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27.11.25

San Felipe, Yaracuy: Zárraga y Lorca. Encuentro y Celebración: Círculo de Lectura Interactiva, 26-11-25, por Elsy Loyo

 Zárraga y Lorca. Encuentro y Celebración:
Círculo de Lectura Interactiva del 26 de noviembre, 
San Felipe, Yaracuy.

Por Elsy Loyo

El Círculo de Lectura Interactiva de este 26 de noviembre en La Agrupación Teatral Coordinación de Yaracuy, Venezuela, fue una fiesta.  Una celebración; de esa manera lo vivimos.  Ese era el sentir, el comentario de todos.

El camino para llegar allí vino precedido por un día de lluvia, lo cual arrojaba la posibilidad que muchos de los convocados no llegasen. Así que las preguntas obligada para mí eran: ¿vendrán? ¿lograrán llegar?  Y mientras me las hacía, continuaba preparando todo con el equipo: reorganizando el espacio, los insumos incluyendo los elementos nuevos que tendríamos, porque este encuentro es preludio del aniversario. El mes que viene ya tendremos dos años de encontrarnos en nuestras citas de tertulia y degustación para leer teatro.

Todo esto venía a mi mente mientras hacíamos los últimos arreglos. Y de repente.  ¡Oh, sorpresa…! Comienzan a llegar los participantes mucho antes de lo previsto.  Todos bajo la misma premisa: “…Salimos antes para que la lluvia no nos detuviera y poder llegar a tiempo…”, “Aquí estamos contra viento y marea”. Eso te hace sentir una emoción bonita. Vemos entrar a los asiduos y nos da alegría ver regresar a dos de las chicas más jóvenes que no habían vuelto porque sus horarios de clases y trabajo se lo impedían. Nuestra alegría aumenta cuando alguien acota, “Ha llegado un participante nuevo.”  Un espectador de la Casa en Vuelo de estas últimas funciones de noviembre, ha acudido al llamado. El Círculo sigue su proceso de crecimiento.

La lluvia arrecia. Llega la hora acordada. Todo está listo. Todos estamos dispuestos. Y el Círculo abre su espacio al escenario.

Luces, música, degustaciones y bebidas especiales ya están servidas en honor a nuestros invitados: Zárraga y Lorca.

Viene el preámbulo. De fondo un tango-flamenco que pone en contexto el espíritu esencial de ambos.

Tomo la palabra para poner en contexto al grupo de quienes son nuestros invitados.

Zárraga viene a mí como una presencia que toma su lugar en el espacio. Invocarlo y convocarlo es un acto de encuentro, de amor. Varios en el círculo le conocimos desde lo cercano, otros no. Y más allá de la importancia de su obra, que es inmensa, me viene que quienes están allí le conozcan también desde su ser.  

Zárraga fue un hombre apasionado por la vida, por el arte, por el teatro, por el tango y el bolero; por su melódica, por su ajedrez.  Por el Teatro.  Pasión y más pasión era su signo en todo cuanto hacia: poemas, cuentos, narrativas, ensayos; novelas, dramaturgia. Laureado por su obra. Pero creo que lo más importante para él es: laureado desde el amor, por sus amigos, hijos, familia, por su entorno social, su comunidad.

Zárraga, boraureño de nacimiento, cocoroteño de vida.  Yaracuyano de cepa pura. Hombre universal.  Controversial.  Polémico.  Claro en sus ideales. Defensor de lo que creía justo. Bohemio y convocante de la alegría, de las reuniones de amigos para la felicidad y también para la reflexión profunda de la vida. Cigarro y café fuerte. Impecable su manera de vestir. De sonrisa amplia. Su ser enamorado. Su empuje. Su palabra mordaz. Nuestro querido y entrañable Zárraga.

Luego llega Lorca.  Español hijo del pueblo granadino, andaluz, Fuente Vaqueros. De vida breve en esta tierra, pero eterna en la trascendencia de su creación. Luchador, también mordaz, con una vasta obra universalmente reconocida y vigente. Amante y defensor del cante jondo. Del arte de los títeres. Del teatro. De las artes plásticas. Poeta, dramaturgo, músico. Amigo de sus amigos como también lo fue Zárraga. Nos convoca hacia él su vida y su obra.

Zárraga y Lorca.  El hecho de tener a los dos hoy en el Círculo presupone emprender una aventura. Y allí estábamos para vivirla, Comienza el viaje precedido de cantos, palmoteos y algarabía que trajo Lorca con su Nana Sevillana, su jaleo y fragmentos del coro de sus lavanderas de Yerma. Todo abrió ahí mismo desde la provocación, desde el atreverse. Tendí un puente sin decir para qué y todos lo cruzamos.

Luego de ese preludio convocatorio del duende viene la lectura. Este acto de leer, ¿cómo sería esta vez? ¿Cuál obra? ¿Cuál autor primero?  el azar vuelve en la escogencia de la obra de cada uno y luego un gran momento de lectura intercalada: Zárraga-Lorca.

Al terminar esta ronda de encuentro de voces zarraguences y lorquianas, y antes de la tertulia, viene el momento de homenajear a Zárraga desde su música. Se plena el espacio de esa sonoridad magnífica de tangos y boleros, mientras degustamos su café negro y un pavito, dulce criollo sanfelipeño, uno de sus favoritos. Confieso que  es difícil reconducir al grupo hacia la conversación de lo generado por las lecturas, pues todos estamos distendidos en el placer festivo que estaba aconteciendo.

Abre la palabra para decir por dónde hoy las lecturas nos mueven, y en general, lo que se dice tiene que ver con cómo el grupo siente la universalidad de los autores. La vigencia de las temáticas, tanto en lo social, como en lo político, así como en lo que en apariencia podría ser más cotidiano, pero que encierra una profunda verdad y confrontación con la vida. El vivir en pareja, el matrimonio, la soltería; el encierro en una casa donde las reglas extremas se imponen.  La soledad, lo difícil de la convivencia. La conexión de mucha gente con lo superficial, que aún sigue en este siglo. Uno de los participantes acota que mientras se hacían las lecturas en un momento dejó de acusar cuándo era Zárraga y cuándo Lorca el que hablaba porque por momentos algunas de las obras parecían la continuidad de otra. Otro de los asistentes comenta que el acto de leer lo había conectado  con las migraciones venezolanas, y en otro momento con la deforestación que actualmente está ocurriendo en las avenidas de San Felipe…y que eso le reafirmaba la vigencia y lo universal, que justamente era la coincidencia de todos.

