fue entregado por las autoridades culturales a 400 artistas.
Por Jesús Eduardo Espinoza
Llegar a una ciudad
nueva es, en el fondo, iniciar un primer acto sin saber exactamente cómo se
desplegará la trama. Hace diez años, Maracaibo dejó de ser geografía ajena para
convertirse en mi territorio cotidiano, el espacio donde la vida exigió
reconfigurarse y echar raíces. Hoy, al repasar este decenio, entiendo que la
cultura no solo se habita: se interpreta, se descifra y se sostiene
colectivamente a través de las instituciones y las personas que la hacen
posible.
En esta trayectoria, la
Escuela de Teatro Inés Laredo me dio a conocer como docente. Durante
nueve años. Cinco años al frente de la cátedra de Análisis del Texto Dramático
compartí con generaciones de estudiantes el rigor de desarmar la estructura de
la pieza teatral: entender la pulsión secreta tras una réplica, el peso del
subtexto en el silencio y la carpintería invisible que sostiene la acción
dramática. Enseñar a leer, analizar, su temática y conflicto entre los personajes
en el texto. Fue, al mismo tiempo, una lección diaria sobre la condición humana
y sobre el oficio escénico.
| Lic. Leonardo Villalobos |
Es fundamental destacar
que este tributo no fue un hecho aislado ni personal: más de trescientos
artistas, cultores, creadores, escultores y hacedores de diversas disciplinas
fuimos convocados para recibir el justo reconocimiento de nuestras trayectorias.
Para todos ellos, cuya labor silenciosa y constante ha transformado el tejido
sociocultural del estado, va también mi más sincero aplauso y felicitación.
Validar formalmente la experiencia empírica, la investigación y el impacto
comunitario de este gremio es un acto de justicia histórica que dignifica el
trabajo de la creación zuliana.
| El autor Jesús Eduardo Espinoza |
Desde un nuevo centro
cultural comunitario, asumiré la tarea de continuar la formación tanto en la
escritura teatral como en la puesta en escena, convencido de que la herramienta
dramática cobra su mayor sentido cuando echa raíces en el entorno social y contribuye
al engrandecimiento del lugar que nos acoge.
El arte de la
dramaturgia sigue siendo el vehículo para interpretar nuestro tiempo. Al cerrar
un ciclo en el aula para abrir un canal de creación comunitaria y producción
escrita, ratifico el compromiso con la palabra, la escena y la transformación
cultural de nuestra tierra.
Nada de esto hubiese
sido posible sin la huella imborrable de quienes trazaron el camino antes que
yo. Todos mis logros en las artes escénicas se los debo a recordados maestros y
profesionales del teatro que me legaron sus infinitos saberes. Rindo tributo a
nombres fundamentales como Rodolfo Santana (fallecido), Tomás Jurado Zabala,
Néstor Caballero, Elio Palencia, Armando Urbina (fallecido), Gilberto Pinto
(fallecido), César Eduardo Rojas, Blanca Sánchez, Nicolás Curiel (fallecido),
Levi Rossell (fallecido) y Enrique Porte (fallecido). Aunque muchos de ellos
partieron a otro plano, sus enseñanzas permanecen vivas y me han permitido
transmitir ese legado a mis alumnos: tanto a aquellos del estado Miranda, en
Guarenas, como a las promociones egresadas de la prestigiosa Escuela de
Teatro Inés Laredo en Maracaibo. De ellos me llevo la riqueza de las
experiencias compartidas, la convivencia en las tablas y, sobre todo, el afecto
entrañable de maravillosos estudiantes.
Gracias a los organizadores. Profesores evaluadores de las distintas
areas artisticas.
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