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4.10.26

Las Madres Palestinas: Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney


Información Mary Cruz Mendoza
Fotos: Frybbed Martínez

En esta puesta en escena se articulan dos poemas: "La Promesa" de Mary Cruz Mendoza y " Los sueños Bombardeados” de Earle Herrera, en los que se plantean el horror de la guerra y sus consecuencias directas en la parte más sensible de la sociedad: los niños, las madres y la familia en general.

Desde el año 2010, se viene representando esta propuesta en diversos espacios del país, tales como el Teatro Altosf en Parque Central; viajamos a Punto Fijo, invitadas por PDVSA Gas; luego estuvimos compartiendo con estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Recientemente, en trabajo conjunto entre el Teatro Alternativo Sylvia Mendoza y el Teatro Araguaney (Yaracuy) se retoma Las madres Palestinas, representándose en varios espacios de la ciudad de Barquisimeto, como el Museo de Barquisimeto.  El elenco El original estaba integrado por Martha González, Mary Cruz Mendoza y Mercedes Mendoza.

En la actuación participan la actriz Karlis Rodríguez, como Madre 2 y Mary Cruz Mendoza como Madre 1.  Además, cuenta con la participación de la bailarina Astrid Rodríguez como Sherezade.  La dirección general está a cargo de Sylvia Mendoza y Doris Rodríguez es la asistente de dirección. 

Este trabajo es una producción de Teatro Alternativo Sylvia Mendoza donde se incorporan dos actrices de Teatro Araguaney han sido invitadas a participar.


Las Madres Palestinas, es un llamado a la paz y un grito desgarrador, contra la muerte.

3.10.26

Yazmina Jiménez: 76 años de una vida consagrada al teatro zuliano

 


La actriz, directora, dramaturga y formadora celebra este 3 de octubre un nuevo aniversario rodeada del legado que construyó sobre las tablas de Maracaibo.

Por Luis Perozo Cervantes

Corría el año 1949. El mismo en que se colocaba la primera piedra del Hotel del Lago, en que se fundaba el Club Náutico de Maracaibo, en que Jorge Luis Borges publicaba El Aleph y Simone de Beauvoir sorprendía al mundo con El segundo sexo. El 3 de octubre de aquel año nació en Maracaibo una niña que, sin saberlo entonces, se convertiría en una de las voces fundamentales del teatro zuliano: Yazmina Jiménez.

Hoy, 76 años después, su nombre resuena como uno de los pilares de las artes escénicas en el Zulia. Actriz, directora teatral, dramaturga y promotora cultural, Jiménez representa —como ella misma lo dice— "la memoria viva del teatro" en la región. Su historia, recogida en el primer episodio de la serie documental Historia hablada del Teatro Zuliano, es también la historia de una ciudad que aprendió a mirarse a través del arte.

Una vocación que nació en el patio de una casa.

"Dicen que uno nace con lo que va a hacer en la vida. Yo creo que yo nací", confiesa Jiménez al inicio del documental. Hija de un cantante de tango y de uno de los grandes deportistas que ha tenido Venezuela, creció en un hogar donde el arte y la disciplina eran moneda corriente: Víctor "Chinito" Jiménez.

Sus primeros escenarios no fueron tablas profesionales, sino el patio de su casa. Entre los cinco y los siete años, junto a sus hermanos, montaba obras que su madre —maestra de escuela— les contaba: Caperucita Roja, La Bella Durmiente, historias de Las mil y una noches. "Armábamos un tablado en el patio y ahí hacíamos teatro. Y yo dirigía, porque yo era la que armaba", recuerda con una sonrisa que atraviesa la pantalla.

Pero fue una noche en Ondas del Lago la que selló su destino. Tenía apenas cinco años cuando su padre la llevó a la emisora. Allí vio a dos mujeres bellísimas bailando con vestidos ajustados, hablando, girando sobre sí mismas. "Yo me quedé mirando y dije: eso quiero ser yo. Cantante, bailarina... me quedé así, pequeñita, no dije nada". No se atrevió a confesarlo entonces: su padre, hombre de radio y publicista, no veía con buenos ojos que una hija suya se dedicara al espectáculo.

La escuela que cambió su vida.

