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30.6.25

Yo soy Fedra también, por Patricia Jiménez

 Yo soy Fedra también 


Patricia Jiménez


No importa si conoces la historia mitológica a la que esta obra hace referencia en clave contemporánea. No importa cómo la narraron en su tiempo Eurípides o Racine. Una mujer te recibe cantando “… no me quiere, no me quiere…”. Has entrado a su casa, a ese cuarto desordenado como una marea de trapos, objetos y vestidos que trastornan la paz de cualquiera. No te sientas en la acostumbrada platea de espectador desde donde podrías pasar por ausente. Te acomodas en el sofá, en el taburete, en el sillón. Fedra va a hablar contigo. Ya estás ahí. Ahora, escúchala. “… No me quiere, no me quiere, no me quiere…”


Una y otra vez repetirá sus parlamentos y los mismos estribillos. Debe asegurarse de que has entendido bien. Te contará de Teseo y de su hijo Hipólito, de lo que ambos le hicieron, de cómo la dejaron, de la mujer que es ella de la puerta para afuera. Sin embargo, no logra ser sin ellos, salirse de su único pensamiento: “… No me quiere, no me quiere, no me quiere…” ¿Qué más da si no nos quiere quien no nos merece? Pareciera absurdo, pero así somos de contradictorios. Así perdura el vértigo de liberarse.

Mariannela Morena ha escrito y dirigido la puesta en escena de Yo soy Fedra, encarnada por Noelia Campos, a la que verás transcurrir entre una juventud osada y un envejecer desesperado. Lautaro Moreno es el hombre detrás de la música, el Hipólito hecho vacío y presente en cada tormento de esa mujer que se ahoga en el hueco de mi mano.

Fedra vivirá sus días frente a nosotros hiperrealista e incómoda. Nos preguntará dónde se reclama, dónde se denuncia lo que ha padecido. No responderemos. Nadie sabe. Yo salí de su casa con la pena de dejarla sola. Tal vez debí decirle: en el teatro, ¿por qué no?

………..

Notas: Teatro La Morena de Uruguay se presentó en el Festival Internacional de Teatro Progresista Venezuela 2025 con la obra “Yo soy Fedra” del 14 al 17 de abril en la Galería de Arte Nacional.

Foto tomada de https://www.vtv.gob.ve/teatro-uruguayo-llega-a-la-gan-con-su-obra-yo-soy-fedra/  



Tierra sin mal, Rosanyel Zorrilla


Un viaje teatral: Tierra sin mal

Rosanyel Zorrilla

Emprender un viaje no es fácil y menos si es obligado.  Tomar todas tus cosas e irte de un lugar buscando algo mejor, que quizás encuentres o no, es algo que muchos latinoamericanos conocemos bien, en particular los venezolanos. Buscar una tierra sin mal, una tierra libre de pecados, una tierra virgen, debe ser el viaje más difícil que se puede hacer…

Desde Bolivia hasta Ciudad Guayana, el grupo que presentó esta obra de teatro viajaron para mostrarnos una historia de su cultura guaraní en el marco del Festival Internacional de Teatro Progresista. El montaje se realizó en el Auditorio de la Alcaldía de Caroní, San Félix, el 14 de abril del 2025.

Al entrar, sentí como los vellos de mi cuerpo se erizaron, al ver el auditorio convertido en una caja negra de teatro, grandes columnas con telas negras y luces, un sobre piso en el escenario, rodeado de palos de bambú con hilos que los conectaban y del techo colgaban bombillos de luz amarilla con las que se apoyaba la iluminación de la puesta. Llamó mi atención que en la esquina superior derecha, estuvieran ubicados unos elementos de música y sobre todo quedé impresionada por las máscaras que reposaban en el proscenio del escenario.

Los actores salieron y se colocaron frente a las máscaras de cara al público.  Su entrada fue un poco ambigua, al inicio no se entendió quienes eran hasta que vieron al público y se presentaron diciendo que nos contarían una historia, se colocaron las máscaras cambiando por completo su expresión corporal, forma de hablar y hasta la tonalidad de su voz. Fue muy impresionante sentir la energía de los personajes, uno de ellos ubicado en una esquina como personaje silente que hacía los sonidos que la pieza necesitara.

Lastimosamente, no pude escuchar mucho de la historia, ya fuera por la acústica del lugar que no es buena para una representación teatral, por el dialecto de las actrices que hablaban un poco rápido, por su dicción o tal vez por las máscaras que cubrían un poco la parte superior de sus bocas.  Sea cual fuera la causa, me perdí parte del relato aunque debo decir que la expresión corporal me permitió entender el contexto de lo que pasaba así como las pocas frases que entendía de tanto en tanto. También había un cántico en idioma guaraní que se sentía como una plegaría y era hipnotizante. Uno de los personajes salió de escena a través del público y regresó interactuando con éste de forma jocosa y relajada mientras se relacionaba con el escenario. 

La interacción directa con el público como un narrador de cuentos, más las canciones, los sonidos y los efectos especiales como el humo en escena y las luces de colores y especialmente el trabajo con títeres que permitía ver claramente a la actriz llevar el personaje, permitían al público estar en un estado ambivalente, entre la crítica y la reflexión fría de los hechos escénicos y la sumisión ante los aspectos emotivos que se presentaban.

Para concluir quiero decir que admiro el trabajo colectivo de este grupo boliviano llamado Akaraku Teatro y su obra IvI Marei: Tierra sin mal, ya que entre los actores y el técnico de iluminación crearon esta hermosa pieza, que relata una historia de la comunidad indígena guaraní, de donde son originarios los participantes. Me encantaría verla de nuevo para disfrutar mejor del texto. Recomiendo que la veas si tienes la oportunidad: sin duda saldrás con muchas reflexiones sobre nuestros ancestros, la vida y la sociedad. 

Mentiras y recuerdos, por Osmary Villalobos

 Mentiras y Recuerdos


Osmary Villalobos

Además de dramaturgo Pablo García Gámez es investigador y profesor adjunto en Stony Brook University y York College. García Gámez, Ph.D. in Latín American, Iberian, and Latino Cultures en The Graduate Center, CUNY, nos entrega Mentiras y Recuerdos, y aquí empezamos nuestra reflexión o como dicen coloquialmente en mi región, a veces con connotación perversa, pero divertida la frase “mi humilde opinión”, pero tranquilo Pablo, esta crítica es meramente un pequeño encandilamiento de una humilde aprendiz de crítica.

Empecemos hablando acerca de las tres mujeres que nos entrega pablo, Fina, Alma y Mora, una exquisita representación de una línea sucesorial que arrastra un rio de recuerdos camuflados con un toque de sarcástica mentira, pero que al mismo tiempo nos recuerda a nuestras propias mentiras heredadas de nuestras abuelas, tías, madres y demás mujeres que buscan morocotas.  Así que si quieres hacer un viaje interestelar a tus húmedos sentidos de una infancia muy venezolana y por qué no, también llorar un poquito te prometo que llorarás entre Mentiras y Recuerdos.

Continúo sin tanta miel para adentrarme en una historia que tiene a tres mujeres y sus vidas al revés y al derecho y… ¿por qué digo esto? Por la simple razón de que es un principio y fin, y esto se ve reflejado en el inicio, con sueños esperanzadores; en el medio cuando todo cambia y ves la realidad tal cual es; y al final cuando aceptas y aprendes que ser feliz es una elección.  Sin realizar spoiler esta elección de Mora es una nueva e innovadora imagen de la mujer venezolana, ¡ah! pero antes de irme debo mencionar a alguien muy importante: Iris. ¿Y quién es ella? Eso te lo dejo a ti querido lector, querido mirón del escenario, cuando la conozcas preguntarás si ya aprendiste a soltar y sanar.

Termino acotando que esta aprendiz de critica tiene mucho por escribir, pero esta obra fue mi mecha para empezar un mundo desconocido.  ¡Alabao sean los cielos que he descubierto un mundo hermoso!

Autor: Pablo García Gámez

Dirección: Nelly Oliver

Actores: Fina (Osmary Villalobos), Alma (Neyla Sandy), Mora (Andrea Sandy), Aquino-Padre (Manuel Ortega), Portu (Alejandro Borges)

 

(Maracaibo, 20 de abril de 2025)

Mentiras y recuerdos, por Alejandro Borges

 


 Teatro para crecer

Alejandro Borges

Las mentiras y recuerdos que se deslizan en conversaciones familiares, construyen una narrativa transgeneracional que expresa de manera violenta o tierna la vida. Sobre esta narrativa levantamos nuestros amores y odios, nuestra prisión o nuestra libertad, pero también nuestras opciones de ruptura y crecimiento.

En Mentiras y Recuerdos obra de Pablo García Gámez, uno de los dramaturgos fundamentales del teatro latinoamericano actual, asistimos a una de esas conversaciones en familia. La historia de tres mujeres: Fina, la abuela, Alma, hija de Fina y Mora hija de Alma. Fina, abuela-matriarca, cuenta al público sus recuerdos ¨Al principio fue un nosotros, papá, mamá, hermanos. Mis padres discutiendo, regañándonos, pegándonos a todos, pero en especial a las hembras¨,

Alma contará, después de la muerte de Fina, su historia desde el amor-odio que siente por el abandono de la madre, Alma confiesa ¨La quería, pero la detestaba con la misma intensidad¨. Mora, compartirá con el público las experiencias vividas con su abuela, la búsqueda de un tesoro de morocotas, pues Fina aseguraba, que su familia era rica y prestigiosa, ¨Somos ricos y de las mejores familias¨. Los hombres en el texto dramatúrgico son voces en off, memorias humillantes y maltratadoras para Fina y Alma.


