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12.5.26

El arte de estar solo en escena: Monólogos, soliloquios y unipersonales del Caribe, por Carlos Rojas

 Un punto de vista
El arte de estar solo en escena:
Monólogos, soliloquios y unipersonales del Caribe

por Carlos Rojas*

Especial para Miradas al Escenario

Alejandro Miguez en Salsa, tango y locura de Carlos Canales.

Para hablar del arte de colocar una voz en soledad, de habitar un cuerpo sin la presencia del otro, de resistir el espacio vacío sin más herramientas que la palabra, el gesto y la memoria, este género teatral encuentra en el Caribe una zona de intensidad particular que desmonta cualquier lectura superficial del monólogo, soliloquio y en especial del unipersonal.

Estas tres dramaturgias provenientes de Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, revelan un teatro que no se conforma con entretener, sino que se instala en la incomodidad, en la fractura, en ese lugar donde el intérprete deja de representar para exponerse.

Hablemos del monólogo, en estos casos, no es un recurso práctico ni una solución de producción: es una decisión estética y política que obliga a mirar de frente aquello que el discurso colectivo suele disolver.

Y si algo queda claro al atravesar obras como Salsa, tango y locura, Las penas saben nadar y A veces grito que aquí analizamos, cuando están sostenidas por una escritura rigurosa y una visión escénica consciente, se convierte en un dispositivo de disección brutal de la identidad, la memoria y la locura, entendida no como patología aislada sino como síntoma social.

En Salsa, tango y locura, del dramaturgo puertorriqueño Carlos Canales (Río Piedras, Puerto Rico; 1955), lo que se construye no es simplemente la historia de un individuo, sino una maquinaria dramatúrgica que tensiona constantemente al espectador entre la empatía y el juicio, entre la risa y el desasosiego, evitando con precisión lingüística cualquier tentación de convertir el relato en una lección moral.

La obra, ganadora del Premio Nacional de Teatro y Dramaturgia de Puerto Rico, no se instala en el didactismo ni en la comodidad del mensaje cerrado, sino que apuesta por la complejidad de un personaje llamado: Freddy Nivelito que encarna, en su desmesura, una acumulación de fracturas sociales, resentimientos históricos y pulsiones autodestructivas que lo convierten en algo más que un individuo: en una metáfora viva del colapso.

Canales demuestra nuevamente una notable capacidad para seducir desde su escritura, pero no desde la palabra complaciente, sino desde la precisión irónica, desde un manejo del humor que no busca aliviar sino tensar, revelando cómo lo grotesco y lo trágico coexisten en una misma respiración.

La estructura de la teatralidad se configura como un rompecabezas emocional que rehúye la linealidad y se instala en una lógica fragmentaria, donde los recuerdos, las justificaciones y los fantasmas del personaje se entrelazan hasta construir una atmósfera asfixiante que obliga al lector/espectador a tomar una posición.

No hay absolución posible, pero tampoco condena explícita: la obra delega en el público la responsabilidad de decidir quién es Freddy, y en ese gesto se produce uno de sus mayores aciertos, desde la inestabilidad emocional de un personaje que se desplaza entre la confesión y la negación, entre la lucidez y el delirio.

Salsa, tango y locura se instala, así como un unipersonal que no se agota en su anécdota, sino que persiste como una experiencia incómoda, como un espejo que devuelve una imagen deformada, pero reconocible de una sociedad que no logra reconciliarse consigo misma, pero ha aprendido a vivir con ella.

Olga Bucarelli en Las penas saben nadar. Foto: Dantes-Castillo.

Por su parte, Las penas saben nadar, del dramaturgo cubano Abelardo Estorino (1925-2013), se sitúa en un registro distinto, pero igualmente incisivo, desplazando el foco hacia el interior del propio teatro para desmontar sus mitologías y exponer, sin concesiones, la fragilidad de quien lo habita.

Aquí la figura central es una actriz en decadencia que irrumpe en escena, botella en mano, interrumpiendo la representación prevista de La voz humana de Jean Cocteau para apropiarse del espacio y convertirlo en un territorio de confesión donde lo autobiográfico y lo ficcional se contaminan hasta volverse indistinguibles.

El autor construye un texto que oscila con una madurez notable entre la comedia amarga y la tragedia íntima, evitando cualquier clasificación simplista de género y apostando por una dramaturgia que se sostiene en la tensión constante entre el humor y el dolor, entre la lucidez y la autocompasión.

La protagonista no busca redimirse ni justificar su caída; se expone, se contradice, se exhibe en su vulnerabilidad más cruda, obligando al lector/espectador a confrontar no sólo la decadencia de una artista, sino la precariedad misma de la vocación cuando el reconocimiento desaparece.

El alcohol, lejos de ser un elemento anecdótico, funciona como un dispositivo simbólico que atraviesa la obra, evidenciando la necesidad de anestesiar una memoria que insiste en aparecer fragmentada, cargada de frustraciones, amores fallidos y decisiones irreversibles.

