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15.3.26

La crítica teatral no es un consejo


(Agradecemos a Petroglifos, Revista Crítica Interdisciplinar,
 permitir la reproducción de este artículo originalmente publicado en sus páginas).

Por: Bartolomé Cavallo – Venezuela / Instgram: @teatroacavallo / Correo: cavallobartolome5@gmail.com

En una entrevista que me hizo Oscar Acosta para la revista digital Todasadentro, yo planteo que la Crítica teatral no sirve para nada y no da consejos, según tesis de Fernando Toledo -Función de la crítica. Cuadernos de Picadero N° 8. Argentina- con quien comparto totalmente en cuanto a que casi no posibilita la discusión a lo interno de las agrupaciones; es decir, la Crítica Teatral no da consejos; debería ser, a mi entender, un análisis examinador del proyecto escénico que se montó o se está montando.

Es en todo caso, formular un juicio que desmenuce la información de la puesta en escena y la valoración subjetiva del crítico. Hugo Ulive, director uruguayo, planteaba que él antes de comenzar un montaje, transcribía –a máquina de escribir, para la época– no menos de 50 veces el texto; es decir, -decía Ulibe- yo no me puedo permitir que mis actores supieran más de la obra que el propio director. Traigo esto a colación porque muchos de los actuales directores de teatro, son endebles en cuanto a desentrañar los códigos internos que presentan las obras, pero eso sí, cuestionan al crítico de teatro si este escribe algo que no le gusta. Claro, aquí aparece otro tema como lo es la actual actividad teatral en el país: los directores poco capacitados o pocos transgresores de los códigos teatrales, los experimentales o buscadores de nuevos términos. Por supuesto, también se juntan, de manera general, a actores o actrices que no han entendido el trabajo serio que significa la actuación o los elencos arrastrados por un director para montar cualquier cosa.

¿Entonces, de qué escribe el crítico teatral?

En este sentido, un crítico debería –aquí siempre utilizo el verbo en potencial– analizar lo que vio y no lo que cree que pudiera ser; dar elementos que le sirvan a los expertos del teatro y al público llano para decodificar un espectáculo: la actuación, la escenografía, la utilería, la puesta en escena, el texto –aunque esto es otro tema–, para ofrecer una comprensión más profunda delmontaje. El público no se retira del teatro si lee que un espectáculo es malo; tampoco ocurre que los directores modifican sus propuestas porque el crítico escribe que partes o todo tiene defectos. Aquí la crítica es más un ejercicio de autoayuda; en mirar con otros ojos, que no son propiamente los del director. Yo particularmente no he visto una segunda función re-direccionada porque hubo una crítica a propósito de una obra.

Por lo tanto, observo que los directores se camuflan en el ropaje de que el crítico lo hace por rabia, antipatía o ego. Pero tenemos que distinguir entre crítica y relaciones públicas; la segunda está dada por la complacencia, por exaltar el montaje, por mediar entre el grupo y la taquilla; mientras que la crítica debería estar sustentada en el análisis, en la decodificación del sistema simbólico, de los signos lingüísticos, visuales y sonoros; de la actuación, de la coreografía actoral y en fin, del mensaje semiótico del montaje como un todo. Porque no debería haber cosas buenas o cosas regulares o malas; el montaje es un cuerpo orgánico, es una prueba de relevos, donde la suma de los corredores dará un resultado óptimo. No hay segregación; el hecho de que una luz no entre a tiempo ya el montaje deja de ser excelente. Aquí no se suma sino que se quita. ¿Pero un crítico de teatro puede ver todos los elementos que configuran un trabajo escénico? Claro que no. Pero sí va con ojos y oídos dispuestos a ver u oír lo que posiblemente otras personas no están para ello. Porque en un espectáculo ligero, la mayoría va a festejar, a pasar un rato, a reírse sin andar buscando las cinco patas del gato. Por el contrario, en una obra exigente, hay que prestar mucha atención. Y es posible que esa atención no sea tomada en cuenta por la agrupación.

¿Lo que se propuso el director es lo que salió ante el público? ¿Una puesta en escena es lo que se pensó ante el primer ensayo? No se nos olvide que es el público quien determina si le gusta o no un espectáculo. Recordemos que la película Zyzzyx Road está considerada como la de menor recaudación en la historia del cine, con solo 30 dólares; solo la vieron seis personas a cinco dólares cada una; y no fue por los comentarios de la crítica.

A esto hay que agregar que también aparecen dos posturas: la del crítico que tiene en mente su puesta en escena particular y quien todo lo ve mal, criticando desde el diseño de la boletería hasta la hora de la función. Es este el que hace su propio espectáculo, plantea lo que él haría y no lo que el director hizo. Es frecuente aquí que el crítico escriba que tal escena debió hacerse al fondo del escenario y no en el proscenio como efectivamente se dio; que el traje de la actriz debió ser menos ceñido o que la música tendría que ser más moderna, aunque el espectáculo se da en la Edad Media. Este crítico todo lo ve mal sin justificar un ápice, no da oportunidad para el diálogo -si lo hubiera-, porque los directores no deberían estar en el plano moral para replicar un comentario. Lees y te callas. Esto nos lleva a los años 70-80 donde había hasta un “sindicato” de críticos, con el báculo de la omnipresencia para castigar a quien no le gustara. Y no había réplica como ahora, donde desde un teléfono se puede insultar, maldecir y hasta amenazar.