Después de la muerte de la abuela, Mora enfrenta a Alma para dilucidar la historia familiar, ¿por qué el odio y el rencor entre su madre y su abuela? Alma confiesa que Fina siempre la culpó por el abandono de su esposo Aquino y la castigó entonces a no existir o a existir como Iris, una hija ficticia, que simboliza las expectativas y la presión que han pesado sobre Alma. Ahora que la abuela ha muerto y que se ha develado ese secreto familiar, Mora debe decidir qué hacer con ese legado.

La dirección de la obra por Nelly Oliver, dramaturga, actriz, directora, docente y creadora de TeatroEscuela, una comunidad teatral que propone el teatro como herramienta de crecimiento humano, hace énfasis en la comprensión de cada una de estas mujeres y su historia, Oliver utiliza como herramienta teatral la fuerza de los arquetipos; la matriarca-sabia, la madre y la doncella, para transmitir al público la complejidad de las relaciones familiares y explorar profundamente los vínculos entre tres generaciones de mujeres. Con igual propósito Oliver invita a la maestra Silvia Martínez a realizar la dirección coreográfica del montaje para explorar corporalmente esos vínculos. A diferencia del texto dramatúrgico Oliver pone en escena a Aquino, interpretado por Manuel Ortega, para representar la resiliencia femenina.

En el montaje de Oliver el público es comunidad que participa de la profundidad existencial, transgeneracional y espiritual de estas mujeres, por eso las actrices interactúan con el público-comunidad; toman su mano, susurran en sus oídos, buscan su mirada. Fina, la abuela, interpretada por Osmary Villalobos y Mora, la nieta, interpretada por Andrea Sandy buscan un tesoro de morocotas entre el público-comunidad que en ocasiones juega y colabora con la búsqueda, Iris ese personaje que solo existe como ficción es una muñeca de trapo sentada junto a la comunidad que asiste a ver la obra. Alma, interpretada por Neyla Sandy, recuerda un momento feliz de su adolescencia cuando ganó el reinado del liceo y el público-comunidad la aplaude y corea en su coronación. Para Oliver es fundamental la relación con la comunidad-público, el teatro como herramienta para el encuentro humano.

Los mínimos recursos escenográficos, una cámara negra de sesenta metros cuadrados y un dispositivo escénico circular para 40 espectadores, permiten a la comunidad-público concentrarse en las emociones de los personajes. La iluminación de Isidro Morillo y Marcos Morales contribuye a crear la atmósfera temporal de los recuerdos. El montaje de 'Mentiras y Recuerdos' de TeatroEscuela es una invitación a examinar nuestras propias narrativas familiares y a reconocer nuestras posibilidades para reescribirlas.

Ella es Fedra, por Ligia Álvarez

                                                                            

                                                         Ella es Fedra

Ligia Álvarez 

En el marco del Festival Internacional de Teatro Progresista 2025, la Galería de Arte Nacional abrió sus puertas para presentar el monólogo Yo soy Fedra del grupo El teatro La Morena de Uruguay. Dicha obra teatral cuenta con la dramaturgia y dirección de Mariannela Moreno. Está actuada por Noelia Campos, con la colaboración del músico Lautano Moreno, quien con su guitarra eléctrica acompaña el sonido de una cinta que deja escuchar una melodía tipo rock latino.

Este espectáculo conjuga la tragedia Fedra del dramaturgo francés Jean Racine, con una temática actual. Fedra es hija de Minos y Pasifae. Teseo se casa con ella en segundas nupcias. Sin embargo, su interés se centra en Hipólito, su hijastro. Como el joven no le corresponde, inventa una historia de violación. Teseo pide a los dioses un castigo para su hijo, el cual es concedido. Fedra se arrepiente y opta por el suicidio. Es esta una tragedia en la que la pasión, el destino, el arrepentimiento y la muerte están presentes.

Los temas de la tragedia clásica no tienen que ver con la temática de esta pieza. ¿Qué tiene en común la tragedia con la vida de una mujer contemporánea? Tal vez la vida de esta mujer es una tragedia, un drama diría yo. La envuelve la soledad, el amor que se termina con el matrimonio, y la pasión que ya no es correspondida, como el amor de Fedra que no encuentra su realización en Hipólito. Uno de los dramas que acongoja a las mujeres de hoy es el paso del tiempo. El cuerpo cambia, la belleza se marchita y si el amor no es fuerte pronto buscará otro rumbo. Eso le sucede a la Fedra de hoy. Está obsesionada por alguien que ya no la quiere.

El recibimiento para los espectadores al entrar en la sala es el “no me quiere”, que el personaje canta una y otra vez. Mediante el rompimiento de la cuarta pared, invita al público a participar e involucrarse en su drama, incluso lleva hasta su lecho a un espectador. Mantiene la atención con el atrevimiento del semidesnudo como recurso para crear una atmósfera de intimidad, que a la vez sorprende, dentro de la escenografía que recrea su habitación conformada por una cama matrimonial, una peinadora, una lámpara y un espejo que le sirve para ver lo que no le gusta en su físico actual.  En el lecho realiza unos movimientos que simulan una masturbación, que recrean el deseo sexual, la ausencia de pareja y la liberación de las tensiones que la soledad genera.

Esta es una obra ligera, sin más pretensiones que hacer pasar al público un buen rato entre reflexiones concernientes a la vida de una mujer contemporánea.  Se emplea la música y se entrega a los asistentes pitos, máscaras y collares hawaianos para hacerlos cantar y bailar con el propósito de bajar la tensión del drama de Fedra.

En cuanto a la acústica, por no estar la puesta en escena en un teatro, sino en una sala de la galería, algunos parlamentos se pierden. Creo que cuando una obra se presenta en otro espacio diferente a un escenario teatral, se puede ganar y lamentablemente perder. Por eso es importante otorgarle la debida atención al espacio escénico para que la obra crezca y no se disminuya.

Esta es Fedra, la Fedra de hoy que siembra curiosidad en los que no la conocen para que se informen sobre el mito clásico y encuentren vertientes de similitud con la actualidad. Vale la pena que el público vea Yo soy Fedra, porque sin duda la disfrutará.

Juicio a Medea , Nelly Oliver

 

          Juicio a Medea: versión de Yazmina Jiménez de Medea de Eurípides 


Nelly Oliver

Juicio a Medea versión de Yazmina Jiménez de Medea de Eurípides, fue estrenada en junio de 2024, por Baralt Teatro Compañía Estable del Teatro Baralt.  Dirección de Leonardo Isea, con la interpretación de Stefany Salas como Medea, Steff Bohórquez, Lusiany Atencio y Yasmaira Urdaneta como Coro / Jurado que juzga a Medea. Asistencia de producción de José Guillermo Pirela. Propuesta técnica Teatro Baralt bajo la coordinación de Lus Cabrita. La obra se presentó en la Sala Baja del TB con motivo de la develación de la Estrella que reconoce y celebra los 50 años de la destacada labor teatral de Yazmina Jiménez, alumna de la Maestra Inés Laredo, egresada de la Escuela de Artes Escénicas de la Dirección de Cultura de LUZ y fundadora del Teatro Mampara que celebra sus 40 años.

 

Juicio a Medea adaptación del texto de Eurípides por Yazmina Jiménez, trae a Medea al siglo XXI, para que un tribunal de mujeres haga una revisión de la medida procesal que la ha condenado por filicidio. 

 

El texto de Eurípides, adaptado por Jiménez, mantiene la carga de la mujer sin derechos del siglo IV a. de C. y añade los grandes males de las mujeres del siglo XXI, la desigualdad de género, la violencia basada en género, la discriminación y falta de acceso a derechos fundamentales. Jiménez nos muestra su conocimiento y compromiso con las luchas de las mujeres de nuestros países por lograr estar a salvo de esta “pandemia silenciosa”,  como la denomina la Cepal y el Observatorio de Igualdad de Género para América Latina y el Caribe.  

 

Por su parte, Isea soporta el dolor, tormento y locura de Medea en una puesta basada en un impecable trabajo de expresión corporal, asesorado por Tentempié danza-teatro. En las interpretaciones, Stefany Salas/ Medea, lucha contra lo que la agrede, un impasible,  inconmovible y sordo Coro / Jurado encarnado por Steff Bohórquez, Lusiany Atencio y Yasmaira Urdaneta. Esta actitud recuerda el destino de las leyes de protección a la mujer, que quedan estáticas y mueren en el olvido. Solo diez países de América Latina y el Caribe dan cobijo y protección a las mujeres y niñas víctimas de violencia. Completan la obra los efectos de ráfagas de viento y luz estroboscópica que nos muestran la furia de las Medeas del mundo. 


En Juicio a Medea nos adentramos en una problemática que camina en la cultura occidental desde su origen. Una cultura patriarcal que apartó de la participación pública a la mujer, invisibilizándola, anulando sus potenciales, relegando sus talentos y poniendo al servicio del poder las fortalezas y talentos de la mujer. Jiménez conoce a fondo esta problemática y se casa con el texto de Eurípides para seguir gritando al mundo, “ni una más”. Altas son las estadísticas en América Latina de las desigualdades, por ello se hacen imprescindibles estas voces. Historias, nombres, mitos que siguen repitiéndose en nuestro siglo XXI, ratifican el valor de las luchas por alcanzar los derechos de igualdad para las mujeres. Juicio a Medea se suma a esas voces que no bajan la voz porque a todas, todos, todes, nos involucra. 



