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5.8.26

Nueva Jersey / Providence: Entrevista a Carlos Canales después del estreno de Suenan las campanas

 Un punto de vista

Entrevista a Carlos Canales
después del estreno de Suenan las campanas

por Carlos Rojas*

            criticarojas@gmail.com

                       Especial para Miradas al Escenario

                  

Carlos Canales en Suenan las campanas.  Foto cortesía de The Village Theatre © 2026.

 

Tras el más reciente estreno (26 de junio del 2026) de Suenan las campanas  en la 8va edición del Spanglish Theater Festival del Teatro Teba en el William V. Musto Cultural Center en Union City, NJ, y se representó el 27 y 28 de junio del 2026 en el marco del 3er Festival de Artistas en Escena por la Paz (27 y 28 de junio del 2026), celebrado en The Village Theatre de Providence (Rhode Island), organizado por el Teatro Tribal Danzante, la obra del dramaturgo puertorriqueño Carlos Canales no sólo confirmó la solidez de un largo proceso de escritura y reescritura, sino que encontró su verdadera dimensión en el encuentro con el público.

La representación se convirtió en experiencia viva y confirmó aquello que el texto apenas insinuaba: la memoria como territorio inestable, la salsa como lenguaje emocional y la escena como el último refugio de una identidad que se resiste al olvido.

Concluidas las funciones, regresamos a conversar con el dramaturgo, director, productor y actor Carlos Canales (1955, Río Piedras-Puerto Rico), esta vez no sobre la génesis de la pieza, sino sobre el acontecimiento escénico mismo: la relación con los espectadores, los silencios compartidos, las reacciones inesperadas y las revelaciones que sólo aparecen cuando el teatro deja de ser un proyecto y se convierte, finalmente, en una puesta en escena. Comienzo por preguntarte:

-Durante la función hubo varios momentos en que invitabas al público a cantar. ¿En qué instante sentiste que la audiencia dejó de observar al personaje y comenzó realmente a acompañarte emocionalmente?

En el estreno invité al público a cantar y el público respondió y gozó. Al finalizar la función en NJ, Héctor Luis Rivera, me sugirió que pusiera a cantar más veces a los espectadores. En la primera función en Rhode Island, añadí otro saneo y puse a cantar al público. En la última función en RI, puse a cantar al público otra canción y el público respondió. Aclaro que esas canciones que el público cantó fueron canciones de Héctor Lavoe. Me parece que el público no dejó de observar al personaje, porque la obra no cuenta una historia convencional ni tampoco tiene una estructura dramática tradicional. Yo pienso que siempre lo estaban acompañando y cuando el personaje los invitó a cantar el público aprovechó la oportunidad y lo acompañó con gusto y alegría.  

-La obra alterna humor, música y deterioro emocional de la memoria. ¿Percibiste algún momento preciso en el que las risas desaparecieron y el público comprendió que ya no estaba viendo una comedia, sino una tragedia?

El público reaccionó de muchas maneras al humor, a la música y al deterioro emocional de la memoria. Lo que más percibí del público fue el silencio que se rompía en los últimos que lo sentía por razones varias y difícil de explicar. Pienso que el público no sabía lo que estaba viendo y estaba a la expectativa y a la sorpresa e iba haciendo sus conjeturas y llegando a conclusiones.  

-Interpretas a un personaje cuya conciencia se fragmenta constantemente. Desde el escenario, ¿percibías que el público lograba reconstruir ese universo interior o preferías que permaneciera perdido junto al personaje?

Es una pregunta que no te la puedo responder. Solo percibía el silencio. Para mí, el espectador observaba un cuadro, y ese cuadro adquiría movimiento y volvía a paralizarse.

Mi posición fue siempre estimular la imaginación del espectador, pero sin ánimo de mi parte de contarlo. Mi objetivo fue que se adaptara a la fragmentación y reconstruyera la historia que yo no le estaba contando.  Que el presente, la representación, lo provocara y tuviera conflicto.

-El espacio escénico era muy íntimo y el público estaba a pocos metros de ti. ¿Esa cercanía aumentó la vulnerabilidad del personaje o modificó tu manera de actuar durante la representación?

La cercanía con el público fue parte de mi dirección escénica. Y aunque te parezca extraño, mi cercanía imponía una distancia, no física, sino de respeto e intriga. Yo interpreto al personaje sentado. En RI estuve muchísimo más cerca que en NJ. Toda mi dirección e interpretación se centró en esa premisa. Tenerlo cerca me retó como intérprete.

-Hubo espectadores que conocían profundamente la salsa y otros que no. ¿Notaste diferencias en la forma en que unos y otros reaccionaban ante las canciones y los silencios?

