Buscar este blog

Mostrando entradas con la etiqueta Ligia Álvarez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ligia Álvarez. Mostrar todas las entradas

14.12.25

Tres puntos suspensivos... etcétera etcétera, por Ligia Álvarez

 Tres puntos suspensivos... etcétera etcétera


Por Ligia Álvarez

La obra Tres puntos suspensivos... etcétera etcétera de Lali Armengol Argemi, que tuve la oportunidad de presenciar el 14 de diciembre de 2025 en la Sala Experimental del Teatro Alberto de Paz y Mateos, se presenta como un título que es, en sí mismo, una invitación y un enigma. El uso de los puntos suspensivos y la reiteración del etcétera  nos convida a la investigación y el descubrimiento, sugiriendo tanto lo obvio como lo no dicho, lo cual se convierte en la esencia de la experiencia teatral.

Esta pieza experimental, nacida de una creación colectiva de un grupo y su autora, y estructurada posteriormente por la directora Jericó Montilla, exige del espectador el mismo proceso de unión de piezas. Es un rompecabezas en el que los silencios son tan significativos como las palabras, llenos de emoción, memoria y la inevitable confrontación con el absurdo de la realidad. Si el teatro del absurdo existe, es porque la vida misma es una contradicción, una premisa que la obra abraza por completo.

El montaje es una tela formada por muchos retazos que el público debe "coser" con sus propias vivencias, investigación, reflexión y sentir. La pieza está llena de cabos sueltos, vacíos y agujeros que, lejos de ser defectos, se convierten en un elemento positivo al obligarnos a la reflexión no solo sobre nuestro entorno más cercano, sino sobre las contradicciones del mundo.

 

El elenco, compuesto por ocho jóvenes de la Compañía Juvenil del Laboratorio Teatral Anna Julia Rojas, se mueve en un espacio casi vacío dominado por una mesa y, eventualmente, varias sillas. Este mobiliario muta constantemente de función, sirviendo tanto para sentarse como para pararse encima o esconderse debajo, dibujando imágenes potentes con los cuerpos de los actores.

La obra es rica en expresión corporal; los movimientos son fundamentales, destacando un efecto coro que cautiva. La disposición del público alrededor del escenario es clave: en un ingenioso juego escénico, los actores dan la espalda a una parte del público y el frente a otra, garantizando que todos experimenten momentos de visión "privilegiada" de la cara del actor y otros de distanciamiento. Este dispositivo escénico refuerza la sensación de ambigüedad y múltiples perspectivas.

La obra es una amalgama de contradicciones, hablando de muchas cosas y de nada en particular. Nos habla de Venezuela y del mundo al mismo tiempo. La referencia a la patria se hace ineludible cuando el coro entona "Al árbol debemos", contrastando con la cruda mención de temas como el hambre, el genocidio, la corrupción, los desaparecidos (más de 300 niños), y el recuerdo de un toque de queda y la suspensión de garantías constitucionales.

Es un espacio experimental que funciona como una denuncia política y social en un efecto de vaivén que conecta el aquí, el ayer y un después. La incorporación de elementos como batas quirúrgicas, el teatro dentro del teatro, el rompimiento de la cuarta pared y la exploración del absurdo con una "reverberación dialógica" dan cuenta de la complejidad de la propuesta.

Tanto la directora Montilla como el elenco aseveraron en un foro posterior que la obra está en proceso y es una muestra de un avance. Esto, lejos de ser un atenuante, es una declaración de principios: están haciendo lo que debe hacerse en un laboratorio teatral: experimentar, descubrir, abrir los ojos, equivocarse y aprender.

Tres puntos suspensivos... etcétera etcétera es un lienzo de silencios y gritos, una denuncia en forma de teatro experimental. Es una obra que hay que ir a ver con la mente abierta, dispuestos a unir retazos y a confrontar el absurdo que nos rodea. Es una promesa de progreso: si continúan el proceso, la obra está destinada a superarse a sí misma.

