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18.6.26

Teatro 3: Una montaña de mentiras y necesidades de siempre, por Miguel Flores


 por Miguel Flores

El teatro es, por naturaleza, el arte de la ficción; pero a veces la verdadera farsa ocurre fuera del escenario. La historia de Teatro 3 no es el cuento de hadas de la gestión cultural, sino la crónica de 33 años lidiando con una montaña de promesas institucionales vacías y las asfixiantes necesidades de siempre.

​Todo comenzó en 1993 bajo la urgencia de montar Los emigrados de Sławomir Mrożek. Éramos Roberto Durán, Noel Llovera, José Melchor en la escenografía, Iván Lira a cargo del diseño gráfico y yo como director y productor, enfrascados en un proceso que nos llevó ocho meses de ensayos. La primera ironía nació con nuestro propio nombre: no fue producto de una profunda revelación conceptual, sino de la prisa por llenar una planilla en una hora para inscribirnos en el III Festival de Teatro Municipal de Caracas. Que algunos nos asocien todavía con la banda de rock Zapato 3 no es más que otra de las tantas ficciones simpáticas que rodean nuestra identidad. Éramos, simplemente, la respuesta rápida a un trámite burocrático.

Nuestro debut, enmarcado en los 50 años de El Tigre, fue un espejismo de gloria. Nos internamos un mes en un antiguo hospital abandonado —hoy la Biblioteca Pública Alfredo Armas Alfonzo— que Fidel Galbán y un grupo de trabajadores intentaban rescatar de las ruinas y la basura. Allí, a pulso, construimos un universo hiperrealista: rompimos paredes, instalamos butacas y diseñamos un sistema de tuberías donde circulaba agua real. La visita del alcalde de turno, David Figueroa, a una de nuestras funciones nos hizo creer en el respaldo gubernamental. Fue una mentira piadosa; ha sido la única vez que un mandatario local se ha sentado a ver nuestro trabajo en la ciudad. La política se tomó la foto de rigor, y el teatro se quedó a solas con sus carencias.

​Luego vino la ilusión caraqueña. En el festival, Noel Llovera ganó como mejor actor y sumamos tres nominaciones en actuación, escenografía y producción, lo que nos abrió las puertas de la mítica Sala Horacio Peterson del Ateneo de Caracas para una temporada de dos meses. Tuvimos un éxito rotundo, sí, pero la cruda realidad era que llenábamos nuestro espacio con el público que se quedaba sin entradas para la exitosa comedia comercial de Fausto Verdial, Los hombres son mortales y las mujeres también, que se presentaba en la sala de arriba. Esa carambola del destino nos curtió y definió nuestra esencia. Descubrimos que nuestra estética atípica y austera no era solo una elección reflexiva, sino un mecanismo de supervivencia. El actor se convirtió en nuestro eje fundamental porque, a menudo, era lo único que la producción podía costear.


Esta ligereza de montaje nos dio una movilidad única, permitiéndonos llegar a donde casi nadie llega. Nos internamos en las comunidades más complejas; hicimos mucho teatro en los barrios de Caracas, en Gramoven y en toda esa cordillera que bordea la carretera hacia La Guaira, impulsados por proyectos con PDVSA La Estancia. Recorrimos el país hasta rincones lejanos como Puerto Ayacucho. Nuestro teatro, austero, pero jamás simplista, demostró su capacidad para existir y resistir en cualquier geografía.

En nuestra trayectoria reciente destacan la pieza Me iría de Luis Domingo González, los juguetes dramáticos de Mimonadas, y las obras que hoy integran nuestra cartelera activa: Algarabía, Rojo Empecinado y esa batalla constante por llevar a escena El juego de Mariela Romero. En nuestra ciudad hemos forjado talleres y proyectos de formación que dedicamos a figuras como Alexis Caroles, impulsando a nuevos talentos a realizar sus trabajos de grado.

Sin embargo, la paradoja de nuestro entorno se ha vuelto insostenible. Habitamos el sur de Anzoátegui, un gigante reservorio petrolero sobre la Faja del Orinoco, rodeados de inmensos acuíferos y de una rica tradición agrícola. Es un territorio que le exige a sus macroproyectos energéticos una logística de rigor casi aeroespacial. No obstante, los asuntos culturales rara vez son asumidos por las instituciones bajo esa misma óptica científica y sociológica. La desidia oficial deja a los pocos grupos teatrales de la Mesa de Guanipa debatiéndose en el dilema constante de cómo construir y hacer arte en el abandono económico.

​Por eso, hoy Teatro 3 funciona a medias. El núcleo que conformamos junto a Edgardys García —pieza fundamental en el desarrollo y gestión de nuestra organización—, José Maicabare, Hernán Rivas, Joel Padovani, Verónica García —mi colaboradora constante en los proyectos escénicos y en la vida— y mi persona, ha decidido detener la máquina de producción este año. Nos rehusamos a seguir alimentando el mito de la "producción sufrida". Estamos exhaustos del arte que termina en deudas asfixiantes, de los préstamos entre amigos para salvar una temporada y de balances en rojo.

