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20.9.26

La importancia de ser espectador: entre el contexto y el arte de Federico García Lorca. Por Penélope Hernández

 

La expectación teatral es parte de la vida. Ser espectadores nos llena de energía vital y nos cura. Así como la Modernidad intentó regular al actor y al espectador, ahora en la Posmodernidad es el mercado el que intenta regularlo como cliente, como algoritmo, como encuestado, como número de estadística. El espectador amasa su existencia en la expectación, y la cuece en los fuegos de la infancia, de la inefabilidad, de la despalabra. La expectación es experiencia que colma la existencia de pasiones alegres.

Jorge Dubatti (2024). “Sin espectador no hay acontecimiento teatral”. Enlaces on-line Nº30.

 

 Por: Penélope Hernández

Ser espectadora de Granada, traición y crimen (homenaje a Federico García Lorca) fue una experiencia estética que me permitió, principalmente, agradecer la facultad de mirar y darme cuenta de cómo la energía del espacio y los actores logró mudarme a un universo poético indispensable, que mi propia interioridad requería. Ese universo está dentro de un contexto incierto, doloroso, el cual busca reconstruirse, pero sin dejar de estar atento a lo inevitable, a aquello que escapa de las manos de las personas, como una tragedia ocasionada por un doble sismo.

Apreciar la obra, sin teléfono en mano, me llevó a afirmar internamente la relevancia del arte teatral en situaciones tan complejas como las que vivimos actualmente. El teatro como esa oportunidad para reconocerte como un ser que se detiene, espera y, desde la complicidad, transita por distintas estaciones que satisfacen, interrogan, seducen y recuerdan que eres un ser humano.

Estas primeras líneas me llevan a manifestar la importancia de la vivencia del espectador, de las transformaciones que se generan en el público mientras observa, escucha, siente y participa en un montaje como Granada, traición y crimen. Una obra que desde la fuerza del baile y el clamor del canto nos invita a no deshumanizarnos, a jamás obviar que siempre se necesita del abrazo y amparo poético para nuestra existencia.

Fuente: Fotógrafo Arturo Moreno. 2026. Redes: @arturo_fotos
 
Agudeza y finura sublime caracteriza el trabajo de dramaturgismo realizado por el artista Aníbal Grunn. La palabra y la imagen expresan que detrás de ese tejido teatral hay un acucioso trabajo de investigación sobre la vida y obra de Federico García Lorca, una perspectiva crítica de lo que implica la libertad, el abuso de poder, la intolerancia, el amor y la huella indeleble de la poesía.

La dramaturgia de Anibal Grunn nos enfrenta a la noción que García Lorca expresó sobre el poeta dramático en su Charla sobre Teatro (1935):

 Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.

La poesía dramática de Granada, traición y crimen fue dirigida por tres directores: Rufino Dorta (Primera y Tercera Estación), Carlos Arroyo (Cuarta y Sexta Estación) y Aníbal Grunn (Segunda y Quinta Estación). Estaciones lúdicas para un espectador que se mueve y contempla al ritmo de los tiempos marcados por el soldado autoritario.

Fuente: Fotógrafo Arturo Moreno. 2026. Redes: @arturo_fotos

Los directores confirman con esta propuesta no convencional que el público está dispuesto a formar parte de las particularidades del arte porque le permite participar, de manera próxima, de algo que solo puede encontrar a través del teatro.

En el “Romance la luna, luna”, por ejemplo, García Lorca enuncia cómo la mirada y la metáfora te trasladan pero también encantan.

La luna vino a la fragua con su polisón de nardos. El niño la mira mira. El niño la está mirando.


En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y enseña, lúbrica y pura, sus senos de duro estaño.


Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, harían con tu corazón collares y anillos blancos.


Niño, déjame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarán sobre el yunque con los ojillos cerrados.


Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos.


Niño, déjame, no pises mi blancor almidonado.


El jinete se acercaba tocando el tambor del llano.


Dentro de la fragua el niño, tiene los ojos cerrados.


Por el olivar venían, bronce y sueño, los gitanos.


 Las cabezas levantadas y los ojos entornados.


Cómo canta la zumaya, ¡ay cómo canta en el árbol! 

Por el cielo va la luna con un niño de la mano.

Toda la magia y belleza lograda en Granada, traición y crimen cobra cuerpo en el hermoso trabajo de los actores. Hermoso por su entrega, energía, dominio de sus medios expresivos, especialmente la voz y el baile. Sin dejar de lado esa presencia y eco del silencio.

Fuente: Fotógrafo Arturo Moreno. 2026. Redes: @arturo_fotos

Felicitaciones a todos los actores. Expresaron una cohesión grupal de altura. Se suma un reconocimiento al excelente trabajo coreográfico de la artista Carmen Ortiz y  a la labor fundamental de voz y canto de la maestra Julia Carolina Ojeda.

Y con el poema El canto quiere ser luz recojo mi admiración por la estética de la iluminación lograda por el artista Gerónimo Reyes.

El canto quiere ser luz

En lo oscuro el canto tiene hilos de fósforo y luna.

La luz no sabe qué quiere.

En sus límites de ópalo, se encuentra ella misma,y vuelve.

Como no los puedo nombrar a todos en esta nota, comparto la imagen del programa de mano de Granada traición y crimen.Un documento importante para los investigadores de las artes escénicas. A esta memoria documental se suma la  gentileza del fotógrafo Arturo Moreno, cuyos registros visuales acompañan este escrito. Y bajo el espíritu de esta nota reflexiva, debo reconocer el trabajo de comunicación social realizado a través de las redes sociales; al difundir los sentidos y profundos testimonios de los espectadores. Excelente.

Para finalizar, reitero mi gratitud con la Compañía Nacional de Teatro por regalarme la oportunidad de reflexionar sobre la importancia de ser espectador. También por crear un momento fundamental para la historia del teatro venezolano actual, donde es preciso reconocer qué se dijo en nuestra escena luego de una tragedia como la ocurrida el 24 de junio de 2026.

¡Esta obra merece ser vista en todo el país. Aplausos para todos!

Caracas, 19 de septiembre 2026

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