Por Alexander Otaiza
El 26 de agosto, Día Internacional del Actor y
la Actriz, suelo pensar que hay oficios que no terminan cuando se apagan las
luces. La actuación es uno de ellos. Un actor puede abandonar un personaje,
salir del escenario y cerrar la puerta del camerino, pero algo de esa vida
prestada permanece en quien lo vio actuar. Esa es, para mí, la verdadera magia
de las tablas. Este año, sin embargo, la celebración tiene un sabor agridulce.
Mientras reconocemos a quienes siguen entregando su talento, también despedimos
físicamente a una mujer que hizo del teatro una forma de vida: Yarmila
Guaramato, actriz, directora, diseñadora y docente teatral, cuya trayectoria
estuvo profundamente vinculada con la formación y el desarrollo de las artes
escénicas.
Su partida duele especialmente en Aragua,
tierra que la reconoció como una de sus creadoras. Yarmila no solamente
interpretaba personajes: enseñaba, dirigía, construía espacios y ayudaba a que
otros encontraran su propia voz sobre el escenario. Por eso su legado no cabe
en una cartelera ni en una lista de obras. Está también en los actores que
formó, en los espectadores que emocionó y en quienes aprendieron de ella que el
teatro es disciplina, sensibilidad y compromiso.
Cuando pienso en el talento aragüeño, aparecen
muchos nombres y muchas generaciones. Pienso en Elías Osorio, homenajeado
recientemente por el teatro regional; en creadores como Ángel Rafael Rondón,
cuya labor con Garabato-Motita ha acercado las artes escénicas a niños y
personas con diversidad funcional; en Daniel Vásquez con su propuesta El
Teatrico, llevándonos a otros espacios comerciales; en Lorna Repillosa al
frente de MUSIMOV junto a Víctor Loreto López y el Teatro de Emergencia
brindando herramientas en áreas multidisciplinarias del arte; en el trabajo
incasable del Teatro 8 de marzo y su movimiento social; en el Teatro Estable de
Maracay que a pesar de los cambios que sufre en la actualidad ha llevado de
manera estoica las artes escénicas: en la Escuela de Arte Dramático que siempre
será la casa de todos quienes nacimos y crecimos en sus entrañas maltratadas
por la desidia de desinteresados de turno; y en tantos actores, directores,
dramaturgos y docentes que mantienen encendida la escena en Maracay, La
Victoria, Cagua y otros rincones del estado.
Aragua tiene una tradición escénica que se niega a desaparecer. Hoy lo confirma la actividad de sus agrupaciones teatrales, la reapertura del Teatro Ateneo de Maracay y el movimiento que busca fortalecer también la cinematografía regional. Por eso, celebrar al actor y a la actriz no debería limitarse a una fecha en el calendario. Debería ser una invitación a mirar hacia nuestros escenarios, respaldar a nuestros artistas y recordar que detrás de cada personaje existe un ser humano que estudia, ensaya, se equivoca, vuelve a empezar y entrega una parte de sí mismo. Hoy quiero celebrar a quienes todavía levantan el telón y, al mismo tiempo, guardar un minuto de silencio por quienes ya no podrán hacerlo físicamente. Yarmila se fue, pero no terminó su función. Porque los verdaderos actores no desaparecen cuando baja el telón: permanecen en la memoria de quienes alguna vez los vieron vivir otras vidas.

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