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18.8.26

Bogotá: La Ópera de los Caricatos, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

¿Quién disparó primero?
Una reflexión sobre la guerra a propósito de La Ópera de los Caricatos

por Carlos Rojas*
criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario

Obra: La Ópera de los Caricatos. Dir. Raúl Cortés

Vivimos una de las grandes paradojas de nuestro tiempo. No habíamos visto tantas imágenes de la guerra y nunca había sido tan fácil entender aquello que la hace posible. Cada día las pantallas muestran ciudades destruidas, desplazamientos masivos, cadáveres cubiertos por mantas, edificios reducidos a escombros y niños que aprenden demasiado pronto el significado del miedo y del terror.

La violencia se ha convertido en un morbo continuo de información, en una sucesión de titulares consumidos con la misma rapidez con la que son reemplazados por otros. El horror permanece; nuestra capacidad para detenernos a pensarlo, en cambio, parece disminuir al mismo ritmo en que aumentan las imágenes que lo registran.

Esta contradicción obliga a formularme preguntas incómodas:

-¿Qué puede hacer todavía el teatro frente a una realidad que parece desbordar cualquier representación? ¿Tiene sentido escribir una obra sobre la guerra cuando el horror circula a diario por teléfonos móviles, noticieros y redes sociales?

La respuesta no consiste en competir con los medios de comunicación. El teatro jamás podrá reproducir la espectacularidad de una explosión ni la inmediatez de una transmisión en directo. Su fuerza reside en otro lugar. Allí donde la investigación apenas exhibe los hechos, la escena intenta comprender las condiciones que los hacen posibles.

Desde sus orígenes, el arte dramático ha acompañado los momentos de mayor crisis de la civilización. Esquilo escribió Los persas pocos años después de las Guerras Médicas y convirtió a los vencidos en protagonistas de una tragedia destinada a interrogar el precio de la victoria. Shakespeare descubrió que detrás de cada batalla se ocultaba una voluntad desmedida de poder.

Goya entendió que el horror no necesitaba héroes para manifestarse y dejó en Los desastres de la guerra una de las visiones más descarnadas de la violencia moderna. Ninguno pretendió ilustrar un acontecimiento histórico. Todos buscaron comprender qué ocurre con el ser humano cuando la guerra deja de ser una excepción y termina por organizar el mundo.

En el siglo XX esa pregunta adquirió una dimensión radical. Las dos guerras mundiales transformaron para siempre la relación entre política, sociedad y cultura. La destrucción dejó de pertenecer exclusivamente al campo bélico para instalarse en las ciudades, las fábricas, los hogares y la vida cotidiana. El conflicto ya no era únicamente un enfrentamiento entre ejércitos, sino una maquinaria económica, ideológica y simbólica capaz de movilizar a millones de personas. Comprender ese fenómeno exigía transformar también el lenguaje del arte dramático.

Pocas voces fueron tan lúcidas como la del escritor austríaco Karl Kraus. Mientras gran parte de Europa celebraba el entusiasmo patriótico que conduciría al desastre de 1914, Kraus advirtió que la tragedia comenzaba mucho antes de las trincheras: nacía en el momento en que las palabras dejaban de describir el mundo para empezar a fabricarlo.

Los periódicos convertían la propaganda en información; los discursos políticos transformaban el miedo en patriotismo, y la opinión pública aceptaba como cosa natural aquello que pocos meses antes habría considerado impensable. La guerra era, antes que nada, una construcción del lenguaje. En este contexto, la pregunta ya no es por qué escribir sobre la guerra, sino cómo hacerlo sin reproducir los mecanismos de espectacularización que dominan nuestra cultura visual.

La respuesta de Raúl Cortés consiste en recuperar una tradición escénica que desconfía del realismo como única forma de representar la violencia. La Ópera de los Caricatos. Descenso a los infiernos en cinco suplicios, inspirada en Los últimos días de la humanidad, no reconstruye un acometimiento ni ilustra un conflicto histórico. Su interés reside en revelar los discursos que preceden a toda guerra, las ficciones políticas que convierten la violencia en una necesidad y las máscaras con las que el dominio termina por legitimarse.

El propio título ofrece una primera clave de lectura. La palabra caricato, procedente del italiano caricare, significa «cargar» o «exagerar». En la tradición teatral designa al actor cómico que construye sus personajes mediante la deformación y, en la ópera bufa, al intérprete especializado en papeles humorísticos. Sin embargo, el caricato nunca fue un simple fabricante de chistes.

Es heredero del bufón medieval, del juglar y de la commedia dell'arte: figuras que recurrieron a la risa para decir aquello que el poder prefería callar. Su misión consistía en deformar la realidad hasta volver visibles las verdades que el lenguaje oficial ocultaba bajo la apariencia de la normalidad.

Esa genealogía alcanza una de sus expresiones más lúcidas con Brecht y Weill en La ópera de los tres centavos, donde la música abandona la celebración de los héroes para acompañar a mendigos, prostitutas, comerciantes y delincuentes. La sátira sustituye a la solemnidad y el escenario se convierte en un laboratorio desde el cual examinar las relaciones entre poder, dinero y moral.