Lorca trae a nosotros hoy La Casa de Bernarda Alba, Doña Rosita la Soltera y Amor de don Perlimplín con Belisa en su Jardín.

Zárraga nos entrega La Rebelión de Las Marías, Cuatro Ventanas hacia el Miedo, Las Ventajas de Llamarse Juan y La Fiesta de Los Inocentes.

Termina la tertulia, nos juntamos para la fotografía final de costumbre, hay una alegría viva. Comienzan las despedidas llenas de afecto. Convocando desde ya al Círculo de diciembre. Todos muy movidos por el encuentro de este miércoles 26.

Llega ya la nocturnidad. La noche nos abre las puertas para ir a descansar… Gracias, Zárraga.  Gracias, Lorca.

Nos vemos en el próximo Círculo.

26.11.25

Oscuro, de noche: La aurora de Baralt Teatro cumplió con creces en el oeste capitalino, por Alexis Blanco, El Barroco Cronista Cuántico.

 Oscuro, de noche: La aurora de Baralt Teatro 
cumplió con creces en el oeste capitalino


Por Alexis Blanco, El Barroco Cronista Cuántico.

La compañía residente del Teatro Baralt extendió su brillante performance artística en el ámbito teatral de Caracas, ofreciendo sendas memorables funciones, el pasado martes 18 y miércoles 19 de noviembre, en el marco del Quinto Festival Nacional de Teatro en su segunda etapa.

Y no sólo evocaría a la diosa Eos, Aurora, transmutada en alguna humilde trabajadora del oeste de la capital de la República, digamos, de la avenida San Martín, en ese Teatro del mismo nombre ubicado en la esquina frente a la estación Artigas del Metro, donde la delegación artística zuliana llegó para contar esa “tragedia en clave de guaguancó” que escribió Pablo García Gámez, una historia muy personal y gregaria a la vez, con la cual, en 2017, ganara el Premio Nacional de Dramaturgia “Apacuana”.

Una liturgia social sustentada en la liminalidad, que el maestro Leonardo Isea montó íntegra, “de pé a pá”, sin quitarle ni una coma y, por el contrario, corriendo el riesgo de extenderla aún más, al agregarle dos instancias dramatúrgicas clave: un poderoso video y una escena en la que un niño recoge del piso los tres casquillos de bala que condensan la gran metáfora sobre la violencia social implícita en el texto.

Durante dos horas, el público de Caracas que acudió al Teatro San Martín se mantuvo en vilo, atento, tan conmovido como perplejo, ante la propuesta de largometraje escénico dispuesta por Isea y su troupe, Baralt Teatro. La compañía volvió a demostrar el perfil que el arquitecto Jesús Lombardi Boscán, director general del Teatro Baralt, propone a sus 23 compañías residentes: extender su pasión y su profesión hacia el país y hacia el orbe entero. Caracas aplaudió con una sincera sonoridad que aún retumba en los corazones del elenco.

Cuando los trece integrantes de la delegación “maracucha” entraron al San Martín, al mediodía del lunes 17 de noviembre, de inmediato comprendieron que su cotidianidad artística transcurre en una especie de “Meliá” institucional. El Barroco Cronista Cuántico advierte que este comentario pretende realzar y elogiar la inmensa capacidad y tesón de cada uno de los obreros y gestores del Teatro San Martín, una proeza artístico-institucional que asumiera nuestro genial dramaturgo Gustavo Ott, y que ahora la Compañía Nacional de Teatro y el Ministerio del Poder Popular para la Cultura están reivindicando a partir del amor por este oficio que nos une.

El Teatro San Martín es un poema público, como su misma historia: “El 23 de Abril de 1993 fue inaugurado en los espacios abandonados de la antigua Lotería de Caracas. Hasta ese momento, las instalaciones construidas originalmente en 1942 y abandonas en 1975, estuvieron destinadas a depósitos de objetos inservibles. Dieciocho años más tarde se creó el teatro como centro cultural con el fin de cubrir las necesidades artísticas de la comunidad de San Martín, Vista Alegre, Las Adjuntas, La Yaguara, Bella Vista, La Vega, El Paraíso, Montalbán, Antímano, Carapita y Caricuao…”.

Un bello sueño gestado por Ott, quien lo estrenó con su hermosa pieza Nunca dije que era una niña buena. La leyenda urbana recogida por este BCC registra que Ott, “después de vivir en Londres por cinco años (1983-1988). Experimentó el movimiento teatral (“Off Fringe”, o Teatros Marginales), el cual consistía en abrir las salas de teatro a artistas que no habían pasado por escuelas, con una búsqueda experimental, pensando en el público de la zona. Dentro de esa tendencia, se crearon salas en los espacios más inauditos, alejados de los centros tradicionales como salas en garajes, pasillos de oficinas y viejas fábricas…”. Ilustrará a nuestro pueblo saber que el “Off Fringe”, allá por mediados del siglo pasado, propició la irrupción de genios del teatro de la talla de Jerzy Grotowski, Peter Brook (visitó Caracas en 1971 para presentar la obra "Siswe Banzi est mort", ahí, en el Teatro San Martín), Jósef Szajna, Julián Beck o el legendario grupo La MaMa.

De manera que Baralt Teatro estuvo presentándose en el mismo Teatro donde estuvo Peter Brook. Honor y gloria. Leonardo Isea, quien hizo también el personaje de “El Cuatriboleao”, el cual pudo haber sido algún apurado transeúnte más de la congestionada avenida, ponderaba ese factor extra: el rugido doloroso y angustiado de una ciudad que, ya en hora pico vespertina, ruge furiosa como fiera enjaulada.

