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12.4.26

El teatro: una isla flotante, por Freddy Antonio Torres González.

 El teatro es una isla flotante, un espacio de libertad donde la curiosidad abre caminos.

La fatalidad como experiencia, según el Fausto de Goethe, es el más querido niño terrible de la fe para entonces atribuirle a Shakespeare, los prodigios de su teatro, la mentalidad de un hombre que profesa una religión revelada.

De hecho, no hay pruebas

de esta suposición, y
lo que dicen sus personajes
no puede ser otra cosa que la expresión
de las conjeturas, y prejuicios de sus detractores.

Shakespeare se estudia más bien como un escéptico del Renacimiento tardío y como todos dudó que nuestra alma fuera inmortal y que Dios hubiera creado el mundo de la nada.

Se cree que un poeta como él ha tenido y como" lo revelado " sus obras maravillosas; un sentido de lo trágico que presupone una experiencia de fatalidad.

Con esto se alude a una irrupción en la vida humana de un "Fatum", que es similar a la Moira griega, es un poder único, ignoto, particularmente funesto, que penetra en nuestra existencia cotidiana desviándose del camino previsto por nosotros.

Pero, a pesar de esto, se puede como sugiere Nietzsche, aprender a amar el Fatum regresivo que viene de afuera al propio ser, de manera que con el talento del autor, llega a tener cierto sentido de expresión nihilista, "Ego Fatum":

Yo soy mi destino

porque me he identificado con él
y por eso deseo que se cumpla
cómo lo preveo,
y se cumpla. (Amor Fati).

El teatro siempre ha sido

una isla flotante como dice Eugenio Barba,
en el entrenamiento diario del actor
todo depende de la hora
el estado emocional del aprendizaje,
un espacio libre donde el rechazo
y la libertad de estar confluyendo
para otorgar cualidades.

La experiencia de la fatalidad

suele ser " lógica" de previos agravios,
a veces un castigo que recibimos
como culpa de nuestros antepasados
porque no proviene de una facultad divina.
No obstante, el fatalismo,
incorporado por ciertas religiones
ciertas sectas religiosas,
es más bien pretender adivinar
algo del Fatum que creemos
cómo apropiado para nosotros
En cuanto a la Moira de la tragedia griega
inflexible, ella actúa para corregir
un atributo de los dioses mismos.

Jan Kot un estudioso polaco de Shakespeare,

dice, "el autor inglés no tiene ninguna ilusión,
ni siquiera la ilusión de que se puede vivir
sin ilusiones".

Esto quiere decir que lo acerca a Kafka,

para quien, no es posible conocer algo
que no sea ilusorio.

Este acercamiento con Kafka es tenaz,

ya que posee un aura religiosa
de profeta del desastre existencial.

Cualquier presunción de apreciar

a Shakespeare como agnóstico
o un ateo como ocurre con Cioran
el poeta de la inconveniencia de haber nacido,
quiere llevarlo a la plegaria lo cual no es verdad. Los ingleses pretenden hacer de Shakespeare un poeta del cristianismo
elevado para castigar a los incrédulos;
ellos ignoran que en su espíritu profundo
predomina la espiritualidad pagana.

La curiosidad abre caminos,

soltar lo que uno sabe es condición de ver desde otra perspectiva,
dice el biólogo chileno Maturana.

Escuchar de manera personal y única,

se requiere una actitud sin prejuicios
ni expectativas para soltar las certidumbres.

En el entrenamiento actoral del Odin Teatro de Barba, hace una selección basada en las dotes de carácter, en la fuerza de ánimo, en la testarudez, y no en el talento aparente o las capacidades expresivas del intérprete.

La mayoría abandona los ensayos, probablemente porque no logra comprender con la imagen de teatro que tiene, y los duros ejercicios de cuatro horas intensas.

Los que aguantan y se quedan consiguieron un sentido espiritual personal. Ellos mismos encontraron un sentido, es decir, no hay justificaciones.

Ellos mismos buscaron la razón a esta forma de entrenar el cuerpo desde la sumisión,

una elección personal individual: una rigurosa disciplina voluntaria.

Si uno está centrado en lo que sabe,

interfiere en la relación de escucharse
recíprocamente: es una condición biológica
del encuentro entre el director y el actor.

La idea de Maturana de que los organismos
vivos se producen y se mantienen
a sí mismos desde su propia estructura.

Cada organismo percibe el mundo
según su propia organización interna,
no según su propia organización interna,
tampoco según una realidad objetiva.

