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12.1.26

Conversatorio. El desafío del teatro venezolano en la actualidad (3). Reto del teatro: Rodolfo Porras

 Conversatorio. El desafío del teatro venezolano 
en la actualidad (3)
Reto del teatro: Rodolfo Porras

 

Dora Lucena Ramírez 


Continúo con la presentación de las ponencias del Conversatorio El desafío del teatro venezolano en la actualidad, realizado en el marco del XXII FETCOM realizado en noviembre de 2024, organizado por el Instituto de Investigación para el Desarrollo del Arte en Venezuela, (iiAVE) en la Sala Alberto Ravara, Caracas.

La ponencia que presento a continuación, titulada Reto del teatro, fue escrita por Rodolfo Porras, escritor, articulista, ensayista, dramaturgo, director, productor teatral, guionista de cine y televisión.

Rodolfo Porras, es Licenciado en Letras (UCV), Exdirector General del Instituto de las Artes Escénicas y Musicales (IAEM); fue Coordinador de Teatro de la Casa Nacional de las Letras de Andrés Bello. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos en su quehacer artístico, entre ellos, en 2015 se hizo merecedor del Premio Nacional de Dramaturgia César Rengifo en su tercera edición por La Punta del Iceberg.

Reto del teatro: Rodolfo Porras

Las expresiones teatrales modernistas y del sainete a finales del siglo XIX y principios del XX dieron comienzo a un teatro venezolano propiamente dicho. Y aunque la influencia foránea era determinante, las temáticas y el uso del lenguaje caracterizaron un teatro nuestro. Cesar Rengifo consolidó ese proceso cuando abrió las estructuras teatrales a nuestra contemporaneidad. A partir de ese hito, se establece una presencia contundente del teatro venezolano en el país; a finales de los años sesenta, se vivió un período de muchísima actividad, investigación, confrontación de técnicas, conceptos, proposiciones estéticas y de formación. La presencia del arte teatral influía de manera contundente en el devenir cultural de Venezuela. En los años 80 comenzó un declive lamentable, que ha continuado hasta ahora.

Es clarísimo que el florecimiento del teatro en el período mencionado en el párrafo anterior, está vinculado directamente al caudal de dinero que entró a Venezuela a consecuencia del boom petrolero. Dinero que entró y que nunca se invirtió. Se gastó y sirvió para aumentar hasta el absurdo el consumismo de los venezolanos. Venezuela se comportaba como un país mucho más rico de lo que era, así que atrajo a numerosa gente, cuyos países pasaban por un período de vicisitudes económicas y políticas.

Muchos artistas vinieron al país a quedarse o lo visitaban con frecuencia. Entre otros fenómenos, Venezuela pasó a ser parte del circuito de ópera internacional (Venezuela era el país que mejor pagaba).  Los grupos de teatro tenían bastantes posibilidades de salir y mostrar su trabajo. Maestros llegaban para quedarse o para dar talleres, clínicas, charlas, conversatorios y pare usted de contar.

Las producciones teatrales se hacían con buenas inversiones de dinero; actores y personal técnico recibían buenos honorarios. Los festivales eran gigantescos y se les pagaba muy bien a los grupos. Los periódicos contaban con críticos teatrales y carteleras de los espectáculos. No es de extrañar que hubiese bastante y buen teatro. Publicaciones, entrevista a los protagonistas del quehacer escénico, fundamentalmente caraqueños y, en mucho menor grado, de algunas otras ciudades del país.

Quien quería hacer teatro solía agruparse o integrarse a un grupo. Por ello se hacía mucho teatro con grupos estables, que se permitían estudiar, proponer líneas de investigación o de probabilidades estéticas. Todo ese castillo estaba construido sobre las inmensas y coyunturales fortunas que entraban al país. Y como en todos los demás ámbitos del país, ese dinero beneficiaba a una minoría y dejaba por fuera a un porcentaje mucho mayor de venezolanos. Sin embargo, la minoría beneficiada conformaba un ecosistema teatral, críticos, salas, medios de comunicación, público, actores, directores docentes, técnicos que cumplían con su labor de darle una existencia pública y activa al quehacer teatral.

De todo esto quedó la publicación de la obra o parte de la obra de muchos dramaturgos. Y la memoria, que puede dividirse en dos: la remembranza de un teatro lleno de dinero y de posibilidades de producción, con publicidad y con gente que tenía para pagar entradas. No era un período de oro solamente porque se alcanzó una enorme calidad del hacer teatral en todas sus expresiones sino porque había oro negro para sostenerlo.

La segunda parte de esta memoria es el recuerdo de la posibilidad de crear un discurso teatral porque se trabajaba de manera estable. Creo que recuperar esas posibilidades económicas están lejanas y estoy seguro que no fue lo más importante que le ocurrió a nuestro arte. Es preciso formar grupos teatrales, que, aunque podría significar -con cierta relatividad- una consecución de estabilidad económica, lo más importante es lograr conseguir un discurso conceptual y estético, que abarque todas las instancias de expresión teatral.

La polarización política provocó que, por lo menos en Caracas existiesen dos culturas teatrales, una en el este y la otra en el centro oeste. Esta división es contraproducente, ya que se dispersa el talento, los recursos y peor que todo: el público. Esto sugiere la necesidad de agrupar a los teatreros, respetando profundamente sus posiciones ideológicas, pero generando dinámicas del sector sin que sean mundos apartes.

También estamos separados geográficamente. Las vicisitudes que se sufre en la mayoría del territorio de nuestro inmenso país y que queda fuera de Caracas, se refleja, evidentemente, en la actividad teatral. Se hace muy poco teatro y sin contar con estructuras e infraestructuras para mejorar la situación desde iniciativas extra institucionales. También geográficamente sufrimos otra escisión.

La presión internacional, no me refiero a la presión económica, sino a la que se ejerce contra toda la humanidad, está enfocada en atomizar, en que cada humano tenga una identidad idiocéntrica, o más poéticamente que sea una isla, o un idiota (en su sentido etimológico). Así que todo apunta a que vivamos separados, que cuando nos juntemos sea perentoria, coyunturalmente y demasiadas veces para criticar, quejarnos o darnos autobomba.

En otras palabras, tenemos un reto con dos caras. Olvidarnos de la época de oro en tanto chorros de dinero y la otra unirnos para generar procesos endógenos, colectivos que permitan que se haga el teatro que merecemos tener -en lo económico, en lo estético, tanto como en lo conceptual y técnico- nuestro, propio, sano y gratificante universo teatral. Que se construya una estructura que no dependa de circunstancias exógenas.


Creo que es un camino gigantesco, desproporcionado, pero es el camino… 
como diría Chimiro

Nota: Argimiro Gabaldón, alias Comandante Carache o Chimiro (1919 - 1964) fue un poeta, pintor, militante del Partido Comunista de Venezuela y guerrillero venezolano.

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