Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 15 de febrero de 2026
Llevar a las tablas un libreto que es una obra maestra, es
como caminar por un cable a 500 metros de altura y con mucho viento. Pero con La
Quinta Dayana del dramaturgo Elio Palencia, es demasiado difícil no querer
montarse en ese cable. Palencia creó una fuente inagotable de reflexiones,
acotaciones, señalamientos, preguntas, dudas, certezas inconclusas; una mezcla
de caleidoscopio con collage.
Cuesta encontrar, en cualquier país, textos que traten en
profundidad y sin ambages ni propaganda, el tema de la identidad. Palencia nos
pinta, como lo hizo Bárbaro Rivas, compone un universo teatral como Luisa
Richter hacía collages.
Luis Ledrick se sumergió en este texto maravilloso, potente y complicadísimo de montar, para su participación en la
11a edición del Festival de Jóvenes Directores del Centro Cultural Trasnocho.
Dicho evento es una de las marcas más reconocidas de ese recinto y también uno
de sus mayores aportes en una trayectoria que supera los 25 años de existencia.
El Festival sirve de vitrina, no solamente para directoras y directores, sino
para todo el personal que trabaja en las obras. La función que pudimos
vivenciar, fue la que dio origen a la denuncia, por agresión, realizada por la
actriz Cloudet Márquez (Katy) y secundada por la actriz Angélica Vitanza
(Dayana), sus cuentas en Instagram, donde se realizaron las denuncias, son,
respectivamente: @cloudetmarquez y @angelicavitanzaoficial .
El libreto (agradezco enormemente al maestro Elio
Palencia, por habérmelo enviado) comienza con un monólogo de Dayana, recién
llegada de Canadá junto a su amiga Katy, en un viaje que será corto y en el que
anunciará dos noticias que causarán impacto en sus familiares: dentro de pocos
días se someterá a una operación para formalizar su identidad como mujer (ya
que nació siendo Daniel) y debido a los costos de dicha intervención médica,
comunicará que no puede seguir pagando las cuotas de la quinta; solamente
quedan 3 años por pagar y entre todos y todas, deberían poder contribuir para
cancelar cada giro sin problemas. Pero bueno, una cosa es lo que piensa el
burro y otra quien lo arrea.

Dayana, en el inicio, rompe la cuarta pared y nos dice “¡Una quinta! ¿Quién no sueña con una quinta?
¿Quién no la haya tenido por herencia, trabajo o latrocinio de la picaresca
criolla? ¿Quién no la sueña? ¿Quién que haya pasado los últimos cien años entre
cují palma moriche tierra adentro o mar perdida recoveco caserío pueblo y
gallinero a trocha camino carretera autopista industria proletariado… rancho
parroquia barrio casita vereda apartamento bloque… no ha soñado con una buena
casa de dos pisos, garaje techado y habitación de servicio?”
Esta mujer transgénero, a punto de pasar a transexual, nos
mete a todas y todos en el mismo saco, y así se va construyendo lo identitario
que ocasionará que nos veamos en el escenario.
Pero Ledrick nos prepara otro comienzo, que respeta lo
identitario y lo potencia; respetó todo el libreto, lo comprendió a cabalidad,
absorbió cada contenido, el manejo semiótico es una delicia; por ello, la obra
pasa a tener un preámbulo antes del prólogo: entramos como público al espacio
teatral y estamos en la quinta, en la cual hay un bochinche armado, los
personajes bailan, cantan, van de un lugar a otro, abren la nevera, toman algo
de allí, se echan broma, los niños juegan, algunos están paloteados, otros no
tanto, son los personajes que Palencia tiene en el libreto (Maíta, Mamá -Mercedes-,
Rey, todos los del Coro) salvo Dayana, Katy y Monche. Esta inmersión acentúa lo
de la identidad, lo de obra coral, lo del collage, lo del caleidoscopio, lo de
hacer que el público mire hacia muchos lados, que observe en profundidad, que
vea hacia arriba, hacia las esquinas, que observe, que observe, que se vea
allí, que se escuche, es que si no se identifica con una canción, se
identificará con la siguiente o con la otra, con la cerveza que se toman, con
como bailan o como discuten, es una aviso de alerta que reza Estás dentro, esto no es para ti, esto es
tuyo, eres tú. Poco a poco, el
bullicio disminuye, cesa la música, cada uno se va retirando a dormir, el
espacio queda sin personajes, se hace de día y es entonces cuando llegan Dayana
y Katy. Es magistral.