La adolescencia la encontró participando en grupos de teatro liceístas, casi siempre frustrados por la falta de tiempo y continuidad. "Yo me quedé medio frustrada", admite. Hasta que un día, a los 16 o 17 años, se topó con Homero Montes, actor y docente que se convertiría en una figura clave de su formación.

"Homero era encantador, uno de los hombres más extraordinarios que yo conocí, desde el punto de vista humano y teatral. Con una disciplina y una organización extraordinarias", rememora. Fue él quien la animó a inscribirse en la Escuela de Arte Escénico de la Universidad del Zulia, dirigida entonces por Inés Laredo.

La entrevista de admisión fue reveladora. La maestra, sentada sola en una silla, le preguntó por qué quería hacer teatro. "Porque yo quiero ser actriz", respondió Yazmina. "¿Y usted sabe lo que es una actriz?", insistió Laredo. "Sí, alguien que representa personajes, que estudia literatura, que prepara el cuerpo y la voz". La respuesta convenció a la maestra, quien le advirtió: "Usted va a ser una mujer de teatro. No se junte con malas juntas".

Entre 1966 y 1968, Jiménez se formó bajo la guía de maestros como César David Rincón, el profesor Maldonado en psicología del teatro, Homero Montes en técnicas de actuación y Mario Barrios en expresión corporal. Eran años de efervescencia política y cultural: el Mayo francés había sacudido las universidades latinoamericanas, y el teatro no era ajeno a esa convulsión.

Clemente Izaguirre y el teatro universitario.

Tras la salida de Inés Laredo, llegó a la dirección de la escuela Clemente Izaguirre, un hombre formado en la Alemania Oriental, estudioso de la literatura marxista, que transformó por completo la concepción del teatro en la universidad.

"Él incorporó nuevas materias: esgrima, análisis del teatro político. Nos enfrentó a la realidad del país", explica Jiménez. Se empezaron a montar escenas sobre la droga, sobre las instituciones carcelarias, sobre los hospitales. El teatro dejó de ser solo un ejercicio literario para convertirse en un espacio de reflexión social.

"El teatro forma desde el momento en que el actor se levanta y se presenta en escena. El público te oye, oye tu dicción, tu expresión, oye el cuento que le hablas. Y aprende. El actor debe tener siempre una actitud frente a lo que vive".

Entre 1970 y 1981, Jiménez actuó con el Teatro Universitario de la Universidad del Zulia bajo la dirección de Izaguirre. Fueron años de disciplina férrea: "Se llegaba a las 2 de la tarde y eran las 11 de la noche, y nosotros trabajando". Viajaron por toda Venezuela, participaron en encuentros de teatro universitario, montaron obras como La Matraca, que llenaba el teatro por su fuerte cuestionamiento social.

"Los festivales no eran como ahora, que vas y te presentas. Eran lugares para discutir sobre la estética, sobre las corrientes teatrales, sobre el actor y su función. Había una profundidad en lo que hacíamos".

El Pequeño Teatro: cuando la actuación empezó a ser profesión.

En 1977, Izaguirre fundó El Pequeño Teatro, un grupo que marcaría un antes y un después en la historia del teatro zuliano. Yazmina Jiménez asumió la dirección en 1979, cuando Izaguirre dejó el mando ante las exigencias de la Universidad del Zulia.

"Empieza a haber otra visión: que los actores tienen que ganar dinero, que los actores tienen que vivir de esto". Se creó la Federación de Teatros Independientes, y por primera vez los grupos teatrales empezaron a legalizarse, a tener voz ante los gobiernos y las instituciones que antes los veían como "un poco de charlatanes".

El montaje de La noche de los asesinos marcó un hito: consiguieron una productora, Carolina Ferreira, que logró el financiamiento para la producción, el montaje y el pago de los actores. "Por primera vez recibimos los primeros pagos. Cosas que nos entusiasmaron y fueron buenos pagos".

Una vida dedicada a la formación.

La labor de Yazmina Jiménez como formadora es quizás su legado más perdurable. Fue fundadora del grupo de títeres Tachón en el Colegio Universitario de Maracaibo, tuvo a su cargo el Taller de Teatro y la Dirección de Cultura de la Universidad del Zulia entre 1981 y 1983, y —su participación más importante— fue directora de la Escuela de Teatro Inés Laredo entre 1984 y 1995.

