Alexis Blanco
¡Qué gran noticia…! ¡Nuestro maestro
indispensable, Enrique León Luzardo, nominado para el “Isaac Chocrón”…! Estoy
convencido, sin corroborarlo, que la voz de Milton Quero Arévalo susurraba
entre las cortinas de ese gran Teatro de la Vida Noble. Y Javier Vidal y su
combo jamás “pelarían ese boche”, jejeje.
Me (nos) hicieron la mañana de este jueves 10 de septiembre… Agua de Colonia,
al igual que el resto de las obras escritas por el creador de la Sociedad
Dramática de Maracaibo, nunca será un texto fácil de leer o representar. Sin
embargo, está nutrido por las vivencias de un país transido, a mediados del
pasado siglo… El estar nominado es, de por sí, un rotundo éxito gregario para
esta aldea que le inspiró a escribir: “Falsa es la canción cuando no se tiene a
un cómplice”. Deberían otorgárselo, por unanimidad. Isaac lo haría, sin
rechistar. Ambos fueron muy muy cómplices. Chocrón, creador de la Compañía
Nacional de Teatro, lo llevó a Caracas para dirigir Caín Adolescente, de
Román Chalbaud. Soy testigo privilegiado de esa experiencia trascendental. Al maestro Enrique León Luzardo (de quien me declaro uno de sus discípulos
dilectos) se le considera el más importante director de teatro en el
Zulia actual.
La obra poética del maestro Enrique León Luzardo incluye, además de la nominada
Agua de Colonia, los poemarios Y vos que vais a ser cuando seáis
grande muchacho (1974); Estoy enamorado tuyo (1975); Fragmentos
(1990); Diferencias sobre el nombre (1996) y Flor de baile
(Textos teatrales, 1997).
(Indagad en Google...Mi máquina se cuelga...Aquí mismo, en el barrio Facebook, hay una página, Sociedad Dramática de Maracaibo). Muy pronto, ya avisaremos dónde Marlene Nava y yo instigábamos siempre un conversatorio ad hoc que el tiempo y el río que sucumbe en el lago convirtieron en pecios de mi propio naufragio.
El texto de la revista más importante del teatro iberoamericano:
Sociedad Dramática: Un colectivo llamado Maracaibo
Alexis Blanco
La nota número siete del programa de mano de Caín Adolescente, de Román
Chalbaud, que dirigió Enrique León para la Compañía Nacional de Teatro y que, bajo el nombre de "Tientos," presentaba al
espectador que en el Teatro Nacional de Caracas acudía masivamente a aplaudir y
gozar de esa puesta, dice: "Me es obligatorio nombrar a la Sociedad Dramática de Maracaibo, porque ha sido allí, en ese colectivo, donde
he podido desenmarañar un poco este nada envidiable oficio". Esta nota habla de ese grupo, que él dirige, desde hace más de una
década.
Tomando el nombre, retomándolo, apuntaría él durante una entrevista de la misma Sociedad Dramática de Aficionados que en 1842 se conformaría como el primer grupo teatral dispuesto a dotar a la ciudad portuaria y fronteriza de un teatro erigido después con el nombre de un famoso historiador llamado Rafael María Baralt. Esta Compañía ha consolidado un largo prestigio y una definida tendencia estética, cuya mayor novedad, al decir de los críticos, consiste en manifestarse a través de esa grandilocuente ampulosidad que define a esta gente que vive muy al oeste, en la frontera de Colombia y en la orilla de un lago íntimamente conectado con la larga historia de la conquista y colonización de todo un continente.
¿Cuáles son esos rasgos, ese sedimento creador que ha hecho a esta Compañía,
cuyo nombre se abrevia en una palabra de por sí
significativa en el espectro teatral contemporáneo de Venezuela, "La
Dramática", el mismo nombre que acompaña puestas memorables como la de Ubú
Rey de Alfred Jarry; Edipo, Rey de Sófocles; Traje de etiqueta de
César Chirinos; Profundo de José Ignacio Cabrujas; El médico a palos
de Molière, para citar por ahora sólo algunas de las producciones que ha hecho bajo la égida de León? Hay que mirarlo
de cerca . . .
