Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 12 de abril de 2026 / Sala
Doris Wells / Casa del Artista
Niña Vieja es una obra con la cual regresa la
Compañía de Teatro Estable Casa del Artista. Una pieza con dos personajes
femeninos, una madre y una hija, un drama que nos introduce en un tiempo pasado
gracias a la radio que nos conecta con una época y una mujer que nos hace
pensar en la Penélope de Joan Manuel Serrat, en la Rosita de Doña Rosita la
soltera del poeta Federico García Lorca, en aquella mujer solitaria de En el
muelle de San Blas de Maná; una mujer, no tan joven, que al igual que la del
muelle de Maná escuchó a su amor jurar que volvería y empapada en llanto, ella
juró que esperaría.
El talentosísimo dramaturgo Benjamín Farías, no
se limitó con las referencias implícitas y eso le brinda una transversalidad
etaria al libreto. A ratos nos sentimos cerca de Lorca y un poco más allá
estamos sentados en el muelle de San Blas, con algún banco similar al de
Penélope. Sentimos que esta historia la hemos visto, pero no en el teatro o la
música, sino en la vida, pues continúa siendo la historia de las mujeres, que
pasa el tiempo, pero no pasan las dependencias.
La historia de Venezuela parece confirmar que
somos un país en espera, en espera de superar el gomecismo, en espera de
internalizar el daño de ese grupo terrorista que fue el perezjimenismo, en
espera de comprender la magnitud de la traición de Rómulo Betancourt y Rafael
Caldera en Nueva York y que luego la vuelven fotografía en la casa Punto Fijo
de Rafael Caldera en Caracas, en espera de que no se siga invisibilizando el
terrorismo de Estado de Betancourt, Leoni, Iglesia Católica, Fedecámaras, URD,
con la complicidad de Radio Caracas Televisión y Venezolana de Televisión que
por allá de 1964 a 1974 era propiedad de los Vollmer; seguimos en espera de que
la bonanza petrolera llegue al pueblo llano y no se quede represada en botellas
de whiskey 12 años en el sureste caraqueño; seguimos esperando la inclusión, igualmente
a un parlamento nacional de izquierda, para que se acabe de una vez por todas
eso de que quienes tienen la propiedad de una empresa se pueden quedar con el
80% de las ganancias, en español matemático: imagina que una empresa tiene 500 empleadas
y empleados y solamente 2 socios, y que a final del período fiscal se ganó un
millón; bueno, lo que dice la Ley del Trabajo es que esas 2 personas se pueden quedar
con 800 mil, 400 mil cada uno, y que a las otras 500 les quedarán menos de 400,
es decir, mil veces menos, porque recuerda que a quienes tiene cargos más altos
les quedará más plata, vaya que esto es lo contrario a lo que hacía Robin Hood,
la Ley del Trabajo permite que quien más tiene le robe a quien menos tiene. En
español marxista – leninista: aquí la explotación laboral es legal. Estamos a
la espera de que vayan a la cárcel quienes han practicado la operación colchón
en canales de televisión y emisoras de radio, también los de la payola (y no me
vengan con ídolos de una generación, hijas e hijos de la payola es lo que son),
igualmente los violadores del derecho humano al debido proceso, los nepotistas,
quienes violan la Constitución y quienes como alcaldes y gobernadores andan
colocando sus nombres y rostros en vehículos oficiales, edificaciones, franelas
y suponemos que quizá también entre las nalgas de algunas y algunos; estamos a
la espera de que vuelva la luz y también el agua. Una obra sobre la espera, en
este país, evidentemente es un acierto.
Pero la espera, también es obsesión. Esta mujer
que está esperando, vive en un mundo como el de Penélope o sea está como
obsesionada con la cuestión y nada de lo que le diga su madre altera esa
situación, no logra cambiarla, la afecta, pero no logra que comprenda lo que
vive. Entonces la obra se nos convierte en una reflexión sobre la relación
madre – hija, en este caso: Cipriana y Renata, respectivamente.
