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El performance con esa línea de empuje, avance y rupturas como una modalidad colocada en una línea continua está destinado a la muerte.
No hablemos de la estructuras del movimiento que crea un camino de avance para
continuar hacia lo nuevo.
Tampoco hablemos de la historia del arte, ni de los pensamientos de los
creadores de eventos, ni de ningún logos.
Se trata de elaborar conscientemente un fin,
no tiene salida, la palabra perdió su eficacia,
acelerar ese fin previsto en espacios rápidos devorados por el hastío, el final
de todo se mueve en el no sentido.
Eso tiene sentido solo en la actuación que elabora en el espacio un material de
la acción que va a permanecer en el vídeo.
El arte - juego de Fluxus
debe ser simple
divertido,
sin pretensión
interesándose solo
en las cosas insignificantes.
No requiere habilidad alguna
ni ensayos teatralizados
no tiene validez institucional.
Fluxus opera perfectamente
con las propiedades mono-estructurales
ajenas al teatro
Se trata de un juego o de un gag,
juego de la gente.
Eso sucedió en 1984
en un paseo de La media misa
desde la iglesia de Milla en Mérida
caminando y retozando con niños
por el parque del Mariscal Sucre
siguió bajando hacia la iglesia de Belén
donde la anciana mujer de la vida
hizo un descanso frente al Cristo redentor.
Este hecho de fiesta convivial
se derivó de la puesta en escena
de la obra El Mercado Principal
del Pequeño Grupo de Mérida.
Esta muerte anunciada del arte
que realiza este personaje de la obra
parece definitiva, porque el actor
sacó de la escena, del lugar mercantil,
y lo convierte en un esperpento
que deja saciar un hambre antigua
la teoría dramática de la representación
hasta la crudeza de la indiferencia.
Eso ocurrió en realidad,
el actor sacó a pasear a un personaje conocido de la gente de la ciudad para
convertirlo
a través de un evento divertido
intenta vender lo invendible
y la performance así muerta y todo
recibe la fuerza del espectáculo
transformándose,
ampliándose,
volviéndose otra,
contaminándose y,
contaminando a su vez.
La plástica, el teatro, la danza, la música,
han contraído el virus que soporta la acción
el paseo por cinco santuarios de "La media misa" solazándose ante la
gente que la conoce muy alegre y haciendo comentarios:
¡Ahí está pasando ella! la mujer de la vida alegre de “Cuatro piedras”,
resucitó para pedir perdón por los agravios que cometió una vez, "una
mujer bella de antes".
Lo inaudito de toda la performance
es que observamos a una mujer enferma
sigue ahí en pie a la vista de todos los que la conocen en su atrevimiento,
orgullosa de haber sobrevivido en los zaguanes de las casas de las familias
acomodadas de la ciudad
como un espanto viviente
una desusada obra de arte
que da fe de sus últimos estertores.
Por supuesto que podemos decir,
que ese suceso teatral que se desprendió de la sala del teatro César Rengifo
nos pone a pensar
no en la muerte del arte
sino en el fin de una determinada
forma de arte.
Cómo dicen los teóricos del Fluxus,
la palabra performance ha adquirido
tal amplitud que se hace necesario
delimitarla en contra de su esencia:
Lo llamamos teatro-performance,
poema-performance, o danza-performance.
Todo esto es muy importante
Porque aparece una nueva unidad espacio temporal que rompe con el desarrollo
lineal aristotélico y entonces el bendito FIN no existe.
No se trata de contar una historia,
no se trata de relatar, se trata de crear un momento en el que el comienzo y el
final retumban en simultáneo.
Ese es el aporte real de los hechos.
Si tomamos una acción en que una actriz está envuelta en envoplast sobre
una silla.
La luz se enciende,
ella repite incansablemente
en un tono neutral dice:
ESTOY SENTADA.
Aquí el fin se encuentra en el comienzo mismo, comienzo y fin se anulan
mutuamente, reventando la posibilidad de un desenlace.
Entonces, el fin o el final de una pieza de teatro es ansiosamente esperado,
sospechado,
untuido, deseado.
La acción abre un no lugar, un no tiempo que se podría llamar percepción no
habitual o percepción alucinante.
Ahora el cuerpo puede llamarse carne como los relatos del ciber puk,
Ahora existe: he donado mi cuerpo al arte,
el cuerpo no es nada más que un disfraz.
Este desprecio por el cuerpo y finalmente por el hombre es una asunción del
hombre contra sí mismo como dijera Baudrillard un asirse al cuerpo a través de
esa conciencia corporal que supone el dolor, haciendo del fin un suceso
indeterminado.
Estás actuaciones no son nada nuevo.

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