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15.11.25

La Quema de Judas: Crítica Teatral, por Ligia Álvarez

 La Quema de Judas: Crítica Teatral

Por Ligia Álvarez

El pasado viernes 14 de noviembre de 2025, en el marco del Festival Nacional de Teatro, tuve la oportunidad de presenciar la obra de teatro dirigida por Rufino Dorta y basada en la pieza dramática La Quema de Judas de Román Chalbaud.

Asistir a esta representación, que por cierto no es la primera vez que veo, me hizo rememorar la lectura de Mientras Agonizo, una novela del escritor estadounidense William Faulkner. En aquella obra, los personajes y los acontecimientos giran alrededor del ataúd que arrastran, el que contiene a la madre fallecida.

De manera similar, en La Quema de Judas, los eventos presentes y pasados ocurren en torno al féretro de Jesús, hijo de la Señora Santísima (representada por Dora Farías), una mujer dedicada a vender estampitas de santos a la entrada de la iglesia. Mediante flashbacks, la trama revela la trágica razón de la muerte de Jesús, así como el fallecimiento de su otro vástago, José. La obra se centra en el terrible sufrimiento de una madre que carga con la doble pérdida de sus hijos a causa de hechos sangrientos.

José, un soldado raso, fue la primera víctima durante un alzamiento militar. Es posible que Chalbaud se haya inspirado para este personaje en El Porteñazo —el alzamiento militar contra el gobierno de Rómulo Betancourt ocurrido en Puerto Cabello en 1962—, una inferencia que se apoya en la fecha de estreno de la pieza, acaecida en 1964. Jesús, (Omar Churión) el segundo hijo, fue, en cambio, víctima del mundo delictivo en el que se involucró.

Las actuaciones fueron, en general, buenas. No obstante, noté que a los actores que interpretaban a los delincuentes a veces les resultaba difícil ser entendidos. Si bien representaban muy bien su papel de "malandros" o criminales, su discurso en ocasiones se perdía, y las expresiones empleadas no llegaban a los oídos del público porque resultaban ininteligibles.

La actriz que representó a La Danta (Angélica Rinaldi) hizo un buen trabajo; solo le recomendaría proyectar más la voz, ya que algunos de sus parlamentos también se perdieron.

 No hubo tiempo para el aburrimiento ni para dormirse. El ritmo de la obra se mantuvo elevado todo el tiempo, salvo por un instante en el cual se notó que decayó. Sin embargo, el final sorprendente, un desenlace que nadie esperaba, borró por completo ese detalle, dejando al público atónito, satisfecho y conmovido.

Chalbaud realiza una grave denuncia sobre la corrupción que se extiende desde las esferas más altas, codeándose con la política, hasta llegar a las personas marginadas de la sociedad. Los criminales pobres pagan con su vida o con la cárcel, mientras que los delincuentes de "cuello blanco" salen ilesos (el doctor Altamira encarnado por el maestro Aníbal Grunn).

La obra también exhibe el sincretismo imperante en Venezuela: una mezcla de la religión católica con el culto a María Lionza, la tradición católica de la quema de Judas, y lo profano y obsceno, una característica peculiar y muy propia de Román Chalbaud.

Para cerrar esta crítica, es oportuno felicitarnos como espectadores por los buenos espectáculos que se están presentando en el Festival Nacional de Teatro.

Ligia Álvarez

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