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14.10.25

Rodolfo Santana: El dramaturgo que convirtió el teatro en conciencia viva, por Jesús Eduardo Espinoza

 Rodolfo Santana: El dramaturgo que convirtió 
el teatro en conciencia viva.

La población de Guarenas celebra el legado del maestro Rodolfo Santana, a través del Centro de Investigación y Formación de Arte Teatral que dirige la dramaturga Elimara Navarro, con el Festival Tributo a Rodolfo Santana que en su quinta edición se realiza del 16 al 26 de octubre, 2025. A continuación, 
nuestro homenaje a Santana.

Jesús Eduardo Espinoza*

Rodolfo Santana (Guarenas, 25 de octubre de 1944 – 21 de octubre de 2012) es una de las voces más persistentes, montadas y transformadoras del teatro contemporáneo venezolano. Su dramaturgia no solo se inscribe en la historia escénica del país: la interpela, la sacude y la reescribe desde los márgenes, desde lo popular, desde lo humano.

Una estética del desamparo y la resistencia.

Santana desarrolla lo que pocos dramaturgos logran: una estética propia, profundamente arraigada en los conflictos sociales, lingüísticos y culturales de Venezuela y América Latina. Sus personajes —marginales, fracasados, obstruidos por los sistemas de poder— no son solo figuras dramáticas: son espejos de una sociedad que busca redención y dignidad.

Más allá de sus más de ochenta obras —muchas traducidas y representadas en Europa y América Latina— Santana es un formador incansable. Desde el grupo teatral Cobre, el Teatro Universitario del Zulia y sus talleres en Caracas y Guarenas, sembró una generación de escritores que hoy continúan su legado. Su metodología, basada en la síntesis escénica, el lenguaje referencial y el compromiso ético, sigue viva en cada obra que nace de sus discípulos.

Guarenas: raíz y retorno.

Santana nunca olvidó su origen. En Guarenas, su pueblo natal, dedicó sus últimos años a formar dramaturgos, a compartir su saber sin reservas, a convertir el teatro en acto comunitario. Allí dejó un legado que no se mide en premios —aunque los tuvo, y muchos— sino en voces que hoy escriben desde la memoria, la justicia y la espiritualidad.

Rodolfo Santana, el dramaturgo que siembra teatro desde la herida y la esperanza, no solo escribe teatro: lo vive, lo enseña, lo comparte. Desde Guarenas hasta los escenarios de Europa y América Latina, su dramaturgia se convierte en espejo de los pueblos, en grito de los marginados, en método de creación para generaciones enteras.

La obra.

Entre su vasta producción destacan: La muerte de Alfredo Gris (1968), una obra que inauguró su estética del desamparo, Premio Universidad del Zulia. Barbarroja (1970) sátira épica que expone la dependencia política y cultural. Premio Nacional de Teatro. El sitio (1970), retrato de la opresión cotidiana, Premio Juana Sujo.

Otro grupo de textos de Santana lo integran Baño de damas, La farra, El animador, Mirando el tendido, Nunca entregues tu corazón a una muñeca sueca, Cómo dormir el público, Juego de bolas, Los ancianos, Nuestro Padre Drácula, Santa Isabel Porno, El Gran Circo del Sur, piezas que desafían la moral, el poder y las convenciones escénicas.

Un ángel caído en una ciudad hostil (2002): Premio Casa de las Américas, fue llevada a escena por la Compañía Nacional de Teatro. Cada obra es una herida abierta, una denuncia, pero también una posibilidad de redención. Todas son ejemplos de la capacidad de Santana para fusionar lo grotesco, lo épico y lo absurdo en una crítica feroz pero poética del devenir histórico latinoamericano.

Además, nuestro dramaturgo tiene en su haber guiones llevados al cine como La empresa perdona un momento de locura, Los criminales, El abismo, El Caracazo, Rock para una abuela virgen, entre otras.  A propósito de su relación con el cine, Santana declara: “Soy un voraz devorador de películas…El cine ha modificado muchos de mis instrumentos de escritura…cambió modelos rítmicos, sentido del tiempo, modelado de personajes y formas estructurales…”

Jesús Eduardo Espinoza y Rodolfo Santana

La dramaturgia como investigación del alma.

Santana enseñaba que el teatro no nace del capricho, sino de la observación profunda. En sus talleres, repetía con firmeza: “No escriban de lo que no conocen. Lean el periódico. De una noticia puede nacer una historia conmovedora.”

Su proceso incluía:

-Imagen e idea o el punto de partida emocional y visual.

-Primera sinopsis que contempla la premisa, el principio, el nudo y el desenlace.

-Segunda sinopsis, desarrollo del argumento o “echar el cuento”.

-Escaleta de situaciones: en esta etapa se desarrolla la estructura dramática clara, la manera de llevar adelante la obra.

-Investigación rigurosa ya que sin ella no hay obra posible. Hay que escriobir obras que sean buscadas ´por los directores teatrales.

-Conflicto y objetivo: Cada personaje debe tener un deseo y obstáculos que lo tensen.

Metodología de Enseñanza de Rodolfo Santana.

Rodolfo Santana concibe la dramaturgia como un acto de investigación, de inmersión en los paisajes que conforman la vida. En sus talleres, especialmente los que dicta a distancia y en la Compañía Nacional de Teatro, propone una estructura que parte de cuatro paisajes fundamentales:

-Paisaje humano: El alma de los personajes. Aquí se exploran sus contradicciones, deseos, heridas, ideologías y silencios. Santana insiste en que el dramaturgo debe conocer profundamente a sus criaturas antes de ponerlas en conflicto.

-Paisaje geográfico: No como simple escenografía, sino como territorio simbólico. El barrio, la montaña, la casa, el hospital… cada espacio debe resonar con la historia y aportar sentido dramático.

-Paisaje temático: se refiere al eje ético y filosófico de la obra: ¿Qué se quiere decir? ¿Qué se denuncia, se celebra, se transforma? Santana guía a sus alumnos a identificar el núcleo temático que justifica la existencia del texto.

-Paisaje experiencial: La vivencia del autor. Rodolfo cree que el dramaturgo debe implicarse emocionalmente, que el texto debe nacer de una urgencia, de una necesidad de decir. No se trata de escribir por escribir, sino de escribir para sanar, para resistir, para iluminar.

