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29.4.26

Orlando Ascanio: El hombre que hizo de Villa de Cura un escenario de luz, por Jesús Eduardo Espinoza

 

Homenaje a un pilar del teatro regional venezolano.
El maestro Orlando Ascanio no solo formó actores, sino que sembró
identidad en una comunidad a través de la constancia.

Especial para Mirada al Escenario. 

Por: Jesús Eduardo Espinoza

El teatro venezolano hoy baja el telón con una profunda reverencia. Ha partido el Maestro José Orlando Ascanio, un hombre que no solo hizo del escenario su vida, sino que convirtió la vida de todo un pueblo en un escenario de dignidad y arte. Nacido en Los Teques, el 23 de mayo de 1939. Dramaturgo, director y profesor de teatro. Fue alumno del mexicano Emilio Carballido, el colombiano Enrique Buenaventura y el uruguayo Atahualpa de Cioppo en cursos breves y largos entre varios otros nombres que incluyen a profesores regionales, nacionales y europeos. Ha dirigido en compañías de Aragua y Miranda. Ha sido distinguido con premios y reconocimientos, Ascanio llevó el teatro en el pulso desde sus primeros años escolares, una vocación temprana que lo conduciría a formarse bajo la tutela de figuras titánicas acompañado de Miguel Torrence. Hoy los teatristas de Aragua, lloran su partida a la eternidad.

El milagro de Villa de Cura

Lo que comenzó como un proyecto de taller-montaje en Villa de Cura terminó siendo una de las historias de amor pedagógico más hermosas de nuestra geografía teatral.  Ascanio no llegó solo a dar clases; llegó para quedarse. Los niños, jóvenes y adultos del pueblo, cautivados por su mística, lo “atraparon” en la mejor de las redes: la necesidad de aprender. Allí fundó una escuela que se convirtió en el epicentro sociocultural de la región.

A través del Teatro Estable de Villa de Cura, capital del Municipio Zamora del Estado Aragua, el Maestro demostró que el talento no tiene fronteras geográficas. Sus obras, cargadas de una poética social y un compromiso humano inquebrantable, llevaron el nombre de su pueblo a festivales nacionales e internacionales, demostrando que el teatro es, ante todo, una herramienta de transformación.

Un legado entre gigantes

La estatura artística de Orlando Ascanio se mide por el respeto de sus pares. Su sala fue refugio y centro de saberes donde convergieron las mentes más brillantes de nuestra escena. Por sus espacios transitaron figuras de la talla de Rafael Briceño y Amalia Pérez Díaz, pilares de la actuación; Carlos Jiménez, Román Chalbaud, Isaac Chocrón, Rodolfo Santana y otros dramaturgos vieron en la labor de Orlando un ejemplo de resistencia cultural.

La justicia del tiempo

Aunque los últimos años del Maestro estuvieron marcados por la nostalgia y el deterioro físico de su amada sala de teatro, el destino —y quizás la justicia divina de los artistas— permitió que en el tramo final de su vida sus peticiones fueran escuchadas.  La recuperación de su espacio de trabajo y el reconocimiento de la Compañía Nacional de Teatro a través de su presidente Carlos Arroyo, le otorgaron el lugar de honor que su trayectoria de décadas reclamaba.

El adiós a un Maestro

Hoy, el teatro venezolano se viste de luto, pero no de silencio. El fallecimiento de Orlando Ascanio nos deja un vacío físico, pero su legado respira en cada uno de sus alumnos que hoy sostienen la antorcha. Orlando no se olvida; se vive en cada ensayo, en cada texto social y en cada aplauso que resuene en Villa de Cura.

 

¡Paz a su alma, Maestro! ¡El escenario de la eternidad lo recibe de pie!

El Teatro de Cecilia Geijo, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

El Teatro de Cecilia Geijo

por Carlos Rojas

criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario

Cecilia Geijo. Foto: Arturo Pelayo

Antes de entrar en la figura de Cecilia Geijo Doménech, conviene detenerse en aquello que su obra pone en crisis: no un tema, no una problemática puntual, sino la arquitectura misma desde la que solemos mirar el teatro contemporáneo. Hay textos que buscan representar el mundo; otros, más incisivos, lo organizan para que pueda ser comprendido. Pero, existen piezas y aquí radica la singularidad del material que nos ocupa que no pretenden ni lo uno ni lo otro: operan como dispositivos de desmontaje. No explican la realidad, la exponen en su funcionamiento.

En ese sentido, Trilogía de los juguetes. Parte I no se deja leer como una obra sobre la infancia, ni sobre la violencia, ni siquiera sobre la guerra. Sería una reducción cómoda. Lo que el texto articula es una lógica: la continuidad entre prácticas que el discurso social insiste en separar.

La escena deja de ser un espacio de representación para convertirse en una especie de terreno de operaciones donde se evidencian las relaciones entre economía, deseo, poder y lenguaje. No hay exterior posible a ese sistema; tampoco, por tanto, inocencia desde donde observarlo.

Este tipo de escritura exige una lectura distinta. No se trata de seguir una historia, sino de reconocer patrones. No de identificarse con personajes, sino de detectar mecanismos. La dramaturgia renuncia a la ilusión de excepcionalidad esa necesidad de encontrar “casos extremos” que tranquilicen al espectador y, en cambio, instala una incomodidad más profunda: la de reconocer que lo que ocurre en escena no es extraordinario, sino estructural.

