Buscar este blog

11.5.26

Cuando la selva, el llano, y las palabras se hacen grito, por Jesús Eduardo Espinoza.

 Cuando la selva, el llano, y las palabras se hacen grito: El rugido de Gallegos que estremeció e impactó a los espectadores en el 
Teatro Baralt de Maracaibo.

Foto: Lolimar Suárez Ayala

Por: Jesús Eduardo Espinoza.

La Fundación Rajatabla, en alianza con la Editorial Sarrapia, presentó la obra teatral Rómulo Gallegos: Selva, Llano y Palabra. Esta pieza es un homenaje a la vida y obra del escritor venezolano Rómulo Gallegos, centrada en el proceso creativo detrás de sus novelas más enblemáticas: Doña  Bárbara y Canaima.  Aquí los detalles clave de la puesta en escena: La obra, escrita por Yoyiana Ahumada, explora los pasillos creativos de Gallegos, mezclando su vida real con su esposa Teotiste y la ficción de sus novelas. Personajes como Doña Bárbara, Santos Luzardo y Marisela invaden la cotidianidad del autor.  La dirección general es de Marisol Martínez.  El elenco conformado por: Jesús Das Mercedes (Rómulo Gallegos), Rebeca Herrera (Teotiste) y Margareth Aliendres (Doña Bárbara).  La obra se presentó el viernes 8 de mayo en el Teatro Baralt (con una función pedagógica en la mañana y función general a las 6:00 p.m.).  La producción tiene previsto visitar varias ciudades del país.  La propuesta es un recorrido multisensorial que integra música en vivo (a cargo de Carlos Conde "Washé"), danza y tecnología; además subraya la vigencia del compromiso social de Gallegos y su visión de la naturaleza venezolana

Qué espléndida crónica nos ofrece sobre este encuentro teatral en Maracaibo. Su descripción no solo detalla el evento, sino que captura la esencia misma de lo que significa llevar la literatura al escenario: esa "historia viviente" que menciona.

Es fascinante cómo la propuesta creadora de la inteligente investigadora y dramaturga Yoyiana Humanda (a través de la dirección de Martínez) logra humanizar la figura de Rómulo Gallegos, presentándolo no como un busto de mármol, sino como un creador sumergido en su proceso, tejiendo la realidad de los llanos con la  realidad y lo sublime de sus personajes. Y una pantalla gigante que no fue recreando los paisajes geografico de cada escena de la historia.

A partir de su enriquecedor análisis, se pueden destacar varios puntos clave que hicieron de esta experiencia algo significativo para la comunidad artística y estudiantil zuliana y, por supuesto,  la presencia de teatristas entre: dramaturgos, criticos, directores teatrales, actores, para presenciar un trabajo digno ejemplo de un buen teatro como se ha caracterizado la agrupacion  de Teatro Rajatabla durante muchos años en sus  diapositivos  escenograficos, efectos especialesy los distintos planos de luces para darle vida a la acción dramática que ha permitido la belleza de los personajes en escena. Si hay algunas escenas en que se perdía el ritmo dialogado y el volumen de la voz por lo cual es necesario una revisión de parte de la directora.

Foto: Lolimar Suárez Ayala


El Teatro como herramienta pedagógica

Es notable la asistencia masiva de estudiantes, especialmente de la Escuela de Teatro Inés Laredo. En la representación de la dramaturga Lolimar Suarez, Grupo de teatro Titilar, a cargo del director teatral Willian Quiroz y más de 300 estudiantes de distintas instituciones educativas. Para un estudiante de artes escénicas, ver cobrar vida a los personajes de Doña Bárbara o Canaima es una lección de análisis de texto en movimiento. El teatro permite que el conflicto dramático, que a veces parece lejano en el papel, se vuelva tangible y emocionante.

La dualidad del creador

La imagen de Gallegos al lado de su esposa, frente a la máquina de escribir, mientras sus personajes lo rodean, resalta la dimensión humana del escritor. Muestra que las grandes obras venezolanas no nacieron de la nada, sino de una observación profunda de nuestra geografía y nuestra gente.

La estética de Rajatabla

La mención a la planta actoral joven y al uso de recursos modernos (como la pantalla gigante para los paisajes y efectos) confirman que el Grupo Teatral Rajatabla sigue apostando por una puesta en escena dinámica que conecta con las nuevas generaciones sin perder la rigurosidad histórica de los vestuarios y la atmósfera de la época.

Foto: Lolimar Suárez Ayala

El impacto en Maracaibo

El lleno total en el Teatro Baralt es un testimonio de la sed cultural de la ciudad. Ver a maestros, agrupaciones como Titilar y jóvenes compartiendo un espacio para reflexionar sobre la obra de Gallegos fortalece la identidad nacional y regional.

Las obras de Gallegos que son mencionadas forman un mapa fundamental de Venezuela:

Doña Bárbara: El conflicto entre la civilización y la barbarie en el llano.

Canaima: La lucha del hombre contra la selva y la explotación del caucho.

Pobre Negro: Una mirada profunda a las tensiones raciales y sociales.

La hora menguada: Una joya de la narrativa corta sobre la culpa y el drama familiar.

Sin duda, este tipo de montajes son los que mantienen viva la llama de nuestra dramaturgia y aseguran que el legado de autores como Gallegos no se quede solo en las bibliotecas, sino que siga latiendo sobre las tablas.

¡Gracias por compartir esta valiosa reseña!

Rajatabla: Once apuntes de Alexis Blanco sobre Rajatabla en el Baralt.

 Rajatabla: Once apuntes de Alexis Blanco acerca de la obra de Rajatabla en el Baralt: "Gallegos: selva, llano y palabra", viernes 8 de mayo 2026


1
La sola presencia de Rajatabla, verbo y gracia, el grupo teatral más importante del país (en lo que concierne a su proyección en el mundo entero) representa un lujo para el Teatro Baralt, cuyo director, Jesús Lombardi Boscán, una vez más ha acertado en su labor gerencial, presentando la espléndida pieza donde la figura del mejor novelista venezolano emerge como el protagonista clave. La acertadísima puesta de Marisol Martínez para el texto de Yoyiana Ahumada producido por William López significó un extraordinario hito en la cartelera teatral de Maracaibo durante las últimas fechas. Muchos esperaban una obra mucho más involucrada con el contexto político e histórico del hombre que, desde el 15 de febrero al 24 de noviembre de 1948 ejerció la presidencia de Venezuela y cuyo derrocamiento degeneró una crisis terrible, también ausente de esta edulcorada versión teatral, pero no fue así. Sin embargo, el poder del arte estuvo ahí, sobre el escenario de nuestro edificio centenario.

2
En principio, estamos ante una ingeniosa estrategia de mercadeo, ideada desde la Editorial Sarrapia, creada en 2023 por Ramiro Molina, Julieta de Molina y Rosalexia Guerra, donde se planteó que, en paralelo con el relanzamiento de Canaima y Doña Bárbara, dos novelas fundamentales del gran autor, un educador a ultranza, también se recrease esta experiencia teatral en la que, junto con la institución teatral cuya Fundación preside el mismo William López, se hiciese un montaje con matices pedagógicos para relanzar la figura del gran escritor criollo. Ese estreno se hizo el 29 de noviembre de 2023, en medio de la celebración del día nacional del escritor, y hasta el tres de diciembre de ese mismo año. Un éxito increíble tipo “ganar/ganar”. Nuestro público aplaudió, emocionado y poseído, por la gracia de una rica obra de arte.

3
Carlos Conde, nuestro “Washé”, de Do a Si uno de los más importantes músicos con que cuenta la escena contemporánea venezolana, director de la compañía Baralt Ancestral, ejecuta una performance sonora, ahí mismo, en vivo, sustentando con su poderosa presencia estética, cada instancia de esta suerte de estado onírico dentro del cual transcurre el romancero Gallegos propuesto por la autora, Yoyiana Ahumada Licea, reconocida en el medio teatral venezolana por ser la noble “amanuense” de nuestro héroe maestro, el grande José Ignacio Cabrujas. Quizás por la propia naturaleza del proyecto teatral/editorial ella haya tenido que mover su discurso escénico entre aguas no tan turbulentas del Orinoco o la densidad de fábula de los paisajes del llano o la reverberante intemperancia ecológica de Canaima, con su flora y su fauna plena de enigmas y conflictos que el propio Gallegos devolvió al país en forma de mitos y turbulencia demasiado humana.

Desde la nota crítica de Luis Perozo Cervantes subrayamos alguna coincidencia: “Sus novelas no salieron de un trasnocho febril ni de una alucinación. Salieron de una ideología nacional pensada con paciencia y mucha intención. Su literatura es política y es filosofía. Reducirlo al señor distraído que pierde la página 28 es un acto de cariño que estrangula al objeto admirado, lo ridiculiza y anula. Se nos presentó un Gallegos higiénico y distraído…”. Suene, gran Washé.

4.
Ese hombre inmaculado llamado Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire, caraqueño de lino blanco, aparece representado por un actorazo de fina estampa, Jesús Das Mercedes, acompañado por una exquisita Rebeca Herrera como doña Teotiste de Gallegos (¿sabrán nuestro bienamados “Rajatablos” que aquí en Maracaibo hay una muy populosa barriada con su nombre?), mientras que, pensamos e intuimos, que ninguno de los estudiantes que durante la mañana del viernes 8 vieron la obra, olvidarán la figura hipnótica de Margareth Aliendres haciendo de Doña Bárbara. Mujerón de actriz.

5
El notable maestro greco venezolano, Costa Palamides así lo visualizó: “Yoyiana Ahumada y Marisol Martínez encuentran una veta única, en: Gallegos: Selva, Llano y Palabra, al ubicar lo anecdótico de una vida, en un contexto de universalidad literaria, que no se esfuerza en ser dramática. La poética de lo escénico dejada por Carlos Giménez en Rajatabla, es renovada con creces y buen tino, defendida por intérpretes camaleones como: José Gregorio Martínez, Margareth Aliendres y Jesús Das Merces. Destacan también, las creatividades de: David Blanco, Altagracia Martínez y Oscar Salomón, en iluminación, vestuario y escenografía, respectivamente…”. Desde las letras de Yoyiana Ahumada Licea, con quien comparto mi admiración y el desasosiego de la madre en fuga, endoso esta otra clave: “El arte siempre debe descolocar el espíritu. Disponerlo a otra comprensión de lo humano, desde un lugar de incomodidad. No creo por eso que signifique renunciar al entretenimiento como lo entendía Bertolt Brecht. Tener entre dos, entre el artista y el receptor. El teatro debe hacernos preguntas... El teatro construye nuestra humanidad porque nos muestra ese " ser tuyo ahí" como diría Cabrujas parafraseando a Martín Heidegger”. Yoyi brillante.


6
La nota de prensa emitida desde el Teatro Baralt precisaba: “Este evento es posible gracias a la dirección general de Marisol Martínez, la producción general de William López y la visión ejecutiva de Ramiro Molina…”. También, y así lo ponderaba la talentosa directora, gracias al equipo técnico del Teatro Baralt, comandado por la infatigable María Fernanda Ortega, secundada por los Cabrita. Muy temprano, ese mismo viernes, encontramos a William López en el backstage, echándole broma al inefable maestro Orland Espluga, el administrador del Teatro Baralt y quien, con paciencia budista, se calaba el vacilón del viejo zorro del teatro venezolano. Total, Orland sabe muy bien que el tipo tiene más de 55 años del viejo zorro oficio y que se ha paseado y rejodido por los teatros más importantes de unos 70 países. Honor y gloria. Sobre el montaje de Marisol Martínez hay harto logro estético: el uso de a luz, el vestuario, una utilería alucinante donde un paraguas puede ser remo con el cual “un bongó remonta el Arauca”.