Yo, que hago crítica teatral en el estado Aragua, me han dicho lambucio, misógino, viejo enclenque y están esperando que monte una obra para desquitarse. Cada vez que escribo me atormentan el teléfono.

El otro crítico funciona más como un jefe de relaciones públicas, media entre el espectáculo y la taquilla.

Pero también aparece un personaje extrañísimo: el que no vio la obra pero la critica; y posiblemente genera mayor atención entre el público que la propia crítica especializada. Es el que comenta la vida privada de los actores o actrices; el que hace entrevistas o publicita el espectáculo. No sé si parte de la taquilla le corresponde.

Pero lo importante de hacer crítica no es comentar la obra; es tan necesario para dilucidar el estado de vida del teatro, sus componentes: actor/actriz-personaje, el seguimiento de salud de las agrupaciones, la robustez de los directores, el crecimiento y profundidad de las propuestas, los giros axiomáticos de las temáticas, las confrontaciones ideológicas, los cambios políticos de los protagonistas, del grupo y del país como un todo; se puede medir los tiempos históricos, la dramaturgia, los desplazamientos migratorios, identificar fortalezas y debilidades en todos los sentidos: actoral, de público, de salas, de escuelas teatrales, de nuevos integrantes y en algunos casos, ofrecer sugerencias de mejora. Vuelvo y repito no para dar consejos.

¿Qué es la Crítica Teatral entonces?

Es un análisis, evaluación y opinión sobre un evento con el objetivo de reflexionar sobre él y ofrecer a los potenciales espectadores una guía de lo que van a ver. También sirve para planificar políticas culturales, específicamente en el área teatral: políticas educativas, infraestructura teatral, modos de acción para los decisores, desde el director hasta los responsables públicos; utilización práctica de los desarrollos internos de las agrupaciones, conformación de un cuadro conceptual y hermenéutico alternativo a las vicisitudes de espacios teatrales, administración de perspectivas y coordenadas que puedan favorecer la re figuración de políticas teatrales y artísticas en general, optimización de la planificación de los directores y gestión gerencial a lo interno de los grupos o espectáculos, diseño de un marco de referencia con voz propia por parte de los directores, desarrollar enfoques prospectivos para los siguientes montajes, afinar un mapa estratégico para la consecución de recursos.

En esta perspectiva, ¿El público pasa a ser un cliente o un aliado de las agrupaciones y del teatro en general?

En este sentido propongo cuatro niveles de análisis:

1.    Nivel Fonológico: Todo lo que tiene que ver con el ritmo de la pieza, la métrica, la musicalidad, las aliteraciones y los silencios. También aquí aparecen las sorpresas, los sobresaltos, el golpeteo; la música, las alturas, la voz teatral, los registros, las tesituras. Es como si cerráramos los ojos para escuchar.

2.    Nivel Semántico: vocabulario, connotaciones, denotaciones, metáforas, metonimias. En qué época está representada la obra, los giros semánticos, los modismos, las costumbres propias de la época.

3.    Nivel Sintáctico: estructura de las oraciones, tipos de palabras, figuras del lenguaje, separación de sílabas, defectos propios de los personajes asumidos por los intérpretes.

4.    Nivel Pragmático: la relación entre los actores y el público; el tono del discurso, las imágenes, la intención comunicativa, dispositivo escénico, proximidad, tipo de teatro, horario, tipo de público, profundidad del mensaje. Aquí hago un paréntesis en cuanto al texto, dado que me interesa sobre todo la puesta en escena y no la obra dramática. Que se entiende como un recurso invaluable para desarrollar un espectáculo, pero también sabemos que un texto flojo pudiera resultar un gran entretenimiento según las habilidades del director y por el contrario, un hermoso texto pudiera ser un garrafal montaje. También está el valor estético, el contexto social, histórico, político que indefectiblemente condiciona un montaje.

Como se observa, detrás de una obra de teatro se esconde un sinnúmero de imponderables a discernir, estudiar, analizar y a presentar ante un público. Entonces, ¿Cuál es la función de la crítica teatral?

Es una guía de observación, es una bitácora de ruta entre el montaje y el público; un camino que se debería transitar juntos. De allí, no hay crítica mala o crítica buena; es la visión subjetiva de otro ojo que no ha cubierto todo el proceso creativo y que no debería saberlo. Entonces, la crítica –en este caso la teatral– es una valoración estética de una obra de teatro, ponderando elementos en una síntesis que dura cerca de una hora de función, en lo inmediato, pero como lo plantee en los párrafos anteriores, sirve para un estudio mucho más profundo a la hora de discernir sobre políticas públicas de arte; ayudaría a los responsables de los organismos o gerentes de oficinas, ministerios y mandatarios a sentarse con los directores para la planificación de un país teatral.

Vuelvo al principio, no da consejos, no es prescriptiva, no intenta desacreditar al director –como principal responsable– solo refleja juicios de valor sin condenar el montaje.

Ahora bien, ¿Dónde está el eslabón que impide que la comunicación fluya entre el crítico, el montaje, los gerentes y el público?

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