Ese sonido furioso que nuestro Pablo García Gámez entremezcla, ora citando a Akira Kurosawa y su “Rashomon”, ora al genio Calderón de la Barca en “La vida es sueño”, luego en alguna alusión coqueta al romance de Horacio Oliveira y La Maga de “Rayuela”. Pero, de fondo, “allá abajo”, dice Kenny, héroe trágico que bien pudo salir del barro “Salvador Garmendiano” de “Los Habitantes” o “Los pequeños seres”. Caracas es Oscuro, de noche, donde se mira “un aura de luz, a través de la silueta de los edificios y de los cerros oscuros. La (ciudad) tiene algo de sobrenatural, de metafísico, algo que no es de esta dimensión…”.

Ángel Marín, alma y vida del Teatro Esencial, representó de manera magistral a El Payaso, un inquietante (y por ratos, delirantemente absurdo) personaje mediante el cual García Gámez hila y teje su estructura narrativa. En algún momento, en una importante escena junto con el notable José Luis Davalillo, él representará la farsa tragicómica de los periodistas de sucesos. Las transiciones interpretativas reflejan clase y escuela actoral. Eso lo valoró muy bien el público caraqueño. También ofreció potencia y versatilidad el maestro Rafael Contreras, cuyos sendos roles rezuman la maldad de la vida y la muerte como negocio y quien propuso diferentes perspectivas para comprender esa difícil pieza de Pablo García Gámez.

Dylan Blanco deliraba en cada instancia que le tocó vivir como parte de un elenco que lo asumió como su talismán bendito. De alguna manera su inocencia encajaba una lógica tenaz: él bien podría ser ese mismo malogrado Kenny, algunos años después.

Ángel Eizaga hizo Kenny, el protagonista de “El Dramón” (sic, PGG) y en verdad enganchó a tirios y a troyanos con su naturalidad interpretativa. Fluido y energético, cada aparición suya cultivó ese espíritu de fatalidad que instigaría las lágrimas del público. Un galán en ciernes del oficio escénico zuliano. Un actor “made in Baralt”, dado que él trabaja con el maestro William Quiroz.

La talentosa Stefany Salas sumó méritos para un doble reconocimiento: por un lado devino en todo momento y a cada instancia en una solvente y muy competente gerente de producción. En paralelo desarrolló, con suma terneza que no pasó inadvertida para los especialistas y legos, su rol como la hermosa madre soltera y novia inspiradora de los sueños de nuestro héroe trágico. Algo muy conmovedor y elocuente anidó en su faz y fue ese aplauso lo que consagró su talante y esfuerzo sobre el escenario.

Hablar de talento sobre las tablas es aludir la experiencia exquisita de Maribel Granadillo. Una actriz inspirada y con la bis natural de las grandes comediantas. Su personaje de la vecina brollera que testimonia el asesinato del muchacho está resuelto con clase y sencillez divina. “¡Él se lo buscó!”, increpa y sentencia con esa lógica mortífera de su papel. Obvio que su aplauso fue una fiesta para todos.

Roxana Portillo ha sido una gran compañera en este viaje de amor por el oficio que hemos compartido junto con Leonardo Isea en Baralt Teatro. Ahí he visto crecer sus facultades interpretativas y quizás su único hándicap sea común entre todos los miembros del elenco. Todos ejercemos como directores de escena y eso, cuando estáis actuando, representa una dificultad porque te impide meterte en tu papel y dejar que tu personaje, en concordancia con tu yo interior, haga el trabajo de comunicación pura. Ella trabajó muy duro en eso y por eso su Zenobia alcanzó momentos magistrales. Un actor concentrado al 100% siempre cumplirá a cabalidad los preceptos de relajación y concentración que redundarán en el mejor “pathos” de tu personaje. Mientras más funciones haga de esta obra ella descubrirá mucho mejor cuán maravillosa mente facultada está para el arte de la actuación.

El temperamento y su propio potencial como gran ser humano que él es, faculta al talento de Néstor Parra para florecer en cada función que he tenido el privilegio de verlo representar. Durante el estreno, por ejemplo, en junio pasado, su Cristóbal salió tan compungido, bañado en lágrimas, que por instantes creí que no podría continuar. Nada que ver. Él posee harta escuela y por ello he disfrutado tanto ver cómo ha crecido en su interpretación. Tiene momentos memorables y eso lo premió ese público de las dos funciones en Caracas.

Podría escribir un tratado sobre el enorme placer que me genera actuar al lado de una maestra artista del Teatro como lo es Diana Labrador. Desde aquí, Caracas, la propongo para una Estrella en nuestro magnífico Paseo frente al Teatro de Teatros el Teatro Baralt. Esa actuación suya, tan minimalista como afectuosa en su papel de La Abuela, suscitó la colectiva admiración del respetable público capitalino. Karla Isea, el grupo del estado Apure, mi familia Salas Blanco, Aníbal Grunn, los hermanitos Escalona D’ Albano, el abuelito de Dylan, los técnicos del San Martín, todos, todos, reconocieron la gracia de esta maravillosa hermana de mi vida teatral, con quien he tenido la dicha de trabajar desde hace 45 años.

Leonardo Isea es, por encima de todas las cosas, un magistral actor. Como director demostró técnica y harta valentía. Venezuela es un país donde el Instituto Nacional de Tránsito Terrestre tiene registradas un millón y medio de motocicletas. Pero él, como director, comprendió con claridad que la historia de PGG no es sólo la de un muchachito asesinado para robarle una puta moto. Es mucho más que eso: es la jodida historia de un continente donde la violencia institucionalizada subvierte y menoscaba el pleno derecho y libre albedrío en el ejercicio de la vida. Ni menos que eso es el quid del asunto en “Oscuro, de noche” (desde Kenya, mi bienamada amiga Silvia Ponte dice que es un título muy hermoso). Por ello el Teatro Baralt, Jesús Lombardi Boscán, su director general, auspició con ahínco y fervor a Baralt Teatro y a su director artístico, para que esta magnífica empresa artística y cultural haya coronado con creces su esfuerzo de participar en el Quinto Festival Nacional de Teatro en Caracas. Enhorabuena.