Cortés prolonga esa tradición y la hace confluir con otra profundamente española: el esperpento de Valle-Inclán, el carnaval y la figura del bufón que, precisamente porque exagera, consigue decir la verdad. La caricatura adquiere así una capacidad crítica que el realismo, en determinadas circunstancias, ya no posee. Cuando la realidad se vuelve absurda, la exageración deja de ser una licencia estética para convertirse en un instrumento de conocimiento.

Valle-Inclán lo formuló con precisión al afirmar que los héroes clásicos habían ido a pasearse por los espejos deformantes del Callejón del Gato. El grotesco no inventa el absurdo; simplemente lo hace visible.

Desde esa perspectiva, gobernantes, militares, periodistas, religiosos y ciudadanos aparecen en la escritura escénica convertidos en figuras deliberadamente excesivas. No representan individuos, sino conductas colectivas que revelan la manera en que los discursos públicos moldean la percepción de la realidad.

La propaganda deja de ser una estructura abstracta para adquirir cuerpo en personajes que hablan, cantan, seducen y convencen. La guerra nunca irrumpe de forma espectacular; se instala lentamente en el lenguaje hasta hacerse cotidiana.

Esa elección explica también la forma operística. No se trata de una ópera tradicional, sino de una creación donde música, teatro físico, poesía y humor construyen una experiencia cercana al cabaret político y, a la gran sátira europea.

La música no acompaña la acción: la contradice, la comenta y la pone en crisis. Cada intervención rompe la ilusión dramática para recordar que toda representación exige una mirada crítica. La ópera recupera así una de sus funciones originarias: convertir la belleza en una forma de pensamiento.

En ese sentido, La Ópera de los Caricatos no es una obra sobre la guerra, sino sobre las condiciones que la hacen posible. Hace más de un siglo, Kraus advirtió que la violencia comienza mucho antes del primer disparo.

La dramaturgia de Cortés recupera esa intuición y la desplaza hacia el presente: antes de las armas siempre existe un relato que legitima, una retórica que simplifica y una sociedad que acaba aceptando como inevitable aquello que hasta entonces resultaba moralmente inadmisible.

Cabe, hacerse, una última pregunta: ¿qué sentido tiene representar hoy una obra sobre la fabricación del enemigo en un país que intenta cerrar uno de los conflictos armados más prolongados de América Latina? Precisamente ese. Colombia conoce demasiado bien que las guerras no nacen en la mente del enemigo imaginario.

Comienzan en el momento en que el otro deja de ser un semejante para convertirse en una amenaza; cuando la palabra abandona su capacidad de comprender para limitarse a clasificar, excluir y condenar.

La polarización que atraviesa hoy el debate público colombiano en las redes sociales, los medios de comunicación, las instituciones y el discurso político, confirma la vigencia de esa advertencia.

Más allá de gobiernos, liderazgos o ideologías, el problema aparece cuando el lenguaje deja de construir una comunidad y empieza a producir adversarios irreconciliables. Ese es, precisamente, el territorio que esta dramaturgia decide poner en evidencia.

Frente a esa maquinaria del desastre, el teatro mantiene una capacidad que ninguna otra praxis escénica puede reemplazar: recuperar la complejidad frente a las simplificaciones de la propaganda; devolver la presencia humana cuando el poder necesita construir adversarios; y sembrar interrogantes en medio de discursos que exigen adhesiones involuntarias.

Tal vez esa sea, todavía, una de las formas más profundas de libertad. Seguir reuniéndonos para pensar antes de que otros decidan por nosotros qué debemos creer, a quién debemos temer y contra quién habrá de dirigirse el próximo disparo.

CR (@mipuntocritico)

*Carlos Rojas. Crítico e Investigador teatral venezolano en tránsito por Bogotá (Colombia).                                                                                                                                      

17.8.26

Bogotá: CuartOscuro, Memoria de cuerpos bajo los deseos ocultos, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

CUARTOSCURO

Memoria de cuerpos bajo los deseos ocultos

por Carlos Rojas*

Especial para Miradas al Escenario

criticarojas@gmail.com

Obra CuartOscuro Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Desde la primera coreografía se comprende que la pieza no pertenece únicamente a los intérpretes, sino a la arquitectura misma de la edificación. Gracias a la creación   de Ricardo Rozo, a la gestión de Andrés Cárdenas y, a la producción de Artestudio Bogotá, el antiguo sauna gay deja de ser un espacio recuperado para transformarse en el organismo visual, sonoro y expresivo de una instalación performántica donde cada muro, escalera, ducha y corredor participa activamente de la danza-teatro.

El espectador cruza la puerta creyendo ingresar a un espacio cultural y descubre, casi de inmediato, que ha entrado en un territorio donde la memoria permanece adherida a las superficies. Nada intenta neutralizar ese pasado; por el contrario, la propuesta lo activa desde el comienzo. Antes de que aparezca el primer intérprete, el edificio ejecuta su propio movimiento y revela el hallazgo central del proyecto: el lugar también guarda recuerdos y puede convertirse en materia escénica.