Hubo espectadores que cantaban conmigo. Me lo contaron. Excepto cuando invité al público a cantar con el personaje. Yo no veía a los espectadores. Percibía sombras. Pero cuando el público cantó con el personaje gozaron. Fue un momento sublime y disfrutamos todos.

-La obra evita explicar el Alzheimer y, en cambio, hace que el espectador lo experimente. ¿Escuchaste algún comentario después de la función que te hiciera pensar que ese objetivo realmente se había cumplido?

Más que explicar, contar, quise mostrar, ocultando información.  Si hubiera explicado el Alzheimer no hubiera escrito la obra. No me interesaba escribir una obra que contará la historia del personaje y las posibles razones médicas, entre otras. No quería escribir una obra sobre un caso clínico.

En esta obra, lejos de mí escribir una obra psicológica. La imagen que tuve del personaje fue sentado en una silla en un asilo de ancianos. El anciano estaba en silencio y de repente, como si se activara, mencionaba Radio Voz y cantaba salsa. Después se apagaba y volvía a la rutina anterior. En el foro, sí, lo escuché de algunos espectadores y me gustó escucharlo. En esta obra el conflicto se les plantea a los espectadores.

-Cuando el personaje llama a "Mai", ¿qué sentiste que ocurría en la sala? ¿Percibiste un cambio físico en la atención del público?

No lo puedo decir, porque no los veía. Pero Mai se quedó en sus pensamientos porque me lo dijeron. Al otro día, llegó un espectador que vio la obra el sábado y me dijo que se despertó diciendo Mai, porque se acordaba de su abuela.

-¿Existió algún momento de improvisación provocado por la respuesta del público o la representación se mantuvo exactamente como fue concebida en los ensayos?

Incorporé la improvisación y ocurrió en la última función. Para justificar el tercer soneo, improvisé y resultó hacerlo. La respuesta positiva del público rebasó mis expectativas, me motivé en esa escena y alargué el soneo.

-Al interpretar tú mismo un personaje que canta, recuerda, predica y se desdobla, ¿hubo alguna reacción inesperada del público que modificara tu ritmo interno durante la función?

Nada alteró mi representación y hubo muchos comentarios de los espectadores en las funciones, pero no me incomodaron. Porque el personaje que interpreto escucha voces y se las cuestiona.

-Muchos espectadores terminaron hablando de la memoria más que de la enfermedad. ¿Te sorprendió que la representación desplazara el centro de lectura desde el Alzheimer hacia la condición humana?

No te lo puedo asegurar. Pero si hablaron de la humanidad del personaje y me sorprendió. Pienso que el centro de la obra está en la memoria. Las canciones de salsa que canta son de los setenta, ochenta y noventa. Pero la letra de las canciones despierta la memoria. Pero la memoria no es un terreno baldío. La letra despierta situaciones y experiencias. Una espectadora me contó una experiencia con una de las canciones.

-¿Qué escena produjo la respuesta emocional más intensa del público: las canciones, el humor, los silencios o la invocación final a "Mai"? ¿Coincidió con lo que imaginabas durante el proceso creativo?

Es muy difícil responder esta pregunta. Creo que hubo una combinación de todo. Creo que la obra impactó como lo había imaginado. No me gusta espectacular, pero cuando al final invoco a Mai, percibí la intensidad del público. Fue una escena climática que caló en los espectadores.  Al final de la obra no hay apagón ni telón, cuando me levanté a saludar el público seguía impactado. Seguían en el viaje que les produjo la representación.

-En varios momentos el personaje parece conversar con voces invisibles más que con la audiencia. ¿Sentiste que el público aceptó convertirse en testigo de esa intimidad o intentó interpretar racionalmente lo que veía?

El público aceptó ser testigo, pero no pudo evitar participar, hubo risas y silencios.

-Después de las funciones en Providence, ¿cambió tu percepción como autor sobre la obra? Es decir, ¿el comportamiento del público te reveló algo del montaje que durante los ensayos todavía no habías descubierto?

Lo más duro que experimenté fue saber que estaba sentado y observando al anciano que estaba sentado e inmóvil en una silla. La presencia del público me impresionó y me sorprendió. Para incluir el segundo y tercer soneo tuve que improvisar y decir: “Para, Willie Colón. Willie, Willie, pararemos un momento. Este público gozó los soneos anteriores. Así que lo vamos a poner a gozá ahora”. Que el público goce más con las dos canciones será incorporado y me llevará a aprender otros soneos de la canción que no incluí.

-Al terminar la función, ¿qué silencios del público te sorprendieron más que los aplausos? Cuéntame.

Al final de la obra no hubo apagón, como te dije antes. Me levanté, me quité las gafas y saludé. En ese momento empezaron a aplaudir. Creo que les costó reaccionar porque estaban despertando de una pesadilla. Reponiéndose de la representación, de lo que había experimentado y sentido.