Cuchito Mío, por Ligia Álvarez

 Cuchito Mío

 Por Ligia Álvarez

La Sala Rajatabla abrió sus puertas el pasado sábado 13 de diciembre de 2025 para obsequiar al público la cautivadora comedia Cuchito Mío. Esta pieza, original de Cruz Noguera y dirigida por Somar Toro, es una producción de Cuenta Peregrino y El Galpón del Arte.
El montaje contó con la participación de un elenco que conjuga experiencia y juventud: cuatro veteranas actrices— Araceli Prieto, Rebeca Aponte, Citlalli Godoy y Maritza Rojas—junto a los jóvenes histriones Joaquina Ovalles y Miguel Ángel Treccia.
Cuchito Mío es una comedia vibrante con diálogos jocosos, dinámicos y coloridos. La escenografía, sumamente sencilla, se utiliza de manera funcional para segmentar el espacio escénico en tres áreas: la habitación de Cuchito, el comedor y la cocina. La mayoría de las escenas se desarrollan en las dos primeras estancias.
La obra está amenizada con música. Las cuatro intérpretes femeninas preparan un espectáculo que resulta muy simpático, y el actor que da vida a Cuchito, acompañado de su guitarra, demuestra su talento como cantante e instrumentista.


A pesar de las carcajadas que provoca, la pieza también invita a la reflexión al exponer los problemas existenciales de sus personajes. Cuchito es un joven huérfano que ha sido criado por sus hermanas mayores, lo que lo ha tornado dependiente. Él anhela emanciparse y vivir su propia vida, pero sus hermanas viven con el temor de que abandone el hogar familiar.  

Finalmente, el protagonista debe tomar una decisión crucial, una elección que lo dignifica y le otorga autonomía.  

Cuchito Mío es una obra altamente recomendable para pasar un rato agradable, pero que simultáneamente nos lleva a meditar sobre los roles que asumimos en la sociedad y cómo, en ocasiones, la fachada pública que mostramos difiere drásticamente de nuestra realidad privada. La pieza aborda temas universales como la emancipación, la lucha interna por superar la dependencia y la valentía de tomar decisiones que nos conducen a la libertad.



13.12.25

Primera Navidad en Adgan, por Ligia Álvarez

 Primera Navidad en Adgan

 

Crítica por Ligia Álvarez

Primera Navidad en Adgan, de la pluma de Henderbelh Useche y Yorvis De Los Santos, es una propuesta escénica dirigida al público infantil que destaca por su autenticidad y sensibilidad.  En un panorama donde escasean las producciones teatrales para niños —y muchas veces se recurre a fórmulas importadas—, esta pieza, escrita por dos jóvenes creadores venezolanos, ofrece una historia original cargada de valores universales.

El montaje transmite un mensaje entrañable de unión, afecto y cooperación, enmarcado en la época decembrina, momento propicio para reflexionar sobre la importancia de compartir y fortalecer los lazos familiares. La trama gira en torno a algunos visitantes de otro planeta que llegan a la Tierra para descubrir el significado de la paz y las celebraciones navideñas, con la intención de llevar esa experiencia a su mundo.

La puesta en escena se apoya en una estética vibrante, con una escenografía luminosa y un vestuario lleno de vida. Los intérpretes, todos jóvenes talentos, despliegan energía y carisma, manteniendo la atención de los pequeños espectadores con movimientos ágiles y actuaciones expresivas. La música, cuidadosamente seleccionada, refuerza el mensaje de la obra. Temas como “El burrito sabanero” y “Corre caballito” aportan alegría y conexión cultural de Venezuela, elevando el ánimo del público.

La dirección, a cargo de Yorvis De Los Santos, logra cohesionar todos los elementos del espectáculo, evidenciando un sólido trabajo colaborativo. El narrador, figura clave en el desarrollo, guía con acierto el hilo argumental, utilizando una técnica efectiva que facilita la comprensión de los más pequeños.

