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28.7.26

Opinión: *RENACER, insepulto* por Bartolomé Cavallo

 Con el eslogan Venezuela Renace, se intenta crear un concepto categórico para impregnar todo el país de un sentimiento autonómico, cargado de paz, esperanza y resiliente; donde todo apunte a la reconstrucción de la infraestructura, la economía y nueva modernidad.

Se sabe que no se volverá a lo que estaba, por eso lo nuevo debería ser de otra forma. Mejor, sería la palabra. Pero de qué forma. En el área de la cultura y específicamente en el teatro, desde donde yo me desenvuelvo, el panorama se torna turbio. Ya en otra nota hablé de las Zonas Especiales, que por cierto se desinflaron, advertía la necesidad de la infraestructura teatral; ahora vuelvo a lo mismo.

En un encuentro con un dirigente del Teatro Ateneo de Maracay, quien propugnó que de ahora en adelante serían los grupos teatrales -y de cualquier naturaleza cultural- que tendrán que encargarse de sus costos de producción, logística, taquillería y financiamiento, dado que ya el Estado no tiene dinero. Yo diría también que no tiene voluntad. Aunque esto no sorprende.

Es decir, que el Ateneo solo será un espacio para el alquiler. 

Por eso vemos muñecos, fantoches, imitadores y payasos que no hacen reír, pero pagan el alquiler. La pregunta odiosa es ¿cuánto público me garantiza el Ateneo? Porque entonces yo debo no solo montar la obra, sino también conseguir vestuario, hacer afiches, pagar honorarios y vender las entradas, inclusive, llevar mi propio taquillero.

Y siguen las preguntas aborrecibles, ¿cuál es el papel del Estado Cultural? 

Una vez un directivo del Teatro de la Ópera manifestó que abrirle el teatro a un grupo – cuando existía la política de un día al mes para el teatro- le costaba a él 4.000 dólares y que él no percibiría. 

En este sentido, habría que preguntarse ¿cuál es la política que tiene el Estado para con el teatro aragüeño? Porque ser directivo así parece fácil, si solo debo esperar a que los grupos vengan a mí para hacer el contrato.

*Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda*

28.3.26

Petróleo, crudo

 


Asistí el viernes 27 de marzo de 2026, Día Internacional del Teatro a la reinauguración del Teatro Ateneo de Maracay, pero como no hago reseña social me voy a ir directamente al espectáculo Petróleo, del dramaturgo y director Rubén Joya acompañado del siguiente elenco: Yannine Champion, María Medina, Juan Martín Rivas, Raquel Romero, Ezequiel Piñero, Alberto Ruiz, Oswaldo Buitrago, Warner Martínez, y David Fernández. María Elizabeth Alvarado como Asistente de Escena; coreografía de Jesús Guaimara; Simón Añez en la escenografía; vestuario de Francis Castro y Anny Pereira, todos en una coproducción teatral.

Petróleo es un espectáculo que nos ubica cronológicamente en los albores del siglo XX, donde con el Zumaque I en Mene Grande, en el Zulia por allá en 1914 y con la anuencia de Juan Vicente Gómez, se da inicio formal a la explotación petrolera en Venezuela; se certifica que el país está lleno de eso que es oro negro, lo cual modificó estructuralmente los cimientos económicos, sociales, urbanísticos y de pensamiento de la cultura criolla. La llegada de norteamericanos, ingleses y holandeses cambió el pensamiento del venezolano. Sobre este tema Miguel Otero Silva y César Rengifo hablaron y escribieron mucho. Rengifo tiene una trilogía específicamente en este sentido.

Ahora bien, la obra de Joya no trata de hacer un análisis de la nueva realidad que se está levantando desde la segunda década del siglo pasado; se dedica más al panfleto, no en término despectivo, sino como mecanismo político, por la brevedad del discurso (la obra dura 32 minutos), por lo agresivo, sin tapujos y satírico. Tiene un solo propósito: despertar la irritación momentánea en el espectador. Bastante usado en los años sesenta. Lento en su accionar, si tomamos en cuenta que es un discurso eminentemente político, que busca la reacción rápida del espectador.

Estos trabajos se dan casi siempre en tomas de calles, en huelgas de trabajadores o de estudiantes; con escenas relámpagos y textos cortos.
Me quiero detener en cuanto a la estructura referencial que Joya le adicionó al montaje, con personajes alegóricos y actores y actrices distanciados de lo que estaba sucediendo. Por lo general estos trabajos se dan caricaturescamente. Solo Warner Martínez y Raquel Romero esbozaron la construcción de personajes “creíbles”. Martínez demostró calidad para la interpretación y logró hacer un viejo con personalidad, si la expresión cabe. Romero dejó constancia de lo buena que es como actriz, desdoblándose y centrando la atención en un personaje que no está en escena, pero que lo hace carne y sentido. David Fernández se fue por lo más fácil. El resto estuvo marcando el texto. Porque la obra se queda trunca para la construcción de personajes que pudieran crecer. Es un gran lamento que no termina de enjugar las lágrimas petroleras.

Hay que hacer un reconocimiento especial a la iluminación, ya que por primera vez observé luces teatrales bien enfocadas, a tiempo y dando el matiz requerido para que los actores y actrices se vean actuando. Imágenes excelentes que realzan la puesta en escena. Voces cantadas que dan una tonalidad sepulcral, permitiendo que el público se conecte.

Pero ojo, este espectáculo se montó rápidamente para un evento trascendental como lo es la reapertura del Teatro Ateneo, después de más de diez años cerrado, ante las autoridades culturales nacionales y regionales, lo que da a entender que con mayor horas de vuelo, se pudiera convertir en una obra para el repertorio nacional. Por lo tanto, si Joya decide seguir corrigiendo, anexando escenas y puliendo, por ejemplo, la escena de la comida, la puesta en escena se desarrollaría ostensiblemente.