En cuanto al asunto técnico se refiere, Leonardo Isea asumió una serie de riesgos estéticos clave. El comentario lúcido de algunos maestros, como Alexander Ventura y el mismo Grunn se enfocaron en el planteamiento de la iluminación. Un excesivo uso de apagones o “blackouts” (alguno mencionó al inolvidable director teatral Armando Gota, quien quizás marcó una etapa y agotó el recurso) indujo cierto contrarritmo visual que quizás pudo haberse mejorado con una revisión al plan de luces. Lamentablemente el gran luminito del Teatro Baralt, José Luis Cabrita no pudo viajar a Caracas y su lugar fue ocupado por Laura, la hija de Maribel Granadillo, quien realizó un extraordinario trabajo maquillando a todos.

La escenografía y utilería que ayudó a resolver el equipo de producción del Festival, propició un rápido proceso por parte del equipo actoral y resaltó el uso de un ataúd mucho más digno en la escena culminante de la obra.

Los sucesivos y raudos cambios de vestuarios, contribuyeron a definir un conjunto de secuencias que contribuyeron con eficiencia a que el ritmo escénico fluyera. Alexandra Sanabria fue una relevante asistente de escena.

Esa música del espectáculo contiene esos elementos urbanos que allá afuera, en la avenida principal y en pleno corazón de la parroquia San Juan de Caracas, reverberan con sabor caribeño. El pertinente uso del Adaggio de Tomaso Albinoni y la tristeza implícita en los grandes Réquiem criollos (la evocación y el clímax dramático nos pasean por dos excepcionales músicos caraqueños, Vicente Emilio Sojo y José Ángel Lamas) convierten en lacrimoso ese momento culminante de la misa en escena. En el San Martín, Baralt Teatro sonó a redención y gloria. Otro logro estético.

Desde mi condición, auto adjudicada, de Barroco Cronista Cuántico, quiero decir, a propósito de la actuación de este tal Alexis Blanco, que debería ir hasta la Misión Sonrisa, y que luego debería compartir estas líneas de Eduardo Galeano, quien, invisible y memorioso, fue a verlo, en el San Martín y ahí deslizó en su bolso este comentario suyo: "Se puede mirar adentro del otro y ver lo que siente su corazón. Porque no siempre el corazón habla con las palabras que nacen de los labios. Muchas veces habla el corazón con la piel, con la mirada o con pasos se habla. También aprendieron a mirar a quien mira mirándose, que son aquellos que se buscan a sí mismos en las miradas de otros. Y supieron mirar a los otros que los miran mirar. La más importante que aprendieron es la mirada que se mira a sí misma y se sabe y se conoce, la mirada que se mira a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no se han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse…”


(Alexis Blanco. El Barroco Cronista Cuántico. ¡Salud!)







25.11.25

Palabras que nos acompañan en Un Viaje de Cuentos, por Daniel Herrera Malaver

Palabras que nos acompañan en 
Un Viaje de Cuentos

 


Por: Daniel Herrera Malaver

Al abrir la maleta, surgió una casa, una cuadra entera, una ciudad de papel.  Un Viaje de Cuentos es una obra que nos reúne en un espacio sin tiempo, donde niñas y niños se encuentran con historias que exploran cómo nos relacionamos con las palabras. Palabras movidas por el viento, que atraviesan tormentas, que pueblan cada parte de nuestro cuerpo y viajan con nosotros. Los más jóvenes pueden deleitarse con las mágicas historias de grandes clásicos de la literatura dirigida a las infancias y juventudes; mientras los adultos evocamos cariñosamente la naturaleza de nuestros vínculos: cómo nos relacionamos con nuestras emociones, con nuestros seres queridos, con las noticias de los informativos y con las personas que nos rodean.

En el marco del Festival de Teatro Venezolano 2025, los días 17 y 18 de noviembre, la sala Doris Wells de la Casa del Artista recibió a la agrupación familiar El Galpón del Arte, fundada en Puerto Ayacucho, Estado Amazonas, y próxima a cumplir su 30 aniversario. Dos funciones gratuitas para el público, como todas las presentaciones del festival.

Citlalli Godoy y Sain-Ma Rada, madre e hija, han construido desde la dirección y la actuación una experiencia que tiene el alma de una velada familiar. La calidez del hogar se conjuga con un cuidado minucioso de las actuaciones, en una obra de cuentos teatralizados que destaca por un trabajo impecable en las técnicas propias de la narración oral escénica.

La Narración Oral Escénica es heredera de la tradición milenaria del cuentacuentos. Celebra su esencia ancestral —el poder de la palabra hablada— y lo fusiona con las herramientas y la conciencia del arte escénico moderno. La narradora reconstruye la historia en tiempo real ante el público, utilizando su cuerpo como un instrumento de precisión para delimitar personajes, ambientes y acciones. Su voz, trabajada técnicamente en matices de tono, ritmo, volumen y silencio, se erige como el principal canal para generar atmósferas y tensiones. Se trata de un trabajo actoral de composición que, simultáneamente, establece un diálogo vivo y un pacto de complicidad con la audiencia. La narradora trabaja como un canal que filtra, encarna y proyecta el universo narrativo, haciendo que la palabra dicha cree imágenes, emociones y significados compartidos en el espacio escénico.

El abuelo con su bastón, una mirada gris, un caballo que regala flores al pasar... Personajes, espacios y animales son recreados en Un Viaje de Cuentos con elementos sencillos e ingeniosos. Mientras, el peso principal recae en las palabras, las auténticas protagonistas, por la manera de decirlas y por cómo atraviesan y transforman el cuerpo de las actrices.

El público permaneció atento y cautivado durante toda la función. Nos hubiese encantado compartir esta experiencia con una mayor cantidad de espectadores juveniles e infantiles en las butacas. Urge hacer un llamado a las instituciones para que se articulen e involucren a las escuelas y comunidades en la importante misión de no dejar una butaca vacía en el teatro.

Es una obra siempre vigente, siempre necesaria, como los cuentos que la configuran. Entre otras razones, porque nos invita a estar atentos, a elegir cuidadosamente las palabras que nos habitan. Si el humor nos hace pensar mientras nos reímos de un chiste, la buena literatura infantil puede hacernos filosofar casi sin darnos cuenta, porque estamos disfrutando de una historia hermosa.