Durante décadas aquella edificación funcionó como sauna. La instalación evita convertir ese dato en una referencia anecdótica o en un gesto de provocación nostálgica; lo transforma en el núcleo conceptual. El público no recorre una escenografía que representa un cuarto oscuro, sino un sitio donde innumerables personas dejaron inscritas experiencias de deseo, clandestinidad, placer, miedo y supervivencia. La arquitectura deja de servir a la representación para convertirse en archivo sensible de una historia que raras veces aparece en los relatos oficiales de la sexualidad latinoamericana.

La propuesta parte de una certeza histórica y humana: la vivencia homosexual no puede reconstruirse únicamente desde recuerdos, discursos religiosos o conquistas institucionales. Existen impresiones grabadas en las paredes. Durante los años ochenta y noventa, saunas, bares y lugares de encuentro furtivo fueron refugio para quienes podían perder el trabajo, la familia o la vida por su orientación sexual. La penumbra no era un recurso erótico; era, ante todo, una estrategia de supervivencia.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Desde esa perspectiva, la puesta en escena adquiere una dimensión política que evita cuidadosamente el panfleto y los clichés homofóbicos. Los intérpretes jóvenes no reconstruyen un pasado que desconocen; lo atraviesan al habitar un inmueble donde sus huellas todavía parecen respirar.  Allí se produce uno de los diálogos más conmovedores de la experiencia: el encuentro entre generaciones separadas por vivencias radicalmente distintas del deseo, la clandestinidad y la libertad.

La instalación excede las categorías convencionales de la danza contemporánea, el teatro inmersivo o el performance. Integra arquitectura, movimiento, artes visuales, diseño sonoro e iluminación en un único lenguaje transdisciplinar donde ninguna disciplina domina sobre las demás. La puesta prescinde de una narración lineal y convierte el trayecto en su verdadera partitura: el observador deja de mirar desde una distancia segura y pasa a formar parte activa de la experiencia.

La escena inaugural condensa con precisión toda la experiencia escénica. Tres hombres desnudos permanecen inmóviles mientras un pintor interviene lentamente sus pieles bajo una luz rojiza que recuerda un laboratorio fotográfico. Pintar deja de significar representar para convertirse en revelar.

Como una imagen que emerge durante el revelado, la historia del espacio reaparece sobre la piel de los intérpretes. El pigmento no embellece el cuerpo; lo convierte en superficie de inscripción histórica y devuelve presencia a aquello que el tiempo había condenado a la invisibilidad.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Uno de los mayores logros del montaje consiste en transformar la percepción de quien asiste. Su creador rompe con la frontalidad tradicional del teatro occidental y convierte cada pasillo, puerta, escalera y habitación en un mapa espacial que altera continuamente la relación con el tiempo, la distancia y la presencia.  El tránsito no busca sorprender mediante efectos inmersivos; constituye la estructura misma de la pieza. Cada desplazamiento obliga a decidir, elegir trayectos y construir una lectura propia.

En esta concepción resuena, inevitablemente, la herencia de Pina Bausch, aunque aquí se desplaza la pregunta del movimiento hacia el entorno. Los performers no sólo cargan su memoria personal, sino que dialogan permanentemente con la del lugar. La coreografía deja de ordenar pasos para organizar relaciones entre los cuerpos, la materia y el pasado.

No existe un ángulo desde el cual pueda contemplarse la totalidad de la puesta. Mientras una acción ocurre ante los ojos del espectador, otra permanece oculta tras un muro o al final de un pasillo. Los sonidos llegan antes que las imágenes y muchas escenas apenas pueden intuirse.

Esa imposibilidad de abarcar el conjunto constituye uno de los aciertos más inteligentes de la dirección, pues reproduce el funcionamiento mismo del recuerdo: fragmentario, incompleto y siempre reconstruido a partir de vestigios.

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Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

La monumental pirámide sintetiza de manera ejemplar la investigación espacial de la pieza coreográfica. Más que un elemento escénico, es una estructura que impone sus propias reglas físicas y obliga al elenco a negociar equilibrio, respiración, precisión y trabajo colectivo.

El esfuerzo nunca se oculta; se convierte en el verdadero contenido de la imagen. Sin necesidad de subrayados discursivos, la secuencia evoca la dificultad histórica de conquistar espacios de representación dentro de una sociedad excluyente. Ascender deja de ser una acción física para convertirse en una vivencia de resistencia.

Algo semejante ocurre en la secuencia de los cubos. La referencia al ideal clásico del cuerpo masculino se transforma gradualmente en una reflexión sobre su fragilidad. Las poses heroicas se sostienen sobre superficies inestables donde el equilibrio nunca termina de consolidarse; los músculos tiemblan, la respiración se hace visible y la caída permanece siempre latente. La heroicidad deja así de asociarse con la perfección para identificarse con la persistencia.

