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24.7.25

REFLEXIONES: La representación de «A falta de pan, buenas son tortas» (2025) del Teatro Universitario UCV dirigida por Roberto Romero Sabelli. Por RRS



La representación de «A falta de pan, buenas son tortas» (2025) del Teatro Universitario UCV bajo la dirección de Roberto Romero Sabelli

(Roberto Romero Sabelli, director del Teatro Universitario UCV diserta sobre las actividades que lleva a cabo con su grupo).

Todos los días martes y miércoles desde el 08 hasta el 23 de julio de 2025, estuvimos presentando en los espacios de la Sala de Arte y Ensayo del Teatro Universitario de la UCV el texto clásico de la dramaturgia venezolana A falta de pan, buenas son tortas, escrito por Nicanor Bolet Peraza.

Un clásico que goza desde hace 150 años con la aprobación de la escena teatral venezolana; que la ha acogido durante todos estos años, con cada una de las versiones presentadas, como un código identitario de nuestra nacionalidad, más allá de los valores «político-partidistas» que se le puedan adjudicar. Pues, por encima de dichos valores, sobresalen los modos idiosincráticos que aún nos determinan, cuestión que hemos podido comprobar con los jóvenes universitarios que acudieron a las presentaciones y que reconocieron en el texto códigos que asumieron como propios.

Nuestra propuesta estuvo marcada por la intención de respetar el léxico empleado en el texto, y hacer las actualizaciones en la representación a partir del refrescamiento de las nociones que, de forma continua en una y otra ocasión, se han utilizado para la «representación escénica» del género del Sainete en la cartelera teatral caraqueña de los últimos 20 años.

En tal sentido, hemos disminuido considerablemente el uso de la «música cañonera» o el «pasodoble» para la ambientación sonora de la puesta en escena. Al mismo tiempo, hemos quitado los «costumbrismos» habituales en el vestuario de los actores y en la escenografía e ilustración escénica del espacio ficcional representado.

Al mismo tiempo, nos hemos concentrado en la actualización de los modos que sugiere el texto para la gestualidad de los intérpretes, de una manera que sea comprensible para la juventud actual, sin cambiar las palabras del texto de Bolet Peraza. Y para la versión dramatúrgica nos concentramos en el conflicto central de la fábula llevando el texto a una representación no mayor de 40 minutos, ejecutado por un máximo de tres actores.

Esta propuesta de «A falta de pan, buenas son tortas», es la primera muestra de un conjunto de espectáculos que el Teatro Universitario UCV está confeccionando para convertirlos en su nuevo repertorio, entre los que se encuentran textos de Rafael Guinand, Leoncio Martínez, Julián Padrón, Carlos Sánchez Delgado entre otros autores venezolanos, y también las versiones que hemos realizado de varios textos de Shakespeare y Molière.

Este repertorio aspiramos llevarlo a instituciones educativas dentro y fuera de la ciudad capital y a otros espacios comunitarios. Por razones fundamentalmente de falta de presupuesto, estamos estructurando esta batería de montajes desde una estética en la que privilegiamos el trabajo actoral desde la perspectiva de los criterios básicos de la actuación: que se escuche, que se entienda y que haya coherencia gestual según la acción representada.

Estos criterios los enmarcamos en una visión en la cual, además de los actores, el ritmo escénico es la preocupación fundamental de nuestras puestas en escena. Por ello, hacemos uso del «espacio vacío» en nuestros montajes para enfocarnos en el trabajo del histrión, donde lo más importante es la materialización que logra con la ejecución a través de varios personajes en un mismo espectáculo.

El Teatro Universitario UCV no puede ser ya, por razones estrictamente administrativas y gerenciales, una escuela de formación teatral con todo el rigor legal del concepto. En tal sentido, somos una agrupación, no profesional, que debe mostrar espectáculos continuamente para convocar y movilizar a nuestro público, sin las estructuras que dan una titulación como otras escuelas e instituciones de instrucción teatral.

La ventaja de esta realidad es que podemos enseñar haciendo; no estamos en la obligación de pasar los largos períodos de formación que dichas instituciones deben realizar para luego llevar a nuestros integrantes a la relación con el público. Por el contrario, luego de someterse a la grada, vamos perfeccionando su perfomance.

Esta también es una de las razones por la que hemos llevado al conjunto de nuestros montajes a una estética centrada en el actor, y no en el resto de los elementos escénicos de la puesta en escena. Por ello, centramos nuestros esfuerzos en la compresión de la acción expresada en el texto dramático y cómo ejecutarla en escena a través de la gestualidad: su corporalidad.

Aspiramos con estos planteamientos, poder mejorar la ejecución actoral de nuestros integrantes durante las representaciones, y a la educación de un público juvenil en el gusto teatral, para entablar una forma de resistencia a los formatos de entretenimiento de esta era digital: las redes sociales.

Cúa, 24 de julio de 2025

M. Sc. Roberto Romero Sabelli

Director del Teatro Universitario UCV

REFLEXIONES: Ensayos abiertos de «Adieu, Tatiane!», de Roberto Romero Sabelli, en el Teatro Universitario UCV

 

Ensayos abiertos de «Adieu, Tatiane!», de Roberto Romero Sabelli,

en el Teatro Universitario UCV

(Roberto Romero Sabelli, director del Teatro Universitario UCV diserta sobre las actividades que lleva a cabo con su grupo).


Por Roberto Romero Sabelli

«Adieu, Tatianne!» es una comedia dramática con visos de tragedia moderna, en la que se plasma la historia de Tatiana Ramírez, una joven universitaria de 28 años que desde niña ha estado enamorada de Wolfgang, un joven poeta estudiante de letras. Ambos pertenecen a una clase social de bajo recursos, la diferencia entre ellos es física, Tatiana tiene rasgos afro y Wolfgang europeos. En el momento de la trama, conocen a Giselle, una estudiante de los primeros semestres de comunicación social con facciones europeas y con gran solvencia económica. Desde pequeña Tatiana ha dejado que Wolfgang tenga todas las aventuras sexuales con ella y otras mujeres, pensando que de esa manera se dará cuenta que ella es la mujer que más le conviene. Cuando conocen a Giselle, Tatiana descubre que hay algo que jamás le podrá dar a Wolfgang para satisfacerlo, y que por más esfuerzos que haga Wolfgang no será nunca exclusivamente para ella. Tatiana tiene que tomar una decisión, y al hacerlo nada volverá a ser lo mismo en las vidas del trío amoroso.

«Adieu, Tatianne!», también es una reflexión sobre la degradación moral y ética de un individuo. Contextualizada en los siete pecados capitales bíblicos, la fábula de este trío amoroso interroga sobre el peor pecado que un ser humano puede realizar hacia sí mismo. En una trama que se desarrolla desde el momento final para ir descubriendo pedazo a pedazo cómo ocurrieron los hechos, los tres personajes van exponiendo sus motivaciones para desentrañar la razón final que los condujo al resultado trágico que consiguieron.

Al mismo tiempo, esta comedia dramática se ubica, como telón de fondo, en el perído histórico del año 2017 en la ciudad de Caracas, momento en que la sociedad venezolana atravesaba por una de las peores crisis económicas y políticas de su historia contemporánea. En el marco de este telón de fondo histórico, sin detenerse en el discurso de la confrontación político-partidista, «Adieu, Tatianne!» reflexiona sobre los cimientos de una sociedad trastocada, intentando crear una imagen que responda al sentido de ese trastocamiento.

En una coproducción con Foro Teatro Escuela, agrupación teatral creada por Roberto Romero Sabelli, respondiendo a la necesidad de configurar su estética como director y pedagogo teatral, el Teatro Universitario UCV presentó los día 11, 18 y 25 de julio de 2025 este texto en la Sala de Arte y Ensayo de la agrupación universitaria, en formato de ensayo abierto.

