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11.9.25

Los cuatro de Copenhague, por Patricia Jiménez

 Los cuatro de Copenhague

Por Patricia Jiménez

El premio de dramaturgia en la Bienal Nacional de Literatura Apacuana 2024 lo mereció la obra Los cuatro de Copenhague, de la autora zuliana Lolimar Suárez Ayala. La Compañía Nacional de Teatro ha asumido en 2025 la producción de esta pieza, bajo la dirección de Luis Domingo González y la actuación protagónica de Gerardo Luongo, Luis Enrique Torres, Andersson Figueroa y César Castillo, quienes encarnan a hombres que han ido envejeciendo en la soledad y la añoranza.

El espacio en que transcurren y se entrecruzan las historias de cada uno de los personajes va llenándose de significados y descubrimientos que se revelan al público en una secuencia de relatos sólidamente construidos y enlazados. Los elementos escénicos que se presentan evocan remedos de vivencias comunes o fantásticas: ¿un hospicio, una cápsula espacial, un criadero de mariposas, un centro de reclusión, un hogar de ancianos, una dimensión imaginaria, un mundo surrealista? Por momentos, lo uno o lo otro, y la confluencia final de todo eso en la fórmula más simple y cotidiana, en esa realidad que habita detrás de cualquier pared en nuestras calles.

Aquellos cuatro seres, más allá de sus propias miserias, contradicciones y desavenencias, subliman y se aferran a sus recuerdos, exploran los caminos a su alcance para escapar del encierro que se imponen a sí mismos o al que han sido condenados por la vida, al tiempo que se reconocen a salvo solo allí y al tenerse. Durante dos horas gravita en la sala un contrapunto permanente entre el dolor y la belleza, entre la incomprensión y la solidaridad, la crudeza y la ternura, la decadencia y la esperanza.

Es curiosa la omnipresencia de las mujeres en este texto y sus derivaciones, y no hablo de la ansiada Rosa María (actriz Irmary Mota), colorida inserción en la trama. Me refiero más bien a las que pesan por su ausencia y por cuánto se las necesita. Madres, esposas, amigas, las muchachas… ese sentido del complemento en las hechuras del amor, de la alegría.

No nos dicen poco los silentes cuidadores (actores Yoel Rodríguez, Gabriel Guzmán, Lenin Antequera y Yoel Ramírez) que vemos moverse cuadriculadamente en los límites peligrosos que separan el automatismo de la humanidad, los Vladimires que asisten a los cuatro de Copenhague y que un día, con algo de suerte, también envejecerán.  

Incitante, inspiradora, provocadora de reflexiones, la obra de Lolimar Suárez nos adentra en cualquier geografía y se vale de signos muy venezolanos, pero que conversan en la universalidad de la esencia humana a través de las cartas, los juegos de mesa, las canciones, los papagayos (con sus tantos nombres según el lugar), la radio, las apuestas, la comida, la amistad y los anclajes que toda generación establece con sus remembranzas. Por todo eso, y por su irrenunciable capacidad de soñar, los cuatro de Copenhague hallarán una salida feliz y memorable.

Notas:

Forman parte del equipo de realización: Alejandro Capote (asistente de producción y sonido), Carla Báez (productora), Gerónimo Reyes (luminotécnico) y César Escalona (vestuarista). El director, Luis Domingo González, es responsable de la escenografía.

La obra es apta para mayores de 12 años y se presenta en la sala Román Chalbaud del Teatro Alberto de Paz y Mateo en Caracas, del 11 al 28 de septiembre 2025, todos los días a las 6 pm, excepto los domingos, a las 4 pm.