Made in Ilva, William Leal

 Made in Ilva en San Cristóbal 

William Leal

“En la fábrica, en la fábrica, en la fábrica, corremos, corremos, somos campeones, somos campeones (…)”, parecen repetitivas incoherencias, pero son frases cargadas de potente energía que contagia a los espectadores, incluso a aquellos distraídos al comienzo, gracias a la fuerza actoral del intérprete. 

La obra Made in Ilva, dirigida por Anna Dora Dormo y con la actuación de Nicola Pianzola, del grupo Instabili Vaganti de Italia, se presentó en el Ateneo de la ciudad de San Cristóbal, Venezuela el 30 de marzo de 2024 durante el tercer FITPVEN.  Una mesa metálica que a veces hace de escalera y otras veces, de caja (multi-significación de un elemento) es el dispositivo escenográfico que acompaña al actor quien con un gran despliegue corporal (teatro físico) nos sumerge en la cotidianidad de una fábrica aunque también puede ser una moderna oficina donde la rutina laboral se ha instaurado.  Allí el ser humano se ha transformado en un robot, en un androide. 

Made in Ilva escenifica el estado de enajenación al que puede llegar un trabajador cuando la competencia y la sobreexplotación laboral se han instalado en su cotidianidad. Según los integrantes de Instabili Vaganti la pieza se construyó partiendo de testimonios y vivencias de los trabajadores de la empresa siderúrgica Ilva, localizada en la ciudad de Tarento al sur de Italia.

 

 (abril, 2025) 

Negro, Elimara Navarro

Negro


Elimara Navarro

En la cuarta edición del Festival de Internacional de Teatro Progresista, en las instalaciones del Teatro Bolívar en la ciudad de Caracas se contó con dos funciones de la Compañía Teatral La Congregación, fundada en el año 2006 en Colombia, presentándonos la obra Negro escrita y dirigida por Johan Velandia.  En ésta como en otras obras de Velandia se presenta un contexto teatral que busca abordar las problemáticas sociales y culturales que de alguna manera están presentes en toda Latinoamérica. 

Esta es una obra casi autobiográfica y autorreflexiva del dramaturgo. Luego de realizar estudios con los maestros Sergio Blanco y Mauricio Kantunk el autor es reconocido por explorar temáticas sociales con profundidad.  En esta oportunidad nos presenta Negro que destaca por su valiente confrontación relacionada con la identidad racial y sexual de una sociedad.

Negro narra la historia de varios personajes que representan diferentes facetas de la vida de un niño de 8 años llamado Futuro y su medio hermano de piel negra llamado Silencio, dos añosmenor que él. Un día cualquiera la madre de Silencio decide que es hora de que su padre se haga cargo de él, con la esperanza de que este señor tome la decisión de dejar su hogar y viva con ellos definitivamente. El padre decide llevarlo a vivir con su otra familia en la que todos son blanquitos.  Con estos medios hermanos, Silencio tiene que compartir la cama, la comida, la escuela y un padre. Está inmerso en vivencias personales y colectivas donde se abordan temas como el racismo, la búsqueda de identidad y el legado cultural. La trama invita al espectador a reflexionar sobre el significado de ser diferente.

Futuro, un niño que siente celos del nuevo miembro de la familia, enfrenta su lucha personal porque se siente diferente por no gustarle el fútbol y los juegos de varones; se tiene que enfrentar socialmente a tener un medio hermano muy diferente a él siendo un niño abusado por su entorno.  Como respuesta confabula un plan para que su medio hermano se encuentre con su madre y vuelva él a reinar en su hogar.

Silencio, al reconocerse negro como si fuera un pecado, inicia un viaje en la búsqueda de su madre.  Se extravía en la ciudad en la que encuentra una realidad de la calle impensable por un niño. 

El dramaturgo Velandia aporta una mirada fresca y necesaria al panorama teatral contemporáneo, una mirada de dos realidades con un mismo progenitor.  El guión logra un equilibrio entre el drama emocional y el humor, lo que permite al público conectar profundamente con los personajes. Los diálogos son incisivos e impactantes, lo que provoca una reflexión sobre realidad social. Cada línea está cargada de significado, ayudando a construir un mensaje poderoso.

Las actuaciones de los actores William Hurtado, Emmanuel Restrepo y Cristian Ruiz logran transmitir una gama de emociones que van desde la alegría hasta el dolor profundo.

La quema de Judas, Graciela. S. Mitchell

 La Quema de Judas, producción Teatro UDO Anzoátegui 


Graciela S. Mitchell

La Señora Santísima es víctima del dolor más grande que puede sufrir una madre: la pérdida de un hijo.  La presencia de un periodista le hace contar, muy vívidamente, los caminos transitados por su hijo y que lo llevaron a la muerte. Jesús y José intentan salir de la marginalidad desde distintas vías, José haciéndose soldado para defender a la patria y Jesús, entrando a la policía para ayudar a sus amigos ladrones y conseguir robar más dinero, ambos no completan su cometido. Al presentar esta realidad, de personajes sacados de los bajos fondos, pertenecientes a la más absoluta marginalidad y por muchos esfuerzos que estos hagan, nunca dejarán de serlo; pero lo terrible de allí es que saben y no hacen nada para dejar de serlo y si alguno de ellos lo intenta, termina sucumbiendo.

Un texto escrito hace más 50 años por el escritor venezolano Román Chalbaud, muestra con gran vigencia, parte de la vida cotidiana de un país. La Quema de Judas es una crítica a la mentira, al engaño, a los falsos valores y a la corrupción como aliados del poder.

Montada en 2016 por el grupo de Teatro UDO Anzoátegui, bajo la dirección de Carlos A. Diaz, permite disfrutar en escena de diez actores, la mayoría enfrentándose por primera vez al escenario, pero cuyas actuaciones hicieron que el público, se identificara con las situaciones vividas. Actuaciones como la de Laura Gómez, como la Señora Santísima y Johan Veliz, como Jesús Carmona, nos evidencia un vínculo  madre–hijo de profundo amor y dolor. Ganzúa, representado por Juan David Erazo, sorprende con su trabajo corporal, al igual que el personaje de Ángel, donde Marcos Santiago, construye a ese ser consumido por una condición de vida que afecta su cuerpo y mente.

Las idas y vueltas entre el pasado y el presente fueron marcadas con cuadros de iluminación que trasladaban al espectador; objetos que entraban y salían del escenario, de forma casi imperceptible por el público, complementaban los distintos cuadros. Otro elemento de gran valor fue la escogencia de la musicalización que completó la atmósfera, permitiendo hundirse en el profundo dolor de la pérdida de los personajes.

Sin duda una puesta en escena de una tragedia cotidiana, pero que mezcló momentos de dolor, con situaciones jocosas que terminan por hacer que el público no se suma en la tristeza sino que se ría, por momentos, de su triste realidad.

Estrella negra, Dora Lucena Ramírez

 

Estrella Negra

Dora Lucena Ramírez (texto y fotos)


En Venezuela, en el marco de la Cuarta Edición del Festival Internacional de Teatro Progresista 2025, fue el estreno mundial de la obra Estrella Negra. La puesta en escena fue realizada en la Sala Román Chalbaud, del Teatro Alberto de Paz y Mateos.

Estrella Negra, fue escrita por el venezolano. dramaturgo, investigador y docente Pablo García Gámez, quien es un referente de la dramaturgia latinoamericana. Sus piezas han sido presentadas en Nueva York, Lima, Buenos Aires y Caracas. Ha sido acreedor de numerosos premios y reconocimientos en Venezuela y en el exterior. Actualmente está residenciado en Nueva York.

La obra fue dirigida por el actor y director teatral Hassane Kouyaté, originario de Burkina Faso, quien trabajó durante años con el director Peter Brook y la directora y dramaturga Ariane Mnouchkine Kouyaté, tiene una dilatada carrera de dirección teatral en varios países de África y Europa.

La bailarina, coreógrafa y maestra venezolana, Carmen Ortiz, realizó la coreografía inspirada en danzas afrodescendientes, que fueron acompañadas por diversos instrumentos de percusión de raíces africanas, entre ellos el quitiplás, la mina y la curbata.

La excelente actuación contó con la participación de actores de reconocida trayectoria de la Compañia Nacional de Teatro y del Teatro Negro de Barlovento. Con actuaciones de Aura Rivas, Ariana León, María Tellis, William Cuao, Ender Machado, Carlos Arroyo y Dionis Bahamonde. La asistencia a la dirección estuvo a cargo de Eloy Marchán; en la producción Arístides Muñoz y Aníbal Álvarez y en la iluminación Gerónimo Reyes.

Estrella Negra, a través de una combinación de actuación, narración, danzas y cantos afrodescendientes, nos presenta una obra que está inspirada en la vida del lider jamaikino Marcus Garvey y su lucha por los derechos de la comunidad negra. Marcus Garvey vence prejuicios propios y ajenos, así como numerosos contratiempos y logra realizar varios de sus sueños, entre ellos: fundar en 1914 la Asociación Universal para el Mejoramiento de la Raza Negra (UNIA), y en 1919 crear la primera naviera en el mundo operada por gente de color, la Star Black.

La puesta en escena de Estrella Negra, es producto de la sinergia entre dramaturgia, dirección y actuación. Sí, sinergia entre esos elementos que conjuntamente con la sencillez en el vestuario y un minimalismo escenofráfico le otorgan agilidad y ritmo al recrear la atmósfera de las diversas épocas de la vida de Marcus Galvey. Esta es una historia que merece ser vista, analizada, y disfrutada por lo anterior dicho, ademas por la calidad estética y el valor de la historia de Marcus Garvey y sus contribuciones a la comunidad afrodescendiente.

