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17.3.26

La UCV se viste de gala con el festival Viva Grecia: Una semana dedicada a la cultura helénica.

 

Del 23 al 27 de marzo se llevará a cabo en la UCV la Semana de la Cultura Griega 2026. Viva Grecia. Funciones de teatro, lecturas dramatizadas, recitales de poesía, exposiciones y proyecciones cinematográficas forman parte de las actividades que contempla el festival, para rendir homenaje al país europeo, cuna de la civilización occidental.

La Universidad Central de Venezuela, la Dirección de Cultura UCV, el Centro Cultural Griego Venezolano, la Cámara de Comercio Heleno Venezolana y la Embajada de la República Helénica de Venezuela se unen para celebrar la Semana de la Cultura Griega 2026. Viva Grecia. Las actividades se llevarán a cabo del 23 al 27 de marzo en La Casona Ibarra y en el Complejo Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas. Todas con entrada gratuita.

La Antigua Grecia es considerada la cuna de la civilización occidental por ser origen de pilares fundamentales como la democracia, la filosofía, el teatro y la arquitectura clásica. Surgida alrededor del siglo VIII a.C., sus aportaciones en política, arte y ciencia sentaron las bases del pensamiento europeo y occidental moderno.

Viva Grecia inicia con la proyección de Electra del cineasta y director teatral greco-chipriota Michael Cacoyannis (1922-2011). Esta cinta de 1962, que cuenta con las actuaciones de Irene Papas, Yannis Fertis y Aleka Katseli, y música de Mikis Theodorakis; está basada en la tragedia homónima, escrita por Sófocles; una obra maestra que sacó la tragedia griega de los escenarios del teatro para llevarla a los paisajes áridos y reales de Grecia. El filme ganó el premio a la Mejor Adaptación Cinematográfica en el Festival de Cannes y fue nominada al premio Oscar como Mejor Película Extranjera. Actualmente es parte del programa Memoria del Mundo de la Unesco por su importancia cultural. La función es el lunes 23 de marzo, a las 2:00 p.m., en la Sala de Conciertos.

La segunda propuesta será de danza. El martes 24 de marzo, a las 2:00 p.m., en la Sala Pisorrojo del Complejo Aula Magna, los estudiantes de Teatro de la Universidad Experimental de las Artes (Unearte) realizarán la performance Máscaras Parlantes. También el Taller Experimental de Danza Pisorrojo, que dirige el bailarín y coreógrafo Elío Martínez, tendrá la clase inaugural del Taller de Coros y Danzas para el Antiguo Teatro Griego. El taller es por invitación, pero la clase inaugural aceptará oyentes.

El 25 de marzo, Día Nacional de Grecia (Día de la Independencia), a las 5:00 p.m., se realizará en La Casona Ibarra Casona Ibarra UCV la actividad denominada Laberinto, esta comenzará con la presentación del libro Encendida por el deseo de Safo. Traducción de María Virginia Guevara (Nila Ediciones); luego los integrales de la Escuela Juana Sujo interpretarán “Electra” de Sófocles, la pieza estará bajo la dirección Costa Palamides; y por último, el grupo AEDOS (Colectivo de Canto Popular) entonará cantos de Grecia.

Prometeo encadenado, pieza del dramaturgo griego Esquilo (525 a. C.- 456 a. C.), bajo la revisión dramatúrgica de Leonardo Azparren Giménez (1941 – 2026), estará presente en la Semana de la Cultura Griega en el formato lectura dramatizada, dirigida por Federico Pacanins (El inquieto anacobero). La propuesta es un homenaje a Azparren Giménez, experto en teatro griego, uno de los mayores intelectuales venezolanos dedicados a estudiar ese puente entre el mundo clásico y la modernidad.

Los intérpretes José Tomás Angola, Edisson Spinetti, Carlos Abbatemarco, Marx Cipriani, Antonia Toro, Elizabeth Yrausquín, Costa Palamides, Francis Romero y Gerardo Soto, serán los encargados de dar voz a la lectura, que se ejecutará en Hall de la Biblioteca Central, eljueves 26 de marzo, a la 11:00 a.m. Luego, será inaugurada la exposición bibliográfica Literatura Griega del Siglo XX, conformada por la colección de libros de Nicolás Palamidis.

La conferencia dramatizada El mito griego en la dramaturgia latinoamericana, a cargo de Costa Palamides, fundador de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela, es la actividad que cierra la “Semana de Grecia” y con la que se conmemorará el Día Internacional del Teatro; también será una celebración del 40 aniversario del Teatro de Repertorio Latinoamericano Teatrela. La cita es el viernes 27 de marzo, a las 11 a.m., en el aula de la Escuela de Artes.

Más información sobre la “Semana de la Cultura Griega 2026. Viva Grecia” a través de las cuentas en Instagram de la Dirección de Cultura y del Centro Cultural Griego Venezolano, @culturaucv y @centroculturalgriegovenezolano, respectivamente.

15.3.26

La crítica teatral no es un consejo


(Agradecemos a Petroglifos, Revista Crítica Interdisciplinar,
 permitir la reproducción de este artículo originalmente publicado en sus páginas).

Por: Bartolomé Cavallo – Venezuela / Instgram: @teatroacavallo / Correo: cavallobartolome5@gmail.com

En una entrevista que me hizo Oscar Acosta para la revista digital Todasadentro, yo planteo que la Crítica teatral no sirve para nada y no da consejos, según tesis de Fernando Toledo -Función de la crítica. Cuadernos de Picadero N° 8. Argentina- con quien comparto totalmente en cuanto a que casi no posibilita la discusión a lo interno de las agrupaciones; es decir, la Crítica Teatral no da consejos; debería ser, a mi entender, un análisis examinador del proyecto escénico que se montó o se está montando.