El objetivo de la presentación en ensayo abierto, parte del criterio de someter a los actores al público para que perfeccionen su ejecución actoral. Además, se quiere probar la aceptación del texto dramático en el público juvenil universitario. La intención es tener el texto y a los actores los más fogueados posible para que al momento del espectáculo definitivo se logre la mejor performace del equipo de trabajo.

 


Cúa, 24 de julio de 2025

M. Sc. Roberto Romero Sabelli

                                                                                           Director del Teatro Universitario UCV

23.7.25

PERFILES: Teatro in Plaza de San Cristóbal. Por William Leal

 La plaza en escena

 

Por William Leal

El follaje de los árboles transluce una tenue luz solar que anuncia a los espectadores la inminente lluvia ¡está brisando! (es decir está lloviznando), expresan al unísono algunos de los presentes, y efectivamente un rocío se despliega sobre el escenario que a cielo abierto se erige en la plaza Bolívar de la ciudad de San Cristóbal desde el 27 de marzo de 2024.

El teatro venezolano a lo largo y ancho de la nación presenta afinidades y diferencias. Las disimilitudes obedecen a particularidades culturales (costumbres, tradiciones), económicas, sociales, geográficas e incluso climáticas. San Cristóbal, en el suroccidente de Venezuela, distante casi 1000 kilómetros de Caracas y 40 de la ciudad colombiana de Cúcuta, posee múltiples espacios teatrales, pero, lamentablemente, muchos se encuentran inactivos o subutilizados. Las causas van desde el costo del alquiler inaccesible para la mayoría de los hacedores de teatro locales (en el caso de los privados), la desidia de ciertos funcionarios regionales (en espacios que dependen de alguna institución pública) hasta teatristas que pasan los días lamentándose por la actualidad nacional, recordando un pasado, según ellos, glorioso, y anhelando, algún día (¿?), el retorno de la “era dorada de grandes subvenciones” para volver a escena.

Históricamente el teatro ha estado presente tanto en momentos de bonanza como de depresión económica, así cuando las puertas de algunos teatros han permanecido bajo llave el arte teatral ha marchado hacia sus orígenes: la calle, la plaza. En marzo de 2024 un grupo de teatristas junto a artistas de otras disciplinas (performers, mimos, titiriteros, payasos, malabaristas, músicos, poetas, cuentacuentos, pintores) de San Cristóbal optó por desplegarse en uno de los lugares emblemáticos de la ciudad: la plaza Bolívar. Este céntrico espacio ha servido de escena hasta el presente a casi cuarenta funciones de TEATRO IN PLAZA.

El propósito de Teatro in Plaza de rescatar y activar espacios para el teatro ha trascendido la plaza Bolívar sancristobalense proyectándose hacia la Universidad Politécnica Territorial del estado Táchira (antiguo IUT), la Casa Steinvorth (edificada hace más de un siglo, frente a la plaza Bolívar, como oficina comercializadora del café que desde Venezuela se exportaba hacia Alemania) y la plaza María del Carmen Ramírez o plaza Los Mangos de barrio Obrero (en la llamada Parte Alta de la Ciudad). Asimismo, TEATRO IN PLAZA se ha convertido en un foro permanente para conversar, desde la perspectiva teatral, sobre asuntos de la actualidad regional, nacional e internacional. En 15 meses Teatro in Plaza ha sido escenario no solo para teatristas, o teatreros, venezolanos y venezolanas también ha recibido visitantes de Colombia, Argentina, Uruguay y México.

La Plaza Bolívar está en escena los jueves a partir de las 3 y media de la tarde con TEATRO IN PLAZA en el centro de San Cristóbal, Venezuela.

 

William Leal

S/C, julio de 2025

Diez minutos. Reseña de Ligia Álvarez

Afiche de la producción original

Por Ligia Álvarez

Diez minutos de Rafael García fue la obra ganadora del Premio Apacuana de Dramaturgia Nacional 2019. La pieza se estrenó el 20 de enero del año 2021. Es importante señalar que antes de esa fecha la Compañía Nacional de Teatro (CNT) la dio a conocer en formato audiovisual.

A mi parecer, Diez minutos es una obra posmoderna porque rompe con los cánones tradicionales.  Está dividida en tres actos y cada uno presenta tres escenas. Cuando leemos el texto, nos percatamos de que su formato se asemeja a un guion audiovisual.

 En la obra desfilan diecisiete personajes.  El de mayor relevancia es Hombre I. Se encuentra en un lugar donde aguarda por algo que al principio se desconoce qué es. Posteriormente, descubrimos que ha tomado una importante decisión: dar fin a su vida. Por eso contrata los servicios de una empresa especializada en proporcionar las herramientas para alcanzar tan drástico objetivo.

 El hombre es visitado por varios personajes.  Los visitantes son la madre, un maestro, un sacerdote y una mujer que ejerce el oficio más antiguo de la humanidad, entre otros. La presencia de estos contactos nos permite darnos cuenta de que este individuo ha tenido una vida llena de desilusiones. Fue abandonado por su progenitora. Recibió maltratos por parte del maestro. Además, se nos revela que tiene un total rechazo hacia la religión, al punto de correr al sacerdote. La prostituta es quien toca temas de profundidad que lo hacen reaccionar hacia lo que podría ser su salvación.

Según mi punto de vista, esta obra guarda intertextualidad con el texto teatral Prohibido suicidarse en primavera del dramaturgo español Alejandro Casona. En el mismo, los personajes acuden a un hospital donde supuestamente recibirán apoyo para morir. En realidad, es una apariencia. Lo que se busca en el sitio es la reconciliación con la vida por parte de “los pacientes". El mensaje es optimista.  Lo contrario sucede en Diez minutos. Ahí no hay reconciliación que valga.  Aun cuando, el mensaje podría calificarse como pesimista, nos permite reflexionar sobre la experiencia que denominamos vida. 

La obra en formato de video está disponible en el canal de YouTube de la CNT.  El elenco lo encabeza Omar Churión, acompañado por Ludwig Pineda, María Brito, Trino Rojas, Adriana León y Yurahy Castro. La Dirección de Arte está a cargo de León Padilla y la Dirección Artística de Luis Vicente González. El equipo humano conformado para hacer posible con éxito los aspectos técnicos, producción, iluminación, música y escenografía realizó una excelente labor, materializada en la recreación minimalista de una atmósfera fría donde no se puede esperar otra cosa que no sea la muerte.

Para descubrir si Hombre I fue capaz de quitarse la vida, tenemos dos opciones:  leer el texto dramático o ver el video- teatro. Existe una tercera posibilidad, si somos optimistas: quizás, más adelante, la CNT incluya de nuevo Diez minutos en sus futuros proyectos.

Enlace para ver fragmentos de la obra: https://www.youtube.com/watch?v=NFQIDtwKRdo

Julio, 2025

22.7.25

Ni enemigos ni extranjeros: un panfleto incompleto. Por Oscar Acosta

 Ni enemigos ni extranjeros: un panfleto incompleto


Por Oscar Acosta

Una de las condiciones que han hecho del teatro el arte colectivo por excelencia, es su posibilidad de expresar de manera directa y con relativa prontitud los problemas o inquietudes del contexto social. Así, Los persas de Esquilo, la obra dramática de mayor antigüedad que se conserva, fue escrita en 472 a.C., pocos años después de la batalla de Salamina, episodio histórico que le sirve de pretexto para señalar el costo de ofender de manera arrogante a los dioses. Más aún, Edipo rey, cuyo autor es Sófocles y con argumento que se desarrolla en la ciudad de Tebas durante una terrible peste, según la datación de más consenso fue escrita y representada entre 430 y 429 a.C.  en Atenas, justamente cuando la ciudad era asolada por una terrible epidemia que acabó con la cuarta parte de la población (entre 70.000 y 100.000 personas), entre las que debemos contar al mismo Pericles, gobernante ateniense que le da el nombre al siglo cumbre de la antigüedad helénica.