Por lo tanto, hago votos para que esta obra pueda ser llevada a cada rincón del país, sobre todo en el marco político en que estamos sumergidos, con los cañones apuntándonos a la cabeza y el Norte Global chupando el llamado oro negro.


Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

15.3.26

La crítica teatral no es un consejo


(Agradecemos a Petroglifos, Revista Crítica Interdisciplinar,
 permitir la reproducción de este artículo originalmente publicado en sus páginas).

Por: Bartolomé Cavallo – Venezuela / Instgram: @teatroacavallo / Correo: cavallobartolome5@gmail.com

En una entrevista que me hizo Oscar Acosta para la revista digital Todasadentro, yo planteo que la Crítica teatral no sirve para nada y no da consejos, según tesis de Fernando Toledo -Función de la crítica. Cuadernos de Picadero N° 8. Argentina- con quien comparto totalmente en cuanto a que casi no posibilita la discusión a lo interno de las agrupaciones; es decir, la Crítica Teatral no da consejos; debería ser, a mi entender, un análisis examinador del proyecto escénico que se montó o se está montando.

Es en todo caso, formular un juicio que desmenuce la información de la puesta en escena y la valoración subjetiva del crítico. Hugo Ulive, director uruguayo, planteaba que él antes de comenzar un montaje, transcribía –a máquina de escribir, para la época– no menos de 50 veces el texto; es decir, -decía Ulibe- yo no me puedo permitir que mis actores supieran más de la obra que el propio director. Traigo esto a colación porque muchos de los actuales directores de teatro, son endebles en cuanto a desentrañar los códigos internos que presentan las obras, pero eso sí, cuestionan al crítico de teatro si este escribe algo que no le gusta. Claro, aquí aparece otro tema como lo es la actual actividad teatral en el país: los directores poco capacitados o pocos transgresores de los códigos teatrales, los experimentales o buscadores de nuevos términos. Por supuesto, también se juntan, de manera general, a actores o actrices que no han entendido el trabajo serio que significa la actuación o los elencos arrastrados por un director para montar cualquier cosa.

¿Entonces, de qué escribe el crítico teatral?

En este sentido, un crítico debería –aquí siempre utilizo el verbo en potencial– analizar lo que vio y no lo que cree que pudiera ser; dar elementos que le sirvan a los expertos del teatro y al público llano para decodificar un espectáculo: la actuación, la escenografía, la utilería, la puesta en escena, el texto –aunque esto es otro tema–, para ofrecer una comprensión más profunda delmontaje. El público no se retira del teatro si lee que un espectáculo es malo; tampoco ocurre que los directores modifican sus propuestas porque el crítico escribe que partes o todo tiene defectos. Aquí la crítica es más un ejercicio de autoayuda; en mirar con otros ojos, que no son propiamente los del director. Yo particularmente no he visto una segunda función re-direccionada porque hubo una crítica a propósito de una obra.

Por lo tanto, observo que los directores se camuflan en el ropaje de que el crítico lo hace por rabia, antipatía o ego. Pero tenemos que distinguir entre crítica y relaciones públicas; la segunda está dada por la complacencia, por exaltar el montaje, por mediar entre el grupo y la taquilla; mientras que la crítica debería estar sustentada en el análisis, en la decodificación del sistema simbólico, de los signos lingüísticos, visuales y sonoros; de la actuación, de la coreografía actoral y en fin, del mensaje semiótico del montaje como un todo. Porque no debería haber cosas buenas o cosas regulares o malas; el montaje es un cuerpo orgánico, es una prueba de relevos, donde la suma de los corredores dará un resultado óptimo. No hay segregación; el hecho de que una luz no entre a tiempo ya el montaje deja de ser excelente. Aquí no se suma sino que se quita. ¿Pero un crítico de teatro puede ver todos los elementos que configuran un trabajo escénico? Claro que no. Pero sí va con ojos y oídos dispuestos a ver u oír lo que posiblemente otras personas no están para ello. Porque en un espectáculo ligero, la mayoría va a festejar, a pasar un rato, a reírse sin andar buscando las cinco patas del gato. Por el contrario, en una obra exigente, hay que prestar mucha atención. Y es posible que esa atención no sea tomada en cuenta por la agrupación.

¿Lo que se propuso el director es lo que salió ante el público? ¿Una puesta en escena es lo que se pensó ante el primer ensayo? No se nos olvide que es el público quien determina si le gusta o no un espectáculo. Recordemos que la película Zyzzyx Road está considerada como la de menor recaudación en la historia del cine, con solo 30 dólares; solo la vieron seis personas a cinco dólares cada una; y no fue por los comentarios de la crítica.

A esto hay que agregar que también aparecen dos posturas: la del crítico que tiene en mente su puesta en escena particular y quien todo lo ve mal, criticando desde el diseño de la boletería hasta la hora de la función. Es este el que hace su propio espectáculo, plantea lo que él haría y no lo que el director hizo. Es frecuente aquí que el crítico escriba que tal escena debió hacerse al fondo del escenario y no en el proscenio como efectivamente se dio; que el traje de la actriz debió ser menos ceñido o que la música tendría que ser más moderna, aunque el espectáculo se da en la Edad Media. Este crítico todo lo ve mal sin justificar un ápice, no da oportunidad para el diálogo -si lo hubiera-, porque los directores no deberían estar en el plano moral para replicar un comentario. Lees y te callas. Esto nos lleva a los años 70-80 donde había hasta un “sindicato” de críticos, con el báculo de la omnipresencia para castigar a quien no le gustara. Y no había réplica como ahora, donde desde un teléfono se puede insultar, maldecir y hasta amenazar.

Yo, que hago crítica teatral en el estado Aragua, me han dicho lambucio, misógino, viejo enclenque y están esperando que monte una obra para desquitarse. Cada vez que escribo me atormentan el teléfono.

El otro crítico funciona más como un jefe de relaciones públicas, media entre el espectáculo y la taquilla.

