Octubre se nos cuela en el calendario con la fuerza telúrica de los grandes creadores. El día 21 de este mes nos convoca a un doble e inevitable ejercicio de memoria al conmemorarse un nuevo aniversario de la siembra física de dos gigantes absolutos de la dramaturgia venezolana y latinoamericana: José Ignacio Cabrujas y Rodolfo Santana. Y la memoria se ensancha y se ilumina aún más cuando sabemos que el próximo 25 de octubre celebraremos también el natalicio del maestro Santana, guionista de cine, director y pluma implacable nacido en esa entrañable tierra guarenera que tantos talentos ha dado a nuestra patria.
Hablar de Cabrujas y de Santana es hablar de la columna vertebral de nuestra identidad escénica. Cabrujas, con esa agudeza irónica y brillante para diseccionar la psique criolla, transformó el humor negro y la radiografía política en un arte universal, legándonos obras imprescindibles como: El día que me quieras, Acto cultural o Profundo. Santana, por su parte, con una pluma incansable y profundamente comprometida con las urgencias sociales, diseccionó los dilemas del poder y la condición humana en piezas memorables que han cruzado fronteras con éxito, tales como: La empresa perdona un momento de locura, El animador, Los criminales, Mirando al tendido, Rock para una abuela virgen, Nuestro padre Drácula, Baño de damas o La farra. Cada uno, desde su trinchera y con su estilo inconfundible, engrandeció el desarrollo de la dramaturgia nacional y impulsó el guion cinematográfico y teatral a una categoría de altura.
Esos legados no se han esfumado; flotan en el aire, palpitan en el tablado y
reverdecen en cada rincón del país. Nuestra dramaturgia brilla con luz propia
gracias al talento de destacadas autoras como Xiomara Moreno, Loida Pérez y
Ligia Álvarez, así como por el aporte invaluable del Zulia con creadoras de la
talla de Lolimar Suárez, quien ha dejado en alto a la región al alzarse con el
segundo premio de la II Bienal Nacional de Literatura Apacuana, siendo la única
mujer en alcanzar este galardón, junto a Nelly Oliver y Yazmína Jiménez. A
ellas se suman voces esenciales de las letras y las tablas como Nereida Flores, Marta Crespo,
Marina López, Karin Valencillos, Indira Páez, Inés Muñoz Aguirre, Héctor
"Bongo" Castro, José Gregorio Cabello, Eduardo Bravo, Oscar Charo,
Manuel Aponte, Juan Carlos Azuaje, Marco Purroy, Néstor Caballero, Gustavo Ott,
Pablo García Gámez, el maestro de gran trayectoria Aníbal Grunn, quien sigue
llevando la historia a la escena con verdades y cosechando éxitos recientes en
Caracas, con su afamada obra Granada, traición y crimen; el talentoso
Elio Palencia y el maestro José Gabriel Núñez, quienes continúan tejiendo esta
historia compartida.
Como bien sabemos quienes defendemos este oficio, una obra sin primicia,
conflicto y temática no es dramaturgia, y es precisamente esa fibra viva la que
permite que el dramaturgo, el director y el actor transformen la página escrita
en un hecho claro, vibrante y emocionante ante el espectador. Los que seguimos
vivos en este camino, escribiendo, formando desde las aulas y montando piezas
teatrales, sabemos que el teatro es la fuerza que nos sostiene.
Hoy, desde lo más infinito de la eternidad, recordamos a José Ignacio Cabrujas
y a Rodolfo Santana con el mayor cariño. Sus enseñanzas siguen vivas en cada
alumno, en cada texto inédito y en cada telón que se alza para recordarle al
espectador quiénes somos y hacia dónde vamos.
¡Que
viva el teatro venezolano!
¡Que
viva el teatro venezolano!
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