Un ejercicio mental espeluznante es situarse imaginariamente más de dos mil años atrás en el teatro de Dionisos de Atenas,  como espectador durante el estreno de Edipo, mientras afuera las personas llagadas y con las entrañas ardiendo caen por montones en las calles. Un actor clama desde el escenario:

“…La ciudad, como tú mismo puedes ver, está ya demasiado agitada y no es capaz todavía de levantar la cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. Se debilita en las plantas fructíferas de la tierra, en los rebaños de bueyes que pacen y en los partos infecundos de las mujeres. Además, la divinidad que produce la peste, precipitándose, aflige la ciudad. ¡Odiosa epidemia, bajo cuyos efectos está despoblada la morada Cadmea, mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros y lamentos!”.

¡Ñooo…! Eso se llama una escritura pertinente.

De las dos obras mencionadas, a la par de la interpretación mítico-religiosa, podemos entender de acuerdo a su contexto histórico una crítica a la soberbia e intemperancia que ciega a quienes ejercen el poder político. Vemos pues como el teatro occidental, desde sus inicios, buscó llevar al escenario los peligros, contradicciones y consecuencias del ejercicio del poder, como ductor del ordenamiento social y en conexión con la realidad inmediata.

A veces reprimida, en ocasiones encubierta tras los significados subtextuales o el humor y, en otros momentos luminosos de la historia dramática, representada de manera abierta e intencional, esta vertiente politizante ha seguido en los escenarios durante milenios. Mucho de política hay en la dramaturgia de Shakespeare, quien debió recurrir al pasado para llevarla a las tablas en la Inglaterra isabelina donde estaban censuradas las referencias políticas de actualidad. Coriolano, Ricardo III, El rey Lear y Macbeth, por ejemplo, le sirvieron al gran poeta inglés para retratar el poder de su tiempo. Potentes muestras de la política en la escena son los clásicos Fuenteovejuna de Lope de Vega, Tartufo o El impostor de Molière y El barbero de Sevilla de Pierre Beaumarchais

En el siglo XX, Erwin Piscator y Bertold Brecht, a la cabeza de otros ilustres dramaturgos y pensadores de la escena, le dieron un fundamento teórico sólido al teatro político, dotándolo incluso de maneras de expresión y técnicas específicas, que fueron para muchos creadores una guía de vanguardia, mientras que para otros y como sucede con frecuencia con las revelaciones y audacias estéticas, terminaron siendo un conjunto de fórmulas o dogma que se agotó perdiendo su carga transformadora.

Como artista y, especialmente, en la modalidad callejera, trabajé por años en la producción y dirección del teatro político en distintos formatos y extensión; experimentamos desde una pieza de creación colectiva sobre el Caracazo que titulamos Memorial (1989-90), de numeroso elenco, exploratoria y abundante en diversas técnicas de la representación –escenario múltiple, mimodrama, uso de máscaras, títeres, diálogo directo con el público, etc.-; hasta sketchs minimalistas ambulantes, dentro del más estricto sentido de la escena panfleto, concebidos para la propaganda y agitación en las marchas antipuntofijistas. Me ocupé también de otras obras de tema no politizado, pero fue la escena panfletaria la que procuraba con mayor esmero, entusiasmo y emoción.

Hay quienes usan el término “panfletario” como sinónimo de poca calidad o intrascendencia. En cambio, creo que el teatro panfleto no es ni más ni menos que cualquier otro. Es un teatro que propugna, sin ambages y de manera prioritaria, la difusión de una idea a favor o en contra de determinada situación (por lo general política o social), con un lenguaje directo y la manifiesta intención de influir en el público. Puedo afirmar de todas todas, que comporta más riesgos y compromiso.  Constancia de lo anterior puede dar el actor y militante cultural Oswaldo Ramos, como testigo en carne propia y debido al planazo policial que, sin existir provocación alguna, lo derribó en zancos y con máscara, mientras teatralizaba una parodia junto a otro audaz histrión en una marcha no violenta, en la entrada de la U.C.V a finales de los 90. No es cuento.

Largo los anteriores párrafos como introducción para referirme a la pieza Ni enemigos ni extranjeros, escenificada en la sala Anna Julia Rojas el pasado 18 de julio, con la dirección de Jericó Montilla y la interpretación de un elenco integrado por la Compañía Nacional de Teatro, Compañía Nacional de Circo y Teatro Ceres.  El montaje, es una ambiciosa e interesante propuesta de arte panfletario, que fusiona el teatro, la danza y el circo.  Tiene como temática la migración forzada que, en el caso venezolano, las organizaciones internacionales extranjeras cifran entre 6.1 y 7.9 millones de compatriotas que marcharon a otros países y hoy padecen, en su inmensa mayoría, duras condiciones de vida, cuando no la expulsión humillante de los países receptores. Puede verse una videografía de la pieza en el siguiente enlace:

 https://www.youtube.com/watch?v=JCyM1zJHkXw 

El espectáculo absorbe la atención de inmediato, no solo por el movimiento escénico del numeroso elenco en acople con una música bien seleccionada, sino también por el impacto generalizado y las consecuencias que ha causado la multitudinaria tragedia. Hay que pensar que al gran dolor colectivo de los que migraron, se une el de quienes nos quedamos afectados por tantas despedidas: la angustia por la suerte de los seres queridos que están lejos; abuelos y padres sin familiares que los atiendan; familias disueltas por completo; relaciones de pareja rotas…

Por momentos, pareciera un caos grupal, reflejando la incertidumbre y el miedo por el cruce de fronteras reprimidas y canibalizadas por los traficantes de personas, tanto como el larguísimo e incierto recorrido por los caminos de la migración ilegal; en contraste con escenas donde el transcurrir es delicadamente lento,  parco en gestos y triste en la palabra, buscando expresar emociones hondas, como el amor y la nostalgia; incluyendo una cuidada  danza aérea de una pareja, durante casi cuatro interminables minutos pendiendo de la tramoya, escena en la que vale una acotación prestada por  Baltazar Gracián: “Lo bueno, si poco, dos veces bueno”.

En la sucesión de situaciones, danzas, diálogos y recitados que desnudan las injusticias y el sentir de la población en éxodo, se intercalan escenas políticamente explícitas que no logran contrapesar el tono pesaroso de la pieza, personalizando a los causantes de las tribulaciones de los desplazados: Donald Trump; un cerdo que es el Capitalismo, acompañado por  una corte de ratas serviles (¿los polítiqueros vendepatria?) y; un militar represor de traje y señas fascistas.  Otra escena, donde tres chicas parodian un noticiero televisivo, señala a los massmedia como un factor que cataliza el conflicto a favor del poder que sojuzga, tergiversando la realidad, trastocando las víctimas en victimarios, delincuentes e indeseables. Los roles mencionados están interpretados con bastante acierto y soltura, en la mejor onda farsesca, con un grotesco que mezcla estupendamente la comicidad con lo repugnante no obstante, un texto que pudo tener una mayor agudeza y creatividad acusatoria, facilitando más el lucimiento actoral. Del elenco, en su mayoría con un trabajo digno de elogio a pesar de los desniveles, solo reconocí a Arnaldo Mendoza y Gerardo Luongo, quienes se desbordan de talento y veteranía.

Luego de reconocer lo positivo del montaje y su sintonía con la realidad, hay que señalar algunas deficiencias en el contenido o, mejor, en el punto de llegada del significado total, al obviar facetas cruciales en el tema tratado. Para explicarme, acudo a un concepto básico de la creación dramatúrgica, LA PREMISA, en su doble acepción de a) escritura del texto y b) composición escénica práctica de un espectáculo. La premisa en el arte teatral la podemos definir como la verdad o idea principal que se quiere transmitir; acudiendo al Diccionario del teatro de Patrice Pavis, es la idea central que orienta la creación y la interpretación teatral, el dínamo o motor para el ensamblaje de todos los elementos que componen la puesta en escena. Reiterando, la premisa se puede determinar, respondiendo esta elemental pregunta: ¿Cuál es la idea principal que quiere transmitir el texto o el montaje a los espectadores?

