El último mutis de la dama de la escena zuliana:
El
teatro de luto con la partida de la maestra Diana Labrador.
Por Jesús Eduardo Espinoza
El movimiento teatral del Estado Zulia y de Venezuela
hoy se visten de luto y envuelven en un profundo silencio ante la repentina
partida de una de sus figuras más preclaras: la actriz, directora, docente y
gerenta cultural Diana Labrador. Se ha
despedido del plano terrenal una auténtica dama del teatro, recordada no solo
por su elegancia natural al vestir y la belleza de su voz, sino por la rigurosa
disciplina y la alta responsabilidad con la que asumió el arte escénico como un
canal de comunicación e identidad.
Su historia está ligada a las páginas doradas
del teatro regional. Diana dejó una huella imborrable en la Sociedad Dramática
de Maracaibo, bajo la dirección de ese otro gigante y precursor de la dramática
que nos dejó hace poco más de dos años: el maestro Enrique León. Bajo su
tutela, Diana encarnó personajes memorables, formando parte de una generación
de oro que convirtió a Maracaibo en faro teatral.
Fiel a su pasión, la vida le permitió a Diana
despedirse haciendo lo que amó desde que era una niña. Recientemente, brilló
con luz propia en el montaje de la obra Oscuro, de noche, del dramaturgo
venezolano Pablo García Gámez, producida por la Compañía Residente Baralt
Teatro bajo la dirección de Leonardo Isea. Su interpretación de Mercedes, la
abuela de Kenny, junto a un elenco de primera línea, fue el broche de oro de su
carrera. Con este montaje, Diana viajó a Caracas para presentarse con rotundo
éxito en el Teatro San Martín durante el Festival de Teatro Venezolano 2026.
Dios y el teatro le concedieron el hermoso privilegio de culminar sus sueños en
la plenitud de las tablas.
Más allá del escenario, su vocación la llevó a
la gerencia y a la formación como directora de la Escuela de Teatro Inés
Laredo. Allí volcó sus conocimientos, manteniendo viva la llama de la academia
para las nuevas generaciones de creadores.
La maestra Diana Labrador, nacida en septiembre
1948 y fallecida el miércoles 20 de mayo 2026, es considerada una de las
instituciones artísticas más completas de la región. Su carrera abarca más de
cinco décadas de labor ininterrumpida.
Conocida por su faceta de actriz fue una
auténtica mujer del renacimiento teatral; su praxis no se limitó al oficio como
primera actriz. lo que de por sí es un logro.
De impecable técnica vocal, sus intervenciones destacan por la elegancia
en escena y su versatilidad: actuó tanto en drama clásico como en comedia,
títeres, cine y televisión, además de ser licenciada en letras. Se desempeñó como directora y dramaturga,
oficios en tradicionalmente reservado a figuras masculinas: escribió y adaptó
numerosas piezas, especialmente dirigidas al público infantil y juvenil.
Esta multifacética figura incursiona en la docencia
y gerencia cultural: fue profesora de
Historia del Teatro y directora de la Escuela de Teatro Inés Laredo, donde
asumió las riendas de la institución en 1995.
Esta querida actriz participa en numerosas obras de teatro y de cine. Su carrera actoral se dividió entre los
grandes colectivos de la región, como la mítica Sociedad Dramática de
Maracaibo, el Teatro María Calcaño y Baralt Teatro. Con la Sociedad Dramática de Maracaibo, participa
en Profundo, de José Ignacio Cabrujas, y en uno de sus trabajos más recordados, bajo la guía de Enrique León, Romeo y Julieta, versión de
Enrique León; Gardel en el Hotel Granada y Traje de etiqueta; El
médico a palos y Pedro Rimales en las etapas de finales de los 70 e
inicios de los 80. Con el grupo María Calcaño forma parte del elenco de Entre
la luna y los hombres y Te estoy mirando, amor. En el cine regional intervino en películas y
cortometrajes fundamentales para la filmografía del Zulia tales como: ¿Sabes
quién soy? cortometraje de Manuel Mundo; Lossada Girasol en 1993, de
Rafael Araujo; Piragua del sur, 1996, de Ricardo Ball; Holiday Inn,
1998, de Nerio Araujo. Su obra de despedida
de la escena es Oscuro, de noche en 2025, de Pablo García Gámez.
Hoy queda el dolor de su sorpresiva ausencia,
pero nos reconforta el calor de su memoria. Diana Labrador no se ha ido; habita
en el aplauso eterno, en las aulas de la Inés Laredo y en cada rincón del
teatro zuliano que tuvo la fortuna de verla brillar. El teatro continúa porque
Diana queda en la memoria de familiares, amigos y la admiración de los
teatristas de Maracaibo y Venezuela.
Descanse en paz, maestra.