Las dos primeras imágenes en esta reseña fueron tomadas de:  https://albaciudad.org/2025/09/obra-los-cuatro-de-copenhague-teatro-alberto-de-paz-y-mateos/ y el resto de: https://www.instagram.com/ommproduccion/reel/DOdyK4YDabI/



 

 





30.8.25

En comunión con el arte, por Patricia Jiménez

 En comunión con el arte

 

Patricia Jiménez

Cualquiera sea la creencia o, incluso, el agnosticismo y hasta el ateísmo de una persona, su acercamiento a un espacio ceremonial o de culto suele ser siempre respetuoso. Lo mismo si entramos a una iglesia que a una ermita, una basílica, mezquita, capilla, catedral, templo ortodoxo, sinagoga, mandir, pagoda, santuario, terreiro, humfo, casa de santo… o si asistimos a un ritual al aire libre, ¿cómo nos indica el sentido común que debemos comportarnos? Seguramente en silencio, sin perturbar la paz y la conexión de los demás con su fe, absteniéndonos de tomar fotos o responder teléfonos, evitando llamar la atención por el menor gesto fuera de lugar, cubriéndonos alguna parte del cuerpo, o retirándonos el sombrero, la gorra, el calzado u otra prenda de significado importante para la tradición cultural que nos recibe. Observamos, nos mimetizamos con la colectividad en lo posible, agradecemos haber podido penetrar esa dimensión y actuamos con delicadeza. No importa si pertenecemos a aquel grupo social o si andamos de turistas, de curiosos, de buscadores de un banquito o una sombra donde descansar. Una vez allí, modulamos nuestras maneras propias para no ser disonantes. Pareciera, entonces, que ese sentido de la educación es bastante instintivo.

Foto toma https://www.espinof.com/en-rodaje/te-molesta-el-uso-de-telefonos-moviles-cuando-ves-una-pelicula-apple-prepara-un-modo-cine








Se me ocurre que deberíamos trasladar las salas de teatro, los cines, las tertulias, los conciertos y presentaciones artísticas a centros religiosos, a ver si el público se muestra más considerado para con los artistas que ofician el espectáculo y con el resto de la audiencia. La estoy pasando mal cuando asisto a estos eventos culturales en los que no quisiera que nada me desconcentrase, ni el celular que siento vibrar cerca, mucho menos el susurro (a veces ni tanto) de quien lo contesta, ni la luz de la pantalla de alguien un par de filas delante de mí, ni el comentario de uno que tengo sentado detrás, la risa estridente de otros incapaces de constreñirse igualito que harían con la tos o el estornudo, el chirrido de un paquete que se abre, el crujido de una boca masticando. Es una mezcla de egoísmo y vanidad, porque hay de todo.

He reconocido, entre esos inadecuados espectadores, a gente con reconocimientos y títulos que van al teatro para figurar, para ser saludados y vistos, alardear de sus muchos o pocos conocimientos sobre la obra que se exhibe. Graban, fotografían, ríen estruendosamente, explican un texto en voz alta, gesticulan… se hacen notar. Qué pena, ¿eh? Es triste que necesiten tal cosa, pobres de espiritualidad y de espíritu.

Crecí en un pueblo donde los domingos se juntaban teatreros, trovadores, repentistas, declamadores, poetas… Los niños y los mayores nos sentábamos a escuchar, nadie rodaba la silla; el silencio era sacro. El que llegaba tarde se quedaba de pie al fondo, y aprovechaba para acomodarse en el pedacito de los aplausos. Los perros se echaban en el piso, tranquilos. Si se preparaba jugo, casi siempre de tamarindo, había que hacerlo antes, para que no fuera a sonar la licuadora. Después de todas las actuaciones, a la hora de hablar, se pedía permiso y se armaba una conversa, y nos íbamos luego entonando un corito. De ahí debe haberme quedado esta añoranza, pero también esta certeza de que es sí es posible disfrutar a plenitud.

Foto autorizada bajo  referencia a licencia: Creative Commons Genérica de Atribución/Compartir-Igual 3.0.

Esa actitud de humildad y de amor, pues de eso se trata, no podemos dejarla a la voluntad de la sociedad. Es responsabilidad de las instituciones y del propio gremio cultural incentivar esa reflexión sobre el respeto al quehacer artístico. Así como se regulan otros comportamientos sociales, se deben diseñar soluciones para persuadir al público de ser más empático. ¿Por qué no brindar una sesión para fotos al terminar la función? ¿Es factible destinar puestos especiales cerca de la salida para quienes estén sujetos a posibles avisos de emergencia y deban contestar una eventual llamada? ¿Puede colocarse algún personal de sala que controle cualquier violación a las indicaciones dadas? Quien desee tomar notas, ¿qué tal si juega a garabatearlas en un cuaderno, a oscuras? ¡Es divertido!  Al principio, quizás algunos no lo perciban como lo más confortable, pero sin dudas es un derecho de todos el comulgar en paz, como el Arte manda.