Sigo, evitando referirme a las escenas alegóricas o simbólicas de la pieza, donde lo primordial es el trabajo gestual o los movimientos corporales que pueden tener interpretaciones discutibles por lo subjetivas. Para responder me atengo principalmente al texto hablado. Entendí, como premisa, que: Los migrantes son víctimas de la injusticia. Claro que en el planteamiento dramático hay otras ideas que se proyectan, pero de importancia secundaria, subordinadas y subsidiarias de la principal ya enunciada. Tal premisa fue insuficiente o, por lo menos, incorrectamente desarrollada – o generalizada- en su aplicación al caso venezolano.

El contexto social de los espectadores no es el de Colombia, donde los desplazados son el desgraciado producto de unas condiciones de vida paupérrimas y la guerra continua que pronto llegará a los 80 años; tampoco el de México, donde las causas son principalmente económicas; ni el de Siria donde una cruenta guerra fomentada por los gringos desplazó a unos 8.400.000 millones de personas (un 40% del total de la población). La premisa induce a una conclusión incompleta, a un panfleto que cumple a medias su cometido al no elevar ni movilizar las conciencias, a una denuncia que no motiva el accionar en contra, que delega indirectamente la posibilidad de revertir la situación solo en el gobierno o la voluntad del Altísimo.

Atenta contra la intención política que deduzco de la obra la falta de especificación de nuestra migración, víctima de una gigantesca operación política, económica y diplomática, en la que no han faltado las operaciones militares terroristas, para vaciar al país de talentos y amor patrio, a fin de derrocar a un gobierno legítimamente electo. Se dejan de lado responsabilidades concretas, como las del bandidaje “interino”, que hizo de los migrantes engañados un gran negocio, certificando con constancias firmadas una supuesta persecución masiva, entre otras raterías.

No se dan pistas sobre un gang de prófugos que, desde el exterior y de lobby en lobby, parasitando del dinero robado en la Citgo, Monómeros y proveniente de gobiernos adversos al venezolano, han sido promotores de sanciones y agresiones de todo tipo contra el país. Tampoco de los “autoexiliados”, que alegan falsamente ser perseguidos como razón y requisito exigido para instalarse en otras tierras; según la cuenta de ACNUR (Agencia de la ONU para refugiados) hay más de 1.3 millones de solicitantes de asilo de Venezuela en el mundo.

(Disgresión inevitable: ¡Carajo, 1.300.000 venezolanos perseguidos! Si Dios habla por las matemáticas, el Diablo miente por las mismas. De confiar en los contables de ACNUR y los gobiernos que le suministran tales datos, en unos cinco años los únicos venezolanos no perseguidos y posible público del espectáculo dirigido por doña Jericó Montilla, seremos el presidente Maduro y quien esto escribe, con el camarado ministro Villegas, muy diligente él en plan teatrero, fungiendo de portero, taquillero, operador de luces y espantador de perros inesperados que irrumpen en el escenario).

Solo pongo ejemplos. Por supuesto que todo lo que indico es imposible de incluir en un espectáculo que no llega a la hora. Menciono hechos que pueden ser resortes para profundizar más allá del malandraje trumpista, para tocar el fondo esencial del asunto, para argumentar porque tanta gente se fue del país, a la vez que se perdían 30.000 millones de dólares anuales desde el 2015.        

Si nos referimos a  la puesta en escena y las apoyaturas ambientales o técnicas (sonido, maquillaje, vestuario, iluminación…) que la integran, el montaje se puede considerar de primera. Como contraparte, el texto dialogado o que es recitado por una especie de narrador omnisciente brechtiano que se acompaña con los acordes de un cuatro, es con frecuencia inadecuado y de un lirismo en exceso lamentoso. La propuesta textual hablada se equivoca, tropieza y cae, para ser levantada de nuevo por el despliegue escénico. Está escrita -o ensamblada- con poco acierto, sin buscar profundidad en el tema, a empujones, a la carrera, sin considerar el suspenso que debe estar presente en toda representación El suspenso existe, claro, pero a fuerza de destreza, vigor e interpretación actoral.

Se combinan, por ejemplo, la adaptación de un texto de Eduardo Galeano sobre la migración: “Les han robado su lugar en el mundo… Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar.”; con el Stabat mater, canto religioso antiquísimo de original en latín, versionado al castellano, que retrata el sufrimiento de la Virgen de los Dolores al pie del Cristo crucificado: “Madre estaba dolorosa, al pie de la cruz llorosa…” Como resultado se reciben unos vergajazos de aflicción, ante los cuales lo menos que provoca es accionar, responder, defenderse: solo nos queda escurrirnos en la butaca resignados.

Inaceptable es el empleo y la mutilación, antes del desenlace, del poema Hombre preso que mira a su hijo de Mario Benedetti, no solo porque lo tergiversa como autor, pues fue escrito a propósito de la tortura y el exilio político en Uruguay en circunstancias muy diferentes a la de los migrantes contemporáneos, sino también porque, en continuidad con la queja y tristeza preponderante en la pieza,   no prepara la transición para la escena catártica final, que simboliza la libertad de los rehenes de Bukele y el abrazo con quienes los esperan, para terminar cerrando con el canto final colectivo de estribillo coral:

                Somos un pueblo grande,

                que reclama por los nuestros,

                amor es nuestra bandera,

                conciencia azul como el cielo. 

A consecuencias de la debilidad del ensamblaje textual, la obra que debe estimular la indignación reflexiva y la acción política, solo propende a la compasión inmovilizadora, al éleos  o piedad que provocaban las tragedias griegas, en las cuales el destino divino era ineluctable. Quiero ser bien entendido: no afirmo que tal sea la intención del montaje, sino más bien la consecuencia de un texto que no está a la altura de lo que se pretende.  Ya que se logró la liberación de los secuestrados en El Salvador, un reajuste de algunas escenas pudiera lograr una puesta al día, como también algunos cambios que hagan la denuncia más contundente.

Soy doliente de dos hijos, un hermano y dos sobrinas criadas en mi núcleo hogareño y, aproximadamente, dos docenas de familiares en segundo grado, todos regados en unos 8 países. Son demasiadas ausencias; pero más que dolido, estoy arrecho por la ignominia de los cipayos impunes que siguen alentando el éxodo. No escribo estos párrafos partiendo de la mera especulación de un teatrista que analiza las pisadas en falso de una función.  “…Es mejor no pensar de dónde venimos”, dice uno de los personajes. ¿De verdad? ¿Será que los causantes de la catástrofe social venezolana dejaron de pensar a donde van?

La obra, me conmovió, no se dude, dejando a la par un saborcillo a insatisfacción, a comida esperada y servida con esmero y abundancia, pero escasa de condimento o, quizás, cocinada con prisa, no sé bien. El proceso es problema de los artistas y productores; en estas líneas me propuse solo comentar el resultado.

No pude proveerme de una ficha técnica y artística, lo cual puede ser solucionado fácilmente por vía digital colocándola en un sitio web o haciéndola circular por las redes sociales. Es necesaria. A pesar de lo que considero son falencias, Ni enemigos ni extranjeros es una obra que debemos ver; se trata de un esfuerzo importante que concita muchos aplausos y atención. Tiene sintonía con la actualidad, algo que no es común en el panorama escénico nacional.

P.D: La obra posee una intuición de actualidad que sorprende. Nos presenta a un capitalista-cerdo caníbal (comiendo cerdo) rodeado de ratas. Desde ayer, en un video que se hizo viral, vemos al expresidente de la CTV Carlos Ortega, prófugo golpista, desde Miami promocionando una venta de chicharrón. La analogía no es casualidad, los objetivos y preferencias de un burgués son muy coincidentes con los de un sindicalista corrupto: tigre sí come tigre. En serio.

 

Ver en https://www.youtube.com/shorts/T8HhjUQbSy4

Lírica. Por Dora Lucena Ramírez

 

Texto y fotos: Dora Lucena Ramírez

El 14 de junio asistí al Teatro Alberto de Paz y Mateos para ver la presentación de Lírica, obra dramática de Gustavo Ott. El texto está inspirado en hechos reales sucedidos en el año 2006.