Una ciudad sin teatro era como Maracaibo
Cuando Enrique León regresa a Venezuela, luego de una "pasantía" de 10 años por el teatro alemán, viviendo en esa tórrida Europa donde
vio "desde los Rolling Stones hasta el Piccolo Teatro de Milano con
Giorgio Strehler, pasando por las experiencias del Living Theatre y las escaramuzas del Berliner Ensemble", viene convencido y convenciendo
que la única manera de hacer teatro con garantías de perdurabilidad y
continuidad es mediante la integración de un grupo estable que funcione desde y
para una sede propia, donde surgiese la efectividad de la primitiva fuente del
teatro: es el espacio vacío que ya Peter Brook había incluido dentro del léxico
teatral de la humanidad.
| Nicolás Curiel y Enrique León |
Por allí surgió "La Dramática," su versatilidad femenina entendida en la noción que regalaría a algún alumno: "En el teatro, amigo mío, la palabra es una hermosa dama a la cual hay que tratar con la mayor de las galanuras." Surgió también aquella frase: "Una ciudad sin teatro es como Maracaibo." Comenzó en 1977 a brillar el aura sudorosa de los actores. Comenzó pensando en un clásico del mejor estilo, según su versión de las cosas: Woyzeck de Georg Büchner.
Un tiento según Adolfo Appia
Con el montaje del Woyzeck comenzó el tránsito hacia otros procesos. Sumergido siempre a pesar suyo, según afirman algunos que le aman de
cerca en un constante proceso de reflexión en torno al teatro, León forja un
continuum de ideas, que tal vez podría ser resumido en el tiento número once
del ya citado programa de su espectáculo con la CNT: "El actor como es
justo debe ocupar el primer lugar. Después de él, la disposición general de la
escena, cuyo
rango implica que está en función de las dimensiones y de la movilidad del actor. A continuación, la todopoderosa luz, la iluminación. El
último término de la pintura, cuyo papel debe subordinarse definitivamente a
los elementos que la preceden".
Esta cita de Appia condensa en buena parte la manera de enfocar las cosas en el escenario por parte de este director, quien ha sido el primero del interior del país en ser invitado a dirigir la institución estatal más importante del teatro. En su concepción "dramática" y vista desde Maracaibo, aclaró siempre a los entendidos que en esa ciudad, capital del Zulia, el estado del petróleo y de la producción pecuaria y agrícola por excelencia de la Nación, el sol nunca dejaba de acentuar una inminente relevancia sobre todo intento estético de sensibilidad y reflexión en torno al hecho teatral y que la convocatoria para el espectador sea respuesta efectiva, siempre y cuando los actores hablaran en un lenguaje que les resultara afectuoso, musical, "marcando la ficción".
La intención inicial consistía en conformar un equipo sólido desde
el punto de vista de la formación del actor y del "modo de ser dramático," lo cual en sí entrañaba la disposición de una herramienta de trabajo que sin encajar en lo que conceptualmente responde al nombre de "Método”, si discurriera por la particular alquimia que debe encajar todo espectáculo para atrapar la magia del espectador y resolverle de manera directa su necesidad de ser conmovido, sorprendido, bien tratado en la dimensión de su voluntad de acceder a asistir a cada nueva ceremonia, generalmente nocturna, como en todas partes del mundo.
Así, las experiencias didácticas preliminares recogieron el antiguo legado del hombre de la escena en Maracaibo, como Manuel Marín a quien todo el mundo llamaba con el seudónimo de "El Mocho" y otros, como Antonio García. Hay una razón integral en esta actitud: el padre de León, Jesús León, fue actor profesional con estas compañías, las cuales se repartieron el trabajo de la ciudad, en las décadas del 20, 30 e inicios de la de los 40. Por otra parte, esa tradición había mantenido casi siempre un maridaje con la "dialéctica del tigre," la cual, según la perspectiva del artista antiguo, quería decir: "Hay que hacer de todo para poder vivir de este oficio." Desde y si se mira bien, en contra de esa tendencia, y en una aparente y contradictoria acción de reconocimiento de esa manera de vivir de muchos profesionales "matatigre", a la fuerza, de los postulados que animaron puestas como la de Traje de etiqueta, donde el tigre era elevado a una condición estética, acompañado por "tigres" como los de Jorge Luis Borges, William Blake y Orson Welles, según consta en el programa de mano de esa pieza que concurriría a los Festivales Nacionales copando la atención por su acción participativa, rica en imaginería popular y una progresiva y envolvente alucinación alrededor de cada espectador.