En el texto dramático aquí analizado, titulado Trilogía de los juguetes. Parte I (2024), inspirado en el poema La cruzada de los niños de Bertolt Brecht, de la dramaturga y creadora escénica española Cecilia Geijo. La escritura escénica de esta obra se construye como una gran acusación al mundo adulto, no desde el grito simbólico ni desde la moral simplificada, sino desde una dramaturgia que entiende el horror como sistema.

Aquí no hay un “tema” aislado (la guerra, la explotación infantil, el turismo sexual, la violencia doméstica, el mercado), sino una conexión de prácticas coherentes que se sostienen unas a otras. La pieza es consciente de ello y por eso evita el relato lineal clásico: la estructura avanza por capas, por situaciones, por superposición de escenas que se responden entre sí como un mismo latido oscuro del cuerpo dramático.

Uno de los mayores aciertos de la pieza de Geijo, es su negativa a ofrecer personajes tranquilizadores. Ninguna figura adulta puede ser leída como excepción ética. Los personajes: El Hombre, la Mujer Elegante, los empresarios, los soldados, los turistas, incluso las víctimas adultas, todos participan del mismo engranaje, aunque ocupen posiciones distintas.

El drama no busca culpables individuales, sino exponer una lógica de funcionamiento donde la responsabilidad se diluye en frases hechas, en contratos, en órdenes, en “no había otra opción”. Esa dilución es precisamente lo que la obra señala como crimen.

Encontramos que La Mujer Elegante concentra una de las tensiones más incómodas del texto. No aparece como una villana irónica, sino como una superviviente que ha convertido su cuerpo y el de otros en mercancía. Su discurso es frío, pero no falso; es reconocible porque está construido con los mismos argumentos que sostienen actualmente el mercado global.

El tejido dramatúrgico es inteligente al no desautorizarla desde fuera, sino dejar que se incrimine sola al hablar. Cuando afirma que sólo se vende lo que alguien compra, la obra no la corrige: la deja enunciar una verdad insoportable. Esa decisión escénica fortalece el texto y evita cualquier moralismo fácil.

El Hombre, por su parte, encarna la hipocresía moral del ciudadano funcional. Su indignación aparece cuando el horror roza su esfera privada, cuando los niños podrían tener la edad de su hijo. La escritura escénica desmonta con precisión ese gesto, mostrando cómo la violencia que dice rechazar se reproduce en su propia casa, en el maltrato, en el silenciamiento, en la amenaza. Aquí la pieza establece una continuidad clara entre la violencia íntima y la violencia estructural: no son planos distintos, son el mismo lenguaje aplicado en escalas diferentes.

Las escenas empresariales, con los C.E.O. y el bolígrafo, introducen una reflexión poderosa sobre el orden como coartada ética. El escrito convierte un objeto mínimo en signo ideológico: cerrar el bolígrafo equivale a cerrar procesos, cerrar preguntas, cerrar vidas. No se trata de una metáfora fortuita, sino de una afirmación clara sobre quién escribe las reglas y quién debe obedecerlas. El texto acierta al mostrar que la explotación no es un accidente del sistema, sino una consecuencia lógica de su funcionamiento.

El uso de los tambores como elemento sonoro y simbólico atraviesa toda la obra y le da unidad dramática sólida. No pertenecen a un sólo espacio ni a un sólo tiempo: irrumpen en la guerra, en el hogar, en la empresa, en el juicio. Funcionan como memoria que no puede ser silenciada, como advertencia constante, como latido colectivo de aquello que el mundo adulto intenta ignorar. La inteligente pieza de Geijo entiende el sonido como dramaturgia y lo convierte en una presencia que acosa a los personajes, al lector y al espectador mismo.

El tribunal infantil es, quizá, el gesto político más radical del argumento. Los niños no reclaman justicia en los términos de los adultos, no piden reparación ni perdón. Escuchan. Y esa escucha basta para desnudar la repetición de excusas, el cinismo, la cobardía. El cuerpo dramático es especialmente eficaz al permitir que todos los acusados hablen, se expliquen, se defiendan, hasta que sus voces se vuelven indistinguibles. No hace falta un veredicto explícito: la acumulación de discursos es ya la condena por sí solo.

El tránsito de la Niña que hace muchas preguntas a la Niña que ya no hace preguntas marca con claridad el punto de no retorno. Dejar de preguntar no es comprender, es haber sido expulsada de la infancia. La figura de Khaled, transformado en sombra, en nombre que se repite, en cuerpo ausente que sigue caminando, sostiene el cierre poético de la obra sin caer en la redención. La imagen final no promete un mundo mejor, pero sí una continuidad: los nombres se dicen, la marcha sigue, la memoria no se detiene.

En términos de escrito, la obra apuesta por una acumulación consciente del horror, sin dosificarlo para comodidad del lector. Esa decisión implica un riesgo, pero también una coherencia ética: la pieza no quiere ser soportable, quiere ser verdadera dentro de su propia lógica. No busca conmover para aliviar, sino incomodar para obligar a pensar y reflexionar. La fuerza del texto reside en esa decisión radical: no ofrecer refugio, no señalar salidas falsas ni fáciles, no absolver a nadie.

En suma, se trata de una obra política de gran densidad, que entiende la escena como espacio de confrontación y no como alivio. Una partitura que no interpela sólo a los personajes, sino al lector/espectador mismo, obligándolo a reconocerse como parte de un mundo que funciona exactamente así. Y en esa afirmación, incómoda, cruel y persistente, es donde está su mayor acierto y potencia dramática.