Investigación y Conflicto.

Santana era riguroso con la investigación. Antes de escribir, sus alumnos debían sumergirse en el contexto: entrevistar, leer, observar, vivir. El texto dramático no puede ser una invención superficial, sino una construcción informada y sensible.

El conflicto, para él, es el corazón del teatro. Pero no cualquier conflicto: debía ser humano, ideológico, ético. No basta con que dos personajes se peleen; deben representar fuerzas en tensión, visiones del mundo que chocan y revelan algo profundo.

Este método no es solo técnico: también es ético. El teatro debe ser verdad, aunque duela.

Rodolfo Santana

Legado en Guarenas y más allá.

En su pueblo natal, Santana funda el Centro de Dramaturgia venezolano Armando Urbina. Algunos de sus alumnos se mantienen con él durante de 10 años. En clase manifiesta: “Vengo a quedarme en mi pueblo Guarenas, a morir y ser sepultado donde nací.” Allí forma escritores que hoy son premiados algunos de ellos como César Rojas, Elio Palencia, Gustavo Ott, Néstor Caballero, Roberto Azuaje, José Gregorio Cabello, Marco Purroy, Loida Pérez, Ligia Álvarez, Héctor “Bongó” Castro, Pablo García Gámez, Eduardo Bravo, Noreida Flores, Marina López, Gregorio José Milano, Fernando Nieves, Maria González y el autor de este homenaje, entre otros. Su legado no está solo en los libros, sino en las voces que siguen escribiendo desde la calle, desde la fe, desde el conflicto.

Testimonios.

Néstor Caballero, dramaturgo y amigo entrañable de Santana, dijo: “Él desarrolló lo que pocos logran: una estética del marginal, del que siempre ha sido obstruido. Nunca se guardó sus conocimientos. Cada taller era una siembra.”

Guillermo Schmidhuber, colega mexicano, recuerda: “Rodolfo tenía el pelo ensortijado y hablaba con todos. Su obra me dolió porque ambos habíamos leído a Brecht. Nos unía el dolor social. Él ideó el formato de talleres por correspondencia para dramaturgos emergentes. Era generoso, humilde, aunque la vida se le hacía nudo.”

Edgard Antonio Moreno Uribe, Rodolfo como es Santana: apuntes para la historia del teatro en Venezuela.  En este libro publicado por Kairos Producciones (1995), Moreno Uribe, crítico teatral y periodista cultural. ofrece una mirada íntima y rigurosa sobre Santana. Allí afirma: “Rodolfo Santana es el dramaturgo que mejor ha sabido traducir el dolor social venezolano en estructuras escénicas de alto impacto. Su teatro no es solo denuncia: es método, es ética, es poesía del conflicto.” Moreno Uribe destaca cómo Santana convirtió la marginalidad en estética, y cómo su obra se nutre de una profunda investigación sobre el lenguaje popular, la historia política y la psicología del oprimido.

Leonardo Azparren Giménez, —uno de los más respetados teóricos del teatro venezolano— en “Rodolfo Santana: rebelde y anárquico”, ensayo publicado en Trópico Absoluto (2024), escribe: “Santana desarrolló una dramaturgia que encarna la crisis del sujeto latinoamericano. Sus personajes están siempre obstruidos, marginados, pero no vencidos. Su teatro es el lugar donde el fracaso se convierte en resistencia.” Azparren lo vincula con los movimientos de 1968 (Mayo francés, Primavera de Praga) y lo considera el dramaturgo que mejor encarnó la rebelión estética y política en Venezuela. También lo reconoce como el creador de una metodología que dignifica el proceso de escritura teatral desde la investigación y el compromiso.

Para el dramaturgo Tomás Jurado Zabala: “Rodolfo no enseñaba desde el pedestal, sino desde la calle. Desde el periódico arrugado, desde la imagen que dolía. Él me enseñó que el teatro no se escribe con tinta, sino con sangre. Que cada personaje debe tener un objetivo, sí, pero también un abismo. Cuando llegué a su taller en Guanare Estado Portuguesa, yo solo tenía preguntas. Él me dio método, pero también coraje. Me dijo: ‘No escribas para agradar. Escribe para que el público se incomode, se reconozca, se transforme.’ Rodolfo no era solo dramaturgo. Era sembrador. Y yo soy parte de esa cosecha. Cada vez que escribo una escena, escucho su voz: ‘¿Dónde está el conflicto? ¿Dónde está la verdad?’ Su teatro no fue cómodo. Fue necesario. Y su legado vive en cada obra que nace desde la herida, pero también desde la esperanza.”

***

Ejercicio dramatúrgico de J.E. Espinoza.  Escena “La imagen y la herida”.

Personajes:

RODOLFO, maestro dramaturgo.

DISCÍPULO, joven escritor.

VOZ CRÍTICA, espíritu de la crítica teatral.

VOZ DEL PUEBLO, eco de Guarenas.

Escena I

Espacio: Un aula vacía. En el fondo, una silla, un periódico viejo, una vela encendida.

DISCÍPULO: Maestro, ¿cómo se empieza una obra? ¿Desde el dolor, desde la rabia, desde el sueño?

RODOLFO: Se empieza desde una imagen. Una idea. Pero que duela. No escribas de lo que no conoces. Lee el periódico. Allí está la tragedia que nadie ve. Una noticia puede ser teatro… si tienes el valor de investigarla.

VOZ CRÍTICA: (desde la penumbra) Rodolfo Santana convirtió el fracaso en estética. Sus personajes no son héroes: son sobrevivientes. Su teatro no es consuelo. Es confrontación.

RODOLFO: Primero la sinopsis. La premisa. El principio, el nudo, el desenlace. Luego la segunda sinopsis. Y después… la escaleta. Pero si no investigas, no hay obra. El personaje tiene un objetivo. Pero también obstáculos. Y tú, como autor, debes amarlos… incluso cuando se destruyen.

DISCÍPULO: ¿Y si el conflicto es demasiado grande? ¿Si el país se cae a pedazos?

RODOLFO: Entonces escribe más rápido. Porque el teatro no espera. El teatro es el lugar donde el país se explica.

