Reseña Literaria
Trilogía
de los Asedios de José Martín Recuerda
por Carlos Rojas
Portada del libro Trilogía de los Asedios
de José Martín Recuerda © (2026)
Leer a José Martín Recuerda (1926 -
2007), implica asumir una incomodidad que no es pasajera ni estética, sino
profundamente ética. Su Trilogía de los Asedios (2026), publicada
por Ediciones del Bufón (Sevilla - Morón de la Frontera), no se ofrece
como una simple recopilación de tres textos fundamentales del teatro español
del siglo XX, sino como una experiencia de lectura que enfrenta al lector con
una estructura de pensamiento donde el conflicto no se diluye ni se resuelve,
sino que se instala y persiste.
A través de La llanura, Las salvajes en Puente San Gil y Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca, el escritor español articula un universo dramatúrgico donde el encierro deja de ser una circunstancia escénica para convertirse en una forma de organización social, en un dispositivo de control que atraviesa lo familiar, lo religioso y lo institucional, revelando con una lucidez implacable los mecanismos que regulan, castigan y moldean el deseo, especialmente el femenino.
En La llanura (1947), el
dramaturgo sitúa la acción en la Granada de la posguerra, pero lo que construye
va mucho más allá de una recreación histórica o costumbrista. El espacio
doméstico se convierte en un territorio cargado de tensiones donde la pobreza,
la ausencia del padre y la fragilidad de los vínculos familiares configuran una
atmósfera opresiva que condiciona cada gesto y cada palabra. En el centro de
este entramado aparece la Hija, un personaje que escapa a cualquier intento de
idealización y que se construye desde la contradicción, la incomodidad y la
urgencia. Su deseo de salir, de romper con el encierro que la define, no es
presentado como una aspiración heroica sino como una amenaza que desestabiliza
el orden establecido.
El autor no necesita construir grandes
acontecimientos para sostener el conflicto; le basta con colocar el deseo en el
lugar equivocado para que todo el sistema reaccione. El realismo que atraviesa
la obra se ve intensificado por una dimensión poética que no suaviza la dureza
del contexto, sino que la amplifica, haciendo que cada silencio, cada ausencia
y cada gesto adquieran una densidad emocional que desborda lo anecdótico.
En Las salvajes en Puente San Gil
(1961), el encierro adquiere una forma más sistemática y explícita. El
convento, que en apariencia debería ser un espacio de recogimiento y
espiritualidad, se revela como una estructura de control donde la disciplina,
la obediencia y la culpa funcionan como herramientas de regulación del
comportamiento. Recuerda desplaza el conflicto hacia el interior de una
institución que se sostiene sobre la negación del deseo y la supresión de la
individualidad, y lo hace sin recurrir a una crítica superficial o panfletaria.
Lo que emerge en escena es un entramado de
relaciones donde el poder no se ejerce únicamente desde la autoridad visible,
sino que se reproduce en cada una de las mujeres que habitan ese espacio,
generando una dinámica donde la vigilancia y la represión se internalizan hasta
convertirse en norma. La obra desarma la idea de santidad y expone cómo
cualquier sistema que pretenda domesticar el deseo termina produciendo formas
de violencia que se manifiestan tanto en lo simbólico como en lo psicológico.
La tensión dramática no se sostiene en grandes rupturas, sino en la acumulación
de pequeñas fracturas que, al hacerse visibles, revelan la fragilidad de un
orden que se presenta como incuestionable.
Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipciaca (1970), por su parte, lleva esta lógica de control a un territorio donde la hipocresía social se hace más evidente. El espacio de recogimiento, destinado supuestamente a la redención de mujeres consideradas desviadas o marginales, se convierte en un escenario donde la exclusión se institucionaliza y la violencia se legitima bajo el discurso de la caridad. Recuerda construye aquí una de sus críticas más directas y contundentes, mostrando cómo la sociedad no solo castiga a quienes se apartan de la norma, sino que crea mecanismos específicos para corregirlas, reforzando así el mismo sistema que las condena.
Las mujeres que habitan este espacio no son
figuras pasivas ni meros símbolos de victimización; son sujetos atravesados por
el conflicto, capaces de resistir, de cuestionar y de evidenciar las
contradicciones de un modelo que pretende salvarlas anulando su identidad. El
lenguaje se vuelve más crudo, más directo, y esa elección no es gratuita:
responde a la necesidad de nombrar una realidad que no admite eufemismos ni
distancias cómodas.