Lo que veo, no es “lo que hay”,
sino lo que mi sistema nervioso,
con toda mi historia y sus configuraciones,
puede procesar.

Cuando uno entabla una conversación, convencido de lo que el otro es,
lo que el otro necesita,
lo que el otro va a decir,
no estoy escuchando al otro, lo ignoro,
y esa imagen construida en el proceso
de la elaboración de las vivencias
de la realidad en la escena,
puede ser tan sólida que me haga invisible
lo que realmente está frente a mí.

El método de resonancia lubrica
del experto Investigador Maturana,
parte desde esa primicia.

La postura fenomenológica de Hellinguer,
enseñó como condición el trabajo genuino
con el Otro.

Hacerse disponible para ser tocado
por lo que el sistema porta, sin organizar
ese campo con categorías previas.

Eso significa soltar las certidumbres.
No ignorar lo que se sabe.
Ponerlo entre paréntesis.
El terapeuta que no logra ponerlo entre paréntesis no puede ver
lo que está frente a él.

Solo puede confirmar lo que decidió encontrar.

Cuando Nietzsche lo formuló: los conceptos que no pueden ser revisados se convierten en momias capturan la realidad en un momento y la presenta como si fuera un hallazgo vivo.


Pero la "cosa viva" siguió moviéndose.
El foco del facilitador " la tolerancia a la incertidumbre”.
La capacidad de estar con la pregunta sin apresurarse con la respuesta es lo ideal.
Dejar que el campo revele,
antes que el mapa decida.


Freddy Antonio Torres González.

11.4.26

Entrevista a William Quiroz: Titilar festeja sus 30 años conversando en el Teatro Baralt sobre su estreno de Pinocho, por Alexis Blanco.

Recientemente presenciamos a William Quiroz, en una función bellísima en la plazoleta de Rafael María Baralt, haciendo que gente como Yazmina Jiménez o Luis Perozo Cervantes volviesen a sentirse niños, entre niños, ha sido un lujo superior.

Por Alexis Blanco.

En el Café Baralt suceden todos los días cosas maravillosas, sobretodo, encuentros creativos de nivel superior. Por ejemplo, sentarse en una mesa con William Quiroz para una entrevista acerca de los 30 años de su Grupo Titilar y, más tarde, contar con la presencia de otro mago del teatro para niños, Wolfgang González, quien hará de Gepetto en la próxima producción.

Recientemente presenciamos a William Quiroz, en una función bellísima en la plazoleta de Rafael María Baralt, haciendo que gente como Yazmina Jiménez o Luis Perozo Cervantes volviesen a sentirse niños, entre niños, ha sido un lujo superior.

William ha macerado, de calle en calle, de plaza en plaza, de lugar insólito a sitio increíble, un teatro itinerante, una humilde cátedra de seis lustros donde él, psicopedagogo profesional monta en sus alas a un público cándido que ríe y canta y participa de sus rutinas hermosas y bien desarrolladas.

Un actor de inmensas facultades, duende y finura, quien ha logrado recrear una voz extra, una máscara que le permite a su vez descansar su propia voz, al tiempo que matiza y administra con clase los variantes momentos de su espectáculo infantil. Eso es técnica y oficio, una proeza cuyo origen expondrá en esta interviú.

-¿Qué estáis haciendo ahora?

Vamos a estrenar Pinocho, el próximo jueves, 16 de abril, a las 6:30 pm, aquí en el Teatro Baralt.

-Hablemos de tu teatro como patrimonio durante 30 años…

-Titilar siempre ha tenido una mirada pedagógica en función de utilizar la
herramienta artística como un instrumento de comunicación. El arte en sí, para mí siempre será transformador, siempre. Desde que lo inicié, estudiando, hasta conocerlo, y aún sigo conociéndolo, él me ha permitido la experiencia de poder encontrar unos códigos, un lenguaje, una narrativa, que que se puede emplear dependiendo del target del público, de quien yo vaya a dirigir en una pieza de teatro…

Cuáles son tus expectativas para el conversatorio de este viernes 10 de abril?

-Yo invité a todos los amigos del gremio cultura, también de educación, así como a entidades de gobierno. Espero que se acerquen, porque todos tenemos un vínculo en común que es el de hacer cultura, para para brindar una alternativa diferente a la ciudad, a la comunidad. En lo particular, para mí es como una retroalimentación.

