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22.1.26

Publicaciones. Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez

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Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez

Portada de Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez

Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez 

Fundación Editorial El perro y la rana / Compañía Nacional de Teatro
2025
301 páginas 


Decir que el teatro venezolano contemporáneo tiene historia es limitante.  Más apropiado es señalar que nuestro teatro tiene historias, en plural.  Las artes escénicas venezolanas son diversas en su evolución y propuestas.  En ocasiones, historias esenciales quedan en la penumbra hasta ser expuestas.  Es el caso de Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez, escrita por un actor que comparte su visión sobre el teatro, específicamente sobre el universitario.

El libro recoge las experiencias de Meléndez como caraqueño en las primeras 30 páginas y como hacedor de teatro el resto del libro.  Describe hechos y costumbres de la ciudad durante décadas de transición entre los años cincuenta y comienzos de los ochenta del siglo pasado cuando se establece el paisaje moderno en el valle que contrasta con el cinturón de marginalidad.  Más adelante, narra su paso por las artes escénicas junto a figuras relevantes del teatro nacional.  A la publicación se incorporan más de 130 imágenes de montajes, agrupaciones teatrales y programas de mano que refrendan una línea de trabajo de casi 60 años.

Caracas como escenario.

Meléndez describe aspectos de la ciudad, contextualizando el espacio en el que desarrolla su labor, espacio donde se establecen diferencias en el hacer artístico, a pesar de que por esos años ya García Canclini señala la hibridez entre lo culto, lo tradicional y lo popular en el ambiente urbano.  Para el caraqueño,  el teatro es un hecho comunitario que opera cambios en la sociedad. Escena y espectador mantienen una relación dialogante, de intercambio de saberes.

El actor comparte tradiciones citadinas vividas por Gustavo-niño: la primera, a instancia de los padres, es pagar promesa al Nazareno de San Pablo en la basílica de Santa Teresa vestido con la túnica morada, común en ese ritual.  Cuenta que estuvo en la tragedia ocurrida en ese templo el 9 de abril de 1952 en el que fallecieron 45 personas.  Ofrece otras imágenes de la ciudad: el niño descubriendo el mural de Amalivaca, de César Rengifo, en los pasillos de las Torres del Silencio, o la posibilidad a los siete años de caminar desde la barriada de Manicomio hasta la Plaza la Concordia.  Recoge una costumbre particular: ir al molino de El Guarataro a moler maíz para la masa de las arepas. 

Relata el creador escénico la pérdida de Evaristo Ramón, su padre y cabeza de una familia de siete integrantes, lo que obliga al adolescente a abandonar los estudios formales a estudiar artes gráficas en el INCE para sostener el hogar. 

El teatro.

Meléndez va tras una inclinación latente.  Sus inicios en el teatro se sitúan entre 1966 y 1967 bajo la guía de Beltrán Bujanda en el Liceo Nocturno José Gregorio Hernández; posteriormente trabaja con Santos Camargo y Levy Rossell entre otros.  De ahí en adelante la escena y la docencia teatral serán su vida.

En 1987 es nombrado director general del Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela, tiempos en los que la hegemonía en las artes escénicas mantiene sus espacios con celo.  Durante esos años hay discusiones, a veces polémicas, sobre qué y cuál es teatro venezolano;  por ejemplo, un critico califica al teatro universitario de amateur privilegiando la posición del teatro profesional; plantea que los grupos de teatro universitarios no debían formar parte de las programaciones de festivales nacionales y mucho menos internacionales. 

Gustavo Meléndez tiene su concepción sobre lo profesional: “…lo que nos enseñaron nuestros maestros en el T.U. es que un artista es un profesional, en la medida que asume con gran responsabilidad su trabajo, en que es un estudioso de su arte, que tiene propuestas que enriquezcan la profesión que ha escogido para expresarse” (140).

En el libro se aprecia la cantidad de figuras que aportaron -y continúan aportando- a la escena venezolana como docentes, directores, actores, diseñadores, y como el teatro universitario se convirtió en esos años en espacio de aprendizaje, discusión y experimentación. Rodolfo Porras comenta al respecto: “El Teatro Universitario de la Universidad Central de Venezuela, bajo su dirección (de Meléndez), adquirió un rango de facto, que lo iguala a los mejores momentos de la historia de la institución.  Y digo rango de facto, porque le faltó el aprecio y la percepción social” (268).       

Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez, muestra la evolución de un hombre que enfrentó las condiciones adversas de su medio y alcanzó sus metas; citando de nuevo al conocido teatrero Rodolfo Porras quiren resume la vida de Meléndez: “Sin ningún tipo de complejos, más bien con alegría y orgullo, se dedicó a mejorar su formación académica, asumió nuevas lecturas, nuevas interpretaciones del entorno social y político sin que esto significara una merma en su convicción revolucionaria” (267).  Memorias de un Actor: Gustavo Meléndez es el legado que deja un hombre de teatro integral, para entender y apreciar una parte significativa del teatro en nuestro país donde se investigó y experimentó con lenguajes diferentes como la creación colectiva, la dramaturgia local o la latinoamericana para abrir nuevos caminos y públicos a la escena. 

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