VOZ DEL PUEBLO: (como eco coral) Rodolfo nació en Guarenas. Y allí sembró dramaturgos. Nos enseñó que el teatro no es lujo. Es necesidad.

VOZ CRÍTICA: Edgard Moreno Uribe lo dijo: “Su teatro traduce el dolor social en estructuras escénicas de alto impacto.” Y Leonardo Azparren lo confirmó: “Sus personajes están marginados, pero no vencidos.”

RODOLFO: (mirando al discípulo) Escribe. Pero no para agradar. Escribe para que duela. Para que sane. Para que el teatro sea memoria… y no olvido.

          

*Jesús Eduardo Espinoza es profesor de análisis del texto dramático 
de la Escuela de Teatro Inés Laredo de Maracaibo.

 

7.10.25

Entrevista. Baca: "El teatro es un espacio de resistencia", por Oscar Acosta

 BACA: “El teatro es un espacio de resistencia”

Bartolomé Cavallo, también conocido como BACA, es un creador multifacético con una importante trayectoria en el arte aragüeño.

Por Oscar Acosta

Nacido en 1957 en las Colonias Agrícolas de Durute, estado Yaracuy, de BACA es poco lo que sabemos, aparte de su trayectoria artística y docente. Su padre, Ángelo Cavallo, fue un inmigrante italiano que llegó a Venezuela en 1948, y su madre, Adela Hernández, una mujer de origen humilde nacida en Nirgua.

Este dramaturgo inicialmente pensó en estudiar química en el Pedagógico de Maracay, pero, por error, un día cruzó la puerta de una casa vieja donde hacían “cosas extrañas”: la Escuela de Arte Dramático del estado Aragua. Decidió ser teatrista en ese lugar, limpiando los baños y el tanque; regando las matas; recogiendo la utilería y el vestuario empleado en las clases. A los dos meses, el director de este centro, el dramaturgo Ramón Lameda, lo terminó de atrapar para la escena confiándole las llaves de la institución.  Desde entonces, se dedicó intensamente al teatro, participando en numerosos montajes, actuando y dirigiendo. Al egresar del curso regular de la Escuela, el mismo Lameda lo integró al grupo La Misere, en el cual permaneció por 20 años.

Ha abordado casi todos los géneros literarios. Como ejemplo de su producción tenemos en Teatro: Animalisios, El Arado de Ceres, El Armario, El Coronel no tiene quien le escriba (versión de la novela de García Márquez para dos actores), Familia Paria. Actualmente desarrolla un proyecto para escribir 20 obras en 20 años (2014-2034) En poesía: Gente de Tierra Firme (Premio Internacional de Poesía Escritores de Argentina 2019, Inflamado de Espera, Una palabra tuya bastará para joderme.  Cuento: ha escrito más de un centenar de cuentos, algunos de ellos premiados.  En Novela: La Madama, Los fantasmas de la Casa.

Reconoce la influencia de figuras como Antonin Artaud y los poetas malditos franceses, lo que se refleja en un estilo teatral agresivo y experimental. Ejerce como docente, habiéndose graduado en Educación (UNERG), obteniendo además varias maestrías y diplomados.  Conozcamos más de este dramaturgo o, mejor, “todero” del teatro que no cesa en sus labores.

¿Cómo describiría su proceso creativo?

Mi proceso creativo comienza con cuentos que luego transformo en obras teatrales. Es un camino que ha ido evolucionando con el tiempo, como un esqueleto al que le voy añadiendo carne. Nunca creo que una obra está terminada; siempre la reviso y la modifico. Mis temas suelen ser fuertes, con un lenguaje candente y personajes que se desdoblan en diferentes roles. Me interesa el teatro íntimo, en el que los intérpretes interactúan con el público; me gusta trabajar con el movimiento corporal, utilizando golpes, carreras y bailes...

¿Cuál es la obra de su producción que considera más lograda y por qué?

Una de mis obras más logradas es Animalisios, un drama sobre cuatro hermanos que no conocen a sus padres y juegan a representarlos. Esta pieza, pensada para la explosión actoral, está llena de códigos de hambre, marginalidad y destemplanzas. Los temas que elijo suelen estar relacionados con las vivencias de la gente más excluida, inspirados en mi propia experiencia y  las realidades que observo alrededor.

¿Cuál ha sido el mayor desafío en tu trayectoria? ¿Qué recomendación le daría a quien desea dedicarse al arte?

El mayor desafío ha sido mantenerme en el teatro durante cincuenta años, especialmente cuando tuve que equilibrar mi vida familiar con la pasión por el arte. Mi recomendación para quienes quieren dedicarse al arte es que se mantengan firmes, haciendo cualquier cosa relacionada con el escenario, desde barrer hasta actuar o dirigir. Es importante encontrar una manera de ganarse la vida sin abandonar el arte; claro que si pueden vivir de él, mejor.

¿Cuál es la valoración que hace del teatro actual al compararlo con el que practicó en sus inicios?

Antes, el teatro era más comprometido. Ensayábamos hasta bien entrada la noche y nos entregábamos por completo a los proyectos. Hoy día, noto menos ese compromiso, a la vez que hay más oportunidades y recursos. Sin embargo, como siempre, el teatro sigue siendo un espacio de resistencia, con un gran potencial para seguir creciendo.

En la esfera artística, ¿cuál es su objetivo actual?

Mi objetivo actual es seguir escribiendo y contribuir al teatro venezolano. Quiero ser una referencia dramatúrgica en el estado Aragua y compartir mis obras con quien quiera leerlas o montarlas. No busco recompensas económicas, pero deseo que se reconozca mi trabajo y se me dé el crédito que merezco.

Cómo escritor, ¿cuál ha sido su experiencia fuera del drama?

También he incursionado en la poesía y el cuento. Durante la pandemia, terminé un poemario premiado por la Asociación Argentina de Escritores y Narradores. También gané un concurso de cuentos en La Victoria y fui finalista del concurso Santiago Anzola para estudiantes universitarios. La narrativa es otra forma de expresión que permite explorar temas similares a los que abordo en el teatro, pero con un enfoque más personal.

