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16.10.26

Niña Vieja: Las mujeres se entrelazan como las hebras de un chinchorro.

 

Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores

Función del domingo 12 de abril de 2026 / Sala Doris Wells / Casa del Artista

Niña Vieja es una obra con la cual regresa la Compañía de Teatro Estable Casa del Artista. Una pieza con dos personajes femeninos, una madre y una hija, un drama que nos introduce en un tiempo pasado gracias a la radio que nos conecta con una época y una mujer que nos hace pensar en la Penélope de Joan Manuel Serrat, en la Rosita de Doña Rosita la soltera del poeta Federico García Lorca, en aquella mujer solitaria de En el muelle de San Blas de Maná; una mujer, no tan joven, que al igual que la del muelle de Maná escuchó a su amor jurar que volvería y empapada en llanto, ella juró que esperaría.

El talentosísimo dramaturgo Benjamín Farías, no se limitó con las referencias implícitas y eso le brinda una transversalidad etaria al libreto. A ratos nos sentimos cerca de Lorca y un poco más allá estamos sentados en el muelle de San Blas, con algún banco similar al de Penélope. Sentimos que esta historia la hemos visto, pero no en el teatro o la música, sino en la vida, pues continúa siendo la historia de las mujeres, que pasa el tiempo, pero no pasan las dependencias.

La historia de Venezuela parece confirmar que somos un país en espera, en espera de superar el gomecismo, en espera de internalizar el daño de ese grupo terrorista que fue el perezjimenismo, en espera de comprender la magnitud de la traición de Rómulo Betancourt y Rafael Caldera en Nueva York y que luego la vuelven fotografía en la casa Punto Fijo de Rafael Caldera en Caracas, en espera de que no se siga invisibilizando el terrorismo de Estado de Betancourt, Leoni, Iglesia Católica, Fedecámaras, URD, con la complicidad de Radio Caracas Televisión y Venezolana de Televisión que por allá de 1964 a 1974 era propiedad de los Vollmer; seguimos en espera de que la bonanza petrolera llegue al pueblo llano y no se quede represada en botellas de whiskey 12 años en el sureste caraqueño; seguimos esperando la inclusión, igualmente a un parlamento nacional de izquierda, para que se acabe de una vez por todas eso de que quienes tienen la propiedad de una empresa se pueden quedar con el 80% de las ganancias, en español matemático: imagina que una empresa tiene 500 empleadas y empleados y solamente 2 socios, y que a final del período fiscal se ganó un millón; bueno, lo que dice la Ley del Trabajo es que esas 2 personas se pueden quedar con 800 mil, 400 mil cada uno, y que a las otras 500 les quedarán menos de 400, es decir, mil veces menos, porque recuerda que a quienes tiene cargos más altos les quedará más plata, vaya que esto es lo contrario a lo que hacía Robin Hood, la Ley del Trabajo permite que quien más tiene le robe a quien menos tiene. En español marxista – leninista: aquí la explotación laboral es legal. Estamos a la espera de que vayan a la cárcel quienes han practicado la operación colchón en canales de televisión y emisoras de radio, también los de la payola (y no me vengan con ídolos de una generación, hijas e hijos de la payola es lo que son), igualmente los violadores del derecho humano al debido proceso, los nepotistas, quienes violan la Constitución y quienes como alcaldes y gobernadores andan colocando sus nombres y rostros en vehículos oficiales, edificaciones, franelas y suponemos que quizá también entre las nalgas de algunas y algunos; estamos a la espera de que vuelva la luz y también el agua. Una obra sobre la espera, en este país, evidentemente es un acierto.

Pero la espera, también es obsesión. Esta mujer que está esperando, vive en un mundo como el de Penélope o sea está como obsesionada con la cuestión y nada de lo que le diga su madre altera esa situación, no logra cambiarla, la afecta, pero no logra que comprenda lo que vive. Entonces la obra se nos convierte en una reflexión sobre la relación madre – hija, en este caso: Cipriana y Renata, respectivamente.

El sufrimiento - esperanza de Renata se mantiene, pero no como algo que sucede en el pasado, que así lo es, sino como un reflejo de que también está pasando en el presente, que la mucha universitaria de 2026 no está tan alejada de Renata.

Es algo bien simpático lo que hace el dramaturgo, que nos pone en el pasado para contarnos el presente y casi que para decirnos Mira, Renata es como la del muelle de San Blas e igual le sucede a las muchachas hoy en día, a las adolescentes les está pasando mucho este tema, relaciones tóxicas de pareja en adolescentes, obsesiones donde hay violencia de género psicológica y también violencia de género física, nada el dramaturgo decide hablarnos de la vulnerabilidad de la mujer de cómo además el corazón te juega en contra, se convierte en tu enemigo. La madre en cada conversación se estrella contra el muro de la obsesión y la esperanza.

Edison Querales, en su estreno como director, comprende la obra al dedillo y la puesta en escena refleja ese combate externo e interno que viven Cipriana y Renata. La atmósfera que crea es asfixiante, por eso le funcionan unos pocos metros y uno que otro elemento escenográfico. El hogar como representación de la sociedad, de sus condicionamientos, insensateces, impotencias e incertidumbres. En ese hogar todo encaja, la iluminación, la dirección de arte, el sonido, el ritmo con el que se mueven, con el que hablan.  El presente teatral nos arrastra al postmodernismo, en otro contexto, con más presupuesto, si todo lo de dirección de arte fuese de una sola época, esta obra lograría una factura más alta.

