Rajatabla: Once apuntes de Alexis Blanco acerca de la obra de Rajatabla en el Baralt: "Gallegos: selva, llano y palabra", viernes 8 de mayo 2026
1La sola presencia de Rajatabla, verbo y gracia, el grupo teatral más importante del país (en lo que concierne a su proyección en el mundo entero) representa un lujo para el Teatro Baralt, cuyo director, Jesús Lombardi Boscán, una vez más ha acertado en su labor gerencial, presentando la espléndida pieza donde la figura del mejor novelista venezolano emerge como el protagonista clave. La acertadísima puesta de Marisol Martínez para el texto de Yoyiana Ahumada producido por William López significó un extraordinario hito en la cartelera teatral de Maracaibo durante las últimas fechas. Muchos esperaban una obra mucho más involucrada con el contexto político e histórico del hombre que, desde el 15 de febrero al 24 de noviembre de 1948 ejerció la presidencia de Venezuela y cuyo derrocamiento degeneró una crisis terrible, también ausente de esta edulcorada versión teatral, pero no fue así. Sin embargo, el poder del arte estuvo ahí, sobre el escenario de nuestro edificio centenario.
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En principio, estamos ante una ingeniosa estrategia de mercadeo, ideada desde la Editorial Sarrapia, creada en 2023 por Ramiro Molina, Julieta de Molina y Rosalexia Guerra, donde se planteó que, en paralelo con el relanzamiento de Canaima y Doña Bárbara, dos novelas fundamentales del gran autor, un educador a ultranza, también se recrease esta experiencia teatral en la que, junto con la institución teatral cuya Fundación preside el mismo William López, se hiciese un montaje con matices pedagógicos para relanzar la figura del gran escritor criollo. Ese estreno se hizo el 29 de noviembre de 2023, en medio de la celebración del día nacional del escritor, y hasta el tres de diciembre de ese mismo año. Un éxito increíble tipo “ganar/ganar”. Nuestro público aplaudió, emocionado y poseído, por la gracia de una rica obra de arte.
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Carlos Conde, nuestro “Washé”, de Do a Si uno de los más importantes músicos con que cuenta la escena contemporánea venezolana, director de la compañía Baralt Ancestral, ejecuta una performance sonora, ahí mismo, en vivo, sustentando con su poderosa presencia estética, cada instancia de esta suerte de estado onírico dentro del cual transcurre el romancero Gallegos propuesto por la autora, Yoyiana Ahumada Licea, reconocida en el medio teatral venezolana por ser la noble “amanuense” de nuestro héroe maestro, el grande José Ignacio Cabrujas. Quizás por la propia naturaleza del proyecto teatral/editorial ella haya tenido que mover su discurso escénico entre aguas no tan turbulentas del Orinoco o la densidad de fábula de los paisajes del llano o la reverberante intemperancia ecológica de Canaima, con su flora y su fauna plena de enigmas y conflictos que el propio Gallegos devolvió al país en forma de mitos y turbulencia demasiado humana.
Desde la nota crítica de Luis Perozo Cervantes subrayamos alguna coincidencia:
“Sus novelas no salieron de un trasnocho febril ni de una alucinación. Salieron
de una ideología nacional pensada con paciencia y mucha intención. Su
literatura es política y es filosofía. Reducirlo al señor distraído que pierde
la página 28 es un acto de cariño que estrangula al objeto admirado, lo ridiculiza
y anula. Se nos presentó un Gallegos higiénico y distraído…”. Suene, gran
Washé.
4.
Ese hombre inmaculado llamado Rómulo Ángel del Monte Carmelo Gallegos Freire,
caraqueño de lino blanco, aparece representado por un actorazo de fina estampa,
Jesús Das Mercedes, acompañado por una exquisita Rebeca Herrera como doña
Teotiste de Gallegos (¿sabrán nuestro bienamados “Rajatablos” que aquí en
Maracaibo hay una muy populosa barriada con su nombre?), mientras que, pensamos
e intuimos, que ninguno de los estudiantes que durante la mañana del viernes 8
vieron la obra, olvidarán la figura hipnótica de Margareth Aliendres haciendo
de Doña Bárbara. Mujerón de actriz.
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El notable maestro greco venezolano, Costa Palamides así lo visualizó: “Yoyiana
Ahumada y Marisol Martínez encuentran una veta única, en: Gallegos: Selva,
Llano y Palabra, al ubicar lo anecdótico de una vida, en un contexto de
universalidad literaria, que no se esfuerza en ser dramática. La poética de lo
escénico dejada por Carlos Giménez en Rajatabla, es renovada con creces y buen
tino, defendida por intérpretes camaleones como: José Gregorio Martínez,
Margareth Aliendres y Jesús Das Merces. Destacan también, las creatividades de:
David Blanco, Altagracia Martínez y Oscar Salomón, en iluminación, vestuario y
escenografía, respectivamente…”. Desde las letras de Yoyiana Ahumada Licea, con
quien comparto mi admiración y el desasosiego de la madre en fuga, endoso esta
otra clave: “El arte siempre debe descolocar el espíritu. Disponerlo a otra
comprensión de lo humano, desde un lugar de incomodidad. No creo por eso que
signifique renunciar al entretenimiento como lo entendía Bertolt Brecht. Tener
entre dos, entre el artista y el receptor. El teatro debe hacernos preguntas...
El teatro construye nuestra humanidad porque nos muestra ese " ser tuyo
ahí" como diría Cabrujas parafraseando a Martín Heidegger”. Yoyi
brillante.
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La nota de prensa emitida desde el Teatro Baralt precisaba: “Este evento es posible gracias a la dirección general de Marisol Martínez, la producción general de William López y la visión ejecutiva de Ramiro Molina…”. También, y así lo ponderaba la talentosa directora, gracias al equipo técnico del Teatro Baralt, comandado por la infatigable María Fernanda Ortega, secundada por los Cabrita. Muy temprano, ese mismo viernes, encontramos a William López en el backstage, echándole broma al inefable maestro Orland Espluga, el administrador del Teatro Baralt y quien, con paciencia budista, se calaba el vacilón del viejo zorro del teatro venezolano. Total, Orland sabe muy bien que el tipo tiene más de 55 años del viejo zorro oficio y que se ha paseado y rejodido por los teatros más importantes de unos 70 países. Honor y gloria. Sobre el montaje de Marisol Martínez hay harto logro estético: el uso de a luz, el vestuario, una utilería alucinante donde un paraguas puede ser remo con el cual “un bongó remonta el Arauca”.
Vale esa cita sobre Carlos Giménez y su estética: “Muchas de las escenas en los
montajes de Rajatabla adquieren una dimensión fotográfica. Carlos Giménez es un
creador de cuadros vivos por la manera como organiza a la gente y como utiliza
la luz y los colores, formando imágenes casi estáticas que parecen atrapar,
como en una fotografía, los momentos relevantes de ciertas actitudes e intenciones
de los personajes. La iluminación es otro de los elementos que definen en
Rajatabla la manera de enfrentar el hecho teatral. En todos los montajes se
utiliza luz blanca”.
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Así debemos comprender la dimensión de nuestros ilustres visitantes: “El Grupo
Rajatabla, fundado en 1971 en Venezuela, por Carlos Giménez y Xulio Formoso, es
una de las compañías teatrales más influyentes del país. Su enfoque fusiona el
teatro con las tradiciones populares y el teatro experimental, abordando temas
sociales y políticos con gran profundidad. Su repertorio abarca desde obras
clásicas hasta creaciones originales, destacando por la calidad de sus montajes
y su capacidad para conectar con el público. Rajatabla no solo ha sido un
referente en el ámbito teatral venezolano, sino que también ha contribuido
significativamente a la formación de nuevas generaciones de artistas. Su
impacto se extiende a la promoción de la cultura y la reflexión crítica,
consolidándose como un pilar fundamental del teatro en Venezuela […] La
espectacularidad y crudeza de sus propuestas, la honestidad de sus performances
y su estética orientada a la crítica de los abusos del poder definieron una
forma de hacer arte cuando comenzaban los años setenta en la Venezuela saudita
[…] Desde sus orígenes, Rajatabla buscó “desvelar los mecanismos del poder,
denunciar la obscenidad del terror en sus variadas encarnaciones, evidencias
claves de la corrupción, de la manipulación ideológica, de la explotación y
saqueo a que están sometidos los individuos. Asumió todos los riesgos posibles
para llevar su visión alucinada del arte…”, citamos con justeza de Barroco
Cronista Cuántico, el texto del maestro inolvidable de la crítica teatral
hispana, don Moisés Pérez Coterillo.