Los anuncios de Dayana nos llevan a recorrer una línea de
tiempo y a penetrar en la mentalidad de su familia y la suya. Con lo de lo
transexual, se da paso a cuestiones del pasado, a eventos que marcaron y,
algunos que, seguirán afectando la vida de Dayana: discriminación, rechazo,
violencia, violación, negación, odio, impotencia, solidaridad, amor, nostalgia,
incomprensión, comprensión, aceptación, autoestima, entre otros. Lo del pago de
las cuotas de la quinta nos devela: irresponsabilidad, insensibilidad,
egoísmo, chuleo, miedo, angustia, terror, hipocresía, desesperación, falta de
empatía, ignorancia, entre otros.

En el libreto Palencia se vale del Coro, para exponer la
pluralidad de sentimientos, sensaciones, pensamientos, juicios, prejuicios,
etc. Ledrick, por su parte, conforma un elenco heterogéneo, en el que están los
personajes indicados por el dramaturgo: la flaca, la embarazada, los gordos,
los niños, el adolescente y otros más. Hay quien debuta con esta obra y quienes
ya tienen un camino andado; todas y todos están en un alto nivel de
interpretación, y esto incluye a las niñas (las hijas del actor Theylor Plaza)
y el adolescente. Hay algo que los conecta y que causa que nosotros como
público estemos muy pendientes de ellas y ellos: sus miradas. Lo que Palencia,
logra con la diversidad de frases, las intenciones, los puntos de vista y el
ritmo; Ledrick, lo alcanza tejiendo las miradas, nos enteramos de sus
pensamientos sin escucharles, porque vemos lo que sienten y piensan, nos
revelan sus almas, sus incomodidades, su actitud egoísta o de complot.
Al poco rato de haber comenzado la obra, sentí una leve
decepción, esto no tiene que ver con el espectáculo sino con la expectativa: el
año pasado tuve la oportunidad de ver dos obras en las que Luis Ledrick
participó, una fue Respira en la que actuó e hizo de dramaturgo, una
pieza muy linda, por cierto; y la otra fue Los pájaros vuelan sin alas,
en la que dirige. En ambas está plasmado el trabajo de la danza en el teatro,
algo que viene manejando con su emprendimiento “Actores de la danza”; así que
bueno, esperaba danza…y no la obtuve… ¿O sí?
Pensé que no, de hecho, luego de la función una amiga me
presentó al talentoso Jeizer Ruíz y le hice el comentario. Pero en el proceso
de varias semanas trabajando en esta crítica, las miradas, de los personajes
del Coro, me ayudaron a ver la coreografía que está armada, aunque no dancen
formalmente. Las actitudes, las idas y venidas, el escuchar a escondidas, los
momentos grupales, los cantos, todo encaja coreográficamente.
Palencia (@palenciaelio) nos hace sentir la importancia
del Coro, para comprender esta radiografía de país; el elenco nos la hace vivir:
Anilec Vera (@anilecvera), se afinca en la expresión corporal y lo gestual,
para componer a La preñada: John Hernández 8(@johnhernvoz), emplea su
corpulencia maleable, para conectarnos con la actitud y el mundo interior de
ese fortachón; Yendy Vegas (@yendyvegas), con su excelente manejo de lo vocal y
sus gestos, dibuja una muda inolvidable, de esas que “hablan” más de la cuenta,
aunque no hablen; la actitud de Maikel Rivera (@maik_2025r), expresa la
serenidad con su lentitud de movimientos y una mirada que indaga y maneja
cierto distanciamiento; Jhurani Servellon (@jhurita), con el movimiento
contenido y quizá calculado, nos acerca a su vulnerabilidad y resentimientos; Eduvina
Soto (@eduvina95_), logra que su delgadez ocupe más espacio que el que
corresponde, su presencia escénica es notable; Mónica Morón (@monique_moron),
construye un desparpajo bien administrado; las dos Niñas (Carmela y Candela)
con su expresión corporal y sus sonrisas, iluminan el escenario; Santiago
Pereira como el adolescente, se convierte en representación de la adolescencia
gracias a la frescura.