CR (@mipuntocritico)

Sobre la autora

Cecilia Geijo Doménech (León; 1981) es una directora de escena cuyo trabajo trasciende la simple puesta en escena para convertirse en una investigación constante sobre el lenguaje teatral. Su formación en psicopedagogía, dirección escénica e investigación literaria configura un perfil donde creación y pensamiento crítico van de la mano.

Fundadora de la Compañía La Pitbull, ha desarrollado una trayectoria marcada por el interés en dramaturgias contemporáneas exigentes y poco complacientes, con montajes de su propia dirección como El buen hijo o BACKUP para otras agrupaciones. Paralelamente, su labor pedagógica en la ESAD de Sevilla refuerza una práctica donde enseñar y crear forman parte del mismo proceso.

Con Trilogía de los juguetes, da un paso hacia una autoría propia más radical, consolidando una mirada que entiende el teatro no como representación, sino como un espacio de confrontación, incomodidad y pensamiento.

Nota: Las referencias de diálogos que aquí se utilizan fueron extraídos de la obra Trilogía de los juguetes. Parte I, de Cecilia Geijo, escrita en el año 2024 en Sevilla-España.

Foto cortesía de Arturo Pelayo © 2026.

28.4.26

La última entrevista de Orlando Ascanio, por Carlos Rojas


Orlando Ascanio y su Teatro Estable

por Carlos Rojas

criticarojas@gmail.com

Tomado del blog Mi punto de vista

Orlando Ascanio. Foto cortesía de su archivo personal © 2021.  
                                                                                

Los Teques. – Con motivo de la celebración de la Fundación Teatro Estable de Villa de Cura, Centro de Investigación e Interpretación Dramática (FTEV), institución que arriba a sus 39 años, la cual surgió como una compañía teatral el día 9 de marzo de 1982, por esa necesidad de crear producciones artísticas, independientes y profesionales para todo el público de Villa de Cura, Aragua y del país.

   Hoy nos unimos al júbilo para conmemorar esta institución, desde su creación hasta el presente 2021, han logrado mantener esta iniciativa uniendo a diversos jóvenes actores con la finalidad de intervenir los espacios cálidos y libres de esa región. Ya son muchos años escenificando a los autores regionales, nacionales y universales, también llevan mucho tiempo girando con sus espectáculos por toda Venezuela.

  Conversamos con su fundador, quien ha dejado una huella imborrable en los diferentes acontecimientos y en los escenarios regionales, nacionales e internacionales. Nos referimos al maestro Orlando Ascanio (Los Teques – Miranda; 1939). Fundador del Teatro Estable de Villa de Cura, dramaturgo, director y docente teatral. Ha sido distinguido con diferentes premios y reconocimientos. Fue alumno de Emilio Carballido, Enrique Buenaventura y de Atahualpa de Cioppo. En 1973, comenzó a trazar sus primeras dramaturgias. Hasta el momento ha escrito más de treinta obras de teatro.

  Comienzo con algunas de las preguntas que tengo en mente:    

Carlos Rojas (CR): - ¿Dónde nació Orlando Ascanio?

OA: Yo nací en Los Teques, me críe y me formé en esa ciudad, tanto en mis estudios como en lo teatral.  

CR: ¿Cómo ha sido tu formación actoral?

OAMi formación actoral ha ido de la mano con mi escritura. A veces, oyendo una canción o leyendo algún poema o cuento. En ocasiones, los muchachos me preguntaban algo que leyeron sobre lo que pasó en los años 50 o 40 en el país, si lo viví hablo de ello. Fue cuando se nos ocurrió escribir sobre Venezuela como patria, como nación y eso nos ha funcionado hasta el día de hoy.

CR: - ¿Por qué tu llegada a Villa de Cura dices que fue accidente?

OAMi vida cambio por completo. Estos gloriosos y tormentosos años han sido mi escuela, tanto en lo personal como en lo profesional. Conocí a un grupo de jóvenes de Villa de Cura, en el X Festival de Teatro de Caracas que hacían teatro (digo hacían, porque ya no hacen teatro), estuvimos conversando un largo rato y fue cuando surgió la idea de dictar un taller.

CR: - ¿Qué te motivó a elegir Villa de Cura y no Los Teques, por ejemplo?

OA: Fui invitado a Villa de Cura a dictar un taller por tres días, me gustó el ambiente, los habitantes, el terreno era poco abonado para el teatro y comencé a conversar con su gente que me invitó a dictar el taller para así regresar todos los fines de semana y continuar con el proceso de formación.

CR: - ¿Te enamoraste de Villa de Cura?

OA: Villa de Cura me brindó la oportunidad de desarrollar, lo que quería y tuve el apoyo de quienes fueron mis maestros como Miguel Torrence, con sus largas conversaciones que considero que, eran mis verdaderas clases de todo (actuación, dramaturgia, dirección, entre otras disciplinas).

CR: - ¿Qué influyó en ti? ¿Cuáles fueron esos maestros?

OA: Influyó las conversaciones con el maestro Horacio Peterson. También las correcciones que me hizo el actor de radio Luis Germán Meza, la actriz mexicana Pura Vargas, el maestro Armando Urbina, con sus clases prácticas.

Esa magnífica y maravillosa experiencia con el grupo Theja, comandado por José Simón Escalona, sus conversaciones y propuestas, me sirvieron de gran ayuda en lo que quería hacer en el teatro.