Porque vamos a escucharnos, todos, y es un aprendizaje vivencial, en el sitio. También tengo una finalidad, un objetivo, que quiero que se cumpla, o por lo menos tomar el propósito como el punto de partida que es culminar con una ruta nueva, un planteamiento desde todos nosotros, de cómo miramos la ciudad y definir lo que está sucediendo.

El hecho cultural, en toda sus disciplinas, en la ciudad. No quiero ser peyorativo, pero no vamos a seguir siendo islas dentro de una gran ciudad. O vamos a hacer una comunidad realmente y vamos a permitirnos engranar un trabajo o ser sistemáticos en un proceso colectivo. Desde el respeto, desde la mirada, desde el propósito de cada cual, porque cada quien tiene unos objetivos diferentes, pero creo que hay uno siempre en común, que es el hecho de permanecer activos, como merece nuestra ciudad. Aquí realmente suceden cosas, pero en muchas ocasiones esas cosas están pasando desapercibidas por todo el mundo.

Con smoking, el autor y director de Pinocho, William Quiroz
(Foto Enzo Ríos)

-Hablas de una fiesta teatral…

-Por eso, cuando se me ocurrió la idea de hacer la Fiesta del Teatro de las Américas, yo dije a ver nosotros nos la merecemos y la necesitamos. Nosotros, desde el 20 de marzo, comenzamos con una actividad itinerante como un circuito cultural por toda la ciudad, con amigos de diferentes disciplinas. Los invitamos, les hablamos, sobre objetivos en común. El primero, que nosotros podamos tener la oportunidad de celebrar con nuestros amigos que han permanecido durante este tiempo de los 30 años, y, el segundo, es que la comunidad que nos sigue a cada uno de nosotros pueda tener la posibilidad de conocer dónde está cada quien. La cultura está en todos lados. Nuestra Fiesta ha sido desde el 20 de marzo hasta el final de abril.

-Puedes brindarnos una sinopsis desde aquellos días iniciales a este tiempo de celebración…

-Todo comenzó con los doce jóvenes que egresamos de la Décima promoción de la Escuela de Teatro “Inés Laredo”. Estábamos sentados en las escaleras de la escuela de teatro vislumbrando como, en aquel momento, los grupos referentes más importantes en la ciudad, y que no absorbían ese talento educado en la escuela de teatro. O muy poco.

Era muy selectivo entonces. Nosotros ya habíamos tenido una oportunidad que nos brindará la maestra Yasmina Jiménez, quien nos permitió hacer lo que soñábamos. Luego, gracias a la tutoría de nuestra profesora de teatro infantil, Diana Labrador, montamos una pieza inspirada en el cuento de Cósimo Mandrillo, El árbol de jugar. Y culminó siendo nuestra primera pieza de teatro infantil, hecha desde la experimentación. Así, hicimos un circuito a nivel estatal.

-¿Quiénes integraban aquella promoción hecha grupo?

-Marcos Meza Pineda, Jorge Iglesias, Óscar Hernández, Doris, (no recuerdo ahora el apellido), Norka Zapata, Joana Fuenmayor, Maribel Granadillo, Vicky Reyna, Reinaldo Rincón, Jesús Franco y mi persona…

-¿Cómo surge el nombre de Titilar?

-Teníamos y sentíamos la determinación de hacer una agrupación de teatro, no teníamos un nombre, Alexis. Queríamos hacer un homenaje a la escuela de teatro. En principio era algo así como “Pietila”. Titilar nace en la calle Padilla, al lado del hotel Caribe, de Augusto Pradelli. Entonces nos sentamos allí a preguntarnos “¿como nos vamos a llamar?”. Y empezamos a pensarlo y dijimos “bueno vamos a llamarnos, Teatro Infantil de la Escuela de Teatro Inés Laredo y nos sonaba un tanto largo. Luego miramos el cielo y una estrella estaba pasando. El brillo de la estrella hizo que encontráramos esa clave y así surgió Titilar.

-¿Cuál ha sido su visión?

-Nosotros siempre hemos hemos tenido una razón social que es la transformación a través de las artes, generando, fomentando, valores, reforzando buenas conductas en el espectador ciudadano. Aprendiendo a hacer cosas desde la nada. Recreando la dialéctica del ensayo y error, con mucha responsabilidad.

(Tomado de Noticia al Día, 10 de abril, 2026)

5.4.26

El mundo trágico: el actor en la dramaturgia, por Freddy A. Torres González

 

Juan Carlos Gené


Freddy A. Torres González

Vivimos tiempos complejos.