Lo admirable es que ninguna de estas ideas interrumpe la experiencia sensible. La pieza piensa mediante imágenes: no explica, sugiere. Cada instalación abre asociaciones nuevas y devuelve al silencio, al cuerpo y a la materia una capacidad de reflexión que buena parte de las artes vivas contemporáneas ha sacrificado en favor del exceso discursivo. Allí reside una de las mayores fortalezas del montaje: permitir que el público piense a partir de lo que ve, escucha y atraviesa, y no de lo que un discurso pretende imponerle.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Los intérpretes constituyen la energía que activa este organismo arquitectónico. Su trabajo no puede medirse únicamente por la precisión técnica ni por la exigencia física de las partituras. El verdadero desafío consiste en sostener una presencia capaz de dialogar con un lugar que nunca deja de imponer su historia. El director no busca virtuosos; busca cuerpos disponibles para convertirse en superficies de resonancia.

Después de catorce temporadas y más de noventa funciones, la propuesta continúa transformándose porque cambian los cuerpos, las sensibilidades y la relación con el pasado que la atraviesa. Ese relevo generacional constituye uno de sus aspectos más poderosos: muchos de los jóvenes intérpretes crecieron en una época donde la clandestinidad dejó de ser la única forma posible de vivir el afecto y la sexualidad.

La partitura de movimientos con técnicas mixtas no les exige reconstruir una época ajena; les propone habitar un entorno construido por el miedo mientras pertenecen a un tiempo marcado por mayores libertades. De ese choque temporal surge una reflexión que termina hablando menos de la homosexualidad que de la responsabilidad compartida de la memoria.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

A esa arquitectura de cuerpos se suma un diseño sonoro de extraordinaria precisión, elaborado por Rozo conjuntamente con Julien Pellatón. La música no acompaña la acción; construye zonas. Resonancias metálicas, respiraciones, vibraciones electrónicas y silencios producen la sensación de que la estructura continúa respirando incluso cuando aparentemente nada sucede. El oído comienza a orientarse antes que la mirada y obliga a recorrer el lugar con todos los sentidos.

La iluminación, correctamente integrada a la propuesta, contribuye a revelar con nitidez la concepción estética de la obra. La penumbra deja de ser un recurso atmosférico para convertirse en una indagación sobre la visibilidad. Los tonos rojizos evocan simultáneamente el laboratorio fotográfico y el universo furtivo de los antiguos saunas; la luz nunca revela por completo, sino que administra aquello que puede mostrarse y eso que permanece oculto. Lo que durante décadas fue una condición para sobrevivir se transforma aquí en lenguaje escénico.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Entre los momentos más logrados destaca Capital Sexual, Abuso y Poder que profundiza esa dimensión política desde una notable economía expresiva. Las duchas del antiguo sauna, cubiertas por telas y figuras militares, evocan memorias atravesadas por la violencia familiar, el abuso institucional y la persecución. Nada se subraya; la tensión aparece en los gestos, en la distancia entre los cuerpos, en los silencios y en la capacidad del espacio para conservar aquello que ocurrió entre sus muros.

La secuencia del Bosque Peligroso, donde la inteligencia plástica alcanza una de sus expresiones más sólidas. Sería reduccionista leer la escena únicamente como una alusión al cruising; lo que propone es una verdadera arqueología del deseo. Vegetación en descomposición, circuitos electrónicos, humedad, olores y un paisaje sonoro minuciosamente construido configuran un territorio donde naturaleza y artificio se funden.  El espectador atraviesa un tramo estrecho que elimina cualquier distancia contemplativa y lo obliga a experimentar simultáneamente libertad, amenaza, placer e incertidumbre.

Igualmente, refinada resulta La Pared, donde cuatro intérpretes deslizan lentamente sus cuerpos sobre un muro hasta transformarlo en una superficie pictórica en constante mutación. La referencia inicial al canotaje desaparece para dar paso a una investigación sobre contacto, apoyo y continuidad corporal. Poco a poco dejan de percibirse individuos aislados y emerge una única imagen colectiva, cercana en espíritu a ciertas exploraciones de Yves Klein, aunque desplazada hacia una dimensión profundamente social.

En Kamasutra, la puesta renuncia a toda provocación evidente y explora el erotismo desde el peso, el equilibrio, el contacto y la confianza. La intimidad deja de depender de la desnudez y surge de la vulnerabilidad compartida; el homoerotismo recupera así una dimensión profundamente humana, alejada tanto del espectáculo como del estereotipo.

La trayectoria de Artestudio explica la madurez de esta propuesta. La formación de su equipo en artes plásticas, estética y creación artística, sumada a una investigación desarrollada entre Colombia, Francia y Suiza, ha dado lugar a una puesta donde cada decisión responde a una reflexión sostenida sobre el cuerpo, el entorno y los elementos escenográficos.