​Hacer una pausa en este momento no es claudicar; es un acto de responsabilidad gerencial y sanidad mental contra las necesidades de siempre. Es tomarnos el tiempo para repensarnos, organizarnos y descansar, con la meta de visualizar un esquema que nos permita estar plenamente felices en la creación y no padecerla. Seguimos aquí, profundamente orgullosos de estos 33 años de trayectoria, resistiendo en la escena hasta estemos vivos.









17.6.26

Guanare: La Cochicienta de Batahola Teatro, 19 y 20 de junio.

 

Este montaje es una adaptación de los cuentos clásicos de Los tres cerditos. Caperucita roja y Cenicienta. Plantea los valores de la unión, el esfuerzo y la solidaridad a través de una original historia creada por el narrador, combinada con canciones coreografías que evocan nuestros ritmos latinoamericanos samba, tango, ranchera, salsa y tambor veleño.

Batahola nuevamente imprime en esta obra la originalidad en una pieza infantil que persigue brindar a niños, jóvenes y adultos la posibilidad de un espectáculo conceptual, interactivo fresco y dinámico propio del reino de Chiquerolandia.

La Cochicienta es escrita y dirigida por Manuel Manzanilla.  El reparto está compuesto por Rubén Rodríguez y Jesús Herrera como los narradores, Elvis Collado es el Zorro.  Andrea Collado es la Cochicilla y la Cochicienta es interpretada por Mayeli Delfín.

La Cochicienta, Batahola Teatro
Estreno 19 y 20 de junio, 2026
6:00 p.m.
Lugar: a 50 metros del INCES GUANARE.

16.6.26

Memoria: Aventura entusiasta del Grupo de Teatro Relevo, 1984.


Por Miguel Flores

​En 1984, un grupo de jóvenes encendimos en El Tigre una chispa que se convirtió en fuego: nacía el Grupo de Teatro Relevo, cobijado por el Ateneo y la Casa de la Cultura Simón Rodríguez.

​El equipo fundador lo integrábamos Candelario Mirabal, Miguel Chettik, Oscar Rodríguez, Luis Rincón y mi persona. Éramos, para decirlo con mis propias palabras, "como un grupo de evangélicos fanáticos del teatro, pero sin ningún tipo de conocimiento". Nos sobraba intuición y nos faltaban conceptos, pero las ganas de comernos el escenario eran sagradas.

La disciplina del oficio.

​Aunque amateurs, nos autoimpusimos un rigor absoluto. Diseñamos un cronograma propio: mientras la mayoría estudiaba o trabajaba, ensayábamos diariamente de 7:00 a 10:00 de la noche.

​Los sábados la jornada era intensiva, de 9:00 de la mañana a 3:00 de la tarde, llevando nuestra propia comida para no quebrar el ritmo. Solo el domingo quedaba libre.

​Esos sábados nos inventamos nuestra propia dinámica de formación: nos auto educábamos. Dedicábamos horas a la expresión corporal, la voz y la dicción. También nos aventurábamos a leer obras de teatro y a estudiar "a lo loco" algún libro de Stanislavski que nos costaba muchísimo entender, pero que devorábamos con pasión.

​Más allá del entrenamiento, ese espacio era el punto de encuentro donde compartíamos como jóvenes, como equipo y como seres humanos. Bajo esa entrega, los primeros cuatro años fuimos "una fábrica de hacer churros": producíamos tres obras al año, guiados por la pura necesidad de crear.

Promoción a pulso y pincel.

​Hay que dimensionar lo que significaba producir en aquel momento: era un mundo sin teléfonos celulares ni redes sociales. La convocatoria se hacía a pulso.

​Los diseños gráficos de los afiches se elaboraban completamente a mano, y las carteleras informativas eran lienzos en la pared pintados minuciosamente por un artista plástico o un diseñador amigo.

​Para la difusión, dependíamos del periódico impreso y de redactar las tradicionales gacetillas de prensa que llevábamos directamente a las redacciones. Si querías que la gente se enterara, había que activar la calle con pura artesanía y presencia.

El viaje de las tablas.

​Nuestra primera obra fue Despertar en un laberinto, un monólogo de Luis Rincón. Luego vino Había dos veces una, una creación colectiva que nació de una anécdota personal que me ocurrió a mí mientras dormía.

​El gran salto llegó con El sueño raro de Mark Twain, un verdadero exitazo de diez funciones que nos hizo crecer.

​Con el tiempo, el grupo buscó un carácter más serio y sumamos piezas de peso: El tigre urgente de Levi Rosell, Coloquio de hipócritas y el exigente montaje de Siempre de Heiner Müller.

Una época de alianzas.

​El teatro era un regalo: gratuito para el público. Tuvimos el privilegio de una época distinta, donde el Ateneo, bajo la dirección de Juan Manuel Muñoz "Moriche" y una junta directiva liderada por Luis Octavio Bedoya, nos respaldaba con una fluidez económica hoy impensable; eran ellos quienes nos perseguían para que entregáramos los presupuestos anuales. Nosotros solo queríamos actuar.