(abril 2025)

Estrella negra, David Ortega

 

Estrella negra

David Ortega

Esta pieza teatral fue escrita por quien ha dedicado gran parte de su vida al mundo del teatro, destacándose en la investigación, la docencia y en dramaturgia. Actualmente, y desde hace varios largos años, está dedicado a la investigación. Pablo García Gámez se ha destacado como crítico teatral y dramaturgo. Ha recibido sendos galardones de la Asociación de Cronistas del Espectáculo (ACE), en el 2007 y el 2015. Es ganador del premio de Dramaturgia Apacuana (2017) con su obra Oscuro, de noche, y ha recibido reconocimientos por otras de sus obras.

El Festival Internacional de Teatro Progresista de Venezuela (2025) se vistió de gala con la presentación de Estrella negra, dirigida por Hassane Kassi Kouyaté, experimentado cuentacuento, actor y director teatral originario de Burkina Faso y residenciado en Francia, y Eloy Marchán como su asistente de dirección. La puesta en escena de esta obra cuenta con la participación de un selecto elenco de la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela y del Teatro Negro de Barlovento. La actuación está a cargo de las destacadas actrices Aura Rivas, Livia Méndez, Ariana León y María Alejandra Tellis, y de los actores Ender Machado, José Luis León, Carlos Gabriel Arroyo, Dionis Bahamonde y William Cuao, quienes interpretan varios personajes a la vez. La producción está en las manos de Arístides Muñoz y Anibal Álvarez, y la iluminación recae en Gerónimo Reyes.

Estrella negra transcurre entre narraciones, cantos, el sonido de tambores y bailes, parlamentos llenos de esperanzas, euforias, alegrías, llantos, intrigas y traiciones que recrean la vida de Marcus Garvey, un jamaiquino que durante la primera mitad del siglo XX se empeñó en luchar por los derechos de los negros en su tierra natal y de Estados Unidos de América. Las narraciones de cada etapa de su vida ubican al espectador en el hilo temporal de sus luchas y en el espacio en que acontecen. Los diálogos de los personajes, unos acompasados y otros vigorosos, mantienen la expectación del público; y los cantos y bailes sincronizados con el sonido ancestral de los tambores mantienen la tensión de la puesta en escena. La iluminación en cenital le da brillantez al escenario, los objetos móviles utilizados permiten rápidos cambios de escena, y el vestuario se ajusta a los personajes representados.

Valió la pena asistir a este espectáculo teatral por la calidad del texto, la excelencia de la dirección y de las actuaciones, merecedor de volver a ser presenciado por el exigente público venezolano y de otras latitudes.

 (Abril, 2025)

Ensayo: Poder Subterráneo, Eduardo J. Bravo G. (2008)

 Poder Subterráneo

por Eduardo J. Bravo G.

El matiz político inherente en las piezas El día que me quieras de José Ignacio Cabrujas, Sagrado y obsceno de Román Chalbaud y Anselmo y Gata de Javier Moreno.

 

Luego de realizar la lectura de las obras El día que me quieras de José Ignacio Cabrujas (1937-1995), Sagrado y obsceno (1931), de Román Chalbaud y Anselmo y Gata (2004) de Javier Moreno, se puede indagar profundamente en el matiz político innato de cada una de las obras mencionadas. Comenzando con la obra El día que me quieras, estrenada el 26 de enero de 1979 en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, del Nuevo Grupo, con un gran éxito de la crítica nacional, teniendo aproximadamente más de 200 funciones, lo cual la mantuvo en cartelera durante un año.

Esta obra es un extraordinaria bra en torno al viaje de Carlos Gardel a Caracas en 1935, para una actuación especial ante el dictador Juan Vicente Gómez. Se nota una extraña relación con la familia Ancízar, a la que conoce accidentalmente y que provoca, además, una insólita decisión del comunista y enamorado Pío Miranda. La obra presenta su contexto histórico, que se detalla prácticamente en el último año de la vida de Juan Vicente Gómez. En ella se presentan siete personajes. En primer lugar, las mujeres de la familia Ancízar: las hermanas María Luisa, Elvira y Matilde Ancízar. Después tenemos a los hombres que forman el cuarteto central de la trama: Plácido Ancízar, hermano de las anteriores; el novio de María Luisa, Pío Miranda; el cantante de tango Carlos Gardel y su representante, Le Pera. También hay personajes referenciales, que se muestran en extraescenas, como un hecho de metonimia, formando un punto importante dentro de la trama.

Esta obra, estructurada en dos actos interdependientes, se articula en torno a las canciones que la conforman. Sin ellas, la obra perdería cohesión y sentido, pues el título mismo las presenta como elemento fundamental. Las canciones, que movilizan la trama con un ritmo interno y externo que entrelaza lo amoroso y lo ideológico, son el hilo conductor de la narrativa. En el primer acto, que abarca una sola jornada, desde el mediodía hasta la medianoche, se presenta la canción "Rubias de Nueva York". Esta elección temporal es significativa, ya que el autor juega con la simultaneidad en un mismo espacio. El acto se desarrolla en la casa de la familia Ancízar, cerca del mediodía, momento crucial en el que Pío Miranda visita a su novia, María Luisa. Sin embargo, la conversación gira en torno a la llegada de Gardel a Caracas, su presentación en el Teatro Principal y su estadía en el Hotel Majestic, un acontecimiento que genera gran expectación entre las hermanas Ancízar y las mujeres de la ciudad. Este acto presenta los planes de futuro de Pío y María Luisa, incluyendo su posible viaje a Ucrania para trabajar en un koljós de remolacha, y aborda temas relacionados con la Revolución Soviética y la posibilidad de una vida matrimonial lejos de Venezuela. La obra desarrolla estos temas con un enfoque íntimo y reflexivo. En otro contexto histórico de la existencia humana, junto con el deseo de Pío Miranda de pertenecer al Partido Comunista Soviético, éste comienza a vivir un contraste. La llegada de Gardel genera una gran expectación en la ciudad, debido a la perfección del cantante, a su experiencia vital, a su paso por los mejores escenarios y a su influencia con gente importante del mundo. Esto es algo que Pío Miranda solo tiene en sus pensamientos. Todo esto forma parte, en este primer acto, de una referencia, de un estratagema, con los personajes presentados de forma metonímica: Gardel, Le Pera, y los líderes de la Revolución Soviética. Se puede denotar en el siguiente texto de Elvira, cuan llega a almorzar a la casa:

ELVIRA: ¿Vieron las banderas? (Silencio) Dios mío, uno podría morirse viendo las banderas. Él no. Él va a pasar de largo del puerto al Ferrocarril, del Ferrocarril al Capitolio, del Capitolio al Panteón y del Panteón al escenario. No hay una flor en toda la ciudad. Te enfermas y buscas una flor y preguntas dónde hay una flor antes de caer muerta, y te dicen que no hay. Esta noche el Principal huele a magnolia. Y él viene de negro. ¿Se enteraron? ¿No es increíble que salte por encima de este asunto panameño y que en lugar de blanco nos entregue un invierno? Chaleco marfil, por supuesto. Como sabe. Como es. Ni una gota de sudor en todo el cuerpo. Ni siquiera cuando acarició las palomas en la plaza de las palomas. Aquella frente limpia y todo el mundo comentando: no suda, no suda...

Matilde: ¿No sudó?

Elvira: ¡No sudó!

Prontamente, en el segundo acto, se presentan la cancione “Shimmy Tut-Ankh-Amón”. Ya es medianoche. Carlos Gardel va a presentarse de una manera muy cordial a la casa humilde de los Ancízar. Todo esto lo deja entrever el autor como una velada que ha generado la simpatía de las mujeres ante Carlos Gardel. Es en este segundo acto donde Pío Miranda deja en el ambiente su frustración, sus miedos, angustias y el hecho de no saber con certeza nada del mundo, solo los referentes que le han presentado los libros con sus lecturas. Esto llega a un punto culminante, entre tragos de champán y el entusiasmo de Gardel en la casa, donde el mismo Plácido va a generar esa angustia en el mismo Pío, al hacer que se realice un juego de preguntas, donde, por supuesto, Pío Miranda ya develará su desconocimiento del mundo en el hecho de presenciarlo. Las quimeras que Pío vive en su fantasía y que, de una u otra manera, hace vivir a los demás, comenzando con su novia, la inocencia de Matilde que cree todo lo que ha dicho Pío, y la forma complaciente de Plácido con todo lo que Pío le ha contado del mundo. Pero no así con lo que Elvira ya sabe del hombre que tiene todos los días su visita a las doce del mediodía, para burlar el hambre. Cada punto y juego de palabras va a dejar ver esa Venezuela que vive en el atraso, el sufrimiento de su gente y lo avanzado que ha ido el mundo. El mismo Gardel es un referente del mundo, de lo nuevo, de lo avanzado y de lo que invoca el atraso en estos países de Sudamérica.

Ese mundo nuevo lo notamos en un diálogo muy importante de Elvira ante todos. Cuando apunta a su hecho de que ella está colgada del brazo de la historia, refiriéndose a Gardel, que su memoria tendría que estar atenta para recordar todo lo que ha vivido, que cómo haría para recordar todo lo vivido, y con mucho entusiasmo lo dibuja: “A ver... entraste por esa puerta... y yo estaba en la cocina... Salí... Matilde te entregó la espiga que simboliza la fertilidad de nuestro suelo... Y tú besaste la espiga y la devolviste a la tierra donde estará hasta el día de mi muerte... porque ese día, con tu permiso, quiero llevármela en el cajón del horizonte... para oler un poquito de esperanza... a olor tuyo...

(Huele a Gardel)”... (p. 56).

Donde Matilde le pregunta: ¿Y a qué huele? Elvira se maravilla y, como si estuviera montada en una nube, viviendo la fantasía: “a universo… a Rey Mago… colgada del brazo de la historia”, (p. 56).