En tiempos recientes, se ha dedicado a ejercer la crítica teatral. ¿Qué función o utilidad que le otorga en el ejercicio de la labor dramática?

El crítico teatral debe partir de que su labor no sirve para nada; el público no se retira del teatro si lee que un espectáculo es malo; tampoco ocurre que los directores modifican sus propuestas porque el crítico escribe que partes o todo tiene defectos. En este sentido, la crítica es más un ejercicio de autoayuda; se trata de mirar con otros ojos, que no son propiamente los del director. Yo particularmente no he visto una nueva función teatral redireccionada con base en una crítica.

En este sentido, observo que los directores se camuflan con el argumento de que el crítico escribe por rabia, antipatía o ego. Pero tenemos que distinguir entre crítica y relaciones públicas; la segunda está dada por la complacencia, por exaltar el montaje, por mediar entre el montaje y la taquilla; mientras que la crítica debe estar sustentada en el análisis, en la decodificación del sistema simbólico, de los signos lingüísticos, visuales y sonoros; de la actuación, de la coreografía actoral y en fin, del mensaje semiótico del montaje. ¿Lo que se propuso el director es lo que salió ante el público? No se nos olvide que, en última instancia, es el público quien determina si le gusta o no un espectáculo. Bueno mencionar que la película Zyzzyx Road está considerada como la de menor recaudación en la historia del cine, con apenas 30 dólares el día de su estreno; solo la vieron seis personas a cinco dólares cada una; el fracaso no fue precisamente por los comentarios de la crítica.

A esto hay que agregar que también hay varias posturas en este quehacer: la del crítico que tiene en mente su puesta en escena particular y quien todo lo ve mal. El crítico que hace su propio espectáculo, plantea lo que él haría y no lo que el director hizo. Es frecuente aquí que el crítico plantee, por ejemplo, que tal escena debió hacerse al fondo del escenario y no en el proscenio como efectivamente se dio; que el traje de la actriz debió ser menos ceñido o que la música tendría que ser más moderna. Por otro lado, está el crítico que todo lo ve mal sin justificar un ápice, no da oportunidad para el diálogo; si es que lo hubiera, porque, según él,  los directores no están en el plano moral para replicarle un comentario. Leen y deben callar.

Hay que mencionar también a un personaje extrañísimo: el que no vio la obra, pero la crítica.

También tenemos un tercer grupo de críticos que se rebanan el cerebro para dar lecciones de historia, de morfología del lenguaje, de los ejes sintagmáticos, de signos parateatrales y olvidan por completo la obra en cuestión. Son eruditos teatrales, aunque no hayan actuado nunca, ni hayan montado un pequeño trabajo escolar. Son los que provienen, generalmente, de otras áreas como el periodismo, la literatura o profesores del pedagógico –sin desmedro de estas profesiones-; son los que escriben de época antigua, de mitología griega, de movimientos históricos como realismo, el naturalismo o el expresionismo. Son los “profesores” de los montajes, pero no hablan de los elementos constitutivos de la obra: la temática, las actuaciones, las imágenes, el dispositivo escénico, la resolución, entre otros.

Dices que la crítica no sirve para nada. Entonces, ¿por qué la ejerces?

Cuando planteo que la crítica no sirve para nada es porque los grupos se niegan a analizar lo que el crítico plantea, no para cambiar la puesta en escena, sino para discernir en lo interno del montaje lo señalado, si acaso es posible, aunque sea, una pequeña discusión. En mi experiencia solo he recibido insultos de los grupos y, sobre todo, del público, a pesar de que muchos de los que responden no vieron el espectáculo que se comenta.

Yo hago crítica teatral sin recibir ninguna recompensa salarial, tampoco por reconocimiento ni vanidad; lo hago para cronicar los acontecimientos teatrales en el estado Aragua. En mi experiencia, he notado que funciona más como un registro histórico, como un documento que pudiera en el futuro llevar un récord de los montajes y de los grupos. No olvidemos que en Aragua casi no existe la figura de grupo; por lo general es un director que llama a sus amigos o cercanos y deciden montar una obra de teatro, que casi siempre tiene una sola representación y luego se olvida. A pesar de esta condición –la poca difusión–, la crítica teatral puede servir en el futuro para un estudio mucho más profundo o para el análisis metodológico del movimiento teatral en el estado.

Doy un ejemplo de la limitada contribución en mi región de un crítico en lo inmediato: los montajes que se hacen los Jueves Culturales en el Teatro de la Ópera, a través de la gobernación y esta institución, los últimos jueves de cada mes. Los montajes son subsidiados permitiéndoles el uso gratuito del espacio, pero casi todos se realizan ese solo día. Consiguen algo de dinero vendiendo las entradas, pero hasta allí. Esto significa que por más didáctica que pudiera ser la crítica de un espectáculo, de casi nada sirve porque ya no habrá la posibilidad de rectificación, si es que es tomada en cuenta por la agrupación. Por lo general no hay tiempo para que tenga utilidad práctica estética en el corto plazo.

¿Qué mensaje le daría a las nuevas generaciones de artistas?

Les diría que no abandonen el arte, que luchen por sus sueños y que no tengan miedo de experimentar explorando nuevas formas de expresión. El arte es un camino difícil, pero también muy gratificante. Siempre debemos tener fe en el poder transformador del teatro y la literatura.

 

Nota: Una versión reducida de esta entrevista salió publicada en el semanario cultural Todasadentro, n.º 1131, 1 de marzo,2025.

4.10.25

Los tonos del teatro venezolano: puentes y no muros

 Los tonos del teatro venezolano: puentes y no muros

Círculo de Lectura Interactiva, Grupo Teatral Coordinación.

Pablo García Gámez

Es significativo que la nota “Sobre la crítica teatral en Venezuela y sus ejemplos actuales”, autoría de Carlos Rojas, haya salido publicada en este blog, Miradas al Escenario, el pasado 30 de septiembre pasado, el mismo día que el Grupo Teatral Coordinación realizaba su actividad Círculo de Lectura Interactiva, en su sede de San Felipe, Yaracuy.