Abril y Norway son las madres de David y Lenon. Ellas con sus vidas rotas, llenas de resentimiento y dolor están en posiciones contrapuestas: el padre de David fue asesinado por el padre de Lenon.

Después de esa tragedia Abril y Norway se enfrentan, en ocasiones con fiereza, dejando a un lado la amistad de los niños y lo que es mejor para ellos.  La profesora Ramírez, directora de la escuela, trata de mediar por el bienestar de ambos niños que tienen muchas cosas en común: pertenecen a la misma aula, son alumnos brillantes, buenos amigos, y están enamorados de la misma niña.

Lírica está dirigida por Carlos Arroyo quien crea un ambiente minimalista, íntimo, de contrastes, con uso de elementos audiovisuales (el teléfono y las pantallas) y simbólicos (reloj y el sonido previo a un temblor) que le dan un ritmo intenso cargado de dramatismo a las escenas donde no solo la violencia social y familiar están presentes, sino también la angustia de las madres y de la directora en la búsqueda de lo mejor para los niños.

Mercy Mendoza, Emilger Arroyo y Karla Arroyo pertenecientes a la Compañía Nacional de Teatro, sede Portuguesa, nos presentaron excelentes actuaciones coherentes con un texto cargado de realidades y contrastes.

Julio, 2025

21.7.25

REFLEXIONES. Annie Ferrer y Regina Espina: entre la actriz y el personaje.


Por Annie Ferrer.

Mi relación con Regina Espina se da muy bien, ya que ella pasa por situaciones que, de alguna u otra manera, me ha tocado vivir no solo en la vida personal sino también en mis quehaceres teatrales.

El texto Taller de Actuación Espina o, como yo lo llamo, Actúa con Regina Espina tiene una verdad que fácilmente se puede detectar en lo que dice y hace el personaje: deja al descubierto a una profesora de actuación y actriz que quedó en el olvido y, por ende, recurre a dictar talleres de actuación por dos razones: sobrevivir, pero sobre todo para sentir que aún pertenece al gremio de la escena.

Sí, me veo reflejada en ella. Muchas veces hasta con nostalgia… nostalgia del futuro.  Es como si me tocara salir de ella por un momento y verme a mí dentro de pocos años. A veces me imagino trabajando en el futuro únicamente en el escenario; otras, actuando y dando uno que otro taller para redondear el fin de mes; de vez en cuando me veo solo dando talleres: colocando avisos en Instagram o anuncios en la calle, llamando algún colega solidario para que me refiera estudiantes.

La maestra Espina habla a los demás de lo que fui en algún momento: una ilusa cargada de sueños.  Con el tiempo encontré que solo queda sembrar lo aprendido en los que verdaderamente creen que ser actriz o actor es solo para apasionados: para aquellos que no esperamos ser famosos, pero al menos recordados.

Regina Espina hace un llamado a las nuevas generaciones de profesores y aspirantes a actores y actrices a no ver el oficio como un hobby o un entretenimiento, cosa que como actriz me ha tocado enfrentar cuando estoy en modo profesora con mis alumnos del Garaje Teatral.  No. La actuación es una manera vivir, de ver y entender el mundo, de aprender.  Ser actriz o actor es algo que nos acompañará en nuestro último suspiro.

Como intérprete de la maestra, este monólogo deja en claro que no sólo el talento puede hacerme mejor sino también entender que no todo lo que brilla es oro; por cierto, el oro está en nosotros, en nuestra entrega, en nuestra honestidad.

Creo que el autor del texto ofrece un mensaje claro y preciso. Parece que grita "Auxilio" para salvar el oficio del intérprete. También asoma verdades que se pueden vivir a diario en el quehacer teatral: envidia, competencia, casi un quítate tu pa’ ponerme yo.  De nuevo, si no te conoces a ti mismo, si no sabes cuáles son tus fortalezas y debilidades, entonces es probable que esas sensaciones y sentimientos te afecten.

A veces escucho personas decir que son actores o actrices por haber realizado un curso o taller de actuación. ¡Nada más lejano de la realidad! Actuar es un oficio que te impone que cada día crezcas, aprendas, descubras.   

Lo que más me fascina del texto es la franqueza del personaje.  A través de las risas y la interacción con el público, la Maestra deja una gran lección.  Cada vez que Regina y yo somos una, descubro aspectos que no conocía de ella, de mí, del público, del país.

A veces es como si el personaje se contradijera, pero no: es la verdad disfrazada de risas para hacer digerible la realidad.


Actúa con Regina Espina

Funciones en Carayaca. Garaje Teatral.
Sábado 26 y sábado 2 de agosto, 2025, 5:00 pm

Funciones en el Marco del 5to Festival de Monólogos no Convencional.
Viernes 8 de agosto.  6:00 pm.  Sala Cabrujas, Los Palos Grandes.
Sábado 9 de agosto.  4:00 pm. Espacio Los Galpones, Los Chorros.

PERFILES: El Baralt, una marca cultural: Memorias de un Teatro Futuro. Por Alexis Blanco

Esta entrevista especial con el arquitecto Jesús Lombardi Boscán ha de comenzar con una cita del laureado cineasta alemán, Werner Herzog: “El director en mis películas siempre encuentra un rincón donde pararse o una caja de metal para sentarse”.

 

Desde que asumió la dirección general del Teatro Baralt, Jesús Lombardi Boscán ha desplegado sus cualidades como lo que, sin lugar a duda, él mismo es: un artista contemporáneo, cuya principal performance constituye la reivindicación integral, no sólo de una edificación histórica y cultural, sino de su compleja red de funciones integrales.

Al llegar al Teatro Baralt, luego de desempeñarse como presidente de la Cámara de Comercio de Maracaibo y de cumplir otras funciones vinculadas con los términos recreativos y culturales de la ciudad, la institución le planteó un complejo espectro de enigmas, misterios e incertidumbres que, lejos de arredrarlo, instigaron su innata condición de estratega creativo. Tales retos constituyen el asunto clave de esta entrevista: develar al CEO cultural más importante de este tiempo.

Toda buena pieza de artes escénicas ha de tener un comienzo espectacular. El ciudadano común ya percibe los efectos de la gestión de Jesús Lombardi Boscán como Director Ejecutivo del Teatro Baralt: eventos a sala llena y con entradas a precios muy solidarios; 21 compañías residentes ejerciendo doble rol, tanto artístico en sí, como de proactiva formación de nuevos valores de relevo generacional; un personal cada vez más especializado en la atención y el servicio a los usuarios; una creciente vinculación con los diferentes sectores de la vida pública cultural, en los diferentes niveles, internacional, nacional, regional y municipal (el “Baralt Cívico”, lo hemos denominado), además de la configuración de novedosos programas y proyectos de interacción con la gente que antes soslayaba la presencia de este baluarte histórico, cultural y artístico.

Hoy queremos contar esta historia de contemporaneidad gerencial creativa y eficaz. Como el mago Heisenheim, Jesús Lombardi Boscán (“Mito”, le dicen sus íntimos y allegados) intentará sacar los conejos de su sombrero de copa para mostrar cuáles han sido sus artificios para transformar este Teatro, liberándolo de los yugos y cepos que anulan a la mayoría de las instituciones culturales de carácter público. Manteniendo un profundo respeto por el organigrama que prevé al Teatro como un ente tutelado por la Universidad del Zulia y regido por un consejo directivo superior donde aparecen representadas todas y cada una de las instancias públicas y privadas comprometidas con el buen funcionamiento del TB. Sus principios: ética profesional, misión clara y propósitos bien definidos a través de un plan trazado con visión precisa del tiempo recobrado y mejor reinvertido.

