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| Foto cortesía Javier Campos |
El teatro, la magia y la religión son rituales populares, algunos totalmente lúdicos y otros sacros, porque aquellos seres humanos prehistóricos inventaron los dioses, los crearon y a ellos les ofrecían sacrificios; de ahí nació la magia y después derivó en religión. Y eso, por supuesto, ha evolucionado en cada una de esas disciplinas.
(Chalbaud, 2017)
Por: Eloy Marchán.
Los autores Peter Brook y Antonin Artaud trabajaron la noción de “lo sagrado” en el teatro. Artaud examina la forma de liberar la energía humana a través del quehacer teatral, una forma de expresar el hecho ritual innato que fue desapareciendo con el tiempo. Brook, además, propone al teatro sagrado como un lugar donde lo invisible puede aparecer, hecho que consideró posible gracias a la convención entre los espectadores y actores en un “espacio vacío” y que además prescinde de la “cuarta pared” a la que estamos acostumbrados. A partir de estos planteamientos, inicio el camino para aproximarme a lo “teatral sagrado”.
Surge así, la oportunidad de trabajar en La Reina un texto dramático que nace de la experiencia que su autora, Valentina Garrido, que cuenta ya con una lista de reconocimientos en su carrera como actriz y que dio el salto a la dramaturgia para darle vida a la Diosa venezolana, María Lionza. Aquí entra en la dinámica la audaz dirección de Carlos Arroyo, actual director de la Compañía Nacional de Teatro, con una vasta y reconocida experiencia que, al recibir la propuesta de traer a las tablas la historia de la deidad yaracuyana, propone una mesa de trabajo con la mirada puesta en que sea una experiencia posdramática donde la ficción pase a convertirse en la presentificación de una experiencia real compartida, para así pasar de una obra con personajes y escenas cargadas de coreografías, a un monólogo que, en el marco de lo sagrado posdramático, la convención plantea que "esto que ocurre aquí y ahora, nos transforma a todos".
Mi trabajo como asistente de dirección, abarcó otras áreas para mí importantes, brindar la orientación en lo relacionado al mito, ya que cuento con una amplia investigación de 30 años en el tema, la dirección de arte y la realización de los elementos usados por Garrido en escena. Hay detalles interesantes que no debemos pasar por alto: A principios de la década de los 50 del siglo pasado, el maestro Alejandro Colina presenta la escultura de María Lionza, una de las imágenes más conocidas dentro y fuera del país. En 1956, el gran Alberto de Paz y Mateos dirige María Lionza”de Ida Gramko, estrenada en noviembre del mismo año. Obra que marcó un hito y es considerada uno de los puntos de partida y piezas impulsoras del movimiento renovador del teatro moderno en Venezuela. Esta “farsa en tres actos” explora el mito desde una perspectiva poética y humana, confrontando la condición divina con los sentimientos humanos. Setenta años después, en la sala “Román Chalbaud” del Teatro Alberto de Paz y Mateos, se estrena La Reina, posterior a la declaratoria de su mito y culto como Patrimonio Cultural de la Nación, a través del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y el Instituto del Patrimonio Cultural.
¿Por qué La Reina regresa en una segunda temporada? Porque muestra aspectos comunes que integran al ser venezolano y su sistema de creencias al margen de las grandes religiones. Este tema presenta una ritualidad que no pasa desapercibida ante distintos creadores en áreas como la música, la poesía, la pintura y el teatro, disciplina que lo ha integrado en piezas como Caín Adolescente (1952) y La quema de Judas (1965), de Román Chalbaud; Los pájaros se van con la muerte (1975), de Edilio Peña; El inevitable destino de Rosa de la Noche (1980), de Mariela Romero; Marilyn TEATRO SAGRADO, de mi autoría (2021), entre otras.
En La Reina, la narrativa lineal se fractura para dar paso a la textura, el gesto y el símbolo, afectando directamente los sentidos del espectador antes que su intelecto.
En Caracas, 01 de octubre de 2026.

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