Es en todo caso, formular un juicio que desmenuce la información de la puesta en escena y la valoración subjetiva del crítico. Hugo Ulive, director uruguayo, planteaba que él antes de comenzar un montaje, transcribía –a máquina de escribir, para la época– no menos de 50 veces el texto; es decir, -decía Ulibe- yo no me puedo permitir que mis actores supieran más de la obra que el propio director. Traigo esto a colación porque muchos de los actuales directores de teatro, son endebles en cuanto a desentrañar los códigos internos que presentan las obras, pero eso sí, cuestionan al crítico de teatro si este escribe algo que no le gusta. Claro, aquí aparece otro tema como lo es la actual actividad teatral en el país: los directores poco capacitados o pocos transgresores de los códigos teatrales, los experimentales o buscadores de nuevos términos. Por supuesto, también se juntan, de manera general, a actores o actrices que no han entendido el trabajo serio que significa la actuación o los elencos arrastrados por un director para montar cualquier cosa.

¿Entonces, de qué escribe el crítico teatral?

En este sentido, un crítico debería –aquí siempre utilizo el verbo en potencial– analizar lo que vio y no lo que cree que pudiera ser; dar elementos que le sirvan a los expertos del teatro y al público llano para decodificar un espectáculo: la actuación, la escenografía, la utilería, la puesta en escena, el texto –aunque esto es otro tema–, para ofrecer una comprensión más profunda delmontaje. El público no se retira del teatro si lee que un espectáculo es malo; tampoco ocurre que los directores modifican sus propuestas porque el crítico escribe que partes o todo tiene defectos. Aquí la crítica es más un ejercicio de autoayuda; en mirar con otros ojos, que no son propiamente los del director. Yo particularmente no he visto una segunda función re-direccionada porque hubo una crítica a propósito de una obra.

Por lo tanto, observo que los directores se camuflan en el ropaje de que el crítico lo hace por rabia, antipatía o ego. Pero tenemos que distinguir entre crítica y relaciones públicas; la segunda está dada por la complacencia, por exaltar el montaje, por mediar entre el grupo y la taquilla; mientras que la crítica debería estar sustentada en el análisis, en la decodificación del sistema simbólico, de los signos lingüísticos, visuales y sonoros; de la actuación, de la coreografía actoral y en fin, del mensaje semiótico del montaje como un todo. Porque no debería haber cosas buenas o cosas regulares o malas; el montaje es un cuerpo orgánico, es una prueba de relevos, donde la suma de los corredores dará un resultado óptimo. No hay segregación; el hecho de que una luz no entre a tiempo ya el montaje deja de ser excelente. Aquí no se suma sino que se quita. ¿Pero un crítico de teatro puede ver todos los elementos que configuran un trabajo escénico? Claro que no. Pero sí va con ojos y oídos dispuestos a ver u oír lo que posiblemente otras personas no están para ello. Porque en un espectáculo ligero, la mayoría va a festejar, a pasar un rato, a reírse sin andar buscando las cinco patas del gato. Por el contrario, en una obra exigente, hay que prestar mucha atención. Y es posible que esa atención no sea tomada en cuenta por la agrupación.

¿Lo que se propuso el director es lo que salió ante el público? ¿Una puesta en escena es lo que se pensó ante el primer ensayo? No se nos olvide que es el público quien determina si le gusta o no un espectáculo. Recordemos que la película Zyzzyx Road está considerada como la de menor recaudación en la historia del cine, con solo 30 dólares; solo la vieron seis personas a cinco dólares cada una; y no fue por los comentarios de la crítica.

A esto hay que agregar que también aparecen dos posturas: la del crítico que tiene en mente su puesta en escena particular y quien todo lo ve mal, criticando desde el diseño de la boletería hasta la hora de la función. Es este el que hace su propio espectáculo, plantea lo que él haría y no lo que el director hizo. Es frecuente aquí que el crítico escriba que tal escena debió hacerse al fondo del escenario y no en el proscenio como efectivamente se dio; que el traje de la actriz debió ser menos ceñido o que la música tendría que ser más moderna, aunque el espectáculo se da en la Edad Media. Este crítico todo lo ve mal sin justificar un ápice, no da oportunidad para el diálogo -si lo hubiera-, porque los directores no deberían estar en el plano moral para replicar un comentario. Lees y te callas. Esto nos lleva a los años 70-80 donde había hasta un “sindicato” de críticos, con el báculo de la omnipresencia para castigar a quien no le gustara. Y no había réplica como ahora, donde desde un teléfono se puede insultar, maldecir y hasta amenazar.

Yo, que hago crítica teatral en el estado Aragua, me han dicho lambucio, misógino, viejo enclenque y están esperando que monte una obra para desquitarse. Cada vez que escribo me atormentan el teléfono.

El otro crítico funciona más como un jefe de relaciones públicas, media entre el espectáculo y la taquilla.

Pero también aparece un personaje extrañísimo: el que no vio la obra pero la critica; y posiblemente genera mayor atención entre el público que la propia crítica especializada. Es el que comenta la vida privada de los actores o actrices; el que hace entrevistas o publicita el espectáculo. No sé si parte de la taquilla le corresponde.

Pero lo importante de hacer crítica no es comentar la obra; es tan necesario para dilucidar el estado de vida del teatro, sus componentes: actor/actriz-personaje, el seguimiento de salud de las agrupaciones, la robustez de los directores, el crecimiento y profundidad de las propuestas, los giros axiomáticos de las temáticas, las confrontaciones ideológicas, los cambios políticos de los protagonistas, del grupo y del país como un todo; se puede medir los tiempos históricos, la dramaturgia, los desplazamientos migratorios, identificar fortalezas y debilidades en todos los sentidos: actoral, de público, de salas, de escuelas teatrales, de nuevos integrantes y en algunos casos, ofrecer sugerencias de mejora. Vuelvo y repito no para dar consejos.