La relación con el público es directa, casi violenta en su honestidad, eliminando cualquier distancia protectora y convirtiendo al espectador en testigo incómodo de un proceso de desmoronamiento que no se resuelve en catarsis sino en una forma de lucidez devastadora.

En ese sentido, Las penas saben nadar se configura como un ejercicio de verdad escénica que desmitifica el teatro desde dentro, revelando que detrás del aplauso y la representación existe una humanidad frágil, contradictoria y profundamente sola.

Freddy Ginebra autor de A veces grito. Foto Cortesía Casa de Teatro.

Finalmente, A veces grito, del dominicano Freddy Ginebra (Santo Domingo; 1944), introduce una dimensión aún más visceral al colocar al personaje en un límite donde la razón y el delirio se entrelazan sin posibilidad de separación clara, construyendo un relato que se sostiene en la urgencia existencial y en la necesidad desesperada de encontrar sentido en medio del caos.

Juan, el protagonista, no se presenta como un caso clínico ni como un símbolo abstracto, sino como un ser atravesado por una historia personal y colectiva marcada por la violencia, la represión y la fractura familiar, en un contexto que remite a las sombras del régimen de Rafael Trujillo.

Monólogo de carácter minimalista, lejos de empobrecer la experiencia, concentra la atención en el cuerpo del intérprete y en su capacidad para transitar entre estados emocionales extremos, utilizando elementos aparentemente simples: un banco, unos zapatos como extensiones de una subjetividad en constante tensión, sino que expone con mayor crudeza la fragilidad de un sujeto que intenta aferrarse a los restos de su infancia como única zona de sentido posible.

La estructura argumental del texto se articula como un proceso de exorcismo donde el personaje se enfrenta a sus propios fantasmas, negando y afirmando simultáneamente cualquier posibilidad de creencia, en una tensión que atraviesa toda la obra y que evita caer en soluciones simplistas o discursos redentores.

Lo más inquietante de A veces grito es su capacidad para desplazar la mirada del lector/espectador, obligándolo a cuestionar la noción misma de locura y a reconocer que el verdadero extravío no radica en perder la razón, sino en perder todo aquello que da sentido a la existencia, a la vida misma.

En ese desplazamiento se produce el verdadero impacto de la escritura dramática, que deja de ser la historia de un individuo para convertirse en una interrogación abierta sobre los límites de la cordura y la responsabilidad colectiva frente al sufrimiento ajeno.

***

Como conclusión diré que, estas tres piezas caribeñas no sólo confirman la vigencia del monólogo como género teatral, sino que lo reivindican como uno de los espacios más radicales para la exploración de la condición humana, despojándose de cualquier connotación menor y devolviéndole su potencia como herramienta social y teatral.  

En ellas, el unipersonal no es un refugio ni un atajo, sino un terreno de riesgo donde la escritura, la dirección y la interpretación escénica se ven obligadas a sostenerse sin artificios, exponiendo con crudeza las tensiones sociales, políticas y emocionales que atraviesan sus contextos y sus propias realidades.

Lejos de la superficialidad o del entretenimiento fácil, estas tres escrituras escénicas fundamentales en la dramaturgia contemporánea caribeña proponen una experiencia que interpela, incómoda y permanece, recordándonos que el teatro, cuando se asume con rigor y compromiso, sigue siendo un lugar donde es posible pensar, sentir y confrontar aquello que preferimos evitar sin importar de qué latitud provenga. Así de claro, es el arte de estar solo en escena, querido lector.

CR (@mipuntocritico)

*Carlos Rojas. Crítico e Investigador teatral venezolano en tránsito por Bogotá (Colombia).  

11.5.26

Cuando la selva, el llano, y las palabras se hacen grito, por Jesús Eduardo Espinoza.

 Cuando la selva, el llano, y las palabras se hacen grito: El rugido de Gallegos que estremeció e impactó a los espectadores en el 
Teatro Baralt de Maracaibo.

Foto: Lolimar Suárez Ayala

Por: Jesús Eduardo Espinoza.

La Fundación Rajatabla, en alianza con la Editorial Sarrapia, presentó la obra teatral Rómulo Gallegos: Selva, Llano y Palabra. Esta pieza es un homenaje a la vida y obra del escritor venezolano Rómulo Gallegos, centrada en el proceso creativo detrás de sus novelas más enblemáticas: Doña  Bárbara y Canaima.  Aquí los detalles clave de la puesta en escena: La obra, escrita por Yoyiana Ahumada, explora los pasillos creativos de Gallegos, mezclando su vida real con su esposa Teotiste y la ficción de sus novelas. Personajes como Doña Bárbara, Santos Luzardo y Marisela invaden la cotidianidad del autor.  La dirección general es de Marisol Martínez.  El elenco conformado por: Jesús Das Mercedes (Rómulo Gallegos), Rebeca Herrera (Teotiste) y Margareth Aliendres (Doña Bárbara).  La obra se presentó el viernes 8 de mayo en el Teatro Baralt (con una función pedagógica en la mañana y función general a las 6:00 p.m.).  La producción tiene previsto visitar varias ciudades del país.  La propuesta es un recorrido multisensorial que integra música en vivo (a cargo de Carlos Conde "Washé"), danza y tecnología; además subraya la vigencia del compromiso social de Gallegos y su visión de la naturaleza venezolana

Qué espléndida crónica nos ofrece sobre este encuentro teatral en Maracaibo. Su descripción no solo detalla el evento, sino que captura la esencia misma de lo que significa llevar la literatura al escenario: esa "historia viviente" que menciona.

