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3.8.26

Justicia para el arte zuliano, por Jesús Eduardo Espinoza

 

El reconocimiento histórico de certificación de saberes de la creación zuliana 
fue entregado por las autoridades culturales a 400 artistas. 

Por Jesús Eduardo Espinoza

Llegar a una ciudad nueva es, en el fondo, iniciar un primer acto sin saber exactamente cómo se desplegará la trama. Hace diez años, Maracaibo dejó de ser geografía ajena para convertirse en mi territorio cotidiano, el espacio donde la vida exigió reconfigurarse y echar raíces. Hoy, al repasar este decenio, entiendo que la cultura no solo se habita: se interpreta, se descifra y se sostiene colectivamente a través de las instituciones y las personas que la hacen posible.

En esta trayectoria, la Escuela de Teatro Inés Laredo me dio a conocer como docente. Durante nueve años. Cinco años al frente de la cátedra de Análisis del Texto Dramático compartí con generaciones de estudiantes el rigor de desarmar la estructura de la pieza teatral: entender la pulsión secreta tras una réplica, el peso del subtexto en el silencio y la carpintería invisible que sostiene la acción dramática. Enseñar a leer, analizar, su temática y conflicto entre los personajes en el texto. Fue, al mismo tiempo, una lección diaria sobre la condición humana y sobre el oficio escénico.

Lic. Leonardo Villalobos
El teatro es movimiento constante. Recientemente, este trayecto se vio honrado en las instalaciones del Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB) en un acto de profunda significación para la memoria viva de la región. La Secretaría de Cultura del Estado Zulia, bajo la gestión del licenciado Giovanni Villalobos, en alianza con la Universidad Politécnica Territorial de Maracaibo, la Gobernación del Zulia y el Ministerio Popular para la Cultura, llevó a cabo un proceso histórico de acreditación de saberes.

Es fundamental destacar que este tributo no fue un hecho aislado ni personal: más de trescientos artistas, cultores, creadores, escultores y hacedores de diversas disciplinas fuimos convocados para recibir el justo reconocimiento de nuestras trayectorias. Para todos ellos, cuya labor silenciosa y constante ha transformado el tejido sociocultural del estado, va también mi más sincero aplauso y felicitación. Validar formalmente la experiencia empírica, la investigación y el impacto comunitario de este gremio es un acto de justicia histórica que dignifica el trabajo de la creación zuliana.

El autor Jesús Eduardo Espinoza
En lo personal, recibir en ese marco la acreditación como Maestro Emérito en Dirección Teatral y Artes Escénicas constituye un compromiso renovado con la cultura. Esta distinción no marca un punto de llegada, sino la apertura de un nuevo frente de trabajo. Mi paso por la educación formal en la Escuela de Teatro Inés Laredo se traslada ahora hacia la acción directa en la comunidad.

Desde un nuevo centro cultural comunitario, asumiré la tarea de continuar la formación tanto en la escritura teatral como en la puesta en escena, convencido de que la herramienta dramática cobra su mayor sentido cuando echa raíces en el entorno social y contribuye al engrandecimiento del lugar que nos acoge.

El arte de la dramaturgia sigue siendo el vehículo para interpretar nuestro tiempo. Al cerrar un ciclo en el aula para abrir un canal de creación comunitaria y producción escrita, ratifico el compromiso con la palabra, la escena y la transformación cultural de nuestra tierra.

Nada de esto hubiese sido posible sin la huella imborrable de quienes trazaron el camino antes que yo. Todos mis logros en las artes escénicas se los debo a recordados maestros y profesionales del teatro que me legaron sus infinitos saberes. Rindo tributo a nombres fundamentales como Rodolfo Santana (fallecido), Tomás Jurado Zabala, Néstor Caballero, Elio Palencia, Armando Urbina (fallecido), Gilberto Pinto (fallecido), César Eduardo Rojas, Blanca Sánchez, Nicolás Curiel (fallecido), Levi Rossell (fallecido) y Enrique Porte (fallecido). Aunque muchos de ellos partieron a otro plano, sus enseñanzas permanecen vivas y me han permitido transmitir ese legado a mis alumnos: tanto a aquellos del estado Miranda, en Guarenas, como a las promociones egresadas de la prestigiosa Escuela de Teatro Inés Laredo en Maracaibo. De ellos me llevo la riqueza de las experiencias compartidas, la convivencia en las tablas y, sobre todo, el afecto entrañable de maravillosos estudiantes.

Gracias a los organizadores. Profesores evaluadores de las distintas areas artisticas.

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