¿Qué es la Crítica Teatral entonces?

Es un análisis, evaluación y opinión sobre un evento con el objetivo de reflexionar sobre él y ofrecer a los potenciales espectadores una guía de lo que van a ver. También sirve para planificar políticas culturales, específicamente en el área teatral: políticas educativas, infraestructura teatral, modos de acción para los decisores, desde el director hasta los responsables públicos; utilización práctica de los desarrollos internos de las agrupaciones, conformación de un cuadro conceptual y hermenéutico alternativo a las vicisitudes de espacios teatrales, administración de perspectivas y coordenadas que puedan favorecer la re figuración de políticas teatrales y artísticas en general, optimización de la planificación de los directores y gestión gerencial a lo interno de los grupos o espectáculos, diseño de un marco de referencia con voz propia por parte de los directores, desarrollar enfoques prospectivos para los siguientes montajes, afinar un mapa estratégico para la consecución de recursos.

En esta perspectiva, ¿El público pasa a ser un cliente o un aliado de las agrupaciones y del teatro en general?

En este sentido propongo cuatro niveles de análisis:

1.    Nivel Fonológico: Todo lo que tiene que ver con el ritmo de la pieza, la métrica, la musicalidad, las aliteraciones y los silencios. También aquí aparecen las sorpresas, los sobresaltos, el golpeteo; la música, las alturas, la voz teatral, los registros, las tesituras. Es como si cerráramos los ojos para escuchar.

2.    Nivel Semántico: vocabulario, connotaciones, denotaciones, metáforas, metonimias. En qué época está representada la obra, los giros semánticos, los modismos, las costumbres propias de la época.

3.    Nivel Sintáctico: estructura de las oraciones, tipos de palabras, figuras del lenguaje, separación de sílabas, defectos propios de los personajes asumidos por los intérpretes.

4.    Nivel Pragmático: la relación entre los actores y el público; el tono del discurso, las imágenes, la intención comunicativa, dispositivo escénico, proximidad, tipo de teatro, horario, tipo de público, profundidad del mensaje. Aquí hago un paréntesis en cuanto al texto, dado que me interesa sobre todo la puesta en escena y no la obra dramática. Que se entiende como un recurso invaluable para desarrollar un espectáculo, pero también sabemos que un texto flojo pudiera resultar un gran entretenimiento según las habilidades del director y por el contrario, un hermoso texto pudiera ser un garrafal montaje. También está el valor estético, el contexto social, histórico, político que indefectiblemente condiciona un montaje.

Como se observa, detrás de una obra de teatro se esconde un sinnúmero de imponderables a discernir, estudiar, analizar y a presentar ante un público. Entonces, ¿Cuál es la función de la crítica teatral?

Es una guía de observación, es una bitácora de ruta entre el montaje y el público; un camino que se debería transitar juntos. De allí, no hay crítica mala o crítica buena; es la visión subjetiva de otro ojo que no ha cubierto todo el proceso creativo y que no debería saberlo. Entonces, la crítica –en este caso la teatral– es una valoración estética de una obra de teatro, ponderando elementos en una síntesis que dura cerca de una hora de función, en lo inmediato, pero como lo plantee en los párrafos anteriores, sirve para un estudio mucho más profundo a la hora de discernir sobre políticas públicas de arte; ayudaría a los responsables de los organismos o gerentes de oficinas, ministerios y mandatarios a sentarse con los directores para la planificación de un país teatral.

Vuelvo al principio, no da consejos, no es prescriptiva, no intenta desacreditar al director –como principal responsable– solo refleja juicios de valor sin condenar el montaje.

Ahora bien, ¿Dónde está el eslabón que impide que la comunicación fluya entre el crítico, el montaje, los gerentes y el público?

En la parroquia debería ser la cosa, no en el pasillo, por Bartolomé Cavallo.

Asistí el jueves 12 de marzo a la Casa de la Cultura de Maracay para ver al Teatro Estable de Maracay con el espectáculo En la parroquia es la cosa, del dramaturgo venezolano Humberto Orsini (04 mayo 1926 – 26 oct. 2017), en la representación número 100 de este montaje.

Participaron los miembros del elenco estable de este grupo, el más antiguo vigente en el estado Aragua. Ahora bien, no me voy a referir a las actuaciones ni a la puesta en escena, porque ya en otra reseña lo había abordado; me voy a referir a la celebración –parece inusitado- de 100 representaciones de un mismo montaje, porque sabemos que la mayoría de los espectáculos mueren prácticamente con una o pocas funciones.

En este sentido, llegar a cien es, o debería ser, el más exquisito triunfo, para un grupo que ya cuenta con 58 años a cuestas. La representación cien viene desde más o menos del 2015, es decir, más de diez años llevándola por todas partes.

Hasta aquí todo parece bien, pero hay un pequeño problemita que tiene que ver con el espacio y el poco cuido para tal celebración: en un improvisado escenario de la Casa de la Cultura, con público uniformado de amarillo –las franelas decían Joana Sánchez, gobernadora-, y había bastantes, al aire libre y en presencia de un público que evidentemente no fue para esos aspavientos. ¿Por qué no se hizo en la sede oficial del TEM?

Parece que porque no está terminado.

¿Entonces?

Colateral a esto, nos topamos con el irrespeto a los actores, al público y al teatro todo. Allí mismo en la Casa de la Cultura está un espacio abandonado desde hace no menos de veinte años, que hasta estos momentos solo sirve para guardar trastos viejos. Yo vi en ese espacio a Alirio Díaz tocar el Concierto de Aranjuez por allá por los años setenta; ¿por qué entonces no se habilita?