-Para terminar: Si tuvieras que definir la representación a partir de la reacción del público y no de tus propias intenciones como autor y actor, ¿qué dirías que vivieron realmente los espectadores durante esos cincuenta minutos?

Vivieron una experiencia teatral inusual. Estuvieron expuestos a una representación poco convencional, de una estructura circular, que les exigía llenar los blancos, manejar los recuerdos y conflictos que les provocaba el texto y la interpretación.

CR (@mipuntocritico)

 

*Entrevista realizada por Carlos Rojas. Crítico e Investigador teatral venezolano en tránsito por Bogotá (Colombia).   

Obra dramática seleccionada

Suenan las campanas (2025)
Yo, el Supremo (2025)
El Candombe del Olvido (2025)
El Reguetonero (2024)
Érase una vez en Buenafortuna (2024)
Yo soy el cantante (2023)
El come panty (2023)
Sopas Campbell (2023)
Invitación a la mesa (2023)
Historias de mi gente (2022)
Esas sombras que se ciernen (2022)
Doñaña (2022)
MAI (2020)
Corrupción (2019)
Los laberintos laberíntikos de Ciudad Ghótica (2018)
Los hijos desamparados de Bukowski (2017)
El seminarista (2017)
Antígona Barrio (2017)
El ángel de la muerte (2017)
Amor de Locura (2016)
Avant-Garde (2015)
Entre tú y yo está él (2015)
Siete lunas señoriales (2015)
El cumpleaños (2015)
El Rey del Tambor y el Rey del Palladium (2015)
Las noches oscuras (2015)
Cuando la memoria se convierte en olvido (2014)
A la luz de la luna (2014)
Inhala y Exhala (2013)
Vive y vacila (2012)
Fue una larga noche que terminó en el día (2011)
Los hijos desamparados de Bukowski (2011)
María del Rosario y sus hermanas (2010)
Juicio Final (2010)
No tengáis miedo (2010)
Representación (2010)
El camino (2010)
El árbol de la filosofía (2010)
Los hermanos Karloff-Lugosi (2009)
Mirando el horizonte con los ojos vacíos (2008)
Ellas revelaron secretos esa tarde (2008)
EL Generalísimo Brujillo (2008)
Basta ya (2007)
Las Vecinas (2007)
Esperando el momento (2006)
Cuéntame tu tristeza (2005)
Las Noticias (2005)
Historias de mi barrio (2005)
Breve viaje hacia la madrugada (2005)
Payaso de Carnaval (2004)
¡Qué bueno está este país! (2004)
El Señor exige tu presencia (2004)
La niña de cristal (2004)
La familia de don Piro Noble (2004)
El ángel reconstructor (2004)
Salsa, tango y locura (2003)
Los intocables (2003)
La esquina caliente (2002)
Luz Celeste (2002)
Bony and Kin (2001)
Bajo un fuego celestial (2000)
El viajero del tiempo (2000)
¡Maldita sea el Capitán América! (2001)
Ecuajey (1999)
Las turistas se divierten en el parque (1999)
Gracias, mundo (1999)
Vamos a reír un poco (1999)
Homenaje a la salsa clásica (1998)
Robinson, Cagney and Bogart (1997)
El perro de José Ferrer (1997)
¡Se formó la rumba! (1997)
Me gustan las películas de Charles Bronson (1995)
Vamos a seguir bailando (1993)
Margie (1993)
Juego Divertido (1993)
Los tres reyes magos del plebiscito (1993)
Especialmente para ti (1992)
Vórtice (1991)
Tiempo Siniestro (1988)
Juego Peligroso (1987)
La casa de los inmortales (1986)
María del Rosario (1985)
Corrupción (1984).

Ha publicado las obras de teatro: María del Rosario, Margie, Vamos a seguir bailando, La casa de los inmortales, Bony and Kin, Luz Celeste, Salsa, tango y locura, El cine del pueblo, ¡Qué bueno está este país!, Los intocables, Vórtice, Trilogía de los Dictadores, Ecuajey, El generalísimo Brujillo, Teatro del lado de allá y ¡Maldita sea el Capitán América!

En narrativa: (Relatos) Los hombres de los rostros tristes

Aquí les dejo algunos enlaces para consultar más sobre el autor:

Carlos Canales Cintrón:

https://peoplepill.com/people/carlos-canales-cintron/

http://worldcat.org/identities/lccn-n96027411/

https://leamoscuentosycronicas.blogspot.com/2020/06/ni-connery-ni-bond.html

 

En Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Canales_Cintr%C3%B3n

Guarenas: Lo sabroso del teatro.


Por Marta Crespo, Cultural Curupao.