Vale esa cita sobre Carlos Giménez y su estética: “Muchas de las escenas en los montajes de Rajatabla adquieren una dimensión fotográfica. Carlos Giménez es un creador de cuadros vivos por la manera como organiza a la gente y como utiliza la luz y los colores, formando imágenes casi estáticas que parecen atrapar, como en una fotografía, los momentos relevantes de ciertas actitudes e intenciones de los personajes. La iluminación es otro de los elementos que definen en Rajatabla la manera de enfrentar el hecho teatral. En todos los montajes se utiliza luz blanca”.

7
Así debemos comprender la dimensión de nuestros ilustres visitantes: “El Grupo Rajatabla, fundado en 1971 en Venezuela, por Carlos Giménez y Xulio Formoso, es una de las compañías teatrales más influyentes del país. Su enfoque fusiona el teatro con las tradiciones populares y el teatro experimental, abordando temas sociales y políticos con gran profundidad. Su repertorio abarca desde obras clásicas hasta creaciones originales, destacando por la calidad de sus montajes y su capacidad para conectar con el público. Rajatabla no solo ha sido un referente en el ámbito teatral venezolano, sino que también ha contribuido significativamente a la formación de nuevas generaciones de artistas. Su impacto se extiende a la promoción de la cultura y la reflexión crítica, consolidándose como un pilar fundamental del teatro en Venezuela […] La espectacularidad y crudeza de sus propuestas, la honestidad de sus performances y su estética orientada a la crítica de los abusos del poder definieron una forma de hacer arte cuando comenzaban los años setenta en la Venezuela saudita […] Desde sus orígenes, Rajatabla buscó “desvelar los mecanismos del poder, denunciar la obscenidad del terror en sus variadas encarnaciones, evidencias claves de la corrupción, de la manipulación ideológica, de la explotación y saqueo a que están sometidos los individuos. Asumió todos los riesgos posibles para llevar su visión alucinada del arte…”, citamos con justeza de Barroco Cronista Cuántico, el texto del maestro inolvidable de la crítica teatral hispana, don Moisés Pérez Coterillo.

8
La historia no siempre engrandece: “Medio siglo después, la Fundación Rajatabla ya no tiene compañía estable. La plantilla no pudo seguir debido, entre otras razones, a la crisis económica, social y política del país, en la que la migración e hiperinflación marcan la pauta de sus individuos. Sin embargo, queda una pequeña nómina presidida por Williams López, el único de los miembros fundadores activos. Junto a él conforman el equipo: Eduardo Bolívar como vicepresidente, Pedro Pineda en la dirección técnica, Daniel Blanco en el área de iluminación y Laura Pérez, que es encargada de recepción y taquilla. Hacen hasta lo imposible por sacar adelante el legado…”. López, dixit:

“Llegó un momento en que éramos principal punto de referencia teatral en el mundo con las obras que dirigía Carlos Giménez y los festivales internacionales que realizábamos; con piezas como Señor Presidente, Cuando quiero llorar no lloro, El coronel no tiene quien le escriba. Esa historia de Rajatabla girando por todo el mundo nos permitió una presencia importante en el mapa teatral…”. Esa versión de su Bolívar, de José Antonio Ríal, fue estrenada, a nivel mundial, en el Teatro Bellas Artes de Maracaibo. Que esto nunca se olvide.

9
El destino y esas crudas “Intermitencias de la muerte” acabaron con la edad de oro de Rajatabla. Su creador, Carlos Giménez, amaba esta ciudad. Una vez le permitió a Enrique León que, para que pudiera montar su Traje de Etiqueta, en la legendaria Sala Rajatabla del Ateneo de Caracas, destruyera por completo la sofisticada y costosísima escenografía de La charité de Vallejo, una obra extraordinaria de Larry Herrera que hoy mismo tendría harta vigencia en este país de “Risitas”. Doy fe de esto, porque Carlos me permitió escribir y publicar, en el diario El Nacional (donde era más influyente que el propio Miguel Enrique Otero), la crónica de la inauguración, en 1989, de la edición octava del Festival Internacional de Teatro, con el Berliner Ensemble de Alemania, con su aclamada producción de La ópera de tres centavos, marcando un hito al ser la primera vez que la compañía fundada por Bertolt Brecht visitaba Latinoamérica. Eso se agradece de por vida, con tu propia vida. El colega Carlos Pérez Ariza da fe de este hito del BCC.

También fue el tenaz amor de Carlos Giménez por Maracaibo, lo que impulsó la creación del Núcleo Zulia del Teatro Nacional Juvenil. Dense duro con esa clave.


10
Le preguntaron a López: “¿Cómo varió la estética de la compañía tras la muerte de Carlos Giménez en 1993?”. Y con una solemnidad conmovedora respondió, el William: “Sí, hubo un cambio muy drástico, porque Carlos era un genio del teatro, estaba a la altura de grandes como Peter Brook, y era difícil sustituirlo. Pero algo hicimos y José “Pepe” Domínguez, que trabajó muchos años con él, estuvo al frente, junto con directores invitados como Vladimir Vera, Consuelo Trum, Miguel Issa, Marisol Martínez. Carlos quería que el público se enriqueciera visualmente, independientemente del texto y de las actuaciones; que se enriqueciera del hecho espectacular con las escenografías y efectos en los montajes…”. Este romancero Gallegos así lo comprueba.

11
Rajatabla volverá a Maracaibo. Ténganlo ustedes por seguro. Con esto quiero decir que hay vida para esta agrupación que aun conserva intacta la pasión y a voluntad y el instinto de su creador. López vuelve a conmoverse, a conmovernos, todo Rajatabla conmueve y en este instante pienso en mi bienamado Aníbal Grunn, en Paco Alfaro, en Pedro Pineda, Daniel Blanco, Francis Rueda, en Beatriz Castillo, en José Luis Montero y en quienes sobreviven esa Edad de Oro del Teatro Venezolano. Pienso en mis entrañables colegas del alma, auténticos artistas del gesto de mostrar: Pepe Tejera, Cosme Cortázar, Pilar Romero, Roberto Moll, Carlos Canut, Mariel Jaime Maza, Juan Pagés, Gustavo Gutiérrez, Leopoldo Renault, José Ramón Ortiz, Enrique Serrano, Juan Gómez, entre otros, a quienes imaginamos ahora, diciendo a coro las palabras de William (todas las citas encomilladas de López la redactó María Angelina Castillo). Ellos corean, musitando:
“Fundamentalmente, y no sé si es una metáfora, el espíritu de Carlos Giménez está rondándonos siempre y recordándonos que tenemos que estar vivos; vivos como un homenaje a su memoria. Porque si Rajatabla se acaba, y no creo que se acabe, sería traicionarlo a él”. Dios salve el espíritu eterno de Carlos Giménez.


Texto e imágenes por Alexis Blanco (El Barroco Cronista Cuántico)

10.5.26

Los espectadores opinan: Impresiones sobre el monólogo Claroscuro, por Natalia Altuve

Isidro Morillo en Claroscuro

Desde el momento que entré al Teatro Esencial hubo una sensación vibrante en el aire, podría decirse mágica.

La escenografía, con sus tonos oscuros y luces tenues, me preparó para un viaje realmente emocional. Al comenzar el monólogo, me sumergí en su historia de inmediato.

El actor estrella, Isidro Morillo, a través de su interpretación nos habló de una manera única, reflejando luchas que todos enfrentamos en algún momento de nuestras vidas.

La mayor parte del tiempo me sentí conmovida, especialmente en las escenas más intensas que me devolvieron a etapas de la vida que me dejaron huellas, otras cicatrices y, en todas, aprendizajes.

La actuación del actor Isidro Morillo, quien ganó toda mi admiración y respeto por su pasión y humanismo, fue tan poderosa que podía sentir el dolor y la esperanza de cada escena como si fueran míos.  La conexión emocional fue tan profunda, repito, que me encontré reflexionando sobre mis propias experiencias...tanto que inevitablemente allí dejé mis lágrimas.

La forma en que la obra exploró la dualidad de la vida, con sus claros y oscuros, resonó en mí. Me hizo recordar que todos tenemos nuestras sombras, pero también la capacidad de encontrar la luz.

Fue fascinante escuchar al inicio el Credo de Aquiles Nazoa, como tampoco puedo pasar por alto las bellas damas vestidas de blanco, iluminadas por los reflectores.  Ellas interpretaron en momentos precisos canciones, cuyas letras conmovieron mi corazón, fueron algo así, como voces de ángeles en medio de un mundo en caos.

Parecían divinidades. 

Así también, fue impresionante la interpretación final que nos hizo recordar de dónde venimos, nuestras raíces ancestrales, nuestra cultura Wayuunaiki, sus costumbres, ritos y prácticas.  Realmente me sumergió.

Al final, salí del teatro con una sensación de gratitud, con una nueva perspectiva sobre mis propias luchas y triunfos.

Claroscuro no solo fue una representación artística: fue una experiencia transformadora, un viaje emocional que me dejó reflexionando mucho después de que las luces se apagaron.

Claroscuro es un monólogo que volvería a ver muchas veces más. Representa una joya teatral que vale la pena disfrutar, porque no sólo es una manera de entretener a su público, es una oportunidad de introspección, es capaz de retratar lo complejo de las emociones humanas.  Claroscuro es y será una pieza memorable.


Natalia Altuve.
 

Nota del editor: Miradas al Escenario es un blog inclusivo cuya meta es difundir la labor teatral venezolana. Si eres espectador o espectadora y quieres compartir tus impresiones e interpretación de alguna obra, envía el material a nuestro email

8.5.26

Mr. Hamlet: ¡Viva el arroz con pollo!

 


por Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores

Función del sábado 2 de mayo de 2026

Debo ser el único que ha ido a ver esta obra y, en vez de sonreír cuando comienza, pensó “Ay, coño”. Sé que tengo que hacer el esfuerzo para no utilizar las groserías, pero en este caso es un asunto documental: no me dije “Ay caramba” ni “Ay cónchale” ni “Cáspita, estoy poniendo la torta”, en mi caso fue un “Ay, coño” doloroso, que  lo explicaré más tarde. Por ahora, entremos en lo que causa este divertimento escrito por Aquiles Nazoa.