Estamos inmersos en una batalla de concepciones de la
vida, Dayana apelando a la responsabilidad, y Mamá, sosteniendo lazos atávicos
que le imposibilitan crecer, queda envuelta en sus autoengaños y hasta cierto
narcisismo, acompañado de la eterna posición de víctima. Rossana Hernández
(@Rossanahm), realiza una interpretación magistral, brindando el abanico de
actitudes y sentimientos que vive Mercedes. En la escena cumbre con Dayana,
donde sale lo peor de ella, ciertamente provoca un rechazo brutal y a la vez
está mostrando cuán vulnerable es, cuánta desesperación tiene y cuánto le queda
por sanar.
María Brito (@mariabritoteatro) compone un personaje que
nos da el contraste necesario para poder apreciar, de manera equilibrada, lo
que está sucediendo; con Maíta, representó a todas las abuelas nobles de
Venezuela, a esas que te van a apoyar cuando nadie te brinda una mano, cuando
todos te abandonan. Sus cambios de ritmos en lo corporal; su manejo de los
sentimientos, en lo vocal y gestual; su ritmo al hablar; la integración de todo
esto con la mirada y la transmisión de las intenciones son sencillamente
inolvidables.
Theylor Plaza (@theylorplaza) tenía un reto: interpretar
al irreductible chulo que, hemos visto en obras de teatro, películas,
telenovelas, sin que se parezca a esos otros sopotocientos chulos. Lo logró con
creces, hay un manejo de sus labios, de sus expresiones faciales, la forma en
la que lleva los bermudas, la manera de caminar, cómo pasa, en micras, de ser
racional a un soberano chantajista emocional, cómo construye al pasivo agresivo;
la escena con Mercedes, en el cuarto de ella, cuando va allí para que ella le
haga los pies, es antológica. Dos de nuestros mejores intérpretes de la actualidad,
en una escena brillante, divertida, profunda, reveladora y contundente.
Cloudet Márquez se metió en la piel del personaje que,
sin tanto opinar, nos da la mirada exterior, la de quien no tiene la menor idea
de dónde se encuentra, de cómo es esto, pero lo va comprendiendo, intuyendo,
conociendo. Convence desde el inicio, sus rompimientos de la cuarta pared son
impecables, su acento tipo canadiense funciona a la perfección; la ayuda el
vestuario de “turista en el Caribe” y ella lo aprovecha.
Lo que Marlon Brando tenía que lograr en la película Superman,
esa presencia que te atrapa en el primer segundo y hace que te creas que es Jor-el,
el padre de Superman; lo tiene Luis Serría (@luisserria). El libreto nos
adelanta quién es Monche, nos da el spoiler;
esto complica más al actor, porque ahora debe cumplir con las expectativas
creadas y lo hace de maravillas, es un roble y eso es el personaje. La
conciencia, la responsabilidad, el salmón que nada contra la corriente,
entendiendo qué lo criticarán, lo discriminarán, le podrán dejar de tener
aprecio y hasta cariño, pero él no se doblegará, no traicionará sus principios.
Monche, en la vida real, son esas personas que logran que un país no caiga en una
guerra civil. Y su interpretación de A tu regreso de Henry Martínez, es
hermosa, lindísima a más no poder, con las voces de casi todos los personajes
cantando ese tema que tanto los toca y tanto nos afecta. El elenco pasa a
representar la ternura, esa característica tan nuestra y tan dejada de lado,
como si diera miedo reconocerlo. Con A tu regreso, Palencia nos muestra,
nos obliga a enfrentarnos a la sensibilidad que tenemos, a la humanidad que nos
acoge, a esas notas invisibles y visibles que nos enlazan y por algunos minutos
todas y todos terminamos siendo uno. Extraordinariamente asertivo Palencia, al
incluir este tema musical en el libreto.
Angélica Vitanza, más allá de contar con la conexión de
género con el personaje, realiza una interpretación vibrante, sensible,
conmovedora; se mueve con soltura en ese escenario – quinta que termina siendo
una catarata de nostalgias y olvidos que se niegan a olvidarse; de pasados
crudos que vuelven como si hubiesen sucedido ayer. Su lucha por la identidad,
que extralimita lo del género, y se convierte en la lucha por ser, la
construcción del ser, teniendo a casi toda la sociedad y la familia en contra,
está plasmada sin fisuras, la recordaremos siempre y cada vez que esta obra se
represente en cualquier país, conectará con el público, porque esa lucha es
universal.
