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9.6.26

Dirección teatral como elemento capaz y riguroso.

 

Texto de Miguel Flores

​Dirigir teatro no es rellenar un espacio vacío con movimientos; es coordinar una pequeña sociedad que nace, se desarrolla y madura en torno a una idea.

​Tras 45 años de práctica continua en la dirección escénica, he aprendido que este oficio es, fundamentalmente, un hecho sociológico. El director no solo interpreta un texto o una partitura escénica: edifica una maquinaria humana donde convergen voluntades, disciplinas y estéticas.

​El destello de la primera idea.

​Todo comienza con la chispa inicial. Ya sea un texto dramático clásico, una partitura de acciones o un concepto contemporáneo con música en vivo, el abordaje inicial define el destino de la obra.

​Antes de que el primer actor pise el escenario, el director ya ha trazado la cartografía del viaje: un plan de ensayos minucioso que anticipa los tiempos, las dinámicas y los ritmos del proceso.

​Como bien planteaba Robert Wilson: La estructura y el espacio deben estar rigurosamente diseñados de antemano; el tiempo en el escenario es una arquitectura que se construye con precisión matemática desde el primer día.

La intimidad y el pensamiento.

​La primera fase pertenece a la reflexión. Quince días antes del primer encuentro formal, entrego el texto o la partitura a los actores. Es un tiempo de gracia para que el material resuene en ellos.

​Luego viene el rito fundacional: la lectura en mesa.

Sentados en torno a un café, un helado o un batido de mango, nos despojamos de la prisa para conocer el texto a fondo. En este espacio horizontal:

·      ​Definimos la época y el conflicto.

·      ​Estimamos la duración de la obra.

·      ​Desmontamos cada aspecto dramático escena por escena.

​Esta etapa me recuerda mucho la visión de Heiner Müller, quien entendía el texto dramático no como una sagrada escritura intocable, sino como un territorio de resistencia que el director y los actores deben confrontar y "desmontar" en el ensayo para extraer su verdadera fuerza dinamitadora. ¡Aquí es donde se siembra la ética del montaje!

Del plano teórico a la materia

​Una vez asimilada la materia prima, pasamos al cronograma de montaje, donde la teoría se vuelve carne.

·      ​Los personajes se encarnan.

·      ​El vestuario deja de ser un boceto.

·      ​La utilería y la escenografía empiezan a reclamar su espacio bajo una visión estructurada.

​Sociológicamente, el tiempo en el teatro es relativo y se adapta a nuestras realidades:

·      ​Un proceso óptimo: Puede consolidarse en 3 meses, ensayando 5 veces por semana de manera intensa.

·      ​La realidad del teatro independiente: Dinámicas de un año entero, ensayando apenas 2 veces por semana.

Nota: Cuando no hay dinero, el tiempo se convierte en nuestro capital creativo más valioso.Es un ritmo más lento, pero permite que la maquinaria interna madure a fuego manso.  (La gestión y la producción son otra disciplina inmensa, pero hoy nos enfocamos estrictamente en la creación escénica).

El umbral: proceso creativo vs. artístico.

​Durante todo este viaje, lo que ocurre dentro del salón de ensayo es el proceso creativo: el laboratorio, el error, la construcción de los códigos y la afinación de la maquinaria.

​Sin embargo, hay un instante umbral. Cuando la obra finalmente se abre y el público ocupa su lugar en la sala, el proceso creativo concluye y da paso, formalmente, al proceso artístico.

​El espectáculo no está completo hasta que la mirada del espectador activa lo que nosotros encendimos en la oscuridad del ensayo.

En conclusión.

​Dirigir es, en última instancia, el arte de estructurar el caos para que, al encenderse las luces, esa pequeña comunidad que fundamos en una mesa de café sea capaz de conmover a la sociedad que nos mira desde la sala. 

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