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28.2.26

El Mensaje Día Mundial del Teatro 2026 de Willem Dafoe y su celebración en el Teatro Baralt de Maracaibo, por Alexis Blanco.

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Willem Dafoe

Willem Dafoe es un extraordinario actor. No sólo lo dicen sus increíbles interpretaciones, que van desde el Jesucristo de Scorsese hasta el enloquecido creador de Bella, en esa película de Yorgos Lanthimos que ya hemos visto unas cuatro veces. Como gran artista que es, Dafoe también resulta un importante pensador de la contemporaneidad, ora en los escenarios, luego en los tiempos de rodaje. El Instituto Internacional de Teatro le encargó para este año la escritura del Mensaje del Día Mundial, el viernes 27 de marzo próximo. 

Marlene Nava

Esa tarde, en el Teatro Baralt ofrendaremos un homenaje a la gran maestra periodista especializada en artes escénicas, Marlene Nava, donde mostraremos ese homenaje que no pudimos realizarle en vida (ella falleció un día antes del 17 de diciembre del aciago 2025). Lo más importante de esa vespertina será el estreno de una pieza escrita por ella para José Luis Montero, quien, junto con Alfredo Peñuela y Baralt Teatro Clásico (esta tarde, a las 6, repondrán su Macbeth, en la Plaza Baralt), revivirán ese dulce verbo coronado con la gracia del buen gusto en esta aldea que ella misma nos enseñó a seguir queriendo tanto y tanto. Esa tarde leeré las palabras del genial Willem Dafoe que a continuación les ofrendo, en exclusiva:


Mensaje para el Día Mundial del Teatro 2026 por Willem Dafoe

Soy actor, conocido principalmente como actor de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Actualmente soy el Director Artístico del Departamento de Teatro de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el poder positivo y único del teatro y su importancia.

Willem Dafoe
En los humildes comienzos de mi etapa en The Wooster Group, la compañía con sede en Nueva York, solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que “el espectáculo debe continuar” no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público.


Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el material como trabajo en proceso. A veces, dedicábamos años a una obra mientras nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo. Eso me hizo comprender que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le daba al teatro su significado y vida.


Como dice el letrero en una sala de apuestas: “HAY QUE ESTAR PRESENTE PARA GANAR”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente, aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.


El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta.

Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos…

El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos.

Somos animales sociales diseñados biológicamente para vincularnos con el mundo. Cada órgano sensorial es una puerta hacia el encuentro, y a través de ese encuentro logramos una definición más profunda de quiénes somos. A través de la narración, la estética, el lenguaje, el movimiento y la escenografía, el teatro, como forma de arte total, puede hacernos ver lo que fue, lo que es y lo que nuestro mundo podría ser.

***

José Luis Montero
     
Alexis Blanco
Nos veremos en el Baralt, la tarde-noche del viernes 27 de marzo. ¡Traigan flores bonitas…
Tráiganse…!

¡Salud!

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