Recientemente presenciamos a William Quiroz, en una función
bellísima en la plazoleta de Rafael María Baralt, haciendo que gente como
Yazmina Jiménez o Luis Perozo Cervantes volviesen a sentirse niños, entre
niños, ha sido un lujo superior.
Por Alexis Blanco.
En el Café Baralt suceden todos los días cosas maravillosas, sobretodo, encuentros creativos de nivel superior. Por ejemplo, sentarse en una mesa con William Quiroz para una entrevista acerca de los 30 años de su Grupo Titilar y, más tarde, contar con la presencia de otro mago del teatro para niños, Wolfgang González, quien hará de Gepetto en la próxima producción.
Recientemente presenciamos a William Quiroz, en
una función bellísima en la plazoleta de Rafael María Baralt, haciendo que
gente como Yazmina Jiménez o Luis Perozo Cervantes volviesen a sentirse niños,
entre niños, ha sido un lujo superior.
William ha macerado, de calle en calle, de
plaza en plaza, de lugar insólito a sitio increíble, un teatro itinerante, una
humilde cátedra de seis lustros donde él, psicopedagogo profesional monta en
sus alas a un público cándido que ríe y canta y participa de sus rutinas
hermosas y bien desarrolladas.
Un actor de inmensas facultades, duende y
finura, quien ha logrado recrear una voz extra, una máscara que le permite a su
vez descansar su propia voz, al tiempo que matiza y administra con clase los
variantes momentos de su espectáculo infantil. Eso es técnica y oficio, una
proeza cuyo origen expondrá en esta interviú.
-¿Qué estáis haciendo ahora?
Vamos a estrenar Pinocho, el próximo jueves, 16 de abril, a las 6:30 pm, aquí en el Teatro Baralt.
-Titilar siempre ha tenido una mirada pedagógica en función de utilizar la
–Cuáles son tus expectativas para el conversatorio de este viernes 10 de abril?
-Yo invité a todos los amigos del gremio cultura, también de educación, así
como a entidades de gobierno. Espero que se acerquen, porque todos tenemos un
vínculo en común que es el de hacer cultura, para para brindar una alternativa
diferente a la ciudad, a la comunidad. En lo particular, para mí es como una
retroalimentación.
Porque vamos a escucharnos, todos, y es un
aprendizaje vivencial, en el sitio. También tengo una finalidad, un objetivo,
que quiero que se cumpla, o por lo menos tomar el propósito como el punto de
partida que es culminar con una ruta nueva, un planteamiento desde todos
nosotros, de cómo miramos la ciudad y definir lo que está sucediendo.
El hecho cultural, en toda sus disciplinas, en la ciudad. No quiero ser peyorativo, pero no vamos a seguir siendo islas dentro de una gran ciudad. O vamos a hacer una comunidad realmente y vamos a permitirnos engranar un trabajo o ser sistemáticos en un proceso colectivo. Desde el respeto, desde la mirada, desde el propósito de cada cual, porque cada quien tiene unos objetivos diferentes, pero creo que hay uno siempre en común, que es el hecho de permanecer activos, como merece nuestra ciudad. Aquí realmente suceden cosas, pero en muchas ocasiones esas cosas están pasando desapercibidas por todo el mundo.
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| Con smoking, el autor y director de Pinocho, William Quiroz (Foto Enzo Ríos) |
-Hablas de una fiesta teatral…
-Por eso, cuando se me ocurrió la idea de hacer la Fiesta del Teatro de las
Américas, yo dije a ver nosotros nos la merecemos y la necesitamos. Nosotros,
desde el 20 de marzo, comenzamos con una actividad itinerante como un circuito
cultural por toda la ciudad, con amigos de diferentes disciplinas. Los
invitamos, les hablamos, sobre objetivos en común. El primero, que nosotros
podamos tener la oportunidad de celebrar con nuestros amigos que han
permanecido durante este tiempo de los 30 años, y, el segundo, es que la
comunidad que nos sigue a cada uno de nosotros pueda tener la posibilidad de
conocer dónde está cada quien. La cultura está en todos lados. Nuestra Fiesta
ha sido desde el 20 de marzo hasta el final de abril.
-Puedes brindarnos una sinopsis desde aquellos días iniciales a este tiempo de celebración…
-Todo comenzó con los doce jóvenes que egresamos de la Décima promoción de la
Escuela de Teatro “Inés Laredo”. Estábamos sentados en las escaleras de la
escuela de teatro vislumbrando como, en aquel momento, los grupos referentes
más importantes en la ciudad, y que no absorbían ese talento educado en la
escuela de teatro. O muy poco.
Era muy selectivo entonces. Nosotros ya habíamos tenido una oportunidad que nos brindará la maestra Yasmina Jiménez, quien nos permitió hacer lo que soñábamos. Luego, gracias a la tutoría de nuestra profesora de teatro infantil, Diana Labrador, montamos una pieza inspirada en el cuento de Cósimo Mandrillo, El árbol de jugar. Y culminó siendo nuestra primera pieza de teatro infantil, hecha desde la experimentación. Así, hicimos un circuito a nivel estatal.
-¿Quiénes integraban aquella promoción hecha grupo?
-Marcos Meza Pineda, Jorge Iglesias, Óscar Hernández, Doris, (no recuerdo ahora el apellido), Norka Zapata, Joana Fuenmayor, Maribel Granadillo, Vicky Reyna, Reinaldo Rincón, Jesús Franco y mi persona…
-¿Cómo surge el nombre de Titilar?
-Teníamos y sentíamos la determinación de hacer una agrupación de teatro, no teníamos un nombre, Alexis. Queríamos hacer un homenaje a la escuela de teatro. En principio era algo así como “Pietila”. Titilar nace en la calle Padilla, al lado del hotel Caribe, de Augusto Pradelli. Entonces nos sentamos allí a preguntarnos “¿como nos vamos a llamar?”. Y empezamos a pensarlo y dijimos “bueno vamos a llamarnos, Teatro Infantil de la Escuela de Teatro Inés Laredo y nos sonaba un tanto largo. Luego miramos el cielo y una estrella estaba pasando. El brillo de la estrella hizo que encontráramos esa clave y así surgió Titilar.
-¿Cuál ha sido su visión?
-Nosotros siempre hemos hemos tenido una razón social que es la transformación
a través de las artes, generando, fomentando, valores, reforzando buenas
conductas en el espectador ciudadano. Aprendiendo a hacer cosas desde la nada.
Recreando la dialéctica del ensayo y error, con mucha responsabilidad.
(Tomado de Noticia al Día, 10 de abril, 2026)


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