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12.4.26

El teatro: una isla flotante, por Freddy Antonio Torres González.

 El teatro es una isla flotante, un espacio de libertad donde la curiosidad abre caminos.

La fatalidad como experiencia, según el Fausto de Goethe, es el más querido niño terrible de la fe para entonces atribuirle a Shakespeare, los prodigios de su teatro, la mentalidad de un hombre que profesa una religión revelada.

De hecho, no hay pruebas

de esta suposición, y
lo que dicen sus personajes
no puede ser otra cosa que la expresión
de las conjeturas, y prejuicios de sus detractores.

Shakespeare se estudia más bien como un escéptico del Renacimiento tardío y como todos dudó que nuestra alma fuera inmortal y que Dios hubiera creado el mundo de la nada.

Se cree que un poeta como él ha tenido y como" lo revelado " sus obras maravillosas; un sentido de lo trágico que presupone una experiencia de fatalidad.

Con esto se alude a una irrupción en la vida humana de un "Fatum", que es similar a la Moira griega, es un poder único, ignoto, particularmente funesto, que penetra en nuestra existencia cotidiana desviándose del camino previsto por nosotros.

Pero, a pesar de esto, se puede como sugiere Nietzsche, aprender a amar el Fatum regresivo que viene de afuera al propio ser, de manera que con el talento del autor, llega a tener cierto sentido de expresión nihilista, "Ego Fatum":

Yo soy mi destino

porque me he identificado con él
y por eso deseo que se cumpla
cómo lo preveo,
y se cumpla. (Amor Fati).

El teatro siempre ha sido

una isla flotante como dice Eugenio Barba,
en el entrenamiento diario del actor
todo depende de la hora
el estado emocional del aprendizaje,
un espacio libre donde el rechazo
y la libertad de estar confluyendo
para otorgar cualidades.

La experiencia de la fatalidad

suele ser " lógica" de previos agravios,
a veces un castigo que recibimos
como culpa de nuestros antepasados
porque no proviene de una facultad divina.
No obstante, el fatalismo,
incorporado por ciertas religiones
ciertas sectas religiosas,
es más bien pretender adivinar
algo del Fatum que creemos
cómo apropiado para nosotros
En cuanto a la Moira de la tragedia griega
inflexible, ella actúa para corregir
un atributo de los dioses mismos.

Jan Kot un estudioso polaco de Shakespeare,

dice, "el autor inglés no tiene ninguna ilusión,
ni siquiera la ilusión de que se puede vivir
sin ilusiones".

Esto quiere decir que lo acerca a Kafka,

para quien, no es posible conocer algo
que no sea ilusorio.

Este acercamiento con Kafka es tenaz,

ya que posee un aura religiosa
de profeta del desastre existencial.

Cualquier presunción de apreciar

a Shakespeare como agnóstico
o un ateo como ocurre con Cioran
el poeta de la inconveniencia de haber nacido,
quiere llevarlo a la plegaria lo cual no es verdad. Los ingleses pretenden hacer de Shakespeare un poeta del cristianismo
elevado para castigar a los incrédulos;
ellos ignoran que en su espíritu profundo
predomina la espiritualidad pagana.

La curiosidad abre caminos,

soltar lo que uno sabe es condición de ver desde otra perspectiva,
dice el biólogo chileno Maturana.

Escuchar de manera personal y única,

se requiere una actitud sin prejuicios
ni expectativas para soltar las certidumbres.

En el entrenamiento actoral del Odin Teatro de Barba, hace una selección basada en las dotes de carácter, en la fuerza de ánimo, en la testarudez, y no en el talento aparente o las capacidades expresivas del intérprete.

La mayoría abandona los ensayos, probablemente porque no logra comprender con la imagen de teatro que tiene, y los duros ejercicios de cuatro horas intensas.

Los que aguantan y se quedan consiguieron un sentido espiritual personal. Ellos mismos encontraron un sentido, es decir, no hay justificaciones.

Ellos mismos buscaron la razón a esta forma de entrenar el cuerpo desde la sumisión,

una elección personal individual: una rigurosa disciplina voluntaria.

Si uno está centrado en lo que sabe,

interfiere en la relación de escucharse
recíprocamente: es una condición biológica
del encuentro entre el director y el actor.

La idea de Maturana de que los organismos
vivos se producen y se mantienen
a sí mismos desde su propia estructura.

Cada organismo percibe el mundo
según su propia organización interna,
no según su propia organización interna,
tampoco según una realidad objetiva.

Lo que veo, no es “lo que hay”,
sino lo que mi sistema nervioso,
con toda mi historia y sus configuraciones,
puede procesar.

Cuando uno entabla una conversación, convencido de lo que el otro es,
lo que el otro necesita,
lo que el otro va a decir,
no estoy escuchando al otro, lo ignoro,
y esa imagen construida en el proceso
de la elaboración de las vivencias
de la realidad en la escena,
puede ser tan sólida que me haga invisible
lo que realmente está frente a mí.

El método de resonancia lubrica
del experto Investigador Maturana,
parte desde esa primicia.

La postura fenomenológica de Hellinguer,
enseñó como condición el trabajo genuino
con el Otro.

Hacerse disponible para ser tocado
por lo que el sistema porta, sin organizar
ese campo con categorías previas.

Eso significa soltar las certidumbres.
No ignorar lo que se sabe.
Ponerlo entre paréntesis.
El terapeuta que no logra ponerlo entre paréntesis no puede ver
lo que está frente a él.

Solo puede confirmar lo que decidió encontrar.

Cuando Nietzsche lo formuló: los conceptos que no pueden ser revisados se convierten en momias capturan la realidad en un momento y la presenta como si fuera un hallazgo vivo.


Pero la "cosa viva" siguió moviéndose.
El foco del facilitador " la tolerancia a la incertidumbre”.
La capacidad de estar con la pregunta sin apresurarse con la respuesta es lo ideal.
Dejar que el campo revele,
antes que el mapa decida.


Freddy Antonio Torres González.

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