Yulizay Rada interpreta a una Renata a la que le falta el recorrido de las funciones para completarse; ojo que no estoy señalando que el personaje está por hacerse, todo lo contrario; el teatro, a diferencia del cine y las series, está vivo y los personajes crecen en la medida que sus intérpretes tienen la posibilidad de hacer funciones, este es el crecimiento al que me refiero, el que brinda el contacto con el público, el de la posibilidad de seguir encontrando matices en cada representación.

Laura Marquina como Cipriana, empezó con el ímpetu contenido que posee el personaje, pero en el primer tercio de la obra, andaba corriendo con los diálogos, eso la alejó del personaje. Cuando logró controlar el ritmo, entramos en el mundo interior de Cipriana, sus dudas, el anhelo por un futuro de bien para su hija, su desesperación, angustia y preocupación como madre, esa gran necesidad de romper con un patrón de relaciones tóxicas. Laura consigue momentos brillantes, se convierte en esa madre que termina siendo todas las madres. Esa que queriendo ayudar termina dañando.

Ambas mujeres -personajes- actrices llegaron al corazón del público, lo prueban los aplausos del final y los rostros de satisfacción y grata sorpresa.

Queda entonces la Compañía de Teatro Estable Casa del Artista para mucho más, si las líneas de investigación y propuesta narrativa y estética son pasado como conector con el presente, mujer como universo de exploración e interpretación de la realidad, y difusión de la dramaturgia venezolana contemporánea, estaremos con una alta motivación para hacerle seguimiento a las propuestas de esta Compañía.

FICHA

Agrupación: Compañía de Teatro Estable Casa del Artista.
Dramaturgia: Benjamín Farías.
Dirección: Edison Querales.
Actuación: Laura Marquina y Yulizay Rada.
Coordinación de Producción: Fabiana Gómez.
Diseño de Iluminación: José Medina.
Realización Escenográfica: José Félix Álvarez.
Producción: Dante Lombardi.

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: Extraños en el Subte, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, ¿Qué vaina esta?. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

14.6.26

La Reina¸ por Leonardo Guilarte Lamuño

 

Cuántas personas ves cuando te miras al espejo.


Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores


Función del jueves 14 de mayo de 2026 / Teatro Alberto de Paz y Mateos

Una obra sobre María Lionza ¿Sobre ella, solamente?

Si alguna vez pensaste que no podías escribir para teatro, probablemente te equivocaste; si alguien te lo dijo, probablemente mintió.

No es que sea fácil escribir un libreto o que se realice de manera automática como respirar; pero casi siempre cuando se dan esas opiniones o sentencias condenatorias, es porque están atadas al teatro tradicional, que posee una estructura dramática anclada en Grecia; y bueno, si tú naciste en Barlovento, San Rafael de Mucuchíes, Maracaibo o Caracas, muy griega o griego no eres. Hasta donde conozco, con mis limitaciones culturales, la cafunga, los aliados, los patacones y el asado negro no son de la patria de Aristóteles.

Ya es difícil ser uno mismo, así que ser otra u otro, comportarse, pensar y sentir como gringo, ruso o noruego es tarea harto más incómoda. Si eso se lleva a lo dramatúrgico y uno tiene que escribir como lo hacían hace muchos siglos por allá en la tierra helénica, Inglaterra o Francia, la cosa se torna cuesta arriba y disculpa si te doy el spoiler, pero no somos de por esos lares. En consecuencia, cuando nos sentamos a expresar nuestras ideas, reflexiones y sentires, dentro de un marco europeo, hay algo que no termina de fluir. Claro, nos esforzamos, muchísimo, y lo logramos. Pero queda esa cosita de la fluidez, como que costó, como que cónchale no sale tan natural. Recuerda que lo europeo se nos implantó a punta de torturas, asesinatos, robos, saqueos, genocidios, violaciones. En ello hay algo que uno rechaza. Igual se busca naturalizar la cuestión y hasta se logra.

A cualquier cantidad de personas le pasaba algo similar, incluso a las de Europa y también específicamente a las de Grecia. En Atenas, más de uno gritó que no quería escribir de esa forma, lo gritaron en griego ojo. Sentían que era un corseé, una cosa que no les encajaba. Cada vez más dramaturgas y dramaturgos lo gritaban; quizá por problemas en la garganta dejaron de gritar y comenzaron a susurrarlo, a decirlo sin aumentar el volumen, a escribirlo; hasta que en los años 60 del siglo pasado, se armó un revolcón cultural y surgieron un montón de opciones teatrales, entre ellas el happening, y apareció lo que se dio en llamar el teatro posdramático, que no es que se acaba el drama sino que se rompían las reglas. Vaya, que se acababa el corseé.

El libreto dejó de ser el centro alrededor del cual giraba todo; el cuento no tenía que armar un hilo dramático con el esquema de introducción, desarrollo y desenlace, ya que se planteaba el quiebre de esa estructura; se podía contar de manera fragmentada, sin ilación narrativa; a esa pared invisible, entre el escenario y el público y que se llama la cuarta pared, la derrumbaron sin darle ningún mandarriazo, lo hicieron interactuando con la gente; se buscaba una experiencia sensorial y emocional; la presencia física de las y los intérpretes pasó a ser un elemento focal en la obra; el escenario adquirió connotaciones de laboratorio, de centro de experimentación en el que confluyen diversos lenguajes (música, danza, cine, artes plásticas, entre otros).