De manera, pues que Enrique León propone su tesis inicial de trabajo, que la profesionalización debía trascender los ámbitos de esa manera parroquiana de disponer de las rayas del tigre en el traje del actor y que éste debía beber de la fuente constante de la formación y estudio de los procedimientos creativos del arte de hacer teatro. De allí que cuando indicaba, "Un actor debe ser eficiente administrador, un gran contabilista además, debe saber mirarse a sí mismo en el personaje que esté creando”, mucha gente suspiró escéptica y hasta dejó colar alguna sorna. La historia parece haber sido muy seria al escuchar los planteamientos del poeta que dijese alguna vez, "Falsa es la canción cuando no se tiene un cómplice”.
Una sala de teatro pequeña en una ciudad grande
Desde la integración del universal testimonio del arte teatral, visto en atrios eclesiásticos donde se representaban los autos sacramentales en
la Edad Media hasta la brillante exposición que surge del Teatro El Globo,
regresando hacia Atenas y señalando el Old Vic o el Alberto de Paz y Mateos, la
Rajatabla, o mirando hacia el Teatro Municipal de la Ciudad de Puebla en
México, donde la Sociedad Dramática estuvo en 1984, invitada al Festival
Cervantino por el gobierno del país de Juan Rulfo y Octavio Paz, tener un
teatro ha sido siempre el gran sueño de este grupo de Maracaibo, el mismo que
ahora regenta la Sala de Teatro Antonio García en la avenida 5 de julio N°
3C-73 (Calle 77) de Maracaibo y desde donde ha impulsado toda esta trayectoria
que se ganó el premio continental Ollantay 1983 como mejor grupo y por
su trabajo de investigación y aportes a la realidad teatral latinoamericana.
Un lugar de participación para una ciudad de más de millón y medio de
habitantes y ninguna sala de espectáculos continuamente activa. De esta manera surgió un teatro para la ciudad que dejó de ser ajena a la diaria confrontación del público con los artistas que intentan
reflejarlo en sus costumbres, idiosincrasia y tradiciones, sin tener por ello
que abandonar la universalidad de la cultura mundial. Cabe recordar entonces la
afirmación de Enrique León: "Debo señalar que vengo de una ciudad amada por la luz, alucinante de inmanencias y algunas veces
engañada por sus habitantes y vecinos. No es extraño, entonces, encontrar… en la
‘Dramática’... signos de esa canción”.
Cada cabeza es un mundo
Pero León desea hablar por ahora de lo que
significa cada día esa "casa como de esperanzas y sueños". En la Sala Antonio García se
ha venido conformando durante los meses de febrero, marzo, abril, mayo, junio,
julio, septiembre, octubre y noviembre del año '87 una programación especial
donde, diariamente, más de 100 jóvenes estudiantes de los diferentes centros de
educación secundaria del Estado Zulia asisten durante las mañanas, a ver una
función del espectáculo Pasos, sainetes maracaiberos del siglo XIX, donde se
acompaña el mismo con una charla sobre los comienzos de la actividad teatral en
la ciudad, a mediados del pasado siglo y de cómo se ha evolucionado hasta esta edición
contemporánea de la "Dramática." Ese podría considerarse el primer
paso de toda una idea pedagógica que tiene su punto de atención básica en dos
proyectos desarrollados como talleres: el de creatividad infantil, llamado La
Caja del Cachicamo y el de formación de jóvenes actores, denominado Taller
Permanente de Teatro. En La Caja… se recrea un trabajo interdisciplinario de pedagogía infantil, apoyado en novedosas proposiciones al respecto y que hasta
ahora ha producido siete espectáculos, diseñados y propuestos por los niños
participantes, con la conducción de algunos integrantes del estable. Del mismo
modo, en el TPT, los jóvenes con edades comprendidas entre 16 y 25 años se
integran a los patrones de trabajo de la SDM sin que por ello haya lugar para
el sacrificio de la espontaneidad que surja de los participantes, quienes básicamente son instruídos en cuanto a las múltiples relaciones que supone este tipo de
trabajo, donde el amor juega el rol preponderante.