"Esa ha sido una gran escuela", dice con orgullo. Cuando asumió la dirección, la institución había sido desmantelada: "No había nada. Habían dejado una biblioteca pequeña con unos libritos, porque ella tenía una tremenda biblioteca cuando Izaguirre la formó. Desapareció todo. No tenía vestuario, no tenía nada. Cuatro profesores".

Once años después, la escuela era una institución organizada, con un pensum de formación revisado cada año, una sala de teatro para 350 personas con funciones de jueves a domingo, una sala de exposiciones, un centro de documentación y asesoramiento. "Todo eso lo hicimos nosotros. Autogestión".

Pero el Estado, reflexiona Jiménez, nunca valoró realmente el esfuerzo: "Al Estado le interesaba la destrucción. Acabaron con todo".

Mampara: el sueño hecho realidad.

En 1984 fundó el grupo de teatro Mampara, pero no fue sino hasta 1995 cuando se dedicó por completo a su desarrollo. El grupo nació de un taller que Jiménez dictaba a estudiantes de periodismo de la Universidad del Zulia. "Eran puros muchachos brillantes: Jesús Moreno, Gustavo Fes, Gloria Ávila... gente muy brillante que hoy son cineastas, periodistas, profesionales en otros países".

El nombre y la sede tienen una historia casi mágica. Cierto día, el maestro Ildebrando Rosi los invitó a hacer un performance en el casco central de Maracaibo, en la calle Carabobo, porque decían que iba a ser derrumbado. "Lo montamos en la casa que años después es el espacio nuestro. Muchos años después. Estaba escrito que así fuera".

Hoy, la sede del Teatro Mampara en la calle Carabobo sigue siendo un espacio que alumbra las posibilidades de hacer teatro en Maracaibo. Por sus tablas han pasado obras como El inmigrante, Las flores que no te di y la versión de Los llamados del amor de César Chirinos.

La dramaturga.

Jiménez también ha dejado su huella como dramaturga. En 1999 publicó Las flores que no te di y otros textos dramatúrgicos, convirtiéndose en una de las pocas voces femeninas de la dramaturgia zuliana. En 2020, la editorial Sultana del Lago publicó Loa en honor a nuestra madre santísima Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y un rey es un rey.

"Tiene una obra dramatúrgica en constante crecimiento", señala el documental. Su escritura es una extensión de su pensamiento teatral: profunda, crítica, comprometida con la realidad.

El miedo a perder la fuerza.

A sus 76 años, Yazmina Jiménez no oculta sus temores: "A mí me preocupa perder la fuerza. Si yo pierdo la fuerza, ya no puedo gritar, ya no puedo confrontar, ya de pronto no podré escribir. Si se me va la memoria... que no creo, porque cuando uno escribe, la memoria vuelve".

Pero también mantiene viva la esperanza. Cree en una "escuela libertaria" del conocimiento, donde cada uno comparta lo que sabe: "Si Milton Ferrer sabe escribir, yo lo traigo para que me hable de la experiencia y enseñe al otro. Si él es bailarín, que forme. Que la gente venga a formarse y haya un reciclaje en la formación".

Critica la soberbia de quienes creen tener la razón absoluta: "Cada quien cree que es el que sabe más, que los demás no saben. Y eso no es verdad. A medida que veo crecer a mi bisnieto, que me enseña, que es el maestro y me dice: 'Abuela, estás equivocada, eso no es así'... entonces yo tengo que escuchar a las nuevas memorias, a las memorias puras".

"¿Por qué crees tú que pasa lo que pasa en este país? Porque ellos creen que tienen la razón y no la tienen. Porque nos estamos muriendo".

"El teatro es para vivir".

La reflexión final de Yazmina Jiménez en el documental es una síntesis de su filosofía de vida:

"De eso se trata: de construir un mundo de la creación y tener sentido de lo que es la profesión. O si no la quieres llamar profesión, dile oficio. El electricista tiene un oficio, y hay electricistas buenos y excelentes, y hay electricistas malos que trabajan para ver si se ganan un bolívar. El teatro es para vivir. Y el vivir no es solo comer, porque compartir la miseria no es vivir. Últimamente es lo que estamos haciendo. Pero sí creo, y creo que es posible, un mundo mejor".