Obra CuartOscuro. Dir. Ricardo Rozo. Foto Carlos Rojas © 2026

Definir la propuesta únicamente desde la coreografía resulta insuficiente: el trabajo expande la danza-teatro hasta convertirla en una forma de pensamiento espacial. También merece destacarse la labor de creación y gestión de Artestudio, que ha permitido que investigaciones de esta naturaleza trasciendan el impulso efímero del estreno, incorporen nuevas generaciones de intérpretes y continúen evolucionando sin perder coherencia artística. Esa permanencia constituye, por sí misma, una forma de resistencia cultural dentro del panorama de las artes escénicas bogotanas.

Al abandonar la casa no quedan únicamente imágenes memorables: permanece la sensación de haber recorrido un organismo vivo donde la arquitectura conserva las huellas de quienes la habitaron y donde el arte, es capaz de activar esas presencias sin convertirlas en monumento.

En tiempos en que la diversidad corre el riesgo de reducirse a un discurso institucional o a una consigna de consumo masivo, esta invitación propone una experiencia más profunda: no explica una reivindicación política, sino que invita al espectador a atravesarla con su propio cuerpo.

Después de más de cuatro décadas de investigación, Ricardo Rozo ha construido un lenguaje singular que amplía las posibilidades de la danza contemporánea colombiana al fundir cuerpo, espacio y memoria en una misma creación.

CR (@mipuntocritico)

*Carlos Rojas. Crítico e Investigador teatral venezolano en tránsito por Bogotá (Colombia).                                                                                                                                      

16.8.26

Lagunillas: Talento infantil

 

El talento infantil de Lagunillas vivió una jornada mágica en la Fundación Alas de Luz, donde las niñas y niños de nuestro taller básico tuvieron su esperada primera presentación teatral.

Bajo la dirección del profesor Jhonathan Camacaro que, demostrando que con solo ganas de soñar, crear e imaginar pueden así las cosas pasar. Queremos felicitar de todo corazón a nuestros valientes debutantes:

Amelia Romero

Keidy Coronel

Jesús Camarillo

 José Leal

 Miranda Manzano

A todos los niños y niñas de nuestra comunidad: el teatro es un juego maravilloso donde Actuar ayuda a perder el miedo a hablar en público, fortalece la confianza, estimula la imaginación y, sobre todo, nos enseña a trabajar en equipo mientras nos divertimos.

Si quieres descubrir el artista que llevas dentro, explorar nuevas historias y hacer nuevos amigos en un espacio seguro y creativo, ¡te esperamos en Tejedores de Sueños!

Urachiche, Yaracuy: Teatro Araguaney y el arte como sanación

 

En los espacios del centro de inclusión social Dilia Rojas, adscrito a la Misión Negra Hipólita y ubicado en el municipio Urachiche del Estado Yaracuy, Venezuela, Jueves 13 de agosto se llevó a cabo un taller de Teatro Terapéutico dirigido a mujeres en estado de alta vulnerabilidad y a cargo de Teatro Araguaney.

La actividad forma parte del trabajo voluntario que lleva a cabo Karlys Arriechi y Doris Tibisay Rodríguez Ramos, actriz y directora respectivamente de la Compañía de Teatro Araguaney, agrupación que forma parte del patrimonio cultural del Estado Yaracuy.

El objetivo es ofrecer herramientas artísticas que contribuyan al bienestar de las participantes, además de su integración social.  Según las instructoras: “Es grato comprobar una vez más que el teatro brinda posibilidades hermosas de sanar y de contribuir a la transformación social.  Por eso estimamos continuar lo que queda de año”.

​Agregan las teatristas que: “Entre los contenidos desarrollados podemos mencionar: uso adecuado de la respiración, técnicas de relajación y expresión corporal, entre otras acciones”.

Para Karlys y Doris: "’Sanar a través del arte’ es nuestro planteamiento”.

Caracas: Kiko Mendive El Ventarrón, 5 de septiembre en Instateatro Venezuela. Sala Cabrujas

 

La obra Kiko Mendive El Ventarrón microteatro se presenta en la 8va edición de Instateatro Venezuela a efectuarse en La Sala Cabrujas de Los Palos Grandes.

A finales de los años 40 del siglo XX, el artista Kiko Mendive se consolidó en México como la figura máxima de la música afrocubana participando como actor, cantante, bailarín y coreógrafo en películas mexicanas junto a grandes vedette y rumberas; y también impulsó la carrera del rey del mambo Dámaso Pérez Prado.

En 1948 llega a Caracas para una presentación en el salón del Hotel Majestic. En su querida Venezuela, Mendive desarrolla una dilatada trayectoria como artista.

El espectador disfruta de un monólogo musical de 15 minutos en escena logrando cautivar a través de melodías como el mambo, la guaracha y el tambor además de un texto que aborda la época dorada de la rumba y el cine musical.

