(A Carlos Arroyo).
El teatro ha
conservado la necesidad de ir del caos al cosmos como principio ordenador.
El hombre como la escena misma que lo retrata necesita un orden porque teme al caos como a la muerte.
Desde la experiencia cotidiana hasta la visión del universo en su totalidad, apela a principios ordenadores del teatro sin los cuales la vida sería imposible.
En la macro experiencia del cosmos
el elemento ordenador al que el hombre apela puede llamarse Dios o naturaleza como categoría metafísica.
El hombre como la escena misma que lo retrata necesita un orden porque teme al caos como a la muerte.
Desde la experiencia cotidiana hasta la visión del universo en su totalidad, apela a principios ordenadores del teatro sin los cuales la vida sería imposible.
En la macro experiencia del cosmos
el elemento ordenador al que el hombre apela puede llamarse Dios o naturaleza como categoría metafísica.
Este Dios,
esta naturaleza capaz de crear un cosmos del caos, es en el teatro el director,
dios y naturaleza.
Es cierto que lo fundamental en el teatro, la vida, es obra del actor.
Es cierto también que un actor ocupando un espacio ante un público y en situación de representación, es el teatro.
Ni código literario, ni director, ni escenógrafo son imprescindibles hasta allí.
Y asimismo es cierto que, teóricamente, bastaría con la fuerza vincular creativa entre un grupo de actores y de éstos con el espectador, para que el hecho teatral de magnitud y verdad artística se diera.
Pero en la práctica, tal cosa se da de manera escasa porque el teatro es práctica, realización material de los hechos.
Es cierto que lo fundamental en el teatro, la vida, es obra del actor.
Es cierto también que un actor ocupando un espacio ante un público y en situación de representación, es el teatro.
Ni código literario, ni director, ni escenógrafo son imprescindibles hasta allí.
Y asimismo es cierto que, teóricamente, bastaría con la fuerza vincular creativa entre un grupo de actores y de éstos con el espectador, para que el hecho teatral de magnitud y verdad artística se diera.
Pero en la práctica, tal cosa se da de manera escasa porque el teatro es práctica, realización material de los hechos.
En el mundo
trágico de Shakespeare
este interés
del héroe por la posteridad
está
totalmente ausente. por ejemplo
en la obra El
Timón de Atenas cuyo protagonista es el más conocido misántropo de los
tiempos antiguos.
Timón
maldice a todo el género humano
y no cede un
ápice en su odio feroz por el universo. Un crítico especialista en Shakespeare
llega a comparar la misantropía de la obra Coriolano con la de Timón que llega
a citar las soberbias palabras de aquel al abandonar a Roma: ¡Yo os destierro a
vosotros…! "
Pero, ¿cuál
es la causa de esa enfermedad hacia todo lo que proviene de los hombres?
La dicha de
Timón ha consistido en repartir regalos, sin pensar jamás en la reciprocidad de
los favorecidos por sus dones, lo que podría ser producto del cálculo.
De fiesta en
fiesta transcurre así la vida de este hombre, rebosante de energía vital,
prodigando su amistad a manos llenas.
Timón en
cierta ocasión procura explicarles a sus amigos su concepción de la amistad,
ese
sentimiento que lo impulsa a compartir con los otros todo lo que posee;
y así les
dice: ' Hemos nacido para ejercer la beneficencia, y ¿Qué podemos llamar más
exacta y justamente nuestras que la riqueza de nuestros amigos?
Todo lo que
me pertenece es de todos, porque hacer el bien y ser generoso es la única
actitud posible de un hombre noble.
Timón de
Atenas no es una obra de Shakespeare muy conocida,
se monta
rara vez y los conocedores de las obras del bardo inglés no
están seguros
de que sea
una pieza enteramente
Shakespeariana,
ya que el texto que se conserva o tiene varios fallos.
Podría ser
un borrador, o tal vez, una obra
empezada por
Shakespeare terminada
por otro
escritor de la época.
Definitivamente,
la trama encarna el declive
del héroe epónimo.
Al principio, Timón,
el rico
generoso por excelencia,
está siempre
rodeado de aduladores.
Regala tanto
a sus amigos que,
al cabo de
poco, no le queda nada.
Además,
tiene muchas deudas y, por eso,
pide ayuda a
sus compañeros.
La respuesta
es unánimemente negativa.
En
consecuencia, Timón abandona
la sociedad
y vive, tal como el Rey Lear,
al aire
libre. Incluso cuando descubre
una enorme
cantidad de oro enterrado,
se niega a
volver a hacerse rico y regresará
a la ciudad
que lo destrozó.
Al morir
Timón, la paz vuelve a Atenas.
Timón de
Atenas es digna de llamarse
una tragedia
puesto que documenta
la
decadencia y caída de un personaje
complejo y
noble.
La muerte de
Timón es cruel e ilógica,
pero parece
necesaria.
Se
transforma en un ejemplo de los resultados provocados por la brutalidad de los
seres humanos.
La obra
constituye una condena a la avaricia,
la
hipocresía y la prostitución.
Sin embargo,
como muchas veces
en
Shakespeare, las alternativas
no son ni
claras ni atractivas.
Acaso tenga
Timón toda la culpa
de su
destino, al pensar que puede comprar
y no tratar
amistades.
Otro
personaje estupendo es Apemantus,
"un
filósofo grosero", queda al margen
de la
sociedad; no participa en los juegos
de
servilismo que afectan a todos.
Pero no es
un personaje admirable,
porque no se
siente capaz de cambiar
su descortesía
a pesar de la bondad de Timón.
A lo largo
de la obra,
otro tema se
destaca cada vez más:
la verdad.
Un retratista y un poeta
demuestran
que la realidad artística
varía según
quien controla a los artistas.
La verdad
lingüística desaparece
cuando la
lengua es más débil que la auténtica.
Freddy
Antonio Torres González. Mérida 2026.
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