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Hoy, 3 de octubre, cuando Yazmina Jiménez cumple 76 años, su vida se alza como un testimonio de resistencia, disciplina y amor por el teatro. Desde aquel patio de una casa maracaibera donde dirigía a sus hermanos, hasta la sede de Mampara en la calle Carabobo, su historia es la de una mujer que nunca dejó de creer en el poder transformador del arte.

Como ella misma dice: "El juego está en la escena. La alegría es cuando yo me monto en el teatro. Ahí es donde entra la verdadera realidad del arte".

Feliz cumpleaños, maestra.

2.10.26

FESTEA 2026 Inaugura su Vigésimo Segunda Edición con el disruptivo late show "Identidades Falsas, Risas Reales"

 

El Festival Teatral de Autor (FESTEA) inicia su vigésima segunda edición por todo lo alto con una propuesta escénica innovadora que fusiona la irreverencia de la televisión en vivo, el teatro de autor y la música. Este año, el festival está dedicado a honrar la obra y los aportes de dos grandes referentes de la dramaturgia universal y contemporánea: Luigi Pirandello y Karin Valecillos. 

La gran gala inaugural se llevó a cabo el 30 de septiembre a las 7:00 pm en el Hard Rock Café Caracas, transformándose en el escenario de una experiencia non-stop titulada Identidades Falsas, Risas Reales, un formato de revista nocturna donde la solemnidad se rompe para dar paso a la risa, el análisis de las relaciones y la celebración del arte escénico. 

Posterior a su apertura, el festival se realiza del 30 de septiembre al 11 de octubre, presentándose en Espacio El Galpón, ubicado en la Avenida Andrés Bello, y en Teatro Líder de La California. En esta edición se cuenta con la participación de 11 agrupaciones, entre las que destacan Mixturando Teatro, Theatron Venezuela, Teatro Siso y Sobretablas de Venezuela, además de la Productora Cultural Arte Sano, la Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo, la Agrupación Alma, Pasión y Tablas, y la Academia de Arte D´Zulialieb. La programación detallada se puede consultar en el blog oficial festea.blogspot.com. 

Oswald Pineda, Trasteo Teatro

La gala inaugural contó con la conducción del experimentado presentador Christian Dellepiane, acompañado por la atmósfera y mezclas en vivo de DJ Diamond Produce, el equipo técnico audiovisual conformado por Manuel Guevara, Alejandro Sanz y el director técnico Carlos Palacios, junto a la producción y logística a cargo de Dayana Gómez y Ademir Alfonzo. Las voces en off de Carlos Del Castillo y Manuel Guevara. El cartel reúne lo mejor de la comedia, el teatro y la música nacional, destacando la participación de los comediantes Dylan Araque, Vidaritza Perozo y Cheo Chiste, junto al showman Abraham Veronese transformado en la Guarachera de Cuba, Celia Cruz.

Maigualida Gamero
Asimismo, la noche contó con potentes bloques de monólogos estructurados en una adaptación al formato de stand up dramatúrgico, con intervenciones breves de exactamente 7 minutos cada una. Se presentaron la obra La Taconera (dirigida por Carlos Del Castillo y escrita por Jan Thomas Mora Rujano) y el monólogo de comedia romántica feminista Mujer Empoderada (escrito por Max Coloma y dirigido por Ademir Alfonzo), ambos protagonizados por la directora general y fundadora del festival, Maigualida Gamero. A ellos se suma Oswald Pineda, de Trasteo Teatro, interpretando el monólogo Las 10 mentiras más comunes de un gay (escrito por Junior Molina y dirigido por Armando Yánez). Por su parte, el toque melódico y romántico de la velada corrió por cuenta del cantautor Erick Uzcátegui, quien puso a cantar a todo el público con sus temas propios y un repertorio de covers inolvidables. 

Agrupación Centro Comunitario Pedro Zerollo
participa con Las Mártiras

Como parte del sentido solidario del festival, además de adquirir las entradas, el público asistente a la gala y a las funciones podrá colaborar llevando un insumo para los afectados por el terremoto del pasado mes de junio, se solicita productos de higiene personal, medicinas nuevas y en perfecto estado, y /o útiles escolares. 

 

Esta vigésima segunda edición reafirma el compromiso de FESTEA de seguir apostando por formatos audaces que conectan directamente con el público contemporáneo.
 

Es de hacer notar que FESTEA, es un festival de corte competitivo que cuenta con jurados invitados y que impulsa a los artistas emergentes.