​Más tarde se incorporarían Rosa Noguera, Dorys Galea, Alex Almea (+), Miguel Argenis Lozada.

El fin del ciclo.

​La aventura duró una década. Partí a Caracas a estudiar y el grupo tomó otros rumbos.

​Al final, como ocurre donde la pasión desborda, la necesidad de una mayor preparación, los choques de conceptos, las dinámicas de órdenes y contraórdenes, y los inevitables temas de ego terminaron por disolvernos.

​Hoy rescato este fragmento porque la historia de nuestro teatro en El Tigre ha tenido muchas idas y venidas, pero también "muchas ganas de hacer y mucho privilegio". El país era otro y las alianzas florecían.

​A todos los que dejaron su huella en el Grupo de Teatro Relevo: gracias por la aventura. Celia Magdalena Caraballo /Jorge Guerra. 

14.6.26

La Reina¸ por Leonardo Guilarte Lamuño

 

Cuántas personas ves cuando te miras al espejo.


Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores


Función del jueves 14 de mayo de 2026 / Teatro Alberto de Paz y Mateos

Una obra sobre María Lionza ¿Sobre ella, solamente?

Si alguna vez pensaste que no podías escribir para teatro, probablemente te equivocaste; si alguien te lo dijo, probablemente mintió.

No es que sea fácil escribir un libreto o que se realice de manera automática como respirar; pero casi siempre cuando se dan esas opiniones o sentencias condenatorias, es porque están atadas al teatro tradicional, que posee una estructura dramática anclada en Grecia; y bueno, si tú naciste en Barlovento, San Rafael de Mucuchíes, Maracaibo o Caracas, muy griega o griego no eres. Hasta donde conozco, con mis limitaciones culturales, la cafunga, los aliados, los patacones y el asado negro no son de la patria de Aristóteles.

Ya es difícil ser uno mismo, así que ser otra u otro, comportarse, pensar y sentir como gringo, ruso o noruego es tarea harto más incómoda. Si eso se lleva a lo dramatúrgico y uno tiene que escribir como lo hacían hace muchos siglos por allá en la tierra helénica, Inglaterra o Francia, la cosa se torna cuesta arriba y disculpa si te doy el spoiler, pero no somos de por esos lares. En consecuencia, cuando nos sentamos a expresar nuestras ideas, reflexiones y sentires, dentro de un marco europeo, hay algo que no termina de fluir. Claro, nos esforzamos, muchísimo, y lo logramos. Pero queda esa cosita de la fluidez, como que costó, como que cónchale no sale tan natural. Recuerda que lo europeo se nos implantó a punta de torturas, asesinatos, robos, saqueos, genocidios, violaciones. En ello hay algo que uno rechaza. Igual se busca naturalizar la cuestión y hasta se logra.

A cualquier cantidad de personas le pasaba algo similar, incluso a las de Europa y también específicamente a las de Grecia. En Atenas, más de uno gritó que no quería escribir de esa forma, lo gritaron en griego ojo. Sentían que era un corseé, una cosa que no les encajaba. Cada vez más dramaturgas y dramaturgos lo gritaban; quizá por problemas en la garganta dejaron de gritar y comenzaron a susurrarlo, a decirlo sin aumentar el volumen, a escribirlo; hasta que en los años 60 del siglo pasado, se armó un revolcón cultural y surgieron un montón de opciones teatrales, entre ellas el happening, y apareció lo que se dio en llamar el teatro posdramático, que no es que se acaba el drama sino que se rompían las reglas. Vaya, que se acababa el corseé.

El libreto dejó de ser el centro alrededor del cual giraba todo; el cuento no tenía que armar un hilo dramático con el esquema de introducción, desarrollo y desenlace, ya que se planteaba el quiebre de esa estructura; se podía contar de manera fragmentada, sin ilación narrativa; a esa pared invisible, entre el escenario y el público y que se llama la cuarta pared, la derrumbaron sin darle ningún mandarriazo, lo hicieron interactuando con la gente; se buscaba una experiencia sensorial y emocional; la presencia física de las y los intérpretes pasó a ser un elemento focal en la obra; el escenario adquirió connotaciones de laboratorio, de centro de experimentación en el que confluyen diversos lenguajes (música, danza, cine, artes plásticas, entre otros).