Ya es cansón que los artistas regionales estén desgastándose en firmar cartas, proclamas, remitidos… buscando apoyo. Los Madrigalistas, la Escuela de Arte Dramático, el Teatro Estable de Villa de Cura, como si hacer arte pasaran por el lamento y la pedigüeñería. Ojo avizor con la Aragüeñidad.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

27 de marzo, 2026: Valerio Del Rosario en la celebración del Dia Mundial del Teatro en Yaritagua

 

Valerio Del Rosario

Por Germán Ramos

Ese Valerio. Con su alma plena de música. Ese Rosario de historias, de preguntas, ese laberinto de luces que palpita al constante ritmo de su corazón, diástole sístole de amor por nuestro pueblo y su expresión artística. Ese Valerio Del Rosario, míralo allí preparando sus peroles, su tinglado de cantautor, trovador viajero, porque se viene a Yaritagua.

El Taller de Títeres y Teatro "Porque un día salga el sol sin nubes que lo oscurezcan" prepara la celebración del Día Mundial del Teatro, con una ceremonia en su imaginario "Club Social y Deportivo Máscaras". Este encuentro contará con la participación de artistas de altísimo nivel profesional y perseverantes como la primavera. Para la muestra un botón: Ese, el mismísimo Valerio Del Rosario.

Y qué decir de nuestra queridísima invitada especial, la maestra Sylvia Mendoza, Premio Nacional de Teatro 2023, quien hará la reflexión central en torno al mensaje del Día Mundial del teatro. Como sacerdotisa de esta ceremonia que en esta fecha se celebra internacionalmente en cada teatro en cada institución dedicada al arte de las máscaras. El joven teatro yaracuyano estará representado por la Compañía de Teatro Araguaney de la vecina Urachiche. Entre muchos amigos y amigas que serán homenajeados y a quienes se les entregará un reconocimiento por su trayectoria al servicio del arte y la cultura popular de nuestra región.

Siendo el teatro la síntesis de las Artes, como es conocido ortodoxamente, el Club Social y Deportivo Máscaras, en esta gran fiesta reúne artistas de toda vocación y entrega. Poetas y músicos yaracuyanos y larenses, artistas plásticos y circenses. Como personajes de un cuento fantástico del propio surrealismo mágico de la patria grande, hermanados en el amor al arte y el compromiso de contribuir a la construcción de patria.

Así que los convocamos con mucha alegría y gratitud para compartir, desde las 4 de la tarde el 27 de marzo, en la Casa de la Cultura de Yaritagua. En una gran ceremonia de integración de las Artes y consolidación de la unidad de los cultores y artistas de los pueblos de Lara y Yaracuy.

13.3.26

Testimonio: Mi experiencia con Claroscuro, por Keren Montero

Foto: Keren Moreno.  Actor: Isidro Morillo en Claroscuro

La tallerista Keren Montero comparte sus impresiones sobre el unipersonal Claroscuro, unipersonal interpretado por Isidro Morillo, de Teatro Esencial del Estado Zulia visto el 1 de octubre, 2025.

Soy fiel creyente de aquella frase: "Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos". Cargo con esa frase desde los diez años, y aquel zorro que conversó con El Principito me demostró que no se equivocaba. Hoy, a mis veintidós, he hallado un lugar verdaderamente esencial: un espacio que emergió ante mí justo cuando, exhausta, le pedí a mi corazón que me señalara un nuevo rumbo.

Aquel primer día en el Teatro Esencial marcó un antes y un después en mi vida. Sentía una urgencia casi desesperada por escapar de mi realidad: un entorno pesado, grisáceo y poblado por adultos de negocios, académicos y miradas mal talladas.

Allí, en el interior de lo que llamo mi "casita mágica", la obra Claroscuro me abordó como un asalto. Me arrebató el aliento; fue la carta de presentación perfecta de aquel lugar que me cautivó de inmediato. Aunque todavía no logro desentrañar sus significados más recónditos, puedo asegurar que sus versos temibles me impactaron profundamente. Por primera vez, mi propia condición de persona extraviada se proyectó nítidamente ante mis ojos.

Claroscuro es, sin duda, una obra atemporal. Es de esas creaciones que, tras repetirse en distintas etapas de la vida, cobran sentidos nuevos y punzantes. Alguien de edad avanzada jamás la percibirá como yo lo hice; tampoco alguien más joven o enamorado, frustrado o herido. Sus versos son maleables, se adaptan al estado del corazón y a la fortaleza (o fragilidad) de la mente de quien los admira.

A mí me encontró pequeña y vulnerable. Jamás lo olvidaré, quizá porque durante mucho tiempo no se me permitió ser artista.

Recuerdo con dolor al "pobre pintor feliz", sumergido en su locura en un país donde los hombres se alimentan de hierba seca y sus corazones se marchitan. Aquel que, al final, cambió las manchas de óleo en sus manos por la sucia pólvora.

¡Oh, pobre soñador! Abandonó la facultad de imaginar y crear un mundo nuevo para entregarse a la muerte como un soldado anónimo. "No morir como lo que fuiste nos produjo un extravío de tu memoria", dice la obra. Si no era un artista, ¿quién era entonces? Ese es mi mayor temor: ser una más en la fila del olvido. No quiero que mi memoria se extravíe. Si he de morir por mi patria, que sea en el frente de batalla, pero dispuesto a morir "pintando".

Últimamente, "mis alforjas han estado repletas de calamidades: las que invento y las que me inventan". He vivido cautiva de la opinión ajena, tratando de complacer a otros y proyectando escenarios catastróficos, hasta el punto de desconocer mis propios deseos. Resulta difícil perseguir un sueño cuando, para el resto, el arte, el canto y el teatro son sinónimos de locura. Ahora que finalmente me he atrevido a abrazar este camino, me aterra soltarlo o que se desvanezca, asumiendo con miedo que quizá es demasiado tarde.

