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22.2.26

La tragedia clásica: La tentación de vivir en la búsqueda de la gracia perdida. Freddy Antonio Torres González

 Sin duda nuestra época es nihilista, nos preocupamos a cada rato por un nuevo acceso al Ser, solo aparece una única respuesta que mostrar: la recuperación de la gracia perdida.

Existe pues una Epifanía de la Gracia que se parece a otra, quizás más pertinente para el hombre contemporáneo.
Es distinta de aquella que llamamos judeo-cristiana, también distinta a la griega como fundamento de la religión.

En esa otra Epifanía se revela algo misterioso que aparece como una luz cegadora, un término "ontológico": la Nada.
¿Qué semejanza existe para la violación de lo sagrado entre la Gracia y la Nada…?
Creo que se trata de una teología mística que se acerca al Dios revelado; desde nuestra perspectiva, se acerca una Gracia nueva, o de la Nada, no conoce, más bien interfiere la revelación de una deidad.

La Epifanía de la Nada puede solamente realizarse cuando aparecen hombres que no pueden renunciar a lo sagrado, pues ven en él la Gracia, dice Nietzsche.
Es una Nada que vivifica.
Heidegger afirma que hablar de la nada en la aflicción en la tragedia Ática nunca es habitual no es algo común.
"Jamás se puede hablar de la nada como se describe, por ejemplo un cuadro, es decir, sin mediaciones. Pero es posible apuntar a la posibilidad de tal decir de la Nada"

En el teatro contemporáneo aparece una experimentación existencial desde el cuerpo y el sueño, aparece un Ethos gnóstico, ya que no consiste en la adoración o el culto a cualquier dios, sino en la trágica experiencia de la "'ausencia divina de dios" que los poetas místicos lo llaman Nadie (Niemand).
Lo inaudito de una invocación poética, a través de la euforia, se junta con el poeta y se produce la Nada, origen y fin de su existencia:

Salmo:
Nadie nos volverá a amasar de tierra y barro,
nadie conjurara nuestro polvo.
Nadie.

Loado seas tú, nadie.
Por tu amor queremos
florecer.
Hacia
ti.

Una nada
éramos, somos, seremos,
floreciendo;
la rosa de nada,
La rosa de nadie. (Paul Celan).

En estos maravillosos versos
Rilke también descubre su Epifanía
descubre la rosa de nadie.
Cuando se trata de interpretar este poema
tenemos que reconocer a Nadie
una deidad ausente
ante la cual nos sentimos
Ausente
como una Nada
que sin embargo
quiere florecer.
Y,
en este florecer
hay un profundo agradecimiento
del poeta trágico
quien decide y cuenta
que somos la "rosa de nadie",
hay un Dios ignoto
que le produce la revelación
de la alabanza
una revelación de lo trágico.

Ahora bien, frente a la facticidad de la existencia, el hombre está irremediablemente solo. Solo con su deseo y horror al contemplar en la abismal profundidad de su corazón aquello que Nietzsche llamó mysterion.

En su relación con el mundo
el dramaturgo trágico
no pudiendo encontrar sosiego en sus desvelos,
ese don apacible de la calma existencial,
al contrario descubre realidades difíciles,
dispersas, plurales,
el poeta crea una zona de sosiego una paz silenciosa la cual le permite sobrevivir
un anhelo que posiciona al hombre
frente al mundo y ante la vida.

Es la vida identificada con el sufrimiento,
un mundo de contradicciones
la enfermedad del vértigo según Nietzsche,
que trata de abolir como falso todo
cuanto es perecedero que es una tempestad.
Trata de producir un sentimiento de poder
una verdad cuestionada
un tipo de error sin el cual el espectador
no logra vivir la experiencia trágica.

La verdad de estos seres
para Shakespeare es un tipo de error
una forma de comportamiento vital
una manera de vivir sus personajes
una determinada especie de seres brutales
comportamientos, intrigas, pasiones,
desenlaces, lucha y muerte como destino.

La voluntad de estos seres
no es otra cosa sino una voluntad
de hacer fijo lo verdadero
perdurable, estricto, mortal,
evitando el destino cruel y vertiginoso
de las situaciones del mundo creado.
Los conflictos y situaciones desencadenan
una imposibilidad de ver la cara del hombre
que se muestra a través de la ficción.

La trama de los hechos en el Rey Lear,
es la lucha del Rey por hacer tolerable
asequible, verdadero, comprensible
las relaciones para hacer visible
lo real de la verdad artística
que se desprende de una manera frágil
tras un velo de autenticidad sustentada
en una naturaleza obediente y de utilidad,
un final irremediable y feroz:

Simplemente aceptar los sucesos como algo inevitable, mirar los acontecimientos como propios y legítimos, aprender a soportar la vida de estos personajes majaderos a través de una ventana estrecha incómoda que anuncia la calma.

Shakespeare no tolera el hecho
de que el hombre no pueda mantenerse
indiferente ante el escenario del mundo
que es un monstruo de mil cabezas,
amenaza y reta a través de duelos y retos
los diabólicos enfrentamientos mortales.

Un hombre es un hombre
si nombra y valora los hechos
que proyecta hasta el infinito
la eternidad de su naturaleza

Como resultado de la teatralidad Isabelina Shakespeare experimenta una plasticidad estética de sus temas, personajes, historias de la existencia de una relación atroz viable, entre el mundo y el hombre, que es la vida.



Freddy Antonio Torres González. Mérida 2026.

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