Ledrick (@luisledrick) nos ha brindado una pieza
excepcional, con una escenografía que por sus texturas y colores nos remiten al
collage. Fenomenal, la elección de la cortina transparente del cuarto de
Mercedes, es evidentemente un elemento de transparencia en las artes plásticas
y contribuye a la dureza del discurso agresivo de Mercedes, cuando quita ese
velo para atacar a Dayana. Que el cuarto esté arriba, acompaña lo semiótico del
personaje, que representa a la matrona y al patriarcado, al poder y al resentimiento,
a quien está atrapada en esa “torre” y busca un “príncipe” que la salve de las
cuotas del crédito por pagar. Toda la Dirección de Arte es una delicia
(Escenografía, Vestuario, Maquillaje, Peinados), así como la Iluminación, que
no trata la iluminación sino la luz y se convierte en creadora de atmósferas.
El manejo de la profundidad, tanto desde el frente, como
desde los laterales, es magistral. A mí me tocó un lateral y la obra funciona a
la perfección, mi condición de cineasta me llevó a imaginarme las otras dos
visuales y son del carajo. Hay una traducción de la angustia, de la multiplicidad
de pensamientos y sentimientos, de la heterogeneidad del Coro, que al
presentarse en 5 planos frontales (el borde donde se rompe la cuarta pared, el
siguiente donde por un lado están los sofás y por el otro la mesa, el tercero
que es la franja a la que pertenece el horno – cocina, el cuarto que es ese que
da acceso al fondo y finalmente el fondo), en todos pasa algo y algo que tiene
que pasar, aquí no hay nada gratuito. Desde los laterales hay tres planos de
profundidad, y además el director nos regala mirar hacia arriba para
encontrarnos con el cuarto de Mercedes y otros elementos; convirtiendo el
escenario, conceptualmente, en una especie de caleidoscopio.
La sonoridad va desde temas salseros hasta las voces con
ternura, de reclamos, de indignación, de rabia, los pasos, los gritos, el
sonido de la puerta de la nevera; la Dirección Musical de Abraham Mendoza
(@abj_mt) y Maikel Rivera, es asertiva, sensible, creadora de atmósfera,
promotora de bochinche; la sonoridad nos adentra en la quinta y nos mantiene en
ella.
Palencia utilizó el barrio para desnudar a la sociedad
venezolana; pero pudo haberlo hecho con la “Operación Colchón” aplicada de
manera sistemática en canales de televisión, emisoras de radio y sellos disqueros,
para solamente nombrar tres escenarios; pudo haber elegido el tema de los Auxilios
Financieros durante el segundo gobierno de Rafael Caldera; el de la
legitimación de capitales en el municipio Chacao, desde su fundación; el de la
indiferencia de la “Clase Media” durante finales de los setenta y parte de los
ochenta, en los cuales se bebió en whiskey los sueldos y salarios que podría
haberle aumentado a sus trabajadores, para que tuvieran mejor calidad de vida y
se llegara a ser la “Suiza del Caribe”; pudo ubicarla en el mundo de las
medianas y grandes empresas, tan chulo (dólares que han ido y no han vuelto,
por ejemplo), con tantos aportes crediticios que no llegaron a nada. En todos
encontraría los elementos negativos de nuestra identidad, y esto incluye al
mundo universitario, aunque tal vez no los positivos, vistos de la forma en la
que se manifiestan en nuestros barrios.
Esta obra es descomunalmente buena. Se hace muy buen
teatro en Venezuela. Y me atrevo a afirmar que se seguirá haciendo.
FICHA
Dramaturgia: Elio Palencia.
Dirección: Luis Ledrick.
Actuación: Angélica Vitanza, María Brito, Rossana
Hernández, Theylor Plaza, Cloudet Márquez, Luis Serria, Maikel Rivera, Mónica
Morón, Eduvina Soto, Jhurani Servellon, Abraham Mendoza, Anilec Vera, John
Hernández, Yendy Vegas, Santiago Pereria, Candela y Carmela.
Dirección
Musical: Abraham Mendoza y Maikel
Rivera.
Asistencia
de Producción: Andrea García Lara y
Andrés Martínez.
Fotografía: Augusto Marcano.
Diseño
Gráfico: Thais Morales.
Diseño de Iluminación: Valentina Sánchez.
Acompañamiento Coreográfico: Antonella Mijares.
Diseño y Realización de
Escenografía: Pedro
Arias y Virginia Sancler.
Vestuario: Felia Torres.
Leonardo
Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)
Es dramaturgo,
guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo
audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en
julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el
Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina
esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”.
Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos
Solidarios (@cursos.solidarios).