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24.6.26

Teatro Ateneo de Maracay: La convención, convencional. Por Bartolomé Cavallo

Asistí el sábado 20 de junio de 2026 al Ateneo de Maracay (TAM) para presenciar el espectáculo La Convención del dramaturgo venezolano Umberto Orsini (1926–2017) con el elenco del Teatro Estable de Maracay, y la dirección de Humberto Lara. Participan Maríaelena Prieto, Laura Vargas, Yannine Champion, Raquel Piñeiro, Vanesa Mendoza, Denys Alves; asistente: José Noguera y Jans Velásquez como maquillador. La parte técnica es del equipo técnico del TAM.

La Convención fue estrenada en 1967 con el sugestivo título de Bla, bla, bla; hecho importante que se desglosará más adelante. Esta obra se circunscribe en el sainete, género muy propio de mediados del siglo pasado; trata de la reunión de unas personas para discutir quién sería el próximo presidente. Aquí aparecen cinco actrices y un actor, aunque en el texto original aparecen más personajes. Cada uno se propone como candidato (a), pero a la hora de votar aparecen empatados con seis votos cada quien; deben, entonces, dilucidar el ganador o ganadora según diferentes formas; desde papeletas, quién habla mejor, quién es más simpático o hasta el famoso tín marín cúcara mácara.

Ambientada en los años 60 da a entender el momento histórico de la nueva democracia en el país, donde los mítines, reuniones, prensa escrita, jolgorios familiares y convenciones, eran el día a día de la sociedad venezolana. El país se debatía en partidos políticos, movimientos, grupos y casi toda la actividad social giraba en la política; hasta en la guerrilla de la extrema izquierda. De allí el título: la convención.

En este contexto, asumo que el maestro Lara marca el leit motiv para la puesta en escena, signada por solo seis sillas, a modo de un salón para reuniones, desde donde los accionantes se sientan, se desplazan, cantan y hacen coreografía. Hay varios momentos de mucha técnica de baile (Umberto Lara es profesor de ballet) lo que le imprime bien logrados pasajes, con apoyatura de canciones, coros, movimientos e improvisaciones y cantos en vivo. También utilizan franelas con figuras y máscaras que representan diversos personajes alegóricos a figuras de políticos venezolanos. A veces el trabajo coreográfico solapa al actoral.

En este contexto, hay que destacar el extraordinario trabajo de Marielena, limpio, sobrio, siempre pendiente de la actuación y del desplazamiento de sus compañeros y compañeras; cada vez que en escena -como personaje- pedía la palabra había que estar pendiente de lo que iba a ocurrir; por eso su presencia escénica es inmejorable. Por su parte Laura, con una voz bien puesta, matizada y muy dramática, redondea la conformación de un ambiente agradable al oído, aun en un ambiente marcado por los tonos altos y a veces destemplados. siento que esta joven está en planes de una gran actriz. Alvis buscó un personaje muy activo, resolutor, y es quien lleva el control de la puesta en escena, pero a veces se le escapa el personaje de las manos, haciéndolo rebuscar en esperpento actoral. Raquel controla muy bien el equilibrio, como veterana de las tablas que es. Yannine, con un personaje apagado -ojo, el personaje- lo trabajó muy bien; seductor, minimalista, transgresor. El resto se ajustó a lo solicitado.

Ahora bien, y dado que la pieza da para que se improvise, se manden a callar y se impongan textos unos sobre otros, el trabajo estuvo bastante limpio, con efectos de baile bien resueltos, utilización de las sillas a lo espectáculo musical, percibo que varios pasajes están desperdiciados, sobreutilizados; hubo momentos en que no alcanzaba la música o no llegaban a tiempo los micrófonos; también observé personajes que se salen de sus características, estaban más pendientes de organizar la coreografía. Alvis en un momento mandó a que entrara la música -porque no entraba- como si estuviera en un concierto en la calle: “José, mete la música”. Son los detalles que corrigen los ensayos.

Por otra parte, el TEM, ya cuenta con cerca de 60 años y solicito se enfoquen en montajes de mayor envergadura, tratar de buscar alianzas, presupuesto, terminen la sede y se conviertan en un grupo para recorrer el país y salir al exterior. Un grupo que nos represente en la aragüeñidad. El tiempo se les está montando encima, pues quien sale jubilado no tiene reemplazo y al cabo de algún tiempito, ya no quedará nadie como personal de planta.

En términos generales, La Convención es un trabajo digno.


Bartolomé Cavallo. Alumno de Ramón Lameda.

 

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