También los talleres del CELCIT con los grandes maestros que nos visitaron por aquellos tiempos. Ver teatro de los grandes maestros venezolanos y extranjeros han conformado bastante esa orientación de mis primeros pasos para lo que más adelante iba a poner en práctica en el Teatro Estable de Villa Cura.

CR: - ¿Cómo nace la idea de una Fundación Teatro Estable en Villa de Curaun Centro de Investigación e Interpretación Dramática?

OA: Esta idea nace por la necesidad de crear una agrupación para concretar un Centro de formación, investigación, creación y producción dramática en el sector, ya que existían grupos esporádicos que de vez en cuando mostraban sus trabajos con muy poca regularidad. Entonces, fue cuando Oswaldo González y mi persona juntos con un grupo de amigos decidimos darle forma a la Fundación Teatro Estable de Villa de Cura. Centro de Investigación e Interpretación Dramática.

CR: - ¿Qué buscabas cuando comenzaste a crear tu espacio?

OA: Hacer teatro. Expresarme a través de la dramaturgia era un lugar seguro, donde pude conseguir cómplices para conformar un equipo y arriesgarme a manifestar lo que he considerado como teatro. Lo que buscaba era tener un espacio donde escribir, donde compartir conocimientos, mostrar mis trabajos, recibir a mis amigas y amigos del teatro, sembrar, compartir con mis gatos, cocinar y leer con plena libertad.

CR: - ¿Qué es lo más emblemático de Villa de Cura?

OA: Sus actores, sus músicos, sus bailarines, sus artesanos, sus poetas y sus escritores. La gente con su día a día. Sobre todo, sus hechos históricos y religiosos. Sus hechos políticos, son más de lo mismo, pero en decadencia.

CR: - ¿Quiénes fueron esos adelantados del teatro en Los Teques?

OA: El grupo teatral "La Mata" que tenía al maestro Alfredo Sanabria con un espacio para sus ensayos. La oficina de Educación de Adultos del Ministerio de Educación, bajo la batuta del maestro Guillermo Manrique conocido como (Ángel Lamas) y la Escuela de Capacitación Teatral del Estado Miranda del Departamento de Extensión Cultural de la Gobernación del Estado Miranda, bajo la dirección del maestro Guillermo Montiel. Todos ellos vinieron a suavizar la situación de aquellos años.

CR: - ¿Qué ha pasado en estos 39 años?

OA: ¡Uy! Que no ha pasado. Yo me inicié en el Teatro hace unos 65 años, creo. Debuté en mayo del 56 interpretando un fragmento de “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez. Y con el Teatro Estable de Villa de Cura, ya son 39.

CR: - ¿Cuál es tu mayor logro?

OA: Lo más interesante y lo que considero como el mejor logro, es que, a partir de esta búsqueda, muchos de nuestro jóvenes y adultos, se han interesado en escribir.  De hecho, muchas de las obras, se han montado con el Teatro Estable de Villa de Cura y son piezas teatrales de nuestros integrantes y de nuestro equipo.

También hemos montado otros autores consiguiendo situaciones muy interesantes y logros importantes para esa dramaturgia que nos expresa y que cada día nos anima a seguir.

CR: - ¿Cómo crees que has influido estos años en la comunidad de Villa de Cura?

OA: Con trabajo, dedicación, disciplina, mística en la siembra, en la cosecha, la cual disfruto cada día, a pesar de los bemoles que han surgido, esos que también forman parte de este gran universo. Siempre he escrito las obras que se interpretan y se muestran con y en el Teatro Estable de Villa de Cura. 

CR: - ¿En estos 39 años conseguiste lo que buscabas?

OAPuedo decir que nací hace 39 años, sin menospreciar los ya vividos. Me independicé. Me solté el moño como dice el dicho, para dar rienda suelta a la maraña. Pude sentarme, enfrentar a Orlando Ascanio, conversar con él seriamente y lo más difícil ha sido aprender a amarlo, en toda su dimensión.

CR: - ¿Recuerdas los primeros textos que te hicieron tomar conciencia de la forma de comprender el teatro como algo diferente al simple disfrute de una obra?

OA: Leer a Cabrujas, Chejov, Chalbaud, Chocrón, Tennessee Williams, O´Neill, Rengifo, Elizabeth Schön, Strindberg, entre otros. Todos me han servido de guía para tomar conciencia de la diferencia que existe entre el realizador comprometido y el espectador complacido que disfruta de una representación.

CR: - ¿Querías actuar?

OA: Resulta que yo quería actuar sí, pero me interesaba más escribir y dirigir.

CR: - ¿Estás escribiendo o dirigiendo teatro actualmente?

OA: Estoy dirigiendo y escribiendo. No he parado. Lo que estoy dirigiendo no puedo decir nada todavía hasta tanto no haya avanzado lo suficiente el producto.

Escribiendo si, "En honor a mis tías", es una situación familiar que sucede cuando tres de las cuatro hermanas, se reúnen después de tanto tiempo sin verse para celebrar el cumpleaños de la cuarta hermana, que regresa a Venezuela, luego, de 15 años viviendo y haciendo teatro en México donde las mentiras caerán por su propio peso, con la llegada de esta última hermana.

La otra obra que estoy escribiendo, se llama "En el apartamento de Ricardo" trata sobre un viejo hombre de teatro que se aísla para hacer un inventario de su vida frívola, de su fama como director-actor. En esta aventura, lo acompaña Ricardo, su eterno amante, quien es su único contacto con el mundo exterior.

