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| Juan Carlos Gené |
Vivimos
tiempos complejos.
También
tiempos confusos.
Pero en lo teatral la palabra actor despierta imágenes diferentes a cada uno de nosotros y esto es un fenómeno contemporáneo.
Los hombres mueren cuando se entregan a la verdad y dejan de aferrarse a sus ilusiones.
el hombre o la mujer que encarnan
personajes de ficción trazados en forma
literaria por el dramaturgo.
Los actores que asumían la tradición
popular, callejera, de improvisación,
la máscara y la espontaneidad no literaria,
quedan suscritos a las representaciones
de La Comedia del Arte, por ejemplo.
esto parece ser una idea moderna.
¿Pero, lo es de verdad?
El hombre arcaico,
despiertan nuestra curiosidad
todas las obras del arte bruto,
producidas por personas ajenas a la cultura,
que no han recibido de ellas ninguna
información o influencia.
cuyo documento fundamental es la dramaturgia, desde Esquilo hasta
Heiner Müller, es una imponente verbalidad.
Si bien Shakespeare Calderón o
Lope de Vega es la cúspide de ese
monumento innegable, la base dramatúrgica
de todo el teatro anterior, es la verbalidad.
Todo el teatro mundial como documento
en 2500 años de existencia histórica
sólo conserva de su pasado el documento de la dramaturgia.
más cercano a la naturaleza, con sus asperezas y sus peligros;
mientras que el arte de las Musas
se manifiesta a veces demasiado ordenado,
casi demasiado armonioso, que nos ofrece una cierta seguridad, pero nos da un ilusorio equilibrio emocional y fantástico.
para los seres humanos es la ilusión,
la belleza encubridora, un antídoto
contra la verdad... asesina.
Pero preguntaría Eurípides, es nuestra vida
entonces, ¿sólo soportable si se basa
en la mentira…?
¿Es la lucha entre la verdad y la belleza
un combate igual al combate de la verdad
y la apariencia? Y nosotros... ¿hemos de morir
cuando el Ser se nos revela?
No haber nacido supera todo lo que se sabe.
siempre en el presente.
Existe, creo, cierto acuerdo de máxima
complejidad en la evolución de la materia,
es el hombre, un individuo con conciencia
de sí mismo. Capaz de representarse
su propia muerte y de imaginar la eternidad
y el infinito permaneciendo en su inmanencia.
Y la condición de su existencia,
de este individuo hombre, es la materia.
Y también, el hombre- actor es cuerpo,
es esencia material y la materia la condición
de su espiritualidad.
Por definición el hombre, dice Juan Carlos Gené, es el actor como creador cuyas fantasías obsesivas son las que siempre compone los materiales primarios del arte.
El hombre - actor siente que deben ser
todo su cuerpo como un todo:
pulso, aliento, gesto, pensamiento,
afectividad y verbalidad.
Todas ellas funciones corporales,
manifestaciones de vida, que se organizan
en función expresiva.