Este unipersonal está protagonizado por el actor Oswald Pineda (IG @ozpinedanavarro) bajo la Dirección General de Armando Yánez (IG @armandyeins) producida por el Grupo Trasteo Teatro (IG @trasteoteatro) en coproducción con Montaño Group (IG @montanogroupve) para Instateatro Venezuela (IG @instateatrovzla)

La obra Kiko Mendive El Ventarrón microteatro se presenta en la 8va edición de Instateatro Venezuela a efectuarse en La Sala Cabrujas de Los Palos Grandes Chacao el sábado 05 de septiembre a las 4pm. Las entradas las pueden adquirir en las taquillas del teatro.

Kiko Mendive El Ventarrón brinda la notalgia de un pasado común a través de ritmos afrolatinos con la imagen de un actor que marcó una huella en las artes.

Producción Ejecutiva: Kendrid Hernández IG @elyoquerotv
Oswald Pineda Celular: 0414-4606908 / 0412-5067452 Email: ozpinedanavarro@gmail.com IG @Ozpinedanavarro
Grupo Trasteo Teatro IG @trasteoteatro

13.8.26

Conversaciones teatrales con Yarmila Guaramato, por Bartolomé Cavallo


 (Publicada Por Petroglifo Revista Critica Transdisciplinar,
17 de junio de 2024).

Por: Bartolomé Cavallo

Conversaciones teatrales con la distinguida dama Yarmila Guaramato, actriz, diseñadora, directora y docente teatral. Nacida en Valera llegó a Maracay en 1991 donde echó anclas en pro del desarrollo teatral de la región.

Con más de 30 años en los escenarios maracayeros, otros espacios han sabido de su arte. Fue estudiante de Ibrahim Guerra, Pilar Romero, Alberto José Suarez, José Jesús González, William Cuao, Gennys Pérez, Aida Calderón. También recibió pautas de directores internacionales como Jacques Matthies (Dinamarca), Robert Sjoblom (Suecia). Diseñadora de vestuario teatral de agrupaciones nacionales. Investigadora en el área de la pedagogía teatral penitenciaria caso adolescentes. Licenciada en Teatro, mención Docencia por Unearte.

Yarmila, comencemos esta conversación un poco para conocer de tu trayectoria y cuándo llegaste a esta ciudad:

¿Dónde y cuándo comenzaste en el mundo del teatro?

Mis comienzos se remontan a 1990  en la ciudad de Valera, estado Trujillo …cuando se llama a  concurso o audiciones para conformar el TNJ Valera -Teatro Nacional Juvenil de Venezuela- yo contaba con 16 años y para mi sorpresa quedo seleccionada de un grupo de 300 participantes por Pilar Romero e Ibrahim Guerra, los cuales montarían la obra  “Los peces del acuario”, trabajo que no pude concluir por cambio de residencia a esta ciudad de Maracay; ya estando aquí con 17 años ingreso en tres obras de teatro (A la diestra de Dios padre, El tirano Aguirre y El espantapájaros que quiso ser Rey)… paralelamente,  ingreso al insigne Teatro Estable de Maracay. Fueron tiempos afortunados y muy laboriosos.

¿Con toda esta fogosidad con que asumiste el hecho teatral? ¿Cuál es tu norte teatral?

En realidad, yo tengo como norte el teatro y los secretos de la buena dirección de escena ¡Cómo no tenerlo!, si fui una niña adelantada para esto del teatro; pero también es cierto que al este tengo la pedagogía teatral, en el sur tengo el ser vestuarista y en el oeste la escritura y la honestidad. Yo siento que 34 años de trayectoria implica muchos sacrificios que deben quedar registrados o transmutados en un papel o una foto. Es por esto, que me ocupa accionar porque el tiempo termina, pero algún legado debe quedar.

Cuando a una actriz se le consulta sobre posturas, lecturas de la vida: ¿Cómo te defines en el teatro?

Me apasiona saber que no todo está dicho, y me da mucho morbo intentar hacer algo desconocido o por descubrir; no importa el riesgo, pero hay que lanzarse… eso sí, antes tuve que haber investigado hasta la médula, si es posible. Soy intensa como un asperger quizás.

Por otra parte, mantenerse en este medio también es peligroso y cansón: ¿Cuál crees que es tu mayor fortaleza en el teatro?

La actuación, no sé si será una fortaleza, creo que es un don.

Pero ya llevas más de tres décadas en este medio: ¿Cuál es tu propósito a futuro en el teatro?

Mantenerme sin límites. El teatro es tan completo que me atrevo a todo… en especial me refiero a todo lo que implique creatividad y apasionamiento, allí estaré.

¿Eres pasionaria como directora o prefieres que los actores vayan perfilando los personajes?

Yo soy pasionaria con la premisa de la historia y trato de que vivamos una poligamia, donde todos nos casemos con esa premisa y arriesgarlo todo como un ludópata.

La otra actividad que te apasiona es el diseño de trajes teatrales: ¿Ves al teatro desde los trajes o son accesorios?