CR¿Fue algo específicamente ajeno al teatro o a la dramaturgia lo que te llevó a la aventura de realizar teatro?

OA: Sí. Todo empezó cuando me fui a Villa de Cura, en aquella aventura por tres días que se han convertido ya en 39 años. Yo estaba angustiado, lleno de problemas familiares, sin trabajo, desorientado, cargado de incertidumbre, recién despechado, solo y con un montón de preguntas.

Fue entonces, cuando hice un maletín y me lance por aquél tobogán, todavía estoy viajando y sin deseos de llegar, para seguir viviendo la aventura, buscándole respuestas a las interrogantes que surgirán en el camino y te juro que me gustan por el reto que representan.

CR: - ¿Has conseguido muchos cómplices en todo este tiempo?

OA: Los cómplices los consigo día a día, lo que, si no creo que haya logrado en su totalidad: es lo que, es el teatro.

CR: - ¿Preexistía una dependencia del gobierno para conseguir un espacio teatral en Los Teques?

OA: Siempre dependíamos de los espacios regentados por los gobiernos de turno. Solo que los que estaban al frente de esas instituciones, no prestaban los espacios para los ensayos. Entonces, teníamos que ensayar en las casas, en los parques y eso me cansó. También la presión familiar claro está. 

El tener que pelear con los vigilantes de la Casa de la Cultura, el cual era el único sitio con cierta privacidad para ensayar, entre otras cosas. Además, el maltrato a veces de la policía persiguiendo a todo lo que oliera a pelo largo y barba poblada.

CR: - ¿Qué es el teatro para la comunidad?

OA: Me han hecho esa pregunta muchísimas veces, y aún, no tengo una definición exacta para ella. A veces, pienso que, ese trabajo social que hacemos no solamente con los niños y jóvenes, sino también con los adultos en esas comunidades de muy escasa información cultural.

He andado con mucha gente que hace trabajo social en los barrios, bajar por la hondonada para llevar la voz del teatro, los títeres, la representación, los talleres, compartir hasta las necesidades, apoyarlos ante los entes públicos y privados para buscar soluciones a las mismas. Llevar información a través de la formación teatral a los liceos, escuelas, asentamientos campesinos y otras localidades.

CR: - ¿Cuéntanos una experiencia teatral que te haya impactado?

OA: Una experiencia hermosa, fue cuando dirigí la escenificación pedagógica de la batalla de Boca Chica. Trabajar con mil quinientos estudiantes de educación primaria, educación media y sobre todo la participación de los estudiantes de educación especial (inolvidable su presencia, atención y disciplina para asumir su participación). En ese montaje contaba con cincuenta profesores de educación primaria y profesores de educación media, con una orquesta, con treinta voces de profesores de música, cantantes y con un director musical. Tampoco puedo olvidar la participación de los actores de mayor trayectoria del Teatro Estable de Villa de Cura, con las fuerzas militares. Así como la participación de la caballería.

Contar además con los padres, representantes, jefes de diferentes sectores. Todos conformado en un solo equipo que, en realidad, eso es lo que se quería. Fue una tarea muy dura.

Elaborar el texto con ciertos profesores de historia, con los actores del Teatro Estable de Villa de Cura impartiendo clases de actuación a muchos participantes que nunca habían hecho teatro para interpretar los personajes principales.

Crearles el amor por lo que hacían, darles la disciplina, enseñarles a montar a caballos, convencer a los padres que contradecían la actividad porque creían que sus hijos iban a perder el año escolar, a muchos profesores que no confiaban y que opinaban que, eso parecía una película muy difícil de hacer (opiniones de muchos y las diferentes opiniones encontradas), vencer los obstáculos que se presentaron todo el tiempo. Un trabajo arduo de tres meses que me enseñó: lo que se puede hacer en la comunidad.

Esta experiencia en particular arrojó maravillosas y enriquecedoras opiniones, una puesta en escena o mejor dicho una puesta en el lugar muy seria, comprometedora, con mucha riqueza humana y teatral que, a mí mismo, me impresionó por su gran calidad teatral. Lo hicimos en una loma del sector de Boca Chica en Villa de Cura, justamente donde se llevó a cabo dicha batalla, todos, bajo mi dirección.

CR: - ¿Otra experiencia teatral en las comunidades que recuerdas?

OA: Hay un trabajo que realizaba el maestro Alberto Ravara, que pienso se asemeja mucho al teatro en las comunidades. En una oportunidad, en el festival que él organizaba y realizaba, nos llevó con mi obra "A Petición del Público" a un sector de la parroquia La Vega, en Caracas.

Pensé: esto no va a funcionar aquí con este tipo de teatro, pues no, me quedé perplejo con la reacción no tanto de los adultos o jóvenes, sino con la reacción de los niños muy atentos a lo que ocurría. Lo más impresionante, es que, en los momentos de risas, ellos se reían y sin armar alboroto continuaban en sus roles de espectadores experimentados. Eso me enseño, que allí había un trabajo adelantado en esa comunidad. Son tantas las referencias. 

Te cuento otra: fue la experiencia con la maestra Dilfa Bonilla en su Ateneo Autobús de la Cultura, en Santa Teresa del Tuy. Mucha gente dice que las agrupaciones de esta altura, cuando dejan de hacer actividades o se dan un descanso o se hacen un aparte para la reflexión desaparecen o ya no existen. Pues, no es así, si queda allí el trabajo, la experiencia, lo vivido día a día, lo que la gente recuerda, lo que queda en toda esa gente que se formó y participo allí en ese convivio teatral.

