Buscar este blog

14.6.26

La Reina¸ por Leonardo Guilarte Lamuño

 

Cuántas personas ves cuando te miras al espejo.


Leonardo Guilarte Lamuño / Red de Espectadores


Función del jueves 14 de mayo de 2026 / Teatro Alberto de Paz y Mateos

Una obra sobre María Lionza ¿Sobre ella, solamente?

Si alguna vez pensaste que no podías escribir para teatro, probablemente te equivocaste; si alguien te lo dijo, probablemente mintió.

No es que sea fácil escribir un libreto o que se realice de manera automática como respirar; pero casi siempre cuando se dan esas opiniones o sentencias condenatorias, es porque están atadas al teatro tradicional, que posee una estructura dramática anclada en Grecia; y bueno, si tú naciste en Barlovento, San Rafael de Mucuchíes, Maracaibo o Caracas, muy griega o griego no eres. Hasta donde conozco, con mis limitaciones culturales, la cafunga, los aliados, los patacones y el asado negro no son de la patria de Aristóteles.

Ya es difícil ser uno mismo, así que ser otra u otro, comportarse, pensar y sentir como gringo, ruso o noruego es tarea harto más incómoda. Si eso se lleva a lo dramatúrgico y uno tiene que escribir como lo hacían hace muchos siglos por allá en la tierra helénica, Inglaterra o Francia, la cosa se torna cuesta arriba y disculpa si te doy el spoiler, pero no somos de por esos lares. En consecuencia, cuando nos sentamos a expresar nuestras ideas, reflexiones y sentires, dentro de un marco europeo, hay algo que no termina de fluir. Claro, nos esforzamos, muchísimo, y lo logramos. Pero queda esa cosita de la fluidez, como que costó, como que cónchale no sale tan natural. Recuerda que lo europeo se nos implantó a punta de torturas, asesinatos, robos, saqueos, genocidios, violaciones. En ello hay algo que uno rechaza. Igual se busca naturalizar la cuestión y hasta se logra.

A cualquier cantidad de personas le pasaba algo similar, incluso a las de Europa y también específicamente a las de Grecia. En Atenas, más de uno gritó que no quería escribir de esa forma, lo gritaron en griego ojo. Sentían que era un corseé, una cosa que no les encajaba. Cada vez más dramaturgas y dramaturgos lo gritaban; quizá por problemas en la garganta dejaron de gritar y comenzaron a susurrarlo, a decirlo sin aumentar el volumen, a escribirlo; hasta que en los años 60 del siglo pasado, se armó un revolcón cultural y surgieron un montón de opciones teatrales, entre ellas el happening, y apareció lo que se dio en llamar el teatro posdramático, que no es que se acaba el drama sino que se rompían las reglas. Vaya, que se acababa el corseé.

El libreto dejó de ser el centro alrededor del cual giraba todo; el cuento no tenía que armar un hilo dramático con el esquema de introducción, desarrollo y desenlace, ya que se planteaba el quiebre de esa estructura; se podía contar de manera fragmentada, sin ilación narrativa; a esa pared invisible, entre el escenario y el público y que se llama la cuarta pared, la derrumbaron sin darle ningún mandarriazo, lo hicieron interactuando con la gente; se buscaba una experiencia sensorial y emocional; la presencia física de las y los intérpretes pasó a ser un elemento focal en la obra; el escenario adquirió connotaciones de laboratorio, de centro de experimentación en el que confluyen diversos lenguajes (música, danza, cine, artes plásticas, entre otros).


La propuesta de Valentina Garrido, Chabasquén Producciones y Carlos Arroyo como director, es de teatro posdramático. Todo lo que hicieron, encaja. La interacción con el público, que incluye que un par de personas pasen al escenario a participar en una escena; que el público le agregue sonoridad al espectáculo, mediante unos palos de lluvia que les entregan; que el sociólogo y el músico intervengan sin utilizar un vestuario que se integre al resto de la estética, es porque esto es teatro posdramático. Si hubiesen buscado una estética uniforme, se habría formado una grieta en lo posdramático; si el músico se aprende el texto, en vez de leerlo, otra grieta habría aparecido; si el sociólogo, que brindó la asesoría antropológica, actuara como un personaje, le habrían dicho al carrizo a lo posdramático. Entre lo más notable de esta obra está el hecho de que es una clase magistral de teatro posdramático. La deberían presentar en espacios en los cuáles se estudie teatro, pienso en la Escuela Superior de Artes Escénicas “Juana Sujo”, en la Escuela Nacional de Artes Escénicas “César Rengifo”, en el Estudio de Artes Escénicas del Centro Cultural Chacao, en Unearte, T-jireh Producciones y sólo menciono referencias de entes caraqueños, pero igual vale para el resto del país. Si cuesta trasladarse, creo que se podría lograr un apoyo de transporte, para que estudiantes y docentes viajen al Teatro Alberto de Paz y Mateos, vean esta obra y conviertan la Sala Román Chalbaud en un gran salón de clases en el que se puedan compartir conocimientos, impresiones y opiniones sobre el teatro posdramático y este montaje.

Para hacer el dulce criollo el Pavito, hay que tener los siguientes ingredientes: Para la masa: 500 gramos de harina de trigo todo uso, 1 huevo, 100 gramos de azúcar, 50 gramos de mantequilla, 15 gramos de levadura en polvo, 1 taza de agua tibia y una pizca de sal. Para el relleno: 2 plátanos maduros, 1 taza de papelón rallado, ½ taza de agua y canela en polvo al gusto.

