Función del domingo 16 de noviembre de 2025
La cantante Marlene, con una voz bellísima, llegó a preguntarse ¿Qué nos pasa esta mañana? Por qué nos suenan tan vacías las palabras… ¿Qué te pasa a ti?, ¿qué me pasa a mí?
En Venezuela, solemos vivir con una pregunta que se nos presenta en algún momento del día y tiene que ver con la incertidumbre: “¿Aquí qué está pasando?”.
El Teatro, cuando nos da respuestas, nos aporta y lo agradecemos; cuando nos da preguntas, nos incita a preguntarnos y a preguntar, nos abre los caminos del entendimiento, nos hace crecer como personas y como ciudadanas y ciudadanos. Tan cierto como la nada tiene que ver con lo segundo.
Rodolfo Porras, construye un libreto que partiendo de un acontecimiento sencillo y cotidiano, nos remite a la profundidad de las dimensiones de los seres humanos. Valiéndose de dos personajes, nos ilumina el mundo y nos lleva a preguntarnos, de forma tangencial, cuestiones sobre Venezuela, sobre la violencia, la tolerancia, la necesidad, la solidaridad, el miedo, la angustia, la felicidad, la vida.¿Dónde estamos? Es una pregunta que adquiere una profundidad metafórica, metafísica, en esos dos personajes que quedaron en ¿la nada?, ¿la muerte?, ¿en otro plano existencial?
Esto comienza en una cola, con un personaje que aparentemente está guardando cupos para que otros se coleen; y llega otro personaje que sabe que se guardan cupos, que eso es injusto, que es corrupción, que es indignante. Dos personalidades opuestas, en la forma de pensar, de actuar, de comunicarse, de vestirse; dos maneras de mirar lo moral y lo ético; de comerse la raya y respetar la raya, de hablar con franqueza y de ser hipócrita; la mentira asumida como forma de vida, la necesidad de la verdad, como una manera de garantizar algo de civilidad. Pero no todo es tan blanco y negro.
La violencia que se vuelve poética
Estos dos hombres, interpretados maravillosamente por Orlando Suárez y Horacio Méndez, se agreden físicamente y eso los lleva al estadío que pudiésemos llamar la nada, donde quedan desamparados, perdidos y además condenados a estar juntos. Esto último es clave.
El escenario los tiene a ellos y nada más; pero como esto es teatro del bueno, del que se hace con un proceso de ensayos que duró un año, el que se construye con la esencia de este arte, con un exquisito manejo del lenguaje teatral; tenerlos solamente a ellos es tener montones de dudas, sentimientos, miedos, angustias; cuando se desnuda a los personajes, los escenarios se llenan, porque estos, al igual que los seres humanos, al quedar desnudos (no me refiero a lo físico, sino a que se ve lo que hay dentro de cada quien) quedan expuestas las sopotocientas cosas que los componen.
El libreto va desmenuzando lo que piensan y sienten, en esa necesidad de salir de allí y volver a donde estaban, de regresar a ¿la vida?, ¿otro plano existencial?, ¿otro planeta?
La dirección, también de Porras, nos conduce por el laberinto mental y espacial en el que se encuentran. La austeridad, a veces te ayuda más de lo que imaginas; un laberinto sin paredes, puede resultar más inquietante y eso es lo que sucede en Tan cierto como la nada.
La violencia que al inicio fue física y verbal, y tenía visos poéticos, sobre todo en los movimientos de los personajes, en esa danza que van generando; se torna mental, racional en grado tan superlativo que termina siendo espiritual, la ciencia y lo espiritual, de la mano. Surge entonces una poética de la razón, de la necesidad de tolerancia, de reconocimiento, de que el otro entienda y comprenda que el mundo no gira a su alrededor, de que el otro pueda sentir empatía, que respete, que deje de tener prejuicios. Todo eso, necesidades de la sociedad venezolana. Porras ¿nos habla de la nada o del país?
¿Qué vemos?
Cabe preguntarse, entonces, qué estamos viendo. Ellos llegaron a ¿la nada? Debido a un acto de violencia ¿Somos nosotros como sociedad?, ¿A dónde hemos llegado con tantos años de más de 10.000 asesinatos anuales, con tantas décadas de violencia empresarial, institucional, gubernamental, jurídica, verbal, vecinal, familiar, de pareja, patriarcal; imperial?
¿Estamos en la nada, perdidas y perdidos, necesitándonos pero sin saber cómo y qué hacer para poder reconocernos, encontrarnos?
Orlando Suárez y Horacio Méndez, construyen los personajes con maestría y eso define cómo el escenario se llena de ellos, en ese espacio tan vacío de cosas y tan repleto de dos formas de pensar y sentir. Expresión corporal, gestual, voces, miradas, se valen de todo para que sus personajes estén allí, tan desnudos tan vulnerables, tan como nosotras y nosotros; sus miradas son inolvidables. El ritmo que Porras imprime como director, tanto en la expresión corporal como en la vocal, nos mete en ellos, nos coloca en una visión de observador y también de acompañantes, de quien los tiene a su lado, de quien siente lo que viven, nos afectan sus angustias.
Lo que vemos es una joya teatral, un libreto maravilloso, dos actuaciones que enamoran. Vemos humildad, seres humanos rendidos ante el teatro, respetando al teatro, amándolo. Tan cierto como la nada es el resultado del amor al teatro y a la ciencia. Porras, logra, como dramaturgo y director, “potabilizar” lo inentendible para la mayoría, tal vez porque la mayoría no conoce de cuestiones de la física, pero sí del sentimiento; quizá Guaco tiene razón y esto es un sentimiento nacional; y está expresado desde el inicio, con esa pieza musical que nos introduce en la obra, en la vida y probablemente en ¿la nada?Y Marlene nos canta Que no oigo el vuelo de palomas ni campanas
Y no se asoma el Sol a
nuestra ventana
Porque tal vez no habrá
mañana.
Estarán del 26 de febrero al 8 de marzo de 2026, de jueves a sábado a
las 5:00 p.m. y los domingos a las 3:00 p.m., en el Teatro Alberto de Paz y
Mateos, en la Sala Román Chalbaud. Calle Dr. Ramos, Las Palmas. Entradas en taquilla Bs. 1.700. Tienen vigilancia, estacionamiento
gratuito y cafetín.
Cuentan con dos promociones,
que hacen las entradas más asequibles: los jueves, gratuitos para las chicas y
los viernes, 2x1.
Ficha
Libreto y Dirección: Rodolfo Porras.
Actuación: Orlando
Suárez y Horacio Méndez.
Creación musical. Gilberto
Simoza.
Música en escena: Gilberto
Simoza y Ginmay Gimón.
Iluminación: Víctor
Alexander.
Leonardo Guilarte Lamuño (@leonardoguilartel)
Es dramaturgo, guionista, docente,
director y publicista. Con más de 30 años en el mundo audiovisual, también
participa en experiencias teatrales. El año pasado, en julio, estrenó como
dramaturgo y director: “Extraños en el Subte”, en el Festival de Autores
In-visibles”, y posteriormente en noviembre, “¿Qué vaina esta?”. Actualmente
escribe la trilogía de monólogos “Sentir las cadenas”. Forma parte de “Taima
Teatro” y dirige el emprendimiento educativo Cursos Solidarios
(@cursos.solidarios).
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