Doy mi opinión como publicista y así van conociendo cómo es Mr. Hamlet, dirigida por Aníbal Grunn, quien en el segundo semestre del 2024 transformó este sainete, escrito en el siglo pasado, en un musical. El caption en la cuenta de Instagram de la Compañía Nacional de Teatro, que es quien produce este espectáculo, debería decir que esta obra causa: Alivio del Agotamiento: físico y mental. Cura para Dolores de Cabeza: un remedio infalible para cefaleas y neuralgias. Remedio para Problemas Digestivos: para aliviar la indigestión y los malestares estomacales. Tratamiento para la Adicción a la Morfina: remedio ideal para superarla. En especial después de alguna herida ocasionada por la guerra. Bebida de Templanza: por si prohíben la comercialización de bebidas alcohólicas y Mr. Hamlet pasa a ser una alternativa estimulante pero no alcohólica

Y sí, esos textos no son de mi autoría, sino de la gente de Coca – Cola, antes de que la bebida se convirtiera en un refresco; pero es que con Mr. Hamlet es igual, se puede vender diciendo que sirve para todo eso y para más. Es un divertimento, en el amplio sentido de la palabra y de la relación que el espectáculo logra con el público. También lo es para el elenco, que en muchísimas partes hace un gran esfuerzo para no reírse. A veces lo logran, en otras no y eso acentúa lo divertido y la complicidad con el público. Las canciones y las coreografías funcionan como un relojito suizo y además te enamoran y cumplen el rol de ser espejos donde nos miramos y nos encontramos. La puesta en escena se pasea por momentos de mucho movimiento y por otros que resaltan por la carencia de este, se “pule el piso” de todo el escenario de la Sala Román Chalbaud del Teatro Alberto de Paz y Mateos, porque es algo que se requiere; el trabajo con los distintos planos que nos llevan a tener a personajes cerca del público y también muy alejados, es cónsono con lo que se está contando, nos ayuda a asumir distintas miradas; lo mismo sucede con el manejo de lo horizontal. Siempre observamos, hacia los lados, hacia al fondo, hacia nosotros y nosotras. 

Vestuario, maquillaje, peluquería y utilería, son tan austeros como eficientes. Lo de cámara negra, la limita, porque el empleo de elementos escenográficos le hubiese dado otra dimensión con el manejo de formas y colores que irían muy bien con esta obra; en compensación, de la manera como está montada, la pueden representar casi que en cualquier escenario y eso incluye los no convencionales y la calle.

Las actuaciones, en general, están bien, y en algunos casos, como los de César Castillo (Narrador), Dora Farías (Reina), Omar Churión (Rey), Livia Méndez (entre las 5 Grandes), Gerardo Luongo (Polonio), Amilkar Antonio (Horacio) y Miguel Ángel Treccia (Hamlet), muy bien; brillan como elenco (y son veintipico).  Ahora, si se me permite, me toca sugerir que la CNT debe desarrollar más a sus elencos en la actuación para comedia. Sé que las comparaciones son odiosas, pero es que si uno recuerda El sentido de la vida, esa maravillosa película de los Monty Phyton, notará cuánto margen hay para crecer; o Sopa de Patos de los Hermanos Marx. Lo mismo pasaría si vemos algunos sketches de Los Mendigos de El Show de Joselo, de Perolito y Escarlata y Flora y Hortensia de Radio Rochela; incluso Asesinos por naturaleza de Oliver Stone, que tiene un excelente manejo de un humor ácido de finales del siglo pasado.

En teatro venezolano, recordar Machete Canibal de Río Teatro Caribe, el monólogo Actúa con Regina Espina con Annie Ferrer y Tropical de Gregorio Magdaleno, es una forma de introducirnos en un tipo de humor local que conecta con lo que Aquiles Nazoa plasmó en el papel con Mr. Hamlet. Quiénes somos.

El diario El Universal publicó el 28 de junio de 2018, la crítica de Edgar Moreno – Uribe, sobre Tropical, quien, entre otras cosas, escribió “Es una indagación teatral, donde se suda, como ha dicho el director-autor Magdaleno, para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos. “Entonces nosotros como espectadores podemos conocer lo que podría ser el cliché, la iconografía de lo tropical, es decir, por ejemplo, los mambos, los bailes, los merengues, las cumbias, que de alguna manera signan una manera de ser y que nos contrastan en nuestra mirada interior…” 

De allí viene mi “Ay, coño”. De saber, que si conociera en profundidad sobre el canibalismo cultural que impulsaba el Movimiento Antropofágico del Brasil de los años 20 del siglo XX o mucho más de Aquiles Nazoa, para conocer de manera amplia lo que él se planteaba con este libreto; entonces tendría más aristas para escribir la crítica, en vez de esta carencia cultural que me acompaña. 

Si alguien no ha visto Hamlet, ni conoce del libreto, esta obra, Mr. Hamlet, le podría parecer una pieza original totalmente caribeña – venezolana. La CNT logra el principal objetivo de Nazoa, que consiste en echar el cuento de Hamlet a lo venezolano. Lo logra Aquiles, desde la página 1 “PRÓLOGO: Noche oscura, triste y cruenta, como cuenta de doctor. Pasa el cuervo pavoroso del famoso never more.” y también Grunn desde la primera coreografía de esta acertadísima concepción que la convierte en un musical. Lo antropofágico está en cada escena, cada gesto de los personajes es un gesto de aquí, no de Inglaterra ni de Dinamarca, la Reina borracha es nuestra y no aceptaremos que nadie nos diga que es danesa. Así que se cumple lo que iluminó Moreno–Uribe sobre Tropical: “… para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos”. Quiénes somos.

La Compañía Nacional de Teatro está gritando que somos venezolanas y venezolanos, en un momento histórico donde una parte de la población se está preguntando ¿Y ahora qué somos?

Me pregunto, ¿Somos lo que somos debido a lo político, a un estatus jurídico, a una definición constitucional o lo somos debido a nuestra manera de ser, nuestra cultura, nuestra identidad? Si la respuesta es lo segundo, entonces al proteger eso que somos, siempre podremos volver a lo que fuimos en los otros ámbitos, reconstruiremos lo que estaba.

Esta crítica se escribe en una ciudad que en 1641 quedó hecha escombros, debido a un terremoto en el que falleció más del 70% de la población. El 90% de quienes sobrevivieron, se fueron de la ciudad por temor a otro terremoto, porque perdieron sus viviendas, por las enfermedades que se generaron por la descomposición de los cadáveres, porque es casi imposible mantener cierta estabilidad psicológica si se vive en un lugar convertido en cenizas. Puede parecer insólito o milagroso, pero quienes se quedaron la volvieron a poner de pie. Uno de los libretos en los que estoy trabajando, como dramaturgo, es un monólogo sobre ese terremoto, de un hombre, afrodescendiente, quien sobrevivió y decidió quedarse en esa ciudad. Se llama “Caracas nunca muere”.

Asumo como tarea, en el mediano plazo, saldar la deuda de la falta de conocimiento en profundidad sobre el Movimiento Antropofágico y también sobre Aquiles Nazoa, que uno lo admira y lo ama, pero debe tomarse más en serio su estudio.  Así que bueno ¡Viva el arroz con pollo!… coño.

PD: “¡Viva el arroz con pollo!” Es el mejor parlamento de toda la obra. En él se condensa lo que Nazoa buscaba con Mr. Hamlet.

FICHA

Agrupación: Compañía Nacional de Teatro @cnteatro_ve

Dramaturgia: Aquiles Nazoa.

Dirección: Aníbal Grunn @agrunn

Actuación: Gerardo Luongo @gerardoluongoz , Dora Farías @dorafariasz , Yurahy Castro @yuracastroc , Omar Churión @omarchurion , Amilkar Antonio @thevikingart , Jo Sé @jose.venescena , Angélica Rinaldi @anggelikrinaldi , Ariana León @arianaleon_ , Andersson Figueroa @anderssonfigueroa , Leonardo Ayala @leonardoayalaofici , Livia Méndez @liviamendez_actriz , Irmary Mota @irmarymota , Miguel Ángel Treccia @miguelangeltreccia , Yhannelys Medina @yhanmedina , Yendy Vegas @yendyvegas , Eduvina Soto @eduvina95_ , Gema Castro @soygemacastro , César Castillo @uncastillodecesar , Yoel Rodríguez @soyyoelactorfit , Lenin Antequera
@leninante_ra , Yoe Ramírez @remixeador .
Dirección Coreográfica: Miguel Issa
@miguelissa62
Entrenamiento corporal: Emérita García 
@laeme1313
Producción general: Rufino Dorta 
@rufino_dorta @cnteatrove.
Productor Encargado: Arístides Muñoz  
@aristidesm21
Música original: Ignacio Barreto
Arreglos Musicales: Jesús Milano.
Composición musical: Julia Carolina Ojeda
Vestuario: León Padilla 
@leonciolion
Diseño de Iluminación: Alejandro Martínez 
@thecat9347
Sonidista: José Gabriel Alejandro
@callme.wolf
Técnico: Víctor Quiñonez, Pastor Peña.

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

6.5.26

Exitosa Toma Teatral de MOTEVO por la Soberanía Nacional

 Exitosa Toma Teatral de MOTEVO  por la Soberanía Nacional

Títeres Tuqueque resaltó la memoría histórica con su fantasía.


El pasado 3 de mayo, en la plaza Candelaria de Caracas y durante más de seis horas ininterrumpidas, el Movimiento Teatral Venezolano Organizado (MOTEVO) desplegó una jornada de resistencia cultural que reunió a más de cien artistas y promotores populares, en una muestra clara de que el arte nacional no se doblega ante ante el Imperio.

Las narradoras orales se hicieron presentes

Fue una jornada gestada desde la autonomía organizativa y el esfuerzo autofinanciado del propio movimiento cultural, demostrando que los teatristas son capaces de sostener su voz sin tutelas, superando con gran esfuerzo, pero a con evidente solvencia, la escasez financiera, como viene haciendo desde hace años en sus montajes. Allí, en pleno corazón de Caracas, se vivió un excepcional episodio de arte y autodeterminación: teatro infantil, para todo tipo de edades, de calle, danza, narración oral y una muestra de la Cruz de Mayo se entrelazaron, para reafirmar los deseos de libertad y la diversidad de nuestra identidad nacional.

Teatro Taima recreó poemas iraníes

En el panorama teatral y cultural caraqueño, resulta especialmente destacable este evento, que a través de múltiples expresiones escénicas se pronunció por reafirmar la soberanía, a la vez que exigió la libertad de los secuestrados del imperio, el presidente Maduro y la diputada Cilia Flores, su esposa. El público pudo compartir, reír o enardecerse con representaciones dramáticas alusivas a la actualidad del país y al compromiso social. La escena trató temas tales como la defensa de la soberanía vulnerada, invocada por Comunicalle; el protagonismo femenino en los tiempos históricos y ancestrales, a cargo del grupo 13 Lunas; la gesta de la Independencia y el nacimiento de la patria, con los títeres de Tuqueque; la mordaz parodia del presidente gringo y de una servil política venezolana, presentada por La Casa del Arcoiris; y la encarnación de señeras figuras de nuestra historia patria, con el grupo Mueca. Otros espectáculos llevaron el lirismo al escenario, como fue el caso del grupo Taima, que recurrió a los poetas iraníes, y de Mosquito Teatro, agrupación popular de larga trayectoria, que escenificó poemas de Aquiles Nazoa y textos de César Rengifo.

Los niños de Mosquito Teatro recitaron poemas de Aquiles
Presentaban y daban paso a las intervenciones artísticas los docentes y teatristas José Gregorio Cabello y Manuel Decán. Señalando la enorme estatua de José Gregorio Hernández en el centro de la plaza, Decán recordó que en 1902 el doctor canonizado se alistó como miliciano, cuando las potencias europeas bloquearon a Venezuela durante el gobierno de Cipriano Castro. «Lo santo no quita lo patriota», agregó una espectadora.