Un espectro de producción artística y cultural, en cuyo organigrama aparecen casi todas las disciplinas y manifestaciones estéticas que encuentran albergue institucional dentro del Proyecto Lombardi y las compañías que lo fundamentan: Baralt Teatro; Baralt Teatro II; Club del Teatro; Baralt Teatro Clásico; Danza Baralt; Canto Baralt; Ballet Juvenil Teresa Carreño; Ballet Baralt; Títeres Baralt; Gaita Baralt; Folklore Baralt; Baralt Urbano; Baralt Flamenco; Coro Baralt; Jazz Baralt; Ediciones Baralt (en proceso); Moda y Belleza Baralt; Rock Baralt; Baralt Ancestral; Circo Aéreo Baralt; Circo Baralt y Afro Baralt.

Según la ortodoxia tratante del tema, el Chief Executive Officer, CEO, alude al director general, o consejero delegado, al presidente ejecutivo o gerente general de un sistema de producción de bienes y servicios, en este caso, culturales. También queda claro que la mentalidad de CEO se define por cualidades y acciones distintivas, como el pensamiento visionario, la capacidad de tomar decisiones firmes, la fortaleza ante los desafíos, la comprensión de los sentimientos de los demás y el compromiso de aprender constantemente.

Hablamos aquí de un profesional centrado en las personas. Un ciudadano que trabaja en equipo y gestiona diferentes grupos de personas relacionadas con la empresa. Que sabe tratar con diversas partes interesadas, internas y externas. Que se reúne con funcionarios gubernamentales y representantes del sector. Elli requiere de excelentes habilidades de comunicación, colaboración, negociación y liderazgo. Gestionará a personas mayores y con más habilidades. Tratará con personas que dudan de su competencia. Desarrollará habilidades de negociación y persuasión, conocerá sus fundamentos y liderizará reuniones donde reafirmará su autoridad. Un líder todoterreno.

Hacia una industria cultural

El primer aspecto abordado por Lombardi tiene que ver con la profunda crisis que, en el año 2018, propició un virtual cierre Técnico del Teatro.

En aquel entonces -analizaba el riguroso creador-, se confrontaba una difícil situación, devenida de una crisis de gobernabilidad, donde quizás la parte más afectada, era la del presupuesto.

Por otro lado, existía un esquema de trabajo en el seno del Teatro, donde los respectivos presidentes de la Fundación Teatro Baralt, de alguna manera anulaban el trabajo de la Dirección Ejecutiva. Lo cual, subrayaba, también se extendía desde las determinaciones del Consejo Directivo. Hubo necesidad entonces de darle preminencia al rol del Director, de manera tal que fuese éste, quien se encargara directamente de toda la operación concerniente al funcionamiento en sí del Teatro Baralt como tal.

Por otro lado, el asunto del presupuesto maniataba de manera terrible todo el proceso. Hubo un momento en que el Teatro no era independiente, es decir, era absolutamente dependiente del factor presupuesto, siendo que dicho presupuesto no existía como tal, no había ningún tipo de asignación pública o privada, que garantizara el funcionamiento del Teatro Baralt. Ahora mismo -resalta con orgullo- es una empresa cultural absolutamente autofinanciada. La librería Café Baralt, la Tienda de Arte y otros emprendimientos institucionales, sumados al alquiler para los eventos privados, graduaciones y otros actos institucionales, así como el pequeño cobro por el estacionamiento, coadyuvan en ese propósito.

Otro aspecto clave tenía que ver con la crisis de la infraestructura, la cual hubo necesidad de acometer a través de diferentes mecanismos de ingenio y de respuesta. La creación en paralelo de espacios como la Sala Experimental, la reubicación de las oficinas administrativas para recrear un nuevo y formidable espacio para recibir cierto tipo de público, entre otras refacciones, han habilitado y potenciado nuevos escenarios dentro del edificio.

Previo a esta suerte de reingeniería escénica, todo ese espectro crítico afectaba o generaba una crisis. Y afectaba especialmente a la programación. El resultado final de todo aquel conjunto de handicaps o dificultades, era ese virtual cierre técnico que estuvo a punto de paralizar el desarrollo del Teatro Baralt.

¿Qué hacer?

Desde su creación, El Paseo de las Estrellas del Teatro Baralt ha resultado un modelo brillante. En tiempos tan duros y difíciles, Jesús Lombardi Boscán pensó como ese CEO que ahora resaltamos: se inventó esta jugada maestra para, al tiempo que estimulaba e incentivaba la presencia del público común, también adhirió la misión fundacional del Teatro Baralt en cuanto a reconocer, promover y estimular el reconocimiento colectivo a las grandes personalidades artísticas e intelectuales que han consagrado sus vidas por el desarrollo cultural. Esto se extiende, por ejemplo, al Jardín “Lilia Boscán de Lombardi”, poeta que instigara desde el Alma Máter la recuperación integral del Teatro.

El arquitecto Mito continúa mostrando sus trazos: “El punto de partida fue pensar las oportunidades más allá de las debilidades. Había que configurar un espectro de fortalezas. Ello conllevó a la creación de una nueva visión, crear una industria cultural para el sector. Entiéndase que no se habla de lo que en las cátedras de sociología y antropología cultural, se conoce como industria cultural, estoy hablando de un conjunto de metodologías, tendentes a generar recursos propios, una mercadotecnia inspirada en el potencial que involucra en sí mismo, una institución como el Teatro Baralt…

[…] Esa nueva visión pasa por internacionalizar al Teatro Baralt, esto es, crear una marca de carácter internacional, haciéndolo sustentable como industria cultural para mantenerse y crecer. En este sentido, se puso en práctica un conjunto de estrategias, tales como las compañías residentes, los centros de formación y todo lo concerniente a las artes escénicas y los múltiples servicios que ello conlleva: técnicas artísticas o estéticas, tácticas de Mercadeo y de Comunicación, todo con un perfil orgánico y con la visión clara fundamentada y sustentada en esa idea de la marca Teatro Baralt.

Es así, como comenzó a desarrollarse un conjunto de servicios que incluyen alimentos y bebidas, con un rigor y un carácter profesional.

Para ello ha sido clave la creación de la Productora Baralt, que dará garantías plenas en cuanto a la documentación, la certificación, y el ajuste profesional que proyecte y difunda y divulgue todos los contenidos y productos de la marca…”.

En este sentido, además de las compañías residentes, Jesús Lombardi ha abierto un programa de residencias artísticas donde se invitará a destacados artistas nacionales e internacionales para que desarrollen, en los espacios del histórico edificio, sus respectivas producciones. Este aspecto es clave: las producciones propias, es decir, un desarrollo cabal e integral del concepto estético y artístico que regirá y definirá la marca. Todo esto tiene que ir acompañado de una reingeniería de recursos humanos, restructurando los espacios para las oficinas, todo el espacio físico en general, creando nuevas salas para albergar allí los nuevos conceptos artísticos en referencia.

Con un organigrama donde cada quien tiene claro y preciso cuál ha de ser su nivel de desempeño, involucrado siempre éste con la filosofía, es decir, con la ética institucional que permitirá desarrollar esta propuesta de industria cultural.

Está claro que toda esta mecánica está sujeta a las variables de ensayo y error lógicas en todo proceso creativo. Entender que el público no consume lo malo sino lo superior o, en todo caso, lo que le interese y concierna. Siempre la palabra innovación resultará determinante para un proceso que estará en constante observación. De evaluación y disposición para las correcciones y cambios a que hubiere el lugar. Esto se adecúa a los fines, a la misión y al propósito que orienta al Teatro Baralt y lo fundamenta. Tal como consta en su acta constitutiva. Esa es la esperanza del arquitecto transformador Jesús Lombardi Boscán, quien vuelve a mirarse en el espejo Herzog: “El mejor consejo que puedo ofrecer a quienes se aventuran al mundo del cine es: no esperes a que el sistema pague tus proyectos y que otros decidan tu destino”.