La producción, realizada por el grupo 1nspira2producciones, cuenta con la participación de Desirée Martínez, Annaly Cornieles, Jiskarlys Perera, Sara Rodríguez, Nirvana Capote, Editson Quintero, Carlos Carvajal, Valentina Mejías, Saharay Torrado, Enmanuel Bustos y Héctor Centeno. Todos ellos contribuyen a una experiencia escénica cálida y significativa.


A pesar de que el Teatro San Martín reabrió sus puertas tras años de inactividad, la asistencia fue limitada. No obstante, este tipo de iniciativas merecen mayor difusión, ya que promueven el arte y los valores en las nuevas generaciones. Se espera que la obra continúe en cartelera durante los días previos a la Navidad, brindando a más familias la oportunidad de disfrutar de este hermoso espectáculo. (7/12/2025)

24.11.25

Crítica Teatral: Un viaje minimalista con El Principito, por Ligia Álvarez

 Crítica Teatral: Un viaje minimalista con El Principito 

De Ligia Álvarez

El 20 de noviembre de 2025, tuvimos la oportunidad de asistir a una encantadora adaptación de El Principito, presentada por el grupo de títeres Tuqueque.

La puesta en escena se caracterizó por su enfoque minimalista. El escenario contaba únicamente con una mesa cubierta por una tela y dos esferas que representaban los dos planetas claves de la historia (la Tierra y el planeta del protagonista). La figura del Principito de tamaño similar al de un niño despertó sentimientos de ternura.  Tres integrantes del grupo fueron los responsables de dar vida a los muñecos.

La narración resultó ser una combinación muy agradable de lectura en voz en off. De esta manera, los titiriteros pudieron concentrarse plenamente en la manipulación de las figuras, prestando atención al texto para coordinar sus acciones.

En las tablas estuvieron presentes todos los personajes esenciales:  el principito, el aviador, el zorro, la serpiente, la rosa y los habitantes de los pequeños planetas visitados por el icónico Principito.

Aunque la asistencia no fue masiva —pues el público aún se está readaptando a este espacio de teatro abierto que permaneció inoperante durante un tiempo—, la voz se corrió. Varios padres llevaron a sus hijos, y un buen número de adultos también se dio cita para disfrutar de la función, demostrando que esta sencilla y emotiva producción logró cautivar a la audiencia presente.

Teatro Tilingo

Reflejos del Ser Venezolano, por Ligia Álvarez

 Reflejos del Ser Venezolano

Por Ligia Álvarez

Tuve la oportunidad de asistir, en el marco del Festival Nacional de Teatro venezolano 2025, a la representación de tres significativas espectáculos:

·    Diógenes y las camisas voladoras ( Autor: Javier Vidal; directora: Julie Restifo. Producciones Diógenes Jota y Producciones Queiroz).

·    ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra? (Autor: Óscar Yanes.  Director Jan Vidal.  Actriz: Grecia Augusta Rodríguez; Producciones Queiroz).

·     Pedro Infante en el país que nadie ve (Autor: Jesús Benjamín Farías; Director: Costa Palamides; Grupo Teatrela).

Las funciones se llevaron a cabo en el Teatro Nacional y el Celarg.

El Rostro y la Voz de la Identidad

Estas tres propuestas tienen un punto en común esencial: todas hablan del venezolano. Muestran nuestro rostro, emplean nuestro lenguaje y discurren sobre nuestras costumbres. Esto es fundamental, especialmente en momentos cuando la situación económica y social puede ser crítica, ya que permite a los asistentes sentirnos identificados, vernos y reconocernos. De ahí la trascendencia de estas obras en el panorama cultural actual.

Un vistazo a las Obras

1.     Diógenes y las camisas voladoras

Esta es una obra de carácter histórico que contextualiza un momento crucial de nuestra historia reciente: la figura de un precandidato presidencial poco conocido por el pueblo, cuya trayectoria estaba enfocada en el exterior, pero cuya candidatura era conveniente para ciertas élites políticas.