La propuesta de Valentina Garrido, Chabasquén Producciones y Carlos Arroyo como director, es de teatro posdramático. Todo lo que hicieron, encaja. La interacción con el público, que incluye que un par de personas pasen al escenario a participar en una escena; que el público le agregue sonoridad al espectáculo, mediante unos palos de lluvia que les entregan; que el sociólogo y el músico intervengan sin utilizar un vestuario que se integre al resto de la estética, es porque esto es teatro posdramático. Si hubiesen buscado una estética uniforme, se habría formado una grieta en lo posdramático; si el músico se aprende el texto, en vez de leerlo, otra grieta habría aparecido; si el sociólogo, que brindó la asesoría antropológica, actuara como un personaje, le habrían dicho al carrizo a lo posdramático. Entre lo más notable de esta obra está el hecho de que es una clase magistral de teatro posdramático. La deberían presentar en espacios en los cuáles se estudie teatro, pienso en la Escuela Superior de Artes Escénicas “Juana Sujo”, en la Escuela Nacional de Artes Escénicas “César Rengifo”, en el Estudio de Artes Escénicas del Centro Cultural Chacao, en Unearte, T-jireh Producciones y sólo menciono referencias de entes caraqueños, pero igual vale para el resto del país. Si cuesta trasladarse, creo que se podría lograr un apoyo de transporte, para que estudiantes y docentes viajen al Teatro Alberto de Paz y Mateos, vean esta obra y conviertan la Sala Román Chalbaud en un gran salón de clases en el que se puedan compartir conocimientos, impresiones y opiniones sobre el teatro posdramático y este montaje.

Para hacer el dulce criollo el Pavito, hay que tener los siguientes ingredientes: Para la masa: 500 gramos de harina de trigo todo uso, 1 huevo, 100 gramos de azúcar, 50 gramos de mantequilla, 15 gramos de levadura en polvo, 1 taza de agua tibia y una pizca de sal. Para el relleno: 2 plátanos maduros, 1 taza de papelón rallado, ½ taza de agua y canela en polvo al gusto.

La preparación es de la siguiente manera: para la masa: en un tazón, disuelve la levadura con un poco de agua tibia y una cucharadita de azúcar. Deja reposar por 10 minutos hasta que haga espuma. Luego, agrega el resto de los ingredientes de la masa (harina, huevo, azúcar, mantequilla, sal y el resto del agua) y amasa hasta obtener una textura suave y elástica. Deja reposar cubierta con un paño húmedo hasta que doble su tamaño (aproximadamente 1 hora).

El relleno: mientras la masa leuda, cocina los plátanos (puedes hornearlos o sancocharlos). Haz un puré con ellos. En una olla, cocina el papelón con el agua hasta formar un melado espeso, añade el puré de plátano y canela, y cocina por unos minutos hasta integrar. Deja enfriar.

Para el armado: extiende la masa sobre una superficie enharinada con un rodillo, dándole forma rectangular y después distribuye el relleno de plátano de manera uniforme sobre la masa. Enrolla con cuidado y corta el rollo en rodajas gruesas o triángulos. Coloca las piezas en una bandeja previamente engrasada y enharinada. Deja reposar 20 minutos. Hornea a 180 °C (350 °F) por aproximadamente 25 a 30 minutos, o hasta que estén dorados.

Al Pavito, también se le conoce como Pavito sanfelipeño y es originario del estado Yaracuy. Como la princesa indígena María Lionza.

En el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) la palabra riesgo debería tener como sinónimo: Valentina Garrido. Qué nivel actoral. Para quitarse el sombrero, aplaudir, alabar, disfrutar, recomendar. Esto que vamos viendo y viviendo, pasa con una naturalidad sorprendente, desde los videoartes realizados por Ariana León con una sensibilidad y asertividad desbordante, que son tan atractivos como precisos en el manejo de la semiótica, hasta la música, la sonoridad en general; la profundidad en el conocimiento del ¿mito? María Lionza; desde las interacciones de Valentina con el público, hasta lo dancístico; desde los cambios de vestuario en escena, hasta los silencios; el uso de la tela – columpio, los pétalos, el agua. Hay un nivel de complejidad en el manejo estético que es muy alto y en el planteamiento del contenido – relato que es muy profundo. La inocencia – sinceridad de Valentina niña; el destino que marca a María Lionza; lo cotidianizado de este ¿mito? para quienes somos caraqueños y esa estatua – mujer – mito – entidad – fuerza – energía – irreverencia – poder – misterio – feminidad - sensualidad, forma parte de nuestras vidas; siendo tal vez, esa porción de la autopista la que más recordamos. Sucede al frente de donde estamos y nos encontramos dentro de la obra, porque el hilo dramatúrgico y estético nos incluye, nos hace pensar, recordar, opinar; miramos desde afuera y desde el recuerdo, incluso diría que también desde la nostalgia. Pero todo ello, sin petulancia, esto no es un despliegue de lenguaje teatral para que uno salga y diga Coño Carlos Arroyo se botó y esta carajita es una maravilla. No, esa no es la meta, aunque decimos la frase. La apuesta que escogieron fue la de lanzarse en ese océano que es el lenguaje del teatro, alcanzando tanta autenticidad, que vamos paseándonos por esa profundidad – complejidad, pero sintiendo todo, asimilando, sin impedimentos, lo hacemos con placer.

¿Gran despliegue en dirección? Sí, pero no lo piensas, sino que lo experimentas, porque no es un despliegue para abrumar y lucirse, sino porque la obra lo exige. Aquí hay un equipo entregado a una obra y no una obra realizada por un equipo. Eso es amor. O parafraseando tarjetitas de los años 70: amor es, amar al teatro…y amar el hacer teatro.

Nos encontramos – reencontramos, experiencial más que racional, sensibilidad más que show. Somos el espejo de María Lionza y nos vemos en ella. Somos montaña, río, fauna, mujer, sobre todo, mujer. Canto a la vida, a lo identitario, a la posibilidad de dejarnos llevar por lo que sentimos; nos convertimos en El Principito con las tetas al aire montados en una danta ¿Cuánto hay de ella en nosotros, cuánto de nosotros en ella?