También tiempos confusos.

Esa compleja confusión se transmite en las imágenes que las denominaciones despiertan en nosotros; en este caso la referencia al actor y su especificidad en el teatro.
Pero en lo teatral la palabra actor despierta imágenes diferentes a cada uno de nosotros y esto es un fenómeno contemporáneo.

En el mundo trágico de Eurípides y Nietzsche la idea del mito es el irresistible poder de la música en la Sirenas que les servían para llamar a los seducidos por su canto.
Los hombres mueren cuando se entregan a la verdad y dejan de aferrarse a sus ilusiones.
Pero Odiseo, el astuto, se salva porque ha ordenado que lo amarren al mástil de su nave y ha taponado sus oídos de sus compañeros de viaje a fin de que no oigan el canto de las sirenas que embriagan.

Hasta mediados del siglo pasado
el hombre o la mujer que encarnan
personajes de ficción trazados en forma
literaria por el dramaturgo.

Sin embargo, existía una excepción:
Los actores que asumían la tradición
popular, callejera, de improvisación,
la máscara y la espontaneidad no literaria,
quedan suscritos a las representaciones
de La Comedia del Arte, por ejemplo.

Del arte de la cultura al arte elemental,
esto parece ser una idea moderna.
¿Pero, lo es de verdad?
El hombre arcaico,
despiertan nuestra curiosidad
todas las obras del arte bruto,
producidas por personas ajenas a la cultura,
que no han recibido de ellas ninguna
información o influencia.

La gran construcción dramática de Occidente
cuyo documento fundamental es la dramaturgia, desde Esquilo hasta
Heiner Müller, es una imponente verbalidad.
Si bien Shakespeare Calderón o
Lope de Vega es la cúspide de ese
monumento innegable, la base dramatúrgica
de todo el teatro anterior, es la verbalidad.
Todo el teatro mundial como documento
en 2500 años de existencia histórica
sólo conserva de su pasado el documento de la dramaturgia.

El hombre arcaico resucitó un arte espontáneo,
más cercano a la naturaleza, con sus asperezas y sus peligros;
mientras que el arte de las Musas
se manifiesta a veces demasiado ordenado,
casi demasiado armonioso, que nos ofrece una cierta seguridad, pero nos da un ilusorio equilibrio emocional y fantástico.

En esto Nietzsche tiene razón:
para los seres humanos es la ilusión,
la belleza encubridora, un antídoto
contra la verdad... asesina.
Pero preguntaría Eurípides, es nuestra vida
entonces, ¿sólo soportable si se basa
en la mentira…?
¿Es la lucha entre la verdad y la belleza
un combate igual al combate de la verdad
y la apariencia? Y nosotros... ¿hemos de morir
cuando el Ser se nos revela?
No haber nacido supera todo lo que se sabe.

Tenemos que resignarnos a vivir el teatro
siempre en el presente.
Existe, creo, cierto acuerdo de máxima
complejidad en la evolución de la materia,
es el hombre, un individuo con conciencia
de sí mismo. Capaz de representarse
su propia muerte y de imaginar la eternidad
y el infinito permaneciendo en su inmanencia.
Y la condición de su existencia,
de este individuo hombre, es la materia.
Y también, el hombre- actor es cuerpo,
es esencia material y la materia la condición
de su espiritualidad.

Por definición el hombre, dice Juan Carlos Gené, es el actor como creador cuyas fantasías obsesivas son las que siempre compone los materiales primarios del arte.

El hombre - actor siente que deben ser

accionadas, comprometiendo con ello
todo su cuerpo como un todo:
pulso, aliento, gesto, pensamiento,
afectividad y verbalidad.
Todas ellas funciones corporales,
manifestaciones de vida, que se organizan
en función expresiva.

La palabra cultura
se asocia a una militancia,
a un adoctrinamiento.
Está asociada s todo un aparato
de intimidación y de presión del arte.

Ahora bien, ¿qué sentido secreto tiene
lo divino para los hombres…?
¿Es algo esperanzador o es algo deprimente?
Justamente un Coro de Sófocles ofrece una contestación muy pesimista por cierto,
en Edipo en Colono:
"otra vez no haber nacido
supera todo lo que se sabe;
más una vez salido el sol,
volver ahí de prisa de dónde se viene,
es mejor".
Eurípides fue un nihilista religioso
eso quiere decir que se distanció
de la religión oficial para remontarse
a una religión ancestral, sagrada, reprimida.