Basado en los cuentos:

"El hombrecito vestido de gris", de Fernando Alonso

"En la casa de los abuelos", de Arianna Squilloni

"La historia de un caballo que era bien bonito", de Aquiles Nazoa

"La historia de Gabriela", de Ana María Machado

"Amigos por el viento", de Liliana Bodoc

"Chaucha y Palito", de María Elena Walsh

"El hombrecito de papel", de Fernando Alonso

“Nuestro Teatro deberá funcionar como una gran familia apellidada Venezuela”: Carlos Arroyo, por Alexis Blanco

 “Nuestro Teatro deberá funcionar como una gran familia apellidada Venezuela”: Carlos Arroyo

Noticia Al Día, conjuntamente con el Blog Miradas al Escenario, publican 
hoy esta entrevista a Carlos Arroyo.

 

Por Alexis Blanco

La noche del 18 de Noviembre, Día de La Chinita, fuimos hasta el Alberto de Paz y Mateos para saludar a la noble troupe de la Compañía Nacional de Teatro, ente productor de los Festivales, Internacional de Teatro Progresista, Nacional de Teatro en sus dos etapas, el de Occidente, así como de una serie de históricos montajes que garantizan al país una óptima salud desde el punto de vista del oficio escénico.

A group of men standing together smiling

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Cuando encontramos a Carlos Arroyo, éste cambiaba los pañales a su bebé y entonces comprendí el esencial significado de la palabra posverdad. Los sentimientos imperan. Este gran gerente ha sido mi amigo y cómplice a ultranza.

La noche siguiente, en su oficina, conversaríamos largo y tendido sobre muchos asuntos vinculados con lo que somos y seremos: hombres de teatro. 40 años de amistad y aún este mismo afán… Noticia Al Día, conjuntamente con el Blog del Teatro Venezolano, Miradas al Escenario, publican hoy esa entrevista a Carlos Arroyo por parte de Alexis Blanco.

-Maestro Carlos Arroyo compartamos una mirada al Teatro que se está haciendo hoy por hoy, en Venezuela. Sin duda que presenciamos un momento extraordinario, con las cuatro ediciones del Festival Internacional de Teatro Progresista; y las cinco del recién concluido Festival Nacional de Teatro; ahora estáis organizado el Festival de Occidente…¿Por qué el Teatro es una herramienta, una estrategia, una convicción ajustada a la praxis política y ideológica que el país está requiriendo ó demandando?

-Yo soy lo que sé hacer, lo que he hecho y encuentro en el Teatro la única forma que tengo para vivir y eso no es nada esotérico ni nada rimbombante. Esto es para mí como cuando cuando un hombre que recoge café y encuentra en el café su única forma de vivir; o como cuando un zapatero encuentra en los zapatos su única forma de vida. Yo encuentro en el teatro mi única forma de vida y, por lo tanto, cada vez que debo impulsar el Teatro, conozco varias cosas que pongo en re-conocimiento y que sé que funcionan. Una de ellas, sin duda alguna, tiene que ver con los festivales. Los festivales son una alternativa que te permite encontrar, en una síntesis, la realidad del país, la fiesta del país y las ganas anímicas y lúdicas del hombre y l de la mujer del Teatro venezolano, hecho en función de nosotros. Hemos, ¡coño! llevado mucha vaina los venezolanos y las venezolanas.

A person standing on a roof with mountains in the background

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Nosotros tenemos, desde el 2013 en adelante, una situación muy dura en el país, la cual fue acrecentándose hasta llegar a niveles en los cuales se fue creando una imagen del miedo, de la tristeza, del dolor de la ausencia, un sentimiento muy grande en el ciudadano. Luego pasamos por la pandemia, que generó toda una condición de miedo mundial sobre la capacidad de vida que podría tener el ser humano, mucho más allá de la pobreza, como de la riqueza.

En ese momento no servía absolutamente nada, ya que podías tener todo el dinero del mundo y poder morirte. Y, después de eso, seguimos nosotros en una salida brillante que encontró al gobierno venezolano y a la sociedad venezolana, con una profunda necesidad de reencontrarse con la alegría. Y es a partir del 2018, 2019, que empezamos como a visualizar una cosa que vendría para impulsarnos hacia adelante.

Pasado eso, había que preguntarse, ¿Qué hacer con el Teatro?, o mejor, ¿Qué hacer desde el Teatro?. ¿Cómo construir, desde el Teatro?; Qué hacer con los pasos escénicos en condiciones muy complicadas; qué hacer con el hombre y la mujer del país, con un imaginario más achicado, con una grave carga de crisis económica en su cabeza, sin saber cómo enfrentar la creatividad, la realidad y la vida cotidiana de sí mismo y de los seres queridos. Cómo reencontrarse con la fe…

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Carlos Arroyo, Director de la Compañía Nacional de Teatro,
junto con Alexis Blanco y Leonardo Isea, de Baralt Teatro. (Foto AB).

Carlos Arroyo, Director de la Compañía Nacional de Teatro, junto con Alexis Blanco y Leonardo Isea, de Baralt Teatro. (Foto AB).

-¿Cuál fue, en consecuencia, la propuesta?

-Allí el presidente Nicolás Maduro hace un viraje muy interesante: La creación del Festival Internacional de Teatro Progresista. Ahí yo dije: ésta es una gran oportunidad, para ir construyendo una nueva voz del teatro venezolano, para ir reencontrándose, desde la fiesta de lo lúdico, desde el hermoso canto escénico de la alegría, con el hombre y la mujer del Teatro venezolano, y así arrancamos. No solamente hicimos toda una impronta con respecto al ejercicio de solidaridad, de cooperación de relaciones Sur-Sur, de dar una mirada a la geopolítica cultural y a la geopolítica de relaciones multilaterales que el Gobierno Bolivariano estaba haciendo, sino también era como sintonizarse con eso. Cómo reencontrar, en una lectura, el por qué en nuestro gobierno, nuestra adhesión con el pensamiento geopolítico del Presidente Chávez iba en una relación Sur-Sur, iba en una relación multipolar, una relación de multifuerza y el festival lo permitió.