Pero también aparece un personaje extrañísimo: el que no vio la obra pero la critica; y posiblemente genera mayor atención entre el público que la propia crítica especializada. Es el que comenta la vida privada de los actores o actrices; el que hace entrevistas o publicita el espectáculo. No sé si parte de la taquilla le corresponde.

Pero lo importante de hacer crítica no es comentar la obra; es tan necesario para dilucidar el estado de vida del teatro, sus componentes: actor/actriz-personaje, el seguimiento de salud de las agrupaciones, la robustez de los directores, el crecimiento y profundidad de las propuestas, los giros axiomáticos de las temáticas, las confrontaciones ideológicas, los cambios políticos de los protagonistas, del grupo y del país como un todo; se puede medir los tiempos históricos, la dramaturgia, los desplazamientos migratorios, identificar fortalezas y debilidades en todos los sentidos: actoral, de público, de salas, de escuelas teatrales, de nuevos integrantes y en algunos casos, ofrecer sugerencias de mejora. Vuelvo y repito no para dar consejos.

¿Qué es la Crítica Teatral entonces?

Es un análisis, evaluación y opinión sobre un evento con el objetivo de reflexionar sobre él y ofrecer a los potenciales espectadores una guía de lo que van a ver. También sirve para planificar políticas culturales, específicamente en el área teatral: políticas educativas, infraestructura teatral, modos de acción para los decisores, desde el director hasta los responsables públicos; utilización práctica de los desarrollos internos de las agrupaciones, conformación de un cuadro conceptual y hermenéutico alternativo a las vicisitudes de espacios teatrales, administración de perspectivas y coordenadas que puedan favorecer la re figuración de políticas teatrales y artísticas en general, optimización de la planificación de los directores y gestión gerencial a lo interno de los grupos o espectáculos, diseño de un marco de referencia con voz propia por parte de los directores, desarrollar enfoques prospectivos para los siguientes montajes, afinar un mapa estratégico para la consecución de recursos.

En esta perspectiva, ¿El público pasa a ser un cliente o un aliado de las agrupaciones y del teatro en general?

En este sentido propongo cuatro niveles de análisis:

1.    Nivel Fonológico: Todo lo que tiene que ver con el ritmo de la pieza, la métrica, la musicalidad, las aliteraciones y los silencios. También aquí aparecen las sorpresas, los sobresaltos, el golpeteo; la música, las alturas, la voz teatral, los registros, las tesituras. Es como si cerráramos los ojos para escuchar.

2.    Nivel Semántico: vocabulario, connotaciones, denotaciones, metáforas, metonimias. En qué época está representada la obra, los giros semánticos, los modismos, las costumbres propias de la época.

3.    Nivel Sintáctico: estructura de las oraciones, tipos de palabras, figuras del lenguaje, separación de sílabas, defectos propios de los personajes asumidos por los intérpretes.

4.    Nivel Pragmático: la relación entre los actores y el público; el tono del discurso, las imágenes, la intención comunicativa, dispositivo escénico, proximidad, tipo de teatro, horario, tipo de público, profundidad del mensaje. Aquí hago un paréntesis en cuanto al texto, dado que me interesa sobre todo la puesta en escena y no la obra dramática. Que se entiende como un recurso invaluable para desarrollar un espectáculo, pero también sabemos que un texto flojo pudiera resultar un gran entretenimiento según las habilidades del director y por el contrario, un hermoso texto pudiera ser un garrafal montaje. También está el valor estético, el contexto social, histórico, político que indefectiblemente condiciona un montaje.

Como se observa, detrás de una obra de teatro se esconde un sinnúmero de imponderables a discernir, estudiar, analizar y a presentar ante un público. Entonces, ¿Cuál es la función de la crítica teatral?

Es una guía de observación, es una bitácora de ruta entre el montaje y el público; un camino que se debería transitar juntos. De allí, no hay crítica mala o crítica buena; es la visión subjetiva de otro ojo que no ha cubierto todo el proceso creativo y que no debería saberlo. Entonces, la crítica –en este caso la teatral– es una valoración estética de una obra de teatro, ponderando elementos en una síntesis que dura cerca de una hora de función, en lo inmediato, pero como lo plantee en los párrafos anteriores, sirve para un estudio mucho más profundo a la hora de discernir sobre políticas públicas de arte; ayudaría a los responsables de los organismos o gerentes de oficinas, ministerios y mandatarios a sentarse con los directores para la planificación de un país teatral.

Vuelvo al principio, no da consejos, no es prescriptiva, no intenta desacreditar al director –como principal responsable– solo refleja juicios de valor sin condenar el montaje.

Ahora bien, ¿Dónde está el eslabón que impide que la comunicación fluya entre el crítico, el montaje, los gerentes y el público?

En la parroquia debería ser la cosa, no en el pasillo, por Bartolomé Cavallo.

Asistí el jueves 12 de marzo a la Casa de la Cultura de Maracay para ver al Teatro Estable de Maracay con el espectáculo En la parroquia es la cosa, del dramaturgo venezolano Humberto Orsini (04 mayo 1926 – 26 oct. 2017), en la representación número 100 de este montaje.

Participaron los miembros del elenco estable de este grupo, el más antiguo vigente en el estado Aragua. Ahora bien, no me voy a referir a las actuaciones ni a la puesta en escena, porque ya en otra reseña lo había abordado; me voy a referir a la celebración –parece inusitado- de 100 representaciones de un mismo montaje, porque sabemos que la mayoría de los espectáculos mueren prácticamente con una o pocas funciones.

En este sentido, llegar a cien es, o debería ser, el más exquisito triunfo, para un grupo que ya cuenta con 58 años a cuestas. La representación cien viene desde más o menos del 2015, es decir, más de diez años llevándola por todas partes.