Ahora bien,
quiero referirme en el oficio del actor,
a las fantasías que se accionan.
El verbo accionar va unido a lo teatral
desde la expresión "drama": lo que ocurre,
es decir, la acción. Y de ahí del actor,
el que hace, el que acciona.
Pero ¿qué hace el actor en la escena?
¿En qué consiste esa acción, esa dinámica
que depende la viva teatralidad de un hecho
escénico…? Acciona para modificar a los
otros, y para hacerlo se modifica.
Definitivamente, un personaje es un modo de relacionarse con los otros;
Y esto es una manera de modificarse, para poder a su vez, modificar.

El instrumento
corporal del actor
es el cuerpo,
es en realidad,
el yo del actor.
Es un cuerpo,
el hombre lo es,
respuesta
fenómeno
estímulo
piensa
con el cuerpo,
siente
haciendo
"orgánico"
término
clave
paso
sorprendente
de la actuación,
cuerpo
libre
asombrado
creativo
conciencia
sujeto
actuante.

Por todo ello,
encarnar un personaje
darle corporeidad
es la operación donde el actor
convoca al personaje en su cuerpo
y se deja modificar por la fantasía
literaria que despierta.
Es un trato íntimo, entre el actor
y lo literario que materializa
en su cuerpo despierto.
Es un parto, nacimiento humano,
la madre (el actor) y el niño (el personaje).
El director es la comadrona,
orienta, sugiere, alienta, ayuda, en fin.
No puede parir; su parto es otro;
complejo, personal, silencioso.
Menos individual.

31.3.26

Secuestro Rosa: Mujeres al borde de un ataque de angustia, por Leonardo Guilarte Lamuño

Mujeres en un ataque de angustia


Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 21 de marzo de 2026

Esta obra comienza diciéndonos que lo que estamos viendo es teatro; no hay un diálogo que lo exprese, pero la forma de actuar es teatral, el escenario nos remarca que es teatral y hasta el sonido nos remite a lo teatral. Es como si nos dijera “Mira, acabas de empezar a ver una obra; la idea es que la disfrutes y que además pienses; que esto es teatro ¿sabes?”

Ese inicio, me lleva a recordar afiches en Instagram, de cuentas sobre teatro que están brindando información y conocimiento valioso; entre ellos, las diferencias entre el teatro de Aristóteles (bueno, lo que él veía) y el de Bertolt Brecht. Que Aristóteles con lo de la catarsis nos lleva a vivir una experiencia de la que no salimos con una toma de consciencia y por el otro lado, nuestro amigo alemán y comunista, con su teatro épico, busca que le paremos bolas a la vida y pensemos un poco.

El maestro Elio Palencia, mucho antes de que se hicieran estos afiches, parece que decidió fusionarlos; porque el libreto nos distancia y nos imbuye en este secuestro que en España llamarían cutre. Rufino Dorta, como director, comprendió a la perfección este tejemaneje en el que entramos y salimos, nos olvidamos de nuestras vidas y de repente pensamos.

Los personajes de esta comedia, que confirma aquello de que los mayores dramas vienen en comedia, son 8 mujeres, 3 hombres y un Hada Madrina. Con ellos, Palencia hace de Médico Radiólogo y nos da dos radiografías, la de las mujeres y la de lo empresarial – económico – político - social. Rufino, por su parte, hace de maestro de ceremonia kitsch, con mucha influencia del pop, unos toques de Tercer Cine (aquello latinoamericano que todavía tiene vigencia y urgencia) e irreverencia delirante.

El texto es producto del Taller con el 3er curso, del Taller Nacional de Teatro, del Grupo Rajatabla, de los años 1989 – 1990. Así que, viene dos años  después de que Pedro Almodóvar, estrenara Mujeres al borde de un ataque de nervios y con ella nos acercara a la desesperación de las mujeres españolas, pues la película es de 1988; ocho años antes de que Alejandro Saderman, presentara el film Cien años de Perdón, en el que Saderman nos muestra la insensible mentalidad de los banqueros y de cómo el pueblo no tiene suerte ni siquiera cuando se quiere vengar; trece años antes de que el dramaturgo catalán Jordi Galcerán, escribiese El Método Grönholm y nos introdujera en lo inhumano de las personas que dirigen los departamentos de Recursos Humanos en Europa; veintiún años antes de que Jennifer Aniston, se metiese en la piel de una odontóloga acosadora sexual en Quiero matar a mi jefe, película de Seth Gordon, en la que se denuncian injusticias laborales que constituyen violación a las leyes; 31 años antes de que Michael Keaton, protagonizara la serie Dopesick, sobre la incitación a la adicción a los opioides por una empresa farmacéutica; treinta y tres años antes de que  Martin Scorsese, con “Los asesinos de la luna” nos mostrará cómo la oligarquía estadounidense va acabando con los indígenas para quedarse con su territorio y el petróleo que hay debajo de este. Creo que es más que evidente que el capitalismo (y en ocasiones su versión neoliberal), va destruyendo la vida de la gente, que en el caso de Secuestro Rosa se visibiliza en ese universo femenino tan variado como complejo.