La propuesta de Valentina Garrido, Chabasquén Producciones y Carlos Arroyo como director, es de teatro posdramático. Todo lo que hicieron, encaja. La interacción con el público, que incluye que un par de personas pasen al escenario a participar en una escena; que el público le agregue sonoridad al espectáculo, mediante unos palos de lluvia que les entregan; que el sociólogo y el músico intervengan sin utilizar un vestuario que se integre al resto de la estética, es porque esto es teatro posdramático. Si hubiesen buscado una estética uniforme, se habría formado una grieta en lo posdramático; si el músico se aprende el texto, en vez de leerlo, otra grieta habría aparecido; si el sociólogo, que brindó la asesoría antropológica, actuara como un personaje, le habrían dicho al carrizo a lo posdramático. Entre lo más notable de esta obra está el hecho de que es una clase magistral de teatro posdramático. La deberían presentar en espacios en los cuáles se estudie teatro, pienso en la Escuela Superior de Artes Escénicas “Juana Sujo”, en la Escuela Nacional de Artes Escénicas “César Rengifo”, en el Estudio de Artes Escénicas del Centro Cultural Chacao, en Unearte, T-jireh Producciones y sólo menciono referencias de entes caraqueños, pero igual vale para el resto del país. Si cuesta trasladarse, creo que se podría lograr un apoyo de transporte, para que estudiantes y docentes viajen al Teatro Alberto de Paz y Mateos, vean esta obra y conviertan la Sala Román Chalbaud en un gran salón de clases en el que se puedan compartir conocimientos, impresiones y opiniones sobre el teatro posdramático y este montaje.

Para hacer el dulce criollo el Pavito, hay que tener los siguientes ingredientes: Para la masa: 500 gramos de harina de trigo todo uso, 1 huevo, 100 gramos de azúcar, 50 gramos de mantequilla, 15 gramos de levadura en polvo, 1 taza de agua tibia y una pizca de sal. Para el relleno: 2 plátanos maduros, 1 taza de papelón rallado, ½ taza de agua y canela en polvo al gusto.

La preparación es de la siguiente manera: para la masa: en un tazón, disuelve la levadura con un poco de agua tibia y una cucharadita de azúcar. Deja reposar por 10 minutos hasta que haga espuma. Luego, agrega el resto de los ingredientes de la masa (harina, huevo, azúcar, mantequilla, sal y el resto del agua) y amasa hasta obtener una textura suave y elástica. Deja reposar cubierta con un paño húmedo hasta que doble su tamaño (aproximadamente 1 hora).

El relleno: mientras la masa leuda, cocina los plátanos (puedes hornearlos o sancocharlos). Haz un puré con ellos. En una olla, cocina el papelón con el agua hasta formar un melado espeso, añade el puré de plátano y canela, y cocina por unos minutos hasta integrar. Deja enfriar.

Para el armado: extiende la masa sobre una superficie enharinada con un rodillo, dándole forma rectangular y después distribuye el relleno de plátano de manera uniforme sobre la masa. Enrolla con cuidado y corta el rollo en rodajas gruesas o triángulos. Coloca las piezas en una bandeja previamente engrasada y enharinada. Deja reposar 20 minutos. Hornea a 180 °C (350 °F) por aproximadamente 25 a 30 minutos, o hasta que estén dorados.

Al Pavito, también se le conoce como Pavito sanfelipeño y es originario del estado Yaracuy. Como la princesa indígena María Lionza.

En el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) la palabra riesgo debería tener como sinónimo: Valentina Garrido. Qué nivel actoral. Para quitarse el sombrero, aplaudir, alabar, disfrutar, recomendar. Esto que vamos viendo y viviendo, pasa con una naturalidad sorprendente, desde los videoartes realizados por Ariana León con una sensibilidad y asertividad desbordante, que son tan atractivos como precisos en el manejo de la semiótica, hasta la música, la sonoridad en general; la profundidad en el conocimiento del ¿mito? María Lionza; desde las interacciones de Valentina con el público, hasta lo dancístico; desde los cambios de vestuario en escena, hasta los silencios; el uso de la tela – columpio, los pétalos, el agua. Hay un nivel de complejidad en el manejo estético que es muy alto y en el planteamiento del contenido – relato que es muy profundo. La inocencia – sinceridad de Valentina niña; el destino que marca a María Lionza; lo cotidianizado de este ¿mito? para quienes somos caraqueños y esa estatua – mujer – mito – entidad – fuerza – energía – irreverencia – poder – misterio – feminidad - sensualidad, forma parte de nuestras vidas; siendo tal vez, esa porción de la autopista la que más recordamos. Sucede al frente de donde estamos y nos encontramos dentro de la obra, porque el hilo dramatúrgico y estético nos incluye, nos hace pensar, recordar, opinar; miramos desde afuera y desde el recuerdo, incluso diría que también desde la nostalgia. Pero todo ello, sin petulancia, esto no es un despliegue de lenguaje teatral para que uno salga y diga Coño Carlos Arroyo se botó y esta carajita es una maravilla. No, esa no es la meta, aunque decimos la frase. La apuesta que escogieron fue la de lanzarse en ese océano que es el lenguaje del teatro, alcanzando tanta autenticidad, que vamos paseándonos por esa profundidad – complejidad, pero sintiendo todo, asimilando, sin impedimentos, lo hacemos con placer.

¿Gran despliegue en dirección? Sí, pero no lo piensas, sino que lo experimentas, porque no es un despliegue para abrumar y lucirse, sino porque la obra lo exige. Aquí hay un equipo entregado a una obra y no una obra realizada por un equipo. Eso es amor. O parafraseando tarjetitas de los años 70: amor es, amar al teatro…y amar el hacer teatro.

