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12.3.26

El universo de la representación revela en la escena un vacío ejercicio de la apariencia teatral. Freddy A. Torres González


Para Nietzsche existir expresa el hecho de que algo se dé a partir de un cierto origen.
Ese darse algo en que consiste
la existencia del actor
de todo cuanto aparece
se muestra desde "la presencia escénica", una especie de intuición enamorada
en el que lo que desea y atrae el intérprete
es lo orgánico interpretado,
vacío existencial,
carácter físico
estrictamente emocional,
manifiesta el horror
del hombre buscando el ser aquí y ahora.

La filosofía de la representación
en lo que representa al mundo de la acción
no pudiendo el hombre gozar de él
como un don de la relajación y,
después de la concentración
aparece súbitamente una relación
con el mundo del entorno de las cosas
realidades disímiles, dispersas y plurales.

De repente aparece la quietud respirada
un vacío existencial del mundo,
un armisticio con el entorno de la escena,
para que origine un sentimiento
amplitud, seguridad, serenidad
ante la vida de los hechos de la obra;

La verdad de la técnica del actor
en situación es una voluntad
compartida ahí, preciso, determinado,
una forma de desterrar el miedo,
el peligro, la inquietud y la angustia
buscando el criterio de la verdad
que produce un orden y sosiego.

La verdad de esos momentos
de los actores atrapados por el dominio
de la técnica produce un hacer voluntario
perdurable, escapar del ritmo presuroso
atrapado por la ficción de la obra;
y las pretensiones del director.
La verdad del hecho de actuar,
ver, sentir, pensar y existir en soledad.

El otro ideal cara a cara la vida del personaje
poético, apasionado, con un plan de vida
busca con desesperación redimensionar
lo inaprehensible para hacerlo propio
tolerable, como para comenzar el texto cómodo; el misterio de lo real
cuando en verdad el actor está escondido
intercambiando sucesos, acciones
y la pretensión de su carácter genuino.
El otro ideal lejos de la crisis existencial
que produce los hechos escénicos
es una oportunidad para que "la persona"
viva una relación ideal con:
el partner ideal, la pareja ideal
el oponente ideal y el público perfecto;
es una excelente ocasión para encarar
todo aquello que desea para si,
es un permiso para vivir la fantasía y,
aceptar todas las cosas como son.

Lo que Nietzsche cuestiona
es el hecho de que la vida se tome
cómo argumento para descalificarla
para la creación paralela de un mundo
verdadero.

Los hombres hemos compuesto
un mundo de la apariencia
en el que podamos vivir...
Nadie soporta vivir y actuar de otra manera.
Sin embargo, de todas maneras,
no queda el mundo demostrado.

La justificación de la existencia del personaje
por la vía estética se presenta un paradigma
que confronta la modernidad del teatro;
un mundo hermenéutico que dialoga
con la tradición de la ética y la disciplina el
fenómeno brechtiano del distanciamiento.

Entre el mundo y el hombre hay un pacto,
hacer posible las actividades físicas
de un estilo capaz de producir
un horizonte plástico de expectativa;
incluso superar la premisa de la obra
para superar también el mundo de la vida.

Ahora el mundo del juego aparece,
para la vida como juego perdurable,
para expresar en la escena conocida
también la existencia pensada
un atrevimiento biomecánico del cuerpo
que se constituye en metáfora cósmica.

Se trata de transferir la constitución
de un ser único; eso significa transferir
la esencia ontológica del hombre - teatro
a la totalidad de todo lo que existe,
dónde lo que ocurre es todo lo contrario.

Aquello que es ser hombre,
solo se convierte en juego
posee una soberanía absoluta
con un mundo propio como apunta Nietzsche,
dotado de una razón teatral única,
conducida por la inocencia,
un hombre solo jugando con el mundo
donde atraviesa la apariencia finita
para observar orgánicamente " la vida".

Es decir, avanzar con todo
lo que lo constituye, genera y destruye.

Un ser humano sólo
descubriendo el nacimiento
y la muerte...
infinito y temporal,
una danza lúdica que juega
con el cosmos
el azar y la ternura,
la existencia precoz.

Así vemos al hombre con calma,
instalado con la verdad trágica
con el gozo supremo
libre de decidir su destino.

Lamentablemente,
la experiencia de ver, sentir y ser,
se va con el camino luminoso
atónito
mundano
precoz
Inaudito,
siempre él
en su laberinto,
creador,
artista,
soportando
la incógnita celestial,
dudando,
usando su destino
de llegar a ser
el que ya es.
¡Y punto!

Freddy Antonio Torres González. Mérida 2026.

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