Cada vez que voy a una función de teatro, pienso en quienes están en escena, en los “tras bastidores”.  En el tiempo “cósmico”: 45 minutos, una hora, o lo que dure pasa ante nuestros ojos una historia contada por seres maravillosos capaces de tal valentía como es caracterizar a personajes que nos enseñaran algo… ¡Un privilegio!

Normalmente demora meses preparar una puesta.  Esta puesta en escena de hoy, la de los campamentos, no tiene tiempo de ensayos.  Su tiempo es de sensibilidad, de amor, de necesidad de aportar algo en momentos que nadie se imaginó nunca pasaría.

Lo que les quiero contar es la experiencia en los campamentos. No es cotidiano asistir a una función donde nuestra misión va más allá de recrear, entretener, dejar un mensaje para llevarse a casa y pensar.  Estas no, estas funciones dedicadas a los campamentos también son para apoyar, ayudar, conducir a un público tan especial a contactarse con la esperanza.

Distraer, divertir, sembrar entusiasmo… ¡Nuestros títeres al escenario! 

3.8.26

Guarenas: ¡Arriba el telón…! Los otros escombros.

 

Por Profesora Marta Crespo.
Asociación Civil Cultural CURUPAO.

Comenzaron a pasar los días, la confusión no pasaba. La experiencia se continuó repitiendo en la realidad y en nuestra mente; las réplicas estaban afuera, en el suelo, y en las almas de los asustados venezolanos… incluyendo a quienes no se vieron afectados. Comenzamos a llamar a la familia, a reencontrarnos, a buscar a los amigos, a los colegas artistas, a los teatreros, todos somos una familia.
Escenas terribles y noticias angustiosas… el doble terremoto dejó sus huellas en nuestras almas… vivimos las consecuencias del otro terremoto interno que nos mantiene alterados. Los mismos afectados acudieron a ayudar. Las autoridades y el mundo entero fijaron su mirada en nuestra tragedia.

Después, cuando el silencio del trauma se instaló en los campamentos, apareció una nueva necesidad ¡Allí es donde entramos nosotros¡ ¡El Circo! ¡La música! ¡La Danza! ¡El Teatro! ¡Los Títeres! ¡Los Cuenta Cuentos!  Cada uno con lo que sabe hacer… Aparte de lo material, lo espiritual.

El arte es un servicio de primera necesidad para el alma, la primera en marchar al frente en la batalla emocional; entonces se levantan en cada campamento espacios para recrear, sanar, recordarnos que seguimos vivos, que tenemos que continuar, que lo más bonito está por llegar, y renace la esperanza.

El teatro es salud… con sus vueltas y revueltas… En el teatro nos vemos, nos ayudamos, existe el contacto espiritual, la compasión, la mejor disposición al otro; la diversión, el gran universo de amor fraternal que se muestra a través de cada función.

Cada uno con lo que pueda ayudar, trabajemos de ahora en adelante por esta gesta para todos: crear una nueva normalidad... Es remover escombros, no de concreto… ahora son los del alma.

Agradezco al equipo de la Dirección de Cultura del municipio Ambrosio Plaza, bajo la dirección de la Licenciada Andreina Sánchez, asistente doctora; a María Eugenia Mejías y a las licenciadas Dary Tiria y Karina López por su invitación para unirme al proyecto de visitas a los campamentos transitorios.

Dirección de Cultura del Municipio Ambrosio Plaza. Equipo conformado por Dary Tiria, Karina López, Daniel Aponte, Gladys Manrique, Eglys Duarte… y los que se incorporen.

Marta Crespo.
Asociación Civil Cultural CURUPAO.

Justicia para el arte zuliano, por Jesús Eduardo Espinoza

 

El reconocimiento histórico de certificación de saberes de la creación zuliana 
fue entregado por las autoridades culturales a 400 artistas. 

Por Jesús Eduardo Espinoza

Llegar a una ciudad nueva es, en el fondo, iniciar un primer acto sin saber exactamente cómo se desplegará la trama. Hace diez años, Maracaibo dejó de ser geografía ajena para convertirse en mi territorio cotidiano, el espacio donde la vida exigió reconfigurarse y echar raíces. Hoy, al repasar este decenio, entiendo que la cultura no solo se habita: se interpreta, se descifra y se sostiene colectivamente a través de las instituciones y las personas que la hacen posible.

En esta trayectoria, la Escuela de Teatro Inés Laredo me dio a conocer como docente. Durante nueve años. Cinco años al frente de la cátedra de Análisis del Texto Dramático compartí con generaciones de estudiantes el rigor de desarmar la estructura de la pieza teatral: entender la pulsión secreta tras una réplica, el peso del subtexto en el silencio y la carpintería invisible que sostiene la acción dramática. Enseñar a leer, analizar, su temática y conflicto entre los personajes en el texto. Fue, al mismo tiempo, una lección diaria sobre la condición humana y sobre el oficio escénico.