Caracas, 30 de agosto de 2025

29.8.25

“… y palabra” que sí, por Patricia Jiménez

 “… y palabra” que sí

Por Patricia Jiménez

Es un reto para la dramaturgia recrear biografías y acontecimientos célebres sin caer en los moldes maqueteados por el estudio obligatorio, y a veces reproductivo, de la historia, al tiempo de asegurar que la ficción no distorsione la verdad. Qué no se habrá dicho ya de Rómulo Gallegos, de su trayectoria y de sus obras, especialmente en Venezuela. Cómo convertir entonces referencias conocidas en vivencias nuevas, en fascinación y asombro. Dónde colocar el conflicto para tensar la trama y no servirle al público un relato tras otro con pocas consecuencias. Es difícil; lleva oficio y atrevimiento.

El domingo 24 de agosto de 2025 se presentó en el CELARG, por segundo día consecutivo, la pieza Rómulo Gallegos: selva, llano y palabra. Fue un acierto redondo, en el que se conjugaron la pluma de Yoyiana Ahumada, la dirección de Marisol Martínez, la actuación de un elenco de rigurosa calidad interpretativa y un equipo de producción a la altura de una puesta en escena que prestigia al teatro latinoamericano.

Quienes tuvimos la suerte de entrar a la sala, tras una fila serpenteante que desde las cuatro de la tarde fue alargándose en el lobby, nos encontramos con un escritor en el espacio íntimo de su creación, de sus tormentos, de su mundo familiar, sus ansiedades y preocupaciones. Sí, allí estaba Rómulo Gallegos frente a su máquina de escribir, junto a su esposa Teotiste, sin paredes, en una casa atravesada por los paisajes y la gente de su tierra. ¿Cuánto logrará equilibrar sus pasiones este hombre interpelado por la realidad de su pueblo, las voces ensordecedoras de su imaginación y su ternura febril?

La obra no intenta abarcar en extenso la vida del personaje, ni lo necesita para adentrarnos en su humanidad. No hay estridencias ni alardes, todo se ofrece en la medida sensorial justa: imágenes, proyecciones, danzas, luces, sonidos, volúmenes, desplazamientos… un zapateo diáfano de identidad venezolana indiscutible. Dos horas de mesurada e intrépida belleza. Eso nos llevamos.

Antes y después de la función, el público se acercaba a la mesita donde la editorial Sarrapia, en proyecto conjunto con la Fundación Rajatabla, exponía a la venta sus más recientes impresiones, ilustradas por el maestro Leonel Durán, de Doña Bárbara y Canaima. Algún asistente dijo a la salida: “Ahora, cuando lea otra vez estas novelas, voy a sentir más hondo a Venezuela”. Si el teatro ha conseguido esto, es porque ha sido Arte.

Una cita adicional ha sido programada para el sábado 30 de agosto en la misma sala, con entrada libre, en esa esquina donde Rómulo Gallegos sigue viviendo. Si vas, te lo encuentras. Yo misma lo vi, era él … y palabra, que sí.

Notas:

Sobre las tablas estuvieron los actores: Jesús Das Merces, Margareth Aliendres, José Gregorio Martínez, Jessica Arminio, Nathalie Tablante, Luis Palmero, a excepción de los dos primeros, en más de un rol, y los bailarines Carmarys Carrasco y Michell Muccerino.

Los diseños visuales y de sonido son originales y producidos por el estudio de grabación Manoa Audio con Washé. Se crearon composiciones propias para la obra, por Punto Azul.

El auspicio de Ridery y del Banco del Tesoro han permitido la difusión en varios escenarios nacionales de esta obra desde 2024, y del proyecto multidisciplinario en que se inserta.