 

(Tomado de Noticia al Día, 19-07-25

Texto de Alexis Blanco, fotos Juan Mantilla. Productora Baralt

Dos espectáculos en Maracaibo: Una noche contigo y Un hombre se prepara, por Alexis Blanco

Por Alexis Blanco

Los sendos textos que a continuación consigno para el invalorable blog de Miradas al escenario pretenden trazar líneas maestras para una reflexión colectiva acerca del nuevo espectro de acción y de intervención social por parte de los artistas de la escena en nuestro país. Es tiempo, no sólo de soñar y de creer, sino también de construir. En eso creo que andamos todos. Una feliz e histórica coincidencia acerca del quehacer artístico escénico nacional, en tiempos de transformaciones y de cambios. En Maracaibo viene sucediendo. Estas líneas refrendan tal convicción: La mirada a Una noche contigo, de Enrique León y a Un hombre se prepara, de José Javier León. Un abordaje desde una libérrima reinvención de la palabra Santidad… el sendo trabajo de cuatro extraordinarios artistas de la actuación por estos lares no tan tristes (José Molero ha patentado la frase “Feliz, por culpa del teatro”).  En fin, con humildad y martillo, unas líneas de amor…Diana Labrador, Doris Chávez, Molero y este eximio ser de teatro llamado Romer Urdaneta, concitados por la pluma bifronte de los dos Leones.


NUEVO ELOGIO DE LA SANTIDAD: Los Hijos del Teatro

Enrique supura entre vahos de una teatralidad definitivamente suya, su narrativa portentosa y emocionalmente certera y eficaz, por humilde y sencilla.

Yo he visto, he sentido y he presentido a Dios, sentado junto conmigo, en primera fila, como cabe, como es, en el estreno de esa lectura dramatizada de la pieza de Enrique León Luzardo, Una Noche Contigo, fábula endógena sobre el amor frustrado de dos mujeres con respecto a un hombre, un bolerista y conspirador. Ritual manido desde el bolero (ese deseo del Otro, del cuerpo del Otro, Dios nos salve a todos de tanta íntima devastación), que la brillantísima dama de La Palabra en la Boca, Doris Chávez Matheus, dirige con fineza y maestría, con los increíbles entrañables artistas, Diana Labrador y José Molero, en una producción del maestro Juan Carlos Quintino, quien justo hoy sábado 19 [de julio] está de cumpleaños. ¡Enhorabuena!

En la sonora casa iluminada por la bellísima luz de la vela del filósofo Gastón Bachelard, la de Ana Arapé, ocurrió una ceremonia teatral única, donde el dramaturgo desnuda el alma de Gaudelia y Eduilena, transidas de amor por Medina, un émulo memorioso de León, quien rocía la pieza con aromas de café con cardamomo, avena y galletas caseras, tal como sucediese con él mismo, el hijo del actor que hacía reír a las piedras, don Chucho León, el condiscípulo teatral de Asdrúbal Meléndez, Freddy Galavís, el maestro Nicolás Curiel, la maestra Juana Sujo y el inolvidable José Ignacio Cabrujas. Enrique supura entre vahos de una teatralidad definitivamente suya, su narrativa portentosa y emocionalmente certera y eficaz, por humilde y sencilla.

Es por esto que la Santidad (a partir de este instante declaro, manifiesto, divulgo y revelo que la palabra SANTIDAD condensa y resume el leit motiv de lo que bien podríamos llamar una Estética Actoral Interpretativa, un Método León, una manera de asimilarnos, puros, inocentes, castos e inminentes, cuando de subir al escenario e interpretar la Otredad de otro ser humano, bien se tratare).

El verbo subir está bien utilizado. A las ceremonias profundas les sienta bien semejante nivel de transparencia ontológica: “¿Sois, o no sois, o quien coño sois?”. Entras a escena y tu destino es el cielo, la cúspide, ese Olimpo donde solo habitamos los putos dioses. Con nuestras lujurias, exacerbaciones, mitos y terrores. Es en ese tal territorio donde León Luzardo intentará siempre, con sus Fragmentos, testimoniar en la aldea siempre cándida de tus recuerdos. Flor de Baile. Una noche contigo.

Obvio que leer y dramatizar una pieza tan difícil resultará siempre una arriesgada proeza. Complicado evitar el contrarritmo de la lectura en acción dramática. Pero he aquí que Diana, Doris y Molero contienen dentro de sí la savia nutriente y tratante del argumento. Los personajes estuvieron siempre ahí, dentro, palpitantes y acérrimos. Bienamado bolero desgarrado. Esos decires pausados, en trópico trance, esa excitante narrativa épica que todo amante o no del beisbol asimila como suya. El radio encendido, los cuadernos con los apuntes, la costura urgente y urgida, el vaivén político embraguetado entre el miedo y el sopor de la cautela.

Bello ese equipo de cuidadores de la escena, Althair Dávila, Emily Suárez, el niño Majarrés, así como otros hermosos seres sintientes de la Facultad Experimental de Arte de LUZ.
Y luego, ese espíritu subyacente de aquel irrefutable momento de la historial teatral zuliana que se llamará siempre Sociedad Dramática de Maracaibo.

Mientras salgo al patio a fumarme una guacamaya, dejo que por mi estación radial, “Proletarius, ¡La Banda!”, se escuche la guara voz de Leonardo Azparren: “Sociedad Dramática de Maracaibo".

En la variopinta actividad teatral de la provincia venezolana, el patrón general fue hacer un teatro empatronado en las formas tradicionales de la puesta en escena de un texto. Con mayor o menor nivel profesional, en la provincia venezolana los repertorios respondieron a una cultura teatral conocida. Frente a este modo de ser, Enrique León propuso un teatro inspirado en “poetizar la ciudad”.

León se formó en el TUCV con Juana Sujo, y después en unas pasantías en Berlín que le dieron una visión con cierto rigor del trabajo teatral. Con un grupo formado con la participación inicial de Homero Montes, de sólida trayectoria profesional en el Grupo Sábado de Inés Laredo, y Nelly Oliver, comenzó a trabajar en 1977 siendo el grupo de la provincia venezolana que logró la mejor proyección nacional e internacional. Poetizar la ciudad no fue un slogan, y varios de sus espectáculos principales apuntaron en esa dirección: Velada artística y recreativa en casa de Morales (1977), Visita guiada al teatro Baralt (1980), de Enrique León, y Traje de etiqueta (1982), de César Chirinos, fueron espectáculos en los que propusieron la disolución de los límites entre realidad y ficción, con el fin de penetrar el modo de ser de la realidad representada sin localismos costumbristas.

Con un sólido reconocimiento internacional, en particular el obtenido con Edipo (1985) en el Festival de Delfos (Grecia, 1988), la Dramática pasó a ser uno de los grupos más importantes en la década de los ochenta y comienzos de la siguiente. Un repertorio ecléctico, pero con un perfil definido, incluyó desde Sófocles hasta Alfred Jarry (Ubú rey, 1982), pasando por Georg Büchner (Woyzeck, 1979), José Ignacio Cabrujas (Profundo, 1982), Molière (Picardías de Scapin, 1991).

También desarrolló una línea editorial y promovió su propia dramaturgia con obras de Nelly Oliver (Cerco y Olas de fuego) y el propio León (Flor de baile) e inauguró su primera sala, Antonio García, en 1981. En 1996, inauguró la sede de su propiedad, una sala multiforme, única en el país, diseñada con criterios teatrales, anexa a la cual estaban el área administrativa y una galería de arte. La ampliación de sus actividades hizo de la nueva sede un centro de producción cultural.

Al igual que en otros grupos nacionales, las discrepancias internas condujeron a la deserción de algunos de sus integrantes y, finalmente, a su paralización y posterior desaparición. “Santo Santo Santo, es el Señor”. Y dice: “LECTURA DEL SANTO EVANGELIO según San Mateo 12, 14-21. En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías: Miren a mi siervo, a quien sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En él he puesto mi Espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas, no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que aún humea, hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra; y en él pondrán todas las naciones su esperanza”. PALABRA DEL SEÑOR…Cuando vuelvan a concitar Una Noche Contigo, les recomiendo asistir a la Calle Carabobo, casa de la profe de la Feda, Ana Arapé…quizás entenderán mejor este asunto estético de la Santidad.