Lic. Giovanny Villalobos
El teatro es movimiento constante. Recientemente, este trayecto se vio honrado en las instalaciones del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB) en un acto de profunda significación para la memoria viva de la región. La Secretaría de Cultura del Estado Zulia, bajo la gestión del licenciado Giovanny Villalobos, en alianza con la Universidad Politécnica Territorial de Maracaibo, la Gobernación del Zulia y el Ministerio Popular para la Cultura, llevó a cabo un proceso histórico de acreditación de saberes.

Es fundamental destacar que este tributo no fue un hecho aislado ni personal: más de trescientos artistas, cultores, creadores, escultores y hacedores de diversas disciplinas fuimos convocados para recibir el justo reconocimiento de nuestras trayectorias. Para todos ellos, cuya labor silenciosa y constante ha transformado el tejido sociocultural del estado, va también mi más sincero aplauso y felicitación. Validar formalmente la experiencia empírica, la investigación y el impacto comunitario de este gremio es un acto de justicia histórica que dignifica el trabajo de la creación zuliana.

El autor Jesús Eduardo Espinoza
En lo personal, recibir en ese marco la acreditación como Maestro Emérito en Dirección Teatral y Artes Escénicas constituye un compromiso renovado con la cultura. Esta distinción no marca un punto de llegada, sino la apertura de un nuevo frente de trabajo. Mi paso por la educación formal en la Escuela de Teatro Inés Laredo se traslada ahora hacia la acción directa en la comunidad.

Desde un nuevo centro cultural comunitario, asumiré la tarea de continuar la formación tanto en la escritura teatral como en la puesta en escena, convencido de que la herramienta dramática cobra su mayor sentido cuando echa raíces en el entorno social y contribuye al engrandecimiento del lugar que nos acoge.

El arte de la dramaturgia sigue siendo el vehículo para interpretar nuestro tiempo. Al cerrar un ciclo en el aula para abrir un canal de creación comunitaria y producción escrita, ratifico el compromiso con la palabra, la escena y la transformación cultural de nuestra tierra.

Nada de esto hubiese sido posible sin la huella imborrable de quienes trazaron el camino antes que yo. Todos mis logros en las artes escénicas se los debo a recordados maestros y profesionales del teatro que me legaron sus infinitos saberes. Rindo tributo a nombres fundamentales como Rodolfo Santana (fallecido), Tomás Jurado Zabala, Néstor Caballero, Elio Palencia, Armando Urbina (fallecido), Gilberto Pinto (fallecido), César Eduardo Rojas, Blanca Sánchez, Nicolás Curiel (fallecido), Levi Rossell (fallecido) y Enrique Porte (fallecido). Aunque muchos de ellos partieron a otro plano, sus enseñanzas permanecen vivas y me han permitido transmitir ese legado a mis alumnos: tanto a aquellos del estado Miranda, en Guarenas, como a las promociones egresadas de la prestigiosa Escuela de Teatro Inés Laredo en Maracaibo. De ellos me llevo la riqueza de las experiencias compartidas, la convivencia en las tablas y, sobre todo, el afecto entrañable de maravillosos estudiantes.

Gracias a los organizadores. Profesores evaluadores de las distintas areas artisticas.

1.8.26

Memorias. Epopeya del mediodía: catorce años de luz escénica en el IPSFA, por Miguel Flores

 

Por Miguel Flores

​El teatro, como la vida misma, a veces nace en los rincones más insospechados. Mi formación académica me exigía el rigor propio de la Escuela Juana Sujo, pero mi verdadero laboratorio de desinhibición escénica no tuvo lugar bajo las luces de un proscenio convencional, sino en el kiosco del área recreacional del Instituto de Previsión Social de la Fuerza Armada (IPSFA). Este recinto, que aún hoy se erige en Los Próceres, en Caracas, como una vital institución de servicio social para los militares y sus familiares, se convirtió en mi peculiar sala de ensayos. Allí, al mediodía, entre los preparativos para bodas y bautizos o el cumpleaños de un hijo del ministro, yo ensayaba mis monólogos. Mis primeros espectadores —y mis críticos más frontales— fueron los mecánicos y el personal de mantenimiento que descansaban en la zona. Sus bromas y su camaradería fueron el crisol donde dejé para siempre el miedo escénico. Cuando regresaba a las aulas, lo hacía con la piel curtida y una soltura que me valió las mejores notas.

​Esa audacia recién descubierta fue el detonante de lo que vendría. Rápidamente fui convocado para conformar un elenco y montar una obra para la fiesta institucional de diciembre. Mil almas —entre empleados, obreros y militares— atestiguaron aquel experimento. El éxito fue tan rotundo que el aplauso se transformó en una propuesta formal: al regresar de las vacaciones, en enero de 1988, nació oficialmente el Grupo de Teatro IPSFA.