Una recomendación al público, además de llegar temprano: Hay una escena en que el bailarín danza en el extremo derecho del escenario y quien se siente hacia ese lado podría perderse su ejecución porque una pata de cortina lo tapa. En lo posible, ubicarse más al centro o hacia la izquierda, aunque lo ideal sería que esto se resolviera por la dirección de escenografía.

Una sugerencia a la dirección general: Permitir al público aplaudir suficientemente la obra y a los actores. La interpretación de la canción por el trío Punto Azul como “ñapa” rompe el clima de emoción y sublimidad que prima entre los espectadores al finalizar la función, de un nivel artístico superior.

La foto-collage (segunda imagen en el texto) fue tomada de: https://letralia.com/agenda-pasados/2025/08/20/romulo-gallegos-selva-llano-y-palabra-teatro-celarg/



16.8.25

La magia en El bosque blanco. Por Patricia Jiménez

 La magia en El bosque blanco


Por Patricia Jiménez

Curioso, muy curioso. Lo que se produjo el viernes 15 de agosto de 2025 en la sala Tilingo, ubicada en el parque Arístides Rojas de Caracas, fue un revoloteo de alegría. A las cuatro y media de la tarde comenzó la obra El bosque blanco, en la que tres personajes comparten su pasión por los cuentos. Un árbol (Alfredo Timaure), una niña (Anilec Vera) y una oruga (Stiven Fernández) se encuentran e intercambian historias que leen en hojas escritas, o las narran desde la oralidad de la memoria.

La niña, asombrada ante un árbol que habla y del que cuelgan páginas cargadas de letras, descuida su partitura y se entretiene con los relatos, mientras el tiempo transcurre. Ella deberá volver a su casa, donde su madre espera verla llegar con el papel pautado de notas musicales para practicar la flauta. En el momento de despedirse, ¿dónde está la partitura?, ¿la conseguirá?

Este conflicto sencillo bastaría para armar un hilo dramático. Sin embargo, el autor de la pieza, Daniel Herrera Malaver, no se conforma. Va tejiendo una tela que entrecruza como araña un bosque de preguntas que niños y adultos intentarán responderse. ¿Son válidas las diversas formas de vivir? ¿Cuánto nos aportan la lectura y la escucha? ¿Qué encantos guarda quien nos resulta diferente? ¿Cómo concebimos el amor genuino? ¿Cuál es el valor de la libertad?

Parecieran cuestiones filosóficas densas y no es que no lo sean, sino que están planteadas de una manera cercana, cálida. Una dramaturgia que no subestima la capacidad de comprender que todos tenemos, echando mano no solo de lo que sabemos, sino de lo que sentimos, en lo cual casi todos los niños nos ganan. Daniel Herrera privilegia al cuento venezolano como se merece, y lo hace sin omitir una línea, sin tomar el facilismo por atajo ni renunciar a las metáforas, a las honduras del lenguaje. Por momentos, tuve el temor de que algunas palabras e imágenes pudieran ser complejas o enrevesadas para los más pequeños, pero ellos andaban de ojos, oídos y sonrisas abiertos, así que me fui relajando, confiando en que aquel grupo de artistas sabía lo que hacía.

Dirigidos por Gregorio Meléndez, los integrantes de Taima Teatro mantuvieron de principio a fin la conexión con el público. Lograron deslumbrarnos con la sencillez de un tul y con el brillo de una mariposa monarca. Hubo breves pasajes en los que el sonido o los efectos de audio se tragaron un poco las voces de los actores, pero ellos sortearon hábilmente esos excesos de volumen repitiendo algunas frases para que no nos perdiéramos nada. Reí, disfruté, pensé. Me atrevería a decir que las familias que asistieron se marcharon más que contentas, inspiradas.

Trabajos como este se agradecen, se aplauden. Es responsabilidad del arte abrir a la sociedad canales nuevos que permitan explorar y transformar la realidad, para habitarla por seres cada vez más humanos. Todo eso pasó allí, en cuarenta y cinco minutos de bosque.