Beatriz, Nancy, Irma y Ana Cecilia, han secuestrado a La Licenciada, para poder recuperar sus empleos en la empresa Vulbidisch S.A. Las cuatro son vendedoras de esa corporación extranjera que, debido a las medidas económicas neoliberales, está realizando una reducción de personal.

¿A quién carrizo se le ocurre secuestrar a una Gerente General para recuperar un empleo de mierda en una empresa que evidentemente es un gran fraude? A las protagonistas de esta comedia, a la cual deberías ir con pañal para que no te orines en la butaca.

Cuando uno como dramaturgo, se baja de la nube y reconoce, así, de manera natural y cruda, que los seres humanos, más que humanos lo que somos es un montón de gente estúpida y que es eso lo que nos hace humanos, alcanzamos el nirvana; luego de esta parte, viene lo de verterlo en papel (así sea en digital) y con forma de libreto. Esto fue lo que hizo Palencia ¿Ven por qué le llamo maestro?

Clase número uno para quien desee dirigir teatro (vale también para cine, pero tienes que pagar más, porque el cine tiene un aura de glamour y eso cuesta plata): toma lápiz y papel (no lo puedes hacer en computadora o algún dispositivo digital) y escribe “Menos es más, menos es más, menos es más” y así sigues hasta que hayas hecho un millón de planas.  Supongo que Rufino las escribió todas.

El texto da para que te vuelvas loco (o loca) y empieces a meter un montón de cosas y a buscar tener una escenografía “espectacular” y utilizar todo el escenario, tanto en lo profundo como en lo amplio y haces algo “grandioso”, pomposo, “maravilloso” y con gigantescas pantallas de video, que parezca que tienes mucha cultura de teatro contemporáneo, actual, postmoderno y experimental, gótico y regótico; y entonces viene alguien y te dice que pusiste la torta porque no reflejaste el mundo interior de los personajes.

Que conste que en el primer párrafo escribí que la obra comenzaba “diciendo” esto es teatro, es decir, esto viene con humildad. Esta obra son los personajes y lo que puedes extraer de ellas. ¿Qué son? Angustiadas, desesperadas, asfixiadas, aterradas, fracasadas, frustradas, enloquecidas, atrapadas, tiernas, sensitivas, esperanzadas, solidarias. La escenografía al ser un espacio dentro del escenario, las encierra; que es como ellas están en su interior; la pared rosa de plástico transparente, impide que los personajes que estén detrás de ella se vean nítidamente (Madre, Goyo, Antonio, Amiga), pero es que ellos no están nítidamente en la vida de cada una de ellas; que las coreografías no utilicen todo el espacio a lo largo, ocasiona que fijemos la mirada en ellas, que estén más presentes en uno como público y que ellas se sientan más como grupo; que no se emplee toda la profundidad de una sala atractivamente profunda, nos refuerza que son seres sin futuro; que el vestuario sea muy colorido, muy de comercial de televisión, como la fachada que ellas muestran aunque su interior es casi monocromático, nos hace inevitable sentir el dolor que las acompaña. Menos es más.

Que el Ama de Casa y el Hada Madrina, estén interpretadas (espectacularmente) por hombres; nos recuerda que no hay que ser Tarantino para tener un gran sentido del humor. Esto es como algo de un David Lynch chaborro; como si los personajes de la serie “Twin Peaks” se volviesen todos enanos. Metamos al John Waters de “Pink Flamingos” en una licuadora, echemos un poco de ese desparpajo del Cine de Oro mexicano, pongamos dos gotas de Teatro Chacaíto, una pizca de “Machete Canibal” de Francisco Denis y Río Teatro Caribe, aderecemos con “Tropical” de Gregorio Magdaleno y cerremos con la libertad de José Simón Escalona en “Marilyn, la última pasión” y vamos a tener estas escenas de divertimento que no paran de sorprender y hacerte reír. La mejor idea, fue haber llamado a actores para estos papeles y además no tenerle miedo al ridículo. Es muy grato ver una obra que se sale de la Caracas de Teresa de la Parra y su Ifigenia.