La obra expone un pasaje que tal vez los jóvenes desconocen, y su divulgación se vuelve necesaria. Si no nos conocemos a nosotros mismos, no podemos querernos. Esta falta de autoconocimiento quizás explique por qué muchos jóvenes tienen la mirada puesta hacia el exterior, considerando más interesante lo ajeno, y descuidando nuestra propia realidad. Como ha señalado el propio autor, es imprescindible reflexionar sobre lo que la obra plantea.

2.     ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?

Esta propuesta de Producciones Queiroz, interpretada por la destacada Grecia Augusta Rodríguez, es un monólogo que demuestra que una pieza unipersonal puede ser una obra de teatro completa y de gran calidad. A veces, los monólogos se vuelven excesivamente narrativos, asemejándose más a un recital, pero este no es el caso.

En esta puesta, la actriz muestra una gran versatilidad al asumir diversos papeles, roles y voces, y además, canta. Se hace uso de la tecnología: un video proyectado antes de la función capta el interés del público al formular la pregunta central de la obra, incluyendo la opinión de varias personalidades.

El preámbulo de la obra es impactante: la actriz entra y se enfrenta al público, formulando la pregunta directamente. Esta pieza, escrita por Óscar Yanes (originalmente para ser representada por su esposa, Agustina Martín), nos refleja en nuestro vocabulario, nuestro discurso y nuestras costumbres. Se erige como una muestra de lo que es el buen teatro y un excelente monólogo.

3.     Pedro Infante en el país que nadie ve

Esta obra aborda un tema similar al de la identidad: la tendencia a mirar hacia afuera. Sitúa o traslada a Pedro Infante, el icónico cantante mexicano, al "país que nadie ve", que es, irónicamente, el nuestro, Venezuela. Nosotros mismos a veces no nos vemos por tener la vista fija en otros lares y culturas. La obra aborda, irónicamente, instantes post-dictadura marcados por la persecución política y, además, matizados por la visita de Pedro Infante a Venezuela.

Conclusión

En definitiva, estas obras logran un valioso cometido: nos reconcilian con nosotros mismos, con nuestro teatro, con nuestra realidad compleja y con nuestro imaginario colectivo.

Mundo de colores, por Ligia Álvarez

 Mundo de colores


Crítica de Ligia Álvarez

En el Festival Nacional de Teatro Venezolano 2025, se presentó Mundo de Colores, del grupo Catablas del estado Guárico, bajo la dirección de Alejandro Morillo. No es solo una obra de teatro, es una declaración de intenciones y una celebración vibrante de la diversidad. Desde el prólogo, la atmósfera se carga de simbolismo: con la imagen poética de "mariposas azules y púrpura" y la resonancia de "vientos de cambio" y "puertas abrirse," el público es invitado a un espacio donde la "inclusión" es la única ley.

La propia escenografía, minimalista pero potente —un atril, dos soles y una batería—, subraya que la verdadera luz y el ritmo de la obra residen en sus protagonistas. El título, Mundo de Colores, es plenamente realizado: este teatro se consagra como un lugar noble para lograr la inclusión.

La obra aborda de forma frontal la Ley del Autismo y la urgente demanda por lugares accesibles, trascendiendo la mera denuncia a través de la acción. La pieza se articula en torno a los movimientos y la participación genuina de sus integrantes.

El corazón de la crítica se centra en la participación activa de los niños y jóvenes autistas en actividades escolares, destacando su talento a través de bailes y discursos emotivos. La estructura se apoya en la intervención de cuatro representantes de los niños y jóvenes, la niña pintora que plasma su visión única, y el niño con su caballito de madera, un símbolo de la imaginación sin fronteras. La presencia de jóvenes autistas y con síndrome de Down realizando doblajes o bailes añade una capa de complejidad y juego, mostrando su habilidad para transformar y reinterpretar la realidad.

Uno de los momentos más conmovedores y efectivos de la obra es la intervención de la niña en silla de ruedas. Su poesía y su identidad son un desafío directo a las preconcepciones: "Soy Clara, uso una silla de ruedas y soy autista." En la obra nos recuerda que "su mundo no es pequeño, no se limita a las cuatro ruedas." Este es el punto culminante cuando la verdad, que "puede venir de distintas formas," golpea al espectador.