CR: - ¿Por qué lo dices?

OA: Digo esto: porque mucha gente a veces, se atreve a opinar cosas como: "No, ellos, se dispersaron, ese grupo ya no existe, no valen, se murió su director y creador, por lo tanto, ese grupo se vino abajo". Pues no, repito y puedo citar muchos ejemplos, pero no quiero ponerme fastidioso ni extenderme con la respuesta de tu pregunta.  Creo que todo esto y lo que podría seguir agregando responde, de cierta manera a tu pregunta.

CR: - ¿Cuál es su concepción acerca del teatro para jóvenes?

OA: Trabajar con jóvenes, es muy divertido y deja un gran aprendizaje. Me entretengo, aprendo mucho con ellos. Aparte que te llenan de mucha energía, de vitalidad y de alegría.

CR: - ¿Cómo surge ese proceso?

OA: La concepción surge en el trayecto, en ese camino que se inicia al lado de ellos. Los jóvenes te van marcando las pautas. A veces, he tenido que colocarme de su lado, volverme un joven más para lograr al final de cada jornada lo que quiero.

Muchas veces para abordar cualquier taller o una obra con ellos, uso los juegos infantiles y otros tantos juegos que me invento, y luego, todo termina en una fiesta. Esta gestión me ha dado resultados interesantes.

CR- Entonces: ¿Qué función cumple el teatro en el desarrollo social?

OA: Esa es otra pregunta que me han hecho muchas veces y te juro que quisiera negarme a contestar esta interrogante.

Bueno, el teatro cumple todos los desarrollos. Simplemente, el teatro es vida, te expresa, es el que mejor traduce los sentimientos y pensamientos del ser humano. Creo que me fui por otro lado, es que, eso está tan puteado.

Solo el hecho de escribir teatro, actuar en el escenario que sea, expresar tus ideas hasta hacer de portero, el que limpia el teatro cosa que me encanta hacer, cumple con esa función en el desarrollo social del ser humano.

Hace muchísimo tiempo conocí en mis inicios a una mujer que limpiaba el teatro, ella vendía los boletos entre otras cosas que hacía en ese lugar y luego, terminó siendo una de las mejores actrices que ha parido esta bella nación llamada Venezuela. El nombre de la artista actriz me lo reservo. No sé, si eso responde a tu pregunta.

CR: - ¿Consideras que la dramaturgia política”, es un buen tema para obras actuales?

OA: La dramaturgia política como la han propuesto agrupaciones que he visto últimamente, me parece pura paja. Ellos creen que con sacar un trapo rojo sin un sentido especifico piensan que están denunciando algo. Sucede igual que si manifiestan un trapo verde o negro. Yo viví, y vi mucho teatro con un sentido político concreto, en los años 60 y 70. Hoy en día, lo que he visto me causa leves movimientos incómodos a cada rato, en el asiento. Ya nadie arriesga nada como antes.

CR: - ¿Qué criterios han influido en la selección de tus obras?

OA: Han influido muchos criterios. Cuando escribí "La palidez de una magnolia invade" presentí que se avecinaba una tragedia. Tenía días sin dormir pensando en irme de Villa de Cura. Estaba oyendo boleros viejos y hablando con los chicos sobre mis inicios en el teatro y pensé que me iba a morir. Llevaba noches recordando los tiempos del gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Esto me pasó en febrero de 1989 hasta que escribí esta obra en una noche.

A los días, sucedió lo que muchos llamaron el Caracazo, el Guarenaso o el Tequeñaso, fueron una serie de fuertes protestas, disturbios y saqueos en Venezuela que comenzaron el 27 de febrero de 1989 en Guarenas, se extendieron hasta Caracas y finalizaron el 8 de marzo del mismo año.

En fin, esos estallidos sociales vinieron a aclarar muchas cosas que estaban calladas. Era el estallido de un rencor y muchas angustias acompañadas de necesidades que estaban agazapadas. Como ve, los criterios que influyen para elegir y escribir una obra de teatro en nuestro equipo, lo dice el tiempo y los hechos que van sucediendo.

CR: - ¿Sentías que debías escribir “La palidez de una magnolia invade”?

OA: Ya conté toda la historia antes, en los criterios para montar las obras en el repertorio del Teatro Estable de Villa de Cura. "La palidez de una magnolia invade" nace a partir de la canción "Enamorada" del poeta mexicano Agustín Lara y de la historia de amor de una prostituta con su hijo, basado en el caso real de una amiga.

Los personajes existen o existieron, pero hace tiempo que perdí contacto con mi amiga. Los conocí y compartí con ellos mucho tiempo. Me aproveché de su relación para escribirle a ese extraño amor, y, a esa situación política que presentía en aquella época.

CR: - ¿Cómo se hace para lograr permanecer en las tablas durante 39 años?

OA: Todos los días surgen nuevas preguntas, los tiempos que vivimos enseñan que hay que hacer borrón y cuenta nueva. Claro, manteniendo lo logrado, terminando de madurarlo, guardándolo como un libro en una biblioteca para cuando sea necesario recurrir a él, para defenderlo de la agresión que pueda surgir -y no es paranoia- Solo que, es tu arma, tu alimento. En total, es tu vida, tu cosecha y no puedes arriesgar que se pierda.