Lo que articula estas tres obras no es
únicamente la recurrencia de ciertos temas o la presencia de personajes
femeninos en situaciones de opresión, sino la construcción de una mirada que
entiende el teatro como un espacio de interrogación constante. Recuerda no
escribe para ofrecer respuestas ni para confirmar certezas; su dramaturgia se
instala en la incomodidad de las preguntas, en la tensión entre lo que se dice
y lo que se calla, en la distancia entre el orden impuesto y el deseo que lo
desborda.
La trilogía funciona como una cartografía donde
el encierro adopta distintas formas, pero responde a una misma lógica: la
necesidad de controlar aquello que no puede ser plenamente domesticado. En este
sentido, el valor del libro no radica solo en la calidad individual de cada
pieza, sino en la posibilidad de leerlas como un sistema que se expande y se
complejiza, permitiendo al lector reconocer las conexiones entre distintos
espacios y contextos.
La escritura de Recuerda se sitúa en un
territorio donde el realismo social se encuentra con una dimensión poética que
potencia su alcance. No se trata de un lirismo decorativo, sino de una
herramienta que permite intensificar la experiencia dramática y profundizar en
la construcción de sentido. Los espacios cerrados, los silencios, las ausencias
y las tensiones no resueltas configuran un universo donde cada elemento está al
servicio de una mirada crítica que no se limita a describir la realidad, sino que
la interroga y la desestabiliza. En esa operación radica buena parte de la
vigencia de su obra: en la capacidad de señalar estructuras que, aunque
transformadas, siguen operando en el presente.
La publicación de esta trilogía por parte de Ediciones del Bufón no es un gesto menor ni un simple ejercicio de rescate editorial. Se inscribe en una línea de trabajo que apuesta por textos que no buscan la complacencia ni la facilidad, sino que invitan a la reflexión y al debate. En un contexto donde el consumo cultural tiende a privilegiar la inmediatez y la superficialidad, apostar por una dramaturgia que exige tiempo, atención y disposición crítica es, en sí mismo, un acto significativo. Este libro no está pensado para ser recorrido de manera ligera; demanda una lectura atenta, capaz de sostener la tensión que cada obra propone y de asumir las preguntas que quedan abiertas.
Acercarse a Trilogía de los Asedios implica
también abrir la puerta a un autor cuya obra sigue dialogando con las
preocupaciones contemporáneas. José Martín Recuerda no pertenece únicamente a
un momento histórico determinado; su escritura trasciende ese marco al poner en
evidencia dinámicas que se repiten bajo distintas formas y discursos. Leerlo
hoy no es un ejercicio de nostalgia, sino una oportunidad para reconocer en sus
textos resonancias que interpelan el presente y obligan a reconsiderar ciertas
certezas.
Para el lector interesado en el teatro como
herramienta de pensamiento, este libro representa una entrada privilegiada a
una dramaturgia que no se conforma con representar la realidad, sino que busca
incidir en ella. Para la comunidad teatral, ofrece materiales de enorme riqueza
escénica, abiertos a múltiples interpretaciones y posibilidades de puesta en
escena. Y para quienes aún no se han acercado a la obra de Recuerda, constituye
una invitación directa a descubrir una voz que, lejos de acomodarse, insiste en
incomodar.
Leer esta trilogía es, en última instancia,
aceptar una invitación a pensar desde el conflicto, a habitar la tensión sin la
necesidad de resolverla de inmediato, a reconocer que el teatro, cuando se toma
en serio, no es un espacio de evasión sino de confrontación.
Ediciones del Bufón, al poner en
circulación este volumen, no solo amplía su catálogo, sino que refuerza una
apuesta por un tipo de lectura que exige y transforma.
Acercarse a este libro, suscribirse a su
propuesta editorial y seguir explorando su catálogo es también una manera de
participar en una conversación más amplia sobre el lugar del teatro en la
construcción de pensamiento crítico.
En conclusión, hay textos que se leen y se
olvidan, y hay otros que permanecen, que incomodan, que obligan a volver sobre
ellos; la Trilogía
de los Asedios pertenece, sin duda, a estos últimos.
Ficha Técnica:
Título: Trilogía de los Asedios
Autor: José Martín Recuerda
Editorial: Ediciones del Bufón
Suscríbete aquí https://edicionesdelbufon.com/product/suscripcion-anual-2026/
y haz que el teatro de la periferia siga latiendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario