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2.1.26

La actuación como verdad personal y el teatro terapia, por Freddy Antonio Torres González.

 La actuación como verdad personal y el teatro terapia

Por Freddy Antonio Torres González.

Jacques Lecoq dice que prefiere al actor que no se identifique demasiado con el personaje porque corre el riesgo de apropiarse una parte del texto para él sin poder dársela al público.

Este director de la tesis del "cuerpo poético del actor" piensa que tiene que empezar su trabajo partiendo de la neutralidad para llegar cerca de la diversidad humana, sin transformar todo en yo.

Para conseguir esa neutralidad, Lecoq creo la máscara neutra, una máscara que representa un rostro neutro, un equilibrio, que aporta la sensación física calma y ayuda a sentir el estado de neutralidad previo a la acción.

Está máscara es utilizada por el actor en los entrenamientos para lograr según el director un estado de receptividad hacia el entorno, sin un conflicto interior.

La máscara es un punto de apoyo que elimina las tensiones donde le permite respirar libremente, sin las tensiones que dificultan el desempeño libre del actor.

Como el rostro del actor se neutraliza, su verdadera expresión se traslada al cuerpo.

La máscara acrecienta la presencia del actor, lo sitúa en un estado de tranquilidad, en una situación de descubrir, aperturar y disponer todo lo que le rodea libre de preconceptos.

De esa manera, el actor busca mirar, sentir y tocar con la apariencia de la primera vez.

Lo que ocurre es que la máscara neutra despoja al actor de sus artificios.

El trabajo termina sin la máscara, con el cuerpo y el rostro disponibles y serenos.

La máscara no representa un personaje, sino una actitud, un ser neutro, que aprende a vivir exclusivamente en el aquí y el ahora, no tiene pasado y no compara; no tiene pasiones conocidas, ni tiene miedo al futuro, su cuerpo está en equilibrio.

El actor padece un estado de indiferencia creativa, apoyado en un presente continuo, en el que todo cuenta pero no hay apego a nada, como si viviera, solo un descubrimiento casi desinteresado del entorno.

La actuación como verdad personal es un reto para el actor porque lucha por conocerse a sí mismo lo que no termina nunca y que es necesario ahondar en los sentidos físicos, en su propia verdad, y en las emociones para lograr la autenticidad en la escena.

La palabra persona procede del latín y del griego "prosopon"; pero fueron los latinos los que denominaron "persona" a la máscara del actor o personaje.

Cómo sabemos, no solo se representan personajes en el teatro, sino que nuestro mundo personal también es un mundo de teatro, son personajes que expresan su propio argumento.

¿Quiénes somos cuando actuamos? Cuando colocamos la conciencia en nuestra propia actuación nos damos cuenta de "quienes estamos siendo", y eso vale para el escenario y para la vida.

Hay una galería de personajes que están dentro de nosotros que conservan su energía y muchos de ellos sufren también.

Lo que escondemos y queremos destruir nos maneja a nosotros.

El teatro es también

propicio para salir

de nuestro propio drama

jugar diferentes personajes,

darle voz, movimiento,

vida, apaciguarlos y a la vez,

ampliar nuestro repertorio

personal, reconocer lo que surge

en un espacio de ficción.

La Gestalt

pone en contacto diferentes voces

internas, secretas, mediante un

diálogo espontáneo como si se tratara de

un teatro interior; estos diálogos de la terapia

son ensayos teatralizados de nuestra vida.

El trabajo del actor consiste también,

mirar nuestra propia experiencia interna,

Necesitamos trabajar internamente.

Estamos continuamente proyectando

fantasías amenazantes al mundo,

y estas fantasías, nos impiden

correr los riesgos razonables que nos impulsan y además son parte del crecer como persona y el vivir .

Lo alarmante,

es cuando nos tomamos la fantasía

como realidad y vivimos en el sueño

o en la pesadilla que nos cuesta despertar de nuestro delirio interno.

El teatro nos permite ser testigos

de las relaciones y emociones entre nuestros personajes internos; podemos ver

nuestras polaridades y asumir

como dicen los terapeutas:

la tercera posición.

La del observador o testigo que observa

el gran juego de nuestra personalidad.

Hay que hacernos responsables

de todas nuestras caras y llegar a decir

ante cada una: "ese soy yo".

Un loco dice, Yo soy William Shakespeare;

el neurótico, ojalá yo fuera William Shakespeare; y la persona sana, "yo soy Yo, y tú eres tú.

Mérida 2026.

 

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