 ¿A quién miramos cuando nos vemos en el espejo?

 PD: la receta del Pavito, me la dio Google.

FICHA

Agrupación: Chabasquén Producciones
Actuación y Dramaturgia: Valentina Garrido @valgarridoes
Música: Jhoabeat @jhoabeat
Videoarte: Ariana León
Videoarte: Ariana León @arianaleon_
Producción: Carla Báez @carla24_bz
Iluminación: David Blanco @davidblanco.5205
Aéreos: Richard Marín @tecnicirco01riggerlife
Dirección de Movimiento: Marcela Lunar @marcelalunar
Dirección de Arte, asesoría antropológica y asistencia de dirección: Eloy Marchán @lobezno_humano
Dirección General: Carlos Arroyo @arroyocarloss
Producción general: Chabasquén Producciones 

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel
Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: Extraños en el Subte, en el Festival de Autores In-visibles, y posteriormente en noviembre, ¿Qué vaina esta?. Actualmente escribe la trilogía de monólogos Sentir las cadenas. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

8.5.26

Mr. Hamlet: ¡Viva el arroz con pollo!

 


por Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores

Función del sábado 2 de mayo de 2026

Debo ser el único que ha ido a ver esta obra y, en vez de sonreír cuando comienza, pensó “Ay, coño”. Sé que tengo que hacer el esfuerzo para no utilizar las groserías, pero en este caso es un asunto documental: no me dije “Ay caramba” ni “Ay cónchale” ni “Cáspita, estoy poniendo la torta”, en mi caso fue un “Ay, coño” doloroso, que  lo explicaré más tarde. Por ahora, entremos en lo que causa este divertimento escrito por Aquiles Nazoa.

Doy mi opinión como publicista y así van conociendo cómo es Mr. Hamlet, dirigida por Aníbal Grunn, quien en el segundo semestre del 2024 transformó este sainete, escrito en el siglo pasado, en un musical. El caption en la cuenta de Instagram de la Compañía Nacional de Teatro, que es quien produce este espectáculo, debería decir que esta obra causa: Alivio del Agotamiento: físico y mental. Cura para Dolores de Cabeza: un remedio infalible para cefaleas y neuralgias. Remedio para Problemas Digestivos: para aliviar la indigestión y los malestares estomacales. Tratamiento para la Adicción a la Morfina: remedio ideal para superarla. En especial después de alguna herida ocasionada por la guerra. Bebida de Templanza: por si prohíben la comercialización de bebidas alcohólicas y Mr. Hamlet pasa a ser una alternativa estimulante pero no alcohólica. 

Y sí, esos textos no son de mi autoría, sino de la gente de Coca – Cola, antes de que la bebida se convirtiera en un refresco; pero es que con Mr. Hamlet es igual, se puede vender diciendo que sirve para todo eso y para más. Es un divertimento, en el amplio sentido de la palabra y de la relación que el espectáculo logra con el público. También lo es para el elenco, que en muchísimas partes hace un gran esfuerzo para no reírse. A veces lo logran, en otras no y eso acentúa lo divertido y la complicidad con el público. Las canciones y las coreografías funcionan como un relojito suizo y además te enamoran y cumplen el rol de ser espejos donde nos miramos y nos encontramos. La puesta en escena se pasea por momentos de mucho movimiento y por otros que resaltan por la carencia de este, se “pule el piso” de todo el escenario de la Sala Román Chalbaud del Teatro Alberto de Paz y Mateos, porque es algo que se requiere; el trabajo con los distintos planos que nos llevan a tener a personajes cerca del público y también muy alejados, es cónsono con lo que se está contando, nos ayuda a asumir distintas miradas; lo mismo sucede con el manejo de lo horizontal. Siempre observamos, hacia los lados, hacia al fondo, hacia nosotros y nosotras. 

Vestuario, maquillaje, peluquería y utilería, son tan austeros como eficientes. Lo de cámara negra, la limita, porque el empleo de elementos escenográficos le hubiese dado otra dimensión con el manejo de formas y colores que irían muy bien con esta obra; en compensación, de la manera como está montada, la pueden representar casi que en cualquier escenario y eso incluye los no convencionales y la calle.

Las actuaciones, en general, están bien, y en algunos casos, como los de César Castillo (Narrador), Dora Farías (Reina), Omar Churión (Rey), Livia Méndez (entre las 5 Grandes), Gerardo Luongo (Polonio), Amilkar Antonio (Horacio) y Miguel Ángel Treccia (Hamlet), muy bien; brillan como elenco (y son veintipico).  Ahora, si se me permite, me toca sugerir que la CNT debe desarrollar más a sus elencos en la actuación para comedia. Sé que las comparaciones son odiosas, pero es que si uno recuerda El sentido de la vida, esa maravillosa película de los Monty Phyton, notará cuánto margen hay para crecer; o Sopa de Patos de los Hermanos Marx. Lo mismo pasaría si vemos algunos sketches de Los Mendigos de El Show de Joselo, de Perolito y Escarlata y Flora y Hortensia de Radio Rochela; incluso Asesinos por naturaleza de Oliver Stone, que tiene un excelente manejo de un humor ácido de finales del siglo pasado.

En teatro venezolano, recordar Machete Canibal de Río Teatro Caribe, el monólogo Actúa con Regina Espina con Annie Ferrer y Tropical de Gregorio Magdaleno, es una forma de introducirnos en un tipo de humor local que conecta con lo que Aquiles Nazoa plasmó en el papel con Mr. Hamlet. Quiénes somos.