Nos encontramos – reencontramos, experiencial más que racional, sensibilidad más que show. Somos el espejo de María Lionza y nos vemos en ella. Somos montaña, río, fauna, mujer, sobre todo, mujer. Canto a la vida, a lo identitario, a la posibilidad de dejarnos llevar por lo que sentimos; nos convertimos en El Principito con las tetas al aire montados en una danta ¿Cuánto hay de ella en nosotros, cuánto de nosotros en ella?

 ¿A quién miramos cuando nos vemos en el espejo?

 PD: la receta del Pavito, me la dio Google.

FICHA

Agrupación: Chabasquén Producciones
Actuación y Dramaturgia: Valentina Garrido @valgarridoes
Música: Jhoabeat @jhoabeat
Videoarte: Ariana León
Videoarte: Ariana León @arianaleon_
Producción: Carla Báez @carla24_bz
Iluminación: David Blanco @davidblanco.5205
Aéreos: Richard Marín @tecnicirco01riggerlife
Dirección de Movimiento: Marcela Lunar @marcelalunar
Dirección de Arte, asesoría antropológica y asistencia de dirección: Eloy Marchán @lobezno_humano
Dirección General: Carlos Arroyo @arroyocarloss
Producción general: Chabasquén Producciones 

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel
Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: Extraños en el Subte, en el Festival de Autores In-visibles, y posteriormente en noviembre, ¿Qué vaina esta?. Actualmente escribe la trilogía de monólogos Sentir las cadenas. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

13.6.26

Petróleo, de Rubén Joya, en el Teatro Ateneo de Maracay. Texto y fotos de Alexander Otaiza

 

Hoy me regalé la tarde para disfrutar de mi gran amor, el de toda la vida, ese amor que me alimenta el alma y siempre está presente en mi andar por este mundo: el teatro.

En plena inauguración del Mundial 2026 muchos me preguntaron ¿vas a Las Américas? (es un centro comercial en Maracay) donde en pantalla gigante proyectaron el inicio de este evento deportivo que acapara la atención del planeta pero que en mi caso fue diferente. En algún momento veré un juego o tal vez la final. Es algo que no tiene mi atención en su totalidad.

Me tocó cubrir como periodista la presentación de la obra Petróleo en el Teatro Ateneo de Maracay. Fue una tarde de sentimientos encontrados porque estar sentado en esas butacas me conectaron con tantos recuerdos y después de 10 años que estuvo cerrado, estar en sus espacios de nuevo fue algo reconfortante, así como el hecho de encontrarme con amigos del teatro: actores, actrices, técnicos, fotógrafos y esa magia de una función que sólo el teatro me contagia y acapara toda mi atención.

Acá les comparto parte de este excelente trabajo teatral de ASOTEA bajo la dramaturgia de Rubén Joya y la dirección de Warner Martínez y Rubén Joya. Un trabajo sumergido en pasión y talento. Con un elenco de grandes hombres y mujeres de la escena regional. Se las recomiendo.

Obra: Petróleo
Autor: Rubén Joya
Dirección: Rubén Joya - Warner Martínez
Grupo: ASOTEA
Lugar: Teatro Ateneo de Maracay
Fecha: 11-06-2026
Fotografía: Alexander Otaiza

Pd: la fotografía es otra pasión que acapara mi atención después del teatro y la radio (en ese orden).

Resiliencia en la Escena Actual desde mi lugar. Por Miguel Flores

 

Por: Miguel Flores

​En el complejo ecosistema cultural contemporáneo, la producción teatral ha dejado de ser una mera labor administrativa para convertirse en un ejercicio de liderazgo estratégico y alta gerencia. Producir, en su sentido más amplio, es el arte de hacer que las cosas sucedan; es una constante en la vida misma, donde cada proyecto requiere una sincronización perfecta de recursos, tiempo y talento. Sin embargo, cuando esta práctica se traslada a la provincia y se ejerce en contextos sociales de post-trauma o crisis latente, la gestión convencional se transforma. No se trata de trabajar desde la carencia, sino desde la resiliencia y la audacia, demostrando que los límites geográficos o económicos no definen el alcance de una obra.

​Para las nuevas generaciones de creadores, el "deber ser" académico ofrece un mapa ideal: una estructura científica donde la producción ejecutiva dibuja la visión financiera, la producción artística blinda el concepto estético, y la producción de campo resuelve la logística en el terreno. En la praxis de la provincia, no obstante, esos roles no operan en departamentos aislados. La realidad nos obliga a fusionar la producción ejecutiva con la de campo en una sola mente creadora. Quienes llevamos alrededor de 40 años en este oficio sabemos que el productor es un estratega integral que lo mismo negocia un patrocinio corporativo que resuelve el montaje de un foco en el espacio de presentación.

