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23.10.26

¿Globalización o desmemoria? La dramaturgia olvidada de Job Pim

 

Job Pim

Oscar Acosta

Francisco Pimentel, o Job Pim, seudónimo con el que firmaba sus creaciones literarias, nació y murió en la ciudad de  Caracas (1889-1942). Fue hijo de Margarita Agostini de Pimentel y de Francisco Pimentel Anderson, también escritores. Aunque estudió Derecho en la UCV, se dedicó desde muy joven al quehacer literario. En sus inicios, el Jobo, como lo llamaban sus cercanos, colaboró con la revista El Cojo Ilustrado, conquistando, desde entonces y para el resto de su vida, gran admiración en los círculos intelectuales, a la par que lograba el favor de la lectura popular por sus escritos en las principales publicaciones periódicas del país. Posteriormente lanzaría sus dardos humorísticos de crítica política desde la revista Fantoches. Tres veces fue a parar a las cárceles gomecistas, una de ellas por varios años, pagando de esa manera sus pícaros atrevimientos literarios contra la tiranía. 

Aquiles Nazoa su mejor discípulo 

El eco del Jobo es reconocible en toda la obra poética y el teatro en verso de Aquiles Nazoa.  En su texto recopilatorio Los humoristas de Caracas (1966), diría su continuador: 

Job Pim

…hasta la fecha de su muerte, figuró en los principales periódicos y revistas del país como el más fino y constante exégeta con que contó la vida criolla durante casi cuarenta años de un quehacer literario caracterizado por su facundia temática, por la maestría y gracia de su expresión y su gentileza de buen causeur en verso, muy criollo en la intención festiva y en el acento popular, pero entrañablemente vinculado, en su fondo moral y aun en la docta elegancia de sus formas, a las grandes corrientes de humorismo culto que nos vienen desde Quevedo y Lope de Vega. (…) El criterio provincialmente cauteloso y modesto que en Venezuela presidió casi siempre el examen de los valores propios, ha retardado para Job Pim la hora de situarlo, en el conjunto de las letras de Hispanoamérica, en el lugar prominente que merece como realizador de una de las obras más ricas, originales y cuantiosas que haya producido el género humorístico en nuestro idioma.

Ludovico Silva afirmó:  “...Nazoa es [su] heredero literario directo: la mayoría de los géneros cultivados por Job Pim han sido desarrollados y perfeccionados por Nazoa”. Cierto que el autor de Las cosas más sencillas fue su heredero más claro, pero discrepo en cuanto a que desarrollara y perfeccionara lo logrado por Pimentel. Más bien, en continuidad con su prosapia humorística, Nazoa  hizo ese legado más accesible al sentir y entendimiento del pueblo menos privilegiado, simplificando el depurado lirismo de Job Pim con los trinos en Catuche, rumbo al parnaso caraqueño.  

Su teatro hoy día

Una docena de piezas de teatro en verso encontramos en su Obra Completa (1958), recopilada por su hermana y también escritora Cecilia Pimentel, para ser  editada por su esposa María Luisa Vegas de Pimentel. Si bien fueron escritas para ser leídas, rebosan de gracia dramática para ser representadas con una dirección eficaz que traduzca con inteligencia la intención del creador. Comparadas con las obras de los clásicos griegos, a las que volvemos una y otra vez, las obras de Job Pim exhiben más actualidad, frescura dialógica y pertinencia cultural. Entonces, ¿por qué permanece ignorado este gran valor de nuestras letras?

Su teatro para leer  aparece recopilado de la siguiente manera:

Grandes dramas bíblicos: Jonás; Sansón; El diluvio Universal; La Burra de Balaam; David contra Goliath; El sueño del Faraón.

Grandes dramas históricos: Jabón de Castilla; Cleopatra y Marco Antonio; El Descubrimiento de España.

Contribución al teatro vernáculo: La muerte del loro; El Cinócefalo abnegado; Entremés Infernal.

Que sepamos, muy poco se ha hecho con estos textos que pueden constituir, con una buena adaptación, interesantes propuestas escénicas. Las obras, desiguales en su extensión y complejidad, desbordan irreverencia, guachafita, ingenio y finura verbal.  La intención iconoclasta es arrolladora en obras como El Diluvio Universal, una disparatada y jodedora versión del sagrado episodio bíblico o en Jabón de Castilla, la historia del llamado “descubrimiento de América”, escrita patas pa’ arriba por el Jobo y que retomaría contándola cabeza pa’abajo Nazoa en Los martirios de Colón.

Comento a un amigo director que se precia de “vanguardista” la obra teatral de este escritor. “Chico… Estamos en plena globalización. ¿A quién le va a interesar eso”, me dice. El compañero teatrista  olvida que, en el mero centro del globo al que alude, vivimos nosotros. Todo lo demás en el planeta es periferia. Interesante y valioso, por supuesto, pero, a fin de cuentas, casi siempre,  monte y culebra  filtrados por el poder cultural hegemónico.


Una antología de la obra de Francisco Pimentel, contentiva de la obra teatral Jabón de Castilla, puede obtenerse en línea en https://bibliotecadigital.bnv.gob.ve/wp-content/uploads/antologia.pdf  y en (reedición) https://cenal.gob.ve/?wpdmpro=coleccion-bicentenario-carabobo-162-francisco-pimentel-job-pim-antologia-personal

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