​Visto en retrospectiva, éramos inmensamente ricos. No solo por el privilegio de hacer Teatro, sino por el respaldo tangible que recibíamos. Contábamos con un presupuesto que hoy parece extraído de la ficción: cien mil bolívares de los de antes para la producción, cien mil para nuestros viáticos y otros cien mil destinados a las celebraciones tras el telón. Aquella bonanza nos permitió, tres años más tarde, sumar una nueva partida para invitar a otras agrupaciones. Habíamos logrado algo insólito: democratizar el arte a la hora del almuerzo. Una vez al mes, la gente devoraba su comida con prisa para ir a sentarse en las butacas. Hacíamos tres montajes anuales y, aun así, no dábamos abasto ante el apetito cultural de la institución.

Pertenecer al Grupo de Teatro IPSFA se convirtió en un símbolo de prestigio. Las audiciones y la competencia, por un lugar en el elenco de veinte personas, eran intensas. Y es que, aunque nuestro trabajo sobre las tablas era estrictamente ad honorem por nuestra condición de empleados, la recompensa era invaluable. Emprendíamos giras de hasta un mes por diversas guarniciones y regimientos en todo el país. Durante diez años ininterrumpidos, tuvimos además el inmenso honor de asistir como grupo invitado a la Muestra de Teatro de Cantaura, un espacio de resistencia y celebración artística magníficamente dirigido por el maestro Wilfredo Meza.

​Nuestro repertorio estaba diseñado para el alivio. Las comedias eran nuestro estandarte; brindábamos entretenimiento puro para aligerar la carga de la rutina. Para lograrlo, nos nutrimos de la pluma de grandes escritores: nuestro punto de partida fue la genialidad de Aquiles Nazoa, el primer autor que llevamos a escena. A partir de allí, el abanico se expandió para dar voz a la dramaturgia de José Gabriel Núñez, Rodolfo Santana y el argentino Osvaldo Dragún. También nos medimos con las letras universales, escenificando las inmortales comedias de William Shakespeare y la inigualable agudeza de las obras cortas de Antón Chéjov. Sin embargo, entre tanta variedad, hubo un montaje que rompió el molde y que atesoro con particular orgullo: Partícula de polvo. Nacida de una idea mía sobre el milagro del origen y el trascendental trayecto de la existencia, esta obra cobró vuelo gracias a la genialidad de Arturo Herrera, quien compuso e interpretó la música. Aunque el tono reflexivo y profundamente humano se alejaba de la comedia habitual, el público nos regaló su más absoluto silencio y atención.

Nada de esta magia habría sido posible sin el talento y la entrega de un equipo humano irrepetible. Empleados y obreros unidos por el rito escénico. Resulta imperativo nombrar a José Lugo, María Romero, Jorge Guerra, José Pérez, Eduardo Carrero, Luis Eduardo Pérez, "cabeza de piedra" (no recuerdo su nombre) y Yomara Verroes, Yolimar González entre otros, presencias indelebles en mi memoria. A esta familia teatral también se sumaron grandes talentos como actores invitados, enriqueciendo la escena con figuras de la talla de Virginia Gil, Dimas González, Yolimar Rojas y Gregorio Milano, Girana Valecillos entre otros entrañables colegas. Y, de manera muy especial, menciono a José Melchor, un compañero de tablas cuya lealtad artística ha trascendido el tiempo, acompañándome desde aquellos días del IPSFA hasta mis más recientes experiencias escénicas.
Toda epopeya dorada, sin embargo, se enfrenta al inevitable peso de la tragedia. Hacia los años 2001 y 2002, la atmósfera del país y de la propia institución se fracturó. Los ecos de un partidismo cada vez más oscuro penetraron en nuestros pasillos, transformando el espacio creativo en un escenario de discordia donde llegamos a presenciar el horror de ver a personas apuntándose con armas de fuego. A pesar del inmenso presupuesto que aún manejábamos y de las insistentes invitaciones a quedarme tras aquellos incidentes de violencia, supe que mi ciclo había terminado y decidí marcharme hacia otros predios.

​Entendí, con una claridad rotunda, que un artista no puede habitar donde la hostilidad institucional y humana roza los linderos de la muerte. Aunque es innegable que toda acción humana es, en el fondo, política, la militancia partidista ciega no es el lugar para un creador. El arte exige libertad, alma y luz, no la ceguera de la pólvora. Así, priorizando mi tranquilidad espiritual y mi propia vida, opté por la elegancia del mutis.

Hoy, al repasar esos catorce años, me niego a que la nostalgia se tiña de melancolía. A menudo la historia se escribe desde la tragedia, pero yo reclamo el derecho a documentar la luz. Este relato es un manifiesto de gratitud, un testimonio de vitalidad, un espacio para la profunda reflexión y, sobre todo, un homenaje a la inmensa belleza del país que tenemos.