​Esta dinámica ha dado paso a un modelo gerencial alternativo: la estética de la austeridad. Es crucial entender que un teatro austero jamás es un teatro simplista. Al contrario, es una elección consciente donde la optimización de recursos eleva el valor del núcleo teatral: el actor y la fuerza de la trama. Cuando el efectismo técnico se reduce por razones de entorno, el diseño de producción se vuelve flexible y móvil. La obra se libera del escenario tradicional y adquiere la capacidad de colonizar espacios atípicos, transformando con la misma potencia una sala convencional, una plaza pública, un restaurante o un formato de teatro inmersivo. La austeridad es, en realidad, una ventaja competitiva de adaptabilidad.

​La columna vertebral de este modelo de gestión radica en la ingeniería de las alianzas colaborativas. Ante la ausencia de grandes subsidios o presupuestos ideales, el intercambio masivo de bienes y servicios se convierte en el capital más valioso. La gestión moderna en provincia se nutre de la suma de pequeños aliados: desde la empresa privada que aporta fondos o insumos clave mediante el fondeo corporativo, hasta el tejido comunitario de amigos y creadores que colaboran de manera orgánica. Conseguir elementos de la escenografía por préstamo, asociarse con creadores locales para compartir vestuarios o negociar intercambios de difusión son herramientas estratégicas que demuestran que el valor de una producción no se mide en lo que se gasta, sino en la solidez de su red de apoyo.

​Finalmente, el productor teatral en la era actual debe autorreconocerse como un articulador social. Producir en entornos desafiantes va más allá del hecho comercial; es una responsabilidad sociológica. Al tejer alianzas, optimizar recursos y abrir espacios para la reflexión y el teatro de ideas, la producción se convierte en un catalizador que reconstruye el tejido social, genera comunidad y demuestra que el arte de vanguardia y de pensamiento no es exclusivo de las capitales, sino de cualquiera que tenga la audacia de gestionar el futuro sobre el escenario. Aquí les dejo un pensamiento sobre un tema importante en el espectáculo. ¿Ustedes qué opinan al respecto?

11.6.26

El espejo de la producción: De la industria global a la anatomía teatral, por Miguel Flores.


 Una reflexión sobre la gerencia cultural 
y la alta producción escénica.

​Por Miguel Flores.

En el imaginario colectivo, la palabra "producción" suele asociarse de forma casi exclusiva a las grandes industrias que mueven la economía mundial. Cuando la industria petrolera extrae crudo o cuando el sector cinematográfico coordina el rodaje de una superproducción, la ciencia detrás del éxito es exactamente la misma: alta gerencia, mitigación de riesgos, optimización de recursos y una división hiperespecializada del trabajo.  Sin embargo, existe un error histórico arraigado en el sector cultural que empuja a creer que el arte, por ser un hecho estético y sensible, debe gestionarse desde la improvisación o el simple "amor al arte".  La realidad científica y sociológica es muy distinta. Una gran producción de artes escénicas —un teatro de gran formato, una ópera o un musical complejo— requiere el mismo rigor logístico, financiero y metodológico que cualquier otra industria de envergadura global.  Si miramos este fenómeno desde lo macro hasta lo micro, descubrimos que la diferencia radica únicamente en la naturaleza de la materia prima: mientras las industrias básicas transforman recursos inertes, la industria teatral transforma el talento humano, el tiempo y la emoción en un bien simbólico efímero que no se puede almacenar en un inventario. El teatro no es un acto místico aislado, sino una maquinaria social viva.

​Dentro del ecosistema del teatro de gran formato, esta maquinaria no opera de manera homogénea, sino que se ramifica metodológicamente según el origen de sus recursos y su estructura de costos. Encontramos, por un lado, la producción de repertorio o de temporada, característica de los grandes teatros nacionales o públicos que cuentan con elencos y cuerpos técnicos fijos; aquí la gerencia planifica a largo plazo para optimizar los recursos del Estado en función del acceso democrático y la excelencia artística. Por otro lado, convive el modelo de explotación abierta o comercial, propio de circuitos como Broadway, donde se arriesga una inversión privada masiva en un solo espectáculo que se mantendrá en cartelera de forma ininterrumpida mientras la taquilla sea rentable, exigiendo estrategias de marketing sumamente agresivas. Finalmente, la alta gerencia contemporánea ha encontrado su herramienta más inteligente en la coproducción internacional o interinstitucional, un modelo donde varios teatros grandes unen sus presupuestos para financiar obras de gran envergadura, compartiendo los costos de diseño y haciendo rotar el espectáculo por distintas sedes para maximizar el retorno de la inversión cultural.

​Para que esta "fábrica de ilusiones" no colapse, la producción en un teatro grande se organiza en una estructura piramidal de especialistas con obligaciones científicamente delimitadas que van desde la escala macro de las finanzas hasta el microcosmos del escenario:

·      Dirección Ejecutiva o General.  Es el responsable institucional del espacio; gestiona el presupuesto anual, aprueba la línea editorial y asegura las grandes alianzas políticas o patrocinios sin intervenir en el día a día del ensayo.