Es fascinante cómo la propuesta creadora de la inteligente investigadora y dramaturga Yoyiana Humanda (a través de la dirección de Martínez) logra humanizar la figura de Rómulo Gallegos, presentándolo no como un busto de mármol, sino como un creador sumergido en su proceso, tejiendo la realidad de los llanos con la  realidad y lo sublime de sus personajes. Y una pantalla gigante que no fue recreando los paisajes geografico de cada escena de la historia.

A partir de su enriquecedor análisis, se pueden destacar varios puntos clave que hicieron de esta experiencia algo significativo para la comunidad artística y estudiantil zuliana y, por supuesto,  la presencia de teatristas entre: dramaturgos, criticos, directores teatrales, actores, para presenciar un trabajo digno ejemplo de un buen teatro como se ha caracterizado la agrupacion  de Teatro Rajatabla durante muchos años en sus  diapositivos  escenograficos, efectos especialesy los distintos planos de luces para darle vida a la acción dramática que ha permitido la belleza de los personajes en escena. Si hay algunas escenas en que se perdía el ritmo dialogado y el volumen de la voz por lo cual es necesario una revisión de parte de la directora.

Foto: Lolimar Suárez Ayala


El Teatro como herramienta pedagógica

Es notable la asistencia masiva de estudiantes, especialmente de la Escuela de Teatro Inés Laredo. En la representación de la dramaturga Lolimar Suarez, Grupo de teatro Titilar, a cargo del director teatral Willian Quiroz y más de 300 estudiantes de distintas instituciones educativas. Para un estudiante de artes escénicas, ver cobrar vida a los personajes de Doña Bárbara o Canaima es una lección de análisis de texto en movimiento. El teatro permite que el conflicto dramático, que a veces parece lejano en el papel, se vuelva tangible y emocionante.

La dualidad del creador

La imagen de Gallegos al lado de su esposa, frente a la máquina de escribir, mientras sus personajes lo rodean, resalta la dimensión humana del escritor. Muestra que las grandes obras venezolanas no nacieron de la nada, sino de una observación profunda de nuestra geografía y nuestra gente.

La estética de Rajatabla

La mención a la planta actoral joven y al uso de recursos modernos (como la pantalla gigante para los paisajes y efectos) confirman que el Grupo Teatral Rajatabla sigue apostando por una puesta en escena dinámica que conecta con las nuevas generaciones sin perder la rigurosidad histórica de los vestuarios y la atmósfera de la época.

Foto: Lolimar Suárez Ayala

El impacto en Maracaibo

El lleno total en el Teatro Baralt es un testimonio de la sed cultural de la ciudad. Ver a maestros, agrupaciones como Titilar y jóvenes compartiendo un espacio para reflexionar sobre la obra de Gallegos fortalece la identidad nacional y regional.

Las obras de Gallegos que son mencionadas forman un mapa fundamental de Venezuela:

Doña Bárbara: El conflicto entre la civilización y la barbarie en el llano.

Canaima: La lucha del hombre contra la selva y la explotación del caucho.

Pobre Negro: Una mirada profunda a las tensiones raciales y sociales.

La hora menguada: Una joya de la narrativa corta sobre la culpa y el drama familiar.

Sin duda, este tipo de montajes son los que mantienen viva la llama de nuestra dramaturgia y aseguran que el legado de autores como Gallegos no se quede solo en las bibliotecas, sino que siga latiendo sobre las tablas.

¡Gracias por compartir esta valiosa reseña!

Rajatabla: Once apuntes de Alexis Blanco sobre Rajatabla en el Baralt.

 Rajatabla: Once apuntes de Alexis Blanco acerca de la obra de Rajatabla en el Baralt: "Gallegos: selva, llano y palabra", viernes 8 de mayo 2026


1
La sola presencia de Rajatabla, verbo y gracia, el grupo teatral más importante del país (en lo que concierne a su proyección en el mundo entero) representa un lujo para el Teatro Baralt, cuyo director, Jesús Lombardi Boscán, una vez más ha acertado en su labor gerencial, presentando la espléndida pieza donde la figura del mejor novelista venezolano emerge como el protagonista clave. La acertadísima puesta de Marisol Martínez para el texto de Yoyiana Ahumada producido por William López significó un extraordinario hito en la cartelera teatral de Maracaibo durante las últimas fechas. Muchos esperaban una obra mucho más involucrada con el contexto político e histórico del hombre que, desde el 15 de febrero al 24 de noviembre de 1948 ejerció la presidencia de Venezuela y cuyo derrocamiento degeneró una crisis terrible, también ausente de esta edulcorada versión teatral, pero no fue así. Sin embargo, el poder del arte estuvo ahí, sobre el escenario de nuestro edificio centenario.