Cada palabra es un encuentro con ese mundo nuevo, que lo ven reflejado en Carlos Gardel y Le Pera. Es esa manera que Venezuela debería buscar ante el mundo y no encontrarse en una “equivocación de la historia”. Donde el sentir de los personajes, que se presentan en la familia Ancízar, incluyendo al mismo Pío, presenta esa marginalidad y miedo del país, de una Venezuela atrasada donde llega un ser que ha recorrido el mundo, como si el mismo Gardel, para el autor, representara esa esperanza que está a punto de llegar. Recordemos, en este punto, que el dictador muere ese mismo año, un 17 de diciembre.

Ahora bien, el desenlace se presenta de manera abrumadora y abrupta cuando el mismo Pío Miranda deja colar sus frustraciones ante todos los demás, dentro de una forma de burla y vergüenza que él comienza a sentir, como si sintiera la dominación del conocimiento de Gardel y que todo lo que él ha dicho ha sido mentira y no le ha quedado otra cosa que desnudar su verdad, frustrando el gran amor que María Luisa ha sentido por él. Lo existencial de Pío Miranda se deja colar, pero también es lo existencial del propio país que está a punto de derrumbarse, la llegada de un ocaso, para presentar ante todos el despertar del alba. Pues las palabras que revela Pío Miranda, donde indica que ya no se casará con María Luisa, que no tendrán ningún viaje a Ucrania, que el koljós de remolacha cabe en la calle de Gato Negro, a unas cuantas cuadras de la Pastora. Que el cultivo de remolacha será en ese espacio.

La pieza teatral está enmarcada en un tiempo que, paradójicamente, se sitúa un día de 1935 en Caracas, donde se presenta Carlos Gardel; el mismo día que, tras la muerte de Lenin, se busca un sucesor. Ritos y mitos, ídolos y líderes se mezclan y confunden en una suerte de danza al ritmo del tango. El día que me quieras es una alegoría de héroes y cobardes, de líderes y súbditos; una alegoría que nos envuelve en la duda sobre el absolutismo. El autor estrenó El día que me quieras hacia el final de una década cuyo paisaje moral estuvo dominado por una desilusión política.

Los setenta fueron los años que concluyeron con todos los segundos alientos, todas las intenciones de corrección del movimiento comunista internacional, todas sus distensiones tácticas y estratégicas, todas sus exploraciones en las que el confidente era sustituido por el paredón de fusilamientos, todos sus gestos, todos sus propósitos y todos sus cultos. De igual forma, Venezuela seguía en avanzada luego del triunfo de la democracia en 1958. Ya se habían aplacado todas las guerrillas de izquierda en el país; se estrenaba un nuevo presidente electo a través del voto popular para 1959. Ciertamente, se tiene conocimiento de que la obra no ataca el régimen existente en el momento, si bien mezcla la caída de una ilusión de izquierda que iba en declive en el mundo occidental, combinando esa singularidad entre la muerte de Lenin y la presentación de Carlos Gardel, tal como veremos en el siguiente texto de Pío Miranda:


María Luisa: Lloraba.

Pío: Lloraba. Los grandes ojos de Bujarín repletos de lágrimas. Vladimir Ilich los había dejado aquel 21 de enero de 1924. Y Iosif bajó la cabeza, Iosif Visarianovich, mejor conocido por Stalin, acero, así se templó el acero, bajó la cabeza por última vez hasta el sol de hoy y dijo: Camaradas, ¿cómo se llena un vacío? (p. 2).

María Luisa: ¿Dijo?

Pío: Camaradas, ¿cómo se llena un vacío? (p. 2).

En efecto, son claras las intenciones del autor: crear esta paradoja con fundamentos políticos, que impregna la obra desde el inicio del primer acto y la primera escena. La llegada de Gardel crea una gran expectativa en un público ávido de un espectáculo de envergadura, mientras que el personaje Pío Miranda tiene sus pensamientos en los acontecimientos que se van desarrollando en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pensamientos que transmite a su adorada novia María Luisa, quien lo venera con fervor y está segura de que existe una tierra y un sistema distintos al que ella vive, así lo reseña el diálogo que mantienen Pío Miranda y María Luisa al iniciarse la primera escena:


María Luisa: ¿Y Stalin?

Pío: Stalin los reúne a todos en el salón de conferencias, a mano izquierda, entrando por la puerta principal como quien va hacia el comedor del terrible. Stalin aguarda y entra Bujarín y entra Zinoviev y entra Kamenev y Trotsky y los viejos bolcheviques, tensos, impenetrables, definitivos. Rakovski...

María Luisa: ¿Quién es Rakovski, Pío?

Pío: Rakovski es el comisario de Armenia, el gran oso de los kuláks. Rakovski tose. Stalin lo mira. Rakovski no tose. Stalin se levanta, sobrio, medular, profundo. Y hay ese momento de angustia. Y Stalin dice: Camaradas: Vladimir Ilich, acaba de morir.

María Luisa: Ay.

Pío: ¿Qué...?, dice Kamenev... ¿Qué...? Un qué abrumado, un qué terrible... ¿Qué...? Y la cabeza se mueve...

María Luisa: ¿La cabeza de quién...?

Pío: La cabeza de Kamenev (Y la cabeza de Pío reproduce la perplejidad de Kamenev) ¿Qué...? ¿Qué...?

María Luisa: Ay.

Pío: Y Bujarín se levanta y camina hacia el llamado ventanal de la zarina en tiempos de opresión. Zinoviev lo mira. Stalin lo mira y Trotsky pregunta: ¿Qué hace el camarada Bujarín en el llamado ventanal de la zarina? (p, 1).

Vemos cómo el personaje de Pío presenta desde el primer momento su posición política y su apego al sistema comunista. Con mucho orgullo, describe a María Luisa todo lo referente a la vida koljosiana de la URSS. De algún modo, Pío Miranda, un charlatán, ve perderse su inocente patraña koljosiana y soviética en la calle Gato Negro, ni siquiera a manos de Juan Vicente Gómez, el tirano ineludible e íntegro, sino por obra y gracia de la mera visita de Carlos Gardel. Esta se pierde entre la ilusión de una familia arruinada como los Ancizar, que representa para el autor la sociedad del gobierno gomecista. Lo que quizá valió para la minoría que vivía bajo una férrea y errática dictadura, no entraba en el campo de la izquierda venezolana, que no alcanzaba a explicar a las masas el decidido, fervoroso y tumultuoso entusiasmo por una política distinta.

Tal vez, a esa vida contenida y sin potencial, como la de los insectos atrapados en un trozo de ámbar, vive Pío Miranda, visionando un sistema que llegará en cualquier momento y cambiará las cosas y todo el sistema establecido. Así lo muestra el próximo diálogo con Plácido Ancízar:

Pío: ¿Cómo sabes que será en 1947?

Plácido: No sé. Siempre he pensado que será en 1947.

Pío: Tal vez, antes...

Plácido: ¿Quién sabe si antes?

Pío: Pondremos la bandera en el Capitolio...

Plácido: (Entusiasmado) ¿Con la hoz y el martillo, verdad Pío?

Pío: Con la hoz y el martillo.

Plácido: ¿Y vendrá Stalin, verdad?

Pío: Vendrá el camarada Stalin, de visita...

Plácido: ¿Cómo Gardel...?

Pío: (Iluminado) Nunca habrás visto tanta gente en Caracas, como el día de la visita de Stalin. Esa mañana, nos encontraremos frente al Congreso, y si puedo, si me es dado, te entregaré el cordel de la bandera roja para que tú mismo la subas. (p. 18).

Justamente, en este diálogo, podemos ver cómo Pío Miranda desea con ansiedad el día en que se coloque la bandera que cambiará el sistema. Muy paradójicamente, si analizamos la historia de Venezuela y vemos que el autor escribió esta obra aproximadamente en 1973, pero la ubica en el contexto de la dictadura de J. V. Gómez, aquí el autor se adelanta a los acontecimientos.

Cuando Plácido le pregunta: “¿Cómo sabes que será en 1947?”, Pío le responde: “¿Quién sabe si antes?”. Ya para la fecha de 1945 había sucedido en Venezuela una revolución conocida por todos como “la Revolución del 18 de octubre de 1945”, la cual dio paso a la llegada de los adecos al poder, quienes para ese entonces eran de una corriente mayoritariamente comunistas, que después con el pasar del tiempo, sus procesos ideológicos fueron cambiando su sistema, hasta convertirse en una democracia social.  De esta forma, observamos cómo se pasea el autor por los cambios ideológicos y por esa frustración de la izquierda que comenzaba a decaer paulatinamente.

Ahora bien, la llegada de Gardel aromatiza para siempre la casa y las vidas de los Ancízar con la sola certidumbre de su existencia y también el cambio paulatino de Pío Miranda, quien se descubre ante Elvira, desnudando su verdad en el intenso monólogo que descubre toda su vida, donde le confiesa que no existe nada y que no hay nada.


Elvira: ¿Quieres dejar a María Luisa?

Pío: No lo sé.

Elvira: ¿Y la carta de Romain Rolland?

Pío: No va a contestar.

Elvira: (Pausa) ¿Cómo sabes?

Pío: (Pausa) No la envié nunca.

(Pausa)

Elvira: Judas.

Pío: Ni siquiera sé dónde vive Romain Rolland. Y aunque lo supiera... ¿qué puede importarle? (p, 20).