Ciertamente, "es duro llegar al tiempo de cosecha y darte cuenta de que se te olvidó sembrar". ¿Será realmente tarde para intentarlo? ¿Para diferenciarme de la masa y creer en lo que amo?

"¿Para qué sembrar un árbol que no da sombra ni frutos? ¿Para qué escribir un libro que nadie lee?". No deseo vivir en vano. Anhelo sembrar bosques enteros y escribir un millón de páginas, pero a veces dudo si mi espíritu aún persiste o si ya está muerto.

Sin embargo, guardaré conmigo lo siguiente, como un tesoro:

"Déjenme seguir soñando que no puedo, para que cuando despierte, me complazca saber que siempre viví (...) Me encontraron torturando la realidad con mis sueños y me llamaron enemigo. Y me dejaron solo".

No encuentro palabras suficientes para describir la profunda conexión que he forjado con Claroscuro; solo puedo agradecer que una maravilla de tal magnitud exista en este mundo.

​Le agradezco a Dios por su vida y le agradezco a Isidro Morillo por su entrega. Gracias por permitirme conocerle a través de su teatro y sus esculturas; gracias por brindarme la oportunidad de disfrutar su obra y, sobre todo, de encontrarme reflejada en ella.

​Por mi parte, asumo un compromiso: lucharé por conquistar mi propio teatro, por descubrirme en el proceso y por convertirme en luz para otros a través de mi canto y mi arte.

“La Quinta Dayana”: Radiografía de un país llamado Venezuela

 
Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 15 de febrero de 2026

Llevar a las tablas un libreto que es una obra maestra, es como caminar por un cable a 500 metros de altura y con mucho viento. Pero con La Quinta Dayana del dramaturgo Elio Palencia, es demasiado difícil no querer montarse en ese cable. Palencia creó una fuente inagotable de reflexiones, acotaciones, señalamientos, preguntas, dudas, certezas inconclusas; una mezcla de caleidoscopio con collage.

Cuesta encontrar, en cualquier país, textos que traten en profundidad y sin ambages ni propaganda, el tema de la identidad. Palencia nos pinta, como lo hizo Bárbaro Rivas, compone un universo teatral como Luisa Richter hacía collages.

Luis Ledrick se sumergió en este texto maravilloso, potente y complicadísimo de montar, para su participación en la 11a edición del Festival de Jóvenes Directores del Centro Cultural Trasnocho. Dicho evento es una de las marcas más reconocidas de ese recinto y también uno de sus mayores aportes en una trayectoria que supera los 25 años de existencia. El Festival sirve de vitrina, no solamente para directoras y directores, sino para todo el personal que trabaja en las obras. La función que pudimos vivenciar, fue la que dio origen a la denuncia, por agresión, realizada por la actriz Cloudet Márquez (Katy) y secundada por la actriz Angélica Vitanza (Dayana), sus cuentas en Instagram, donde se realizaron las denuncias, son, respectivamente: @cloudetmarquez y @angelicavitanzaoficial .

El libreto (agradezco enormemente al maestro Elio Palencia, por habérmelo enviado) comienza con un monólogo de Dayana, recién llegada de Canadá junto a su amiga Katy, en un viaje que será corto y en el que anunciará dos noticias que causarán impacto en sus familiares: dentro de pocos días se someterá a una operación para formalizar su identidad como mujer (ya que nació siendo Daniel) y debido a los costos de dicha intervención médica, comunicará que no puede seguir pagando las cuotas de la quinta; solamente quedan 3 años por pagar y entre todos y todas, deberían poder contribuir para cancelar cada giro sin problemas. Pero bueno, una cosa es lo que piensa el burro y otra quien lo arrea.

Dayana, en el inicio, rompe la cuarta pared y nos dice “¡Una quinta! ¿Quién no sueña con una quinta? ¿Quién no la haya tenido por herencia, trabajo o latrocinio de la picaresca criolla? ¿Quién no la sueña? ¿Quién que haya pasado los últimos cien años entre cují palma moriche tierra adentro o mar perdida recoveco caserío pueblo y gallinero a trocha camino carretera autopista industria proletariado… rancho parroquia barrio casita vereda apartamento bloque… no ha soñado con una buena casa de dos pisos, garaje techado y habitación de servicio?

Esta mujer transgénero, a punto de pasar a transexual, nos mete a todas y todos en el mismo saco, y así se va construyendo lo identitario que ocasionará que nos veamos en el escenario.

Pero Ledrick nos prepara otro comienzo, que respeta lo identitario y lo potencia; respetó todo el libreto, lo comprendió a cabalidad, absorbió cada contenido, el manejo semiótico es una delicia; por ello, la obra pasa a tener un preámbulo antes del prólogo: entramos como público al espacio teatral y estamos en la quinta, en la cual hay un bochinche armado, los personajes bailan, cantan, van de un lugar a otro, abren la nevera, toman algo de allí, se echan broma, los niños juegan, algunos están paloteados, otros no tanto, son los personajes que Palencia tiene en el libreto (Maíta, Mamá -Mercedes-, Rey, todos los del Coro) salvo Dayana, Katy y Monche. Esta inmersión acentúa lo de la identidad, lo de obra coral, lo del collage, lo del caleidoscopio, lo de hacer que el público mire hacia muchos lados, que observe en profundidad, que vea hacia arriba, hacia las esquinas, que observe, que observe, que se vea allí, que se escuche, es que si no se identifica con una canción, se identificará con la siguiente o con la otra, con la cerveza que se toman, con como bailan o como discuten, es una aviso de alerta que reza Estás dentro, esto no es para ti, esto es tuyo, eres tú. Poco a poco, el bullicio disminuye, cesa la música, cada uno se va retirando a dormir, el espacio queda sin personajes, se hace de día y es entonces cuando llegan Dayana y Katy. Es magistral.