2
En principio, estamos ante una ingeniosa estrategia de mercadeo, ideada desde la Editorial Sarrapia, creada en 2023 por Ramiro Molina, Julieta de Molina y Rosalexia Guerra, donde se planteó que, en paralelo con el relanzamiento de Canaima y Doña Bárbara, dos novelas fundamentales del gran autor, un educador a ultranza, también se recrease esta experiencia teatral en la que, junto con la institución teatral cuya Fundación preside el mismo William López, se hiciese un montaje con matices pedagógicos para relanzar la figura del gran escritor criollo. Ese estreno se hizo el 29 de noviembre de 2023, en medio de la celebración del día nacional del escritor, y hasta el tres de diciembre de ese mismo año. Un éxito increíble tipo “ganar/ganar”. Nuestro público aplaudió, emocionado y poseído, por la gracia de una rica obra de arte.

3
Carlos Conde, nuestro “Washé”, de Do a Si uno de los más importantes músicos con que cuenta la escena contemporánea venezolana, director de la compañía Baralt Ancestral, ejecuta una performance sonora, ahí mismo, en vivo, sustentando con su poderosa presencia estética, cada instancia de esta suerte de estado onírico dentro del cual transcurre el romancero Gallegos propuesto por la autora, Yoyiana Ahumada Licea, reconocida en el medio teatral venezolana por ser la noble “amanuense” de nuestro héroe maestro, el grande José Ignacio Cabrujas. Quizás por la propia naturaleza del proyecto teatral/editorial ella haya tenido que mover su discurso escénico entre aguas no tan turbulentas del Orinoco o la densidad de fábula de los paisajes del llano o la reverberante intemperancia ecológica de Canaima, con su flora y su fauna plena de enigmas y conflictos que el propio Gallegos devolvió al país en forma de mitos y turbulencia demasiado humana.

Desde la nota crítica de Luis Perozo Cervantes subrayamos alguna coincidencia: “Sus novelas no salieron de un trasnocho febril ni de una alucinación. Salieron de una ideología nacional pensada con paciencia y mucha intención. Su literatura es política y es filosofía. Reducirlo al señor distraído que pierde la página 28 es un acto de cariño que estrangula al objeto admirado, lo ridiculiza y anula. Se nos presentó un Gallegos higiénico y distraído…”. Suene, gran Washé.

4.
Ese hombre inmaculado llamado Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire, caraqueño de lino blanco, aparece representado por un actorazo de fina estampa, Jesús Das Mercedes, acompañado por una exquisita Rebeca Herrera como doña Teotiste de Gallegos (¿sabrán nuestro bienamados “Rajatablos” que aquí en Maracaibo hay una muy populosa barriada con su nombre?), mientras que, pensamos e intuimos, que ninguno de los estudiantes que durante la mañana del viernes 8 vieron la obra, olvidarán la figura hipnótica de Margareth Aliendres haciendo de Doña Bárbara. Mujerón de actriz.

5
El notable maestro greco venezolano, Costa Palamides así lo visualizó: “Yoyiana Ahumada y Marisol Martínez encuentran una veta única, en: Gallegos: Selva, Llano y Palabra, al ubicar lo anecdótico de una vida, en un contexto de universalidad literaria, que no se esfuerza en ser dramática. La poética de lo escénico dejada por Carlos Giménez en Rajatabla, es renovada con creces y buen tino, defendida por intérpretes camaleones como: José Gregorio Martínez, Margareth Aliendres y Jesús Das Merces. Destacan también, las creatividades de: David Blanco, Altagracia Martínez y Oscar Salomón, en iluminación, vestuario y escenografía, respectivamente…”. Desde las letras de Yoyiana Ahumada Licea, con quien comparto mi admiración y el desasosiego de la madre en fuga, endoso esta otra clave: “El arte siempre debe descolocar el espíritu. Disponerlo a otra comprensión de lo humano, desde un lugar de incomodidad. No creo por eso que signifique renunciar al entretenimiento como lo entendía Bertolt Brecht. Tener entre dos, entre el artista y el receptor. El teatro debe hacernos preguntas... El teatro construye nuestra humanidad porque nos muestra ese " ser tuyo ahí" como diría Cabrujas parafraseando a Martín Heidegger”. Yoyi brillante.


6
La nota de prensa emitida desde el Teatro Baralt precisaba: “Este evento es posible gracias a la dirección general de Marisol Martínez, la producción general de William López y la visión ejecutiva de Ramiro Molina…”. También, y así lo ponderaba la talentosa directora, gracias al equipo técnico del Teatro Baralt, comandado por la infatigable María Fernanda Ortega, secundada por los Cabrita. Muy temprano, ese mismo viernes, encontramos a William López en el backstage, echándole broma al inefable maestro Orland Espluga, el administrador del Teatro Baralt y quien, con paciencia budista, se calaba el vacilón del viejo zorro del teatro venezolano. Total, Orland sabe muy bien que el tipo tiene más de 55 años del viejo zorro oficio y que se ha paseado y rejodido por los teatros más importantes de unos 70 países. Honor y gloria. Sobre el montaje de Marisol Martínez hay harto logro estético: el uso de a luz, el vestuario, una utilería alucinante donde un paraguas puede ser remo con el cual “un bongó remonta el Arauca”.