El grupo Muecas dio vivas a la patria 

Con la guía de Gabriela Mari, quien fungió como animadora con algunos juegos apropiados para el amplio espacio, el público infantil también se deleitó sosteniendo grupalmente una enorme tela redonda y multicolor, dando pie a una dinámica interactiva poco común en este tipo de eventos.

Dilia Waikarán y Keudy López en escena
Las participaciones no grupales fueron constantes y bien recibidas: las narradoras orales Francis Rodríguez, Carmen Díaz, Celmig Márquez y Mayeli Hernández; y una aplaudida escena representada por los veteranos actores Keudy López y Dilia Waikarán. Quizás uno de los momentos que más llamó la atención fue la intervención de un grupo artístico de niños y jóvenes de la Escuela de Sordos ejecutando un baile de tambor afro, lo cual es una estampa excepcional en cualquier escenario venezolano y una poderosa muestra de creatividad e inclusión estética.

La Sayona y Trumpoleón Malaparte enardecieron al público

Los espectadores asistentes (que pudimos contar por cientos rotando en la plaza desde el mediodía hasta las siete de la noche, sin que decayera ni un instante la afluencia) con frecuencia interactuaron con la escena de manera muy expresiva, con vítores y gritos, en solidaridad con el presidente Maduro y la diputada Flores, secuestrados el pasado 3 de enero. Fue la expresión clara de un pueblo que no olvida el acoso imperial, y de que el arte puede ser a la vez creación estética, tribuna pública y trinchera de ideas.

Siguiendo la onda de una arraigada tradición venezolana que se celebra desde tiempos inmemoriales en muchos barrios y pueblos, despidiendo al sol y como telón del nutrido acto, se ejecutó una muestra didáctica, con sus respectivas décimas, de un velorio de Cruz de Mayo. Sin embargo, podemos decir que la toma teatral no terminó cuando cayó la noche: sigue resonando en cada uno de los espectadores, que compartieron una larga jornada de arte y rebeldía.

El grupo 13 Lunas evocó a la mujer de los pueblos originarios

Esta es la segunda toma gestionada por MOTEVO en lo que va de año. En la primera, realizada el 3 de febrero a un mes de la agresión, hizo causa común con personalidades y agrupaciones escénicas de 13 estados que se activaron ese día para manifestar con su trabajo artístico el rechazo a la vil injerencia extranjera.  

5.5.26

Ensayo: La semiología y el discurso teatral, por Eduardo Bravo


Imagen tomada del Taller Dramaturgia del espacio
por Ramon Grifero, Chile 2023.

Ensayo: La semiología y el discurso teatral 

Una mirada para la estructura semiológica de una puesta en escena posmoderna. Dentro de los conceptos de semiótica o semiología

 

Autor: Eduardo J. Bravo G.

La semiología o semiótica.

Hablar de la semiología o semiótica, desde los griegos hasta la actualidad, no sería absurdo pero si un tanto dramático, puesto que acarrea otro trabajo de análisis y de indagación. No obstante, es necesaria para este trabajo. Esta rama de la ciencia posee varias vertientes, cada uno de sus postulados difieren entre sí, ya sea porque algunos se contradecían o congeniaban en una u otra tesis   según lo que indica Fernando del Toro (1987), en su libro Semiótica del Teatro, del texto a la puesta en escena. Lo que sí es válido mencionar, por ser una ciencia, es que ocupa gran parte de la vida humana, de sus muchas facetas como: los lingüistas, lógicos, filósofos, psicólogos, biólogos, antropólogos, psicopatólogos, sociólogos y especialistas en estética. Fernando del Toro (p. 4).   

La semiología o semiótica, para Charles Sanders Peirce (s/f) en su libro La ciencia de la semiótica indica que es: "la que aborda lo referente a la interpretación y la producción de los sentidos. Quiere decir, que ejecuta estudios significantes, objetos de sentidos, discursos y los procesos de sistemas de significación, lenguajes, a ellos asociados como lo son: la producción e interpretación" (p. 12). En este aspecto, se puede notar que toda producción e interpretación del sentido constituye una práctica significante. Se pretende aclarar este punto, que es un proceso de semiosis que se vehiculiza mediante signos y se materializa en textos como lo afirma Peirce. 

Referente a la semiosis se puede indicar lo que Max Bense y Elisabeth Walther dicen en su libro “La semiótica Guía alfabética” (1975), refiriéndose a Peirce, quien fue el que introdujo el término de semiosis lo cual apunta lo siguiente: “para los procesos de signos, así como para procesos que ocurren en signos o bien en repertorio de signos, que es todo proceso que realiza una relación triádica de signos y esto representa una semiosis” (p. 141).

En este punto se aclara un proceso que realiza una relación triádica de signos, lo cual representa una semiosis. Dentro de este aspecto se comenta que la relación del ser humano con el mundo, con su entorno, la naturaleza misma, está mediada por los signos, según Bense. Se observa que desde siempre esto le ha servido al ser humano para describir la naturaleza, para comunicarse entre sí: lo cual lo entiende como un acto comunicativo y esto, a su vez, de una producción de sentido, que es lo que los teóricos generalmente entienden por semiosis. Respecto a este tema, Fernando del Toro (1987), indica:

 

Esta noción antiquísima procede de la medicina en Grecia, donde significaba, y significa, síntoma. Desde el punto de vista de la comunicación la semiosis implica al menos tres elementos: un signo-vehículo o significante, un designatarum, o a lo que refiere el signo o significado, y un intérprete que lo interpreta o percibe como signo. (p. 88).

Claramente se evidencia que dentro de este proceso de semiosis se aplica la cooperación de tres sujetos como lo afirma Charles S. Peirce, indicando que: “Por semiosis yo entiendo (…) una acción o influencia que es o que implica la  cooperación de tres sujetos, tales como un signo, su objeto y su interprete”. (Ob. Cit. P. 88).

Más adelante, se da cuenta del conocimiento que se presenta en el pensamiento triádico de la semiosis de Chales Morris, donde alude que: “El proceso según el cual alguna cosa funciona como signo puede llamarse semiosis (…)”. Morris los coloca en cuatro elementos: “los mediadores o signos-vehículos, los referidos a signatas, el efecto producido en el interprete o interpretante y los agentes o interpretes”. (Ob. Cit. p. 88).

Se observa que el primero es todo aquello que actúa como signo y puede pertenecer a diferentes modos de percepción, como por ejemplo: una palabra, un dibujo, un gesto, entre otros. El segundo, es el aspecto en el que dicho signo es pertinente, es decir, el objeto es aludido por el signo, abriendo la posibilidad de que exista como objeto o como conjunto de objetos. Si ese objeto existe realmente como referencia se habla de denotatum, si el objeto al que alude un signo no existe es un denotata. (Ob. Cit. p. 88).

Mientras que en el tercero se define lo siguiente: Morris indica que este es el efecto que se produce en el intérprete, que tal efecto es la respuesta que el intérprete tiene del designatum y que puede estar: “dentro de los procesos psicológicos / cognitivos, generando así cambios visibles en el intérprete. Por último, el intérprete es quien percibe y entiende el signo como tal, en este caso, el ser humano”. (Ob. Cit. p. 88). 

En tanto a esto, Fernando del Toro afirma que esa noción de semiosis en el fondo son una, pues esta se forma por un signo. De igual manera el objeto que es denotado por éste, y el mismo sentido que adquiere ese signo denotado al ser interpretado por alguien. Habla también que el teatro se aparta de cualquier práctica lingüística, puesto que en él existen referentes concretos y presentes. Lo dice por lo del comediante, objeto y otras múltiples cosas que están en el teatro. Porque expresa y afirma sobre la multiplicidad de subsistemas dentro del teatro, como se puede ver en el vestuario, el decorado, escenografía, iluminación, utilería, la cual tienen su propia forma de significar.

En este mismo contexto se entiende, en primer término, que la semiología es una ciencia que estudia la producción del significado de la sociedad. Es muy importante, porque bajo estos parámetros se pueden realizar ciertos estudios a la hora de aplicar esta forma y así lo ha establecido el estudio realizado por Max Bense y Elisabeth Walther. Al notarse que existe la semiótica de la significancia y la semiótica de la comunicación, se aclara que dentro de esta ciencia se estudian los sistemas de signos, específicamente donde se producen textos y los códigos que realizan el intercambio de mensajes que es lo que han indicado estos dos autores. Ahora bien, esto es muy reciente, pues a principio del siglo XX los investigadores Saussure (1857-1913), lingüista de origen suizo y Charles Sanders Pierce (1839-1914), filósofo estadounidense, tuvieron la noción de que debería existir una ciencia que estudie los diferentes sistemas de signos, lo cual asumida por una gran gama de seguidores que realizaron numerosos estudios en los años treinta, como la escuela formalista de la Europa Oriental, profundizaron con mucha fuerza en este campo.

El término semiología irrumpió en las ciencias humanistas gracias a Ferdinand de Saussure (1857-1913), o más bien a su curso de Lingüística General. Reconstruyó los pasajes más conocidos pero que han de servir de hitos a todo intento dentro de las ciencias sociales. Al respecto Fernando del Toro, parafraseando a Saussure, indica que: “La lengua es un sistema de signos que expresan ideas, y es por lo tanto comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos” (p. 89).

Charles Morris (1971/1985), en su libro “Los fundamentos de la teoría de los signos”, expresa que la semiótica por ser una ciencia posee doble función: es ciencia y al mismo tiempo instrumento de ella, porque se estudia todo signo que el ser humano ha creado, estimula el autor: “que a la vez que lo nuevo se va creando del mismo modo se va haciendo ciencia”. Con esto plantea que la semiótica por estudiar el signo, está unificando todas las ciencias en sus fundamentos, y que: “el signo, no es determinante de cada una, sino que es en sí elementos intrínsecos en la comunicación del ser humano” (p. 24). En palabras más técnicas, Charles Morris define la semiótica de la siguiente manera:

 

Es una ciencia de igual importancia que las restantes, que estudia cosas y las propiedades de cosas a las propiedades de cosas en tanto en cuanto su función es servir como signos, también es el instrumento de la totalidad de las ciencias, puesto que cada ciencia utiliza y expresa sus resultados por medio de signos. (Ob. Cit. p. 25).  

En este caso, buscar una definición de la semiología, siendo tan diversos como diversos los postulados, puede que parezca imposible. Pero no es así, en el entendido que, siendo una definición nueva supone una mezcla de unas con las otras. En este aspecto se señala primero la definición que hace Saussure, quien siendo citado por Humberto Eco (1976/2000), en su libro Tratado de Semiótica General, afirma que: “la lengua es un sistema de signos que expresan ideas y que por ello es comparable con los demás sistemas de comunicación como los gestos, los ritos simbólicos, la escritura con las distintas señales, en fin con la cotidianidad del ser humano”. (p. 31). Se visualiza que el autor plantea que la semiología es el devenir de todo lo que en la cultura hay y existe. Por tal motivo lo ve como la ciencia que estudia: “la vida de los signos en el marco de la vida social, podría formar parte de la psicología social, y por consiguiente, de la psicología general”. (Ob. Cit. p. 31.).