La conclusión es una ruptura teatralmente audaz: se rompe la cuarta pared. Los actores enfrentan al público para afirmar que "todos somos diferentes" y que "la inclusión es una puerta que se abre." Esta confrontación no es agresiva; es una invitación final y directa a la acción, obligando a cada persona en la sala a reflexionar sobre su propio rol en este Mundo de Colores.

Mundo de Colores es una pieza necesaria, emotiva y valiente. Morillo y su elenco logran transformar la necesidad de visibilidad en un arte que conmueve y educa. Es un testimonio vivo de que el teatro, en su máxima expresión, es un espejo de la sociedad que deseamos construir.

¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?, por Ligia Álvarez

 ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?


Crítica de Ligia Álvarez

El pasado martes 18 de noviembre de 2025, el CELARG abrió sus puertas para recibir la obra teatral ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?, dirigida por Jan Vidal.

La obra y su protagonista.

Esta pieza fue escrita especialmente por Óscar Yanes para su esposa Agustina Martín. En esta ocasión, el monólogo fue actuado magistralmente por Grecia Augusta Rodríguez. La producción estuvo a cargo de Queiroz Producciones.

Grecia Augusta hizo gala de su parentesco con su padre, el gran actor Gustavo Rodríguez, demostrando que no solo heredó la sangre, sino también su talento y su magistral manera de moverse en el escenario.

Cabe destacar que Rodríguez es una artista integral, ya que no solo actúa, sino que también canta, lo cual le ganó efusivos aplausos en medio de la actuación.

La obra es un monólogo, lo que reafirma que este género puede ser un gran espectáculo teatral, dependiendo por supuesto, de un buen texto y de la capacidad de quien lo represente. En este caso, Grecia Augusta lo hizo excepcionalmente bien, asumiendo múltiples voces.

La actriz no solo presentó al personaje principal de la mujer adolorida por la traición de su esposo, sino que también representó a la amante, a la amiga de la amante, asumiendo varias voces para sorprender gratamente al público con su versatilidad.

La obra refleja parte de la idiosincrasia venezolana. En el pasado, Venezuela fue un punto de convergencia para distintas nacionalidades (españoles, argentinos, cubanos, etc.), y son esas voces las que hablan de un hecho doloroso, pero que al mismo tiempo no se separa del humor.

La obra es una rica mezcla de humor, drama y música, lo que resultó ser un grato placer para el espectador.

La puesta en escena comienza con un preludio donde la actriz diserta sobre la mujer, la infidelidad y cómo esta ha sido vista a través de la historia, tanto en el hombre como en la mujer, ofreciendo una importante crítica social.

Se puede considerar que la escenografía fue minimalista.

La actriz se vestía y desvestía frente al público para asumir los diferentes roles.

 Además, se hizo uso del video para compartir la opinión de diversas personalidades acerca de la pregunta que sirve como leitmotiv de la obra: ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?

17.11.25

La Locura de Reverón, por Ligia Álvarez

 La Locura de Reverón

Por Ligia Álvarez

 



El sábado 15 de noviembre de 2025, el grupo teatral Cinqueña III del estado Barinas presentó en el Teatro San Martín la obra "La locura de Reverón", una propuesta artística concebida, dirigida y actuada por Alfredo Ramos.

Es fundamental destacar la labor del grupo Cinqueña III, proveniente del estado Barinas. Este tipo de iniciativas resalta la importancia del teatro comunitario y regional en la difusión cultural. Su presentación en un espacio central como el Teatro San Martín demuestra que el esfuerzo de agrupaciones fuera de los circuitos tradicionales enriquece la escena nacional, llevando propuestas artísticas de profunda raíz local a un público más amplio. Este esfuerzo representa una valiosa contribución a la descentralización cultural.

La obra se centra en la vida del insigne pintor venezolano Armando Reverón, explorando momentos cruciales, como su reclusión tras ser diagnosticado con demencia.