Vale esa cita sobre Carlos Giménez y su estética: “Muchas de las escenas en los montajes de Rajatabla adquieren una dimensión fotográfica. Carlos Giménez es un creador de cuadros vivos por la manera como organiza a la gente y como utiliza la luz y los colores, formando imágenes casi estáticas que parecen atrapar, como en una fotografía, los momentos relevantes de ciertas actitudes e intenciones de los personajes. La iluminación es otro de los elementos que definen en Rajatabla la manera de enfrentar el hecho teatral. En todos los montajes se utiliza luz blanca”.

7
Así debemos comprender la dimensión de nuestros ilustres visitantes: “El Grupo Rajatabla, fundado en 1971 en Venezuela, por Carlos Giménez y Xulio Formoso, es una de las compañías teatrales más influyentes del país. Su enfoque fusiona el teatro con las tradiciones populares y el teatro experimental, abordando temas sociales y políticos con gran profundidad. Su repertorio abarca desde obras clásicas hasta creaciones originales, destacando por la calidad de sus montajes y su capacidad para conectar con el público. Rajatabla no solo ha sido un referente en el ámbito teatral venezolano, sino que también ha contribuido significativamente a la formación de nuevas generaciones de artistas. Su impacto se extiende a la promoción de la cultura y la reflexión crítica, consolidándose como un pilar fundamental del teatro en Venezuela […] La espectacularidad y crudeza de sus propuestas, la honestidad de sus performances y su estética orientada a la crítica de los abusos del poder definieron una forma de hacer arte cuando comenzaban los años setenta en la Venezuela saudita […] Desde sus orígenes, Rajatabla buscó “desvelar los mecanismos del poder, denunciar la obscenidad del terror en sus variadas encarnaciones, evidencias claves de la corrupción, de la manipulación ideológica, de la explotación y saqueo a que están sometidos los individuos. Asumió todos los riesgos posibles para llevar su visión alucinada del arte…”, citamos con justeza de Barroco Cronista Cuántico, el texto del maestro inolvidable de la crítica teatral hispana, don Moisés Pérez Coterillo.

8
La historia no siempre engrandece: “Medio siglo después, la Fundación Rajatabla ya no tiene compañía estable. La plantilla no pudo seguir debido, entre otras razones, a la crisis económica, social y política del país, en la que la migración e hiperinflación marcan la pauta de sus individuos. Sin embargo, queda una pequeña nómina presidida por Williams López, el único de los miembros fundadores activos. Junto a él conforman el equipo: Eduardo Bolívar como vicepresidente, Pedro Pineda en la dirección técnica, Daniel Blanco en el área de iluminación y Laura Pérez, que es encargada de recepción y taquilla. Hacen hasta lo imposible por sacar adelante el legado…”. López, dixit:

“Llegó un momento en que éramos principal punto de referencia teatral en el mundo con las obras que dirigía Carlos Giménez y los festivales internacionales que realizábamos; con piezas como Señor Presidente, Cuando quiero llorar no lloro, El coronel no tiene quien le escriba. Esa historia de Rajatabla girando por todo el mundo nos permitió una presencia importante en el mapa teatral…”. Esa versión de su Bolívar, de José Antonio Ríal, fue estrenada, a nivel mundial, en el Teatro Bellas Artes de Maracaibo. Que esto nunca se olvide.

9
El destino y esas crudas “Intermitencias de la muerte” acabaron con la edad de oro de Rajatabla. Su creador, Carlos Giménez, amaba esta ciudad. Una vez le permitió a Enrique León que, para que pudiera montar su Traje de Etiqueta, en la legendaria Sala Rajatabla del Ateneo de Caracas, destruyera por completo la sofisticada y costosísima escenografía de La charité de Vallejo, una obra extraordinaria de Larry Herrera que hoy mismo tendría harta vigencia en este país de “Risitas”. Doy fe de esto, porque Carlos me permitió escribir y publicar, en el diario El Nacional (donde era más influyente que el propio Miguel Enrique Otero), la crónica de la inauguración, en 1989, de la edición octava del Festival Internacional de Teatro, con el Berliner Ensemble de Alemania, con su aclamada producción de La ópera de tres centavos, marcando un hito al ser la primera vez que la compañía fundada por Bertolt Brecht visitaba Latinoamérica. Eso se agradece de por vida, con tu propia vida. El colega Carlos Pérez Ariza da fe de este hito del BCC.

También fue el tenaz amor de Carlos Giménez por Maracaibo, lo que impulsó la creación del Núcleo Zulia del Teatro Nacional Juvenil. Dense duro con esa clave.