Los anuncios de Dayana nos llevan a recorrer una línea de tiempo y a penetrar en la mentalidad de su familia y la suya. Con lo de lo transexual, se da paso a cuestiones del pasado, a eventos que marcaron y, algunos que, seguirán afectando la vida de Dayana: discriminación, rechazo, violencia, violación, negación, odio, impotencia, solidaridad, amor, nostalgia, incomprensión, comprensión, aceptación, autoestima, entre otros. Lo del pago de las cuotas de la quinta nos devela: irresponsabilidad, insensibilidad, egoísmo, chuleo, miedo, angustia, terror, hipocresía, desesperación, falta de empatía, ignorancia, entre otros.



En el libreto Palencia se vale del Coro, para exponer la pluralidad de sentimientos, sensaciones, pensamientos, juicios, prejuicios, etc. Ledrick, por su parte, conforma un elenco heterogéneo, en el que están los personajes indicados por el dramaturgo: la flaca, la embarazada, los gordos, los niños, el adolescente y otros más. Hay quien debuta con esta obra y quienes ya tienen un camino andado; todas y todos están en un alto nivel de interpretación, y esto incluye a las niñas (las hijas del actor Theylor Plaza) y el adolescente. Hay algo que los conecta y que causa que nosotros como público estemos muy pendientes de ellas y ellos: sus miradas. Lo que Palencia, logra con la diversidad de frases, las intenciones, los puntos de vista y el ritmo; Ledrick, lo alcanza tejiendo las miradas, nos enteramos de sus pensamientos sin escucharles, porque vemos lo que sienten y piensan, nos revelan sus almas, sus incomodidades, su actitud egoísta o de complot.

Al poco rato de haber comenzado la obra, sentí una leve decepción, esto no tiene que ver con el espectáculo sino con la expectativa: el año pasado tuve la oportunidad de ver dos obras en las que Luis Ledrick participó, una fue Respira en la que actuó e hizo de dramaturgo, una pieza muy linda, por cierto; y la otra fue Los pájaros vuelan sin alas, en la que dirige. En ambas está plasmado el trabajo de la danza en el teatro, algo que viene manejando con su emprendimiento “Actores de la danza”; así que bueno, esperaba danza…y no la obtuve… ¿O sí?

Pensé que no, de hecho, luego de la función una amiga me presentó al talentoso Jeizer Ruíz y le hice el comentario. Pero en el proceso de varias semanas trabajando en esta crítica, las miradas, de los personajes del Coro, me ayudaron a ver la coreografía que está armada, aunque no dancen formalmente. Las actitudes, las idas y venidas, el escuchar a escondidas, los momentos grupales, los cantos, todo encaja coreográficamente.

Palencia (@palenciaelio) nos hace sentir la importancia del Coro, para comprender esta radiografía de país; el elenco nos la hace vivir: Anilec Vera (@anilecvera), se afinca en la expresión corporal y lo gestual, para componer a La preñada: John Hernández 8(@johnhernvoz), emplea su corpulencia maleable, para conectarnos con la actitud y el mundo interior de ese fortachón; Yendy Vegas (@yendyvegas), con su excelente manejo de lo vocal y sus gestos, dibuja una muda inolvidable, de esas que “hablan” más de la cuenta, aunque no hablen; la actitud de Maikel Rivera (@maik_2025r), expresa la serenidad con su lentitud de movimientos y una mirada que indaga y maneja cierto distanciamiento; Jhurani Servellon (@jhurita), con el movimiento contenido y quizá calculado, nos acerca a su vulnerabilidad y resentimientos; Eduvina Soto (@eduvina95_), logra que su delgadez ocupe más espacio que el que corresponde, su presencia escénica es notable; Mónica Morón (@monique_moron), construye un desparpajo bien administrado; las dos Niñas (Carmela y Candela) con su expresión corporal y sus sonrisas, iluminan el escenario; Santiago Pereira como el adolescente, se convierte en representación de la adolescencia gracias a la frescura.

Estamos inmersos en una batalla de concepciones de la vida, Dayana apelando a la responsabilidad, y Mamá, sosteniendo lazos atávicos que le imposibilitan crecer, queda envuelta en sus autoengaños y hasta cierto narcisismo, acompañado de la eterna posición de víctima. Rossana Hernández (@Rossanahm), realiza una interpretación magistral, brindando el abanico de actitudes y sentimientos que vive Mercedes. En la escena cumbre con Dayana, donde sale lo peor de ella, ciertamente provoca un rechazo brutal y a la vez está mostrando cuán vulnerable es, cuánta desesperación tiene y cuánto le queda por sanar.

María Brito (@mariabritoteatro) compone un personaje que nos da el contraste necesario para poder apreciar, de manera equilibrada, lo que está sucediendo; con Maíta, representó a todas las abuelas nobles de Venezuela, a esas que te van a apoyar cuando nadie te brinda una mano, cuando todos te abandonan. Sus cambios de ritmos en lo corporal; su manejo de los sentimientos, en lo vocal y gestual; su ritmo al hablar; la integración de todo esto con la mirada y la transmisión de las intenciones son sencillamente inolvidables.

Theylor Plaza (@theylorplaza) tenía un reto: interpretar al irreductible chulo que, hemos visto en obras de teatro, películas, telenovelas, sin que se parezca a esos otros sopotocientos chulos. Lo logró con creces, hay un manejo de sus labios, de sus expresiones faciales, la forma en la que lleva los bermudas, la manera de caminar, cómo pasa, en micras, de ser racional a un soberano chantajista emocional, cómo construye al pasivo agresivo; la escena con Mercedes, en el cuarto de ella, cuando va allí para que ella le haga los pies, es antológica. Dos de nuestros mejores intérpretes de la actualidad, en una escena brillante, divertida, profunda, reveladora y contundente.