Hasta aquí todo parece bien, pero hay un pequeño problemita que tiene que ver con el espacio y el poco cuido para tal celebración: en un improvisado escenario de la Casa de la Cultura, con público uniformado de amarillo –las franelas decían Joana Sánchez, gobernadora-, y había bastantes, al aire libre y en presencia de un público que evidentemente no fue para esos aspavientos. ¿Por qué no se hizo en la sede oficial del TEM?

Parece que porque no está terminado.

¿Entonces?

Colateral a esto, nos topamos con el irrespeto a los actores, al público y al teatro todo. Allí mismo en la Casa de la Cultura está un espacio abandonado desde hace no menos de veinte años, que hasta estos momentos solo sirve para guardar trastos viejos. Yo vi en ese espacio a Alirio Díaz tocar el Concierto de Aranjuez por allá por los años setenta; ¿por qué entonces no se habilita?

Ya es cansón que los artistas regionales estén desgastándose en firmar cartas, proclamas, remitidos… buscando apoyo. Los Madrigalistas, la Escuela de Arte Dramático, el Teatro Estable de Villa de Cura, como si hacer arte pasaran por el lamento y la pedigüeñería. Ojo avizor con la Aragüeñidad.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

14.12.25

Maracay: Fin de siglo, o el florero azul, por Bartolomé Cavallo

 Fin de siglo, o el florero azul


Asistí el sábado 13 de diciembre de 2025 a la nueva sala El Teatrico, en el Centro Comercial Parque Aragua, para presenciar el montaje Fin de siglo, de la dramaturga Aminta de Lara, con el grupo Jap Producciones, con la dirección de Daniel Vásquez y la actuación de Ruth García y Johan Patiño.

En género de comedia oscura, la trama gira en torno a un muerto que deja de herencia un florero azul; pero este muerto estuvo casado con una mujer y después se casó con un hombre. Ambos, exesposa y exesposo se citan en la casa del difunto para dilucidar a quién le corresponde el dichoso florero. Aparecen los amores-desamores, los celos, las intrigas y hasta la necesidad de comenzar una relación, ahora, de estos seres.

Pero llega un momento en que la historia no da para más y se va estancando. Se produce un ritornello que evita la incorporación de elementos mucho más dramáticos; la ceguera, la incapacidad para pensar y la muerte, por ejemplo. La autora no se atreve a ir más allá y crear una verdadera tragedia, que en estos tiempos de fin de mundo tenemos muchos ejemplos. Más bien se queda en una discusión sibilina, sin mayor profundidad.

Observé a Ruth García, una sobria actriz, desenvuelta, con gran presencia en escena, muy natural y desfachatada que se come el espectáculo. Excelente voz y se maneja con gran profesionalismo en las tablas. Johan Patiño por su parte buen comediante, corto cuando para al drama, comedido y presto a corregir cualquier falla que pudiera ocurrir en escena. Daniel Vásquez, resuelve la puesta con los elementos mínimos: un mueble, una mesa con hielo, ron y refresco. Incorpora un excelente elemento: la presencia del muerto con una tela negra. Este elemento está omnipresente, pero termina como dueño de la escena final.

Esta obra se adapta perfectamente al tamaño de la sala, permitiendo que las voces sean audibles y que la distancia entre el público sea casi encima de los actores, sin desmedro de un nuevo espacio para la actuación aragüeña.

En términos generales, Fin de siglo es un buen espectáculo, ponderado, sin buscar más allá de una obra para meditar en clase media, sin los atropellos de los grandes y nefastos dramas que los periódicos nos atropellan a diario. Hay que destacar que –no había visto– la posibilidad de que el público pudiera comprar licor y tomar en la sala.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

5.12.25

Maracay: Monólogos, solos, por Bartolomé Cavallo

 Monólogos, solos


Asistí el jueves cuatro de diciembre de 2025 al nuevo espacio teatral de la ciudad denominado El Teatrico, bajo la jefatura de Daniel Vásquez, para presenciar cuatro monólogos por el grupo Escuela Teatrophia, denominado Monologueando. Esta agrupación ya cuenta con 20 años trabajando con niños, jóvenes y adultos, y ahora se estrena con sala propia.

En esta oportunidad les tocó a los estudiantes adultos. El primer monólogo, Toxixidades, actuado por Valeria Mundaraín, escrito y dirigido por el propio Vásquez es un trabajo disruptivo donde Valeria se muestra sincera, con fuerza dramática y con una mirada incisiva que permite la interconexión con el espectador. Es la historia de una mujer que se debate entre dos aguas o dos mundos paralelos; a veces justifica las tropelías de su marido y otras las rechaza. Estas actitudes van tejiendo un submundo lleno de fantasmas, donde la existencia siempre pende de un hilo muy sensible. La voz de esta joven actriz, aunque poquita, se nota que la matiza con estudio y pronto será una gran intérprete. Puede asumir diferentes roles y se desplaza con fluidez.

El segundo monólogo, Troya con Azulejos actuado por René Castillo, es escrito por Daifra Blanco; se notó un buen actor, bastante introspectivo, con fuerza y presencia escénica, excelente control del espacio, aunque con una voz apretada y sobreactuada de garganta. Pero con ejercicio estos detalles se corrigen. Es el eterno macho que utiliza la fuerza física para imponerse, manejándose entre el amor y el poder. Su mujer también vive en este infierno y entre los dos se realimentan entre amor-odio.

El tercer monólogo, Un poco Medea, es escrito por Daifra Blanco y actuado por Roymer Bompart. Este actor interpreta a una mujer llena de distopía social –si se me acepta el término– con graves problemas de identidad sexual que decide emigrar a Europa para sanarse. Observé a un gran actor, con presencia actoral y con control del escenario; por momentos suelta el personaje, pero luego lo retoma. Buena voz y matiza muy bien. Le cuesta interactuar con el público, pero esto es cuestión de trabajo.