10
Le preguntaron a López: “¿Cómo varió la estética de la compañía tras la muerte de Carlos Giménez en 1993?”. Y con una solemnidad conmovedora respondió, el William: “Sí, hubo un cambio muy drástico, porque Carlos era un genio del teatro, estaba a la altura de grandes como Peter Brook, y era difícil sustituirlo. Pero algo hicimos y José “Pepe” Domínguez, que trabajó muchos años con él, estuvo al frente, junto con directores invitados como Vladimir Vera, Consuelo Trum, Miguel Issa, Marisol Martínez. Carlos quería que el público se enriqueciera visualmente, independientemente del texto y de las actuaciones; que se enriqueciera del hecho espectacular con las escenografías y efectos en los montajes…”. Este romancero Gallegos así lo comprueba.

11
Rajatabla volverá a Maracaibo. Ténganlo ustedes por seguro. Con esto quiero decir que hay vida para esta agrupación que aun conserva intacta la pasión y a voluntad y el instinto de su creador. López vuelve a conmoverse, a conmovernos, todo Rajatabla conmueve y en este instante pienso en mi bienamado Aníbal Grunn, en Paco Alfaro, en Pedro Pineda, Daniel Blanco, Francis Rueda, en Beatriz Castillo, en José Luis Montero y en quienes sobreviven esa Edad de Oro del Teatro Venezolano. Pienso en mis entrañables colegas del alma, auténticos artistas del gesto de mostrar: Pepe Tejera, Cosme Cortázar, Pilar Romero, Roberto Moll, Carlos Canut, Mariel Jaime Maza, Juan Pagés, Gustavo Gutiérrez, Leopoldo Renault, José Ramón Ortiz, Enrique Serrano, Juan Gómez, entre otros, a quienes imaginamos ahora, diciendo a coro las palabras de William (todas las citas encomilladas de López la redactó María Angelina Castillo). Ellos corean, musitando:
“Fundamentalmente, y no sé si es una metáfora, el espíritu de Carlos Giménez está rondándonos siempre y recordándonos que tenemos que estar vivos; vivos como un homenaje a su memoria. Porque si Rajatabla se acaba, y no creo que se acabe, sería traicionarlo a él”. Dios salve el espíritu eterno de Carlos Giménez.


Texto e imágenes por Alexis Blanco (El Barroco Cronista Cuántico)

10.5.26

Los espectadores opinan: Impresiones sobre el monólogo Claroscuro, por Natalia Altuve

Isidro Morillo en Claroscuro

Desde el momento que entré al Teatro Esencial hubo una sensación vibrante en el aire, podría decirse mágica.

La escenografía, con sus tonos oscuros y luces tenues, me preparó para un viaje realmente emocional. Al comenzar el monólogo, me sumergí en su historia de inmediato.

El actor estrella, Isidro Morillo, a través de su interpretación nos habló de una manera única, reflejando luchas que todos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas.

La mayor parte del tiempo me sentí conmovida, especialmente en las escenas más intensas que me devolvieron a etapas de la vida que me dejaron huellas, otras cicatrices y, en todas, aprendizajes.

La actuación del actor Isidro Morillo, quien ganó toda mi admiración y respeto por su pasión y humanismo, fue tan poderosa que podía sentir el dolor y la esperanza de cada escena como si fueran míos.  La conexión emocional fue tan profunda, repito, que me encontré reflexionando sobre mis propias experiencias...tanto que inevitablemente allí dejé mis lágrimas.

La forma en que la obra exploró la dualidad de la vida, con sus claros y oscuros, resonó en mí. Me hizo recordar que todos tenemos nuestras sombras, pero también la capacidad de encontrar la luz.

Fue fascinante escuchar al inicio el Credo de Aquiles Nazoa, como tampoco puedo pasar por alto las bellas damas vestidas de blanco, iluminadas por los reflectores.  Ellas interpretaron en momentos precisos canciones, cuyas letras conmovieron mi corazón, fueron algo así, como voces de ángeles en medio de un mundo en caos.

Parecían divinidades. 

Así también, fue impresionante la interpretación final que nos hizo recordar de dónde venimos, nuestras raíces ancestrales, nuestra cultura Wayuunaiki, sus costumbres, ritos y prácticas.  Realmente me sumergió.

Al final, salí del teatro con una sensación de gratitud, con una nueva perspectiva sobre mis propias luchas y triunfos.

Claroscuro no solo fue una representación artística: fue una experiencia transformadora, un viaje emocional que me dejó reflexionando mucho después de que las luces se apagaron.

Claroscuro es un monólogo que volvería a ver muchas veces más. Representa una joya teatral que vale la pena disfrutar, porque no sólo es una manera de entretener a su público, es una oportunidad de introspección, es capaz de retratar lo complejo de las emociones humanas.  Claroscuro es y será una pieza memorable.


Natalia Altuve.
 