Marcando un punto muy importante, se halla nuevamente con la obra ya citada de Fernando del Toro, cuando hace referencia de Tadeusz Kowzan (1922-2010), donde esboza en la siguiente cita, un comentario sobre el signo:


Un signo es un elemento que representa a otro; por ejemplo, una palabra representa al objeto que nombra. Un signo siempre consta de dos partes: un material, perceptible por los sentidos, a la que llamamos significante, y otra inmaterial, psíquica, conceptual, a la que llamamos significado. La cosa que es representada se llama referente. Existen signos naturales y signos artificiales. (…) (p. 20. Ob. Cit.).

El signo.

       En torno a este caso, Fernando del Toro refiriéndose al signo, indica que se puede encontrar con un punto de mucha importancia sobre lo que es el signo o signos lingüísticos. Y que se identifica claramente, que es todo aquello que se utiliza en el acto de la comunicación, porque tiene algo que se quiere transmitir, percibir o conservar. Porque casi nada escapa de esta forma del signo, ya que casi todas las cosas, en cuanto a forma sensible del mundo son signos. Por lo tanto aportan  una significación: se puede indicar, por ejemplo: el aullido de un lobo, un viento soplando muy fuerte, una luna llena, las luces de un semáforo. Esto lo vemos desde tiempos remotos, donde se observa que el signo lingüístico es el más utilizado en la comunicación humana, porque pasa a ser el elemento esencial: las palabras. Obsérvese que el signo lingüístico está formado por significante o expresión y significado contenido. (p. 90).

Fernando del Toro (1987), argumentando sobre lo que dice Peirce, que la mayoría de los signos lingüísticos son monosémicos, para un solo significante hay un sólo significado. El autor explica más en la siguiente cita:


(…) casa, niño, hombre, aunque también es frecuente encontrar signos, en los que a un significante le corresponden varios significados, o al contrario, a un solo significado le corresponden varios significantes: pluma de ave, pluma de escribir, hoja de libro, hoja de planta, hoja de afeitar. O el significado de la palabra perro puede expresarse con distintos significantes: can, chucho… (p. 90).

En este aspecto, el autor argumentando sobre lo que dice Peirce, donde expresa que los signos naturales y signos artificiales están basados en una clasificación según la índole del emisor. Estipula de esta forma que: “signos naturales son los que tienen su origen en fenómenos naturales, humanos o no humanos, aunque siempre son índices: el humo, la fiebre, los gestos. Signos artificiales son los creados o fijados expresamente como signos: El alfabeto Morse”. (Ídem, p. 90).

Al respecto Max Bense y Elisabeth Walther. Aclara un concepto sobre el signo parafraseando a Charles Peirce, donde dice que:

 

Entendemos por signo algo que responde por otra cosa, que representa otra cosa y que es comprendido o interpretado por alguien. Así pues, un signo es una relación de tres miembros, o triádica, compuesto por el signo como medio (relación signo-medio M) (relación signo-objeto O) y por la conciencia interpretadora, el interprete o signo interpretante (relación signo-interpretante I). El signo no es, pues, un objeto con propiedades, sino una relación. El signo que muestra uno o dos, pero no los tres correlatos de esta relación, no debe comprenderse como signo. De manera formal la relación de los signos se pueden caracterizar como: R= S (M, O, I)  RS ((M→  O) → I) RS = (M→O.→ I) (p. 155).

Dentro de este aspecto, se nota que es la clase de asociación más importante en la comunicación humana. La noción del signo, (sema), ha sido afortunada en la filosofía y en la historia de las ciencias así como lo ha establecido Bense y Walther. En este sentido se comprende, al plantearnos el teatro como un arte constituido por una suma de signos, en el fondo de cuyas representaciones se agita el más urgido afán de comunicarse o comunicar algo que es lo que Fernando del Toro nos refiere. Sobre este punto, dos aspectos básicos cobran relieve; la presencia del teatro, en tanto que signo natural, en tanto que espectáculo. Definiendo con mayor precisión lo que se ha dicho sobre el signo en el teatro, se sigue interpretando lo que indica Tadeusz (1922-2010), en su obra “El signo en el teatro”, parafraseado por Toro, expresando:

 

(…) en el arte teatral el signo se manifiesta con la mayor riqueza, variedad y densidad. En una representación teatral todo se convierte en signo, todo adquiere significado. Significado que a la hora de formar un diseño tenemos que tener claro, los que nos encargamos de esta materia, ya que todos sabemos que el teatro se sirve tanto de la palabra como de códigos no lingüísticos. Utiliza signos procedentes de cualquier actividad o campo: de la naturaleza, de la vida social, de las profesiones y también de todos los demás dominios artísticos. (p. 35. Ídem).

Definiendo con mayor precisión lo que se ha dicho sobre el signo en el teatro, se continúa interpretando lo que indica Tadeusz en su obra “El signo en el teatro”, parafraseado por Toro, donde afirma que: “todos los signos en el arte teatral son artificiales y lo son por excelencia, son resultado de un proceso voluntario, premeditado y con la finalidad de una comunicación inmediata”. No obstante, al ver lo que indica el autor que cualquier signo, una vez utilizado en el teatro, adquiere valor significativo mucho más acusado que en su uso original, “incluso los signos naturales son transformados en artificiales”. (Op. Cit. p. 39).

Sobre este asunto no se pretende en ningún momento explicar las nociones bien conocida por los teóricos del signo lingüístico. Más bien aclarar sobre estos términos que servirán al referirse a la naturaleza del signo teatral. Lo más útil para este propósito es la que pueda integrar el objetivo o referente en el proceso comunicativo y de producción de sentido. Es bien sabido que esta concepción del signo no procede de la lingüística, sino de la filosofía y de la lógica como lo han establecido Peirce y Saussure. Por lo tanto, da un aval de privilegio a la hora de realizar estos estudios si se observa que estas disciplinas son donde más se han puesto atención a la relación del signo con el objeto y en la naturaleza de esta relación. Pero para este trabajo da, particularmente, mucha importancia por el proceso del significado en el teatro, y a diferencia del discurso literario, los objetos tienen una existencia concreta, una presencia real. Al respecto Fernando del Toro, enuncia que:


La semiología literaria diera importancia, o privilegiara una concepción lingüística saussuriana o hjelmensleviana, puesto que en los discursos literarios no enfrentamos a una substancia de la expresión (lingüística), mientras que en el teatro esa substancia es al menos doble (visual y auditiva), sino múltiple, y consideramos las diversas materialidades de la substancia visual (iluminación, decorado, vestuario, gestual) y auditiva (voz, tono, ritmo, timbre, ruidos, música). (Ob. Cit. p. 89.).

Sobre este propósito se exterioriza de una concepción fenomenológica de Edmund Husserl (1859-1938), que es interpretado por Fernando del Toro en su libro citado anteriormente, donde se encuentra claramente delineada la noción de un signo triádico, que Husserl ha llamado el “expresado” y que mantiene este signo dentro de sus tres componentes. Según Edmund Husserl: “en toda expresión (en todo signo) hay:  a) Algo manifestado (significante); b) Algo significa (significado); c) Algo nombrado (objeto. Referente)”. (Ob. Cit. p. 89.).

Si observamos muy detalladamente sobre lo que indica Husserl, también se nota que esta concepción triádica del signo lo es también en otra dimensión. Pero sobre este aspecto dejemos a los teóricos que expliquen con mayor precisión. Fernando del Toro aludiendo a Peirce explica que: “los signos son divisibles según tres tricotomías”. Esta las divide de la siguiente forma:


Primero, según que el signo en sí mismo sea una mera cualidad, un existente real o una ley general; segundo, según que la relación del  signo  con su objeto consista en que el signo tenga algún carácter en sí mismo, o en alguna relación existencial con ese objeto o en su relación con un intérprete como un signo de posibilidad, como un signo de hecho o como un signo de razón. (Ob. Cit. p. 89).

Sobre este tema Peirce (1943), en su libro “La ciencia de la semiótica”, ha realizado el siguiente cuadro:

REPRESENTAMENT

PRIMERO

SEGUNDO

TERCERO

REPRESENTAMENT

Cualisigno

Sinsigno

Legisigno

OBJETO

Ícono

Índice

Símbolo

INTERPRETE

Rema

Desisigno

Argumento

 

Ampliamente se explica en este cuadro todo el proceso del signo y sus formas. Véase ahora como lo plantea Peirce en la siguiente cita:

 

Siguiendo la primera tricotomía, el signo puede ser (como primero), un cualisigno, (como segundo), sinsigno y (como tercero), legisigno; según la segunda, (como primero) icono, (como segundo), índice (como tercero) símbolo; según la tercera (como primero) rema, (como segundo), desisigno y (como tercero), argumento. Esta división tricotómica relaciona cada signo (primero, segundo, tercero) al otro polo de la tricotomía, es decir cada signo puede ser un representamen como 1º, 2º, 3º, esto es en relación a su substancia significante; objeto en relación con la forma de interpretar de cada uno de ellos. En esta tricotomía nos interesa particularmente la segunda, puesto que en ella vemos un empleo privilegiado en el teatro. Con respecto a los otros signos, dos palabras explicativas. (p. 93.).

         Si se profundiza un poco más con referente a este tema, Max Bense Y Elisabeth Walther, indican sobre las Notaciones Semióticas:


El modelo de Peirce, sobre el signo como relación triádica, «es el punto de partida de una notación semiótica demostrable teóricamente, en la cual la semiótica actúa en igual medida de pro y metalenguaje representador, clasificador y relacionador, así como universal, generalizado e intersensual»: (p. 109). Mirándolo desde este punto de vista, se observa de la siguiente forma:

S≡ R (M, O, I) (Ob. Cit. p. 109).

         Dice el autor que al incluir las tricotomías de las relaciones-signo, se puede escribir: “S≡ R [M (cualisigno, sinsigno, legisigno), O (Icono, Index, Símbolo), I (Rema, Disegn, Argumento)]”. También afirma el autor que:


Se entiende por M, el signo como simple medio; por O, el signo en su relación con el objeto a determinar, y por I, el tipo de significado como interpretante. “M” representa, por eso, un repertorio de medios; “O” representa un dominio de objetos, e “I” representa un campo de interpretaciones. Es decir M, O, I,  representan tres variables distintas, Vm, Vo, Vi, que están en lugar del repertorio de los medios de los signos (plano material), del dominio de la designación (signos simples) y del campo de la significación (complejo de signo, conexos, jerarquía, contexto.  (Ob. Cit. pp. 109, 110).

Aclarando que “bajo el aspecto de la función generadora de los signos, M, O, I forman una relación ordenada: S≡ R (M →O→I)” (Idem, p. 110).

Sostiene que el medio (M) introducido técnicamente es el que genera la designación del objeto (O), y es esta designación la que genera su significado (I).

En la siguiente cita se clarifica lo que Pairce entendió el efecto generador:

De M, O, e I por su relación a las categorías de la primeridad (1), de la segundidad (2) y de la terceridad (3.); es decir, toda introducción de un signo significa la introducción de una función generadora en M, O e I, o bien en una primeridad (1), en una segundidad (2) y en una terceridad (3.): S ≡ R (1.→2.→3.) (Idem, p. 110).