Eso de encontrarnos con África, pero también con Asia, con el Medio Oriente, con una Latinoamérica distinta y con un país que podríamos llamarlo o convocarlo a encontrarse nuevamente, a reagruparse y a encontrar una especie de pequeña felicidad en lo que hacía, y eso fue la base de nuestra construcción. Ya cuando empezó a tomar cuerpo, ya en el cuarto festival, nosotros empezamos a pensar que es el momento de escuchar la sonoridad nuevamente del Teatro Venezolana, el momento de dejarla que salga de esa camisa de fuerza que es un festival internacional, donde la gente en vez de querer ver a Venezuela quiere ir a ver Italia, o quiere ir a ver a Nigeria o quiere ir a ver Costa de Marfil, o quiere ir a ver a México y ser como como parte de una fiesta, en la cual la realidad Venezuela era mucho más fuerte, pero se llamaba internacional. -Un deslinde muy necesario…

-Llegó ese momento de separar las voces de un momento y darle a Venezuela su espacio. Y empiezo a investigar a fondo acerca del festival nacional en Venezuela. Desde cuándo no se hacía un festival de teatro venezolano. Desde la idea del vamos a encontrarnos con lo que somos y encontrarte entonces con una sorpresa sonora, con colores, con ritmos y colores de la naturalidad venezolana, que sigue existiendo con una fuerza inconmensurable.

Y así recibimos más de 400 propuestas para hacer un festival de un teatro, absolutamente vivo, en el cual podemos discutir sus formas, sus contenidos, sus búsquedas, sus propuestas, su estética, su condición política. Todo eso puede ser discutido, pero lo que no se puede discutir es que se hace Teatro. Entonces, encontrarse como formas naturales que ya se riñen con la visión eurocéntrica de la teatralidad, de esa que nosotros hemos mamado, de la que nosotros hemos vivido.


-¿Es posible romper con ese paradigma?

-Tenemos que intentarlo. Revertir hasta donde nos sea posible esa visión eurocéntrica, que ha arropado las formas de la sensualidad Latinoamericana y las formas de la realidad africana, totalmente, se trata de toda una visión que saca de contexto quiénes somos y contando siempre el cuento desde esa estructura eurocéntrica, de la cual, sino rompemos el molde o rompemos el paradigma, seremos una especie de monos con una hojilla, en la cual no hacemos Teatro, sino que hacemos una cosa extraña que nadie le quiere poner nombre, como si la centralidad en el mundo tuviera solamente la forma europea.

Y luego te vas, como creador, y empiezas a decir: momentico, hay otro mundo, nuestro, existe otra forma de hacer las cosas, otra realidad que puede estar de manifiesto y si no, sin la pretensión, no llegaremos a saber si vale la pregunta, si tiene el contenido, el sentido, la forma, de global, siendo ese de por sí nuestro gran logro.

-Siendo que una gran herencia de Hugo Chávez es el poder popular, el pueblo organizado en comuna, luego de la jornada de cartografía teatral, de la introducción del concepto “Robinsoniano” de toparquía, ¿Cuál sería el nuevo panorama del oficio teatral en Venezuela?

-En concordancia con lo anterior, trabajamos duro por referenciar una cartografía nuevamente en el Teatro venezolano. Para que un censo arroje eso: cuáles son los espacios, más allá de los números, que eso puede contener. Luego tú te preguntas y te dices okey, (¿cómo se llama el del teatro de la peste y de la crueldad? ¡Ah!, ese, Antonin Artaud), el teatro es como la sociedad y se modifica como la sociedad. Por lo tanto, este teatro nuestro es en América. Y es una teatralidad que va, como la tienen en el mundo, constantemente cambiando. En Venezuela ya toda esa referencia de los grupos que nosotros conocimos, cuando éramos niños o jóvenes, que tenían nombre y apellido, a los cuales nosotros queríamos invitar y ser como ellos, han ido desapareciendo de la estructura, no solamente de Venezuela sino de América Latina, en su calidad.

El mapeo teatral de América Latina ya no pasa por la vida de La Candelaria, de Bogotá; ni por el Experimental de Cali, ni por Mala Yerba, ni el Macunaíma brasileño, menos por el Teatro Libre de Córdoba o El Galpón de Montevideo. Pero tampoco refleja ni refiere el surgimiento de cientos de grupos nuevos y que han tenido otras cosas de otra formas de ver los asuntos, eso mismo ha pasado en Venezuela. Entonces es el momento de reconocer qué es lo que está pasando en Venezuela, cuántos espacios y estéticas nuevas nos van definiendo y perfilando.


Hoy en día de la generación de mi Maestro Herman Lejster ya no está presente, o sea ya ellos no son de referencia, yo son la historia importante, ni Nicolás Curiel. Ya no está Román Chalbaud, ni Horacio Peterson. Pero hay otras voces que vienen resurgiendo y que tienen y van a ganarse un espacio, como debería ser lo ideal para la juventud, a la cual hay que darle paso, porque de todas maneras ellos te van a pasar. Ellos van a tomar las riendas y una voz.

Entonces la cartografía tiene ese sentido: registrar, a la vez que darle paso a este indetenible movimiento, porque si no él te pasa por encima. Ellos van a tomar las riendas. Entonces la cartografía tiene ese sentido registrar cuántos grupos de teatro comunitario existen, cuántos son grupos que hacen propuestas para niños y jóvenes, cuántos son de circo, títeres ó marionetas, de eso se trata, de registrar el número de quienes están haciendo esa revolución: quién eres, dónde y cómo vives, cuál es tu correo electrónico, no es una indagación estadística, sino que registra cuál es tu pensamiento y cómo quieres verte creando en el escenario, yo creo que por ahí vamos.

-Siguiendo con ese concepto de “Toparquía”(la capacidad de cada territorio para resolver sus problemas con base en sus propias potencialidades y la voluntad de su gente)…Usted gerencia con esa idea del teatro como una familia.

¿Podríamos desarrollar ese punto clave?