Nota del editor: Miradas al Escenario es un blog inclusivo cuya meta es difundir la labor teatral venezolana. Si eres espectador o espectadora y quieres compartir tus impresiones e interpretación de alguna obra, envía el material a nuestro email

8.5.26

Mr. Hamlet: ¡Viva el arroz con pollo!

 


por Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores

Función del sábado 2 de mayo de 2026

Debo ser el único que ha ido a ver esta obra y, en vez de sonreír cuando comienza, pensó “Ay, coño”. Sé que tengo que hacer el esfuerzo para no utilizar las groserías, pero en este caso es un asunto documental: no me dije “Ay caramba” ni “Ay cónchale” ni “Cáspita, estoy poniendo la torta”, en mi caso fue un “Ay, coño” doloroso, que  lo explicaré más tarde. Por ahora, entremos en lo que causa este divertimento escrito por Aquiles Nazoa.

Doy mi opinión como publicista y así van conociendo cómo es Mr. Hamlet, dirigida por Aníbal Grunn, quien en el segundo semestre del 2024 transformó este sainete, escrito en el siglo pasado, en un musical. El caption en la cuenta de Instagram de la Compañía Nacional de Teatro, que es quien produce este espectáculo, debería decir que esta obra causa: Alivio del Agotamiento: físico y mental. Cura para Dolores de Cabeza: un remedio infalible para cefaleas y neuralgias. Remedio para Problemas Digestivos: para aliviar la indigestión y los malestares estomacales. Tratamiento para la Adicción a la Morfina: remedio ideal para superarla. En especial después de alguna herida ocasionada por la guerra. Bebida de Templanza: por si prohíben la comercialización de bebidas alcohólicas y Mr. Hamlet pasa a ser una alternativa estimulante pero no alcohólica

Y sí, esos textos no son de mi autoría, sino de la gente de Coca – Cola, antes de que la bebida se convirtiera en un refresco; pero es que con Mr. Hamlet es igual, se puede vender diciendo que sirve para todo eso y para más. Es un divertimento, en el amplio sentido de la palabra y de la relación que el espectáculo logra con el público. También lo es para el elenco, que en muchísimas partes hace un gran esfuerzo para no reírse. A veces lo logran, en otras no y eso acentúa lo divertido y la complicidad con el público. Las canciones y las coreografías funcionan como un relojito suizo y además te enamoran y cumplen el rol de ser espejos donde nos miramos y nos encontramos. La puesta en escena se pasea por momentos de mucho movimiento y por otros que resaltan por la carencia de este, se “pule el piso” de todo el escenario de la Sala Román Chalbaud del Teatro Alberto de Paz y Mateos, porque es algo que se requiere; el trabajo con los distintos planos que nos llevan a tener a personajes cerca del público y también muy alejados, es cónsono con lo que se está contando, nos ayuda a asumir distintas miradas; lo mismo sucede con el manejo de lo horizontal. Siempre observamos, hacia los lados, hacia al fondo, hacia nosotros y nosotras. 

Vestuario, maquillaje, peluquería y utilería, son tan austeros como eficientes. Lo de cámara negra, la limita, porque el empleo de elementos escenográficos le hubiese dado otra dimensión con el manejo de formas y colores que irían muy bien con esta obra; en compensación, de la manera como está montada, la pueden representar casi que en cualquier escenario y eso incluye los no convencionales y la calle.

Las actuaciones, en general, están bien, y en algunos casos, como los de César Castillo (Narrador), Dora Farías (Reina), Omar Churión (Rey), Livia Méndez (entre las 5 Grandes), Gerardo Luongo (Polonio), Amilkar Antonio (Horacio) y Miguel Ángel Treccia (Hamlet), muy bien; brillan como elenco (y son veintipico).  Ahora, si se me permite, me toca sugerir que la CNT debe desarrollar más a sus elencos en la actuación para comedia. Sé que las comparaciones son odiosas, pero es que si uno recuerda El sentido de la vida, esa maravillosa película de los Monty Phyton, notará cuánto margen hay para crecer; o Sopa de Patos de los Hermanos Marx. Lo mismo pasaría si vemos algunos sketches de Los Mendigos de El Show de Joselo, de Perolito y Escarlata y Flora y Hortensia de Radio Rochela; incluso Asesinos por naturaleza de Oliver Stone, que tiene un excelente manejo de un humor ácido de finales del siglo pasado.

En teatro venezolano, recordar Machete Canibal de Río Teatro Caribe, el monólogo Actúa con Regina Espina con Annie Ferrer y Tropical de Gregorio Magdaleno, es una forma de introducirnos en un tipo de humor local que conecta con lo que Aquiles Nazoa plasmó en el papel con Mr. Hamlet. Quiénes somos.

