Para Nietzsche existir
expresa el hecho de que algo se dé a partir de un cierto origen.
Ese darse algo en que
consiste
la existencia del actor
de todo cuanto aparece
se muestra desde "la presencia escénica", una especie de intuición enamorada
en el que lo que desea y atrae el intérprete
es lo orgánico interpretado,
vacío existencial,
carácter físico
estrictamente emocional,
manifiesta el horror
del hombre buscando el ser aquí y ahora.
la existencia del actor
de todo cuanto aparece
se muestra desde "la presencia escénica", una especie de intuición enamorada
en el que lo que desea y atrae el intérprete
es lo orgánico interpretado,
vacío existencial,
carácter físico
estrictamente emocional,
manifiesta el horror
del hombre buscando el ser aquí y ahora.
La filosofía de la
representación
en lo que representa al mundo
de la acción
no pudiendo el hombre gozar
de él
como un don de la relajación
y,
después de la concentración
aparece súbitamente una
relación
con el mundo del entorno de
las cosas
realidades disímiles,
dispersas y plurales.
De repente aparece la quietud
respirada
un vacío existencial del
mundo,
un armisticio con el entorno
de la escena,
para que origine un
sentimiento
amplitud, seguridad,
serenidad
ante la vida de los hechos de
la obra;
La verdad de la técnica del
actor
en situación es una voluntad
compartida ahí, preciso,
determinado,
una forma de desterrar el
miedo,
el peligro, la inquietud y la
angustia
buscando el criterio de la
verdad
que produce un orden y
sosiego.
La verdad de esos momentos
de los actores atrapados por
el dominio
de la técnica produce un
hacer voluntario
perdurable, escapar del ritmo
presuroso
atrapado por la ficción de la
obra;
y las pretensiones del
director.
La verdad del hecho de
actuar,
ver, sentir, pensar y existir
en soledad.
El otro ideal cara a cara la
vida del personaje
poético, apasionado, con un
plan de vida
busca con desesperación
redimensionar
lo inaprehensible para
hacerlo propio
tolerable, como para comenzar
el texto cómodo; el misterio de lo real
cuando en verdad el actor
está escondido
intercambiando sucesos,
acciones
y la pretensión de su
carácter genuino.
El otro ideal lejos de la
crisis existencial
que produce los hechos
escénicos
es una oportunidad para que
"la persona"
viva una relación ideal con:
el partner ideal, la
pareja ideal
el oponente ideal y el
público perfecto;
es una excelente ocasión para
encarar
todo aquello que desea para
si,
es un permiso para vivir la
fantasía y,
aceptar todas las cosas como
son.
Lo que Nietzsche cuestiona
es el hecho de que la vida se
tome
cómo argumento para
descalificarla
para la creación paralela de
un mundo
verdadero.
Los hombres hemos compuesto
un mundo de la apariencia
en el que podamos vivir...
Nadie soporta vivir y actuar
de otra manera.
Sin embargo, de todas
maneras,
no queda el mundo demostrado.
La justificación de la
existencia del personaje
por la vía estética se
presenta un paradigma
que confronta la modernidad
del teatro;
un mundo hermenéutico que
dialoga
con la tradición de la ética
y la disciplina el
fenómeno brechtiano del
distanciamiento.
Entre el mundo y el hombre
hay un pacto,
hacer posible las actividades
físicas
de un estilo capaz de
producir
un horizonte plástico de
expectativa;
incluso superar la premisa de
la obra
para superar también el mundo
de la vida.
Ahora el mundo del juego
aparece,
para la vida como juego
perdurable,
para expresar en la escena
conocida
también la existencia pensada
un atrevimiento biomecánico
del cuerpo
que se constituye en metáfora
cósmica.
Se trata de transferir la
constitución
de un ser único; eso
significa transferir
la esencia ontológica del
hombre - teatro
a la totalidad de todo lo que
existe,
dónde lo que ocurre es todo
lo contrario.
Aquello que es ser hombre,
solo se convierte en juego
posee una soberanía absoluta
con un mundo propio como
apunta Nietzsche,
dotado de una razón teatral
única,
conducida por la inocencia,
un hombre solo jugando con el
mundo
donde atraviesa la apariencia
finita
para observar orgánicamente
" la vida".
Es decir, avanzar con todo
lo que lo constituye, genera
y destruye.
Un ser humano sólo
descubriendo el nacimiento
y la muerte...
infinito y temporal,
una danza lúdica que juega
con el cosmos
el azar y la ternura,
la existencia precoz.
Así vemos al hombre con
calma,
instalado con la verdad
trágica
con el gozo supremo
libre de decidir su destino.
Lamentablemente,
la experiencia de ver, sentir
y ser,
se va con el camino luminoso
atónito
mundano
precoz
Inaudito,
siempre él
en su laberinto,
creador,
artista,
soportando
la incógnita celestial,
dudando,
usando su destino
de llegar a ser
el que ya es.
¡Y punto!
Freddy
Antonio Torres González. Mérida 2026.

No hay comentarios:
Publicar un comentario