El cuarto monólogo, La Profe, es escenificado por Matissiel Cabral y escrito por Daniel Vásquez. La eterna profesora universitaria que se revela ante el poco salario, el exceso de trabajo y el pobre reconocimiento como mujer profesional, talentosa pero menospreciada por la universidad que solo la utiliza para dar clases. Al principio noté una voz aguda, sin matices y exageradamente artificial, pero después se notó una bien trabajada voz de teatro. Un poco atropellada entre acciones y desplantes, le cuesta cambiar de personajes. Desfachatada logra atrapar a la audiencia.

En términos generales, se percibe el trabajo de años de esta escuela, de donde han salido varios actores y actrices. El espacio es lo que se denomina “de bolsillo”, es decir, para unas 50-60 personas y un escenario para obras de pocos personajes. No obstante, Vásquez sabe jugar con la presencia de público y logra llenar siempre la sala.

Aúpo este nuevo espacio para el teatro aragüeño y que siga demostrando que el tesón da frutos.


Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

20.9.25

Adultos de plata. Y liqui liqui. Por Bartolomé Cavallo

 Adultos de plata. Y liqui liqui.


Asistí el jueves 18 de septiembre de 2025 al Teatro de Ópera de Maracay para presenciar el espectáculo Primer Encuentro Regional de Danzas de Mujeres Mayores, organizado por Estela Orraiz, con la presencia de mujeres de ocho municipios del estado Aragua: Girardot, Mario Briceño Iragorry, Sucre, Lamas, Bolívar, Libertador, Camatagua y Mariño; donde el leit motiv fue el adulto mayor.

Fue una tarde llena de alegría, pundonor y canas; gente sin ningún conocimiento previo en el arte dancístico, hecho por el solo premio de que se puede hacer. Allí nos encontramos, por ejemplo con Teresita Fonseca, una entusiasta bailadora de joropo central con 94 años, proveniente de Mariño. Se pudo apreciar también la camaradería y los nervios ante un imponente teatro que para muchas era la primera vez que lo veían por fuera y también por dentro.

Esta confrontación fue gracias a las políticas culturales de la gobernación del estado en voz de la gobernadora Joana Sánchez, de Katiana Hernández, presidenta del Cleba y de la participación de la directiva del TOM con Sendy Romero a la cabeza y todo el equipo técnico y humano de este centro cultural, así como de la empresa privada que no ha escatimado esfuerzo para dar su aporte a una causa importantísima como es la incorporación de nuestras abuelas al hecho cultural como lo es la danza. Yo, por razones obvias no puedo opinar ya que esta columna es básicamente teatral.

Vimos bailes ancestrales como Tierra Indígena con coreografía de Herbis Arias por Mariño; Cantos de Lavanderas, por representantes de MBI; Bailes Urbanos con Rossi Dance por Girardot con coreografía de Rosanna Flores; Gaita de Tamboras por Mariño con coreografía de Magaly Corte; también vimos Un Amanecer Tuyero por Camatagua con coreografía de Carmen Zapata; Baile de mi Tierra por Bolívar con coreografía de Juan Pacheco; igualmente un Polo Carupanero en representación de Libertador con coreografía de Nelly González; A Ritmo de Venezuela por Sucre-Lamas con coreografía de Cira Gámez; Mi Despertar por Girardot con coreografía de Nelly Rattia. Aunque también se pudo disfrutar de sketches teatrales como Ya no me caso con Olga Robles en representación de Girardot; Mamá me duele la barriga con dirección de Mayquel Herrat de Sucre-lamas; danza teatro La Familia por Girardot con dirección de Jean Bracamonte; Niña tocando piano o quien fuera sordo una adaptación de Belkis Arias por Bolívar y la declamación de la Leyenda del Horcón a cargo de María Claret Ballesteros por Camatagua.

También sirvió la ocasión para la entrega de reconocimientos a varios integrantes del movimiento dancístico del estado Aragua, quienes han conformado un núcleo bien organizado para la difusión de los diferentes estilos y manifestaciones folklóricas tanto de Aragua como de todos los rincones del país.

Esta iniciativa partió de un deseo de Estela de agrupar a mujeres adultas, para conformar un movimiento de personas de la llamada tercera edad, con el propósito de decirle al resto de las personas que sí se puede hacer danzas con el solo interés de existir. Por eso terminó diciendo: “los espero para el segundo encuentro regional de danzas de mujeres mayores” y de plata.


Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.





30.8.25

Rengifo en Femenino, sin petróleo ni federación. Por Bartolomé Cavallo.

 Rengifo en Femenino, sin petróleo ni federación



Asistí el viernes 29 de agosto de 2025 al Conservatorio de Música de Maracay para ver la obra Rengifo en Femenino, una versión de César Rengifo con el elenco del Teatro Estable de Maracay, en el marco del Festival Nacional de teatro de Venezuela.

Como no me llegó la ficha desconozco el nombre de las actrices y la dirección. Solo tengo como referencia a César Rengifo en sus diferentes etapas: la indígena, la federativa y la petrolera. En tal sentido, no tengo con precisión los extractos que se tomaron para armar un espectáculo de una hora de duración, solo que se reconocen los textos más emblemáticos por sus particularidades.

Rengifo (14 de mayo de 1915 - 02 de noviembre de 1980) pintor y dramaturgo, supo exponer muy bien básicamente tres etapas, que las integrantes del TEM tomaron como pretexto para esta obra. Con un leit motiv que sirve para empezar y pasar de una obra a la otra, nos encontramos con un espectáculo –ya fue montado hace varios años- inacabado, lineal y simple en dispositivo y en actuación. El espacio tampoco ayuda para la voz pero casi todas estuvieron sin tesitura teatral, sobre todo quien hizo de Brusca; externa, gritona y sin propiedades para el drama. Hay que estar pendiente del público que uno mismo trae.