El diario El Universal publicó el 28 de junio de 2018, la crítica de Edgar Moreno – Uribe, sobre Tropical, quien, entre otras cosas, escribió “Es una indagación teatral, donde se suda, como ha dicho el director-autor Magdaleno, para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos. “Entonces nosotros como espectadores podemos conocer lo que podría ser el cliché, la iconografía de lo tropical, es decir, por ejemplo, los mambos, los bailes, los merengues, las cumbias, que de alguna manera signan una manera de ser y que nos contrastan en nuestra mirada interior…” 

De allí viene mi “Ay, coño”. De saber, que si conociera en profundidad sobre el canibalismo cultural que impulsaba el Movimiento Antropofágico del Brasil de los años 20 del siglo XX o mucho más de Aquiles Nazoa, para conocer de manera amplia lo que él se planteaba con este libreto; entonces tendría más aristas para escribir la crítica, en vez de esta carencia cultural que me acompaña. 

Si alguien no ha visto Hamlet, ni conoce del libreto, esta obra, Mr. Hamlet, le podría parecer una pieza original totalmente caribeña – venezolana. La CNT logra el principal objetivo de Nazoa, que consiste en echar el cuento de Hamlet a lo venezolano. Lo logra Aquiles, desde la página 1 “PRÓLOGO: Noche oscura, triste y cruenta, como cuenta de doctor. Pasa el cuervo pavoroso del famoso never more.” y también Grunn desde la primera coreografía de esta acertadísima concepción que la convierte en un musical. Lo antropofágico está en cada escena, cada gesto de los personajes es un gesto de aquí, no de Inglaterra ni de Dinamarca, la Reina borracha es nuestra y no aceptaremos que nadie nos diga que es danesa. Así que se cumple lo que iluminó Moreno–Uribe sobre Tropical: “… para descubrir quiénes somos, frente a unas maneras, unas formas impuestas en nuestros propios comportamientos”. Quiénes somos.

La Compañía Nacional de Teatro está gritando que somos venezolanas y venezolanos, en un momento histórico donde una parte de la población se está preguntando ¿Y ahora qué somos?

Me pregunto, ¿Somos lo que somos debido a lo político, a un estatus jurídico, a una definición constitucional o lo somos debido a nuestra manera de ser, nuestra cultura, nuestra identidad? Si la respuesta es lo segundo, entonces a proteger eso que somos, siempre podremos volver a lo que fuimos en los otros ámbitos, reconstruiremos lo que estaba.

Esta crítica se escribe en una ciudad que en 1641 quedó hecha escombros, debido a un terremoto en el que falleció más del 70% de la población. El 90% de quienes sobrevivieron, se fueron de la ciudad por temor a otro terremoto, porque perdieron sus viviendas, por las enfermedades que se generaron por la descomposición de los cadáveres, porque es casi imposible mantener cierta estabilidad psicológica si se vive en un lugar convertido en cenizas. Puede parecer insólito o milagroso, pero quienes se quedaron la volvieron a poner de pie. Uno de los libretos en los que estoy trabajando, como dramaturgo, es un monólogo sobre ese terremoto, de un hombre, afrodescendiente, quien sobrevivió y decidió quedarse en esa ciudad. Se llama “Caracas nunca muere”.

Asumo como tarea, en el mediano plazo, saldar la deuda de la falta de conocimiento en profundidad sobre el Movimiento Antropofágico y también sobre Aquiles Nazoa, que uno lo admira y lo ama, pero debe tomarse más en serio su estudio.  Así que bueno ¡Viva el arroz con pollo!… coño.

PD: “¡Viva el arroz con pollo!” Es el mejor parlamento de toda la obra. En él se condensa lo que Nazoa buscaba con Mr. Hamlet.

FICHA

Agrupación: Compañía Nacional de Teatro @cnteatro_ve

Dramaturgia: Aquiles Nazoa.

Dirección: Aníbal Grunn @agrunn

Actuación: Gerardo Luongo @gerardoluongoz , Dora Farías @dorafariasz , Yurahy Castro @yuracastroc , Omar Churión @omarchurion , Amilkar Antonio @thevikingart , Jo Sé @jose.venescena , Angélica Rinaldi @anggelikrinaldi , Ariana León @arianaleon_ , Andersson Figueroa @anderssonfigueroa , Leonardo Ayala @leonardoayalaofici , Livia Méndez @liviamendez_actriz , Irmary Mota @irmarymota , Miguel Ángel Treccia @miguelangeltreccia , Yhannelys Medina @yhanmedina , Yendy Vegas @yendyvegas , Eduvina Soto @eduvina95_ , Gema Castro @soygemacastro , César Castillo @uncastillodecesar , Yoel Rodríguez @soyyoelactorfit , Lenin Antequera
@leninante_ra , Yoe Ramírez @remixeador .
Dirección Coreográfica: Miguel Issa
@miguelissa62
Entrenamiento corporal: Emérita García 
@laeme1313
Producción general: Rufino Dorta 
@rufino_dorta @cnteatrove.
Productor Encargado: Arístides Muñoz  
@aristidesm21
Música original: Ignacio Barreto
Arreglos Musicales: Jesús Milano.
Composición musical: Julia Carolina Ojeda
Vestuario: León Padilla 
@leonciolion
Diseño de Iluminación: Alejandro Martínez 
@thecat9347
Sonidista: José Gabriel Alejandro
@callme.wolf
Técnico: Víctor Quiñonez, Pastor Peña.