         Advierte Pairce, que la primeridad de un repertorio de medios es aquella que genera esa segundidad de esas relaciones que van vinculadas al signo-objeto, que luego comprenden una  terceridad de un interpretante. Y esto atañe consecuentemente a las características de principio del repertorio por la; «posibilidad», de esas mismas relaciones signo-objeto. Menciona el autor que: “por la «realidad y del interpretante por la «necesidad» (de la determinación del significado en el conexo de los signos simples)”. (Ob. Cit. p. 110).

Ha de notarse con mayor precisión al momento que Pairce dice que:


En lo que respecta a la tricotomías de las relaciones-signos M, O e I, o bien de la 1., 2., 3., también están ordenadas generativamente: es decir, en la relación signo-medio M, las tricotomías cualisignos, sinsignos y legisignos representan, en este orden, la primeridad (1.), segundidad (2.) y terceridad (3.), de modo que la relación signo-medio, por ejemplo, en el lenguaje técnico-numérico puede diferenciarse entre relación signo-medio y tricotomías por el valor de lugar en las cifras, y de modo análogo ocurre con las otras relaciones. (Ob. Cit. pp. 110, 111).

 

Para clarificar más este punto véase como lo distribuye Pairce en el siguiente cuadro:

 

(M) = 1.

(O) = 2.

 (I) = 3.

M

1.1= cualisigno

2.1=   icono

3.1=  rema

O

1.2= sinsigno

2.2=  index

3.2=  dicent

I

1.3= legisigno

2.3=  símbolo

3.3= argumento

(Ob. Cit. pp. 111, 112.)

         Sin embargo M. Bense ve estas tres clases principales de signos las cual son representadas de la siguiente forma:


Clase de cualisignos remánticos-icónicos:
(1.1, 3.1, 2.1)

Clase de sinsignos dicéntico-indexicálicos:
(1.2, 3.2, 2.2)

Clase de legisignos argumentítico-simbólicos:
(1.3, 3.3, 2.3)

         Una forma de escribirlo subrayando más relación de dependencia funcional (y, por lo tanto, también generativa), entre relaciones y tricotomías, introducidas por E. Walther, es la siguiente:

M (M) ≡ cualisigno

O (M) ≡ sinsigno

I (M) ≡ legisigno

M (O) ≡ Ícono

O (O) ≡ índex

I (O) ≡ símbolo

M (I) ≡ rema

O (I) ≡ dicent

I (I) ≡ argumento

(Ob. Cit. pp. 111, 112).                               

Ahora bien, viéndolo con mucho más detalle en el libro ya citado de Fernando del Toro, “Semiótica del Teatro”, esboza que el cualisigno es una cualidad, que es signo y por ello no puede, en tal sentido, tener una manifestación concreta que no se materializa. Peirce establece que: “El sinsigno es algo real y existente, y existe por sus cualidades. Por ello implica un cualisigno, es decir, el cualisigno existe sólo como posibilidad de manifestación y es manifestado por un sinsigno”. Al respecto da unos ejemplos que: “si deseamos expresar en el teatro que hay un temporal, para que esta cualidad (viento) sea percibida como tal, debe ser materializada ya sea por la gestualidad de los personajes, por el sacudirse de sus ropas, el volar de papel  etc.”. (p. 93. Op. Cit.).

No obstante, para el ligisigno es simplemente convencional. De esta forma lo plantea Peirce, dando unos ejemplos del ligisigno: “como la cruz, la manzana en la tradición judeo-cristiana”. (Ídem p.93).

Tomando en cuenta la concepción de la tricotomía que plantea Peirce, se nota que lo similar a esto lo diseña C.K. Ogden (1889-1957), e I. A. Richards (1893-1979), al hurgar mucho más sobre la lectura que hace Fernando del Toro de estos teóricos diciendo que: “El famoso triángulo del signo incorpora también la noción de signo triádico. Lo importante para estos investigadores es la naturaleza de la correspondencia entre la palabra y el hecho, (…)”. Aclara el autor que esa relación constituye el problema más importante del triángulo, pues se ve que reside en esa demarcación entre referencia y referente. Con esto está afirmando con sus propias palabras que: “El símbolo remite a una referencia o sentido, el cual remite al referente u objeto (y no se dice objeto real necesariamente).

La relación que media entre el símbolo y la referencia es de casualidad: las palabras en una lengua tienen un sentido” (Op. Cit. p. 92.). Que esas palabras tienen tal o cual sentido. Lo que plantea es muy claro respecto a los referentes y referencia de cómo el símbolo remite a esa referencia o sentido que van relacionados hacia un punto. Más adelante Fernando del Toro lo indica de la siguiente manera:

 

A su vez, la referencia y el referente también mantienen una relación de casualidad, pero ésta siempre está determinada por la contextualización de la referencia. Por ejemplo, si empleamos el signo de granada, ésta tiene varias referencias o sentidos: explosivos, ciudad de España, fruto; a cuál de estos referente remites la referencia, depende puramente del enunciado y la situación de la enunciación. (p. 93).

 

Estableciendo los parámetros dictados por Peirce y demás teóricos, se manifiestan tres sistemas de signo que va a dar mayor profundidad, como lo son: el Ícono, el índice y el Símbolo. Si ahondamos un poco más, Fernando del Toro, expresa que: “el ícono es una imagen, cuadro o representación; es un signo que sustituye al objeto mediante su significación, representación o por analogía, como en la semiótica”. El autor al hacer referencia de lo que plantea Charles Sanders Peirce (1839-1914), donde dice: “es un tipo de signo que se caracteriza porque el significante y significado guardan una relación de semejanza o parecido”. Hace un ejemplo que si se pronuncian las palabras “guau”, “miau” o la mayoría de onomatopéyicas en español, esa escritura ideográfica se base en el uso de íconos. (Op. Cit. p. 100, 101).


Referente al Index (índice o indicio o síntoma), les da esta forma, según lo que revela en la siguiente cita:


En los que el significante y el significado guardan una relación de                contigüidad (de causa-efecto). Así, la fiebre es indicio de enfermedad, el          humo del fuego. Nótese que los íconos del escritorio de un ordenador            (pequeños dibujos) en realidad no son “íconos” (como vulgarmente se les conoce) sino indicios de que uno o más programas están instalados en él. (Op. Cit. p. 101).


Para referirse al símbolo Peirce alude, de que estos son signos inmotivados. Esto quiere decir, que esa relación entre el significante y significado es totalmente convencional. Que ese símbolo es la representación perceptible de una idea, con rasgos asociados por una convención aceptada. Lo esboza de la siguiente forma: “Es un signo sin semejanza ni contigüidad, que solamente posee un vínculo convencional entre su significante y su denotado, además de una clase intencional para su designado”. (Op. Cit. p.114.). Que este sistema convencional permite distinguir al símbolo del ícono como también lo hace muy claro del índice y de ese carácter de la intención para distinguirlo fácilmente del nombre.


Habla que en muchas asociaciones culturales existen símbolos referentes, lo cual se indican de las siguientes formas: las artísticas, religiosas, políticas, comerciales, deportivas, entre otras. También diseña que el símbolo es un representamet, que ese carácter representativo, es una regla que determinará a su interprete y lo expresa añadiendo que: “un símbolo es un signo que remite al objeto que denota en virtud de una ley generalmente en asociación de ideas generales que determinan la interpretación del símbolo en referencia a ese objeto”. (Op. Cit. p. 114.). Afirma con estos ejemplos, las palabras, logotipos, escudos de armas, señales de tránsitos, los cuales son símbolos que representan a una cultura determinada, e inclusive, pasan a ser en muchos casos símbolos universales. En la siguiente cita los denota de esta forma:


Los diferentes tipos de signos pueden combinarse, en el caso particular de la fotografía, por ejemplo se trataría de un ícono (en tanto hay una relación de semejanza con el objeto) pero también es índice puesto que la fotografía se ve afectada por el objeto que representa (la fotografía se produce a través de registrar diferencias lumínicas de aquello que representa). (p. 114). De manera tal que podemos decir que la fotografía sería un signo icónico- inicial. (Ídem. p. 114). 


En cuanto al índice se observa la siguiente forma, en esta nota explicativa de Peirce, según  lo que ha parafraseado Fernando del Toro, ampliando la explicación del índice, diciendo que es un representamet y que cuyo carácter representativo consiste en ser un segundo individual. Asevera que el índice es un signo que remite al objeto que denota, siendo que es realmente afectado por este objeto, como un segundo individual. Explica que a diferencia del ícono, el índice tiene siempre una existencia material, real, manifestada físicamente. Eso lo declara muy afianzado en el sistema de signo, pues revela Peirce que: (…) “existe una relación existencial entre el signo y su objeto, puesto que es afectado por este”. (…). (Ídem pp. 100, 101.). Al respecto, hace el autor algunos ejemplos aclaratorios de lo explicado anteriormente:

 

(…) la vela representa (indica) la dirección del viento; la vela es el significante, un sinsigno cuyo interpretante es el representar  viento norte, viento sur, etc., pero es el viento mismo el que marca su dirección y en este sentido es afectado por el objeto que significa. Peirce señala que en la medida que el índice es afectado por el objeto, posee necesariamente alguna cualidad en común con el objeto, y es en relación a las cualidades que puede tener en común con el objeto, lo que le permite remitir a este objeto. (Ídem pp. 100, 101). 


El autor plantea sobre esto, que esa relación con los objetos que explica, es de continuidad con respecto a la realidad. Y lo detalla con el siguiente ejemplo: “un rayo (es índice de tormenta), una huella (es índice de alguien que pasó por ahí), entre otros”. (Ídem p. 102.). En cuanto al Ícono, dice el autor, que el ícono es la forma de la expresión que es un representamet y que cuya cualidad representativa es la prioridad del representamet como primero, que esa cualidad que posee como cosa la hace apta para ser lo que él llama representamet. Afirma que un ícono es un signo que remite al objeto y que eso denota en virtud de esos caracteres que les son propios. Y lo asevera implicándolo por medio de ejemplos: “Un ícono es un signo que poseería el carácter que lo hace significante, incluso, si su objeto no existe, ejemplo: una raya a lápiz representando una línea geométrica. Pinturas, retratos, dibujos figurativos, mapas. La relación con aquello que se le refiere es directa”. (Ídem pp. 102, 103).

 

Se puede decir entonces, según los explicado por Peirce, que estos tres signos componen esa forma de semiosis que determina fundamentalmente al teatro. Si se observan estos tres signos se constituye toda la obtención de sentido independiente de la médula de la expresión de los signos del ícono, índex (índice), y el símbolo. No obstante, se pueden ver de la siguiente manera: en la parte de  las funciones icónicas tenemos: el ícono como código, ícono visual, ionización del cuerpo, lo gestual, el objeto mimético, ícono verbal, ícono verbal/mímesis, ícono verbal/acción. En la función inicial se halla: función diegética o cual conste en tres funciones. En la siguiente cita de Fernando del Toro, se extrae un extracto de la obra ya citada diciendo que:

 

Esta función consiste esencialmente en tres funciones complementarias que proveen la base donde se desplaza el discurso de los personajes. Es el objeto teatral el que tiene la función diegética central, así, ésta asegura la fluidez del discurso, su linealidad y la continuidad icónica, permitiendo a través del objeto mantener por la estabilidad de un espacio/tiempo. La continuación o extensión de un mismo decorado-espacio le dice al espectador que aún está en un espacio/tiempo. Contrariamente el índice puede dar cuenta por el mimo mecanismo de la ruptura de un espacio/tiempo. (Ob. Cit. pp.108, 109).  