Esa palabra mágica, esas palabras mágicas
Afirmaba Enrique León durante el breve discurso de celebración de los diez años de la Sociedad Dramática de Maracaibo, el siete de julio de
1987, que: "Este trabajo ha significado para nosotros litros de sangre,
pero el amor ha sido nuestro catalizador, nuestra enzima vibrante por la cual
nos damos el mágico gusto de pisar un escenario con dignidad y desde allí
reafirmar nuestra condición de artistas, amantes de la ciudad, de sus secretos, los cuales queremos siempre transformar
en rumores y sorpresas que encanten a nuestros espectadores y ensanchen esta
emoción que comienza con el ritual diario, por el cual venimos y hacia al cual
vamos".
Lo demás está en nuestra contemporaneidad. Desde esta ancha intención están las voces y los gestos de Enrique León y la compañía que le secunda en esta labor diaria y permanente: Nelly Oliver, Homero Montes, Alexis Blanco, Doris Chávez, Gerardo Piñeiro, Walter Sambiagio, Camila León, José Antonio García, Hermmankis Parra y toda una ciudad que tienen como compañera. Desde ella, saludan, agradecidos…
Dejo esto en el ambiente, más una... anécdota:
En Delfos, siete de julio de 1988, minutos antes del estreno de Edipo, rey,
inaugurando un evento organizado por el Ministerio de Cultura griego, entonces
regentado por la legendaria actriz Irene Pappas, el cual no era un festival
teatral en sí, sino la indagación epistemológica de aquellos griegos sobre la
huella (factible y perfectible, en aquel entonces representada) marcada
por su poética teatral en el mundo entero. El montaje de León con su SDM
impactó a Miguel Castillo Didier, así como a otros eruditos y especialistas
(Isaac Chocrón a la cabeza) quienes aplaudieron y avalaron la lectura
"dramática" de un Edipo que representaba la tragedia del poder
ilegítimo de los gobiernos de facto en nuestro continente. De hecho, en la
primera versión realizada por Enrique León Luzardo, vuestro relator (hoy
devenido en BCC) vestía un traje blanco, de lino, a la usanza y estilo de Pedro
Estrada. La máscara siempre formó parte del planteamiento, para jugar con la
melena del actor protagonista y para fortalecer la escena final, cuando Edipo
se saca los ojos, pero, se los juro, fundamentalmente porque todos los
Dramáticos adorábamos y queríamos lucir las máscaras que hacía un entrañable
amigo de entonces y de siempre, un talentosísimo hermano por todos conocido y
admirado como Javier Rondón…
En fin, momentos antes de aquella legendaria función en Delfos, Enrique me
llamó aparte y, posando sus manos sobre mis hombros, con su voz de arrullo y
rif de guitarra etérea, cual maestro émulo de su tocayo, Lossada, me miró a los
ojos y me recitó, solemne y neobarroco: "¡Chamo! (mi apodo originario) no
tengo más lejos dónde traerte...Te amo... Ahora, sal al escenario y hazlo... Recuerda
que tú eres Edipo y que esta gente conoce muy bien la novelita de Sófocles que,
desde el otro lado del mundo, hemos venido aquí para contarles. Móntate en el caballo de nuestra versión de
la historia, por ellos harto sabida, y condúcelos sin tregua hasta la verdad de
Tebas, la desolación de Edipo, por nosotros poetizada" ¡Ufff!!! Me maravilla la memoria, me hace
maravillar.
¡Salud!
Alexis Blanco, El Barroco Cronista Cuántico.




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