El artículo de Rojas revisa con agudeza la trayectoria de la crítica teatral y las relaciones con la escena y el público a través de casi cinco décadas, investigación poco común en nuestro medio.  En el escrito se deduce que hacer teatro en Venezuela se ha incrementado cualitativa y cuantitativamente a diferencia de la actividad crítica que se ha contraído a niveles insospechados. El autor además señala que éste, blog en el cual él es colaborador, “…expone voces diversas, fomenta la reflexión colectiva, pedagógica y práctica…”, palabras de aliento para continuar con esta iniciativa auspiciada por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela.  Para puntualizar sobre tan interesante reflexión revisamos dos aspectos abordados en dicha nota: el primero se refiere a Critven y su relación con las regiones; el segundo, a las funciones de este blog.

En el escrito, Rojas afirma: “Tendríamos que criticarle a Critven el haber centrado la atención principalmente en la capital…”.  Como critveniano, considero que Rojas tiene razón hasta cierto punto, ya que hubo intentos de conectar la labor crítica y las regiones.  Prueba de ello es el Primer Encuentro Nacional de Críticos de Teatro, organizado por Critven, con Leonardo Azparren como presidente, y la Sociedad Dramática de Maracaibo, bajo la dirección del visionario Enrique León.  El encuentro se realizó en la ciudad de Maracaibo en enero de 1986. Casi cuarenta años después sigue siendo el único evento de este tipo en el teatro venezolano.

Además de esta actividad colectiva, en esos años varios miembros de Critven se movilizaban por el país.  A título personal, cubrimos eventos como el maratónico Primer Festival de Teatro del Estado Zulia con la actriz Hilba D’Or a la cabeza; fuimos testigos de la tenacidad de Kiddio España y Giuditta Gasparini para llevar adelante el Festival de Oriente a la par que ensayaban sus producciones.  Gracias a Alberto Ravara estuvimos presentes en el Segundo Festival de Teatro del Estado Portuguesa organizado por Federico Collado y el joven, en ese entonces, Carlos Arroyo; allí cubrimos la programación de este encuentro y conocimos las instalaciones de Teatro Tempo, excelente agrupación de teatro para niños.  El viaje a Guanare lo hicimos con la crítica Virginia Vidal en el que la periodista comentó sobre “los muchos tonos del teatro venezolano”, refiriéndose a las particularidades de los espacios y sus teatros en cada región.  Esas y otras experiencias se volvieron tinta y probablemente descansan en una oscura y húmeda hemeroteca.

El segundo punto se refiere propiamente a este blog y sus funciones.  Ante la pesada ausencia del ejercicio crítico durante más de dos décadas, la vuelta a la reflexión no es fácil: las percepciones y sensibilidades sufren un proceso de encuentro y ajuste: ¿Cómo una actriz joven o un director emergente, acostumbrados a las palabras de felicitación de espectadores allegados, reaccionan porque un extraño publica que a su trabajo le faltó ritmo o que la actuación fue superficial?  Es el caso de un crítico que colabora con el blog quien publicó un par de notas que causó la ira de jóvenes teatreros a pesar de ser notas de reflexión con lenguaje de altura.

Consideramos que los resultados del blog en estos pocos meses han sido sorprendentes: más de 150 colaboraciones, a punto de llegar a las once mil visitas, críticas de diversas ciudades del país; entrevistas a creadores.  Miradas al Escenario es un blog democrático, abierto a cualquier interesado en la crítica teatral, sin fronteras de geoclase (neologismo para los imaginarios Chacaíto pa’ llá y Chacaíto pa’ cá) ni las de centro-periferia (capital versus regiones).  Poco a poco el blog comienza a mostrar los tonos de esa Venezuela teatral.

Lo relevante de este blog es la multiplicidad de voces, que no rechaza el jojotismo (otro neologismo: falta de experiencia).  Jugar a ser elitesco no tiene sentido si en realidad se quiere expandir la labor crítica y ayudar a los jóvenes interesados en desarrollar el discurso reflexivo tan necesario.

Miradas al Escenario además enfrenta otros retos.  A veces hay que resolver sin crítica porque simplemente hay espacios donde no hay críticos teatrales.  En esos casos se solicita a los creadores que describan sus motivaciones o el proceso de montaje para que la producción quede en el archivo colectivo.

También está la posibilidad de colaborar con los teatreros.  El Círculo de Lectura Interactiva del Grupo Teatral Coordinación de Yaracuy realiza la lectura de textos una vez al mes.  En un ambiente informal espectadores -o potenciales espectadores- leen dramaturgia. Para muchos de ellos, es la primera vez que tienen en sus manos un texto dramático y descubren lo que son los personajes, la trama, etc. En cuanto a objetivos, el Círculo de Lectura guarda relación con la Escuela de Espectadores concepto desarrollado por Jorge Dubatti: hay diálogo entre teatreros y audiencia en la que ésta se acerca al conocimiento de la representación a través del texto impreso mientras que los hacedores de teatro entran en contacto con los gustos y necesidades del espectador local.

Para la actividad del 30 de septiembre, 2025, el blog asistió a la Agrupación Teatral Coordinación en la curaduría de los textos y así Elsy Loyo, a cargo de este programa, invitó a Lolimar Suárez Ayala, Nelly Oliver, José Luis Angarita y Bartolomé Cavallo para leer sus textos.  En Yaracuy se dieron a conocer piezas de autores del Zulia y de Aragua.  Miradas al Escenario demostró que la crítica, además de sus funciones, puede crear espacios de diálogo, puede crear puentes y no muros.

3.10.25

La Lectora de H.P. Lovecraft: Entre lo cotidiano y la alucinación desbordada, por Carlos Rojas

 Un punto de vista

La Lectora de H.P. Lovecraft:

Entre lo cotidiano y la alucinación desbordada

por Carlos Rojas

criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario

 Obra La Lectora de H.P. Lovecraft / Imagen cortesía por Carlos Canales 

En el texto dramático que se reseña aquí La Lectora de H.P. Lovecraft de Carlos Canales (Río Piedras – Puerto Rico; 1955) no se limita a poner en escena una historia. Más bien abre un portal increíble, un espacio donde lo íntimo y lo monstruoso se dan la mano sin pedir permiso.