Cloudet Márquez se metió en la piel del personaje que, sin tanto opinar, nos da la mirada exterior, la de quien no tiene la menor idea de dónde se encuentra, de cómo es esto, pero lo va comprendiendo, intuyendo, conociendo. Convence desde el inicio, sus rompimientos de la cuarta pared son impecables, su acento tipo canadiense funciona a la perfección; la ayuda el vestuario de “turista en el Caribe” y ella lo aprovecha.

Lo que Marlon Brando tenía que lograr en la película Superman, esa presencia que te atrapa en el primer segundo y hace que te creas que es Jor-el, el padre de Superman; lo tiene Luis Serría (@luisserria). El libreto nos adelanta quién es Monche, nos da el spoiler; esto complica más al actor, porque ahora debe cumplir con las expectativas creadas y lo hace de maravillas, es un roble y eso es el personaje. La conciencia, la responsabilidad, el salmón que nada contra la corriente, entendiendo qué lo criticarán, lo discriminarán, le podrán dejar de tener aprecio y hasta cariño, pero él no se doblegará, no traicionará sus principios. Monche, en la vida real, son esas personas que logran que un país no caiga en una guerra civil. Y su interpretación de A tu regreso de Henry Martínez, es hermosa, lindísima a más no poder, con las voces de casi todos los personajes cantando ese tema que tanto los toca y tanto nos afecta. El elenco pasa a representar la ternura, esa característica tan nuestra y tan dejada de lado, como si diera miedo reconocerlo. Con A tu regreso, Palencia nos muestra, nos obliga a enfrentarnos a la sensibilidad que tenemos, a la humanidad que nos acoge, a esas notas invisibles y visibles que nos enlazan y por algunos minutos todas y todos terminamos siendo uno. Extraordinariamente asertivo Palencia, al incluir este tema musical en el libreto.

Angélica Vitanza, más allá de contar con la conexión de género con el personaje, realiza una interpretación vibrante, sensible, conmovedora; se mueve con soltura en ese escenario – quinta que termina siendo una catarata de nostalgias y olvidos que se niegan a olvidarse; de pasados crudos que vuelven como si hubiesen sucedido ayer. Su lucha por la identidad, que extralimita lo del género, y se convierte en la lucha por ser, la construcción del ser, teniendo a casi toda la sociedad y la familia en contra, está plasmada sin fisuras, la recordaremos siempre y cada vez que esta obra se represente en cualquier país, conectará con el público, porque esa lucha es universal.

Ledrick (@luisledrick) nos ha brindado una pieza excepcional, con una escenografía que por sus texturas y colores nos remiten al collage. Fenomenal, la elección de la cortina transparente del cuarto de Mercedes, es evidentemente un elemento de transparencia en las artes plásticas y contribuye a la dureza del discurso agresivo de Mercedes, cuando quita ese velo para atacar a Dayana. Que el cuarto esté arriba, acompaña lo semiótico del personaje, que representa a la matrona y al patriarcado, al poder y al resentimiento, a quien está atrapada en esa “torre” y busca un “príncipe” que la salve de las cuotas del crédito por pagar. Toda la Dirección de Arte es una delicia (Escenografía, Vestuario, Maquillaje, Peinados), así como la Iluminación, que no trata la iluminación sino la luz y se convierte en creadora de atmósferas.

El manejo de la profundidad, tanto desde el frente, como desde los laterales, es magistral. A mí me tocó un lateral y la obra funciona a la perfección, mi condición de cineasta me llevó a imaginarme las otras dos visuales y son del carajo. Hay una traducción de la angustia, de la multiplicidad de pensamientos y sentimientos, de la heterogeneidad del Coro, que al presentarse en 5 planos frontales (el borde donde se rompe la cuarta pared, el siguiente donde por un lado están los sofás y por el otro la mesa, el tercero que es la franja a la que pertenece el horno – cocina, el cuarto que es ese que da acceso al fondo y finalmente el fondo), en todos pasa algo y algo que tiene que pasar, aquí no hay nada gratuito. Desde los laterales hay tres planos de profundidad, y además el director nos regala mirar hacia arriba para encontrarnos con el cuarto de Mercedes y otros elementos; convirtiendo el escenario, conceptualmente, en una especie de caleidoscopio.

La sonoridad va desde temas salseros hasta las voces con ternura, de reclamos, de indignación, de rabia, los pasos, los gritos, el sonido de la puerta de la nevera; la Dirección Musical de Abraham Mendoza (@abj_mt) y Maikel Rivera, es asertiva, sensible, creadora de atmósfera, promotora de bochinche; la sonoridad nos adentra en la quinta y nos mantiene en ella.

Palencia utilizó el barrio para desnudar a la sociedad venezolana; pero pudo haberlo hecho con la “Operación Colchón” aplicada de manera sistemática en canales de televisión, emisoras de radio y sellos disqueros, para solamente nombrar tres escenarios; pudo haber elegido el tema de los Auxilios Financieros durante el segundo gobierno de Rafael Caldera; el de la legitimación de capitales en el municipio Chacao, desde su fundación; el de la indiferencia de la “Clase Media” durante finales de los setenta y parte de los ochenta, en los cuales se bebió en whiskey los sueldos y salarios que podría haberle aumentado a sus trabajadores, para que tuvieran mejor calidad de vida y se llegara a ser la “Suiza del Caribe”; pudo ubicarla en el mundo de las medianas y grandes empresas, tan chulo (dólares que han ido y no han vuelto, por ejemplo), con tantos aportes crediticios que no llegaron a nada. En todos encontraría los elementos negativos de nuestra identidad, y esto incluye al mundo universitario, aunque tal vez no los positivos, vistos de la forma en la que se manifiestan en nuestros barrios.

