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8.2.26

Teatro y filosofía, la vida del ser en la escena del asombro cotidiano, por Freddy A. Torres González

 Teatro y filosofía, la vida del ser en la escena del asombro cotidiano.


(Texto dedicado al doctor Jonás Montilva)

-La violación de lo sagrado:

¿Que religión profeso? Ninguna
de todas las que me nombras.
-¿Y, por qué ninguna?
-Por religión.

Uno se pregunta , quién por fanatismo, o respeta las creencias y hasta las no creencias de la otra gente considerado como ateísmo.
La íntima religiosidad de la escena clásica de Shakespeare por ejemplo no disminuye el fervor de las veneraciones con la trama de los hechos compactados por la trama Isabelina.
Lo sagrado del ser es una experiencia como ejercicio de poder que tiende a ser absoluto.

Empédocles nos dice que la diosa Afrodita fue la primera reina del universo considerada como la Edad de Oro de nuestro mundo donde no había conflicto entre los inmortales y mortales. Desde luego, esto es un "mito' dónde expresa la profunda nostalgia del hombre por la "sagrada paz" que antes había, tanto en el cielo como en la tierra.

En general, lo sagrado es lo que con fervor anhelamos, pero difícilmente podemos tener en su totalidad.
Lo sagrado en la escena de la tragedia griega es la experiencia que se escapa a nuestra voluntad inquisitiva puesto que es un don, una gracia, un regalo que transfigura al hombre que recibe este favor divino.
Nos referimos por supuesto al mythos que es muy superior que la sabiduría mundana que nos hace vislumbrar la esencia de lo sagrado.
Es la parte divina del hombre cuando afirmamos con los ojos bien cerrados:
"Cuando los dioses eran más humanos
los hombres eran más divinos".

Todo mal, en el ensayo del filósofo ruso, Simon Frank cuando escribió su tesis La crisis del humanismo: "Todo mal que para Dostoievski siempre tiene origen espiritual, la soberbia, la alegría por la desgracia ajena, la crueldad, el odio, y hasta la lujuria, proviene de algún modo, de la tendencia del alma de vengar lo sagrado del hombre, ofendido y humillado, el núcleo más sagrado de la personalidad de afirmar y defender sus derechos, de un modo absurdo y perverso.

Los hombres malvados y oscuros de las obras de Shakespeare se puede visualizar en Ricardo II, en su monólogo inicial donde nos confiesa que se quiere vengar de la naturaleza por haberlo dotado de un cuerpo de monstruosa fealdad:

(Yo privado de esta bella proporción, desprovisto de todo encanto por la pérfida naturaleza; deforme, sin acabar,
enviado antes de tiempo a este
latente mundo, terminado a medias,
y esto tan imperfecto y fuera de moda,
que los perros ladran cuando ante ellos
me paro. ¡Vaya! yo, en estos tiempos afeminados de paz muelle, no hallo delicia en que pensar, el tiempo, a no ser espiar mi sombra al sol, y hago glosas sobre mi propia deformidad).

Por cierto Nietzsche reconoce la 'ilusión' de lo suprasensible como la disposición de sensibilidad del sosiego, que de algún modo brinda la metafísica. Por eso es válido preguntar: ¿cuál es la naturaleza de esta “ilusión" de lo suprasensible? ¿Tenemos derecho para instalar en un mundo extraño una fuente de todo Bien y de toda Verdad, para desde allí para valorar esto que nos acontece como Vida?

La relación de Nietzsche con la metafísica del ser de cifra en un movimiento de pensar en el que está en juego es el valor de la existencia del hombre. El hombre, minado desde adentro por el tiempo, ejecuta con Nietzsche, una tregua amorosa con el tiempo para verse en el espejo de la profunda orfandad cósmica que lo devora y, sin embargo, se detiene a pensar el valor de la existencia ante los demás.

La vida, como la obertura de Don Juan de Mozart empieza con acorde menor. Ese acorde menor no es otro que el asombro del “aparecer” de todo cuanto aparece para decirlo en una frase filosófica de Heidegger. y ' aparecer " "salir" es decisivo, "existir”. En un sentido existir expresa el hecho de que algo de a partir de un cierto origen. Ese "darse algo" en que consiste la existencia de todo cuanto aparece, se traduce en el horizonte del hombre de manera de una "soledad enamorada" en la que lo se desea y atrae causa temor y horror.
Esta soledad tiene un carácter de peregrino pleno de autenticidad, se hace consciente de un rasgo migratorio y mudable de la experiencia de vida por ejemplo en Ricardo II del dramaturgo inglés.

Todos los horizontes que se le presentan al hombre para valorar la vida, según Nietzsche, es el ocaso de todos los objetivos que guarda el hombre para confrontar la vida.
Solo queda un desierto en el que la subjetividad ejercite su dominio fracasado.

El universo de la representación, es según Kant, el mundo del conocimiento que preserva un sólido fundamento que se revela en un vacío superficial de la apariencia.

Frente a la facticidad de la existencia de Ricardo II , el hombre está sólo,
solo con su deseo y su horror
al contemplar en toda su abismal
profundidad aquello que Nietzsche
en un fragmento póstumo en 1870,
llamo Mysterion y asombro.

En lo que respecta al mundo,
no pudiendo gozar de él
como un don apacible en su quietud
sino por el contrario a través de la realidad
dispersa, disímil, y plural crea un armisticio
con el mundo a través de los valores
que le confieren conservación y crecimiento,
asimismo, la seguridad es su máximo
ante la vida, pues mientras más mira al fondo,
el hombre, tanto más hasta el fondo
a observar su sufrimiento.

Freddy A. Torres González

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