El sufrimiento - esperanza de Renata se
mantiene, pero no como algo que sucede en el pasado, que así lo es, sino como
un reflejo de que también está pasando en el presente, que la mucha
universitaria de 2026 no está tan alejada de Renata.
Es algo bien simpático lo que hace el
dramaturgo, que nos pone en el pasado para contarnos el presente y casi que
para decirnos Mira, Renata es como la del muelle de San Blas e igual le sucede
a las muchachas hoy en día, a las adolescentes les está pasando mucho este
tema, relaciones tóxicas de pareja en adolescentes, obsesiones donde hay
violencia de género psicológica y también violencia de género física, nada el
dramaturgo decide hablarnos de la vulnerabilidad de la mujer de cómo además el
corazón te juega en contra, se convierte en tu enemigo. La madre en cada conversación
se estrella contra el muro de la obsesión y la esperanza.
Edison Querales, en su estreno como director,
comprende la obra al dedillo y la puesta en escena refleja ese combate externo
e interno que viven Cipriana y Renata. La atmósfera que crea es asfixiante, por
eso le funcionan unos pocos metros y uno que otro elemento escenográfico. El
hogar como representación de la sociedad, de sus condicionamientos,
insensateces, impotencias e incertidumbres. En ese hogar todo encaja, la
iluminación, la dirección de arte, el sonido, el ritmo con el que se mueven, con
el que hablan. El presente teatral nos
arrastra al postmodernismo, en otro contexto, con más presupuesto, si todo lo
de dirección de arte fuese de una sola época, esta obra lograría una factura
más alta.
Yulizay Rada interpreta a una Renata a la que
le falta el recorrido de las funciones para completarse; ojo que no estoy
señalando que el personaje está por hacerse, todo lo contrario; el teatro, a
diferencia del cine y las series, está vivo y los personajes crecen en la
medida que sus intérpretes tienen la posibilidad de hacer funciones, este es el
crecimiento al que me refiero, el que brinda el contacto con el público, el de
la posibilidad de seguir encontrando matices en cada representación.
Laura Marquina como Cipriana, empezó con el
ímpetu contenido que posee el personaje, pero en el primer tercio de la obra,
andaba corriendo con los diálogos, eso la alejó del personaje. Cuando logró
controlar el ritmo, entramos en el mundo interior de Cipriana, sus dudas, el
anhelo por un futuro de bien para su hija, su desesperación, angustia y
preocupación como madre, esa gran necesidad de romper con un patrón de relaciones
tóxicas. Laura consigue momentos brillantes, se convierte en esa madre que termina
siendo todas las madres. Esa que queriendo ayudar termina dañando.
Ambas mujeres -personajes- actrices llegaron
al corazón del público, lo prueban los aplausos del final y los rostros de
satisfacción y grata sorpresa.
Queda entonces la Compañía de Teatro Estable Casa del Artista para mucho más, si las líneas de investigación y propuesta narrativa y estética son pasado como conector con el presente, mujer como universo de exploración e interpretación de la realidad, y difusión de la dramaturgia venezolana contemporánea, estaremos con una alta motivación para hacerle seguimiento a las propuestas de esta Compañía.
FICHA
Dramaturgia: Benjamín Farías.
Dirección: Edison Querales.
Actuación: Laura Marquina y Yulizay Rada.
Coordinación de Producción: Fabiana Gómez.
Diseño de Iluminación: José Medina.
Realización Escenográfica: José Félix Álvarez.
Producción: Dante Lombardi.
Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel
Es dramaturgo, guionista, docente, director y
publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en
experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y
director: Extraños en el Subte, en el Festival de Autores In-visibles”,
y posteriormente en noviembre, ¿Qué vaina esta?. Actualmente escribe la trilogía
de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento
educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

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