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| Yojana Martínez comparte su texto. Taller La propia voz Escuela de Teatro Inés Laredo. Maracaibo, 2024 |
Dora Lucena Ramírez
En Venezuela, continuamos en un contexto en el que el arte enfrenta múltiples desafíos. Pese a ello, el fortalecimiento del teatro es tangible: se observa un crecimiento y consolidación de los festivales, premios, lecturas dramatizadas y la creación de espacios nuevos e innovadores para la presentación de obras teatrales. Uno de los objetivos es dar voz a la dramaturgia nacional.
No obstante, hay
espacios que permanecen cerrados para algunos grupos que parecen estancados en
la invisibilidad. ¿A qué se debe esto?
Esto puede atribuirse a
múltiples factores. Para conocer las posibles causas es fundamental, incluso
vital, escudriñar el mundo exterior; no obstante, también es imperativo revisar
de manera honesta “qué estamos haciendo, cómo lo estamos haciendo y sobre todo hacia
dónde queremos ir”. Es fundamental tomar conciencia de estas realidades y
trabajar en iniciativas para corregirlas. La mayoría de las veces, la falla
suele ser multifactorial. Una de las principales deficiencias, nace desde la
base: la calidad del texto.
En conversaciones
informales con organizadores de festivales, premios, concursos, se señalan
fallas en elementos fundamentales como: conflictos débiles, trama, estructura
endeble, así como el desarrollo de personajes y diálogos sin profundidad. Ni
qué decir de errores de ortotipografía y redacción; sin contar que el resto de
los requisitos pueden presentan problemas en diseño, contenido y una extensa
lista de etcéteras.
Por el contrario, en
conversaciones también informales, con algunos participantes que no obtienen
premios, en lugar de considerar si el texto realmente cumple con los requisitos
y las normas de escritura establecidas, a menudo atribuyen su fracaso a favoritismos
o sesgos: “no gané porque uno de los jurados no me quiere”, “es que no
pertenezco a este círculo” “como no soy nadie, ni me tomaron en cuenta”
“...siempre ganan los amiguitos”.
¿Es realmente así?, ¿el
texto no cumplió con los requisitos establecidos? ¿O simple y llanamente había
obras mejores? Las múltiples respuestas a estas interrogantes ya indican que el
tema es más complejo de lo que podría parecer;
esto propicia el debate donde es posible encontrar nuevas vías para
continuar con el mejoramiento del teatro nacional.

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