-¿Qué cómo se hace para permanecer tantos años?- me preguntas. Bueno, la persistencia y la lucha por lo que me gusta, por lo que quiero, porque quede algo en mi tránsito por este camino. El guiar a mucha gente por sus distintos caminos ha sido el mejor y más placentero aprendizaje.

CR: - ¿Te sientes formando parte de un grupo de creadores con criterios o estéticas comunes?

OA: Esto no lo entiendo. No está clara la pregunta, ojo no me estoy escurriendo, ni me estoy haciendo el loco. Es que no entiendo porque siempre me hacen estas preguntas. Cada quien hace lo suyo.

CR: - ¿Existe una cultura alternativa en Venezuela?

OA: Siempre ha existido una alternativa. Los tiempos hablan, las fechas dictan las tareas a seguir. Los hechos proponen y el hombre dispone.

CR: - ¿Crees que surja una generación de relevo en el teatro venezolano?

OA: Por supuesto que sí. Talento, iniciativa, fuerza, tesón, mística y disciplina existen.

CR: - ¿Disfrutas del trabajo de los otros creadores?

OA: Siempre voy a ver los trabajos de mis compañeras y compañeros, me siento bien en sus viajes, me llenan mucho, me enseñan lo suficiente para conformar criterios y responder a mis preguntas.  En varias oportunidades viendo el trabajo de algunos cómplices, me sentía extrañado no incómodo y me preguntaba: ¿Es teatro lo que yo hago? Y, así voy todos los días haciéndome miles de preguntas.

CR: - ¿Cuál es tu autor venezolano preferido?

OA: Los amo a todos. Hasta los difuntos. Si digo uno o una en especial, los demás me pegan…Venezuela tiene mucho material y talento en lo que se refiere a dramaturgia. Aquí hay un mucho talento humano, fructífero y brillante.

CR: - ¿Consideras que “Bajo la mirada de Gardel” es tu obra más emblemática?

OA: Puede ser…y eso porque, es mi única obra publicada y está basada en hechos vividos, aunque "Alacranes" existe rondando ese emblema, vive en una eterna audición por el primer lugar. Habría que someter a juicio y establecerlas en una subasta para ver: Cuál de mis obras da y ofrece más.

CR: - ¿Qué piensas del teatro que se hace en estos tiempos?

OA: Particularmente pienso que las mujeres aquí en Venezuela están haciendo cosas interesantes muy importantes para alimentar y fortalecer la escritura y la escena venezolana. No digo que los hombres no lo estén haciendo. Es que noto mucha persistencia, permanencia y valorización en las propuestas femeninas.

CR: - ¿Qué obras estás leyendo en la actualidad?

OA: Por ejemplo "Blanco" del dramaturgo venezolano Pablo García Gámez, le ando dando vueltas a ese texto, siempre vigilante porque me sugiere, me enamora, y, yo quiero entablar una conversación muy seria, ojalá se pueda crear una oportunidad única entre director y el texto.

CR: - ¿Cómo está tu relación con Dios?

OA: Del carajo, es demasiada buena la relación. Siempre hablamos. Lo que falta es que un día de estos, cuando él lo decida salimos por ahí, a un bar cercano a echarnos unos tragos. Somos muy amigos, ¿sabes?

CR: - ¿Y con los críticos?

OA: Estoy bien con todos hasta con los que se han hecho enemigos míos, de una manera gratuita. Aprendo mucho de todos.

CR: - ¿Tienes enumerado aquellas cosas por las que vale vivir?

OA: Coño, voy a perder la cuenta. Son muchas y, por otro lado, son todas esas cosas las que me mantienen vivo.

CR: - ¿Cuáles son los próximos proyectos del Teatro Estable de Villa de Cura?

OA: Continuar trabajando, seguir produciendo nuestras obras, talleres, continuar recaudando el dinero para comprar el espacio y terminar con las reparaciones de nuestra sala de teatro "Enrico Terrentin". Porque si seguimos contando con los ofrecimientos y promesas que nos han hecho. Seguro, nos morimos de mengua.

CR: - ¿Has escrito sobre la pandemia?

OA: Para el tiempo que trascurre todos pensarán que voy a escribir sobre la pandemia, pues no. No voy a escribir particularmente sobre esto. Pero si, escribiré sobre algunas consecuencias que, esto va a dejar.

CR: - ¿Cómo ves el futuro del teatro y de las artes escénicas ahora que se debe reinventar los contenidos en las plataformas digitales para repensar la audiencia?

OA: No podemos parar. Hay que hacer algo y pelear como gato boca arriba. Porque si nos paramos, se viene hasta la voluntad. Lo que hemos peleado y sobre todo la vida se nos viene abajo. Insistir, es la orden.

CR: - ¿Qué estamos aprendiendo con esta coyuntura?

OA: A vivir. Las guerras producen cansancio y ese cansancio, es una invitación para continuar o desmayar. Es nuestra propia elección. Yo estoy invitado a seguir, caer y levantarme. Estoy aprendiendo. Siempre con el ánimo arriba.

CR (@miPuntoCritico)

 Entrevista realizada por Carlos Rojas el 27 de marzo del 2021. Día Internacional del Teatro.

26.4.26

El teatro del nuevo drama, por Freddy Antonio Torres González -Mérida 2026.

 El teatro del nuevo drama es el teatro que ocurre en cada actuación, en cada presentación, traducido como realización escénica.

Hemos visto en el teatro clásico griego la importancia de Thanatos en la cultura por el dualismo filosófico entre las pulsiones y el mundo del Super- ego, éste último le sirve como modelo de una rigurosa conciencia moral. Algo similar al Daimond de Sócrates como la voz de la muerte.