Desde esta primera entrada en los diálogos con Elvira, Pío Miranda se desnuda ante ella, revelando quién es, pero lo hace con un sentimiento interno que revela su existencia humana dentro de la miseria que puede vivir un ser. El hecho de inventar para subsistir en su tiempo, aunque pueda notarse como un acto subversivo con una posible posición política, echa mano del engaño para presentar su ideología, la cual enmarca su forma de ser y existir, aun cuando ese engaño trastoque los cimientos del amor. Es allí donde el estallido sentimental lo libera de la controversia entre la mentira y el amor, pero con un amor que se amarra a la ideología del hecho histórico que se vive en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Pero en ese primer acto, Pío Miranda va a presentarle a Elvira su gran engaño, su forma de vida y frustraciones. El monólogo intenso de Pío Miranda desvela todo su proceso y lo descubre, ya ante Elvira, pero también ante el espectador, quien ahora espera cómo se resolverá el conflicto. La misma Elvira, al escuchar semejante desfachatez, le indica:

Elvira: “Vivimos tan mal, Pío Miranda, con los helechos y los canarios, y el “Ecce Homo” detrás de la puerta… vivimos tan mal…”

Allí notamos la tristeza profunda que habita en Pío, agobiado por la existencia misma y la angustia. Ve que debe inventarse un mundo para existir, dado que sabe que el mundo real es demasiado grande para él. No obstante, la fantasía lo hace tener ese mundo en sus manos y hacer posibles sus sueños de traspasar las fronteras, pero aún así no atraviesa ni siquiera las fronteras de sus miedos hasta que se presenta junto a Elvira y luego, en el momento final, ante todos.

Esa certeza cancela el proyecto koljosiano de Pío Miranda, que no ha sido más que una cobarde postergación, una patética engañifa que cobra la forma de un proyecto de vida solo desplegable en el ámbito desprendido y noble, y remoto de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Mientras que Gardel, el triunfador cosmopolita y jovial, es la donosa realización del que siempre hubo en él; los Ancízar, el simpático espectador que es Plácido y el retórico Pío Miranda no han tenido ni siquiera un destino que arrastrar: sueñan que viven, sonámbulos, bajo una dictadura sorda y muda. Al cabo, Gardel parte tras dejar sus señas postales, y los Ancízar son de nuevo aventados a esta “equivocación de la historia”. Pero Miranda se ha salvado al traicionar, de toda forma filantrópica y futura, al acatar el mandato de ser, a su vez y por primera vez, el que siempre hubo en él: una herida viviente, aquí y ahora, que lo culmina con su última intervención, donde se deja descubrir por Gardel y por todos los presentes en el brindis en la casa de los Ancízar, desplegando toda su voracidad de inquietud y ocultamiento, de esa equivocación de la historia que vive en su mundo, y deja colar su verdadera realidad y su verdadera política, al desnudarse ante su novia, diciéndole que no existe nada, tal como lo deja ver su último monólogo:


Pío: Está bien, señores... se acabó... vayan a vislumbrar a sus madres... ¡se acabó! Tengo diez años aquí... con el almuerzo al mediodía... Todo esto empieza... porque... digamos... veo un perro, así, con los huesos marcados... un costillar de perro... y me digo: coño... el perro con los huesos... como si la respuesta fuera mía... Excúsenme... no es verdad... no es mía... No es mi culpa... no me cabe el país... No tengo por qué responder... (Desesperado) Soy un príncipe... un boyardo sangrante... Excúsenme... no sé... maldito sea... no sé... no fui yo... me lavo las manos.... (A María Luisa) No hay nada en Ucrania. No sé dónde queda Ucrania. No hay Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. No hay Kamenev ni Zinoviev... no sé pronunciarlos. No hay Trotsky... ¡No hay Alliluyeva! ¡No hay Stalin! ¡No hay ventanal de la zarina, ni Bujarín doliente! ¡No hay Lenin! ¡No hay nada...! (pp, 43, 44).

María Luisa: Pío…

Pío: Preguntale a Elvira, ella sabe, ella es la única que sabe.

En conclusión, José Ignacio Cabrujas nos muestra, en su mejor obra, El día que me quieras, el disfrute de una comedia satírica que nos lleva de paseo por la apacible Caracas antigua, con todos sus signos y costumbres, con su estructura, sus valores, su tiempo y espacio; todo esto a punto de eclipsarse cuando se hace auténtica la presencia de Carlos Gardel, el cantante que conjugaba todas las formas deseadas. Esta fusión de placidez ancestral y revolución sensual, en el tejido que urdió el autor de esta obra, agregando a ello una extraña sazón: hacer que los personajes hablen hoy, con un lenguaje de 1935, Cabrujas lo llevó al mejor término. Y desde esta latitud, caminando… sin olvidar la libertad de su idea, su letra, su acción y, sobre todo, su política dentro de la obra. A fin de cuentas, de lo simbólico de la preexistencia personal, negada para mayor desvalorización estética en casi toda la dramaturgia de izquierda de la América Latina pujante, y el deseo de espectáculo, y la existencia del icono visual y del teatro para recrear, con lo cual escaldó Bertolt Brecht a los teatros del mundo.

Un Pio Miranda que desnuda su verdad y, retirándose de la casa, la abandona como dejando en el abandono su sueño cuando indica que: “(...) Yo debo explicarle a un perro el porqué de su costillar… Yo… estoy mal… yo… me voy… y nunca más volveré a esta casa… No me esperes… ¡No hay nada! ¡No pasa nada! Mentí…” (…) Mientras María Luisa se sienta y desliza sobre el mueble la bandera con la hoz y el martillo, que representa el sueño de su vida koljosiana, que de ahora en adelante vivirá en la calle Gato Negro.

Sin embargo, se hace énfasis cuando los personajes, especialmente las mujeres, piden con vehemencia a Gardel que interprete “El día que me quieras”, la cual canta y luego se marcha, dejando un vacío profundo en la escena con todo lo que ha desvelado Pío Miranda. En ella se utilizan otras canciones, como “Amores de estudiantes”, “Cuesta abajo” y “Sus ojos se cerraron”.

La obra nos lleva a u descanso de reflexión, donde luego nos presenta un final abierto. Se nota como Maria Luisa despliega la bandera del Partido Comunista sobre el sofá. Pero también queda allí la maleta con sus cosas, sus libros. La ilusión se ha culminado en una sola jornada que arranca en el mediodía hasta la medianoche. No se sabe si Pio Miranda volverá a la casa de los Ancizar, si habrá matrimonio, dejando el viaje en el limbo al igual que a la revolución. Queda la bandera como un símbolo que representa una cosa, que no saben en ese momento que es, dado que la ideología se ha quedado en los libros y pensaientos de los teóricos leidos por Pio Miranda. Es notorio que todo el hecho referido sobre el materialismo hitorico descansa en cada palabra de  Pio Miranda, donde la fantasia de sus pensamientos, pretende hacerlos realidad, pero que solo quedan en el deseo. Es remover su mundo interior, para intentar conseguir un mundo mejor en un futuro. “El día que me quieras” se deja colar por los sentimientos de una verdad que se confunde entre amor, ideología y el imaginario de una sociedad pujante. 

Por otro lado, podemos ver un progreso en la fundamentación del matiz político en la obra Sagrado y obsceno de Román Chalbaud (1931). En ella se realiza una fusión de creación activa, significativa para esta dramaturgia y un importante avance en el teatro nacional. Sagrado y obsceno es el primer sainete satírico venezolano, donde aparece con mucha majestuosidad el humor negro que marcará las futuras producciones de este autor. Tiene una estructura enmarcada en un contexto social y político donde se desarrollan los personajes, que viven en el imaginario del dramaturgo. Chalbaud nos presenta su punto de vista político en esta obra, pues la enmarca rápidamente dentro del contexto sociopolítico, al mostrar cómo va desapareciendo la autoridad salvadora, presentándola como la enemiga. En ese mismo fondo de la obra parece ponerse en movimiento un mundo que busca cambios ideológicos, demostrando la carencia de un eje o centro fijo, que surge de la crisis de identidad. Esta obra, representada en el espacio-tiempo de una Caracas del auge petrolero y la pacificación de los guerrilleros de las décadas de 1960 y 1970, busca intensamente reflejar los sufrimientos sociales y la culminación de un sueño que se pierde entre las montañas junto con sus armas de lucha ideológica. Desde el primer momento en que el autor presenta al personaje de Pedro, como un exguerrillero del proceso ideológico marxista, la obra adquiere un tinte marcadamente político sobre la Venezuela de las décadas de 1960 y 1970. Esa pacificación de los grupos guerrilleros trajo consigo la consolidación de una democracia más robusta, en crecimiento para la época; sin embargo, ya comenzaban a verse los grandes males de una democracia que se presentaba como el desarrollo más eminente de una sociedad en vías de desarrollo.

El autor ubica a esa Venezuela pujante en una pensión donde pueden existir todos los males que aquejan a una sociedad, pues la variedad de personajes así lo asemeja. Por ejemplo: Edita, una solterona que cose, reza y enseña catecismo, a la vez que gobierna la pensión. Allí podemos ver cómo este personaje va desdibujando esa especie de gobierno que rige una democracia que avanza con tropiezos, y que el autor coloca en manos de una mujer, a la manera del personaje de la novela Doña Bárbara de Rómulo Gallegos, pero en tiempos y espacios distintos. Mientras que Ángela, una adolescente protegida por Edita, quien la está preparando para su primera comunión y realiza los quehaceres de la casa, vive su ilusión como cualquier adolescente que sueña con algo más allá de la vida cotidiana.