 

Caracas, 16 de agosto de 2025

14.8.25

Manuela Sáenz: vine a decirlo todo. Por Patricia Jiménez

Decirlo todo

 


Por Patricia Jiménez

Manuela Sáenz, la heroína latinoamericana nacida en Quito, el amor de Simón Bolívar, murió en Paita, faltando menos de un mes para cumplir 59 años. Allí se refugió por casi dos décadas tras una cadena de tristes sucesos que se iniciaron en 1830 con la muerte del Libertador, su posterior exilio en Jamaica, y el repudio de los gobernantes de Colombia y de Ecuador, quienes le negaron su retorno en 1835.

El dramaturgo venezolano Vinicio Romero Martínez compuso, en una pieza teatral deliciosamente articulada, los cuadros, estampas, vivencias y modales de aquella Manuelita, para permitirnos entrar a su casa, compartir su soledad, su pasión, su fuerza, su pensamiento y sus recuerdos. Ella nos habla mientras dialoga consigo misma y con sus presencias. Está parada en un día cualquiera de 1847, lleva doce años en ese pueblo con mar, al norte del Perú. Su edad, entonces: cincuenta.

La obra fue estrenada en el 2005 y ha girado durante veinte años por muchos escenarios del mundo. El jueves 14 de agosto de 2025, en la Sala Juana Sujo de la Casa del Artista en Caracas, se ha presentado este monólogo con la actuación de Dilia Waikkarán, consagrada actriz venezolana que celebra 60 años de vida artística y protagonista histórica en el rol de la Manuelita de Vinicio Romero. Dirigida por Henry Manganiello, Manuela Sáenz: vine a decirlo todo nos trae una mujer distinta. 

A lo largo de la función, cuya duración es de una hora y diez minutos, estuve preguntándome qué debía esperar de la puesta en escena: ¿una Manuelita convincente, creíble?, ¿una actriz esforzada en encarnar un personaje que ya no le calza? Mi tendencia siempre es a defender el arte y al artista. En bien de la obra y de una Manuelita a la que imagino entrando en el climaterio, aún ágil, desenfadada, e intensa, por más que los cincuenta de hace dos siglos pudieran parecerse a los setenta de ahora, quien represente ese rol no debería rondar los noventa años. No dudo que con 68 Dilia Waikkarán haya sido la Manuelita de 1847. Sin embargo, este desfase hoy no se justifica, ni hay cómo esconderlo. Y sí, para mí va a en detrimento de la obra y de la actriz.

El público no tiene que ser comprensivo o indulgente. Una historia sobre las tablas de un teatro es una realidad para ser vivida por todos. Los elementos de los que el equipo de realización se sirve para involucrar a los espectadores deben estar meticulosamente calibrados y eso incluye, por supuesto y con énfasis, el trabajo actoral. De otro modo, no funciona. Aquí la escenografía (a excepción de un jarrón con flores que molestaba y era innecesario), el sonido, la iluminación, el vestuario y el maquillaje estuvieron bien. Yo hasta me inventé la fantasía de estar contemplando una Manuelita que no murió de difteria en 1856, sino una que siguiera en Paita en 1885. Claro, mi imaginación también tiene sus exigencias y me decía: no, una Manuelita con la edad de Dilia vendría con las reflexiones propias de un ímpetu asentado.

En fin, que eché en falta al personaje y a la actriz en sus respectivas edades. En bien de una artista con una carrera consolidada y todo el potencial para dominar el papel de una mujer mayor, valdría la pena escribir para ella, abrirle nuevas dramaturgias, cuidar de no someterla a roles que no le son orgánicos, que la obligan a atropellar unos parlamentos y retardar otros. Incluso, Dilia se merece un relato en el que venga y nos cuente qué fue de la Manuela que envejeció con ella.

La función se repite, también a las tres de la tarde, el viernes 15 de agosto. Mas allá de estas quisquillas mías, en Manuela Sáenz: vine a decirlo todo hay un texto dramático para apreciar, una producción decorosa que cuidó hasta de la música con que se ambienta la sala antes de iniciar, un rigor en el balance de la historia y la ternura, y una mujer, Dilia, que se muestra atrevida y capaz, sin ser otra que ella misma.

