajos más recordados, bajo la guía de Enrique León, Romeo y Julieta, versión de
Enrique León; Gardel en el Hotel Granada y Traje de etiqueta; El
médico a palos y Pedro Rimales en las etapas de finales de los 70 e
inicios de los 80. Con el grupo María Calcaño forma parte del elenco de Entre
la luna y los hombres y Te estoy mirando, amor. En el cine regional intervino en películas y
cortometrajes fundamentales para la filmografía del Zulia tales como: ¿Sabes
quién soy? cortometraje de Manuel Mundo; Lossada Girasol en 1993, de
Rafael Araujo; Piragua del sur, 1996, de Ricardo Ball; Holiday Inn,
1998, de Nerio Araujo. Su obra de despedida
de la escena es Oscuro, de noche en 2025, de Pablo García Gámez.
Hoy queda el dolor de su sorpresiva ausencia,
pero nos reconforta el calor de su memoria. Diana Labrador no se ha ido; habita
en el aplauso eterno, en las aulas de la Inés Laredo y en cada rincón del
teatro zuliano que tuvo la fortuna de verla brillar. El teatro continúa porque
Diana queda en la memoria de familiares, amigos y la admiración de los
teatristas de Maracaibo y Venezuela.
Descanse en paz, maestra.
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