Fotos: José Melchor y Eduardo Carrero.

31.7.26

Breves San Cristóbal, Táchira: “El Teatro in Plaza” en la Hemeroteca Estadal

 

Presentación del Teatro in Plaza” en la Casa Steinvorth.

Continuando con el proyecto “Tertulias vivenciales del estado Táchira”, el viernes 7 de agosto en la Hemeroteca Estadal “Pedro Pablo Paredes”, se estará hablando sobre el Teatro in Plaza.

El teatro de calle podría definirse como una forma de interpretación teatral que se desarrolla en espacios públicos, generalmente al aire libre.  La actividad, que es organizada por el Movimiento Teatro Escena Táchira, MOTESTA se iniciará a partir de las tres de la tarde.

El proyecto “Tertulias vivenciales del Táchira” se desarrolla los primeros viernes de cada mes y, de manera rotativa, tendrán como escenario el Ateneo del Táchira, la Biblioteca Pública Central “Leonardo Ruiz Pineda” y la Hemeroteca Estadal Pedro Pablo Paredes”.

En este conversatorio se hablará todo lo relacionado con el trabajo que realizan diferentes grupos de teatro, títeres y artes circenses, entre otros.

La invitación es para toda la comunidad.

28.7.26

Opinión: *RENACER, insepulto* por Bartolomé Cavallo

 Con el eslogan Venezuela Renace, se intenta crear un concepto categórico para impregnar todo el país de un sentimiento autonómico, cargado de paz, esperanza y resiliente; donde todo apunte a la reconstrucción de la infraestructura, la economía y nueva modernidad.

Se sabe que no se volverá a lo que estaba, por eso lo nuevo debería ser de otra forma. Mejor, sería la palabra. Pero de qué forma. En el área de la cultura y específicamente en el teatro, desde donde yo me desenvuelvo, el panorama se torna turbio. Ya en otra nota hablé de las Zonas Especiales, que por cierto se desinflaron, advertía la necesidad de la infraestructura teatral; ahora vuelvo a lo mismo.

En un encuentro con un dirigente del Teatro Ateneo de Maracay, quien propugnó que de ahora en adelante serían los grupos teatrales -y de cualquier naturaleza cultural- que tendrán que encargarse de sus costos de producción, logística, taquillería y financiamiento, dado que ya el Estado no tiene dinero. Yo diría también que no tiene voluntad. Aunque esto no sorprende.

Es decir, que el Ateneo solo será un espacio para el alquiler. 

Por eso vemos muñecos, fantoches, imitadores y payasos que no hacen reír, pero pagan el alquiler. La pregunta odiosa es ¿cuánto público me garantiza el Ateneo? Porque entonces yo debo no solo montar la obra, sino también conseguir vestuario, hacer afiches, pagar honorarios y vender las entradas, inclusive, llevar mi propio taquillero.

Y siguen las preguntas aborrecibles, ¿cuál es el papel del Estado Cultural? 

Una vez un directivo del Teatro de la Ópera manifestó que abrirle el teatro a un grupo – cuando existía la política de un día al mes para el teatro- le costaba a él 4.000 dólares y que él no percibiría. 

En este sentido, habría que preguntarse ¿cuál es la política que tiene el Estado para con el teatro aragüeño? Porque ser directivo así parece fácil, si solo debo esperar a que los grupos vengan a mí para hacer el contrato.

*Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda*

26.7.26

Cine: Todos quieren con Candelaria, 15 de agosto en Maturin.

 (Hacer teatro o cine en las regiones requiere esfuerzos a veces titánicos.  Publicar esta nota sobre cine nacional es el modesto apoyo que el blog de teatro Miradas al Escenario da a nuestros creadores).   

Por Miguel Flores

Hacer cine en nuestras regiones —más allá del centralismo y proyectándonos hacia el sur y el oriente de nuestro país— es siempre un acto de fe y una verdadera proeza. Implica un esfuerzo titánico de producción, resistencia artística y una entrega absoluta por llevar a la pantalla nuestras propias historias.  Por eso, cada película que se concreta es un motivo de orgullo y una gran victoria cultural. ​

En esta oportunidad, tuve el honor y el privilegio de ser convocado como actor invitado para realizar una participación en la película "Todos quieren con Candelaria", una producción impulsada por ECIMA Oriente, dirigida por Martín Martínez y Robert González; protagonizada por Anyelín Ramírez y Jesús Ávila.

​Como creador y apasionado defensor del hecho cinematográfico, celebro profundamente cada espacio que se abre para dignificar el talento de nuestra tierra y enriquecer nuestro patrimonio cultural. ​

Este próximo 15 de agosto seremos testigos de un preestreno muy especial en Maturín. Próximamente estaremos anunciando la hora y el lugar exacto del evento. ​

¡Apoyemos con entusiasmo y orgullo el cine que se hace en nuestra casa!