 

Caracas, 14 de agosto de 2025

30.6.25

Regalo misterioso, Patricia Jiménez

                                                          Regalo misterioso, exactamente eso


Patricia Jiménez


Irán es uno de los países representados en el Festival Internacional de Teatro Progresista Venezuela 2025. Yaser Khaseb ha venido a entregarnos su Regalo misterioso por tres días consecutivos desde el 18 de abril, siempre a las 7 pm, en la sala Anna Julia Rojas de UNEARTE. El público, habituado a la franja de tela sobre la que se proyectan los textos en las presentaciones de artistas no hispanohablantes, nota su ausencia. Tampoco hay escenografía; solo un amasijo de hombre bajo un cono de luz.  

Se trata de una pieza unipersonal en la que sobran las palabras. Allí hay un cuerpo que grita, que duele, pelea, se rinde, busca, renace, padece, rabia, confía, enternece, aniquila y refunda sobre sus propias ruinas. Asistimos a una puesta que condensa en media hora la calidad de un dramaturgo, director y coreógrafo, manifiesta en la teatralidad física y emotiva del personaje en escena. La iluminación y la música se confabulan para agrandar la presencia del hombre en su duelo y danza con el único objeto que lo acompaña.  

Cuando acaban los aplausos, otro momento lindo nos espera. Yaser Khaseb nos quiere cerquita, conversar un rato, que preguntemos nuestras curiosidades, escucharnos, liberar su voz. El domingo 20 es su última noche en Caracas por esta vez. La gente se ha quedado abrazando significados.

¿Dónde surge ese hilo solitario que junta mi yo con mi yo, el cordón umbilical que me conecta al universo? ¿Contra qué batallamos? ¿Quién nos salva? La expresividad del actor se hace en cada músculo, en cada movimiento y en cada sonido, para contarnos sus muertes y sus reconstrucciones. En la inmensidad del escenario, en las sombras multiplicadas de Yaser Khaseb, cabría acaso un pueblo que siempre se levanta.

(19 de abril de 2025)

 

Nota: Foto tomada de https://fesitpven.com.ve/funciones/regalo-misterioso/ 

Boris não está pronto, Patricia Jiménez

Boris não está pronto



Patricia Jiménez

Como parte de la colorida paleta del Festival Internacional de Teatro Progresista Venezuela 2025, la compañía brasileña Dolores Boca Aberta – Mecatrónica de Artes presentó en Caracas la obra Boris não está pronto -Boris no está listo, en castellano- del lunes 14 al jueves 17 de abril. Escrita por su director Luciano Carvalho y por uno de sus actores, Tiago Mine, la pieza resume sobre las tablas los estereotipos de la masculinidad imperante. Completan el cuadro Cristiano Carvalho, João Alves y Fernando Couto. Hacen su entrada cantando los cuatro, reproduciendo aquel estribillo aprendido en la escuela en el que intercalan sus versos improvisados, pícaros, groseros. Son hombres vitales y frescos que sacuden un pandeiro y contagian su alegría, tereré tereré… Aun en portugués, el público capta de qué va la letra. Alardean, se vacilan, gestualizan, se burlan, pero ¿qué hay de malo?: solo se divierten.

Sin atiborrar la mirada, el escenario va plagándose de objetos y referencias como células embrionarias que asisten y se juntan para construir un Homo más habilis que sapiens, las veamos o no. Allí están la calle con el niño en su triciclo y los cruces violentos, las carreras de caballos, el cuadrilátero de boxeo, la habitación matrimonial, el bar, la casa, la carretera con su pasaje inhóspito, la mina, el trabajo y el desempleo, las fantasías, el amor que pudo ser, la esencia salvaje y primitiva, la sofisticación de una intelectualidad perversa, la encarnación obligada del héroe imaginario, el hombre contra el hombre, y toda la ternura humana en suspenso.