La preparación es de la siguiente manera: para la masa: en un tazón, disuelve la levadura con un poco de agua tibia y una cucharadita de azúcar. Deja reposar por 10 minutos hasta que haga espuma. Luego, agrega el resto de los ingredientes de la masa (harina, huevo, azúcar, mantequilla, sal y el resto del agua) y amasa hasta obtener una textura suave y elástica. Deja reposar cubierta con un paño húmedo hasta que doble su tamaño (aproximadamente 1 hora).

El relleno: mientras la masa leuda, cocina los plátanos (puedes hornearlos o sancocharlos). Haz un puré con ellos. En una olla, cocina el papelón con el agua hasta formar un melado espeso, añade el puré de plátano y canela, y cocina por unos minutos hasta integrar. Deja enfriar.

Para el armado: extiende la masa sobre una superficie enharinada con un rodillo, dándole forma rectangular y después distribuye el relleno de plátano de manera uniforme sobre la masa. Enrolla con cuidado y corta el rollo en rodajas gruesas o triángulos. Coloca las piezas en una bandeja previamente engrasada y enharinada. Deja reposar 20 minutos. Hornea a 180 °C (350 °F) por aproximadamente 25 a 30 minutos, o hasta que estén dorados.

Al Pavito, también se le conoce como Pavito sanfelipeño y es originario del estado Yaracuy. Como la princesa indígena María Lionza.

En el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) la palabra riesgo debería tener como sinónimo: Valentina Garrido. Qué nivel actoral. Para quitarse el sombrero, aplaudir, alabar, disfrutar, recomendar. Esto que vamos viendo y viviendo, pasa con una naturalidad sorprendente, desde los videoartes realizados por Ariana León con una sensibilidad y asertividad desbordante, que son tan atractivos como precisos en el manejo de la semiótica, hasta la música, la sonoridad en general; la profundidad en el conocimiento del ¿mito? María Lionza; desde las interacciones de Valentina con el público, hasta lo dancístico; desde los cambios de vestuario en escena, hasta los silencios; el uso de la tela – columpio, los pétalos, el agua. Hay un nivel de complejidad en el manejo estético que es muy alto y en el planteamiento del contenido – relato que es muy profundo. La inocencia – sinceridad de Valentina niña; el destino que marca a María Lionza; lo cotidianizado de este ¿mito? para quienes somos caraqueños y esa estatua – mujer – mito – entidad – fuerza – energía – irreverencia – poder – misterio – feminidad - sensualidad, forma parte de nuestras vidas; siendo tal vez, esa porción de la autopista la que más recordamos. Sucede al frente de donde estamos y nos encontramos dentro de la obra, porque el hilo dramatúrgico y estético nos incluye, nos hace pensar, recordar, opinar; miramos desde afuera y desde el recuerdo, incluso diría que también desde la nostalgia. Pero todo ello, sin petulancia, esto no es un despliegue de lenguaje teatral para que uno salga y diga Coño Carlos Arroyo se botó y esta carajita es una maravilla. No, esa no es la meta, aunque decimos la frase. La apuesta que escogieron fue la de lanzarse en ese océano que es el lenguaje del teatro, alcanzando tanta autenticidad, que vamos paseándonos por esa profundidad – complejidad, pero sintiendo todo, asimilando, sin impedimentos, lo hacemos con placer.

¿Gran despliegue en dirección? Sí, pero no lo piensas, sino que lo experimentas, porque no es un despliegue para abrumar y lucirse, sino porque la obra lo exige. Aquí hay un equipo entregado a una obra y no una obra realizada por un equipo. Eso es amor. O parafraseando tarjetitas de los años 70: amor es, amar al teatro…y amar el hacer teatro.

Nos encontramos – reencontramos, experiencial más que racional, sensibilidad más que show. Somos el espejo de María Lionza y nos vemos en ella. Somos montaña, río, fauna, mujer, sobre todo, mujer. Canto a la vida, a lo identitario, a la posibilidad de dejarnos llevar por lo que sentimos; nos convertimos en El Principito con las tetas al aire montados en una danta ¿Cuánto hay de ella en nosotros, cuánto de nosotros en ella?

 ¿A quién miramos cuando nos vemos en el espejo?

 PD: la receta del Pavito, me la dio Google.

FICHA

Agrupación: Chabasquén Producciones
Actuación y Dramaturgia: Valentina Garrido @valgarridoes
Música: Jhoabeat @jhoabeat
Videoarte: Ariana León
Videoarte: Ariana León @arianaleon_
Producción: Carla Báez @carla24_bz
Iluminación: David Blanco @davidblanco.5205
Aéreos: Richard Marín @tecnicirco01riggerlife
Dirección de Movimiento: Marcela Lunar @marcelalunar
Dirección de Arte, asesoría antropológica y asistencia de dirección: Eloy Marchán @lobezno_humano
Dirección General: Carlos Arroyo @arroyocarloss
Producción general: Chabasquén Producciones 

 

Leonardo Guilarte Lamuño @leonardoguilartel
Es dramaturgo, guionista, docente, director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como dramaturgo y director: Extraños en el Subte, en el Festival de Autores In-visibles, y posteriormente en noviembre, ¿Qué vaina esta?. Actualmente escribe la trilogía de monólogos Sentir las cadenas. Forma parte de “Taima Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios @cursos.solidarios .

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...