El diario El Universal publicó el 28 de junio de 2018, la crítica de Edgar Moreno – Uribe, sobre Tropical, quien, entre otras cosas, escribió “Es una indagación teatral, donde se suda, como ha dicho el director-autor Magdaleno, para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos. “Entonces nosotros como espectadores podemos conocer lo que podría ser el cliché, la iconografía de lo tropical, es decir, por ejemplo, los mambos, los bailes, los merengues, las cumbias, que de alguna manera signan una manera de ser y que nos contrastan en nuestra mirada interior…” 

De allí viene mi “Ay, coño”. De saber, que si conociera en profundidad sobre el canibalismo cultural que impulsaba el Movimiento Antropofágico del Brasil de los años 20 del siglo XX o mucho más de Aquiles Nazoa, para conocer de manera amplia lo que él se planteaba con este libreto; entonces tendría más aristas para escribir la crítica, en vez de esta carencia cultural que me acompaña. 

Si alguien no ha visto Hamlet, ni conoce del libreto, esta obra, Mr. Hamlet, le podría parecer una pieza original totalmente caribeña – venezolana. La CNT logra el principal objetivo de Nazoa, que consiste en echar el cuento de Hamlet a lo venezolano. Lo logra Aquiles, desde la página 1 “PRÓLOGO: Noche oscura, triste y cruenta, como cuenta de doctor. Pasa el cuervo pavoroso del famoso never more.” y también Grunn desde la primera coreografía de esta acertadísima concepción que la convierte en un musical. Lo antropofágico está en cada escena, cada gesto de los personajes es un gesto de aquí, no de Inglaterra ni de Dinamarca, la Reina borracha es nuestra y no aceptaremos que nadie nos diga que es danesa. Así que se cumple lo que iluminó Moreno–Uribe sobre Tropical: “… para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos”. Quiénes somos.

La Compañía Nacional de Teatro está gritando que somos venezolanas y venezolanos, en un momento histórico donde una parte de la población se está preguntando ¿Y ahora qué somos?

Me pregunto, ¿Somos lo que somos debido a lo político, a un estatus jurídico, a una definición constitucional o lo somos debido a nuestra manera de ser, nuestra cultura, nuestra identidad? Si la respuesta es lo segundo, entonces al proteger eso que somos, siempre podremos volver a lo que fuimos en los otros ámbitos, reconstruiremos lo que estaba.

Esta crítica se escribe en una ciudad que en 1641 quedó hecha escombros, debido a un terremoto en el que falleció más del 70% de la población. El 90% de quienes sobrevivieron, se fueron de la ciudad por temor a otro terremoto, porque perdieron sus viviendas, por las enfermedades que se generaron por la descomposición de los cadáveres, porque es casi imposible mantener cierta estabilidad psicológica si se vive en un lugar convertido en cenizas. Puede parecer insólito o milagroso, pero quienes se quedaron la volvieron a poner de pie. Uno de los libretos en los que estoy trabajando, como dramaturgo, es un monólogo sobre ese terremoto, de un hombre, afrodescendiente, quien sobrevivió y decidió quedarse en esa ciudad. Se llama “Caracas nunca muere”.

Asumo como tarea, en el mediano plazo, saldar la deuda de la falta de conocimiento en profundidad sobre el Movimiento Antropofágico y también sobre Aquiles Nazoa, que uno lo admira y lo ama, pero debe tomarse más en serio su estudio.  Así que bueno ¡Viva el arroz con pollo!… coño.

PD: “¡Viva el arroz con pollo!” Es el mejor parlamento de toda la obra. En él se condensa lo que Nazoa buscaba con Mr. Hamlet.

FICHA

Agrupación: Compañía Nacional de Teatro @cnteatro_ve

Dramaturgia: Aquiles Nazoa.

Dirección: Aníbal Grunn @agrunn

Actuación: Gerardo Luongo @gerardoluongoz , Dora Farías @dorafariasz , Yurahy Castro @yuracastroc , Omar Churión @omarchurion , Amilkar Antonio @thevikingart , Jo Sé @jose.venescena , Angélica Rinaldi @anggelikrinaldi , Ariana León @arianaleon_ , Andersson Figueroa @anderssonfigueroa , Leonardo Ayala @leonardoayalaofici , Livia Méndez @liviamendez_actriz , Irmary Mota @irmarymota , Miguel Ángel Treccia @miguelangeltreccia , Yhannelys Medina @yhanmedina , Yendy Vegas @yendyvegas , Eduvina Soto @eduvina95_ , Gema Castro @soygemacastro , César Castillo @uncastillodecesar , Yoel Rodríguez @soyyoelactorfit , Lenin Antequera
@leninante_ra , Yoe Ramírez @remixeador .
Dirección Coreográfica: Miguel Issa
@miguelissa62
Entrenamiento corporal: Emérita García 
@laeme1313
Producción general: Rufino Dorta 
@rufino_dorta @cnteatrove.
Productor Encargado: Arístides Muñoz  
@aristidesm21
Música original: Ignacio Barreto
Arreglos Musicales: Jesús Milano.
Composición musical: Julia Carolina Ojeda
Vestuario: León Padilla 
@leonciolion
Diseño de Iluminación: Alejandro Martínez 
@thecat9347
Sonidista: José Gabriel Alejandro
@callme.wolf
Técnico: Víctor Quiñonez, Pastor Peña.

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

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