No se trata de una trama que pueda contarse en tres líneas, sino de un estado de percepción en el que leer deja de ser un pasatiempo privado para convertirse en algo mucho más peligroso: un acto que sacude, erosiona y descoloca la identidad.

En el texto, lo cotidiano -gestos de rutina, convivencia doméstica, lugares comunes del día a día- es apenas una fachada. Detrás, se esconde un inconsciente desatado que irrumpe con delirios y no hay forma de meterlo otra vez bajo la alfombra.

Leer no es un ejercicio estético, ni mucho menos académico: es atravesar un umbral donde fuerzas externas e internas se cruzan y reacomodan el yo femenino. La estructura del monólogo revela que lo doméstico y lo extraordinario no son opuestos, sino socios estratégicos: se retroalimentan, alternando calma aparente con fractura interior.

La dramaturgia de Canales juega con la economía de acción y una complejidad que se siente en cada pausa, repetición o giro verbal. Nada es gratuito: cada quiebre en la voz apunta a una conciencia fragmentada. La protagonista no sólo habla, sino que se encarna. Es confesión, exorcismo y terquedad a la vez.

El texto nos recuerda que leer no deja intacto a nadie. Autores como Lovecraft, Poe o Beckett no se quedan en el anaquel de las referencias cultas: se meten debajo de la piel, modelan obsesiones, miedos y rarezas.

Lo que distingue la pieza es ese vaivén constante entre lo familiar y lo innombrable. La habitación íntima se transforma en laboratorio del inconsciente: lo doméstico se agrieta y el delirio ya no viene de afuera, sino de adentro. La actriz no cuenta: se desgarra, experimenta y arrastra al público a su propia pesadilla literaria.

El espectador, sin escapatoria, termina reflejado en ese espejo: confrontado con sus propias lecturas y fantasmas. Y la dramaturgia recuerda, sí, a Poe en sus detalles obsesivos, a Lovecraft en lo innombrable, y a Beckett con su humor incómodo y su tensión existencial. Pero, lo de Canales no es imitación, es traducción: toma esas poéticas y las convierte en un monólogo vivo, contemporáneo y mordaz.

Lo que se pone en juego no es "la lectura de otros autores", sino el efecto brutal de leerlos. Horror cósmico, obsesión, absurdo y fragmentación se vuelven carne en escena, traspasando a la intérprete y al público.

El resultado no ofrece respuestas, sino preguntas que se quedan zumbando en la cabeza:

¿Qué lecturas nos cambian hasta reconfigurar quiénes somos? O ¿Dónde termina la lectura como acto teatral y empieza como experiencia irreversible en la psique?

La obra no da cierre ni respiro: persiste como una grieta abierta. Por eso, La Lectora de H.P. Lovecraft es un gesto radical: teatro que no representa, sino que invoca; que no entretiene, sino que confunde; que deja al espectador en el borde incómodo entre lo cotidiano y lo delirante.

En definitiva, Canales plantea un teatro de autor donde leer equivale a jugarse la cordura: cada palabra es capaz de abrir grietas hacia lo innombrable, y la experiencia del espectador termina siendo un retrato que devuelve fracturas y asombros.

Su escritura escénica recuerda que la lectura nunca es distante: es un territorio variable donde lo íntimo se vislumbra con lo monstruoso, lo familiar y la locura se disuelven bajo la presión implacable de lo desconocido.

No hay revelación final: sólo un grito detenido en el aire, un rostro de espanto que confirma que lo innombrable nunca se muestra por completo. El lector/espectador queda con la angustia de que lo verdaderamente terrible nunca se muestra del todo.

CR (@mipuntocritico)

Aquí les dejo algunos enlaces para consultar más sobre el autor:

Carlos Canales Cintrón:

https://peoplepill.com/people/carlos-canales-cintron/

http://worldcat.org/identities/lccn-n96027411/

https://leamoscuentosycronicas.blogspot.com/2020/06/ni-connery-ni-bond.html

En Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Canales_Cintr%C3%B3n


2.10.25

Círculo de Lectura Interactiva 30 de septiembre, 2025, Agrupación Teatral Coordinación. Elsy Loyo

 Círculo de Lectura Interactiva de Agrupación Teatral Coordinación
San Felipe, Yaracuy. 30 de septiembre 2025

Elsy Loyo reseña este encuentro, el primero en que Miradas al Escenario 
participa como organización de una actividad teatral que dialoga con la comunidad.

Elsy Loyo

Llegó el 30 de septiembre precedido por un sol extremadamente radiante.  Esto en nuestro San Felipe se traduce en altas temperaturas cargadas de humedad y, cuando te expones a este fenómeno climático, pareciera que te han extraído toda el agua del cuerpo.  De manera que cuando llegas a los lugares de resguardo, después de haber transitado por la ciudad con este clima, hasta respirar te cuesta; entonces debes recomponerte antes de emprender cualquier misión que en este día te haya convocado.

Bajo esta realidad fueron llegando nuestros participantes al encuentro del 30 de septiembre.  Mientras recuperaban el aliento y se rehidrataban, entre saludos y bromas por este calor tan intenso que nos sacudía a todos, quienes organizamos evaluábamos la petición de uno de nuestros lectores amigos quien sugería cambiar, sólo por hoy, el encuentro dentro de la Sala donde seguramente estaríamos mucho más frescos.

Cotejamos las temperaturas, y comenzó el traslado de todos los insumos al nuevo espacio.  ¡Listo! El Círculo de Lectura Interactiva tomó la Sala, subió a las graderías y desde el espacio de los espectadores vivimos este encuentro.

Un encuentro diferente, único, y especialmente esperado, pues hoy nos convocaban nuevos autores, nuevas autoras que abrirían sus mundos a los nuestros.  Autoras y autores de nuestra Venezuela se hicieron participes desde el inicio de la organización de este Círculo de Septiembre, no sólo por enviar de su mano los textos a leer, sino también por la comunicación continua y entusiasta, durante la preparación del mismo, celebrando que este hecho era posible: poder encontrarnos a través de un espacio que hace que la distancia física y geográfica no sea impedimento de sentirnos cercanos, vivos y con el mismo objetivo: hacer vivir esa dramaturgia, esa palabra, esas historias leídas en voz alta por un conjunto humano que se reúne para descubrirlas y descubrirse a si mismos a través de ellas.

