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5.4.26

El mundo trágico: el actor en la dramaturgia, por Freddy A. Torres González

 

Juan Carlos Gené


Freddy A. Torres González

Vivimos tiempos complejos.

También tiempos confusos.

Esa compleja confusión se transmite en las imágenes que las denominaciones despiertan en nosotros; en este caso la referencia al actor y su especificidad en el teatro.
Pero en lo teatral la palabra actor despierta imágenes diferentes a cada uno de nosotros y esto es un fenómeno contemporáneo.

En el mundo trágico de Eurípides y Nietzsche la idea del mito es el irresistible poder de la música en la Sirenas que les servían para llamar a los seducidos por su canto.
Los hombres mueren cuando se entregan a la verdad y dejan de aferrarse a sus ilusiones.
Pero Odiseo, el astuto, se salva porque ha ordenado que lo amarren al mástil de su nave y ha taponado sus oídos de sus compañeros de viaje a fin de que no oigan el canto de las sirenas que embriagan.

Hasta mediados del siglo pasado
el hombre o la mujer que encarnan
personajes de ficción trazados en forma
literaria por el dramaturgo.

Sin embargo, existía una excepción:
Los actores que asumían la tradición
popular, callejera, de improvisación,
la máscara y la espontaneidad no literaria,
quedan suscritos a las representaciones
de La Comedia del Arte, por ejemplo.

Del arte de la cultura al arte elemental,
esto parece ser una idea moderna.
¿Pero, lo es de verdad?
El hombre arcaico,
despiertan nuestra curiosidad
todas las obras del arte bruto,
producidas por personas ajenas a la cultura,
que no han recibido de ellas ninguna
información o influencia.

La gran construcción dramática de Occidente
cuyo documento fundamental es la dramaturgia, desde Esquilo hasta
Heiner Müller, es una imponente verbalidad.
Si bien Shakespeare Calderón o
Lope de Vega es la cúspide de ese
monumento innegable, la base dramatúrgica
de todo el teatro anterior, es la verbalidad.
Todo el teatro mundial como documento
en 2500 años de existencia histórica
sólo conserva de su pasado el documento de la dramaturgia.

El hombre arcaico resucitó un arte espontáneo,
más cercano a la naturaleza, con sus asperezas y sus peligros;
mientras que el arte de las Musas
se manifiesta a veces demasiado ordenado,
casi demasiado armonioso, que nos ofrece una cierta seguridad, pero nos da un ilusorio equilibrio emocional y fantástico.

En esto Nietzsche tiene razón:
para los seres humanos es la ilusión,
la belleza encubridora, un antídoto
contra la verdad... asesina.
Pero preguntaría Eurípides, es nuestra vida
entonces, ¿sólo soportable si se basa
en la mentira…?
¿Es la lucha entre la verdad y la belleza
un combate igual al combate de la verdad
y la apariencia? Y nosotros... ¿hemos de morir
cuando el Ser se nos revela?
No haber nacido supera todo lo que se sabe.

Tenemos que resignarnos a vivir el teatro
siempre en el presente.
Existe, creo, cierto acuerdo de máxima
complejidad en la evolución de la materia,
es el hombre, un individuo con conciencia
de sí mismo. Capaz de representarse
su propia muerte y de imaginar la eternidad
y el infinito permaneciendo en su inmanencia.
Y la condición de su existencia,
de este individuo hombre, es la materia.
Y también, el hombre- actor es cuerpo,
es esencia material y la materia la condición
de su espiritualidad.

Por definición el hombre, dice Juan Carlos Gené, es el actor como creador cuyas fantasías obsesivas son las que siempre compone los materiales primarios del arte.

El hombre - actor siente que deben ser

accionadas, comprometiendo con ello
todo su cuerpo como un todo:
pulso, aliento, gesto, pensamiento,
afectividad y verbalidad.
Todas ellas funciones corporales,
manifestaciones de vida, que se organizan
en función expresiva.

La palabra cultura
se asocia a una militancia,
a un adoctrinamiento.
Está asociada s todo un aparato
de intimidación y de presión del arte.

Ahora bien, ¿qué sentido secreto tiene
lo divino para los hombres…?
¿Es algo esperanzador o es algo deprimente?
Justamente un Coro de Sófocles ofrece una contestación muy pesimista por cierto,
en Edipo en Colono:
"otra vez no haber nacido
supera todo lo que se sabe;
más una vez salido el sol,
volver ahí de prisa de dónde se viene,
es mejor".
Eurípides fue un nihilista religioso
eso quiere decir que se distanció
de la religión oficial para remontarse
a una religión ancestral, sagrada, reprimida.

Ahora bien,
quiero referirme en el oficio del actor,
a las fantasías que se accionan.
El verbo accionar va unido a lo teatral
desde la expresión "drama": lo que ocurre,
es decir, la acción. Y de ahí del actor,
el que hace, el que acciona.
Pero ¿qué hace el actor en la escena?
¿En qué consiste esa acción, esa dinámica
que depende la viva teatralidad de un hecho
escénico…? Acciona para modificar a los
otros, y para hacerlo se modifica.
Definitivamente, un personaje es un modo de relacionarse con los otros;
Y esto es una manera de modificarse, para poder a su vez, modificar.

El instrumento
corporal del actor
es el cuerpo,
es en realidad,
el yo del actor.
Es un cuerpo,
el hombre lo es,
respuesta
fenómeno
estímulo
piensa
con el cuerpo,
siente
haciendo
"orgánico"
término
clave
paso
sorprendente
de la actuación,
cuerpo
libre
asombrado
creativo
conciencia
sujeto
actuante.

Por todo ello,
encarnar un personaje
darle corporeidad
es la operación donde el actor
convoca al personaje en su cuerpo
y se deja modificar por la fantasía
literaria que despierta.
Es un trato íntimo, entre el actor
y lo literario que materializa
en su cuerpo despierto.
Es un parto, nacimiento humano,
la madre (el actor) y el niño (el personaje).
El director es la comadrona,
orienta, sugiere, alienta, ayuda, en fin.
No puede parir; su parto es otro;
complejo, personal, silencioso.
Menos individual.

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