
Foto: Keren Moreno. Actor: Isidro Morillo en Claroscuro
La tallerista Keren Montero comparte sus impresiones sobre el unipersonal Claroscuro, unipersonal interpretado por Isidro Morillo, de Teatro Esencial del Estado Zulia visto el 1 de octubre, 2025.
Soy fiel creyente de aquella frase: "Solo
con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos".
Cargo con esa frase desde los diez años, y aquel zorro que conversó con El
Principito me demostró que no se equivocaba. Hoy, a mis veintidós, he
hallado un lugar verdaderamente esencial: un espacio que emergió ante mí justo
cuando, exhausta, le pedí a mi corazón que me señalara un nuevo rumbo.
Aquel primer día en el Teatro Esencial marcó un antes y un después en mi vida.
Sentía una urgencia casi desesperada por escapar de mi realidad: un entorno
pesado, grisáceo y poblado por adultos de negocios, académicos y miradas mal
talladas.
Allí, en el interior de lo que llamo mi "casita mágica", la obra Claroscuro
me abordó como un asalto. Me arrebató el aliento; fue la carta de presentación
perfecta de aquel lugar que me cautivó de inmediato. Aunque todavía no logro
desentrañar sus significados más recónditos, puedo asegurar que sus versos
temibles me impactaron profundamente. Por primera vez, mi propia condición de
persona extraviada se proyectó nítidamente ante mis ojos.
Claroscuro es, sin duda, una obra atemporal. Es de esas creaciones que,
tras repetirse en distintas etapas de la vida, cobran sentidos nuevos y
punzantes. Alguien de edad avanzada jamás la percibirá como yo lo hice; tampoco
alguien más joven o enamorado, frustrado o herido. Sus versos son maleables, se
adaptan al estado del corazón y a la fortaleza (o fragilidad) de la mente de
quien los admira.
A mí me encontró pequeña y vulnerable. Jamás lo olvidaré, quizá porque durante
mucho tiempo no se me permitió ser artista.
Recuerdo con dolor al "pobre pintor feliz", sumergido en su locura en
un país donde los hombres se alimentan de hierba seca y sus corazones se
marchitan. Aquel que, al final, cambió las manchas de óleo en sus manos por la
sucia pólvora.
¡Oh, pobre soñador! Abandonó la facultad de imaginar y crear un mundo nuevo
para entregarse a la muerte como un soldado anónimo. "No morir como lo que
fuiste nos produjo un extravío de tu memoria", dice la obra. Si no era un
artista, ¿quién era entonces? Ese es mi mayor temor: ser una más en la fila del
olvido. No quiero que mi memoria se extravíe. Si he de morir por mi patria, que
sea en el frente de batalla, pero dispuesto a morir "pintando".
Últimamente, "mis alforjas han estado repletas de calamidades: las que
invento y las que me inventan". He vivido cautiva de la opinión ajena,
tratando de complacer a otros y proyectando escenarios catastróficos, hasta el
punto de desconocer mis propios deseos. Resulta difícil perseguir un sueño
cuando, para el resto, el arte, el canto y el teatro son sinónimos de locura.
Ahora que finalmente me he atrevido a abrazar este camino, me aterra soltarlo o
que se desvanezca, asumiendo con miedo que quizá es demasiado tarde.
Ciertamente, "es duro llegar al tiempo de cosecha y darte cuenta de que se
te olvidó sembrar". ¿Será realmente tarde para intentarlo? ¿Para
diferenciarme de la masa y creer en lo que amo?
"¿Para qué sembrar un árbol que no da sombra ni frutos? ¿Para qué escribir
un libro que nadie lee?". No deseo vivir en vano. Anhelo sembrar bosques
enteros y escribir un millón de páginas, pero a veces dudo si mi espíritu aún
persiste o si ya está muerto.
Sin embargo, guardaré conmigo lo siguiente, como un tesoro:
"Déjenme seguir soñando que no puedo, para que cuando despierte, me
complazca saber que siempre viví (...) Me encontraron torturando la realidad
con mis sueños y me llamaron enemigo. Y me dejaron solo".
No encuentro palabras suficientes para describir la profunda conexión que he
forjado con Claroscuro; solo puedo agradecer que una maravilla de tal magnitud
exista en este mundo.
Le agradezco a Dios por su vida y le agradezco a Isidro Morillo por su
entrega. Gracias por permitirme conocerle a través de su teatro y sus
esculturas; gracias por brindarme la oportunidad de disfrutar su obra y, sobre
todo, de encontrarme reflejada en ella.
Por mi parte, asumo un compromiso: lucharé por conquistar mi propio teatro,
por descubrirme en el proceso y por convertirme en luz para otros a través de
mi canto y mi arte.
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