La actuación como verdad personal y el teatro terapia
Por Freddy Antonio Torres González.
Jacques Lecoq dice que prefiere al actor que no
se identifique demasiado con el personaje porque corre el riesgo de apropiarse
una parte del texto para él sin poder dársela al público.
Este director de la tesis del "cuerpo
poético del actor" piensa que tiene que empezar su trabajo partiendo de la
neutralidad para llegar cerca de la diversidad humana, sin transformar todo en
yo.
Para conseguir esa neutralidad, Lecoq creo la
máscara neutra, una máscara que representa un rostro neutro, un equilibrio, que
aporta la sensación física calma y ayuda a sentir el estado de neutralidad
previo a la acción.
Está máscara es utilizada por el actor en los
entrenamientos para lograr según el director un estado de receptividad hacia el
entorno, sin un conflicto interior.
La máscara es un punto de apoyo que elimina las
tensiones donde le permite respirar libremente, sin las tensiones que
dificultan el desempeño libre del actor.
Como el rostro del actor se neutraliza, su
verdadera expresión se traslada al cuerpo.
La máscara acrecienta la presencia del actor,
lo sitúa en un estado de tranquilidad, en una situación de descubrir, aperturar
y disponer todo lo que le rodea libre de preconceptos.
De esa manera, el actor busca mirar, sentir y
tocar con la apariencia de la primera vez.
Lo que ocurre es que la máscara neutra despoja
al actor de sus artificios.
El trabajo termina sin la máscara, con el
cuerpo y el rostro disponibles y serenos.
La máscara no representa un personaje, sino una
actitud, un ser neutro, que aprende a vivir exclusivamente en el aquí y el
ahora, no tiene pasado y no compara; no tiene pasiones conocidas, ni tiene
miedo al futuro, su cuerpo está en equilibrio.
El actor padece un estado de indiferencia
creativa, apoyado en un presente continuo, en el que todo cuenta pero no hay
apego a nada, como si viviera, solo un descubrimiento casi desinteresado del
entorno.
La actuación como verdad personal es un reto para el actor porque lucha por conocerse a sí mismo lo que no termina nunca y que es necesario ahondar en los sentidos físicos, en su propia verdad, y en las emociones para lograr la autenticidad en la escena.
La palabra persona procede del latín y del
griego "prosopon"; pero fueron los latinos los que denominaron "persona" a la máscara del actor o personaje.
Cómo sabemos, no solo se representan
personajes en el teatro, sino que nuestro mundo personal también es un mundo de
teatro, son personajes que expresan su propio argumento.
¿Quiénes somos cuando actuamos? Cuando
colocamos la conciencia en nuestra propia actuación nos damos cuenta de "quienes estamos siendo", y eso vale para el escenario y para la vida.
Hay una galería de personajes que están dentro
de nosotros que conservan su energía y muchos de ellos sufren también.
Lo que escondemos y queremos destruir nos
maneja a nosotros.
El teatro es también
propicio para salir
de nuestro propio drama
jugar diferentes personajes,
darle voz, movimiento,
vida, apaciguarlos y a la vez,
ampliar nuestro repertorio
personal, reconocer lo que surge
en un espacio de ficción.
La Gestalt
pone en contacto diferentes voces
internas, secretas, mediante un
diálogo espontáneo como si se tratara de
un teatro interior; estos diálogos de la
terapia
son ensayos teatralizados de nuestra vida.
El trabajo del actor consiste también,
mirar nuestra propia experiencia interna,
Necesitamos trabajar internamente.
Estamos continuamente proyectando
fantasías amenazantes al mundo,
y estas fantasías, nos impiden
correr los riesgos razonables que nos impulsan
y además son parte del crecer como persona y el vivir .
Lo alarmante,
es cuando nos tomamos la fantasía
como realidad y vivimos en el sueño
o en la pesadilla que nos cuesta despertar de
nuestro delirio interno.
El teatro nos permite ser testigos
de las relaciones y emociones entre nuestros
personajes internos; podemos ver
nuestras polaridades y asumir
como dicen los terapeutas:
la tercera posición.
La del observador o testigo que observa
el gran juego de nuestra personalidad.
Hay que hacernos responsables
de todas nuestras caras y llegar a decir
ante cada una: "ese soy yo".
Un loco dice, Yo soy William Shakespeare;
el neurótico, ojalá yo fuera William Shakespeare; y la persona sana, "yo soy Yo, y tú eres tú.
Mérida
2026.

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