Impecables, acertadas, eficientes, divertidas, adorables; así son las interpretaciones de Dora Farías, Yurahy Castro, Angélica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza y Omar Churión. Farías es sólida como La Licenciada, aporta la templanza de esa mujer que ha llevado palos hasta por debajo de la lengua y los ha superado, y aun así, le queda algo de sensibilidad y hasta de cierto pudor; Yurahy, convence como Beatriz, la líder que está más sola que la una, la que tiene consciencia social y política, la que busca una última oportunidad; Angélica, realiza un registro muy diferente al de La Lección de Ionesco, dirigida por ella (y que acaba de culminar temporada en el Centro Cultural Chacao), en este caso, Nancy tiene cansancio en vez de erotismo, dolor en lugar de inocencia; Yendy, pasó de la Muda en La Quinta Dayana a interpretar a esta madre, ex esposa, vendedora, que aterrorizada por la soledad, lo único que busca es un poco de compañía; Ariana, como Irma, conmueve, divierte, oscila entre la expresión más dolorosa y el diálogo más gracioso, la escena de su desmayo es quizá la mejor de la obra; Jesús y Omar, no se roban el show, porque la pieza es tan equilibrada, que incluso con unas actuaciones tan desternillantes, no opacan al resto del elenco.

Ese equilibrio es fundamental, porque el libreto es coral y se mueve entre meternos de lleno en lo que está pasando y sacarnos para que percibamos con cierta distancia. El manejo del relato no lineal, tanto en el libreto como en la obra, está logrado; está tan nutrido el mundo de las mujeres como el contexto, que los cambios de tiempo, como van anclados a ello, no se sienten como algo que perturbe o que irrumpa de forma innecesaria, muy al contrario, están muy bien utilizados en el texto y manejados en la obra.

Las actrices componen un mural que conmueve. Es que lo que se han calado las mujeres no es cosa fácil. Hace unos días, en una sesión del Taller de Crónicas, dictado por la Profesora Mirla Alcibíades, en el Centro Nacional de Estudios Históricos, y en el que estoy como Estudiante, la profe nos contaba que hasta 1830, la Iglesia Católica en Venezuela le tenía prohibido leer a las mujeres; sólo les permitía que leyeran las Vulgatas, los Misales y las Vidas de Santo ¡Coño, ni siquiera la Biblia! Así es muy difícil vivir.

Secuestro Rosa nos habla de lo secuestrada que han estado las mujeres, en sus familias, trabajos, relaciones sociales; en una época en la que el neoliberalismo hizo estragos en la región; este grupo de actrices, en este excelente espectáculo de Chabasquen Producciones, nos pasea por la dureza que se genera por las exclusiones y los engaños, la desesperación, las contradicciones que parecen muy tontas, pero que están ligadas a la dependencia emocional y en muchos casos a la material, ver como la vida te da cachetadas todos los días, unos porque sí y otros porque también, hay desasosiego, clamor, confusión, eso de dejarse llevar a ver qué tal, porque así por lo menos se hace algo diferente.

Las mujeres siguen siendo explotadas, ignoradas, golpeadas física y psicológicamente, excluidas, alejadas, minimizadas. Esta obra grita que paremos, que nos bajemos del mundo un rato y veamos lo que hemos estado haciendo; aquí hay un alarido, que si uno pega el oído va a poder escuchar que están gritando ¡Basta!, ¡No más!, ¡Ni una más! El mundo se nos está yendo al infierno y una de las razones de este viaje, es que nos seguimos empeñando en no comprenderlas, sentirlas y amarlas como se merecen y desean, y esto también las incluye a ellas, que en muchos casos se hacen demasiado daño.