Los trajes o vestuarios son algo menospreciado por muchos, quizás no nos damos cuenta que el discurso visual es por lo menos el más inmediato y con un impacto del 70 % en la proyección no verbal. Déjame decirte una cosa: Si el cine venezolano entendiera esto, conjuntamente con un buen guion y una perfecta fotografía, la historia sería otra. Los accesorios, por lo tanto, son trofeos ocultos de discursos ancestrales de poder, frustración o erotismo entre otros. Entonces veo el teatro con trajes muy expresivos y accesorios muy intrigantes, alguien dijo alguna vez: “Hay tribus que no se visten pero sí se decoran”

Asumir la dirección teatral pareciera un reto, aún para las mujeres: ¿Qué te interesa como directora teatral?

Sorprender y conmover. Es vital para mí la “experiencia” y para ello estudio neurológicamente las posibles reacciones de un público ante la escena o propuesta. Ser mujer me permite moverme entre lo sublime y lo sugestivo de la creación.

Recientemente acaba de terminar la Muestra Teatral que se dio en el Teatro de la Ópera de Maracay: ¿Cómo ves el movimiento teatral regional?

De superación. Nos hemos  dado cuenta que no era suficiente saber actuar como en tiempos del teatro universitario, aquellos años 80 ; ni tampoco atreverse a estar a la vanguardia de las grandes direcciones  teatrales, que de por sí son tareas titánicas; sino que ahora debemos ser lo más asertivos posibles como  productores y convencer a la gente de las  ventajas de entrar en la historia desde lo presencial y no desde la virtualidad de Netflix a pesar de vivir en una ciudad de precarias opciones de movilización y salarios que no dan tregua al ocio. Estamos aprendiendo de los errores, pero sin dejar de marchar… el teatro debe seguir corriendo el telón a pesar de las circunstancias.

Ya para finalizar: ¿Qué le cambiarías al teatro que se está haciendo actualmente en el estado?

¿Cambiar?… Más que cambiar me gustaría profundizar en la reflexión, para que la transformación no sea impuesta sino intrínseca. Me gustaría profundizar sobre tres grandes temas: Principalmente abordaría la formación de las generaciones que se dedicaran al teatro ya que estamos certificando a personas en este oficio sin detenernos en lo cualitativo, ni en las condiciones mínimas de funcionalidad.

En segundo lugar, es pertinente detenernos en el portaaviones que puede significar los programas debidamente constituidos y presupuestados de los cuales su demora afecta entre otras cosas la Escuela de Espectadores o lo que es lo mismo, la cultura teatral. Por último y no menos importante la seguridad social del artista que es una deuda enorme y humanamente meritoria en vida y no en agasajos post mortem.

11.8.26

Memorias solidarias


Pablo García Gámez

Miércoles 24 de junio, 2026.  En Queens, recordando estar hace dos años en San Agustín del Sur, Caracas.  Barrio vestido de rojo y blanco para celebrar a San Juan: desfile, tambores y baile en honor al santo.  En Queens no se celebra San Juan, el 24 es un día más.

Me comunico con un pana por WhatsApp.  Pasadas las seis escribe: “Tembló feo”.  La memoria abre sus puertas: vuelven los recuerdos del filtro de agua tambaleándose, del televisor con la imagen de Superman, a punto de caer de la mesa; de la gente corriendo en el callejón, 59 años atrás durante el terremoto del ’67 que nos agarra a mis hermanas y a mí en la mínima casa en el barrio Manicomio.

Contactar a familiares y amigos cercanos mientras se buscan los canales de televisión por internet que muestren las primeras imágenes.  Poco a poco, durante la noche, va armándose la devastación de los dos terremotos; temprano en la mañana del 25, por las pantallas se asoma una ruina gigante: La Guaira.  El lugar para pasear y relajarse literalmente en el suelo, con seres humanos entre escombros.  Una reportera expresa un pensamiento colectivo: “Todos tenemos recuerdos de La Guaira”. 

De niño, esperaba los domingos en El Junquito -pueblo también devastado por los terremotos- para ir a La Guaira con la familia: el pescado frito con hallaquitas, tostones y el helado de coco en Naiguatá.  Las playas y la piscina de Los Caracas.  Recuerdos.

Ruinas.  Mezcla amorfa de concreto, metal, vidrio.  Adentro, seres humanos, mascotas.  Unos pierden la vida; otros intentan escapar del horror.  La Guaira es invadida: efectivos de seguridad, ciudadanos, los motorizados se dirigen hacia allá, pero no para descansar ni para rumbear como se hace antes del 24 de junio sino para servir y socorrer.

El número de personas sin hogar y sin comida es tan grande que se crean campamentos de refugiados.  El país se conecta y la inmensa mayoría de los venezolanos -algunos con muy poco- se aboca en donar ropa y servicios, recoger comida, cocinar, transportar insumos.  El desastre hace ver otras perspectivas: los motorizados, tradicionalmente vistos al margen, están entre los primeros grupos en hacerse presentes.

Las personas que pierden sus hogares son reubicadas temporalmente en espacios abiertos, plazas, escuelas; cualquier lugar sirve para albergar a multitudes en las que la población infantil es notoria.  Por cierto, en el terremoto del ’67, a mis seis años, mi familia constituida por cinco personas dormimos varias noches en el Ford Fairlane 500 de mi papá.