¡Salud!

(Noticia al Día 19 de julio, 2025)


Romer Urdaneta: Un hombre Santo se prepara

Hacer Teatro, con mayúscula, en la salita de tu residencia,

compartiendo altares y domésticos oráculos

Foto Alexis Blanco

La Salita El Brillante (Esquina de Padilla con Colón, en Maracaibo) alberga el monólogo del maestro Romer Urdaneta, Un hombre se prepara, de José Javier León.

Para Noticia Al Día, Alexis Blanco continúa reflexionando el arte del actor como un compromiso de Santidad:

“Mambrú se fue a la guerra
Qué dolor, qué rigor, qué pena”
(Canción popular)

Romer Urdaneta estírase sobre una silla de madera, la cual ha de transformar en estética tribuna durante los siguientes 50 minutos, tiempo de representación y de lectura dramatizada de un texto delicioso: Un hombre se prepara, del poeta José Javier León. Pienso que bien podríamos estar ante la oficiosa representación de un texto fundacional, un principio de partida, un entusiasta cauce para refundir términos comunes entre el arte del actor y el arte de la poesía: tiempo, espacio, memoria, silencio, cuenco diletante, metáfora y precipicio, horizonte y ranura…

Si asumimos el teatro como un asunto de Santidad, Romer Urdaneta, junto con su entrañada cómplice, Ana Torres, es un monje trapense. Pero no estamos refiriendo a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia u Orden de la Trapa, de carácter monástico, fundada en Francia en el siglo XVII, sino a la Sala de Teatro El Brillante, en Colón con Padilla, aquí en esta Maracaibo donde marchan de nuevo todos los santos. Nuevo Entierro de la Sardina. Ya no en Miércoles Santo, sino en la infinita bondad de estos valles de lágrimas, también de risas y de amor, en que se nos van transformando las salas principales de tan hermosas antiguas casas de Maracaibo Contemporáneo y florido como estas obras de nuestros sendos Leones. Enrique y JJ…

José Javier León es un poeta mayor. Lúcido y sublime en el ágora de los buenaventurados seres de, supongamos, Garmendia, Juarroz o Dalton. La palabra se mueve y se agita mientras baila o bendice, increpa o aúlla, hipnotiza o seduce, Palabra Santa sobre el escenario conspicuo de la vida revolucionaria y en comuna.

Hacer Teatro, con mayúscula, en la salita de tu residencia, compartiendo altares y domésticos oráculos, admonicionará la llegada inminente del concepto del Teatro de, en y para La Comuna. Recuperación no tardía de aquel concepto antañón, del teatro de las Veladas Recreativas y Artísticas, Culturales y Didascálicas, en los ilustres aposentos de la gente sencilla: “¡Vengan acá, todos ustedes!… ¡Acomódense por ahí que desde los santos coxones ováricos de mi vida plena he de traerle unas palabritas confeccionadas en el azar y en el rigor de nuestras mejores mentes deslumbrantes...! ¡Meta la mano mi niña y encontrará canciones y épicos ensambles…! Henos aquí, salita adentro, camará, ¡plantándote unas hermosuras de poemas en tu casa viva…!

Decía de Romer Urdaneta. De su silla. De su pleno derecho a quedarse callado o gritar. Pero mejor estar ahí, cuerpo en ristre, cerebro y voz enhebrando hilos invisibles. Una red que podría enmarcar un sonido en tiempo de ritmo circadiano, un texto:

“Claro que ustedes ven las cosas de un modo distinto, pues ustedes vinieron a verme, a escucharme. Y qué ocurriera si les dijera: «yo vine a verlos, me interesan ustedes allí sentados y mudos».

Cuántas veces se han detenido a mirar a un hombre sentado a la luz de una lámpara. Eso que está ocurriendo aquí no sucede en la realidad, nadie se queda mirando a nadie tanto tiempo en la realidad, todos están muy apurados y preocupados, a nadie le interesa nadie y por eso necesitan venir a un teatro a ver a otros como no los pueden ni desean ver en la realidad. Y sin embargo, cuando vienen al teatro, sucede que en el teatro han olvidado las cosas, han olvidado la realidad…”.

Estamos siguiendo el canto elevado de ¡Par de Santos! Romer vuelve a contorsionar su plexo solar y a conectar sus brazos con los del Hombre del Vitrubio. ¿Lee o se hace el que lee? ¿Finalmente volará, con esos brazos extendidos como un dragón asediado por decenas de San Jorges maracuchos? Nada que ver. Romer te mira. Una y otra vez, te mira y entonces ha cambiado su alucinado plectro y así suena la alquimia de todos los susurros teatrales: José Javier León, poetizando:

“Conmigo se rompe el tiempo, conmigo se acelera el siglo, y yo sobreviviré al siglo, veré las ruinas de este siglo humeando al cielo abierto, uno a uno veré caer todos los monumentos que este siglo ha levantado. Todo lo veré caer, y no quedará piedra sobre piedra, no quedará en pie ni un solo vestigio de vida. Una sola ciudad viva, un solo hombre vivo, una sola mujer viva, nada de esto se sostendrá, todo vendrá a caer a mis pies abatido por su propio peso. En mí la vida tendrá raíz, en mí la vida retomará su cauce antiguo, su cauce único, seré el vertedero de los siglos, todos los siglos arremolinados en mi cabeza, en mi cuerpo, en mi sangre. Todos los siglos que los hombres de este siglo no lograron destruir, todos los siglos que todos los hombres no han logrado destruir vendrán a juntarse en mi cabeza…”.  JJ es Romer. Romer es JJ. El Público siempre será perplejo en su rol de El Público:

“Nada más cerca del teatro que el erotismo. La muerte hecha vida, el instante que es un gesto, lo que se atrapa en un instante y se disuelve en la nada. Detener un gesto, congelarlo. Atraparlo. Sujetarlo para siempre. Un solo gesto, un solo movimiento. Aquí está. Un gesto. Un puño de polvo. Nada.

Foto Nelson Sánchez
De pronto ya no importan más las palabras. El texto se calla, para que hable el cuerpo. Un cuerpo se mueve, mi cuerpo, pero ya no soy el cuerpo que se mueve. Mi cuerpo se mueve, ondula, se desliza, va de un lado a otro, olvidado de mí, yo olvidado de mi cuerpo, mi cuerpo solo, pagando en el espacio, en la nada. Mi cuerpo sabe lo que hace, pero yo no sé lo que hace mi cuerpo, no puedo saber lo que mi cuerpo hace, mi cuerpo no es mío cuando estoy actuando, ya no actúo porque no sé que estoy actuando. Debo dejar que mi cuerpo se mueva, eso es todo, dejarlo ir, mi cuerpo es el mar, un árbol, un río, una piedra.

El movimiento es ya el silencio… Cuando mi cuerpo se mueve no necesito hablar, las palabras no dicen nada, las palabras no existen para decir cosas… Mientras más calladas… Las palabras son menos que el movimiento, pero se puede lograr que las palabras sean el movimiento, sean el silencio, palabras traspasadas por la niebla, palabras que sean la niebla… Las palabras de los árboles, del mar, del río, de las piedras… Cuántas estupideces, cuántas tonterías unas tras otras… Probemos a estar callados, dejemos un rato que nuestros ojos hablen por nosotros, que nuestras manos hablen por nosotros…”. Un trance. Una mentada de madre en modo transubstanciación:

“¿Qué ropa usa el que soy? ¿Cómo se mueve, qué habla, qué cosas se calla? ¿No hará el actor otra cosa que buscarse a sí mismo? ¿Qué quieren ustedes ver en un actor? ¿Qué quieren de mí? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué es esto?...”. Esto sois y seréis…

(Noticia al Día 20 de julio, 2025)

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