-Recurrimos a la palabra de don Simón Rodríguez, maestro de El Libertador. Establece, fundamentalmente, una nueva correlación de poder, una nueva forma de organizarse en la estructura de poder, eso es como partida una relectura de los estamentos de poder que existen, para poder unificarlo. Es un nuevo camino, una nueva forma de hacer las cosas. Entonces yo creo que esa palabra puede detonar y denotar una nueva forma de la teatralidad venezolana. Abarcamos en esa palabra una gran investigación sociológica del teatro en Venezuela, y de la familia en general.

Mencionamos el Nuevo Grupo, que funcionó aquí mismo (Teatro Alberto de Paz) como una familia. Como era una familia el Teatro Estable de Portuguesa. Ustedes, cuando la Sociedad Dramática de Aficionados funcionaban como una bella familia de Maracaibo. Aludimos en este punto una función artística, coherente, es decir política. Yo creo que el hombre es un hombre, cuando el hombre es una persona gregaria, vive en grupo.

La soledad, como utopía, no es una condición humana, es un concepto psicológico que tú eliges como vida. Pero aquí hablamos del hombre gregario, por lo tanto, la palabra que más funcionó en América Latina a nivel del Teatro fue grupos y los grupos de Teatro se transformaron en familia. Decía, la familia elegida, esa familia que tú eliges en tu camino. Hay casos muy particulares: ya hay familias de artistas.

Los Leones son una familia de artistas, desde el maestro José León y la señora de León. Gladys. Los tres hijos, los nietos, todos son una familia de hombres y mujeres de Teatro. No son una familia grande. Yo vengo de una familia grande, tengo mi descendencia, toda una familia Arroyo, que se dedica al teatro. Entonces lo que uno va conformando es eso. Creo que el Teatro venezolano se define fundamentalmente por eso, porque es una gran familia.

 

Publicado en Noticia al Día, 25 de noviembre, 2025

Texto y Fotos: Alexis Blanco

24.11.25

Crítica Teatral: Un viaje minimalista con El Principito, por Ligia Álvarez

 Crítica Teatral: Un viaje minimalista con El Principito 

De Ligia Álvarez

El 20 de noviembre de 2025, tuvimos la oportunidad de asistir a una encantadora adaptación de El Principito, presentada por el grupo de títeres Tuqueque.

La puesta en escena se caracterizó por su enfoque minimalista. El escenario contaba únicamente con una mesa cubierta por una tela y dos esferas que representaban los dos planetas claves de la historia (la Tierra y el planeta del protagonista). La figura del Principito de tamaño similar al de un niño despertó sentimientos de ternura.  Tres integrantes del grupo fueron los responsables de dar vida a los muñecos.

La narración resultó ser una combinación muy agradable de lectura en voz en off. De esta manera, los titiriteros pudieron concentrarse plenamente en la manipulación de las figuras, prestando atención al texto para coordinar sus acciones.

En las tablas estuvieron presentes todos los personajes esenciales:  el principito, el aviador, el zorro, la serpiente, la rosa y los habitantes de los pequeños planetas visitados por el icónico Principito.

Aunque la asistencia no fue masiva —pues el público aún se está readaptando a este espacio de teatro abierto que permaneció inoperante durante un tiempo—, la voz se corrió. Varios padres llevaron a sus hijos, y un buen número de adultos también se dio cita para disfrutar de la función, demostrando que esta sencilla y emotiva producción logró cautivar a la audiencia presente.

Teatro Tilingo

Reflejos del Ser Venezolano, por Ligia Álvarez

 Reflejos del Ser Venezolano

Por Ligia Álvarez

Tuve la oportunidad de asistir, en el marco del Festival Nacional de Teatro venezolano 2025, a la representación de tres significativas espectáculos:

·    Diógenes y las camisas voladoras ( Autor: Javier Vidal; directora: Julie Restifo. Producciones Diógenes Jota y Producciones Queiroz).

·    ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra? (Autor: Óscar Yanes.  Director Jan Vidal.  Actriz: Grecia Augusta Rodríguez; Producciones Queiroz).

·     Pedro Infante en el país que nadie ve (Autor: Jesús Benjamín Farías; Director: Costa Palamides; Grupo Teatrela).

Las funciones se llevaron a cabo en el Teatro Nacional y el Celarg.

El Rostro y la Voz de la Identidad

Estas tres propuestas tienen un punto en común esencial: todas hablan del venezolano. Muestran nuestro rostro, emplean nuestro lenguaje y discurren sobre nuestras costumbres. Esto es fundamental, especialmente en momentos cuando la situación económica y social puede ser crítica, ya que permite a los asistentes sentirnos identificados, vernos y reconocernos. De ahí la trascendencia de estas obras en el panorama cultural actual.

Un vistazo a las Obras

1.     Diógenes y las camisas voladoras

Esta es una obra de carácter histórico que contextualiza un momento crucial de nuestra historia reciente: la figura de un precandidato presidencial poco conocido por el pueblo, cuya trayectoria estaba enfocada en el exterior, pero cuya candidatura era conveniente para ciertas élites políticas.

La obra expone un pasaje que tal vez los jóvenes desconocen, y su divulgación se vuelve necesaria. Si no nos conocemos a nosotros mismos, no podemos querernos. Esta falta de autoconocimiento quizás explique por qué muchos jóvenes tienen la mirada puesta hacia el exterior, considerando más interesante lo ajeno, y descuidando nuestra propia realidad. Como ha señalado el propio autor, es imprescindible reflexionar sobre lo que la obra plantea.

2.     ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?

Esta propuesta de Producciones Queiroz, interpretada por la destacada Grecia Augusta Rodríguez, es un monólogo que demuestra que una pieza unipersonal puede ser una obra de teatro completa y de gran calidad. A veces, los monólogos se vuelven excesivamente narrativos, asemejándose más a un recital, pero este no es el caso.

En esta puesta, la actriz muestra una gran versatilidad al asumir diversos papeles, roles y voces, y además, canta. Se hace uso de la tecnología: un video proyectado antes de la función capta el interés del público al formular la pregunta central de la obra, incluyendo la opinión de varias personalidades.