·      Productor Ejecutivo.  El estratega financiero del espectáculo, encargado de conseguir el capital inicial, negociar los derechos de autor, contratar al director de escena y mitigar los riesgos financieros macro.

·      Productor General.  El puente directo entre la oficina de finanzas y el escenario; diseña el presupuesto detallado de la obra, controla estrictamente los costos y supervisa los cronogramas de construcción de escenografía.

·      Productor de Campo o Delegado.  El ejecutor logístico en el terreno, quien asiste a cada ensayo y resuelve en tiempo real desde el transporte de materiales hasta las necesidades humanas en los camerinos.

·      Director de Producción Técnica.  El ingeniero de la escena; traduce los bocetos artísticos en planos estructurales, calculando pesos, potencias eléctricas y montajes automatizados totalmente seguros.

·      Regidor General o Stage Manager.  La máxima autoridad operativa durante la función en vivo; tras anotarlo todo en su libro de regiduría durante los ensayos, toma el mando absoluto cuando se apagan las luces de la sala y dicta con precisión matemática, segundo a segundo, cada orden de luces, sonido, tramoya y entradas de actores.

​La verdadera preocupación gerencial en las artes escénicas contemporáneas no debe ser si el arte pierde pureza al organizarse, sino cómo profesionalizar y dignificar estas estructuras. El teatro de gran formato es una industria pesada de sensibilidad. Si no entendemos que cada rol técnico y de gestión —desde el nivel estratégico más alto hasta el detalle más micro tras bambalinas— requiere el mismo nivel de especialización y respeto científico que el de cualquier otra industria global, seguiremos limitando el alcance, la dignidad y la verdadera sostenibilidad del teatro.

Manifiesto MOTEVO


 MANIFIESTO MOTEVO 

¡ES EL MOMENTO DE ACTUAR!

MOVIMIENTO TEATRAL VENEZOLANO ORGANIZADO (MOTEVO), A LAS CREADORAS Y CREADORES DE LA ESCENA NACIONAL Y A LAS AUTORIDADES E INSTITUCIONES RESPONSABLES DE INSTRUMENTAR LAS POLÍTICAS DE DESARROLLO DEL SECTOR.

Nosotros y nosotras, artífices y promotores del  hecho teatral en todos sus espacios y tareas; desde la responsabilidad histórica que nos compete y compromete con el pueblo venezolano, principal destinatario de nuestra acción;  en la coyuntura que  vive el país enfrentado actualmente  al sojuzgamiento imperial, lo que exige definiciones y objetivos claros y precisos; nos dirigimos a la comunidad artística y a quienes en el ejercicio de las funciones que les han sido asignadas se desempeñan como modeladores y conductores de la políticas culturales del Estado; exponiendo los siguientes planteamientos:

1.-El ejercicio del teatro venezolano, en su diversidad creadora, política e ideológica, como expresión de la compleja etapa que atravesamos luego de los sucesos del 3 de enero, requiere de una clara redefinición de los objetivos, políticas, estrategias, programas y proyectos, que el Estado en el marco de su responsabilidad institucional debe orientar y asistir.

2.-En tal sentido, revisten prioridad aspectos relacionados con los mecanismos, leyes y la sustentabilidad de las artes teatrales, así como con las condiciones ideales para ejercer sus oficios en todas sus expresiones y espacios.

3.-La aprobación de la Ley de Teatro y su respectivo Reglamento (aún en proceso de elaboración y en mora con lo estipulado legalmente), no le han dado a la actividad teatral hasta el presente el soporte y rigor necesarios para que se deslastre de la dura carga burocrática y operacional, así como el vacío programático que aún subsiste en el entramado oficial.

4.- Lo anterior se ve agravado por el hecho de que las tareas y responsabilidades que deberían recaer en el Instituto de Artes Escénicas y Musicales dependiente del ministerio con competencia en la materia han sido asumidas desde hace años, de manera esforzada pero con obvias limitaciones, por la Compañía Nacional de Teatro, en contravención de sus funciones y alcances operativos, los cuales están claramente definidos en sus estatutos. Por lo tanto, es imperativo y urgente una transformación institucional, así como la corrección total de tal anomalía, retornando los programas de atención al teatro a la instancia que corresponde, según lo indica el Reglamento pertinente.

5..-Lo expuesto supone y exige la asesoría y consulta vinculante de los grupos y teatristas que en todo el país cumplimos y desarrollamos una tarea no siempre valorizada, y que hemos seguido avanzando a pesar de la crítica escasez o carencia de espacios, promoción, recursos, instalaciones adecuadas para la formación y del reconocimiento a su entrega, más allá de las condecoraciones o distinciones honoríficas.

6.- No basta con establecer rutinas de diálogo o jornadas donde se nos consulte sobre los problemas que llevamos años señalando, mientras que las condiciones para practicar nuestro arte se siguen deteriorando sin que se tomen acciones correctivas efectivas para superar el marasmo programático y las distorsiones burocráticas. ¡Es el momento de actuar!