Casi todas las puestas provenientes de países de habla no hispana en el Festival han enfrentado los inconvenientes del desfase en la proyección de los subtítulos o la falta de traducción de las canciones. Este equipo de realización tuvo la delicadeza de grabar la narración en off de tres escenas y de asumir por el propio elenco parlamentos en español, como una manera de acercarnos sus mensajes y vencer las barreras del idioma. Es un esfuerzo que vale la pena pulir para seguir restando algunas disonancias como las que producen una lectura plana o la interpretación femenina de un texto que se presume no es el relato de una mujer, sino de un macho escritor.  No obstante, la propuesta en su conjunto resulta convincente y conmovedora. Los efectos de luces y el sonido fueron tratados con la mesura exacta para aproximarnos las atmósferas sin estridencias. El lenguaje corporal que los personajes imprimieron en quienes estuvimos una de esas noches en la sala del CELARG resonará probablemente en nuestra memoria con tanto o más eco que las palabras.  

En un tiempo donde las banderas del feminismo se enarbolan para reivindicar los derechos de igualdad y reconocer con justicia el papel de las mujeres en la sociedad, dividirnos no es el camino. No necesitamos violencia: una frase que debería nacer del coraje y no de la cobardía. Ellos y nosotras nos hacemos a diario, hoy mismo y mañana. Los Boris no están listos. Es colectiva la responsabilidad de impedir a tiempo que el calor de su humanidad sirva para fecundar las guerras en que todos y todas habremos perdido.

 

Nota: Fotos tomadas de https://fesitpven.com.ve/funciones/boris-no-esta-listo-3/ y https://www.almaplus.tv/gallery/17836/-boris-no-est%C3%A1-listo---el-teatroirreverente-de-brasil-que-d#gallery-5   

Hoy no estrenamos, Patricia Jiménez

“Hoy no estrenamos”, pero sí

 

Reseña de Patricia Jiménez, desde una butaca

La compañía L'om imprebis de España colocó cuatro actores sobre las tablas del Teatro Nacional en Caracas y del Emma Soler en Los Teques, aunque quienes asistimos aseguremos haber visto catorce personajes moviéndose por el escenario.  

Visualizo seis sillas de alumnos a cada lado, dispuestos en herradura por Antonio, el profesor que les dictaría el taller de formación: un actor decadente llamado Rodolfo; Arantxa, la enfermera vasca de la cartera grande; Sofía, delicada y friolenta, con su tiara de florecitas; Conchín, la valenciana del trapo; Pedro, el adolescente con su gorra, incomprendido por su madre; Carlos, el de la carpeta, feliz con Diego a pesar de los prejuicios; Kevin, el del mechón colorido que hace piruetas en los semáforos; Carmensín, la gemela de Conchín, con un trapo azul; Juan, el padre de Carlos; el torero hijo del Niño de la Montera, que quería prepararse para un show de televisión; el militar Gutiérrez cuyos amigos gustan de la ópera; y el empresario de negocios funerarios. Ninguno se me confunde con otro. Durante una hora y media sus voces, sus movimientos y sus conflictos se sostienen orgánicos y coherentes. Ellos evolucionan a medida que interactúan y se expresan, provocados por los ejercicios en clase. Todos experimentan un mejoramiento en sus vidas a partir de la comprensión de los caracteres que encarnan y de la resignificación de sus propias vivencias personales.

Cuando ya parece todo logrado porque funciona, porque la obra ha sido suficiente hasta ahí, con sus clímax, catarsis y resoluciones, otro atrevimiento nos espera. El profesor reparte los personajes para la representación final del curso. No podemos creerlo, ¿cómo así? Imposible un quinto acto de Hamlet con dos actores. Claro, estamos convencidos de que son doce, pero no exageren, por más que haya entrado en escena Ico, un asistente que puede facilitarles el montaje.  

La pieza del director, dramaturgo y actor Santiago Sánchez nos ha metido el teatro dentro del teatro y nos ha sacado el teatro del teatro. Plagada de subtextos, nos regresa a la cotidianidad con varias

cuerdas movidas. El teatro modelador del espíritu. El teatro sin límites, que no es sin nosotros ni sin ellos. El teatro inclusivo, salvador, contestario, apasionado, visionario. El teatro amenazado por la tiranía del mercado. El teatro irrenunciable y hermoso, enfrentado a sus dramas actuales.