Recuerdo que en uno de esos festivales nacionales, se escogieron diez textos por concurso y cada dramaturgo ganador decía qué grupo prefería que le montara su obra. Julio Jáuregui fue uno de esos diez seleccionados y optó por que el grupo La Misere, de Maracay, donde yo participaba como actor, le escenificara su trabajo para llevarlo a Caracas. Ese festival se montaba con todos los aditamentos técnicos, en teatros bien equipados y con un aporte a la producción. No estoy comparando, solo colocando elementos para poder evaluar lo que se está haciendo ahora en Aragua. Rengifo en Femenino se está mostrando o está optando para ser representada en Caracas en noviembre. Porque si es así, lo que va a ver la gente de la capital dudará de lo que se está haciendo teatralmente en Maracay.

Ahora bien, para qué sirve un festival de teatro; es la posibilidad de auscultar cómo está, en este caso, la organización, la dramaturgia, los directores, la actuación, la parte técnica, entre otras características, que nos darían el pulso de nuestro movimiento teatral. Se me ocurre que deberíamos comenzar con el análisis a los directores y después veremos.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

2.8.25

Maracay. Radio teatro: Doña Bárbara, se escapó de la hacienda. Por Bartolomé Cavallo

 Doña Bárbara, se escapó de la hacienda

 

Oí el día 01 de agosto de 2025 la adaptación para radio teatro de la novela Doña Bárbara del escritor venezolano Rómulo Gallegos en la segunda edición del Festival Radial artístico, organizado y difundido por la emisora Energía 99.9 FM., a cargo del grupo JAP Academy bajo la conducción de Johan Patiño al frente de su equipo de actores, actrices y técnicos. Cabe mencionar que esta fue la quinta y última función de este festival. Ahora queda en manos del jurado la selección del mejor montaje. Se pueden ver y oír por redes.

Doña Bárbara, fue escrita en 1929 y ambientada en los llanos venezolanos, específicamente en Apure a un lado del río Arauca. En síntesis, es el amor no correspondido y no la barbarie y la civilización como se ha querido dar a entender, aunque con la descripción del paisaje como telón de fondo. Marisela es la hija de Francisca Vásquez, quien se enamora de Asdrúbal, pero también lo hace Francisca –mentada Doña Bárbara–. A partir de allí se dan toda una suerte de encuentros y desencuentros muy a lo llanero, advirtiendo que esta novela la escribió Gallegos en Europa. Allí dijo: “Yo escribí mis libros con el oído puesto sobre las palpitaciones de la angustia venezolana”. Y efectivamente, eso fue lo que escuchamos con esta entrega.

JAP Academy nos conmovió gratamente, donde el elenco supo interpretar un apretado resumen, más propio para una saga de varios capítulos. Se pudo percibir los cambios de intenciones, los matices propios del llano, el crescendo en la trama. Claro, por razones de espacio-tiempo no se llega a un verdadero clímax, pero esto es un experimento radial.

Daylin Guerra fue la encargada de versionar esta novela, aprovechando las brechas que le permiten unos 40 minutos de producción, actuando también en el papel de Marisela y de Francisca. Johan Patiño también hizo de Narrador, de Antonio, de Ño Pernalete, de Lorenzo Barquero, de Taita, de Ño Eustaquio y de Brujeador. Natacha González hizo de Barbarita y estuvo en la musicalización. Einer Cardoza hizo de Santos Luzardo, de Balbinito Paiva y otras voces. Nellet Tovar hizo de Doña Bárbara, de Casilda. Joan Arca estuvo haciendo los sonidos.

En términos generales, felicito a JAP Academy por atreverse a incursionar en tan delicado género, que no admite equivocaciones –por ser en vivo como lo establecen las normas del festival-, claro, se pudiera decir que el teatro tampoco admite errores, pero en una producción leída pareciera que se notan aún más. Que no fue el caso de esta Doña Bárbara.

Vuelvo a reiterar la importancia de esta iniciativa –Emisora Energía 99.9 FM- para que se consolide y permita la incorporación de nuevos grupos y nuevos actuantes.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

1.8.25

Maracay: La casa de los espíritus, sin espíritus en radio teatro. Por Bartolomé Cavallo

 La casa de los espíritus, sin espíritus

 


Oí el miércoles 30 de julio de 2025 la narración de la novela de Isabel Allende La casa de los espíritus, con la agrupación Teatrophia Equipo Teatral, a través de la emisora Energía 99.9 FM, en la continuación del Festival Radial Artístico, para literatura latinoamericana.

En esta ocasión, se expuso una de las novelas más difundidas de los últimos cuarenta años, que muchos la catalogan como del realismo mágico. Es la historia de la familia Trueba contada por cuatro generaciones, en Chile, aunque la autora nunca lo menciona, pero es evidente el ascenso al poder de Salvador Allende –tío de Isabel-, el golpe de estado y la brutal dictadura. Escrita a través de una infinidad de cartas que se tuteaba la autora con su familia, ella desde Caracas y ellos en Argentina, en el exilio.

Una linda muchacha llamada Rosa se compromete con Esteban Trueba, pero este debe viajar a unas minas abandonadas por su padre para poder conseguir oro y así honrar el matrimonio. Rosa muere y Esteban se casa con la hermana de la difunta, Clara, quien posee poderes sobrenaturales. Tienen tres hijos, incluyendo a Blanca, quien termina haciendo vida marital con Pedro Tercero, un campesino, quien vive en la casa de campo de los Trueba. Después viene la lucha política, la victoria de Allende y el derrocamiento e instauración de un sistema autoritario y la persecución de Blanca nieta del jefe familiar.

Isabel Allende huye a Caracas, trabaja en diferentes oficios y en las noches después de que hace los trabajos propios de la casa, da de cenar a su familia, dos hijos y su esposo, a las nueve de la noche se ponía a escribir, releyendo las cartas que guardaba. Así logró amalgamar una serie de historias que se van entretejiendo en lo que terminó como una novela.