7.Finalmente, como punto central de este Manifiesto, el Movimiento  Teatral Venezolano Organizado (MOTEVO), nacido como consecuencia de las jornadas de debate convocadas por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, en el marco del Festival Nacional de Teatro, y constituido formalmente el pasado enero inmediatamente después de la agresión extranjera como expresión del sentir de un importante grupo de creadores y creadoras capitalinos, a los que nos sumamos como adherentes de estos planteamientos integrantes de diversas agrupaciones de otras regiones del país, solicitamos a las instancias e instituciones correspondientes, la consideración de cada uno de estos puntos y la elaboración de un plan certero con base en la situación actual del teatro venezolano, para el firme propósito  de dignificarlo, en correspondencia con los valores de paz  soberana y reivindicación social que nos toca hacer trascender en este crucial momento de la patria bolivariana.

Caracas, 8 de junio de 2026

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Siguen firmas…

      Nombre - Ocupación - Residencia

         ANDRÉS R. FREITES - Estudiante de actuación - Caracas, Dtto. Capital.

DANIEL HERRERA MALAVER – Dramaturgo - Guatire, Miranda.

GREGORIO MELÉNDEZ - Actor, Director - Grupo Taima Teatro - Caracas, Dtto. Capital.

YADIRA GONZÁLEZ - Actriz y cantante – Caracas.    

RENNY LOYO – Dramaturgo - Araure, Portuguesa. 

YACANNA MARTÍNEZ – Actriz - Valencia, Carabobo.                  

JANETH COLMENAREZ - Actriz y docente – Caracas.

LEONARDO LUIS GUILARTE LAMUÑO - Dramaturgo, director, actor  Taima Teatro- Guatire, Miranda.

ZULAMMY SANTANDER - Actriz, directora - San Cristóbal, Táchira.               

MAYELI HERNÁNDEZ NARANJO  - Actriz, cuenta cuentos, drama - Distrito Capital.

JOSÉ GREGORIO CABELLO PATIÑO - Dramaturgo, actor, director, docente – Caracas.

GABRIELA VALENTINA MARI - Actriz, directora, facilitadora de teatro  - Distrito Capital.

OTTONIEL JUÁREZ - Utilero, figurista y escenógrafo – Caracas.

OSWALDO RAMOS – Docente - Naguanagua, Carabobo.

ALIRIAN ALEXANDRA RODRÍGUEZ ALFONSO - Actriz y formadora de teatro de calle - Valencia, Carabobo.

GERMÁN RAMOS - Aprendiz integral del arte escénico - Yaritagua, Yaracuy.

JAIRO ACOSTA – Director - Caracas, Distrito Capital.

WILLIAM LEAL - Actor, director, dramaturgo - San Cristóbal, Táchira.         

ROBERTO SANTANA - Actor, director. La Tea Mar - Guarenas, Miranda.     

ROSA GUEVARA BOLÍVAR - La Movida del Centro - Ciudad Guayana.

OSCAR ACOSTA – Director – Caracas.                                          

KELLY LOZANO - Actriz y dramaturga – Caracas.

NAIMA DUARTE - Directora y actriz - Santa Ana, Táchira.

ELAINE MÉNDEZ – Titiritera – Caracas.

ARMANDO CARÍAS – Director – Caracas.

MARÍA EUGENIA NÚÑEZ – Actriz – Caracas.

PABLO GARCÍA - Músico, actor – Caracas.

EMPERATRIZ MORALES – Actriz - Caracas.

MAIKI LEDEZMA - Actriz, directora y docente - Distrito Capital.

RÉGULO POYER MÁRQUEZ - Actor, director, dramaturgo - Caracas, Distrito Capital.

FERMÍN MENA  - Actor - Distrito Capital.

RUBÉN JOYA – Dramaturgo - Maracay, Aragua.

JORGE ORTIZ - Actor, director, títiritero – Caracas.

HENRY ÁLVAREZ - Actor, director, Grupo Acción – Caracas.

WILLIAM CHACOA – Docente – Caracas.

BARTOLOMÉ CAVALLO - Director, dramaturgo y crítico teatral - Maracay, Aragua.

HENRIQUE BOND VERAR - Espectador de siempre y escritor en ciernes – Petare, Caracas.

ROBINSON M. PÉREZ AGUILAR - Soma Teatro - Mérida.

ALEXIS BLANCO – Actor, periodista Teatro Baralt – Maracaibo, Estado Zulia.

PEDRO MIGUEL BALLESTEROS BERICOTO – Director, profesor, actor, dramaturgo, productor y realizador de escenografía y utilería – Caracas.

RICARDO CHACÓN MALDONADO - Actor, director, productor - Guatire, Miranda. 

CELMIG MÁRQUEZ - Actriz, directora – Caracas.

WILLIAN ALÍ PEREIRA – Actor, director, docente, dramaturgo - Catia La Mar, Estado La Guaira.

JULIO CÉSAR CASTRO - Grupo Actoral La Guaira - La Guaira.

ROBERT RODRÍGUEZ LEGENDRE - Sociólogo, promotor teatral - Caracas, Dtto. Capital. 






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