Esta obra es descomunalmente buena. Se hace muy buen teatro en Venezuela. Y me atrevo a afirmar que se seguirá haciendo.


FICHA
Dramaturgia: Elio Palencia.
Dirección: Luis Ledrick.
Actuación: Angélica Vitanza, María Brito, Rossana Hernández, Theylor Plaza, Cloudet Márquez, Luis Serria, Maikel Rivera, Mónica Morón, Eduvina Soto, Jhurani Servellon, Abraham Mendoza, Anilec Vera, John Hernández, Yendy Vegas, Santiago Pereria, Candela y Carmela.
Dirección Musical: Abraham Mendoza y Maikel Rivera.
Asistencia de Producción: Andrea García Lara y Andrés Martínez.
Fotografía: Augusto Marcano.
Diseño Gráfico: Thais Morales.
Diseño de Iluminación: Valentina Sánchez.
Acompañamiento Coreográfico: Antonella Mijares.
Diseño y Realización de Escenografía: Pedro Arias y Virginia Sancler.
Vestuario: Felia Torres.

 

Leonardo Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios (@cursos.solidarios).

12.3.26

El universo de la representación revela en la escena un vacío ejercicio de la apariencia teatral. Freddy A. Torres González


Para Nietzsche existir expresa el hecho de que algo se dé a partir de un cierto origen.
Ese darse algo en que consiste
la existencia del actor
de todo cuanto aparece
se muestra desde "la presencia escénica", una especie de intuición enamorada
en el que lo que desea y atrae el intérprete
es lo orgánico interpretado,
vacío existencial,
carácter físico
estrictamente emocional,
manifiesta el horror
del hombre buscando el ser aquí y ahora.

La filosofía de la representación
en lo que representa al mundo de la acción
no pudiendo el hombre gozar de él
como un don de la relajación y,
después de la concentración
aparece súbitamente una relación
con el mundo del entorno de las cosas
realidades disímiles, dispersas y plurales.

De repente aparece la quietud respirada
un vacío existencial del mundo,
un armisticio con el entorno de la escena,
para que origine un sentimiento
amplitud, seguridad, serenidad
ante la vida de los hechos de la obra;

La verdad de la técnica del actor
en situación es una voluntad
compartida ahí, preciso, determinado,
una forma de desterrar el miedo,
el peligro, la inquietud y la angustia
buscando el criterio de la verdad
que produce un orden y sosiego.

La verdad de esos momentos
de los actores atrapados por el dominio
de la técnica produce un hacer voluntario
perdurable, escapar del ritmo presuroso
atrapado por la ficción de la obra;
y las pretensiones del director.
La verdad del hecho de actuar,
ver, sentir, pensar y existir en soledad.

El otro ideal cara a cara la vida del personaje
poético, apasionado, con un plan de vida
busca con desesperación redimensionar
lo inaprehensible para hacerlo propio
tolerable, como para comenzar el texto cómodo; el misterio de lo real
cuando en verdad el actor está escondido
intercambiando sucesos, acciones
y la pretensión de su carácter genuino.
El otro ideal lejos de la crisis existencial
que produce los hechos escénicos
es una oportunidad para que "la persona"
viva una relación ideal con:
el partner ideal, la pareja ideal
el oponente ideal y el público perfecto;
es una excelente ocasión para encarar
todo aquello que desea para si,
es un permiso para vivir la fantasía y,
aceptar todas las cosas como son.

Lo que Nietzsche cuestiona
es el hecho de que la vida se tome
cómo argumento para descalificarla
para la creación paralela de un mundo
verdadero.

Los hombres hemos compuesto
un mundo de la apariencia
en el que podamos vivir...
Nadie soporta vivir y actuar de otra manera.
Sin embargo, de todas maneras,
no queda el mundo demostrado.

La justificación de la existencia del personaje
por la vía estética se presenta un paradigma
que confronta la modernidad del teatro;
un mundo hermenéutico que dialoga
con la tradición de la ética y la disciplina el
fenómeno brechtiano del distanciamiento.

Entre el mundo y el hombre hay un pacto,
hacer posible las actividades físicas
de un estilo capaz de producir
un horizonte plástico de expectativa;
incluso superar la premisa de la obra
para superar también el mundo de la vida.

Ahora el mundo del juego aparece,
para la vida como juego perdurable,
para expresar en la escena conocida
también la existencia pensada
un atrevimiento biomecánico del cuerpo
que se constituye en metáfora cósmica.

Se trata de transferir la constitución
de un ser único; eso significa transferir
la esencia ontológica del hombre - teatro
a la totalidad de todo lo que existe,
dónde lo que ocurre es todo lo contrario.

Aquello que es ser hombre,
solo se convierte en juego
posee una soberanía absoluta
con un mundo propio como apunta Nietzsche,
dotado de una razón teatral única,
conducida por la inocencia,
un hombre solo jugando con el mundo
donde atraviesa la apariencia finita
para observar orgánicamente " la vida".

Es decir, avanzar con todo
lo que lo constituye, genera y destruye.

Un ser humano sólo
descubriendo el nacimiento
y la muerte...
infinito y temporal,
una danza lúdica que juega
con el cosmos
el azar y la ternura,
la existencia precoz.

Así vemos al hombre con calma,
instalado con la verdad trágica
con el gozo supremo
libre de decidir su destino.

Lamentablemente,
la experiencia de ver, sentir y ser,
se va con el camino luminoso
atónito
mundano
precoz
Inaudito,
siempre él
en su laberinto,
creador,
artista,
soportando
la incógnita celestial,
dudando,
usando su destino
de llegar a ser
el que ya es.
¡Y punto!

Freddy Antonio Torres González. Mérida 2026.

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...