La historia no siempre engrandece: “Medio siglo después, la Fundación Rajatabla ya no tiene compañía estable. La plantilla no pudo seguir debido, entre otras razones, a la crisis económica, social y política del país, en la que la migración e hiperinflación marcan la pauta de sus individuos. Sin embargo, queda una pequeña nómina presidida por Williams López, el único de los miembros fundadores activos. Junto a él conforman el equipo: Eduardo Bolívar como vicepresidente, Pedro Pineda en la dirección técnica, Daniel Blanco en el área de iluminación y Laura Pérez, que es encargada de recepción y taquilla. Hacen hasta lo imposible por sacar adelante el legado…”. López, dixit:
“Llegó un momento en que éramos principal punto de referencia teatral en el
mundo con las obras que dirigía Carlos Giménez y los festivales internacionales
que realizábamos; con piezas como Señor Presidente, Cuando quiero
llorar no lloro, El coronel no tiene quien le escriba. Esa historia
de Rajatabla girando por todo el mundo nos permitió una presencia importante en
el mapa teatral…”. Esa versión de su Bolívar, de José Antonio Ríal, fue
estrenada, a nivel mundial, en el Teatro Bellas Artes de Maracaibo. Que esto
nunca se olvide.
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El destino y esas crudas “Intermitencias de la muerte” acabaron con la edad de
oro de Rajatabla. Su creador, Carlos Giménez, amaba esta ciudad. Una vez le
permitió a Enrique León que, para que pudiera montar su Traje de Etiqueta,
en la legendaria Sala Rajatabla del Ateneo de Caracas, destruyera por completo
la sofisticada y costosísima escenografía de La charité de Vallejo, una
obra extraordinaria de Larry Herrera que hoy mismo tendría harta vigencia en
este país de “Risitas”. Doy fe de esto, porque Carlos me permitió escribir y
publicar, en el diario El Nacional (donde era más influyente que el
propio Miguel Enrique Otero), la crónica de la inauguración, en 1989, de la
edición octava del Festival Internacional de Teatro, con el Berliner Ensemble
de Alemania, con su aclamada producción de La ópera de tres centavos,
marcando un hito al ser la primera vez que la compañía fundada por Bertolt
Brecht visitaba Latinoamérica. Eso se agradece de por vida, con tu propia vida.
El colega Carlos Pérez Ariza da fe de este hito del BCC.
También fue el tenaz amor de Carlos Giménez por Maracaibo, lo que impulsó la creación del Núcleo Zulia del Teatro Nacional Juvenil. Dense duro con esa clave.
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Le preguntaron a López: “¿Cómo varió la estética de la compañía tras la muerte de Carlos Giménez en 1993?”. Y con una solemnidad conmovedora respondió, el William: “Sí, hubo un cambio muy drástico, porque Carlos era un genio del teatro, estaba a la altura de grandes como Peter Brook, y era difícil sustituirlo. Pero algo hicimos y José “Pepe” Domínguez, que trabajó muchos años con él, estuvo al frente, junto con directores invitados como Vladimir Vera, Consuelo Trum, Miguel Issa, Marisol Martínez. Carlos quería que el público se enriqueciera visualmente, independientemente del texto y de las actuaciones; que se enriqueciera del hecho espectacular con las escenografías y efectos en los montajes…”. Este romancero Gallegos así lo comprueba.
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Rajatabla volverá a Maracaibo. Ténganlo ustedes por seguro. Con esto quiero decir que hay vida para esta agrupación que aun conserva intacta la pasión y a voluntad y el instinto de su creador. López vuelve a conmoverse, a conmovernos, todo Rajatabla conmueve y en este instante pienso en mi bienamado Aníbal Grunn, en Paco Alfaro, en Pedro Pineda, Daniel Blanco, Francis Rueda, en Beatriz Castillo, en José Luis Montero y en quienes sobreviven esa Edad de Oro del Teatro Venezolano. Pienso en mis entrañables colegas del alma, auténticos artistas del gesto de mostrar: Pepe Tejera, Cosme Cortázar, Pilar Romero, Roberto Moll, Carlos Canut, Mariel Jaime Maza, Juan Pagés, Gustavo Gutiérrez, Leopoldo Renault, José Ramón Ortiz, Enrique Serrano, Juan Gómez, entre otros, a quienes imaginamos ahora, diciendo a coro las palabras de William (todas las citas encomilladas de López la redactó María Angelina Castillo). Ellos corean, musitando:
“Fundamentalmente, y no sé si es una metáfora, el espíritu de Carlos Giménez está rondándonos siempre y recordándonos que tenemos que estar vivos; vivos como un homenaje a su memoria. Porque si Rajatabla se acaba, y no creo que se acabe, sería traicionarlo a él”. Dios salve el espíritu eterno de Carlos Giménez.
Texto e imágenes por Alexis Blanco (El Barroco Cronista Cuántico)
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