![]() |
| Willem Dafoe |
Willem Dafoe es un extraordinario actor. No sólo lo dicen sus increíbles interpretaciones, que van desde el Jesucristo de Scorsese hasta el enloquecido creador de Bella, en esa película de Yorgos Lanthimos que ya hemos visto unas cuatro veces. Como gran artista que es, Dafoe también resulta un importante pensador de la contemporaneidad, ora en los escenarios, luego en los tiempos de rodaje. El Instituto Internacional de Teatro le encargó para este año la escritura del Mensaje del Día Mundial, el viernes 27 de marzo próximo.
![]() |
| Marlene Nava |
Esa tarde, en el Teatro Baralt ofrendaremos un homenaje a la gran maestra periodista especializada en artes escénicas, Marlene Nava, donde mostraremos ese homenaje que no pudimos realizarle en vida (ella falleció un día antes del 17 de diciembre del aciago 2025). Lo más importante de esa vespertina será el estreno de una pieza escrita por ella para José Luis Montero, quien, junto con Alfredo Peñuela y Baralt Teatro Clásico (esta tarde, a las 6, repondrán su Macbeth, en la Plaza Baralt), revivirán ese dulce verbo coronado con la gracia del buen gusto en esta aldea que ella misma nos enseñó a seguir queriendo tanto y tanto. Esa tarde leeré las palabras del genial Willem Dafoe que a continuación les ofrendo, en exclusiva:
Soy actor, conocido principalmente como actor
de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui
miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas
originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo
el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo
Castellucci. Actualmente soy el Director Artístico del Departamento de Teatro
de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y
mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el
poder positivo y único del teatro y su importancia.
![]() |
| Willem Dafoe |
Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el
material como trabajo en proceso. A veces, dedicábamos años a una obra mientras
nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en
una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces
extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran
estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente
sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo. Eso me hizo comprender
que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le
daba al teatro su significado y vida.
Como dice el letrero en una sala de apuestas: “HAY QUE ESTAR PRESENTE PARA
GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que
siempre es diferente, aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más
evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan
importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.
El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales,
que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las
personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso
he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la
inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego
para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por
relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el
problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es
profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet
puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro
crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad
espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.
Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos…
El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.
Somos animales sociales diseñados biológicamente para vincularnos con el mundo.
Cada órgano sensorial es una puerta hacia el encuentro, y a través de ese
encuentro logramos una definición más profunda de quiénes somos. A través de la
narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el
teatro, como forma de arte total, puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo
que nuestro mundo podría ser.
***
![]() |
| José Luis Montero |
![]() |
| Alexis Blanco |
Tráiganse…!
¡Salud!





No hay comentarios:
Publicar un comentario