El dramaturgo coloca a este personaje de una manera muy inocente, que se deja manipular y moldear al antojo de quien lleva su custodia; sin embargo, es arrastrada por el amor. Ese amor imposible choca con lo establecido en la sociedad. Ella se enamora del exguerrillero idealista, y, a modo de Romeo y Julieta, crea una barrera de conflicto que impide que se unan en su amor eterno. Pero, al final del último acto, “a la manera venezolana”, es robada y llevada a su morada, a una nueva vida. Ángela es sumamente creyente de la religión católica, mientras que su amado es un marxista-comunista que no cree en la existencia de un Dios ordenador de todos los sistemas. Pedro, el joven comunista que se enamora de Ángela y que viene a buscar unos paquetes que dejó escondidos el enamorado de Glafira en su cuarto, conoce a Ángela y, desde el primer momento, queda deslumbrado, creando una fuerte confusión de sentimientos encontrados entre su ideología y su nuevo amor.

Entre ellos hace vida en la pensión Juan Sebastián, un loco cuerdo que encuentra la realidad demasiado fea y solo quiere escuchar la música de su tocayo Bach. Tal vez esa realidad avizora los desmanes de una sociedad en descomposición, con la llegada de los hechos de la realidad latente de un mundo más dividido por los conflictos ideológicos y religiosos. Otro ejemplo muy potente dentro de esta pieza es el personaje del joven Ignacio, idealista que pierde su empleo al retirarse del partido del gobierno. De esa forma, se muestra cómo los seres solo tienen valor cuando están dentro de las filas políticas, pero cuando se dan cuenta de que aquello no se corresponde con sus ideales, se van y luego son desechados como piltrafas humanas que no tienen nada que ofrecer al sistema. Ignacio se coloca en ese paraje ideológico, desde un punto de vista político, analizando cómo el poder político manipula y maneja a su antojo las necesidades del hombre. Allí, dentro de esa pensión, cohabita un personaje muy emblemático que marca la consistencia de una realidad palpable y cruda de las sociedades en vías de desarrollo: Glafira, una prostituta con buenos sentimientos. Ella es la principal sostenedora de la pensión con sus pagos quincenales, que realiza sin falta. Es una manera de ver desde adentro el alma de los seres que allí coexisten. En una oportunidad, ella le indica a Edita que es el único sostén de la pensión y que su alma es quizás la más pura de todos, tal como lo podemos ver en el siguiente texto:


Glafira: ¿A que no lo dices? ¿Ves no te atreves? ¿A que no dices puta?

Puta, puta. Yo si puedo decirlo.

Edivia: Dios nos proteja.

Ofidia: La virgen se apiade de nosotros.

Glafira: Si tú quieres di “cortesana”, que te puede parecer más elegante y es más cursi… ¡cursi! ¡Te va muy Bien!

Editara: ¡Vas a pagar todo esto! ¡Lo vas a pagar!

Glafira: ¿Cómo te pago  a ti mis quincenas? ¡Puntualmente!

Edita: La decencia no se compra.

Glafira: Pero se vende. Tú vendes tu decencia… si es que la tienes ¿Qué te crees? ¿    Qué eres una señora porque eres amiga del cura, del general y del dueño de la fábrica? Cuando recibes el dinero que yo me gano con mis piernas y con mis senos estas cometiendo un acto de prostitución. Eres tan prostituta como yo. (p, 265).

 

Vemos cómo este personaje desenmascara al gobierno reinante de la pensión y a la misma sociedad que se esconde detrás de supuestos principios, pero que por dentro están tan marchitos como todos. Esta es una neta postura política del autor, que critica la democracia y a la Iglesia, poniendo en conflicto a la dueña de la pensión y a la prostituta que le cancela quincenalmente su pago. Glafira le recrimina que el hecho de que tenga influencias en el alto gobierno, eso no le da licencia para humillarla por ser prostituta. Es esa humillación perenne de este mundo, donde el poderoso siempre intenta humillar al oprimido. Ahora bien, esta obra está completamente llena de procesos ideológicos y ataques a un sistema, y de la postura del otro. Desde el primer acto se pueden notar fácilmente estas actitudes, como lo sugiere el siguiente texto de Glafira, cuando entra cantando:

Glafira: (Cantando) Conozco a Cuba primero… y al extranjero después. (p, 199).

Con este texto el autor señala, la simpatía del personaje con el sistema reinante en Cuba, seguidamente notamos en el personaje de Gregorio que grita a cuatro voces:

Gregorio: ¡Que gritaba! ¿Cuba sí, yanquis no? (p, 207).

 

La obra está diseminada, en todo su contexto, entre apologías a un régimen comunista y ataques al sistema democrático imperante en la actualidad. Esto es lo político que ve el autor y que, a través de sus personajes, va dibujando para dar su visión del hecho histórico del momento. La trama teje una especie de conflicto, acompañado de otros personajes que ayudan a crear la atmósfera del clímax. Por ejemplo, el Chamito, un niño que hace los mandados en la pensión, lleva a los personajes a soñar en su inconsciente, llevándolos del imaginario real a la posibilidad de hacer realidad sus sueños; camina lleno de ilusión e inocencia, como la inocencia de un país que no se deja morir. Por otra parte, se encuentra el mandamás de la cuadra, al que todos deben pleitesía. Este personaje representa la descomposición de una sociedad acomodaticia: el Papa Upa, cabecilla de un grupo de rateros y mayor oponente del noviazgo de Ángela y Pedro, pero que al final es vencido por la unión de todos para derrotar a la maldad. Otros personajes son El Furruco, Araguato y Trampolín, compinches de fechorías del Papa Upa, que lo apoyan en cada una de las marrullerías que este diseña. Allí notamos, pues, los personajes oponentes y ayudantes que sirven para el desarrollo de la trama. De igual forma, Edita tiene sus aliadas, las amigas beatas Eivia y Ofedia, que coadyuvan a la permanencia de la iglesia en el pueblo y sus preeminencias entre los desposeídos. Por otro lado, se encuentra el Padre Lorenzo, que hace las veces de celestina de la trama; es el personaje que se satiriza en toda la obra. Algo parecido a este personaje es la similitud con fray Lorenzo de Romeo y Julieta de Shakespeare, que se muestra como el salvador de la doncella enamorada, así lo afirma el siguiente texto:

 

Padre: Si estuviéramos en Verona y ese tiempo de hoy fuera otro siglo, fray Lorenzo te casaba y luego te daba un sobrecito con polvos mágicos. Y tú perecerías muerta. Pero no… el sobrecito de polvos mágico va a ser una mentira. (p, 271).

 

Finalmente, el autor resuelve la escena como un juicio a la Romeo y Julieta, pero en una versión muy moderna, donde al final el joven Pedro decide robarse a su enamorada Ángela, sin importarle lo que digan los demás. Ángela, por su parte, decide dejarlo todo atrás: el rosario y su recuerdo de la primera comunión, como muestra de su amor hacia el comunista. Sin embargo, su huida es interrumpida por Papá Upa y su banda, quienes inicialmente se lo impiden, pero luego son salvados por la prostituta Chamito, Ignacio (el joven idealista), Juan Sebastián y otros compañeros de Papá Upa que deciden darle un golpe de Estado. Ángela se enfrenta a Edicta y decide construir un nuevo mundo con su amado comunista, mientras Edicta y sus cómplices son apresadas por la policía, quienes allanaron la pensión. La policía fue notificada por la misma Edicta, y el hallazgo de un paquete compromete a Glafira y a su exnovio, que está preso. Al encontrar un grabador, la policía decide llevarse a todos. Ellos intentan escapar, pero al final son llevados a la cárcel, salvándose solo Chamito y Juan Sebastián, quienes se ocultan en el baño. Esta es la salvación que el autor propone: la inocencia de ese pueblo inocente que cree en su propia verdad y en su propio camino. En definitiva, el mismo matiz político sirve para unir en un solo amor la ideología y la religión, que el hombre suele dividir; algo parecido a la canción de Ricardo Arjona (cantante guatemalteco), aunque fuera de contexto, sirve para comparar, en dos palabras, todo este texto: “Lo que las ideologías dividen al hombre, el amor con sus hilos los une en su nombre”. Y esa unión hace que, más allá de una visión política y religiosa, el hombre y el amor se encuentren en un solo cuerpo.

Ahora, luego de notar el matiz político de El día que me quieras y Sagrado y obseno. Nos toca dibujar con las palbras lo referido que nos lleva la obra Anselmo y Gata de Javier Moreno, farsa neoronal basada en un cuento de los hermanos Grimm, estrenada en la sala Horasio Peterson del Ateneo de Caracas el 11 de marzo de 2004. En ella se pueden encontrar ese matiz político, con un sadismo que hurga en la miseria humana desde muchas perspectivas. Si bien es cierto que esta obra parte del cuento de los hermanos Grimm, “Hansel y Gretel”, no deja de sorprendernos con sus fundamentos netamente políticos, que el autor fue transmitiendo a lo largo de la obra. Anselmo y Gata es el título de la obra merecedora del Premio Nacional de Teatro en 2004. Es bien sabido que el terrorífico cuento de “Hansel y Gretel” puede ser aún más grotesco, más falto de ética, más realista. La versión teatral de Javier Moreno parte del cuento original, que nos narra la historia de Hansel y Gretel, hijos de un pobre leñador. A causa del hambre, la mujer del leñador (la madrastra de los niños) lo convence de llevar a los niños al bosque y abandonarlos allí. Hansel y Gretel escuchan el plan de su madrastra y recogen guijarros blancos para dejarse un rastro que les indique el camino de vuelta a casa. 