Los veo allí en sus roles para una puesta que quizás no acontezca: Hamlet, Claudio, Gertrudis, el consejero Polonio, Laertes, Ofelia, Horacio, Yorick el bufón, el par de sepultureros -¡qué risa esas hermanas! -, Fortimbrás y un personaje adaptado para el cierre. Lo hicieron. A mí no me crean, tal vez confundo algo en el reparto. Eran muchos. Lo hicieron y el público aplaudía a estos catorce seres. Todo fue cierto: ingenio, magia, osadía, versatilidad, belleza. Shakespeare e Ibsen abandonaron la sala antes de que encendieran las luces.  

 

Notas: La compañía teatral española L'om imprebis fue creada en 1983 por Santiago Sánchez. Conjuga diversas disciplinas, sensibilidades y orígenes culturales en la composición de sus artes escénicas. Más información: https://imprebis.com/la-compania/

En la obra “Hoy no estrenamos” actúan Carles Castillo y Carles Montoliu, cada uno desdoblado en seis personajes, junto a Santiago Sánchez y Víctor Lucas como profesor y asistente de escenografía, respectivamente. La dramaturgia y dirección corresponden a Santiago Sánchez y Michel López.

Las presentaciones tuvieron lugar en el marco del Festival Internacional de Teatro Progresista Venezuela 2025. Varias agrupaciones se dieron cita en abril bajo un mismo llamado: “que sea humana la humanidad”.

Imágenes tomadas de: https://www.almaplus.tv/cultura-y-arte/17692/versatilidad-e-ingenio-%C3%A9xito-de-la-obra-hoy-no-estrenamos-e y https://teatromadrid.com/espectaculo/hoy-noestrenamos, porque yo no saco el teléfono en una función, ni para ver la hora.  

(18 de abril de 2025)

Yo soy Fedra también, por Patricia Jiménez

 Yo soy Fedra también 


Patricia Jiménez


No importa si conoces la historia mitológica a la que esta obra hace referencia en clave contemporánea. No importa cómo la narraron en su tiempo Eurípides o Racine. Una mujer te recibe cantando “… no me quiere, no me quiere…”. Has entrado a su casa, a ese cuarto desordenado como una marea de trapos, objetos y vestidos que trastornan la paz de cualquiera. No te sientas en la acostumbrada platea de espectador desde donde podrías pasar por ausente. Te acomodas en el sofá, en el taburete, en el sillón. Fedra va a hablar contigo. Ya estás ahí. Ahora, escúchala. “… No me quiere, no me quiere, no me quiere…”


Una y otra vez repetirá sus parlamentos y los mismos estribillos. Debe asegurarse de que has entendido bien. Te contará de Teseo y de su hijo Hipólito, de lo que ambos le hicieron, de cómo la dejaron, de la mujer que es ella de la puerta para afuera. Sin embargo, no logra ser sin ellos, salirse de su único pensamiento: “… No me quiere, no me quiere, no me quiere…” ¿Qué más da si no nos quiere quien no nos merece? Pareciera absurdo, pero así somos de contradictorios. Así perdura el vértigo de liberarse.

Mariannela Morena ha escrito y dirigido la puesta en escena de Yo soy Fedra, encarnada por Noelia Campos, a la que verás transcurrir entre una juventud osada y un envejecer desesperado. Lautaro Moreno es el hombre detrás de la música, el Hipólito hecho vacío y presente en cada tormento de esa mujer que se ahoga en el hueco de mi mano.

Fedra vivirá sus días frente a nosotros hiperrealista e incómoda. Nos preguntará dónde se reclama, dónde se denuncia lo que ha padecido. No responderemos. Nadie sabe. Yo salí de su casa con la pena de dejarla sola. Tal vez debí decirle: en el teatro, ¿por qué no?

………..

Notas: Teatro La Morena de Uruguay se presentó en el Festival Internacional de Teatro Progresista Venezuela 2025 con la obra “Yo soy Fedra” del 14 al 17 de abril en la Galería de Arte Nacional.

Foto tomada de https://www.vtv.gob.ve/teatro-uruguayo-llega-a-la-gan-con-su-obra-yo-soy-fedra/  



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