Asistí el jueves 12 de marzo a la Casa de la Cultura de Maracay para ver al Teatro Estable de Maracay con el espectáculo En la parroquia es la cosa, del dramaturgo venezolano Humberto Orsini (04 mayo 1926 – 26 oct. 2017), en la representación número 100 de este montaje.
Participaron los miembros del elenco estable de este grupo, el más antiguo vigente en el estado Aragua. Ahora bien, no me voy a referir a las actuaciones ni a la puesta en escena, porque ya en otra reseña lo había abordado; me voy a referir a la celebración –parece inusitado- de 100 representaciones de un mismo montaje, porque sabemos que la mayoría de los espectáculos mueren prácticamente con una o pocas funciones.
En este sentido, llegar a cien es, o debería ser, el más exquisito triunfo, para un grupo que ya cuenta con 58 años a cuestas. La representación cien viene desde más o menos del 2015, es decir, más de diez años llevándola por todas partes.
Hasta aquí todo parece bien, pero hay un pequeño problemita que tiene que ver con el espacio y el poco cuido para tal celebración: en un improvisado escenario de la Casa de la Cultura, con público uniformado de amarillo –las franelas decían Joana Sánchez, gobernadora-, y había bastantes, al aire libre y en presencia de un público que evidentemente no fue para esos aspavientos. ¿Por qué no se hizo en la sede oficial del TEM?
Parece que porque no está terminado.
¿Entonces?
Colateral a esto, nos topamos con el irrespeto a los actores, al público y al teatro todo. Allí mismo en la Casa de la Cultura está un espacio abandonado desde hace no menos de veinte años, que hasta estos momentos solo sirve para guardar trastos viejos. Yo vi en ese espacio a Alirio Díaz tocar el Concierto de Aranjuez por allá por los años setenta; ¿por qué entonces no se habilita?
Ya es cansón que los artistas regionales estén desgastándose en firmar cartas, proclamas, remitidos… buscando apoyo. Los Madrigalistas, la Escuela de Arte Dramático, el Teatro Estable de Villa de Cura, como si hacer arte pasaran por el lamento y la pedigüeñería. Ojo avizor con la Aragüeñidad.
Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.
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