Hay algo que no comparto, aunque lo respeto: la época de la obra, que es la actual. Esto viene de una preocupación con lo nacional, somos un pueblo sin recuerdos, sin memoria, sin internalización de procesos de diversa índole; es que es muy difícil asimilar algo si se le borra. Para mí es fácil, hacer el paralelismo 1990 – 2026; pero un muchacho de 20 años, dudo que lo haga, porque están saliendo con una pésima formación en el bachillerato y la universitaria no se queda atrás. Si la obra se representa en la época en la que fue escrita y que uno como público viaje a esos años durante hora y media, al “regresar” al presente, se podrán ver las coincidencias: maltrato a la mujer, desesperación, políticas económicas en contra del pueblo y a favor de las grandes empresas, insensibilidad, problemas sociales productos de esas decisiones, falta de soberanía e independencia. Quizá se salga de la sala con cierta indignación. Y bueno, es que de los dos amigos, el alemán comunista es el que se me hace más afín. Para cambiar algo, primero hay que reconocerlo.

 

FICHA
Agrupación: Chabasquen Producciones
Dramaturgia: Elio Palencia.
Dirección: Rufino Dorta.
Actuación: Dora Farías, Yurahy Castro, Angélica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza, Omar Churión
Asistencia de Dirección: Alejandro Capote.
Producción: Arístides Muñoz, Jason Hernández, Carla Báez.
Musicalización: Chabasquen Producciones
Iluminación: Alejandro Martínez.
Vestuario: Sara Escalona.
Aéreos: Richard Marín.
Coreografías: Yoel Rodríguez.

Leonardo Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios (@cursos.solidarios).

30.3.26

Día Mundial del Teatro en el Teatro Alberto de Paz y Mateos

 

Por Dora Lucena

La iniciativa de celebrar el Día Mundial del Teatro fue promovido por el Instituto Internacional del Teatro (ITI). Este organismo, dedicado al desarrollo del teatro, nació en la Primera Conferencia General de la UNESCO (1946) donde se aprobó por unanimidad una resolución destinada a la creación de esta organización.

La fecha elegida para celebrar el Día Mundial del Teatro es el 27 de marzo, por una razón histórica y simbólica ya que coincide con la fecha de apertura de la temporada de 1962 del "Teatro de las Naciones" en París. Este evento era un festival de gran relevancia internacional que buscaba unir a las naciones a través de las artes escénicas tras la Segunda Guerra Mundial. La propuesta fue presentada durante el Congreso Mundial de 1961 en Viena y fue aceptada de inmediato.

Desde sus orígenes, el ITI se propone promover el teatro en todas sus manifestaciones alrededor del mundo. Gracias a un conjunto de diversas iniciativas entre las que destacan las representaciones, los talleres y sobre todo, la lectura del Mensaje del Día Mundial del Teatro, esta fecha, se ha consolidado como un acontecimiento de especial relevancia para la comunidad teatral.

Cada año el ITI, invita a una figura destacada para compartir sus reflexiones sobre el teatro. En 1962, en el que fue su primer año, fue seleccionado el francés Jean Cocteau; en 1963, a Arthur Miller, de Estados Unidos; en 1969, a Peter Brook del Reino Unido; en 1992, a Arturo Uslar Pietri y, en 1995, Humberto Orsini, ambos de Venezuela. En 2009, la invitación fue para Augusto Boal de Brasil; para el 2013, le correspondió a Darío Fo de Italia. Y este año 2026, el estadounidense Willen Dafoe fue el seleccionado para las palabras del Día Mundial del Teatro.

Secuestro Rosa

Aquí en Venezuela, la Compañía Nacional del Teatro, organizó una serie de actividades en prácticamente todo el territorio nacional: monólogos, lecturas dramatizadas, obras, bautizos de libros, entrega de reconocimientos, conversatorios y por supuesto, lectura del mensaje.

En Caracas, las actividades organizadas en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, contaron con la presencia del Ministro del Poder Popular para la Cultura, el periodista Raúl Cazal, la Viceministra de Cultura, Karen Millán, el rector de UNEARTE, Ignacio Barreto, María Alcira Matute e importantes personalidades del quehacer teatral de la ciudad.

Secuestro Rosa

Las actividades comenzaron con la lectura del Mensaje del Día Mundial del Teatro por parte de la actriz Dora Farías integrante del elenco estable de la CNT. Posteriormente, se realizó el bautizo del libro “Dramas de la Patria” escrito por el escritor, historiador, ensayista y dramaturgo venezolano Luis Britto García. Esta primera parte finalizó con palabras de Carlos Arroyo director de la Compañía.

Posteriormente, se presentó la excelente obra Secuestro Rosa, escrita por Elio Palencia bajo la dirección de Rufino Dorta. Actuaciones de Dora Farías, Yurahi Catro, Angelica Rinaldi, Yendy Vegas, Ariana León, Jesús Plaza y Omar Churión.

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...