Comienza la dinámica. En este Circulo José Luis Angarita, Lolimar Sánchez, Bartolomé Cavallo y Nelly Olivieri son las autoras y autores invitados y predeterminados para ser leídos, mas no sabían los lectores como llegarían ellos a sus manos.  ¿Quién se lee primero?, ¿Quién después?  Todo abre al momento y el momento también determina que otros autores acompañan a los ya pre-seleccionados. Así el azar concurrente, como diría Lezama Lima, este 30 de septiembre escogió a Pablo García Gámez como su compañero en esta aventura.

Las Comadres, Casandra Toca mi Puerta, Madamadrina, El Puente y Simón y Teresa en Luna Llena, abrieron sus amarras, levaron anclas y nos llevaron en un viaje de encuentros, de similitudes, de contrastes y cercanías en sus distintos mundos que entablaban diálogos entre sí y al mismo tiempo con los mundos de quienes los leíamos.

La mañana transcurre.  Avanza la lectura entre cafés, infusiones y galletitas varias. Y entre risas francas, momentos de impacto y otros de sorpresa, llega el momento de la tertulia, encontrándonos en genuina emoción. En alegría del recorrido vivido.

Abre la palabra, el colectivo coincide en la identificación que se ha tenido en las lecturas de hoy, en el lenguaje, en las temáticas, en ver allí reflejada una realidad cercana a todos: “Caracas, New York, Maracaibo y San Felipe se entrelazan en estas historias…” acotó una de las participantes. “…Yo he visto este personaje aquí, en San Felipe, ese que nos hace ver Madamadrina, ese que lleva el mundo encima y lo traslada en un carrito de supermercado y vive en la calle…” señaló otro. Y varios intervinieron para decir haber visto de primera mano más de una vez a estas Comadres en la vida real, en comportamientos similares, diciendo uno de ellos al respecto: “…era ver a mi madre en competencia y decretándose ganadora de tener más males que la vecina de enfrente…”. 

“Fue ver en las mujeres de El Puente, en el momento que aplican distintas técnicas de planchado en sus cabellos mientras desarrollan su conversación a partir de allí, a muchas mujeres de todos los tiempos”, señaló otra de las participantes. También hubo reflexiones sobre haber sentido la crítica social implícita en las historias, en diálogos que te arrancaban risas, o te producían impacto por situaciones que no están bien, pero que seguimos viviendo como sociedad. Lo antiguo que preceden los dioses griegos conviviendo con la modernidad en Casandra toca mi puerta abrió un compás en la conversación, así como los distintos mundos que se van abriendo con sorpresa e impacto en Simón y Teresa en Luna llena que en el momento de la lectura por intantes dejó sin palabras.

Nuevamente el tiempo nos sorprende, nos hemos sumergido en este viaje y ya pasó de medio día.  Unos tienen que irse apresuradamente, pues la realidad los reclama, otros nos quedamos un momento más. Vuelve la necesidad de llevar a casa obras de las leídas para completar las historias.  De eso también se trata esta provocación: este Circulo ha de completar cada lector en su propia experiencia para compartirla en un próximo encuentro… ¡Pues que así sea…!  Nos vemos en el siguiente Círculo. Infinitas gracias a todos por lo vivido. 

30.9.25

Sobre la crítica teatral en Venezuela y sus ejemplos actuales, por Carlos Rojas

  

Un punto de vista

Sobre la crítica teatral en Venezuela

y sus ejemplos actuales

por Carlos Rojas

criticarojas@gmail.com

Especial para Miradas al Escenario

Hubo un tiempo en Venezuela en que la crítica teatral tenía peso, criterio y era discernida por el movimiento teatral. Se escribía con ideas claras, con base en mucha lectura y presencia constante en las funciones, sin que importara incomodar al poder o a los creadores por igual. Se hablaba con claridad, se analizaba la puesta en escena, se discutían las dramaturgias y se problematizaban la ética y estética del teatro nacional.

El Círculo de Críticos de Teatro de Venezuela, Critven, nació en los años 80, como un espacio donde el análisis estético se celebraba y donde decir "soy crítico" implicaba una responsabilidad con el movimiento escénico, no una mera afirmación autocomplaciente. Critven representaba el ejercicio de la crítica como un compromiso intelectual y ético para aquel momento.

Ya extinto Critven desde hacía años, en el 2013, con la intención de darle continuidad fue creada la Asociación Venezolana de Crítica Teatral, Avencrit, con el impulso principal de Carlos Herrera (+), Bruno Mateo (+) y Edgar Moreno-Uribe (+), secundados por otros como Luis Alberto Rosas, Joaquín Lugo y Walter De Andrade.

En sus inicios, la asociación se constituyó como una oportunidad para proyectar voces, formar nuevos críticos, divulgar, debatir y acopiar la memoria escénica venezolana. Sin embargo, tal perspectiva se disolvió con rapidez.

El alejamiento de Moreno-Uribe, así como el fallecimiento de Herrera y Mateo, dejaron a la organización sin una orientación constructiva, revelando lo que hoy es evidente: Avencrit se convirtió en un simulacro que sobrevive sólo en las ocho iniciales de la sigla y que resucita anualmente con la rebatiña de menciones, premios, placas y diplomas que entrega anualmente, mientras la crítica real ha desaparecido como actividad regular de quienes, se asumen como sus miembros.  

Hoy, Avencrit opera como un núcleo de opinión excluyente en el este de Caracas: ignora conscientemente una gran parte de la actividad teatral que se hace en la capital -aunque es mejor decir en el país-, mientras se concentra en la escena que se hace hacia el este de la ciudad. Su actividad central ya no es el análisis riguroso ni la producción de pensamiento escénico; su única función identificable es la de reconocer a quienes están dentro de su círculo social y armar una ceremonia anual con relativa proyección en las redes sociales; no existen de su parte y de manera consecuente aportes ni reflexiones sobre el acontecer teatral. Tampoco son tomados en cuenta para sus premios -casi la única razón de existir de este núcleo- el teatro comunitario, estudiantil, político, de calle y político.  