El preámbulo de la obra es impactante: la actriz entra y se enfrenta al público, formulando la pregunta directamente. Esta pieza, escrita por Óscar Yanes (originalmente para ser representada por su esposa, Agustina Martín), nos refleja en nuestro vocabulario, nuestro discurso y nuestras costumbres. Se erige como una muestra de lo que es el buen teatro y un excelente monólogo.

3.     Pedro Infante en el país que nadie ve

Esta obra aborda un tema similar al de la identidad: la tendencia a mirar hacia afuera. Sitúa o traslada a Pedro Infante, el icónico cantante mexicano, al "país que nadie ve", que es, irónicamente, el nuestro, Venezuela. Nosotros mismos a veces no nos vemos por tener la vista fija en otros lares y culturas. La obra aborda, irónicamente, instantes post-dictadura marcados por la persecución política y, además, matizados por la visita de Pedro Infante a Venezuela.

Conclusión

En definitiva, estas obras logran un valioso cometido: nos reconcilian con nosotros mismos, con nuestro teatro, con nuestra realidad compleja y con nuestro imaginario colectivo.

Mundo de colores, por Ligia Álvarez

 Mundo de colores


Crítica de Ligia Álvarez

En el Festival Nacional de Teatro Venezolano 2025, se presentó Mundo de Colores, del grupo Catablas del estado Guárico, bajo la dirección de Alejandro Morillo. No es solo una obra de teatro, es una declaración de intenciones y una celebración vibrante de la diversidad. Desde el prólogo, la atmósfera se carga de simbolismo: con la imagen poética de "mariposas azules y púrpura" y la resonancia de "vientos de cambio" y "puertas abrirse," el público es invitado a un espacio donde la "inclusión" es la única ley.

La propia escenografía, minimalista pero potente —un atril, dos soles y una batería—, subraya que la verdadera luz y el ritmo de la obra residen en sus protagonistas. El título, Mundo de Colores, es plenamente realizado: este teatro se consagra como un lugar noble para lograr la inclusión.

La obra aborda de forma frontal la Ley del Autismo y la urgente demanda por lugares accesibles, trascendiendo la mera denuncia a través de la acción. La pieza se articula en torno a los movimientos y la participación genuina de sus integrantes.

El corazón de la crítica se centra en la participación activa de los niños y jóvenes autistas en actividades escolares, destacando su talento a través de bailes y discursos emotivos. La estructura se apoya en la intervención de cuatro representantes de los niños y jóvenes, la niña pintora que plasma su visión única, y el niño con su caballito de madera, un símbolo de la imaginación sin fronteras. La presencia de jóvenes autistas y con síndrome de Down realizando doblajes o bailes añade una capa de complejidad y juego, mostrando su habilidad para transformar y reinterpretar la realidad.

Uno de los momentos más conmovedores y efectivos de la obra es la intervención de la niña en silla de ruedas. Su poesía y su identidad son un desafío directo a las preconcepciones: "Soy Clara, uso una silla de ruedas y soy autista." En la obra nos recuerda que "su mundo no es pequeño, no se limita a las cuatro ruedas." Este es el punto culminante cuando la verdad, que "puede venir de distintas formas," golpea al espectador.

La conclusión es una ruptura teatralmente audaz: se rompe la cuarta pared. Los actores enfrentan al público para afirmar que "todos somos diferentes" y que "la inclusión es una puerta que se abre." Esta confrontación no es agresiva; es una invitación final y directa a la acción, obligando a cada persona en la sala a reflexionar sobre su propio rol en este Mundo de Colores.

Mundo de Colores es una pieza necesaria, emotiva y valiente. Morillo y su elenco logran transformar la necesidad de visibilidad en un arte que conmueve y educa. Es un testimonio vivo de que el teatro, en su máxima expresión, es un espejo de la sociedad que deseamos construir.

¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?, por Ligia Álvarez

 ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?


Crítica de Ligia Álvarez

El pasado martes 18 de noviembre de 2025, el CELARG abrió sus puertas para recibir la obra teatral ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?, dirigida por Jan Vidal.

La obra y su protagonista.

Esta pieza fue escrita especialmente por Óscar Yanes para su esposa Agustina Martín. En esta ocasión, el monólogo fue actuado magistralmente por Grecia Augusta Rodríguez. La producción estuvo a cargo de Queiroz Producciones.

Grecia Augusta hizo gala de su parentesco con su padre, el gran actor Gustavo Rodríguez, demostrando que no solo heredó la sangre, sino también su talento y su magistral manera de moverse en el escenario.

Cabe destacar que Rodríguez es una artista integral, ya que no solo actúa, sino que también canta, lo cual le ganó efusivos aplausos en medio de la actuación.

La obra es un monólogo, lo que reafirma que este género puede ser un gran espectáculo teatral, dependiendo por supuesto, de un buen texto y de la capacidad de quien lo represente. En este caso, Grecia Augusta lo hizo excepcionalmente bien, asumiendo múltiples voces.

La actriz no solo presentó al personaje principal de la mujer adolorida por la traición de su esposo, sino que también representó a la amante, a la amiga de la amante, asumiendo varias voces para sorprender gratamente al público con su versatilidad.

La obra refleja parte de la idiosincrasia venezolana. En el pasado, Venezuela fue un punto de convergencia para distintas nacionalidades (españoles, argentinos, cubanos, etc.), y son esas voces las que hablan de un hecho doloroso, pero que al mismo tiempo no se separa del humor.

La obra es una rica mezcla de humor, drama y música, lo que resultó ser un grato placer para el espectador.

La puesta en escena comienza con un preludio donde la actriz diserta sobre la mujer, la infidelidad y cómo esta ha sido vista a través de la historia, tanto en el hombre como en la mujer, ofreciendo una importante crítica social.

Se puede considerar que la escenografía fue minimalista.

La actriz se vestía y desvestía frente al público para asumir los diferentes roles.

 Además, se hizo uso del video para compartir la opinión de diversas personalidades acerca de la pregunta que sirve como leitmotiv de la obra: ¿Qué opina usted de la mujer que le quita el marido a otra?

Maneras de mirar

Maneras de mirar

Miradas al escenario nace como resultado  del taller de Crítica Teatral organizado por la Compañía Nacional de Teatro de Venezuela durante e...