 

De igual manera el índice gestual, el índice espacial e índice temporal. También se consigue el índice social e índice ambiental. En cuanto a la función simbólica, se denotan los símbolos visuales, símbolos verbales. De acuerdo a lo referente del rema, el dicent y el argumento, podemos encontrar en el libro ya citado: Max Bene y Elisabeth Walther , que el rema, haciendo alusión a Peirce:

 

Signo simple o conjunto (abierto) de signos simples que, en la relación signo-interprete, se entiende como predicado, tal como - "es rojo" o "el enamorado de →" etc. Se llama remática a una interpretación, si no se puede interpretar de manera definida una designación (de tipo icónico, indexicálico o simbólico). Desde el punto de vista lógico, un rema (un "concepto") no es ni verdadero ni falso. Si entendemos los signos en la relación signo-interpretante como nexo. Entonces se deberá caracterizar al rema como "conexo abierto" (…) los remas, al no capacitarnos para una decisión (sentencia, acción) sólo pueden despertar sensaciones (emociones, estados de ánimo) (p. 132).

 

 Ahora bien, tomando en cuenta lo referente a lo que nos explica Peirce sobre el Dicent, donde asienta que: “es aquel signo que, en la relación signo-interpretante, es «capaz de ser afirmado»; que al igual que la frase, es lógicamente verdadero o falso”. Afirma que esta interpretación dicéntica comporta un juicio o actuación del interpretante. Habla de esa conciencia humana, de un sistema de reacción orgánico, de máquina. En amplitud se observa que el dicent informa sobre su objeto y dice algo acerca de su objeto. Peirce establece que como dicent genuino es, en la relación signo-objeto, un índex (índice). (Ob. Cit. p. 45).

 

Por lo tanto, el argumento lo establece el mismo Peirce, como la relación signo-interpretante, que este signo representa un conjunto regulado. Más adelante explica, haciendo cita Max Bense y Elisabeth del mismo Peirce que: “en el argumento el objeto aparece de modo simbólico: el signo como medio no puede ser más que legisigno. Es el signo de mayor frecuencia y sólo depende del interpretante, el cual establece las reglas”. En esto Peirce indica al calificar que los argumentos son las figuras finales, las formas poéticas, como el soneto, la oda o los axiomas. Indica de igual forma: “desde el punto de vista lógico, un argumento es aquello que es «necesariamente verdadero» o «siempre verdadero». (Ob. Cit. p. 18). En suma sobre esto, que esa relación con los objetos que representan, puesto que explica que es de continuidad con respecto a la realidad.

El signo teatral.

 

Sobre esta materia, se plantea lo siguiente de los signos de signos. Que también se puede mostrar completamente en el llamado signo teatral, donde juegan un papel muy importante a la hora de la realización de un espectáculo teatral o puesta en escena. Basándose con mucha destreza sobre el texto escrito para el montaje, como lo refiere Fernando del Toro, viéndose desde el primer momento que se abre un texto teatral, todo lo que en él se encuentra son signos de signos, y muy detalladamente signos de cosas. Allí se hallan incluidas, la palabra, el ritmo, el ruido, que vienen a ser signos de objetos. Si se da un vistazo sobre lo que plantea el también teórico y estudioso de los signos Umberto Eco (1932-2016), quien es reseñado por Fernando del Toro en el análisis que hace de su libro La semiótica teatral. Umberto Eco lo indica con el siguiente ejemplo que se cita a continuación:

 

Sobre el borracho que es puesto en una plataforma (en escena) por el ejército de Salvación para expresar moderación y el mal que causa el alcoholismo, la situación es la siguiente: el borracho real por su forma de andar/hablar/vestirse es signo de ebriedad en la realidad. Al ser puesto en escena es el signo de ebriedad que él se toma. El borracho en escena remite al borracho real y a su signo de ebriedad, pero a la vez es signo de moderación en escena. No remite a un borracho en particular, sino a un borracho, a todos los borrachos. (p. 96.).


Sobre este talante, se obtiene de la escena, que el borracho es un signo de signo como lo plantea Umberto Eco, el cambiar del espacio de donde proviene, de ese espacio real al espacio teatral, el signo se transforma, siendo un signo de signo de un objeto. Ahora Eco lo reseña de esta forma: “el borracho puede ser sólo un signo del objeto, cuando es tomado únicamente como borracho y no como borracho empleado para inducir a la moderación”. Aclara mucho más cuando explica que: “lo que está en juego, es decir, entre el signo de un signo de un signo y el signo de un signo, es el símbolo y el índice”. (Ob. Cit. p. 96.).

 

Bajo la misma idea, el autor bosqueja que se interpreta la naturaleza del signo teatral de varias formas: “Lo primero que se debe afirmar con respecto al signo teatral, es que este no puede ser reducido a un sólo signo y mucho menos a unidades mínimas de significación”. E indaga más adelante esta forma de signo: “El teatro es un lugar privilegiado del signo, puesto que en el espacio escénico todo es signo, artificial o natural, todo es visto, percibido como signo por el espectador: la pluralidad y polifonía de signos en el teatro es inmensa”. Un ejemplo de esto es lo que Fernando del Toro explica, que desde ese  momento mismo en que se levanta el telón: “estamos ante una realidad significada por la mediación del signo y de sistemas de signos, de aquel que difícilmente podamos hablar de signos naturales. Así, el signo teatral se plantea de inmediato como artificialidad”.  (Ob. Cit. p. 95.).

 

Dicho de otro modo, se puede encontrar la llamada concepción del texto teatral, donde existen diferentes formas de definir el texto: una desde lo semiológico y otra desde lo clásico. Fernando del Toro (1987), menciona para el primero, a los teóricos Roland Barthes, Jacques Derrida, Philippe Solleres, Tzvetan Todorov y Julia Kristeva; y para el segundo, señala que Paul Ricoeur hace una definición que ejemplifica los planteamientos de lo clásico, viéndose  expresados en la siguiente cita:


La concepción semiológica define el texto como productividad, en este sentido, el texto se considera como la puesta en ejecución en la escritura de la relación destinador-destinatario, escritura-lectura, como dos productividades que se recortan y crean un espacio al recortarse: en la base del concepto de productividad se encuentra el hecho que el texto hace de la lengua un trabajo, pero a la vez el texto es trabajado por otros textos, en la medida que todo texto es la asimilación y transformación de muchos textos, es decir, que en el interior de cada texto opera ( o existe la presencia de una intertextualidad). (Ob. Cit. pp. 53, 54).

Aclara el autor: “En el concepto de productividad se implica, también, un terreno de lecturas de combinaciones, de interpretaciones infinito, como reproductor de la lengua”. Que esto tiene una infinitud, tiene un carácter finito-contingente, debe ir a la doble naturaleza del texto: “la oposición entre feno-texto y geno-texto”. Si se ahonda sobre esta materia, ha de observarse que los autores expresan sobre estos fenómenos que: “En el primer caso, el trabajo de la significancia, es decir, de las múltiples operaciones de la lengua en un campo dado, es fenomenológico, hecho visible en una estructura significante”. (Ídem. pp. 53, 54.).

Para Fernando del Toro (1987), cuando hace referencia a estos autores, establece lo siguiente:

 

Este feno-texto es generado por el geno-texto: es el lugar de estructuración del feno-texto. Podríamos decir esto mismo de otra forma: el feno-texto es el fenómeno verbal (o escrito) tal como se presenta en la estructura de un enunciado concreto; el geno-texto es entonces el que se encarga de las operaciones lógicas inherentes a la constitución del sujeto de la enunciación. Es por esto que hayamos dicho arriba que el geno-texto es el lugar de estructuración del feno-texto. Es en esta relación dialéctica entre ambos componentes del texto donde Julia Kristeva ve la especifidad textual, la cual reside en el hecho que es una traducción del geno-texto en el feno-texto, descubrirle a la lectura por la apertura del feno-texto al geno-texto. (Ídem. pp. 53, 54). 

Lo expresado importa a la auténtica naturaleza del arte dramático, desde la gran tragedia griega hasta los actuales momentos y el estudio del texto bajo el proceso de los signos dan mayor claridad a la hora de comunicarse y de producir textos. Anteriormente se ha notado en los estudios de los teóricos donde afirman que: “la infinitud combinatoria del geno-texto tiene contingentemente un fin (feno-texto) y esto se debe a que este se encuentra en el geno-texto, que genera el feno-texto” (Ibídem. pág. 54) que tiene esa significancia misma. En suma, explican los teóricos parafraseados por Toro: “de aquí que el texto sea la escritura donde se deposita la significancia, el geno-texto constituye las infinitas posibilidades de textualización y el feno-texto es una de esas textualizaciones”. (Ídem. p. 54.).

Tiene algo fundamental en todo esto y es la comprensión y funcionamiento del texto atendiendo al inter-texto o intertextualidad. Como lo afirma todo lo expresado en este libro de “Semiología del teatro” de Fernando del Toro, de una manera general y clara: “todo texto es un inter-texto en la medida que existen en el textos en diversos niveles: fragmentos de otros textos, textos del ambiente cultural presente, o bien pasado o de otras culturas, textos de prácticas discursivas no literarias o artísticas”. (Ídem. pp. 53, 54.).

Al encontrarse con la llamada concepción plástica, también citada en este libro de Semiología del teatro, donde Roland Barthes lo responde desde una perspectiva clásica y luego semiológica planteándolo de  la siguiente manera:


Es la superficie fenomenal de la obra literaria” (…) “es el tejido de palabras en lo posible únicas” (…) “es la obra, lo que suscita la garantía de la cosa escrita, de la cual reúne las funciones de salvaguardia(…) por una parte, la estabilidad, la permanencia de la inscripción, destinada a corregir la fragilidad y la impresión de la memoria: desde esta perspectiva el texto se concibe simplemente como la permanencia del discurso en la escritura, sin tener el carácter de productividad,  inscrito en la perspectiva semiológica (Ibídem. pág. 57).

Sin embargo, la semiosis varía de una práctica significante a otra, puesto que los sistemas de signos en una práctica significante son distintos en su funcionamiento al de otra, aunque conserven estas las estructuras de producción del sentido de signo/objeto/sentido. Bien lo identifica Fernando del Toro cuando expresa: “Luego transformado en signo para referirse nuevamente a un objeto. Por ejemplo, un actor en escena representando un pordiosero es tomado como el pordiosero real, pero luego es transformado en signo, en cuanto imita/mima al pordiosero real, al cual se refiere en la realidad extra-teatral”. (Ob. Cit. p. 94) Estas nociones de semiosis en el fondo son una, la cual se forma por el signo, el objeto denotado por este, y el sentido que adquiere ese signo denotado al ser interpretado por alguien.

En conclusión, afirma Del Toro: “el teatro se aparta fundamentalmente de cualquier práctica literaria e incluso espectacular, puesto que en aquel, además de la palabra, existen referentes concretos y presentes (comediantes, objetos, etc.)” (Ob. Cit. p. 93.). Esta complicación y diversidad de procedimientos reclama describir la naturaleza del signo teatral, es decir, que compone a ese signo y como funciona. En otras palabras, es ineludible librar, o más bien manifestar, la generalidad del signo, para de esta manera  delimitar lo específico del signo teatral.