Con suficiente capacidad para producir opiniones de contribuyan a la sana polémica, es doblemente lamentable que sólo se limiten actualmente a simular el ejercicio de la crítica.  Por un lado, pretenden legitimarse como una voz escénica a tomar en cuenta, ignorando la posibilidad de que nuevas miradas y opiniones sean escuchadas, a pesar de un taller de "iniciación a la crítica teatral", impartido por uno de sus miembros el año pasado; por el otro, con el certamen anual de premios otorgados, no sabemos con base en cuáles criterios, politizan incorrectamente a un gremio ya bastante dividido, convirtiendo el ejercicio de la crítica en un mecanismo de exclusión ideológica, más interesado en consolidar amistades y la cercanía con afines políticos que, en evaluar, cuestionar o analizar la actividad teatral. En el pasado, cuando hacían crítica de manera regular fue notable la ausencia casi total en sus escritos de personas o agrupaciones proclives al gobierno chavista. Ni hablar del listado anual de los nominados a sus premios.

Premios Avencrit 2024/ Fuente: Externa.

Los premios que en tiempos de Critven fueron un compromiso con la honestidad intelectual y amor por el teatro, se han convertido en un mecanismo de autoprotección y validación entre iguales. Por cierto, también tendríamos que criticarle a Critven el haber centrado la atención principalmente en la capital, pero en su descargo parcial, debemos recordar que eran tiempos preinternet, cuando la información teatral padecía de unos aislamientos regionales casi infranqueables; las condiciones actuales son otras.

La esporádica existencia de Avencrit no es pasajera: llevan años que sólo sabemos de ellos por la ceremonia premiadora.  Los miembros de la asociación que se asumen y dan declaraciones como tales perdieron el riesgo, la voz, la seriedad política y la capacidad de incomodar al poder y, a quienes ejercen como activadores culturales, independientemente de su posición ideológica. Redujeron la práctica crítica a un formalismo mediático de nombres nominados; olvidando que criticar no es organizar un auditorio anual de aplausos, sino cuestionar, dialogar y problematizar.

Los nominados se prestan a la ceremonia, sea por simple candidez o cortesía, por el orgullo de ganar un premio venga de quienes venga o por creer que la asociación ejerce regular y efectivamente la crítica. Nuestra modesta recomendación a los futuros nominados para aceptar la distinción es que indaguen cuáles, dónde y cuál es la cantidad de críticas escritas por los convocantes el último año.  

Entenderán que no es que se les tomó en cuenta para un premio, sino más bien que con el uso de sus nombres y esfuerzos creativos se está legitimando un evento sin sentido constructivo para el teatro venezolano. Más que ser honrados, están honrando inmerecidamente a un núcleo que pretende ganar indulgencias con escapulario ajeno.

En Venezuela, la crítica teatral no necesita estar repartiendo diplomas ni inventar rituales de premiación. Requiere argumentos sólidos, polémicas en positivo, riesgo y memoria, la capacidad de incomodar al poder cultural y a los trabajadores teatrales sin temor, y la disposición a abrir el diálogo más allá de las fronteras que imponen la polarización política, la geografía y las diferencias sociales o culturales. Mi intención en estos párrafos no es descalificar a nadie, sino señalar la inactividad de Avencrit en relación con los objetivos trazados en su fundación. Invito a sus miembros a contribuir positivamente al debate y la reflexión sobre lo que se hace actualmente en la escena venezolana.

Imagen cortesía del blog Miradas al Escenario

Frente a este panorama, la importancia del espacio virtual Miradas al Escenario es clara, esfuerzo colectivo surgido hace pocos meses, demuestra que la crítica puede democratizarse, descentralizarse y abrirse a todo el país. Este blog expone voces diversas, fomenta la reflexión colectiva, pedagógica y práctica, y se ha convertido en un espacio donde la crítica deja de ser un privilegio practicado por unos pocos y pasa a ser una herramienta formativa y un espacio que promueve el debate nacional.

Esta novedosa democratización bloguera de la opinión dramática, no sólo abre espacios a quienes habían sido ignorados -expresiones indígenas, artistas escénicos regionales, grupos emergentes y teatralidades subestimadas-, sino que también recupera la memoria de la crítica venezolana, frenando el que se repitan errores y se desperdicien aciertos de experiencias anteriores.

Según lo que creo, Miradas al Escenario tiene que recorrer aún un importante camino de superación. Intuyo mucha timidez en algunas de sus notas por criticar o señalar lo que pueden ser faltas en los espectáculos.

Me niego a creer que el teatro venezolano, en medio de una crisis tan tremenda, sea una muestra de tantas perfecciones escénicas. En algunas reseñas, es evidente la intención de publicitar, más que de criticar o analizar.

También, desentonan con el espacio algunos escritos un tanto pesados, que parecen escritos para la academia. Aún con estas indefiniciones que se irán resolviendo con el tiempo, en todo caso y sin duda alguna, hoy día este blog es la mejor opción para obtener información de amplitud sobre el quehacer teatral venezolano, siendo una ventana muy seria para la crítica del sector. ¡Por alguna razón, ya supera las 10 mil visitas!

El teatro independiente y alternativo (el que más me interesa) que, en Venezuela se hace con recursos mínimos, en territorios olvidados y con urgencia estética y social, no necesita permisos ni sectas para ser leído, divulgado y analizado. Necesita interlocutores honestos, lectores críticos y textos incómodos. La buena crítica no debe ser un alarde egocentrista ni un capricho para homenajear a los afines, sino un acto político, un acto de memoria y un acto de amor al teatro.

La conclusión es clara: no debemos convalidar que la crítica continúe aparentando ser tal, tergiversada su denominación por rituales anuales, afectos personales o geografías limitadas. La escena, la memoria y el pensamiento crítico exigen espacios abiertos, inclusivos y sinceros. No trato de censurar con estas palabras, sino de poner las cosas en su justo lugar.

Carlos Herrera (1957-2016). Foto Cortesía del Archivo Personal de CEH.

Como lo dijo Herrera, refiriéndose a la crítica teatral en Venezuela: "Son tiempos de sumar y de seguir creciendo en, por y para el teatro nacional. Ojalá todo sea más que un sueño y no mero artificio de intención".

CR (@mipuntocritico)

 

Maneras de mirar

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Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...