Instagram oficial: @festeavzla 

Blog del Festival: festea.blogspot.com 

La Reina: El acto mismo de consagración del presente


Foto cortesía Javier Campos

El teatro, la magia y la religión son rituales populares, algunos totalmente  lúdicos y otros sacros, porque aquellos seres humanos prehistóricos  inventaron los dioses, los crearon y a ellos les ofrecían sacrificios; de ahí nació  la magia y después derivó en religión. Y eso, por supuesto, ha evolucionado en  cada una de esas disciplinas. 

(Chalbaud, 2017) 

Por: Eloy Marchán. 

Los autores Peter Brook y Antonin Artaud trabajaron la noción de “lo sagrado” en el teatro. Artaud examina la forma de liberar la energía humana a través del  quehacer teatral, una forma de expresar el hecho ritual innato que fue  desapareciendo con el tiempo. Brook, además, propone al teatro sagrado como un  lugar donde lo invisible puede aparecer, hecho que consideró posible gracias a la  convención entre los espectadores y actores en un “espacio vacío” y que además  prescinde de la “cuarta pared” a la que estamos acostumbrados. A partir de estos  planteamientos, inicio el camino para aproximarme a lo “teatral sagrado”.  

Surge así, la oportunidad de trabajar en La Reina un texto dramático que  nace de la experiencia que su autora, Valentina Garrido, que cuenta ya con una lista  de reconocimientos en su carrera como actriz y que dio el salto a la dramaturgia  para darle vida a la Diosa venezolana, María Lionza. Aquí entra en la dinámica la  audaz dirección de Carlos Arroyo, actual director de la Compañía Nacional de  Teatro, con una vasta y reconocida experiencia que, al recibir la propuesta de traer  a las tablas la historia de la deidad yaracuyana, propone una mesa de trabajo con  la mirada puesta en que sea una experiencia posdramática donde la ficción pase a convertirse en la presentificación de una experiencia real compartida, para así pasar  de una obra con personajes y escenas cargadas de coreografías, a un monólogo  que, en el marco de lo sagrado posdramático, la convención plantea que "esto que  ocurre aquí y ahora, nos transforma a todos".


Mi trabajo como asistente de dirección, abarcó otras áreas para mí  importantes, brindar la orientación en lo relacionado al mito, ya que cuento con una  amplia investigación de 30 años en el tema, la dirección de arte y la realización de  los elementos usados por Garrido en escena. Hay detalles interesantes que no  debemos pasar por alto: A principios de la década de los 50 del siglo pasado, el  maestro Alejandro Colina presenta la escultura de María Lionza, una de las  imágenes más conocidas dentro y fuera del país. En 1956, el gran Alberto de Paz y  Mateos dirige María Lionza”de Ida Gramko, estrenada en noviembre del mismo  año. Obra que marcó un hito y es considerada uno de los puntos de partida y piezas  impulsoras del movimiento renovador del teatro moderno en Venezuela. Esta “farsa  en tres actos” explora el mito desde una perspectiva poética y humana,  confrontando la condición divina con los sentimientos humanos. Setenta años  después, en la sala “Román Chalbaud” del Teatro Alberto de Paz y Mateos, se  estrena La Reina, posterior a la declaratoria de su mito y culto como Patrimonio  Cultural de la Nación, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y el  Instituto del Patrimonio Cultural.  

¿Por qué La Reina regresa en una segunda temporada? Porque muestra  aspectos comunes que integran al ser venezolano y su sistema de creencias al  margen de las grandes religiones. Este tema presenta una ritualidad que no pasa  desapercibida ante distintos creadores en áreas como la música, la poesía, la  pintura y el teatro, disciplina que lo ha integrado en piezas como Caín Adolescente  (1952) y La quema de Judas (1965), de Román Chalbaud; Los pájaros se van con  la muerte (1975), de Edilio Peña; El inevitable destino de Rosa de la Noche (1980),  de Mariela Romero; Marilyn TEATRO SAGRADO, de mi autoría (2021), entre otras.  

En La Reina, la narrativa lineal se fractura para dar paso a la textura, el  gesto y el símbolo, afectando directamente los sentidos del espectador antes que  su intelecto. 

En Caracas, 01 de octubre de 2026.


Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...