En esta ocasión, Teatrophia, coordinado por Daniel Vásquez, lograron sintetizar en una escasa hora las vivencias más importantes, según ellos, de una novela de más de 300 páginas. De entrada, es un magnífico trabajo, impecable en la producción y con un elenco de primer orden, a sabiendas de que muchos son apenas adolescentes. Lograron captar la atención con buen ritmo, clara dicción y excelente tesitura entre todos. Bravo por este grupo.

La adaptación es de Daniel Vásquez, con dirección de Germán Brito. Actuaron Valeria Mundarain como niña Clara, después como Clara joven y también como Blanca. Juan Diego Padrón como niño Marcos, niño Esteban García y como niña Alba. Daniel Vásquez como Cura 1, Esteban Trueba, Cura 2, locutor y presidente. Roymer Bompart como Severo, Dr. Cuevas, conde Satigny, Pedro Segundo, Pedo tercero, Esbirro, Esteban García y Miguel. Matissel Cabral como Nivea, Rosa, Clara adulta, Férula y Alba. Musicalizó Roymer Bomplart. Operador de sonido Winder Navas. Efectos como actor de sonidos René castillo.

Hay que destacar el esfuerzo de esta agrupación y el agradecimiento de la emisora Energía 99.9 FM por interesarse en la difusión del teatro radial, lo que posibilitaría a una nueva faceta para las diferentes agrupaciones que están en la región y así subir los niveles de participación de los nuevos públicos.

Gracias a Teatrophia y a su elenco.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

Maracay: El amor en los tiempos del cólera en radio teatro. Por Bartolomé Cavallo

 El amor en los tiempos del cólera, una inmensa colección de cuadernos


“Antes estaba muy joven para el amor y ahora estoy muy vieja”. Con esta frase Fermina Daza sentencia que el amor no tiene edad: cincuenta y un años, nueve meses y cuatro días, esperando. Oí el jueves 31 de julio de 2025 la novela El amor en los tiempos del cólera del colombiano Gabriel García Márquez, radiada por el equipo La Charlie Academy, en la II edición del Festival Radial Artístico, a través de la emisora Energía 99.9 FM. (Este festival se transmite a las 6 de la tarde).

Con la adaptación y dirección de Armando del Miele. Actuaron Sabrina Díaz como Fermina Daza; Ángel Fernández como Florencio Ariza; David Solórzano como Juvenal Urbino; Tahí Sarría como Tránsito Ariza y Pio Hernández como Lorenzo Daza. También el equipo técnico y de producción.

Publicada en 1985, es una historia de amor que se prolonga por más de medio siglo; donde el Gabo homenajea al amor, a la aventura y a la tragedia. El doctor Juvenal Urbino, tratando de agarrar a su loro, se cae y muere. Deja viuda a su esposa Fermina Daza. En el mismo funeral Fermina ve a Florentino Ariza, su amor del pasado que ahora revive cincuenta años después, cuando ella era una adolescente. En este contexto, el amor y la muerte se balancean, se tocan y se distraen.

Me pareció una buena propuesta, posiblemente alargada de narración, pero con actores y actrices de muy alta calidad, con buena dicción, con mejor matizaje y un acompañamiento técnico –en vivo, porque ese es uno de los requisitos para participar–, y una producción impecable. Se sintió la desesperanza y los clamores de los personajes; claro, es complicado hacer síntesis de una hora para una novela que debería contarse en muchos capítulos, pero Armando logró atinar en la escogencia de los mejores pasajes de García Márquez.

Vuelvo a insistir en la importancia de estas actividades, por cuanto está abriendo una posibilidad para que actores y actrices, así como los técnicos experimenten una nueva faceta para el teatro aragüeño.

Felicito a este equipo y auguro grandes éxitos.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

30.7.25

Maracay: Doña Flor y sus dos maridos, desde la radio. Por Bartolomé Cavallo.

 Doña Flor y sus dos maridos, desde la radio

Imagen tomada de Instagram

Oí el martes 29 de julio de 2025 una experiencia radial bien interesante, la novela Doña Flor y sus dos maridos (Dona Flor e seus dois maridos) del escritor brasileño Jorge Amado (Bahía 1912 – Salvador 2001), en la emisora Energía 99.9 FM, a cargo del grupo Jera Teatro conducido por Alexander Otaiza.

Floripedes Guimarães, mejor conocida por Doña Flor está casada con Vadinho, (Valdomiro Santos Guimarães), un vagabundo empedernido, borracho, mujeriego y excelente amante. Ella dirige una escuela de cocina y es la perfecta ama de casa. Ambientada en Salvador de Bahía en los años 40 del siglo pasado, lo que nos da ese aíre de ciudades marcadas por la moral y las buenas costumbres. Repentinamente, su marido fallece. Después de tres meses de luto conoce a Teodoro Madureira, un farmaceuta muy tímido, escrupuloso y dedicado a sus negocios.

Con el primer esposo, Flor pasa las mejores noches de su vida. Con su segundo esposo es todo lo contrario, ya que este es más dado a quedarse dormido. De esta manera, la vida sexual de Flor comienza a resquebrajarse. Pero una noche se aparece el fantasma de Vadinho, completamente desnudo, lo que hace que se despierten las pasiones nuevamente: ella, viva y él muerto. El espíritu y la materia.

En este contexto, el grupo de Otaiza dio vida por radio a esta novela escrita en 1966, con un elenco bien balanceado, Víctor Loreto López en calidad de narrador y Teodoro; bien matizado y con las intenciones adecuadas; Lorna Repillosa excelente como doña Flor, con el time justo –claro, ella es músico profesional- buena dicción y mejor sus intenciones, también hizo de otras voces. El resto de los comediantes estuvieron muy bien, Lisjair Flores con voces y efectos de sonido; César Vivas en otras voces y efectos y Héctor Andrade en la musicalización. Los efectos entraron a tiempo, dando las atmósferas necesarias, pero se requiere mayor trabajo con efectos mejor concebidos, como los truenos, por ejemplo, pero que en nada desmejora el producto total.