El director, actor y autor, Alfredo Ramos, confesó, en un encuentro posterior, que el monólogo fue creado inicialmente para  que durara 15 minutos. Sin embargo, ha venido evolucionando con el tiempo y hoy su puesta en escena se extiende a casi 60 minutos, demostrando el crecimiento del trabajo.

La escenografía de dos niveles recrea con acierto los distintos planos de la narración: el lugar de su encierro, donde mantiene un diálogo con su psiquiatra, y, por otro lado, el evocador ambiente del Castillete en Macuto.



Resaltan las muñecas humanas en la puesta. Este recurso cobra sentido, si pensamos en que Reverón se dedicó a crear  muñecas de tamaño natural.  Estas, junto con su Juanita, representaban sus modelos, musas y compañeras en su aislamiento creativo.

El actor principal domina la escena con su versatilidad y profesionalismo, logrando transmitir el tormento interior del artista y su profunda pasión por la pintura. Su interpretación encarna la locura sin caer en la exageración o la caricatura.


La dirección de arte es notable: el diseño de luces evoca la atmósfera lumínica de Macuto, y la música es adecuada e incluso involucra al público. La obra mezcla con éxito momentos de humor y drama, resultando en una propuesta escénica excelente.

La obra aborda el tema de la locura a través de las extravagancias del pintor, haciendo hincapié en la delgada línea que separa su genialidad de su demencia. La dramaturgia permite que el público empatice con el artista y la impar perspectiva del mundo que tenía.

Los elementos más significativos de la representación son la excelente interpretación del actor, una escenografía que nos ubica en El Castillete y la iluminación que remite a Macuto. En definitiva, esta obra, producto del esfuerzo teatral comunitario en Barinas, es un magnífico homenaje al pintor venezolano.



 

15.11.25

La Quema de Judas: Crítica Teatral, por Ligia Álvarez

 La Quema de Judas: Crítica Teatral

Por Ligia Álvarez

El pasado viernes 14 de noviembre de 2025, en el marco del Festival Nacional de Teatro, tuve la oportunidad de presenciar la obra de teatro dirigida por Rufino Dorta y basada en la pieza dramática La Quema de Judas de Román Chalbaud.

Asistir a esta representación, que por cierto no es la primera vez que veo, me hizo rememorar la lectura de Mientras Agonizo, una novela del escritor estadounidense William Faulkner. En aquella obra, los personajes y los acontecimientos giran alrededor del ataúd que arrastran, el que contiene a la madre fallecida.

De manera similar, en La Quema de Judas, los eventos presentes y pasados ocurren en torno al féretro de Jesús, hijo de la Señora Santísima (representada por Dora Farías), una mujer dedicada a vender estampitas de santos a la entrada de la iglesia. Mediante flashbacks, la trama revela la trágica razón de la muerte de Jesús, así como el fallecimiento de su otro vástago, José. La obra se centra en el terrible sufrimiento de una madre que carga con la doble pérdida de sus hijos a causa de hechos sangrientos.

José, un soldado raso, fue la primera víctima durante un alzamiento militar. Es posible que Chalbaud se haya inspirado para este personaje en El Porteñazo —el alzamiento militar contra el gobierno de Rómulo Betancourt ocurrido en Puerto Cabello en 1962—, una inferencia que se apoya en la fecha de estreno de la pieza, acaecida en 1964. Jesús, (Omar Churión) el segundo hijo, fue, en cambio, víctima del mundo delictivo en el que se involucró.

Las actuaciones fueron, en general, buenas. No obstante, noté que a los actores que interpretaban a los delincuentes a veces les resultaba difícil ser entendidos. Si bien representaban muy bien su papel de "malandros" o criminales, su discurso en ocasiones se perdía, y las expresiones empleadas no llegaban a los oídos del público porque resultaban ininteligibles.

La actriz que representó a La Danta (Angélica Rinaldi) hizo un buen trabajo; solo le recomendaría proyectar más la voz, ya que algunos de sus parlamentos también se perdieron.