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

13.3.26

“La Quinta Dayana”: Radiografía de un país llamado Venezuela

 
Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores
Función del domingo 15 de febrero de 2026

Llevar a las tablas un libreto que es una obra maestra, es como caminar por un cable a 500 metros de altura y con mucho viento. Pero con La Quinta Dayana del dramaturgo Elio Palencia, es demasiado difícil no querer montarse en ese cable. Palencia creó una fuente inagotable de reflexiones, acotaciones, señalamientos, preguntas, dudas, certezas inconclusas; una mezcla de caleidoscopio con collage.

Cuesta encontrar, en cualquier país, textos que traten en profundidad y sin ambages ni propaganda, el tema de la identidad. Palencia nos pinta, como lo hizo Bárbaro Rivas, compone un universo teatral como Luisa Richter hacía collages.

Luis Ledrick se sumergió en este texto maravilloso, potente y complicadísimo de montar, para su participación en la 11a edición del Festival de Jóvenes Directores del Centro Cultural Trasnocho. Dicho evento es una de las marcas más reconocidas de ese recinto y también uno de sus mayores aportes en una trayectoria que supera los 25 años de existencia. El Festival sirve de vitrina, no solamente para directoras y directores, sino para todo el personal que trabaja en las obras. La función que pudimos vivenciar, fue la que dio origen a la denuncia, por agresión, realizada por la actriz Cloudet Márquez (Katy) y secundada por la actriz Angélica Vitanza (Dayana), sus cuentas en Instagram, donde se realizaron las denuncias, son, respectivamente: @cloudetmarquez y @angelicavitanzaoficial .

El libreto (agradezco enormemente al maestro Elio Palencia, por habérmelo enviado) comienza con un monólogo de Dayana, recién llegada de Canadá junto a su amiga Katy, en un viaje que será corto y en el que anunciará dos noticias que causarán impacto en sus familiares: dentro de pocos días se someterá a una operación para formalizar su identidad como mujer (ya que nació siendo Daniel) y debido a los costos de dicha intervención médica, comunicará que no puede seguir pagando las cuotas de la quinta; solamente quedan 3 años por pagar y entre todos y todas, deberían poder contribuir para cancelar cada giro sin problemas. Pero bueno, una cosa es lo que piensa el burro y otra quien lo arrea.

Dayana, en el inicio, rompe la cuarta pared y nos dice “¡Una quinta! ¿Quién no sueña con una quinta? ¿Quién no la haya tenido por herencia, trabajo o latrocinio de la picaresca criolla? ¿Quién no la sueña? ¿Quién que haya pasado los últimos cien años entre cují palma moriche tierra adentro o mar perdida recoveco caserío pueblo y gallinero a trocha camino carretera autopista industria proletariado… rancho parroquia barrio casita vereda apartamento bloque… no ha soñado con una buena casa de dos pisos, garaje techado y habitación de servicio?”

Esta mujer transgénero, a punto de pasar a transexual, nos mete a todas y todos en el mismo saco, y así se va construyendo lo identitario que ocasionará que nos veamos en el escenario.

Pero Ledrick nos prepara otro comienzo, que respeta lo identitario y lo potencia; respetó todo el libreto, lo comprendió a cabalidad, absorbió cada contenido, el manejo semiótico es una delicia; por ello, la obra pasa a tener un preámbulo antes del prólogo: entramos como público al espacio teatral y estamos en la quinta, en la cual hay un bochinche armado, los personajes bailan, cantan, van de un lugar a otro, abren la nevera, toman algo de allí, se echan broma, los niños juegan, algunos están paloteados, otros no tanto, son los personajes que Palencia tiene en el libreto (Maíta, Mamá -Mercedes-, Rey, todos los del Coro) salvo Dayana, Katy y Monche. Esta inmersión acentúa lo de la identidad, lo de obra coral, lo del collage, lo del caleidoscopio, lo de hacer que el público mire hacia muchos lados, que observe en profundidad, que vea hacia arriba, hacia las esquinas, que observe, que observe, que se vea allí, que se escuche, es que si no se identifica con una canción, se identificará con la siguiente o con la otra, con la cerveza que se toman, con como bailan o como discuten, es una aviso de alerta que reza Estás dentro, esto no es para ti, esto es tuyo, eres tú. Poco a poco, el bullicio disminuye, cesa la música, cada uno se va retirando a dormir, el espacio queda sin personajes, se hace de día y es entonces cuando llegan Dayana y Katy. Es magistral.

Los anuncios de Dayana nos llevan a recorrer una línea de tiempo y a penetrar en la mentalidad de su familia y la suya. Con lo de lo transexual, se da paso a cuestiones del pasado, a eventos que marcaron y, algunos que, seguirán afectando la vida de Dayana: discriminación, rechazo, violencia, violación, negación, odio, impotencia, solidaridad, amor, nostalgia, incomprensión, comprensión, aceptación, autoestima, entre otros. Lo del pago de las cuotas de la quinta nos devela: irresponsabilidad, insensibilidad, egoísmo, chuleo, miedo, angustia, terror, hipocresía, desesperación, falta de empatía, ignorancia, entre otros.



En el libreto Palencia se vale del Coro, para exponer la pluralidad de sentimientos, sensaciones, pensamientos, juicios, prejuicios, etc. Ledrick, por su parte, conforma un elenco heterogéneo, en el que están los personajes indicados por el dramaturgo: la flaca, la embarazada, los gordos, los niños, el adolescente y otros más. Hay quien debuta con esta obra y quienes ya tienen un camino andado; todas y todos están en un alto nivel de interpretación, y esto incluye a las niñas (las hijas del actor Theylor Plaza) y el adolescente. Hay algo que los conecta y que causa que nosotros como público estemos muy pendientes de ellas y ellos: sus miradas. Lo que Palencia, logra con la diversidad de frases, las intenciones, los puntos de vista y el ritmo; Ledrick, lo alcanza tejiendo las miradas, nos enteramos de sus pensamientos sin escucharles, porque vemos lo que sienten y piensan, nos revelan sus almas, sus incomodidades, su actitud egoísta o de complot.