Perdidos en el bosque, encuentran una casa hecha de pan, con ventanas de azúcar, la cual empiezan a comer. La habitante de la casa, una vieja mujer, los invita a entrar y prepara un banquete para ellos. Cogiendo joyas de la casa de la bruja, ellos partieron a su casa para reunirse con su padre, cuya mujer había muerto por entonces. "Así fue que toda necesidad llegó a su fin, y vivieron juntos en perfecta felicidad". La bruja de la casa de caramelo se calcinó, y quedó allí muchísimos años más; ahora la casa es habitada por dos niños que comen poco a poco la casa.


Por el contrario, en la obra Anselmo y Gata, el autor nos muestra una acción desgarrada por la misma miseria humana, trasladándonos a una realidad venezolana. Javier Moreno cimienta la leyenda de dos jóvenes venezolanos, indagando en el público la aceptación de su conveniente historia como país. El efecto es una comedia de elevación, representada por actores que dan sabor y vida a sus héroes criollos, logrando conquistar las risas y la aceptación de un público exigente. Sin los aludidos gestos de una comedia ligera, sino buscando la participación activa del público. Esta obra maneja con mucha ligereza los entresijos, con un matiz político que va tejiendo, entre líneas, una postura política de la Venezuela del momento. Reconocer el lenguaje con el que se quiere hacer partícipe a un colectivo, es clarificar sus argumentos y lo que va dando en cada parlamento al espectador, quien, entre risas, piensa y analiza una situación distinta a la realidad que vive. Anselmo y Gata son dos personajes bien llevados para divertir, pero divertir con la dureza y franqueza de una realidad existente de un pueblo que no ve su reflejo en el espejo.

Este argumento criolliza a los ya desarrollados hermanos Anselmo y Gata, quienes también han sido abandonados por su padre y que posteriormente encuentran la casita de chocolate. Con la simplicidad propia de unos ingenuos y el interés de un facineroso en pleno crecimiento, llegan, sin medir las consecuencias de sus acciones, a un territorio donde todo es astucia, en este caso, ventas y negocios: una casa de "mala vida", con su infaltable bruja que quiere aprovecharse de ellos. Allí encuentran a una hechicera que regenta el lugar con la serenidad y experiencia de una mujer con mucha vida y conciencia. Sus parlamentos son de antología poética-social (al estilo de una Garza o de Doña Bárbara). Con ella trabaja un sirviente que ayuda en la casita de chocolate y, de alguna manera, entrena a las novatas en la profesión más antigua del mundo.

Una comedia, una farsa, un cuento y un país. Anselmo y Gata constituye una obra de grandes interpretaciones, con un fondo real político trabajado de manera divertida. La carga de miseria que se ve a lo largo de toda la obra es la misma que podemos percibir en nuestra realidad venezolana: un país que se pudre en medio de la riqueza, pero que, en el fondo, la pobreza lo carcome por todos los puntos cardinales, tal como lo asevera el siguiente parlamento:

Don Lorenzo: Pero tú  puedes ser tan desnaturalizada.

Egidia: A mí no me toca. Yo no tengo nada natural con tus muchachos cagones.

Don Lorenzo: Pero son míos. Lo mío es tuyo. Son buenos muchachos.

Egidia: No lo vuelvo a discutir. Ya están grandes… O me voy yo, también sirve.

Don Lorenzo: No sirve un… un cuerno, ¿entiendes? Son mis hijos, coño.

Egidia: Estamos progresando. Ya dijiste por lo menos una grosería. En cualquier lugar van a estar mejor que aquí. Lejos de la miseria

Don Lorenzo: Esta es honrada pobreza. La miseria llega cuando se pierden las perspectivas. (p. 10). 

Este diálogo entre Egidia y don Lorenzo, al principio de la obra, nos da una idea de la posición social de la familia a la que pertenecen Anselmo y Gata. La discusión de la madrastra revela que no fueron criados en un hogar normal; más bien, discuten para ver quién se queda con los jóvenes o quién los echa del lugar de miseria en que viven. De igual forma, algunos parlamentos posteriores nos indican cómo se debe honrar la pobreza, ya que la miseria llega cuando se pierden las perspectivas. Por el contrario, ella le recuerda: "¿Qué perspectiva? ¿Que si no se acuerda del desayuno de esta mañana? Que ha sido una postura de gallina para tres". Le indica que él se pone en perspectiva y que es solo una "ñema". Si observamos detalladamente, el diálogo nos muestra la miseria que impera en la familia, ya que compartir una porción de huevo para tres se pierde de perspectiva en un país que, lleno de riquezas por todas partes, no es capaz de proporcionar el sustento adecuado para levantar a una familia y no dejarla hundirse en la pobreza extrema. El autor expresa en estos diálogos su posición política y la situación de la sociedad venezolana más desposeída en cuanto a la consecución del sustento diario. Más adelante, el dramaturgo reafirma su denuncia de la miseria y de cómo estos jóvenes viven en pleno abandono, aunque se encuentran en compañía de su padre y su madrastra, tal como lo indica el próximo parlamento:

Egidia: No, si se pone con esas profundidades, hasta yo me dejo la barba y me rasco el ombligo. Usted falta a esa responsabilidad. Son un par de montunos, y lo que es peor, de factos tienen más que un poquitín. Dale ala a esos pichones que se te van a pasmar.

Don Lorenzo: Alas como las que te dieron a ti de niña.

Egidia: Yo no tengo alas, yo tengo hambre y necesidad. Es un irresponsable que tiene esos hijos en la inopia. Ya están estiraditos y Anselmo me mira. (p. 11).   

Anselmo y Gata es una obra muy cargada de una denuncia social sobre la pobreza y el maltrato a la adolescencia, tanto por sus padres como por su madrastra y algunos foráneos. Como sucede cuando Anselmo y Gata llegan a la casa de chocolate, después de haberse perdido en la selva, allí son engañados, manipulados e intercambiados por dinero. Se les induce al sexo a través de lecciones bien detalladas, como muestra el diálogo de la Hechicera:

Hechicera: Una primera lección. Esto, que se parece a la vida misma, se divide en vienes y servicios, o valores de intercambio. Todo en la vida es dinero. No importa cuán flacos, descuidados y silvestres, no importa cuán inexpertos, imprecisos, torpes, nunca pierdan conciencia del propio valor. (p. 18).

En otras palabras, el autor nos indica con este texto su posición política referente al sistema capitalista y cómo lo maneja y manipula. Cuando la hechicera dice que todo se divide en bienes y servicios, o valores de intercambio, afianza esa posición. Afianzándola aún más cuando dice que todo en la vida es dinero. El dramaturgo utiliza la obra para expresar su postura respecto al sistema imperante en el momento y lo critica en su profundidad formal. Son las entrelíneas, que con mucha astucia coloca, las que dejan ver su perspectiva política. Más que un burdel para simbolizar un país prostituido y saqueado de mil y una formas, es la miseria operante del hombre en su entorno familiar, que es el sostén de la sociedad como país. Allí se desarrolla buena parte de la obra, y si miramos a fondo los diálogos, podemos notar que en esa casa de citas, “La casa de chocolate”, se mezclan: el secuestro, la prostitución, la violación de los derechos humanos, el tráfico de personas, la complicidad, la corrupción, la traición, la pobreza, el abandono y hasta un golpe de Estado, que se realiza de manera muy metafórica casi al final de la obra, con la vuelta al poder de la hechicera y su nueva aliada, Gata. Viéndolo bien, el autor quizás quiso entrever una Venezuela que aún no se encuentra consigo misma y que, de igual manera que antes, las cosas no cambian, sino que siguen como siempre; o simplemente se refiere al refrán popular que dice: “Son los mismos, solo que se cambiaron el cuero”. Es la pobreza extrema que tropieza en todos los rincones del país, y es la forma como el autor la plasmó en sus personajes, que se cruzan para vivir juntos la desdicha de sus almas y la realidad que los corroe cada día y a cada instante.

En conclusión, se puede decir que estas tres obras están fundamentadas en ese matiz político. Si bien es cierto que las distancia, el espacio y el tiempo, también lo es que presentan similitudes en cuanto a los sistemas operantes del momento. Sin embargo, se observa que esos males sociales continúan, y que las políticas que las obras denuncian requieren un verdadero cambio, independientemente de la ideología. Es decir, que se mire más allá de la forma superficial y no se quede en los documentos inertes de los archivos del sistema. El día que me quieras, con su ilusión de un sistema en deterioro personalizado por Pío Miranda, refleja su creencia y fantasía de una Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Tomando el té de samovar de la tarde en la calle Gato Negro, deja entrever la miseria humana de la mentira y la ilusión de un mundo mejor y justo. Pedro y Ángela, buscando el amor eterno, se ven envueltos entre la pasividad de la religión y las balas de los guerrilleros que se esconden en las montañas, cargados de esperanza, a la espera de un futuro coherente y apegado a sus sueños, esperando esa quimera que algún día se hará realidad: la toma del Capitolio. Por otro lado, Anselmo y Gata intentan salir de una cruel miseria y un destino desolador que los ahoga en un país que vulnera su existencia como seres humanos, sin pensar que la elección de una casa de chocolate los llevaría a la cruel realidad de un sistema que profundiza la miseria y traiciona la verdad de la libertad, sustentándose en la avaricia y el poder subterráneo. 

 

Fuentes consultadas:

Teatro I, Román Chalbaul. Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela. 1° edición, 1991.

Teatro I, J. I. CABRUJAS. Editorial. Monte Ávila Editores. Caracas Venezuela. 2° edición, 1994.

www.analitica.com/bitblio/msocorro/chalbaud.asp - 40k. es.wikipedia.org/wiki/José_Ignacio_Cabrujas - 28k

Javier Moreno, (2004) Tres Piezas Duras de Javier Moreno. Editorial TAOSA. Caracas,                     Venezuela. 

 

 

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