Pienso, entonces, que experiencias como esta deben de fomentarse y profundizarse abriendo espacios para otras agrupaciones y otros actores y actrices, tomando en consideración que se están formando una camada de nuevos intérpretes, ahora con Unearte y la Escuela de Arte Dramático y personal que se pudiera ir formando. En este sentido, un agradecimiento a la emisora Energía 99.9 FM por entender que el teatro también se puede hacer desde la consola.

Pienso también, que debería cuidarse la producción, grabar y someterla a la limpieza respectiva para evitar algunos baches. Pero esto es fácil de hacer.

Felicito a Jera Teatro y a todos los que se sumaron a esta aventura.


Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

20.7.25

Maracay: Nuevo Orden, nada futurista. Por Bartolomé Cavallo

 

Rubén Joya y  Kuaimare Álvarez 

Asistí el sábado 19 de julio de 2025 a la Casa de la Cultura de Maracay, a una lectura dramatizada Nuevo Orden, del dramaturgo Rubén Joya (Maracay 1970) programa organizado por la Librería del Sur en los que han denominado Pin nique cultural, donde aparte de leer, hablar, se puede compartir galletas, café y empanadas. La lectura como tal fue protagonizada por Kuaimare Álvarez y el propio Rubén Joya. Este texto forma parte de un texto aún mayor que se llama Fin de Mundo, ganador del concurso de dramaturgia Apacuana 2018, que organiza la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela. Esta obra fue puesta en escena por la propia CNT, bajo la dirección de Carlos Arroyo.

Esta obra surge de un hecho real donde un hombre solo, con un perro, se enamora de una mujer a quien no le gustan los animales, razón que hace que el hombre lleve el perro hasta su azotea, amarrándolo sin agua y sin comida. Después de varios días los vecinos, oyendo los lamentos, se montan en la azotea, lo rescatan y denuncian al hombre. Hay un silogismo entre este hombre-perro y la humanidad toda, en un nuevo orden mundial donde el poder será y es ejercido por un puñado de seres quienes controlan –si me lo permiten– el nuevo orden.

Hombre 1.- ¿Por qué lo tenía amarrado?

Hombre 2.- El mismo se abandonó.

Hombre 1.- Y eso lo llevó a ser indiferente, insensible ¿No es así?

Hombre 2.- ¡Hice lo que pude!

Hombre 1.- ¿Dejarlo sin agua y sin comida?

Hombre 2.- ¡Era un perro!

De esta manera comienza la obra, donde Kuaimare hace de hombre 2, de manera magistral y con tan solo haber ensayado un par de veces; se observa las condiciones histriónicas de quien proviene de una familia de titiriteros, con estudio de agronomía y dedicado a la formación de niños. Bien matizado, con los silencios propios y las inflexiones propias de quien está encerrado en una especie de comisaría; que para efectos del metamensaje es la humanidad misma. Por su parte, Rubén Joya –Hombre 1– está en personaje, con una risa diabólica y un incisivo reclamo – ¿Él es el nuevo orden?– Aunque pareciera de ciencia ficción, parece que desde la pandemia de 2019 nada se oculta bajo el sol.

Es así que, se pudo apreciar no solo el trabajo actoral, sino la presencia de varias jóvenes que están leyendo, cosa que significa mucho en una ciudad que cada vez se hace más inhóspita, con espacios culturales cerrados, con grupos a la desbandada y poca presencia cultural de los encargados de dirigir las políticas culturales del Estado.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

13.7.25

FORMACIÓN: Intolerancia teatral. Maracay. Por Bartolomé Cavallo


Intolerancia teatral



La canción Escríbeme la popularizó Alfredo Sadel por los años cincuenta, y entre sus versos dice: “Son tus cartas mi esperanza, mis temores, mi alegría. Y aunque sean tonterías, escríbeme”. Esto viene a colación a propósito de una crítica que hice de un ejercicio teatral que realizó una estudiante de la Escuela de Arte Dramático del estado Aragua, como trabajo de fin de curso.

Hice algunas apreciaciones teatrales, pero una dama –que no puedo decir su nombre porque es menor de edad- me llenó el teléfono de improperios como: “Usted es un pésimo crítico…es estereotipado…parece una caja…acartonado…como que quisiera ser intelectual…hace un patrón y no aporta…es como que quisiera tener una necesidad de reconocimiento…no tiene capacidad para ver lo sencillo”. Y remata el siguiente día: “Escríbame… ¿Por qué no me responde?...le exijo una respuesta. Yo sí soy seria”.

“Me hacen más falta tus cartas, que la misma vida mía; lo mejor sería morir, si algún día me olvidaras”.

Como se observa, no hay argumentos teatrales, solo la hiel y la necesidad de que le escriba. Pero cómo le puedo rebatir que yo no soy una caja, que yo no soy acartonado, y que no soy un intelectual. Hace poco el maestro –ese sí es un maestro- Pablo de la Barra dijo: “Ante un espectáculo hay dos bandos, los que piensan que uno es un genio y el otro que piensa que uno es una mierda”; yo no sé a cuál pertenezco. Pero lo que sí sé es que no deben leerme o que hagan ustedes sus propias críticas, porque en definitiva, será el público quien tenga la razón.

Ahora bien, este es un tema que ha trascendido por los tiempos; en Grecia se hacían concursos de dramaturgia a propósito de un tema único y de allí salía una obra que algunas nos han llegado y por eso las estudiamos.  Al concurso de novela de una editorial en España llega un promedio de 20.000 ejemplares para ver quién se gana el premio; ¿Eso significa que hay 19.999 malos escritores?

“Cuando llegan a mis manos, su lectura me conmueve; y aunque sean malas nuevas, escríbeme…escríbeme.”

En este sentido, se abre el debate de si se justifica la crítica teatral, o esperamos que sea el público quien determine los dos bandos.

“Escríbeme…escríbeme”.

Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

Maneras de mirar

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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...