 No hubo tiempo para el aburrimiento ni para dormirse. El ritmo de la obra se mantuvo elevado todo el tiempo, salvo por un instante en el cual se notó que decayó. Sin embargo, el final sorprendente, un desenlace que nadie esperaba, borró por completo ese detalle, dejando al público atónito, satisfecho y conmovido.

Chalbaud realiza una grave denuncia sobre la corrupción que se extiende desde las esferas más altas, codeándose con la política, hasta llegar a las personas marginadas de la sociedad. Los criminales pobres pagan con su vida o con la cárcel, mientras que los delincuentes de "cuello blanco" salen ilesos (el doctor Altamira encarnado por el maestro Aníbal Grunn).

La obra también exhibe el sincretismo imperante en Venezuela: una mezcla de la religión católica con el culto a María Lionza, la tradición católica de la quema de Judas, y lo profano y obsceno, una característica peculiar y muy propia de Román Chalbaud.

Para cerrar esta crítica, es oportuno felicitarnos como espectadores por los buenos espectáculos que se están presentando en el Festival Nacional de Teatro.

Ligia Álvarez

10.11.25

Las Mártiras, crítica de Ligia Álvarez

 Las Mártiras

De Pablo García Gámez  

Crítica de Ligia Álvarez

El domingo 9 de noviembre de 2025 se presentó en la sala Horacio Peterson de la Universidad Nacional Experimental de las Artes (UNEARTE) la obra “Las mártiras”. Esta pieza, una de las contenidas en el libro Querer ser de Pablo García Gámez, fue llevada a escena por el Centro Comunitario Pedro Zerolo.

Esta institución, fundada por Stephany Herrera, quien es por añadidura la directora del montaje, acompaña, forma y fomenta la comunicación entre las personas afectadas por el VIH. El nombre del centro honra a Pedro Zerolo, activista LGBT español nacido en Venezuela, quien falleció en 2015.

Querer ser, el título del libro que contiene la pieza, es un texto dramático que tiene que ver con un derecho humano fundamental: ser.  El nombre de la obra “Las mártiras”, es igualmente significativo. Si bien la Real Academia Española de la Lengua establece que el plural de mártir (tanto en femenino como en masculino) es mártires, Pablo García Gámez se toma la licencia de  jugar con la palabra. Este recurso imita al personaje La Barroca, quien a pesar de consultar constantemente su diccionario Larousse, comete errores lingüísticos como redundancias y exageraciones que provocan risa en el público. Un mártir o una mártir es aquel individuo que sufre por una injusticia o la privación de un derecho; y a veces, ese "querer ser" y atreverse a lograrlo cuesta la vida. Esta cruel situación es la presentada en la obra, y cabe señalar que el texto del dramaturgo ha sido respetado en su totalidad.
 
García Gámez denuncia de manera contundente una injusticia social: los seres humanos que son distintos al patrón moldeado por la sociedad deben librar una lucha que, en ocasiones, los condena a la soledad y a veces les cuesta la vida.

Este es el caso de La Barroca y Amapola, las dos protagonistas. Ambas están unidas en la causa de buscar la tumba y el cuerpo de su amiga, una mujer transexual como ellas que ha sido asesinada. A lo largo de esta búsqueda, el espectador es testigo de cómo la sociedad las ha marginado por ser diferentes y por desear ser quienes su cuerpo e identidad les piden ser en realidad.

Ellas no hacen daño a nadie. Nadie hace daño a otro por simplemente ser. No obstante, la sociedad no lo asimila y rechaza a estas personas, empezando por la familia, que las oculta y se avergüenza de ellas. Tampoco se les permite usar una identificación con la que realmente se sientan representadas, obligándolas a seguir asumiendo un nombre que perciben como ajeno, pues no está en consonancia con su ser.

Esta es la tragedia que presenta “Las mártiras”, por querer ser quienes son. Lili, personaje referencial, ha perdido la vida porque el mundo en el que se mueve para alcanzar sus anhelos está plagado de peligros que se originan en el odio o el rechazo que la misma sociedad transmite a sus miembros.