Al poco rato de haber comenzado la obra, sentí una leve decepción, esto no tiene que ver con el espectáculo sino con la expectativa: el año pasado tuve la oportunidad de ver dos obras en las que Luis Ledrick participó, una fue Respira en la que actuó e hizo de dramaturgo, una pieza muy linda, por cierto; y la otra fue Los pájaros vuelan sin alas, en la que dirige. En ambas está plasmado el trabajo de la danza en el teatro, algo que viene manejando con su emprendimiento “Actores de la danza”; así que bueno, esperaba danza…y no la obtuve… ¿O sí?

Pensé que no, de hecho, luego de la función una amiga me presentó al talentoso Jeizer Ruíz y le hice el comentario. Pero en el proceso de varias semanas trabajando en esta crítica, las miradas, de los personajes del Coro, me ayudaron a ver la coreografía que está armada, aunque no dancen formalmente. Las actitudes, las idas y venidas, el escuchar a escondidas, los momentos grupales, los cantos, todo encaja coreográficamente.

Palencia (@palenciaelio) nos hace sentir la importancia del Coro, para comprender esta radiografía de país; el elenco nos la hace vivir: Anilec Vera (@anilecvera), se afinca en la expresión corporal y lo gestual, para componer a La preñada: John Hernández 8(@johnhernvoz), emplea su corpulencia maleable, para conectarnos con la actitud y el mundo interior de ese fortachón; Yendy Vegas (@yendyvegas), con su excelente manejo de lo vocal y sus gestos, dibuja una muda inolvidable, de esas que “hablan” más de la cuenta, aunque no hablen; la actitud de Maikel Rivera (@maik_2025r), expresa la serenidad con su lentitud de movimientos y una mirada que indaga y maneja cierto distanciamiento; Jhurani Servellon (@jhurita), con el movimiento contenido y quizá calculado, nos acerca a su vulnerabilidad y resentimientos; Eduvina Soto (@eduvina95_), logra que su delgadez ocupe más espacio que el que corresponde, su presencia escénica es notable; Mónica Morón (@monique_moron), construye un desparpajo bien administrado; las dos Niñas (Carmela y Candela) con su expresión corporal y sus sonrisas, iluminan el escenario; Santiago Pereira como el adolescente, se convierte en representación de la adolescencia gracias a la frescura.

Estamos inmersos en una batalla de concepciones de la vida, Dayana apelando a la responsabilidad, y Mamá, sosteniendo lazos atávicos que le imposibilitan crecer, queda envuelta en sus autoengaños y hasta cierto narcisismo, acompañado de la eterna posición de víctima. Rossana Hernández (@Rossanahm), realiza una interpretación magistral, brindando el abanico de actitudes y sentimientos que vive Mercedes. En la escena cumbre con Dayana, donde sale lo peor de ella, ciertamente provoca un rechazo brutal y a la vez está mostrando cuán vulnerable es, cuánta desesperación tiene y cuánto le queda por sanar.

María Brito (@mariabritoteatro) compone un personaje que nos da el contraste necesario para poder apreciar, de manera equilibrada, lo que está sucediendo; con Maíta, representó a todas las abuelas nobles de Venezuela, a esas que te van a apoyar cuando nadie te brinda una mano, cuando todos te abandonan. Sus cambios de ritmos en lo corporal; su manejo de los sentimientos, en lo vocal y gestual; su ritmo al hablar; la integración de todo esto con la mirada y la transmisión de las intenciones son sencillamente inolvidables.

Theylor Plaza (@theylorplaza) tenía un reto: interpretar al irreductible chulo que, hemos visto en obras de teatro, películas, telenovelas, sin que se parezca a esos otros sopotocientos chulos. Lo logró con creces, hay un manejo de sus labios, de sus expresiones faciales, la forma en la que lleva los bermudas, la manera de caminar, cómo pasa, en micras, de ser racional a un soberano chantajista emocional, cómo construye al pasivo agresivo; la escena con Mercedes, en el cuarto de ella, cuando va allí para que ella le haga los pies, es antológica. Dos de nuestros mejores intérpretes de la actualidad, en una escena brillante, divertida, profunda, reveladora y contundente.

Cloudet Márquez se metió en la piel del personaje que, sin tanto opinar, nos da la mirada exterior, la de quien no tiene la menor idea de dónde se encuentra, de cómo es esto, pero lo va comprendiendo, intuyendo, conociendo. Convence desde el inicio, sus rompimientos de la cuarta pared son impecables, su acento tipo canadiense funciona a la perfección; la ayuda el vestuario de “turista en el Caribe” y ella lo aprovecha.

Lo que Marlon Brando tenía que lograr en la película Superman, esa presencia que te atrapa en el primer segundo y hace que te creas que es Jor-el, el padre de Superman; lo tiene Luis Serría (@luisserria). El libreto nos adelanta quién es Monche, nos da el spoiler; esto complica más al actor, porque ahora debe cumplir con las expectativas creadas y lo hace de maravillas, es un roble y eso es el personaje. La conciencia, la responsabilidad, el salmón que nada contra la corriente, entendiendo qué lo criticarán, lo discriminarán, le podrán dejar de tener aprecio y hasta cariño, pero él no se doblegará, no traicionará sus principios. Monche, en la vida real, son esas personas que logran que un país no caiga en una guerra civil. Y su interpretación de A tu regreso de Henry Martínez, es hermosa, lindísima a más no poder, con las voces de casi todos los personajes cantando ese tema que tanto los toca y tanto nos afecta. El elenco pasa a representar la ternura, esa característica tan nuestra y tan dejada de lado, como si diera miedo reconocerlo. Con A tu regreso, Palencia nos muestra, nos obliga a enfrentarnos a la sensibilidad que tenemos, a la humanidad que nos acoge, a esas notas invisibles y visibles que nos enlazan y por algunos minutos todas y todos terminamos siendo uno. Extraordinariamente asertivo Palencia, al incluir este tema musical en el libreto.