25.7.26

Archivo, 2016: Hace una década Aquiles Báez conmemoró los 133 años del Teatro Baralt y dijo adiós a Maracaibo

 

Aquiles Báez

Nostalgia concitada por Alexis Blanco, El Barroco Cronista Cuántico

La última vez que nos despedimos fue en el Teatro Baralt. Hubo tantos planes y proyectos que ahí nos contó, en el camerino, mientras rasgaba las cuerdas de su compañera. Decía que por acá por los lados del Coquivacoa el talento musical florecía como mangos o cayenas. Suave decir, de alma, voz y manos, cadencia preciosa trepada en la platabanda de aquella casa imaginaria donde quiso sembrar tiempo y soma ¡Qué mala noticia la vuestra…! Bichas casualidades nuestras, nada más el viernes revisaba aquella nota última que propició para mí la presencia de Aquiles Báez en esa velada conspicua que traba mis recuerdos de harta pena.  En aquel entonces, 2016, escribía, poseído de la vertiginosa fuerza de mi posverdad en pleno cumplimiento de su deber.

Cayito Aponte, Brenda Rangel, Aquiles Báez y Ana Isabel Domínguez.
133 aniversario del Teatro Baralt.  Foto: Alexis Blanco

Teatro Baralt.  Este concierto aniversario de Aquiles Báez y su cuarteto ha sido uno de los más hermosos y sentidos que he presenciado en mi facinerosa vida de seudo crítico de arte.  Una belleza conjugada de poesía y música, como si el arrabal quedara en la tramoya.  Aquiles transforma su guitarra en un nuevo bandoneón (instrumento que dejará de llevar sólo el apodo de "Doble A, o Alfred Arnold" (sic. Piazolla) para denominarse también "AB por Aquiles Báez").  Ese homenaje suyo compuesto en homenaje al inmortal Ástor, proyectado también para otro inmortal, Alirio Díaz, resultó extraordinario...Cayito Aponte y la exquisita Ana Isabel Domínguez son un par demasiado intenso, como para que uno no llorara, desde Palermo hasta Corrientes, esto es, entre las bambalinas del hermosísimo Teatro de Teatros, nuestro Teatro Baralt, donde (sic. Aquiles), hasta los fantasmas andaban moqueandito, como lo hacía este miserpiento cuando escuchó esa versión de "Chiquitín, dame un ramo de vos, así salgo a vender mis vergüenzas en flor.  Baléame con tres rosas que se lleven a cuenta del hambre que no te entendí, Chiquitín…". ¡Ufff!!! Demasiado Sur deslizándose por "La cresta del sueño" convertida ahora en esa dama de las cuerdas del poder de Báez y de su cómplice violinista Brenda Rangel, egregia talentosa muchacha que merece un aplauso de letras multiplicadas.  Mención especial merece el maestrísimo Alexander Ventura, quien, junto con sus bailarines, terminó por redondear una velada plena de arte fino, digno de esos 133 añitos del espacio que hemos aprendido a defender a capa y espada en cualquier instancia posible... “Adiós, Nonino”; “Oblivión”, como para volver a renacer en cada cadencia.. La bienamada Goya Sumoza hizo una presentación magistral, plena de humor y de gracia como para seducir a cualquier "maracucho-bonaerense".  Gracias a la gente del Baralt (Mexi de Donato seguirá siendo extrañada, por tirios y troyanos) por tan exquisito "bocatto di cardenal".

El sábado me perdí el fiestón teatral en la calle pero me han contado, para mi perfecto regocijo, que también reportó hartas complicidades congregadas en un solo canto de amor y de vida por nuestro egregio coso teatral, el que tanto nos enorgullece y compromete.  En fin, extraordinaria celebración.  El año próximo redondearemos nuestros comentarios con una mirada íntima al escenario desde el escenario mismo, donde trataremos que nos inviten a concitarla.  ¡Viva el Teatro de Teatros!!! El mismo donde, hace tres décadas, los "Dramáticos" de Enrique León Luzardo hicimos una Visita Guiada que instigó el plan de rescate del teatro del cual ha contado con magistral enfoque nuestra bienamada Marlene Nava.  Gracias, de nuevo, bienamados cómplices baraltianos. ¡Salud!!

Triste.  Venezuela, que digo, los venezolanos, hemos perdido a uno de nuestros más nobles y generosos músicos. Murió por allá por Aschen, un lar donde La Parca creyó que aquel hermoso gordo que dormía poseía el mismo talento del músico aquel de quien se enamoró, en una novela muy celebrada, de José Saramago.

Esa misma tristeza cunde como neblina en el Ávila, ¡coño…!

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...