Y acaso no es en Antígona, la figura clásica por excelencia, dónde podemos ver y sentir desde el principio la llamada de Thanatos.

En la historia de la religión aparecen menos mártires femeninos que masculinos. Esto demuestra que hay también menos obstinación y carácter desafiante femenino.

Si pensamos en la primera parte de Macbeth se observa que la ambición y el impulso agresivo están mucho más desarrollados en Lady Macbeth que en su esposo.

Ciertamente en la segunda parte la relación se invierte, de manera que el camino de Macbeth lo lleva de manera consecuente de un crimen a otro, mientras que su mujer vaga como una sonámbula perdida en el palacio, oprimida.por un sentimiento de culpa.

El teatro del nuevo drama supone una doble tensión: la primera resulta de la autonomía del arte escénico respecto al drama convencional.

No es una negación del texto,

ni siquiera del drama,

sino el establecimiento de un campo

de creación donde emerge el diálogo

con la literatura,

dramática o no.

El drama de nuevo tipo

no es un teatro sin drama,

sino un teatro que plantea un conflicto

con el concepto burgués del teatro,

que se había apoderado de la hegemonía

del drama literario sobre el espectáculo

escénico hasta ahora.

La segunda tensión

resulta de la reivindicación

en cuanto a medio desde la categoría

de narración y más tarde desde

la categoría de performatividad.

Dice Hans Lehman que,

mantener la categoría asociada

a post dramático implica reconocer

la institución teatral en su dimensión

social y estética.

Desde esa doble tensión Lehman ofrece la tarea de elaborar un marco analítico para la comprensión de la creación escénica

contemporánea.

Establece un diálogo constante con las

categorías de la poética y con los

estudios sobre drama y dramaturgia con

las aportaciones que provienen de la filosofía,

la teoría de la literatura, la cultura visual,

la antropología y los estudios del performance.

El teatro del nuevo drama invita a reivindicar

de las estructuras y recursos para las

novedosas propuestas asoman a reclamar

la necesidad de reconocer " teatrales"

las formas artísticas desplazadas

a los márgenes o bordes espectaculares.

Podemos definir el teatro post dramático

aquella que surge de una aceptación de un concepto de drama que no depende de las aportaciones propuestas por Aristóteles

y Hegel : provienen de las reflexiones

de Craig hasta Artaud quienes definen

lo dramático como un conflicto, una búsqueda

que ningún texto puede contener por sí sólo.

El misterio es en lo dramático,

el momento en el cual se eleva

del ámbito a uno que es superior

e inalcanzable. Por lo tanto,

el drama no se situa en el texto,

tampoco en el cuerpo ajeno

a la textualidad, sino más bien

en la perturbación recíproca

entre " texto y escena".

El teatro del nuevo drama,

se ocupa del drama y la experiencia estética,

sino también de aquello que la hace posible:

la realidad escénica es la relación con el texto,

sea verbal o visual, aural o material.

De ahí la atención al tiempo y al espacio,

de la escena creada

a los modos de organización de los

materiales y su recepción.

El nuevo teatro de Hans Müller,

es como un libro teórico y crítico

acerca de la comprensión e interpretación

de la creación escénica contemporánea

más que una dramaturgia privilegiada:

"la del paisaje".

"El teatro no existe, yo lo hago",

En el texto teatral no dramático

de la actualidad desaparecen

los principios de narración y figuración,

así como el orden de la fábula alcanzando

una autonomía del lenguaje.

El panorama del Teatro más allá de la acción,

es ceremonia, voces en el espacio

y paisaje sensorial y luminoso.

La escena de nueva relación

nuestra más que una sucesión

o el desarrollo de una fábula;

una implicación de estados internos y externos.

Son los pintores que abren las ventanas de

una teatralidad abierta a los estados emocionales de las imágenes en el que

cristaliza la dinámica de su propia creación.

Por eso, la categoría apropiada

para esté nuevo teatro escénico

no es la acción, sino la de los estados .

Sin embargo el teatro niega

su propia posibilidad como

" arte temporal" a favor del desarrollo

de una fábula.

La contraposición de la dinámica dramática

sería la dinámica escénica.

Es la pintura aparentemente estática

es solo un estado provisionalmente

pictórico coagulado, en el cual

el ojo del espectador que pretende

acceder a la imagen visual del conjunto

debe percibir y reconstruir

su dinámica y su proceso.

El estado de la imagen escénica

es una figuración estética del teatro

que muestra una figura extraña

más que una historia aunque actúe

en ella hay actores vivos.

Así, la esencia post dramática

en un estado de los sentidos y de la

formaciones escénicas dinámicas.

El teatro de nuevo aliento

desvincula el momento ostentoso

de la ceremonia y lo valora en si mismo

como una cualidad estética,

desprendida de toda referencia religiosa

y de culto: se concentra en la sustitución

de la acción dramática por medio

de la ceremonia que está unido

al principio de los tiempos.

La ceremonia es todo el conjunto

de movimientos y procesos

que carecen de referentes

pero que son presentados

con una elevada precisión,

eventos de una peculiar

comunidad formalizada;

construcción de desarrollo rítmicos,

musicales , visuales, arquitectónicos;

formas para- rituales, así como

celebraciones del cuerpo

y la presencia; la empática

o monumental ostentación

acentuada de la presentación única.

Freddy Antonio Torres González -Mérida 2026.

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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...