Angélica Vitanza, más allá de contar con la conexión de género con el personaje, realiza una interpretación vibrante, sensible, conmovedora; se mueve con soltura en ese escenario – quinta que termina siendo una catarata de nostalgias y olvidos que se niegan a olvidarse; de pasados crudos que vuelven como si hubiesen sucedido ayer. Su lucha por la identidad, que extralimita lo del género, y se convierte en la lucha por ser, la construcción del ser, teniendo a casi toda la sociedad y la familia en contra, está plasmada sin fisuras, la recordaremos siempre y cada vez que esta obra se represente en cualquier país, conectará con el público, porque esa lucha es universal.

Ledrick (@luisledrick) nos ha brindado una pieza excepcional, con una escenografía que por sus texturas y colores nos remiten al collage. Fenomenal, la elección de la cortina transparente del cuarto de Mercedes, es evidentemente un elemento de transparencia en las artes plásticas y contribuye a la dureza del discurso agresivo de Mercedes, cuando quita ese velo para atacar a Dayana. Que el cuarto esté arriba, acompaña lo semiótico del personaje, que representa a la matrona y al patriarcado, al poder y al resentimiento, a quien está atrapada en esa “torre” y busca un “príncipe” que la salve de las cuotas del crédito por pagar. Toda la Dirección de Arte es una delicia (Escenografía, Vestuario, Maquillaje, Peinados), así como la Iluminación, que no trata la iluminación sino la luz y se convierte en creadora de atmósferas.

El manejo de la profundidad, tanto desde el frente, como desde los laterales, es magistral. A mí me tocó un lateral y la obra funciona a la perfección, mi condición de cineasta me llevó a imaginarme las otras dos visuales y son del carajo. Hay una traducción de la angustia, de la multiplicidad de pensamientos y sentimientos, de la heterogeneidad del Coro, que al presentarse en 5 planos frontales (el borde donde se rompe la cuarta pared, el siguiente donde por un lado están los sofás y por el otro la mesa, el tercero que es la franja a la que pertenece el horno – cocina, el cuarto que es ese que da acceso al fondo y finalmente el fondo), en todos pasa algo y algo que tiene que pasar, aquí no hay nada gratuito. Desde los laterales hay tres planos de profundidad, y además el director nos regala mirar hacia arriba para encontrarnos con el cuarto de Mercedes y otros elementos; convirtiendo el escenario, conceptualmente, en una especie de caleidoscopio.

La sonoridad va desde temas salseros hasta las voces con ternura, de reclamos, de indignación, de rabia, los pasos, los gritos, el sonido de la puerta de la nevera; la Dirección Musical de Abraham Mendoza (@abj_mt) y Maikel Rivera, es asertiva, sensible, creadora de atmósfera, promotora de bochinche; la sonoridad nos adentra en la quinta y nos mantiene en ella.

Palencia utilizó el barrio para desnudar a la sociedad venezolana; pero pudo haberlo hecho con la “Operación Colchón” aplicada de manera sistemática en canales de televisión, emisoras de radio y sellos disqueros, para solamente nombrar tres escenarios; pudo haber elegido el tema de los Auxilios Financieros durante el segundo gobierno de Rafael Caldera; el de la legitimación de capitales en el municipio Chacao, desde su fundación; el de la indiferencia de la “Clase Media” durante finales de los setenta y parte de los ochenta, en los cuales se bebió en whiskey los sueldos y salarios que podría haberle aumentado a sus trabajadores, para que tuvieran mejor calidad de vida y se llegara a ser la “Suiza del Caribe”; pudo ubicarla en el mundo de las medianas y grandes empresas, tan chulo (dólares que han ido y no han vuelto, por ejemplo), con tantos aportes crediticios que no llegaron a nada. En todos encontraría los elementos negativos de nuestra identidad, y esto incluye al mundo universitario, aunque tal vez no los positivos, vistos de la forma en la que se manifiestan en nuestros barrios.

Esta obra es descomunalmente buena. Se hace muy buen teatro en Venezuela. Y me atrevo a afirmar que se seguirá haciendo.


FICHA
Dramaturgia: Elio Palencia.
Dirección: Luis Ledrick.
Actuación: Angélica Vitanza, María Brito, Rossana Hernández, Theylor Plaza, Cloudet Márquez, Luis Serria, Maikel Rivera, Mónica Morón, Eduvina Soto, Jhurani Servellon, Abraham Mendoza, Anilec Vera, John Hernández, Yendy Vegas, Santiago Pereria, Candela y Carmela.
Dirección Musical: Abraham Mendoza y Maikel Rivera.
Asistencia de Producción: Andrea García Lara y Andrés Martínez.
Fotografía: Augusto Marcano.
Diseño Gráfico: Thais Morales.
Diseño de Iluminación: Valentina Sánchez.
Acompañamiento Coreográfico: Antonella Mijares.
Diseño y Realización de Escenografía: Pedro Arias y Virginia Sancler.
Vestuario: Felia Torres.

 

Leonardo Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)

Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios (@cursos.solidarios).

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