Por supuesto, aparecen los chalequeadores que, como en la letra de San Juan tó lo tiene, representan “...un pueblo que canta cuando va a llorar”.  Acogidos en refugios parodian con coreografía incluida:

Nosotros vivimos en Ciudad Carpita

nosotros vivimos en Ciudad Carpita

Si cae un palo de agua se moja todita (El Watahumor01).

El performance de los irreverentes refugiados contrarresta el dolor. Hay que actuar.  Es esencial la comida, el agua, la ropa; también es importante intervenir la realidad.  Los sismos y las réplicas lleva a los venezolanos a la liminalidad; la cotidianidad se quiebra y la población se siente rodeada por una atmósfera de oscuridad.  Los artistas escénicos salen a ayudar: sentir el duelo por los que partieron y a la vez encontrar la promesa de un mundo más amable; salen a los campamentos de refugiados: primero desbocados y después de manera organizada.

Actores, titiriteros, payasos, trapecistas, mimos, cuentacuentos, bailarines, músicos, cantantes.  Algunos con sus vestuarios o instrumentos musicales; otros con ropa informal, todos con ganas de compartir saberes.  El espectro abarca la representación, el espectáculo circense, el concierto, la danza y con frecuencia la intervención del espectador para que éste se exprese.

En los campamentos se quiebran angustias.  La actitud del gremio hace recordar que la cotidianidad no es el presente de concreto amorfo y polvo, sino el futuro que decidamos en colectivo: hay que ser solidarios.

Estos teatreros, y trabajadores de la escena, pertenecen a un movimiento hibrido, fragmentado, la mayoría en la alteridad y con recursos limitados.  Llevan el oficio a pesar de los obstáculos que ellos también atraviesan.  Está la actriz-dramaturga que navega por las redes sociales, buscando ayuda para el amigo atrapado entre los escombros de un edificio; ella se recompone y visita los campamentos para brindar momentos de esparcimiento.  En otra ciudad, una mujer de teatro crea una actividad en la sala donde trabaja para recoger donativos para los damnificados; ella siente apenada porque tiene poco para donar: ¡coño, ella, la misma que organiza el evento para su comunidad!  En otra ciudad una teatrera echada pa’lante produce un stand-up comedy en pocos días para recaudar fondos para un refugio para niños.

Los trabajadores de la escena están dispersos por la geografía venezolana ayudando a la población a recuperarse del trauma causado por el horror de dos terremotos.  Por ello, son héroes anónimos que han ganado la admiración de las comunidades al forjar las memorias de solidaridad.  



Caracas: voluntarios en las carpas

Este lunes 10 de agosto de 2026, un grupo de voluntarios integrado por Adliyet Castillo, Egilda Macero, Ninfa Ramírez y Alejandro Borrero realizaron una actividad para niños, niñas, adolescentes y adultos en un refugio de carpas lateral al Cuartel San Carlos y al Panteón Nacional, parroquia Altagracia.

El trabajo consistió en estimular la imaginación y la creatividad a través del entretenimiento.  Como parte de la actividad por medio del dibujo, el grupo incentivó trabajar expresar las emociones y la visión de mundo de los participantes.  Otra tarea fue la imitación de sonidos de animales para cerrar con una dinámica de baile. 

Al final de la presentación Nelly Lozada y Neyi Martínez, a nombre del Club de Abuelos Brisas de Lídice, entregaron una donación de cotillones a los participantes.  

Yaritagua: Taller de artes teatrales

 

La Compañía Municipal Teatro Escuela de Yaritagua, decretada por el alcalde Giovanni Parra, propicia una nueva experiencia para el desarrollo de las artes teatrales en el municipio, invitando a un proceso de construcción de saberes experimentación y producción artística en las áreas de máscaras y títeres gigantes, como elementos básicos para el teatro de calle y la animación sociocultural, que esta compañía se plantea como estrategia metodológica de convocatoria y participación comunal.

El taller tendrá como sedes principales La Escuela Comunal de Arte Conuco Teatro del Sol de la Comuna Comandante Supremo en La Piedra. Y la plaza Bolívar de Yaritagua. Además, realizará sesiones coordinadas con los animadores culturales en otras comunas.

De manera itinerante y permanente, este taller será el cordón umbilical del nuevo movimiento teatral del municipio estructurado en la arquitectura del poder comunal y el desarrollo integral de las comunas.

Los voceros comunales interesados en incorporar sus respectivas comunas a este proceso de formación artística deben comunicarse directamente con el profesor Alexis Aguirre (en Facebook).

8.8.26

Caracas: Las Brigadas Unearte y la comunidad

Adly Castillo

Este 8 de agosto de 2026, la Brigada Unearte Teatro y Audiovisuales visitaron un refugio en el que presentaron a los niños y niñas un espectáculo participativo, cuentacuentos y actividades de dibujo.  En las siguientes imágenes parte de la actividad.

El teatro sigue trabajando para la comunidad.






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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...