García Gámez denuncia este grave problema social. Pese a la dureza de lo que allí se expone, el humor no está ausente, un ingrediente que considero importante en cualquier pieza teatral.

En mi opinión, la directora Estephany Herrera ha sido muy respetuosa con el texto de Pablo García Gámez y ha añadido toques que lo enriquecen, como la música, los bailes y el vídeo. Este último es un documental que retrata la realidad de estos individuos. Los actores Jhorman Vera y Luis Guillermo Martínez  representan sus respectivos personajes con naturalidad. Ambos proporcionan un toque encantador.

La conjunción de un buen texto, una buena dirección, excelentes actuaciones, la música, los bailes y el documental escogido, hacen que la hora de duración del espectáculo sea de gran disfrute. Aunado a eso, como el teatro es una labor colectiva, no se puede olvidar la excelente participación del personal técnico y de producción.

En resumen, “Las mártiras” expone un grave problema social, pero que no descuida el toque de humor, al mismo tiempo conduce al espectador a que se sensibilice por la situación de estos seres humanos marginados que merecen que se respete su derecho a ser.

3.11.25

Un día de Julio en un domingo de noviembre, por Ligia Álvarez

 Un día de Julio en un domingo de noviembre



Por Ligia Álvarez

El domingo 2 de noviembre tuve la oportunidad de asistir al Teatro San Martín de Caracas. Fue una visita que me generó una gran complacencia al constatar la recuperación de este emblemático espacio, tras un período de inactividad. El recinto vuelve a ser una valiosa opción cultural para el caraqueño del oeste, permitiéndole disfrutar del buen teatro.

La obra presentada fue Un día de julio o ¡quién fuera Verne!, escrita y dirigida por José Luis León, e interpretada por los jóvenes del Taller Juvenil de la Compañía Nacional de Teatro (CNT). Esta pieza, estrenada a principios del siglo XXI, ha sido revivida en 2025 para ofrecer una sana y necesaria distracción. Además, el espacio escénico, sugerido en una biblioteca, incentiva la lectura, al evocar el viaje imaginativo inherente a este hábito.

Escribir una obra para adolescentes, y que el público adulto también disfrute, es un desafío, pues requiere emprender un proyecto que ofrezca enseñanza y que al mismo tiempo resulte entretenido y placentero.

Esta propuesta toca temas cruciales, como la búsqueda de la verdad, inspirándose en la obra maestra de Julio Verne: Viaje al centro de la tierra.

En una era en la que lo digital, el internet y el streaming poseen gran relevancia, posicionar en la palestra a un discurso sobre bibliotecas constituye un gigantesco reto. La pérdida de una llave desencadena el conflicto y lleva a los jóvenes personajes a embarcarse en una travesía fantástica. Su búsqueda simboliza el viaje para alcanzar la sabiduría y la solidaridad. Solo lograrán su cometido si el trabajo es en equipo.

La puesta en escena estuvo amenizada por coreografías, canciones y parlamentos en coro, además del uso de marionetas. Estos elementos consiguen mantener al público alerta e interesado en las acciones desarrolladas por los personajes, a lo largo del lapso de duración del espectáculo.

El elenco, conformado totalmente por adolescentes, fue seleccionado recientemente, por lo que se contó con un breve período de ensayo. Sin embargo, pese a la limitación temporal, el reto fue superado. Este logro se debe, en gran medida, a la paciencia, las enseñanzas y la experiencia de su director/autor y del resto del personal técnico y artístico de la CNT.


Para estos jóvenes en proceso de formación ha sido una excelente oportunidad para estrenarse en el mundo escénico. Ellos representan el futuro del teatro venezolano. Por eso, se puede aseverar que el teatro en Venezuela no agoniza, sino que está renaciendo cada día en diversos espacios a lo largo y ancho del país, entre ellos el Teatro San Martín, ubicado en plena avenida a la altura del sector Artigas. El arte dramático perdurará mientras existan nuevas generaciones talentosas y expertos que las guíen para dar brillo a los escenarios nacionales.

 

 

 

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...