El discurso teatral.

Dentro del análisis del discurso teatral en los estudios sobre semiología teatral no ha estado muy claro y viene a ser un punto de inquietud para muchos especialistas en esta área de lo referente al discurso teatral. Especificando cada uno de estos componentes fundamentales del llamado discurso teatral, los planteamientos realizados por los teóricos y especificado, por lo que se ha estudiado de Fernando del Toro. Donde informa que la relación debe ser locutor/alocutor, diciéndonos que esto es la estructura del diálogo y que en su parecer no puede haber teatro. Fernando del Toro hace reseña a G. Mounin (1910-1993), donde afirma que: “en el teatro no se da un circuito rectilíneo como sucede con el código básico de la comunicación en la realidad cotidiana: opera de una forma similar, pero en un desdoblamiento de emisores-receptores de signos mensajes”. También plantea el autor del firme modelo de la comunicación en el teatro y hace reseña de otro teórico como Anne Ubersfeld (1918-2010), donde habla de: “a) un discurso informante (discours rappoteur) cuyo destinador es el autor y/ o escriptor; b) un discurso relatado (discours rapporté) cuyo destinador es el personaje”. (p. 21).

Se puntualiza que estos dos tipos de discursos, ambos cumplen distintas situaciones en el teatro, lo cual es planteado por Ubersfeld de la siguiente manera:


(…) la situación teatral o escénica, cuyos emisores pueden ser todos los que forman parte de la performancia teatral: autor, escriptor, comediantes, escenógrafos, director, etc., quienes se ocupan de la producción de las condiciones concretas de enunciación; luego, la situación representada instaurada por la relación locutor (es) alocutor (es) quienes producen las condiciones de enunciación imaginarias. Los dos discursos mencionados arriba (rapporteur/ rapporté) pueden ser subdivididos de la siguiente forma para mostrar el proceso de comunicación teatral. (Op. Cit. p. 21).

Concretando todo lo referente al discurso teatral, puede hallarse con el proceso de enunciación y enunciado, donde indica el autor que la enunciación teatral es: “quizás el rasgo más definitorio de la especifidad teatral. He aquí, según el parecer individual, el discurso teatral se distancia y se distingue de otras prácticas discursivas literarias. Un factor esencial reside en el hecho, y aceptado por todos, de que el teatro: «hablar es actuar y actuar es hablar». Esto se debe a varias razones: primero, la representación (y no ya el texto dramático) fabrica una situación de enunciación que es réplica de una situación real, es decir, los comediantes personajes hablan siempre en una situación concreta, fabricada por ellos mismos e imitando la estructura dialógica. (Ob. Cit. p. 23).

Ahora lo enunciado es lo que expresa el comediante/actor, eso que manifiesta como locutor alocutor enviando un mensaje hacia el espectador, ese yo/tú que reproduce una practica social, pero que a su vez es en realidad un patrón puramente de la comunicación cotidiana, dicho a través de su lenguaje, como comediante/actor, que interpreta un personaje que tiene algo que decir, expresar o manifestar.

En este mismo orden de idea, la Deixis y Anáfora, lo cual como en todo discurso, involucra la presencia de un emisor y un receptor. Sin embargo, se quiere decir con esto, que tanto como deixis y la anáfora dan la contextualización del texto dramático, al igual que en el texto espectacular, estos dos procesos impregnan el acto del lenguaje. Haciendo referencia sobre este aspecto se indica lo que el autor dice en su libro de Alessandro Serpiere y su grupo de investigadores, lo cual señalan lo siguiente: “que toda la función lingüística y semiótica, en el drama, procede de la orientación del enunciado en relación con el contexto”. (Ob. Cit. p. 26).

Más adelante el autor hace referencia a Jon Lyons, que indica: “Entendemos por deixis la localización e identificación de personas, objetos, acontecimientos, procesos y actividades de las cuales hablamos, o las cuales nos referimos, en relación con el contexto espacio/temporal (…)”. (Ob. Cit. p. 26).

Mientras que por otra parte, la anáfora hace referencia a un contexto precedente, es decir, a un antecedente. Lo cual la hace ver que funciona como sustitución de algo antepuesto así lo ha formulado Lyons en sus estudios sobre este tema. Asimismo, se tiene dentro de estos aspectos la deixis enunciativa, que es central en el discurso teatral, lo cual va articulado inmediatamente cuando los deícticos  yo/tú aplican la integración lingüística. La deixis espacial y temporal, que es precisamente donde el intercambio tiene lugar, tiene el tiempo supuesto del encuentro. Ahora, Lyons, según del Toro, se puede notar que la deixis social: “es simplemente en el status de clase donde se mueven los personajes”. Y en la última deixis, que es la demostrativa, el autor es taxativo cuando indica: “que es la parte altiva, es lo indicial de aquel, éste, aquello, lo otro. Lo cual tiene esas dos partes o duplicidad en el teatro, de la función indicial la relaciona con el enunciado/referente y la función indicial representativa que permite referirse a objetos/personas ausentes textuales o escénicamente. (Ob. Cit. p. 36). 

Después de estas observaciones generales sobre la noción de signo y lo específico del signo empleado en el teatro, se deben delimitar los principales sistemas de signos empleados en la representación teatral. Sobre este aspecto, Tadeusz Kowzan (1972/?), en su libro “El signo en el teatro: introducción a la semiología del arte del espectáculo”, aclara con mayor firmeza todo lo referente a la noción de signos y como se encuentran dentro del teatro clasificándolos en el cuadro a continuación: 

Tabla de sistema de signos:

1. Palabra

2. Tono

Texto pronunciado

 

 

 

 

Actor

Signos auditivos

Tiempo

Signos auditivos (actor)

3. Mímica

4. Gesto

5. Movimientos

Expresión Corporal

 

 

 

 

Signos visuales

Espacio y tiempo

 

 

Signos visuales (actor)

6. Maquillaje

7. Peinado

8. Traje

Apariencias exteriores del actor

Espacio

9. Accesorios

10. Decorado

11. Iluminación

Aspectos del espacio escénico

   

 

Fuerza del actor

Espacio y tiempo

Signos visuales (fuera del actor)

12. Música

13. Sonido

Efectos sonoros no articulados

Signos auditivos

Tiempo

Signos auditivos (fuera del actor)

De acuerdo con este cuadro, en su intento de sistematizar los fenómenos de la semiología del espectáculo teatral, su forma y ahondando específicamente sobre los teóricos que se han encargado en el tema, conviene insistir sobre el planteamiento de este Trabajo Especial de Grado referente al diseño teatral y en especial al diseño de iluminación, que no escapa de esos trece signos que plantea Tadeusz Kowzan, entre los cuales se encuentran: la palabra, el tono, la mímica, el rostro, el gesto; el movimiento escénico del actor, el maquillaje; el peinado, el traje, el accesorio, el decorado, la música, el sonido y la iluminación. En cuanto a este último, se basa la investigación y construcción del trabajo especial en cuestión: “La luz como signo semiótico.  Estudio de caso: Montaje de la obra teatral Los hombres de los cantos amargos representada por el grupo Teatro Negro de Barlovento”. Kowzan indica que la iluminación es un signo:(explotado principalmente para realzar los otros medios de expresión, puede tener, no obstante, un papel semiológico autónomo)”. (Op. Cit. p. 47). 

    En conclusión, nos encontramos con la reflexión presentada sobre Una mira para la estructura semiológica de una puesta en escena posmoderna. Dentro de los conceptos de semiótica o semiología. Donde destaca acertadamente su complejidad histórica y teórica. Así lo notamos, en cada uno de los ejemplos y aportes teóricos, como de conceptos de los estudiosos de este tema. Sobre todo lo planteado por Fernando del Toro. Donde se destaca la naturaleza pruri-codificada del fenómeno teatral, que en muchos casos, pasa desapercibida por múltiples razones de aquellos que son practicantes de la puesta en escena en el arte teatral. Aquí, nos encontramos con un fenómeno que se nutre en un campo de diversos postulados, que en algunas ocasiones congenian o se contradicen. La semiótica no se limita a un área, sino que permea la vida humana al analizar cómo se produce el sentido en la cultura, ocupando a lingüistas, filósofos, sociólogos, antropólogos y especialistas en estética. La dificultad de analizar el teatro debido a su naturaleza heterogénea. Lo presentado, divide su estudio en el discurso teatral, texto y puesta en escena, recepción y semiosis teatral, proponiendo que la semiótica teatral debe integrar múltiples sistemas de signos (visuales, sonoros, gestuales). Es lo que se presenta en este escrito, para un mayor entendimiento de manera dinámica que pueda el practicante de la puesta en escena, comprender y tomar como un punto referencial para sus trabajos futuros, con sus aspectos estéticos, corrientes y estilos de la posmodernidad. La disciplina no es unilineal; coexisten la vertiente estructuralista (influencia de Saussure) y la vertiente pragmática/triádica (influencia de Peirce), además de la semiótica de la cultura (escuela de Tartu). La semiótica es, por tanto, fundamental para analizar cómo el teatro transforma un texto en una representación llena de significados, tal como sugiere el texto de Fernando de Toro. 

Lista de Referencias

 

Bense, Max  y Walther, Elisabeth.  (1975) La semiótica Guía alfabética. Editorial. Anagrama. Barcelona. España.

Del Toro, Fernando.  (1987) Semiótica del Teatro, del texto a la puesta en escena. Editorial. Galerna. ·3ª Edición.  Buenos Aires. Argentina.

Eisenstein (1958) El Montaje Escénico.

La Máscara. La puesta en Escena. (s/f) [Revista]. Publicación cuatrimestral de teatro. Nº 78. Editorial. Escenologia, A.C. México, D. F. México.

Sassone, Helena. (s/f.) La semiológica aplicada al teatro, Cuaderno de Investigación Teatral. Ediciones. Consejo Nacional de la Cultura. (CONAC). Caracas Venezuela.

Selden, Samuel. (1972) La Escena en acción. Editorial. Eudeba Editorial de Buenos Aires.  Buenos Aires. Argentina.

Patrice Pavis (1996). Diccionario del Teatro. Editorial. PAIÓS. Barcelona. España.

Eco, Umberto. (1976). Tratado de Semiótica General. (Traducción Carlos Manzano. 5ta. Edición. Año 2000). Editorial Lumen. Barcelona.

Morris, Charles. (1971).  Los fundamentos de la teoría de los signos. (Traducción Rafael Grasa. Año 1985).  Ediciones Paidós. Barcelona - Buenos Aires - México. 

Peirce, Charles Sanders. (s/f) La ciencia de la semiótica. Editorial. Nueva Visión. Colección de semiología y epistemología. Buenos Aires.

Fuentes Electrónicas

Patrice Pavis (1990) Diccionario del Teatro: dramaturgia, estética, semiología. Consultado. [Libro en Línea]. https://es.slideshare.net/leoncaceres2/patricepavisdiccionariodelteatrodramaturgiaesteticasemilogiatii.

Tadeusz Kowzan (1986/1972) El signo en el teatro: Introducción a la semiología del arte del espectáculo. Consultado:  [Material en Línea]. https://datenpdf.com/download/el-signo-en-el-teatro-tadeusz-kowzan_pdf

 

 

Caracas 26 de noviembre de 2018

 

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...